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"Antonio Álzate" 



Publiés sous la directions de 



Rá^PAEIi AGUILAR Y SANTILLAN 

« 



Secrétaire perpétiiel. 



TOMO XV 

1900-1901 



MÉXICO 
Imprimerie du Gouvebnement Federal 



1900 



MEMORIAS 




EDAO CIEM 



'Antonio Álzate 



jj 



Publicadas bajo la dirección de 
RAFAEL AGUILAR Y SANTILLÁN 

Secretario perpetuo. 



TOMO XV 

1900-1901 



MÉXICO 



lUPKENTA DBL QOBIEBKO FEDERAL EN EL EX-ARZOBISPADO 
(Avenida Oriente 2, núm 726] 



1900 



SOCIETE SCIENTJFIQÜE ANTONIO ÁLZATE." 

MiEXICO. 

FONDEE EN OCTOBRB 1884. 



Meiiibres fondateurs. 

MM. Rafael Aguílar^y Santillán, Guillermo B. y Puga^ Ma- 
nuel Marroquín y Rivera et Ricardo B. Cicero. 

Président honoraire perpétiiel. 

M. Alfonso Herrera, 

Vice - Président honoraire perpétuel. 

M. Ramón Manterola. 

Secrétaire general perpétnel. 

M. Rafael Aguilar y Santillán. 

Conseil directif.— 1900. 

Président. — Ing. Ezequiel Ordóñez, 
Vice-Président. — Ing. J. Galindo y Villa. 
Secrétaire. — Prof. M. Moreno y Anda. 
Vice-Secrétaike. — Prof. Enrique E Schulz 
Trésorier — M. José de Mendizábal. 



La Bibliothéque de la Soeiété (Ex-Mercado del Volador), est ouverte 
ati public tous les jours non feries de 4 h. á 7 h. du soir. 

Les "Mémoires" etla "Revue" de la Soeiété paraissent par cahiers in 8? 
de 48 pags. tous les mois. 

La correspondance, mémoires et publieations destines a la Soeiété, doi 
vent étre adressés au Secrétaire general á 

Palma 13.~MÉXIC0 (Mexique). 

Les auteurs sont seuls responsables de leurs écrits. 
Les membres cié la Soeiété sont designes avec M. S. A. 



CORRECCIOMS m DEBEN APLICARSE 

A LA 

MEDIA DIURNA DE LA TEMPERATURA 

DEDUCIDA DE POCAS OBSERVACIONES. 



POR M. MORENO Y ANDA, M. S, A., 

Encargado del Departamento Meteorológico y Magnético del Observatorio 
Nacional de Tacubaya. 



La media diurna de cualquier elemento meteorológico se 
obtiene por medio de una simple operación de aritmética, que 
consiste en sumar las cifras correspondientes á cada una de 
las horas de observación y la suma dividirla por el número 
de éstas. El cociente se considera como la media del día. 

¿Mas esta media es en todos los casos, es decir, cualquie- 
ra que sea la serie que se haya empleado, la verdadera! 

Tratándose de la serie horaria, que es la que se usa en los 
observatorios de primer orden, sí; y con bastante aproxima- 
ción todavía si la serie es de dos en dos horas. Fuera de és- 
tas, todas las demás combinaciones que pueden hacerse, dan 
resultados que necesitan una corrección si se quiere conocerla 
verdadera media del día y por consiguiente la del mes y 
la del año. 

Que la exactitud de la media disminuye con el número de 
observaciones, se demuestra con el ejemplo siguiente. 






,.A^' r '/DIO 



Memorias de la Sociedad Científica 



Tomando como tipo la serie horaria, la media diurna anual 
de la temperatura de la ciudad de Mókíco, deducida de 20 
años de observaciones, presenta ios valores que en seguida se 
ve según las combinaciones: 

De 24 horas - 15.0485 

„ 12 „ . 15. 479 

„ 8 „ 15.471 

„ 4 „ 15.320 

que difieren respecto á la primera 

— 0.O006 
—0. 014 
—0. 165 

La discrepancia es aún mayor con las series asimétricas 
empleadas en nuestras estaciones meteorológicas de segun- 
do orden: 

7 + 2-|-9:3y 
8 + 1 + 8: 3 (Zacatecas). 

Tratando de ser útil de algún modo á la meteorología de 
mi país, he calculado las correcciones que necesitan estas 2 
series y algunas otras, en la creencia de que aunque deter- 
minadas con datos de la oficina meteorológica central, su apli- 
cación podrá hacerse sin error sensible aun en lugares distan- 
tes de la capital. 



* * 



Según los datos consignados en el Boletín del Observato- 
rio Meteorológico Central, las medias horarias normales de la 
temperatura para el día medio normal, deducidas del veinte- 
nio 1877 — 1896, soa las siguientes: 



II Antonio Álzate •> 



Temp. 



1 


.J2.0 65 


Ip. 


m 


. . . 20.O 32 


2 


.12. 14 


2 


. , . . 


. . . 21. 03 


3 


.11. 71 


3 




. . . 21. 20 


4 


]1. 28 


4 


. . - - 


- . . 20. 71 


5 


.]0. 93 


5 


.... 


...19. 65 


6 


.10. 89 


6 


. . . . 


...18. 07 


7 


.11. 64 


7 


.... 


. . . 16. 72 


8 


.13. 02 


8 


.... 


...15. 78 


9 


.14. 61 


9 




...14. 97 


10 


..16. 26 


10 




. . . 14. 25 


11 


,.H. 85 


10 




...13. 63 


12dia.. 


.19. 24 


12 noche. . . 


. . . 13. 08 



• Media diurna= 15 "^485 

Con el fin de eliminar de estos valores las irregularidades 
de que pudieran estar afectados todavía, irregularidades pro- 
venientes de causas accidentales y errores propios de obser- 
vación, que de hecho existen aún tratándose de series más di- 
latadas, con las cifras precedentes hemos calculado los coe- 
ficientes de la serie harmónica que representa la variación 
diurna. 

t --^ai sen (m +<fi) +a2 sen (2 vn-{-<p2) + 

en la que m representa el tiempo contado en ángulos á razón 
de 15° por hora y á partir de la media noche, «i . . . . «o - - - - 
el coeficiente de la variación ó componente llamado amplitud, 

<fi <f>2. . ■ ■ la época, es decir, el tiempo expresado en arco 

desde O hasta el momento en que la variación llega á su 
máximo. 

Determinados por los métodos conocidos los valores de a 
y <f, llegamos finalmente á la expresión general que con cua- 
tro términos variables representa la variación diurna de la 
temperatura de la ciudad de México. 



Memorias de la Sociedad Oientíñca 



t = 150 485 -r 4.0746 sen ( m-f 22150) 
+ 1., 171 sen (2 m+ 43.08) 
+ 0. 109sen(3m+ 60.03) 
+ 0. 172sen ( 4 mH- 238.08) 

Esta fórmula aplicada 24 veces nos da las correcciones que 
debe sufrir la temperatura media diurna para convertirse en 
la correspondiente á los 24 instantes del período diurno, obte- 
niéndose de este modo las cifras que figuran en la siguiente 
tabla juntamente con las diferencias que resultan entre la tem- 
peratura observada y la calculada. 

Horas. temp. O— C 



1..... 


... 12.65 


0.00 


13 ... . 


... 20.38 


—0 06 


2 


... 12.22 


—0.08 


14 .... 


... 21.13 


—0.10 


3 


... 11.76 


—0.05 


15.... 


... 21.Í9 


—0.09 


4 ... 


... 11.24 


4-ao-t 


16.--. 


... 20.72 


—0.01 


5 


... 10.86 


-f 0.07 


17.... 


... 19.54 


+011 


6 


... 10.89 


0.00 


18 . - . 


... 18 08 


—0.01 


7.... 


... 11.58 


+0.06 . 


19.-.. 


... 16.72 


0.00 


8 . . . . 


.... 12.90 


-f-012 


20...- 


.... 15.67 


+0.11 


9.... 


.... 14.58 


H-0.03 


21 ... . 


.... 14.90 


+0.07 


10... 


.... 16.32 


—0.06 


22.... 


.... 14.27 


—0 02 


11.... 


.... 17.90 


—0.05 


23 ... 


... 13.67 


—0.04 


12... 


.... 19.26 


—0.02 


24.... 


.... 13.12 


—0.04 



De esta tabla podemos ya deducir las eorrecciones que de- 
t)an aplicarse á las siguientes series. 



SERIES SIMÉTRICAS. 



a) 

(2) 
(3) 
(4) 

(5) 



.1(6+12 + 18 + 24)= -I-0O15 
.4 (4+ 10 + 16 + 22)=^ —Ó. 15 
.J (4+ 12 + 20) = +0 10 

.^(6+14 + 22) = +0.-06 

,.¿(7+15 + 23) = —0. 02 



'Antonio Álzate." 



(6) 

(7) 
(8) 
(9) 



.*( 8+20) 
.¡( 9+21) 
.A (10+ 22) 



+ 1.021 
+ 0. 75 
+0. 19 



,1 ( 3+ 9 + 15 + 21)=— 0. 14 



^ 



SERIES ASIMÉTRICAS. 



(10) . 


..!( 7+14+2.21)== 


—0.14 


(11) . 


..ii 6+12 + 21) = 


+ 0.47 


(12). 


...^( 6+13 + 21) = 


+ 0.10 


(13) . 


. A { max + min) = 


—0.47 


(14) . 


..¡( 7+14 + 21) = 


—0.38 


(15) . 


.4( 8-1-13 + 20) = 


—0.83 


(16) . 


...1(10 + 15+2.20) = 


—1.05 



De todas las anteriores combinaciones, la que da un resul- 
tado enteramente de acuerdo con la media verdadera, es la 
marcada con número (5), pues su corrección de — 0.02 es .sin 
duda inapreciable tratándose del termómetro cuya escala más 
ó menos imperfecta sólo permite apreciar, en lo general, dé- 
cimos de grado. Son también recomendables, designándolas 
en el orden de su precisión la (3), (12), (9), (10), (1) y (2), por- 
que las correcciones que acusan quedan en verdad compren- 
didas dentro de los errores que ya en defecto, ya en demasía 
pueden cometerse al hacer la lectura de la escala termomé- 
trica. En cuanto á la (14) que es la empleada en la mayoría 
de las estaciones mexicanas, la (15) de que hace uso el Obser- 
vatorio de Zacatecas, y la (16), que era de la que se servía el 
ilustrado Profesor Sr. Baturoni en su observatorio particular 
de Veracruz, necesitan correcciones que sobrepasan, princi- 
palmente las dos últimas, el límite de lo tolerable. 

Decíamos antes que aunque determinadas las correcciones 
con datos de la Oficina Meteorológica Central, creíamos sin 
embargo podrían aplicarse sin error sensible aun en lugares 
muy distantes de la capital; como prueba y en confirmación 

Memorias.— [1900-1001].— T. XV.— 2. 



10 



Memorias de la Sociedad Científica 



de nuestro acertó vamos á consignar las que se deducen de 
las medias de temperatura que resultan de 17 años de obser- 
vaciones practicadas en el Observatorio Naval de Washing- 
ton, (1862-78) para algunas de las principales combinaciones. 

Series- simétricas. 



(4).. 


.^^,6 + 14 + 22) = 


+0.O10 




(5).. 


..A-( 7 + 15+23) 


+0. 06 




(6).. 


..¿(8 + 20) = 


+ 0. 89 




(7).. 


..¿(0 + 21) 


+0. 52 




(8).. 


.4(10 + 22) 


+0. 21 


i 


(9).,. 


.!( 3 + 9 + 15 + 21) = 


—0. 07 




Series asimétricas. 






(10).. 


..!( 7+14 + 21 + 21) = 


: — 0.O04 




(11).. 


.4(6+12 + 21) 


: +0. 27 


Al 


(12).. 


..^( 6+13+21) 


= +0. 02 




(13).. 


..¿(Max + Min) = 


= +0. 44 




(14).. 


..i( 7+14 + 21) 


-- —0. 33 




(15).. 


..¿(8+13 + 20) 


: —0. 84 




(16).. 


..i (10+15 + 20 + 20) = 


—0. 72 





Comparando estos resultados con los que hemos calcula- 
do pai*a México, se nota desde luego una perfecta igualdad 
tanto más notable cuanto que se trata de dos lugares que en 
latitud, altitud, constitución geológica y condiciones topográ- 
ficas difieren sensiblemente y por lo mismo sus circunstan- 
cias atmosféricas; semejanza de la que debe excluirse toda 
idea de casualidad, de coincidencia, porque ya hemos visto que 
todos los signos, excepto uno sólo, se corresponden^ y que las 
cantidades que afectan, con pequeñas diferencias, tienen casi 
el mismo valor. 

Creemos pues, fundadamente, que las correcciones apli- 



"Antonio Álzate. " 11 



cables á cualquiera de las series anteriores y particularmente 
á las que se usan en las estaciones de la red mexicana, serán 
adoptadas por nuestros colegas del país. En todo caso desea- 
ríamos que como una verificación se hicieran pruebas en al- 
gunos de los observatorios de los Estados. 

Damos fin á la presente Nota con dos palabras acerca de 
la historia de la adopción de la serie (14) en la República. 

Hacia el año de 1815 el Profesor C. Dewey examinó las 
horas señaladas en la combinación (14) adoptadas por la So- 
ciedad Meteorológica de Manhein, en Badén, Alemania, con 
relación á sus aplicaciones al clima de la América del Norte; 
en 1816 y 1817 hizo una corta serie de observaciones horarias 
en Williamstown, que pusieron de manifiesto lo adecuadas 
que eran dichas horas para la práctica de las observaciones 
en los Estados Unidos. Fueron en consecuencia recomenda- 
das por el Instituto Smithsoniano de Washington y la Socie- 
dad Mexicana de Geografía y Estadística á propuesta del Sr. 
Ingeniero Geógrafo Don Francisco Díaz Covarruhias las adoptó en 
1862 para nuestro territorio, cuando inició el establecimiento de es- 
taciones meteorológicas, á reserva de que se lucieran experimentos 
directos para verificaren la Bepúhlica sus residtados. La discusión 
de la combinación referida con los datos recogidos en los E, 
ü. indica que produce un resultado superior á la verdadera 
'media cerca de 0^50 F. ó sean 0'^29 c.'" 

Al establecerse el Observatorio Central y los correspon- 
sales de los Estados recomendó igualmente la serie (14) ocu- 
pándose por algunos años en discutir los resultados de varias 
combinaciones y suspendiendo la discusión en 1889. 

En otros trabajos que tenemos en preparación, daremos á 
conocer las correcciones aplicables á cada mes y á los demás 
elementos atmosféricos. 

Iccubaya, Agosto de 1900. 

(1) Boletín Meteoroló^co del Observatorio Central de Mélico. Mes de Marzo de 1877 
publicado eu los Anales del Ministerio de Fomento. Año de 1877. Tomo III, p4g. 42. 



ü mmk \ EL ACIOO FITOLACICO EN EL S«LE, 



Por el Dr. lederico P. Villaseñor, M. S. A., 

Químico del Instituto Médico Nacional. 



I 



Con motivo del estudio que en el , Instituto Médico Nacio- 
nal lie hecho acerca de dos plantas cuyas raíces vulgai'mente 
se confunden con el nombre de ñamóle, pero que técnicamente 
corresponden una á la Microsechium Helleri ( Cucurbitáceas) y 
la otra á la Phjtolacca octandra (Fictolacáceas) confusión que 
depende de que ambas plantas se emplean en el lavado para 
substituir el jabón, hice una serie de investigaciones acerca de 
los principios inmediatos contenidos en ellas y que pudieran 
explicar la razón de esta semejanza de aplicaciones, teniendo 
hoy el gusto de participar á esta H. Sociedad los resultados 
que he encontrado hasta ahora. 

Grandes son desde luego las diferencias que entre ambas 
plantas existen, así desde el punto de vista fisonómico como 
botánico y químico, y difícilmente se comprende la confusión 
teniendo á la vista ambas plantas; pero sí se explican si sólo 
se consideran sus raíces y más aún, si se recuerda la tenden- 
cia constante ó inveterada de nuestro pueblo de aplicar el mis- 
mo nombre á drogas diversas con tal que tengan aplicación 



14 , Memorias de la Sociedad Científica 

semejante, tendencia que se acentúa más al cambiar de loca- 
lidades y que trae la consiguiente confusión cuando se trata 
de estudiar esas drogas y se tiene que recurrir para obtener- 
las, como generalmente sucede, á personas vulgares que ni 
tienen ni se les puede exigir otro conocimiento que el nom- 
bre y la aplicación vulgares. 

Esta identidad en los nombres y aplicaciones vulgares ha 
hecho surgir la idea de que las drogas que los tienen encie- 
rran entre los principios inmediatos que las componen alguno 
ó algunos de acción semejante, ó bien que entre sus componen- 
tes se cuenta un principio determinado al que es debida la apli- 
cación y el nombre; sin que pueda asegurarse que siempre sea 
esta la razón de esa semejanza de nombres y se podría citar 
una gran cantidad de plantas en que lo único semejante es el 
nombre, por ejemplo las contrayerbas, las retamas, las damia- 
nas, las sábilas, los peyotes y otra infinidad que sería prolijo 
enumerar; pero algunas veces suele suceder que la idea es jus- 
ta, pues el nombre corresponde á la aplicación y ésta ásu vez 
depende de la existencia de un principio con propiedades deter- 
minadas; tal es el caso de las plantas que nos ocupan y que en 
ma yor escala y sólo desde el punto de vista botánico, ha dado 
origen á un notable opúsculo publicado por el Sr. Dr. Urbina 
y que titula "Los Amóles de Hernández" '^ '; en él estudia gran 
cantidad de plantas llamadas vulgarmente amóles y las clasi- 
fica, y de una manera secundaria asienta la idea de que la apli- 
cación que todas ellas tienen para reemplazar el jabón en el 
lavado y que les ha valido el nombre de amoli (espuma ), de- 
pende de la saponina que cuentan entre sus principios cons- 
titutivos. 

Pasando al terreno químico, podemos preguntarnos ¿la 
existencia de la saponina caracteriza á los amóles? Sin duda 
no; puesto que la saponina se encuentra en una infinidad de 

(1) Anuario de la Academia Mexicana de Ciencias, III, 1897, p. 174.— "La naturale- 
za" 2í serie, III, p. 246. 



'Afitomo Álzate.'' 15 



plantas sin relación ninguna entre sí, ni de familia, ni de as- 
pecto, ni de uso industrial ó medicinal; es un principio que 
entra en el grupo de los glucósidos y que, aunque cuando fué 
descubierta por Sclirader en la Saponaria (Saponaria offidna- 
UsJ causó grande entusiasmo por sus propiedades, perdió mu- 
cho de su interés desde que otros muchos químicos demostra- 
ron su presencia en un gran número de plantas y sobre todo, 
desde que estudiando más á fondo el papel fisiológico qrie des- 
empeña en el organismo vegetal, se llegó á comprender que 
es un material de reserva que fabrica la planta para utilizar- 
lo ella misma en cierto momento de su desarrollo; así, induda- 
blemente es un principio que como el tanino, las azúcares, go- 
mas y otros, existe en infinidad de plantas en cantidades más 
ó menos aprecióles y no siempre capaces de determinar una 
aplicación, y creo, que como son plantas curtientes, por ejem- 
plo, no todas las que contienen tanino, sino las ^ue lo contie- 
nen en cantidad; deben considerarse como amóles, no todas 
las que contienen saponina sino las que la contienen en can- 
tidad suficiente para poder emplearlas en substitución del ja- 
bón, debido á la propiedad de la saponina de emulsionar los 
cuerpos grasos. 

Pues bien, si tenemos en la existencia de este principio 
la explicación del uso vulgar que en diversas partes del globo 
se hace de multitud de plantas empleadas para substituir al 
jabón y en cuyo nombre vulgar se i-evela esta aplicación (co- 
mo saponaria, jaboncillo, jabonera, amolé, etc.), debemos en- 
contrarlo, y en cantidad, en nuestras dos plantas, puesto que 
ambas son consideradas como amóles. En efecto, en el rizo- 
ma primeramente estudiado ( Microsechiiim Helleri), encontró 
casi todo el extracto alcohólico formado por saponina, pudien- 
do asegurar que produce próximamente el 30 por ciento de ex- 
tracto alcohólico en el que más del 90 por ciento es saponina; 
pero en 1& raíz de la segunda planta (Phytolacca octandra) q\ 
extracto alcohólico forma apenas el 5 por ciento y en él, aun- 



16 Memorias de la Sociedad Científica 

que se pudo demostrar la presencia de la saponina, es en can- 
tidad poco apreciable. 

Hemos aquí llegado al punto culminante de un primer pro- 
blema que resumiendo podemos plantear así: hay dos plantas 
conocidas vulgarmente con el mismo nombre: ñamóle y que 
forman parte del numeroso grupo de los amóles^; los amóles 
están caracterizados por contener entre sus principios inme- 
diatos constitutivos mía gran cantidad de saponina. Pero el 
rizoma del Chickicamole (Microseclihim Helleri) contiene gran 
cantidad de saponina; es decir, está de acuerdo con la con- 
clusión; mientras que la raizde la Mazorquilla (Pliytollaca oc- 
tandra) casi no contiene; esto es, está en contra de la conclu- 
sión. Luego, alguna de las premisas es falsa, ó en otros tér- 
minos: ó la Mazorquilla no es amolé, ó los amóles no están ca- 
racterizados por contener una gran cantidad de saponina. 

Dudar de la exactitud de la 1^ proposición, equivale á te- 
ner por falsa no sólo la autorizada opinión de gran número de 
sabios naturalistas que dan y lian dado lustre y gloria á nues- 
tra patria, sino á ecliar por tierra la experiencia, vulgar, es 
cierto,, de siglos, lo que tratándose por ejemplo, de una droga 
medicinal es perfectamente aceptable porque ¡cuántos errores, 
algunos de ellos crasos, nos ba trasmitido la tradición en ese 
asunto, y que todos no tienen más fundamento que algunos 
casos mal observados y peor interpretados! pero tratándose 
de una aplicación industrial, es inadmisible, y es un hecho in- 
dudable' que los mexicanos usaban la Mazorquilla para el lava- 
do desde antes de la Conquista y la usaron durante ella y la 
siguen usando eii'la actualidad y es indudable también que 
ellos fueron los que demostraron esta curiosa propiedad de la 
dicha planta al Sr. Hernández y á todos los escritores que pos- 
teriormente se ocuparon como él, en dar á conocer las aplica- 

<1) M. Urbina. — "Notas acerca de los amóles mexicanos." — Lectura de turno en la 
Sesión del 4 de Octubre de 1897 en la Academia d'e ciencias exactas, físicas y n atúrales, 
correspondiente de la Real de Madrid. 



•Antonio Álzate." 17 



clones de las plantas mexicanas, y por último, es también in- 
dudable que la tradición dimanada de los primeros mexica- 
nos se ha extendido hasta nuestro pueblo actual que hace de 
la planta los mismos usos que los primitivos mexicanos, usos 
que han sido comprobados como ciertos por nuestros natura- 
listas actuales; así pues, no es admisible que la Mozorquilla 
no sea un amolé; luego, más fácil es suponer errónea la 2'í pro- 
posición; la saponina en cantidad caracteriza los amóles, pro- 
posición que nadie, que yo sepa, ha asentado hasta ahora, pues 
el Sr. Dr. D. Manuel Urbina en su estudio citado acerca de 
los amóles, aunque lo deja comprender, ni se ocupa del asun- 
to, ni menos asienta tal proposición que es enteramente mía, 
y por lo mismo, cosa fácil es que esté en un error; pero sin pa- 
sar adelante en esta discusión, el mismo vulgo se encarga de 
resolvernos esta aparente contradicción, porque si es verdad 
que aplica el nombre de C h ich ica dujIc {a.mole amargo) al rizoma 
de la Microsechium Ilelleri en lo que tiene razón de sobra, no 
aplica este nombre á la raíz de la PJi¿/foIacca, sino á su fruto 
que emplea en el lavado cuando está verde; así es que la sa- 
ponina la debemos encontrar no en la raíz sino en el fruto ver- 
de de la Mazorquilla, estudio que hasta ahora no me ha sido 
posible emprender'; pero que pronto haré y tendré la honra 
de comunicarlo á la ¡Sociedad. 



II 



Como al principio digo, en el Instituto Médico Nacional, 
hice el estudio de las raíces de estas dos plantas y la confu- 
sión que hubo entre ellas me sugirió la idea de hacer un tra- 
bajo que tiene algunos puntos de contacto con este y que pre- 
senté como lectura de turno en ese Establecimiento, vinién- 
dome por ese trabajo el conocimiento de que en el fruto de la 

Memorias.— [1900-1901].— T. XV.— 3. 



18 Memorias de la Sociedad Científica 

Mazorquilla, existía tal vez además de la saponina, otro prin- 
cipio al que podían ser debidas sus aplicaciones terapéuticas: 
el ácido fitolácico. 

No es una novedad el conocimiento de este cuerpo á pro- 
pósito del cual Terreil, su descubridor, se expresa así: (^) 

'"'Haciendo investigaciones sobre las materias colorantes 
rojas de los vegetales, he descubierto en los frutos de la Pliy- 
tólacca Kaempferi un nuevo ácido orgánico que existe en esta 
planta al estado de sal de potasa y al que doy el nombre de 
ácido fitolácico para recordar su origen. Los frutos de la Ph. 
decandra contienen igualmente este ácido, pero en menores pro- 
porciones." 

"Extraigo el ácido fitolácico de la manera siguiente: tritu- 
ro las bayas de la Phytolacca con alcohol á 40° ó 50°, decan- 
to el líquido y exprimo el residuo en un lienzo; filtro el líqui- 
do obtenido, lo evaporo á suave calor hasta consistencia d& 
extracto casi seco; después trato este extracto por alcohol 
á 90° malaxando fuertemente la masa gomosa insoluble que- 
envuelve el fitolacato ácido de potasa que contiene. Esta sal 
que es muy soluble en alcohol concentrado, se disuelve al mis- 
mo tiempo que los principios azucarados y una pequeña can- 
tidad de materia colorante. Filtro "el extracto alcohólico, expul- 
so en seguida el alcohol por el caloryredisuelvo el extracto siru- 
poso en el agua. Es en esta última disolución, que enrojece 
fuertemente el papel tornasol, que ha demostrado la presen- 
cia del nuevo ácido observando la reacción siguiente que es 
característica. En efecto, agregando ácido clorhídrico á esta 
disolución, no se produce nada en frío, pero calentando, he 
visto todo el líquido convertirse en una jalea bastante consis- 
tente para no escurrir cuando invertía el tubo, en el que hacía 
el ensaye; además he demostrado que al contrario de las pro- 
piedades ordinarias de las 'jaleas vegetales, este ácido coagu- 
lado, insoluble en el agua, es muy soluble en el alcohol á 90°."^ 

"En fin, para aislar el ácido fitolácico de la disolución de 

(1) Comptes-rendus Ac, Se. París. — T. XCI. —Julio á Diciembre de 1880.' pág. 856,. 



'Antonio Álzate."' 19 



de que se trata, vierto primero algunas gotas de acetato neu- 
tro de plomo, que no tiene ninguna acción sobre el fitolacato, 
ácido de potasa, pero que precipita la materia colorante; des- 
pués en el licor filtrado agrego subacetato de plomo que pre- 
cipita el ácido fitolácico. Después de haber lavado el fitolaca- 
to de plomo, lo he descompuesto por el hidrógeno sulfurado 
en presencia del agua; en seguida después de filtración para 
separar el sulfuro de plomo, he evaporado el líquido á se- 
quedad." 

"El ácido fitolácico es incristalizable; se le puede llevar al 
estado de desecación completa sin alterarlo. Se presenta en- 
tonces bajo la forma de un barniz gomoso, transparente, de 
color amarillo-moreno, no delicuescente; es muy soluble en el 
agua y en el alcohol concentrado; el éter no disuelve sino una 
débil cantidad. Su disolución acuosa enrojece fuertemente el 
tornasol; se le puede llevar á la ebullición sin alterarlo; pero 
si se le agrega previamente ácido clorhídrico ó sulfúrico, el 
ácido fitolácico se transforma en jalea como se ha dicho arri- 
ba; el ácido acético no produce esta transformación. La diso- 
lución alcohólica del ácido fitolácico coagulado siendo evapo- 
rada deja depositar este ácido bajo su forma gelatinosa." 

"Los álcalis diluidos y el amoníaco disuelven fácilmente 
el ácido gelatinoso; pero lo^cidos lo reprecipltan de estas so- 
luciones aun en frío." 

"El ácido fitolácico libre no precipita ni el nitrato de pla- 
ta, ni el cloruro de bario, ni las sales de cal; á la ebullición re- 
duce sin embargo la sal de plata." 

"Los fitolacatos alcalinos son incristalizables." 

"El ácido fitolácico saturado por un ligero exceso de amo- 
niaco, da después de evaporación á sequedad cuando se vuel- 
vo á tratar por el agua una disolución que posee todavía reac- 
ción acida. Esta disolución da con nitrato de plata un preci- 
pitado amarillento, soluble en el ácido níti'ico y en el amonía- 
co; no precipita el cloruro de bario sino en presencia de un 
exceso de amoníaco. 



20 Memorias de la Sociedad Científica 

''La sal de plomo que se obtiene por precipitación con el 
subacetato de plomo contiene 44.55 de 100 de plomo metálico 
lo que da sensiblemente el número 130 para el equivalente quí- 
mico del ácido fitolácico considerado como ácido monobásico 
ó el número 260 si se le considera como ácido bibásico, lo que 
parece admisible en presencia de la acidez de la sal de potasa 
■que existe en las Phytolaccas." 

''La falta dé materia estando la estación muy avanzada 
para procurarme frutos de Phytólacca KcBmpferi en cantidad 
suficiente, me ha impedido determinar la composición elemen- 
tal del ácido fitolácico. Me queda igualmente por estudiar las 
•causas de la transformación de este ácido del estado soluble 
al insoluble. ¿Hay simple modificación isómera ó desdobla- 
miento á la manera de los glucósidos? cuestiones importantes 
■de resolver. Dejo, pues, á una época más propicia la cuestión 
del estudio al ácido fitolácico." 

Yo, con estos datos me puse á buscarlo en el fruto de 
nuestra fitolaca, habiéndolo encontrado en cantidad regular; lo 
busqué también en la raíz donde según Eberhart se encuen- 
tra igualmente, sin lograr encontrarlo. 

De los procedimientos que seguí para su investigación. 
Tino tiene semejanza con el de Terreil y me parece un poco 
menos complicado; lo llevé á calí^por indicación del 8r Prof. 
F. Río de la Loza y consiste en tratar el jugo del fruto por el 
subacetato de plomo, neutralizar el plomeo por el hidrógeno 
sulfurado, concentrar en B. M. y agotar por el alcohol; este 
procedimiento es bueno, pero es un poco más dilatado y peno- 
so que el siguiente que se me ocurrió en vista de las propie- 
dades del ácido; el jugo del fruto se concentra en B. M. hasta 
consistencia de extracto y se agota por alcohol absoluto que 
por evaporación deja el ácido mezclado con azúcar. 

Este ácido se presenta con los mismos caracteres que lo 
•describe Terreil; es decir: es un cuerpo amorfo, blando, de 
■consistencia de extracto, de color amarillo moreno, de olor 



'Antonio Álzate." 



de melasa, de sabor ligeramente ácido y astringente que se no- 
ta principalmente en la faringe al tragar, de reacción acida 
marcada; es soluble en el agua y en el alcohol; casi insoluble- 
en el éter. 

Tratada su solución acuosa por los reactivos, presenta las 
reacciones siguientes: percloruro de fierro, nada; nitrato de 
plata, nada inmediatamente, reducción al cabo de un rato; sub- 
acetato de plomo, ligero enturbiamiento; acetato neutro de plo- 
mo, nada; cloruro de bario, nada; cloruro de calcio, nada; car- 
bonato de amoníaco, nada; potasa, nada; bicloruro de mer- 
curio, nada; agua de barita, ligero precipitado blanco; los áci- 
dos minerales diluidos dan la reacción característica, es de- 
cir: calentados ligeramente producen la coagulación de la so- 
lución en forma de jalea que los álcalis disuelven; en frío se 
prodúcela misma reacción, pero es mucho más lenta, pues di- 
lata de hora y media á dos horas según el ácido mineral em- 
pleado, siendo más rápido con el clorhídrico y un poco menos 
con el sulfúrico; haciéndose también más lenta la solución de 
la jalea por los álcalis. 

Fisiológicamente solo puede atribuírsele una ligera ación 
laxante, sin producir irritación ninguna en las mucosas. 

Este ácido que no tiene de notable químicamente hablan- 
do, mas que la curiosa propiedad de coagularse bajo la influen- 
cia de los ácidos minerales, es considerado por algunos auto- 
res como perteneciente al grupo químico de las saponinas; es 
decir, es un glucósido que por la ebullición con los ácidos mi- 
nerales sufre un desdoblamiento en el que se produce gluco- 
sa y una substancia resinoide insoluble en el agua y soluble 
en el alcohol, propiedad que he tenido oportunidad de ratifi- 
car, así como otras que efectivamente son semejantes alas de 
la saponina, como producir abundante y persistente espuma 
por agitación y emulsionar los cuerpos grasos; pero difiere d& 
ella por varias reacciones, por ejemplo, la del acetato neutro 
de plomo que en las soluciones de saponina produce un pre- 
cipitado gelatinoso. Decisivo sería para demostrar esta seme- 



22 Memorias de la Sociedad Científica ^ 

janza, ver si el producto del desdoblamiento por los ácidos era 
sajMgenina; pero no he tenido tiempo de hacerlo: sin embargo, 
con las reacciones comunes que ambos presentan y entre las 
que se cuentan las principales (espumear, emulsionar los cuer- 
pos grasos, y sufrir descomposición por la ebullición con los 
ácidos) que determinan las aplicaciones de la saponina, pode- 
mos sin gran temor considerar realmente á este ácido como 
una saponina: tanto más, cuanto que en este grupo se encuen- 
tran, como en todos los grupos químicos, cuerpos que presen- 
tan reacciones comunes ó de grupo y especiales á cada uno de 
ellos; nada raro tiene pues, que el ácido fitolácico tenga las 
propiedades emulsionantes de la saponina, determinando así 
su aplicación vulgar de servir para el lavado y carezca de sus 
propiedades irritantes y depresoras que explican la falta de 
efecto fisiológico. 

En vista de esto, surgen toda una nueva serie de proble- 
mas químicos y fisiológicos cuya resolución, interesante por 
demás en extremo, será obra del tiempo y de nuevos estudios, 
y que ahora solo me contento con enunciar; en efecto, ¿los 
frutos verdes de la fitolaca contienen realmente saponina co- 
mo lo dicen los autores ó no es más que el ácido fitolácico que, 
como ella, puede servir para lavar? ¿la saponina del fruto ver- 
de se transforma en ácido fitolácico en el fruto maduro? ¿los 
efectos purgantes de la fitolaca son debidos á la saponina, á 
la fitolacina ó al ácido fitolácico? Son -puntos dudosos aun y 
que urge resolver sobre todo ahora que nos preocupamos gran- 
demente por conocer debidamente nuestros productos natura- 
les y que los avances de la terapéutica exigen conocer los prin- 
cipios activos de las drogas para emplearlos de preferencia á 
ellas por las inmensas ventajas que proporciona el uso de prin- 
cipios enérgicos, puros, de acción constante y bien experimen 
tados. 

México, Julio 1? de 1900. 



THE ORIGIN OF THE INDIVIDUAL/'^ 

ON THE IMITATION OF PROTOPLASM 

BT 

PROF. A. L. HERRERA, M. S. A., 

Chief of the Commis^^:on of Parasitologj'. 

fPLATE i]. 

Bütsclili began the study of tliese subjects by prcparing 
his artificial protoplasm witb carbonate of potassium and oil, 
or oil and sugar. He obtained in íWkS way amaeboid move- 
ments, vacuols and alveolar structure. Since tbe year 1897 I 
have been making methodical researcbes on tbis subject. I ha- 
ve accepted and rejected itiany theories successively and have 
avoided all prejudice. I have obtained several imitatious of 
protoplasm in the £ollo\ñng ways: 

1/' Mixture of compounds, after Reinke's analysis. Cnr- 
rents of diífusion without structui'e or evolations. 

2/ Mixture of albumen of egg with oils; saponification 
of the álcali, vacuoles, general appe'ai'ance of protoplasm, no 
movements or evolutions. Lime water, albumen and oil affords 
a reticulum and granulations very interesting. The same with 
peptone, lime soap and albumen. 

3.'' Myelin of egg, brain, snail or vegetables gives many 

[1] See "Memorias de la .Sociedad Álzate." Loiigine des individus. 1899-1900. vol. 
XIV, ].. 129. 



24 Memorias de la Sociedad Científica 

striact'.ires and movements already described in a former 
paper.'^' 

4.*'' Myelin is doubtless a mixture o£ oléats and impuri- 
ties. Oleat affords a great number o£ wonderful imitations 
o£ structures, movements and evolutions o£ protoplasm. Oleic 
acid should be combined Avitli álcali and the mixture observad 
in a drop o£ water, urth tíie microscope, without couvre-ohjecL 
Tlie main structures are as £ollows: 

1. Emission o£ tubes, by endosmotical absorptioQ o£ water,, 
either straight or in spirals, pointed or with an appendix sim- 
ple or compound, spherical or egg-shaped. (Fig. 1-9, 39-43.) 

2. Spherical cells with depressed nucleus. 

3. Mixing the oleic acid with certain kind o£ common al- 
caline soap and water, there are vibrating movements o£ di- 
vergent cilia and in£usorial evolutions. (Fig. 53 and 55.) 

By adding oil there appears a cordón with lateral cilia en- 
ding in spherical appendices, endowed with rapid movements.. 
(Fig. 55.) 

A mass o£ this kind has been £ound to circuíate as in£u- 
sorian during eight minutes. (Fig. 53.) This is aproo£o£my 
theory o£ vibratory motion explainedby osmotical currents.'^'' 
Sometimes a httle mass is in motion and as it goes along it 
undergoes many alterations in its general shape. (Fig. 56- 63.). 

4. By heating there appears a number o£ blood-vessels o£ 
the frog, with nucleus, by the extensión o£ myelin grains. 
(Fig. 64.) 

5. By triturating the myelin in the glass; with the finger,. 
in a solution o£ glycerine (5) in water (7), there appears many 
drops that púlsate and rotate. 

6. The mixture o£ soap and oleic acid is macerated but in 
a small quantity o£ water, £or 24 hours. There is an exten- 
sión of the concentrical grains o£ myelinjand on adding a £resh. 

(1) "Memorias de la Sociedad Álzate." Tol. XEf, p. 241, pl. IV. 

(2) 1. e. Tol, X, 1896-97, p. 322. 



'Antonio Álzate." 25 



quantity of water a kind o£ microscopieal snakes iii move- 
ment(F¡g. 66-71) and manycells endowed with a great power 
of contraction and extensión, according the osmotical pressu- 
re, appears. Tbey have probably an alveolar structure. 

8. A small quantity of amerícan peptone (with álcali) 
and oleie acid shows an amaeboid or fiagellated form, immo- 
vable, but if a fresh quantity of acid is added, it becomes a 
mass of Bütschíi (oil audsugar) or an interesting imitation of 
the structure of protoplasm, witk granulations aud circles, 
as in the drawings of Kunstler. (Fig. 73-76 ) 

9. Oleic acid eombined with common caustic soda or the 
same in alcohoUe solution added with ammonia and water, 
presen<s sometiines the appearance of a colony of Bacferium 
termo, every crystal of carbonate or every particle being in vol- 
ved with a pellicle of oléate. (Fig. 52.) 

10. A particle of caustic soda added with water and ca- 
prinic acid produces a disk with small holes, as in Foramiui- 
fera, many articulated Unes or dendriticals and several imita- 
tions of BacterioL (Figs. 49, 50, 51 and 77.) 

11. The potassium oléate shows in a drop of water many 
pseudopodia which stretch and eontract as in Vortkdla, and 
also an imitation of the tufts of núcleo! us. (Figs. 6 and 7.) 

12. Vapórs of ammonia reaching a drop of oleic acid in 
water afiFords many little drops turning in every direction. 

13. By macerating oléate of ammonia in a small quantity 
of water or Pfeffer solution the following is obtained; 

2} day. Many tubes floating and f orming a kind of textu- 
re. (Fig. 163.) By adding water there appear microscopieal 
snakes knotting and untying themselves. (Fig. 152-161.) 

Also a vesicle with deformations by rupture, heavy and 
transparent. 

3* day. A mass of transparent drops, one or two of them 
extendí ng in the water and acquiring ramifications or growing, 
moving and contraeting as a worin (Limnodrilus) and resting 

Memoria». (ÍSOO-IÍWII.— T. XV.— 4. 



26 



Memorias-de la Sociedad Científica 



imniovable as soon as the abísorptioii o£ water is finisbed. (Fig. 
10-17.) 

Thiá a new proof o£ my theory o£ raiisculap eontraction 
explained by osraotical causes, as in the Rhnrabler's theory o£ 
mitose. 

5*^ day. Gigantie mass restiltÍBg from the soldering of ma- 
ny grains of oléate. By adding fresh puré water there are ve- 
ry curious deformations as esplaiued in the drawing. (Fig. 
18-24.) 

10.*^ day. MycellÍTjm o£ Fnngleptomiia, (Fig. 29-34) aniae- 
boid £orins endowed with rapid movements. (Fig. 104.) 

14*^^ Rancid oil, oleic acid and ammonia: pellicles heavy, 
"with vacuoles, trembling and contracting. (Fig. 81-85.) 



PRSPARATJONS. 



RESIJIiTS. 



Dry oléate of sodÍTim. 



Sporidia oí FwngfavvM, tu bes of 
Fungaspergüla (Fig. 35.) 



Oléate of sodium in alcohol f or f otir 
days, observed in water. 



Elastic vesicles, contracting or ex- 
tending themselves with. a cu- 
rrent of air or with. the heat, and 
moving slowly as Infnsorians. So- 
metimes an interna! boiling of par- 
ticles in each vesicl e. (Fig 103. ) 



Commercial silicate of soditun and 
oleic acid. In water. 



The same. 



Evaporation of a solution of oléate 
of sodinm in C S- 



Vactiolatedprotoplasm of theyoxmg 
cells of plants, with grannlations. 
Insoluble. (Fig. 106.) 



Snlfoleie acid in f oi-matiou, in wa- 
ter. Sfi-day. 



Mass floating with a curions series 
of pyriform prodnctions (snlfo- 
margaric acid?) Vesicles with a 
membrane. Protoplasmicthreads. 
Sporulation. (Fig. 107-118.) 



'Antonio Álzate." 27 



PBEPABATIOIVSI. RE.SITL.T8. 

Pyriform .productions of the lat- Reticuium and granulations. (Fig. 

ter and oleie acid. 120.) 

Evaporation of the ethereal solu- Vesicles turning as Inf usorians, 

tion of sulfoleie acid. {In water.) witli deformations, for four min- 
utes. (Fig. 122-127.) 

Oléate of ammoninuí dissolved in Vermicular movements. 
acetic ether and evaporated. (In wa- 
ter.) 

Oleie acid, ahuondsoilandpotashf Vesicles with defonnations in the 

(In water.) edges. (Fig. 140-145.) 

Oléate of potassium, dry. ( In wa- The same. 
ter.) 

Albumen of egg and chloroform A kind of impure myelin. (Fig. 148 

^dissolution and evaporation. ) -150. ) 

Brain of sheep and alcohol. Mace- The same. (Fig. 151.) 
ration and evaporation. (In water.) 

Oleophosphoric acid and soda. The same. (Fig. 165-170.) 

Phosphoglyceric aeid and potash. Several vesicles in evolution. 

Oleie acid and mexican pitch or lac Nucleus. Vesicles with a ref racting 

or oleie aeid oxidated, heat«d for and empty nucleus. (Fig. 178.) 
three hour« in a hath of sand. In 
■water. With an álcali. 

Caprínic and capronic acids and The same, 
ammonia. 



28 



Memorias de la Soeiedatí Oieittífiea 



I'K.EP'ARA'riOWS. 



KK^SJ^'TS. 



Oleic acid tinged Tíritli l>Iack prin- 
ting ink, in a soltition of lime. ( Na- 
ied eye.) 



Amafiboid ictoTemenis. drarents of 
eomljination and áifiiaon. De- 
f ormatíon of the edges of a dírop 
ten eent.intEametei-jfor-onelioai". 
Ai the end tliere are formatíon 
ísnd dissolutioii of iBany muitipo- 
lai' celís. The shock affords a new 
series of divisions in the paialy- 
zid drop. (Theoiy of the división 
of the mass of brain by the vibra- 
tions or shocks of thesensations. ) 
(Fig. 181-184.) 



Oleic acid dissolvecl in eai'bon bi- LoeomotioD, deformation and 



sxílphide that is heavier iban water: 
ifrops of this mixtore "wiU be ptit in 
"water with a trace of ammonia or so- 
da, in a great Tessel or in a bottle. 



Mnds of amaeboid movements and 
chimioti'opie phenomena. Many 
littledropshave an ascendingmo- 
vement, in zig zag. 



OONCLUSIONS. 



1. Movements, strnetnre asd most o£ tbe ptysieal proper- 
ties of protoplasm cau be imitated witli alcalino oleates. 

2. Alveolar striicture can be imitated witli soaps^ oil and 
silgar (BütscMi) or oleates. The strBcture observed by Kuns- 
tler can be reprodticed witb oleates and peptone. 

3. Vibratorjj amaoboid and infusorial naovements^ b&- 
sides ■ interna! currents, plasmodium, empty imelenS;, nuclear 
ñlamentS; can be imitated aiso with oleates or caprates. 

4. Straetures, movements and evolutions results of imbi- 
bition, osmótica! and ciiemical cúrrents. Chimiotropism is 
evident in drops o£ oleic or caprie acid in an alcalino solution. 

5. Natural protoplasm migbt be a salt of albuminoids, a 



■ 'Antonio Álzate." 29 



compotind similai* to oléales in its physical properties, with 
an interual eiiergy produced by zymases or ferments. Nuclei- 
nic aeid and albuminoid suLstances probabiy t'orms the li- 
ving beings. 

August 27*'', 1900. 

JEXPI.AIVATIOIV OP TIIE FICilTRKS. 

Fig. 1-5. Oléate o£ aininoniom, in water. 

6. Oléate of potassium, in water. 

7. The same. 

8-9. Oléate of ammonium. 

10-17. The same, in Pfeffer's solution for three days^ in 
water. 

18-28. The same, S'"" day. 

29-32. The same, 11? day. 

33-34. Oléate of ammonium, in syrnp for two days. In 
water. 

35. Dry oléate of sodium. 

36-37. Oléate of ammonium. 

38-52. Oléate and caprina! e of sodium. 

53. Oleie acid and soap. 

54. The same: vesicles. 

55. The same: vibratory movement. 
56-71, The same. 

72. Oleates: contráctil pellicle. 

73-76. Oleic acid and alcalino peptone. \ 

77. Caprinate of sodium. 

78. Oleic acid and ammoniac. 

79-80. Oléate of ammonium in Pfeffer's .9olntIon. 2" day. 
81. Oléate of ammonium and rancid oil. 
82-85. The same. 

86. See 25-28. 

87. Oleic acid and lime. 

88-90. Oleic acid and phosphoric ücid, in a drop of solu- 
tion of ammoniac. 



30 Memorias de la Sociedad Científica 

91-102. OleateofammoniuminPfeffer'ssolution. 10*'' day 

103. Oléate of sodium, dissolved iii alcohol (87°). (Evapo- 
ration o£ tlie dissolution. ) 

104-105. Oléate o£ ammonium in Pfeffer's solution. ll*"" 
day. 

106. Oléate of sodium, dissolved in C S' . ( Evaporation 
of the dissolution.) 

107-127. Sulfoléic acid. 

128-137. Oleic acid and conin. 

138. Albumen of egg and anilin. 

139. Oleic acid, almonds oil and potash. 

140. Oleic acid, almonds oil and potash. 
146.-147. Oléate of potassium. 
148-150. Oleates of the albumen of egg. 
151. The sames, of the brain of.sheep. 

152-161. Oléate of ammonium in PfefEer's solution. 2* day 

162. Ethereal extract of brain. 

163. Oléate of ammonium in PfefEer's solution. 2*^ day. 

164. Oléate of ammonium in C S^ (Evaporation of the 
dissolution.) 

165-170, Oleophosphate of sodium in PfefEer's solution. 
2" day. 

171. Phosphoglyceric acid, albumen of blood and oleic 
acid. 

172. Oleic acid- and lac. 

173. The same and soda. 

174. The same, dry. 
175-177. Oleic acid and lac, 

178-180. Oleic acid with caprinic and capronic acids and 
álcali. 

181-184. Oleic acid in lime solution or dissolved in CS'', in 
an alcaline solution. 



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VOL. XV. PL. I. 




A. L. Herrera. Imitation of the protoplasr 



MEM. SOC. ÁLZATE. MÉXICO. 



VOL. XV. PL. 




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A. L. Herrera. Imitation of the protoplasm. 



ALPHABETICAL CROSS REFERESCE CATALOGUE 

OF ALL THE PUBLICATIONS OF 

EDWARD DRINKER COPE. 

FROM 1859 TILL HIS DEATH IN 1897 

BT 

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291. (1882) 1883). 

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Flistocene Mammalia fr. Petite Anse, La. (Pr. A. P. S. XXXIV. 
149 p. 458. 1896). 
j, Sabré tooch, new Dinohastis Serus fr. Okla. (Am. 

Nat. XXVII-. p. 896. 1893). 
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1870). 
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(Pr. A. P. S. XXIII^ 121. p. 94. 1885). 
Poblig's ebaracters of Elephas antkjuuSy Rev. of (Am. Nat. 

XXVI. p. 712. 1889). 
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60 



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(Pr. A. N.^S. p. 429. 1894). 
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(Pr. A. N. S. p. 383. 1893), 
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S. 84. p. 497. 1870). 
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p. 404. 1875). 
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407. 1892). 
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A, P. S. (n. s.) XVIII, Pt. I. Art. 11. p, 11. 1892). 
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1899 (?)(Posthumous) 
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crip, of new sp, of (Pr, A, N. S, p. 517. 1861), 
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1861). 
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436, (1895) 1896). 



•Antonio Álzate. " 61 



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„ remains £rom Datota beds o£ Colorado (Pr. A. P. 
S. XVII. Xo. 100. p. 193. 1877). 
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1870). 
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p. 14. 1872). 
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(Plesiosourian), Struct. o£ skull in (Pr. A. P. S. 

XXXIII. 144. p. 109. 1874). 
Review o£ Seeley's researches on (Am. Xat, XXFV. 

p. 271. 1890). 
Sonoran prov. o£ Xearctic regixjn (Pr, A. X, S. p. 300. 

1866). 
squaniaia Def. o£ sp. o£ (Pr. A. X. S. p. 75. 1861), 
„ char o£ higher groups of (Pr. A. X. S. p. 224. 
1864). 
Systematic arrangement o£ class fPr. A. A, A. S. 

'XIX. p. 194. 1871). 
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Triassic of the Atlantic región o£ the U. S. (Pr. A. 
P. S. 84. p. 444. 1870). 
Reptiles, Lystrosaurus frontosus and other Dicynodont (Pr. A. 

N. S. p. 419, 1870). 
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Review of Maack's Schildkroten (Am. J. of S. and A. p. 136. 
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p. 771, 1879), 
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1880). 
„ o£ the Loup Fork epoch (Am. Nat. XII. p. 488. 

1878). 
Ehinocerontidae, Paraceras a new genus of (Am, Nat. p, 540. 

1880). 
Rhode Island, some new fihes found at Newport (Pr, A. N. 

S. p. 118. 1870). 
Bhyncocejjhalia, American Triassic (Am. Nat, XXI, p. 468, 

1887). 
Ribot's diseases ofthe Will, Reviewof (Am. Nat, p. 317, 1884), 
Rio Grande, Age of f ormation in banks of (Pr. A. P. S, XXI, 
114. p. 615, 1884). 
„ „ del Sul, Fishes obt. £r. Naturalist exped. to. (Pr. 
A, P, S. XXXII. 144. p. 84, 1894). 
Rock inscriptions ancient, in Ohio (Am. Nat, p. 545, 1871). 
Rocky Mountains, Stone Circles in (Pr. A, N. S. p. 370. 1874). 
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2. Sec. 2. p. 49. 1874). 
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'Antonio Álzate." 95 



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96 Memorias de la Sociedad Científica 

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(Am. Nat. XIII. p. 333. 1879). 



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expl. W. 100 Merid. V. Ch. VI. p. 522. 1875). 
Yarrow and Cope's rpt. on fishes in Nev., U., Cal., Coló., N. 

M., Ariz. (Geog. and Geol. explor. W. 100 Merid. V. ch. 

VI. p. 639. 1875). 
Tellowstone Park, The present condition o£ (Am. Nat. XIX. 

p. 1037. 1885). 
„ „ (Am. Nat. XXIV. p. 255, 1890). 
Youthful Repórter, The (Open Court Chicago. VIII. p. 4118. 

1894). 

Zacualtipan, Hidalgo, México, Rept. on coal depos. near (Pr. 

A. P. S. XXVI. 122. p. 1. 1885). 
Zittel's ''Handbuch der Paleontologie" etc. Rev. (Am. Nat. 
p. 1018. 1888). 
„ manual of paleontology, Rev. of (Am. Nat. p. 1014. 
1887). 
Zoology-in the National Parks (Am. Nat. p. 708. 1884). 

„ of Maryland (Walling and Gray's new topograph. 

atlos p. 16. Phila. 1873.) 
„ ., Ohio ("WalHng and Gray's New topograph. atlas p. 

25. Phila. 1873). 
„ „ Pennsylvania, Sketch (WalHng and Gray's topogr. 
atlas, p. 19. Phila. 1872). 



UNA EXPEDICIÓN 
^L CERRO ÜE Ti:^ A^LOC. 

Por M. Moreno y Anda, M. S. A., 

Encai'gado del Departamento Meteorológico y Maguético del 
Observatorio Nacional de Tacubaya. 



En la cordillera que limita al Oriente el Valle de México y 
que se conoce con el nombre de Sierra Nevada, descuellan dos 
eminencias notables por su altura: el Tlaloc y el Telapón. A 
la primera de ellas hicimos una excursión en los pi'imeros días 
del mes de Diciembre del año próximo pasado, permaneciendo 
ocho días en la cumbre que se eleva á más de 4,000 metros so- 
bre el nivel del mar y desde la que se dominan los extensos y 
hermosos Valles de Puebla y México. Encontramos allí, y lo re- 
ferimos para los cultivadores de nuestra historia antigua, los 
restos de una construcción que según toda probabilidad data 
de los tiempos anteriores á la conquista, formada por una ca- 
lle de uno& 75 metros de largo y 3 de ancho que desemboca 
en una plazoleta en la que se ven restos todavía de otra inte- 
rior, mediando entre ambas un espacio como de 2 metros, to- 
do formado de piedras superpuestas sin pegamento alguno y 
colocadas de tal manera que las paredes son lisas, sin saliente 
alguno — ¿Era Observatorio, fuerte ó templo? 

A los que se ocupan <]e la vida en las grandes altitudes, 

Memorias. (1900-1001)— T XV.— 13. 



98 Memorias de la Sociedad Científica 

les diremos que durante los 8 días de nuestra permanencia en 
la cúspide mencionada no sufrimos accidente alguno: los fe- 
nómenos fisiológicos de todo el personal de la expedición se 
efectuaron de una manera normal, no obstante el abatimien- 
to tan fuerte de la temperatura, pues generalmente á las 4 de 
la tarde el termómetro acusaba ya indicaciones bajo cero. 

Me hablaban también los naturales de la región, de un lu- 
gar que lleva el nombre de ''Las Letras," designado así por- 
que en una peña se encuentran vestigios de un geroglífico. 

Invitado por los señores Director y Subdirector de la Co- 
misión Greodésica Mexicana para formar parte de la expedi- 
ción que se preparaba al cerro de Tlaloc, elegida su cumbre, 
punto trigonométrico de la triangulación que la citada comi- 
sión efectuaba entre México y Puebla, llevando nosotros por 
objeto principal la comunicación por medio del heliotropo con 
las oficinas de Tacubaya y los vértices de Chiconautla y Chi- 
malhuacán, acepté con verdadero placer, tanto por tratarse 
de las apreciables personas que me invitaban como por apro- 
vechar una propicia ocasión para hacer observaciones meteo- 
rológicas por varios días en una considerable altitud como es 
la de la mencionada montaña. 

Nos ocupamos, pues, desde luego en arreglar los varios 
instrumentos que deberíamos llevar, así como un abrigo para 
los termómetros, constituido por una casilla de madera con 
persianas en sus cuatro lados y doble techo, muy ligera y cons- 
truida de tal modo que todas sus piezas podían armarse y 
desarmarse fácilmente, formando el todo un bulto pequeño de 
cómodo trasporte. 

La falta de un barómetro de mercurio, para viaje, que ha- 
bríamos deseado emplear de toda preferencia, á la vez que el 
aneroide y el hipsómetro como medios de comprobación, nos 
hizo atenernos únicamente á las indicacioues de estos últimos, 
previamente determinadas sus correcciones. 

Del 1? al 24 de Noviembre hicimos 25 comparaciones de 



'Antonio Álzate." 99 



cada uno de los 5 hipsómetros de acreditadas fábricas que 
posee el Observatorio, con el barómetro normal del mismo Es- 
tablecimiento, de las que se deducen las siguientes correc- 
ciones. 

Hipsómetros Corrección: 

N° 46157''' -1-0O08 

„ 6785'-' —O 04 

„ 44762'!' —0 09 

' „ 64263'". +0 08 

„ 24'^' —O 07 

Correcciones que convertidas á la escala milimétrica, que- 
dan como sigue: 

Hipsómetros Corrección. 

N° 46157 +£81 

„ 6785 —0.03 

„ 44762 —0.98 

„ 64263 +2.84 

„ 24 —0.39 

El aneroide núm. 8,769 ( Negretti & Zambra) comparado 
antes y á nuestro regreso de la expedición, con el mismo ba- 
rómetro patrón, y durante ella con el hipsómetro núm. 46157, 
acusó las diferencias ó correcciones siguientes: 

mra. 

Antes de la expedición +3.46. 

Durante „ „ ....+3.65 

Al regreso de la expedición.+4.97 

Media +4.26 

Las cifras anteriores indican claramente que el aneroide 
marchó bien durante toda la expedición; pues el valor de la 

(1) Negretti Si Zambra. 

(2) Green. 

(8) Baudin íWoUuBton;. 



100 Memorias de la Sociedad Científica 

corrección encontrada en el Tlaloo (promedio de varias com- 
paraciones) apenas difiere del que obtuvimos antes de nuestra 
partida. En cuanto al que resulta ya de regreso en el Obser- 
vatorio, es mayor en poco más de un milímetro que los dos 
primeros, aumento ocasionado tal vez por algún ligero choque 
sufrido inadvertidamente al descender de la montaña. 

Como todas las presiones que registramos están tomadas 
con el susodicho aneroide, le aplicamos; pues, la corrección 

mm: 

+4.26 considerándola constante. 

Los demás instrumentos que llevamos, son los siguientes: 
seco núm. 90791 ( corrección 



Psicrómetro N. & Z. ^ ^^^^^^^^ ^^ ^^^g^ 1 nula. 

Varios termómetros de mínima, de alcohol, y de máxima N. 

& Z., correctos en toda su escala. 

Dos termómetros de Máxima y dos de mínima, en el va- 
cío, igualmente correctos en toda su escala. 

Un barómetro y un termómetro registradores (Richard). 



Dispuesto todo para la marcha, el martes 28 de Noviem- 
bre salimos de México para Texcoco, en cuyo lugar permane- 
cimos todo el día arreglando el tr£|;Sporte al Tlaloc. Debemos 
hacer constar, por ser de justicia, que sin la generosa y espon- 
tánea intervención del Sr. Coronel de E. M. E. Don Manuel 
González, y del Sr. Don Feliciano H. Macías, dueño y adminis- 
trador respectivamente de la Hacienda de Chapingo de la que 
forma pertenencia el mismo cerro límite de nuestro viaje, no 
habríamos salido al día siguiente conforme á los propósitos del 
Ingeniero Jefe de la Sección expedicionaria, debido á las di- 
ficultades con que tropezamos para conseguir las numerosas 
bestias de carga que necesitábamos. Impuestos dichos seño- 
res del objeto científico de la expedición, ordenaron inmedia- 
tamente se nos proporcionaran los medios de trasporte que 
mejor nos convinieran, logrando salir el. miércoles á las 8 a. m. 



'Antonio Álzate." 101 



precedidos por un carro y varias acémilas que conducían los 
instrumentos y equipajes. 

Dos Loras después llegábamos al rancho de Tequexquina- 
liua, dependiente de la propia hacienda de Chapingo, en el que 
se nos hospedó y atendió por el resto del día con suma ama- 
bilidad. 

Allí hicimos observaciones de presión y temperatura con 
el objeto especial de determinar la altura del rancho con res- 
pecto á México. Para la pi'imera empleamos el aneroide á la 
vez que el hipsómetro uúm. 46157, y para la segunda un ter- 
mometrito anónimo que forma parte del estuche del aneroide, 
observándolo en la huerta contigua á la casa habitación, sus- 
pendido á 2 metros sobre el suelo y á la sombra do un árbol. 

Pongo en seguida los resultados que obtuve, advirtiendo 
que á las indicaciones del termómetro les apliqué la correc- 
ción — 0.8'^ determinada antes y después déla expedición por 
comparaciones con nuestro termómetro normal. 

Observaciones en el rancho de Tequexquinahua, 29 de No- 
viembre de 1899. 

Hura. PresidnáO' TemperatuiH. 

mm 

12.. 566.08 12.02 

2p.m 64.81 14. 6 

4 65.66 14. 2 

6 66.71 9. 7 

8 68.62 8. 9 

Media 566.38 11. 92 

Y los datos correspondientes anotados en el Observatorio 
Meteorológico Central son los que en seguida se ve: 



102 Memorias de la Sociedad Científica 



Hora. 


Presión 4 = 


Dif. 


Temp. 


Dif. 


12.... 


..584.61 


mm. 

—18.53 


13.00 


— 0O8 


2 p. m . 83.45 


—18.64 


14. 8 


—0. 2 


4.... 


.. 83.14 


—17.48 


15. 8 


—1. 6 


6.... 


.. 83.2(j 


—16.55 


13. 2 


—3. 5 


8--.. 


.. 84.15 


—15.53 


10. 5 
13.46 


—1. 6 


Media. . 


..583.72 


-17.34 


—1. 56 



Con los anteriores elementos calculó la altura de Tequex- 
quinahua, haciendo uso de la conocida fórmula del Sr. Díaz 
Covarrubias 



AD{\ogB-logh) ( ^ + ^^^ + ^ ) 



De la que resulta para desnivel entre el cero del baróme- 
tro de México y el lugar en que observamos el hipsómetro (ca- 
sa habitación del rancho) la cantidad 

253.'"25 

arriba del mencionado cero 

Refiriendo ahora esta altura al nivel del mar, tendremos : 

Altitud de la Plaza de México 2260.™50 

Altura del cero del barómetro de México ... 17. 00 

Altitud del cero del barómetro de México . . 2277. 50 
Altura de Tequexquinahua 253. 25 

Altitud de Tequexquinahua 2530. 75 

El resultado de esta medición nos merece entera confian- 
za, dadas las favorables condiciones meteorológicas que rei- 
naron en todo el día y la calidad de los instrumentos usados. 



"Antonio Álzate." 103 



Con los primeros albores de la hermosa mañana del Jue- 
ves 30 y azotados por ún vientecillo frío y húmedo que baja- 
ba de la Sierra, dejamos el Rancho de Tequexquinahua, ascen- 
diendo constantemente y gozando á cada paso del espléndido 
panorama que á nuestros pies se extendía y ensanchaba con- 
forme nos elevábamos en árida y excueta pendiente, internán- 
donos bien pronto en las quebradas y vericuetos de la Sierra 
cubiertas por exuberante vegetación. El camino que seguía- 
mos entonces es el que ha abierto la Hacienda de Chapingo, 
para la explotación de las maderas, amplio y bien atendido, 
que permite el cómodo tráfico de las carretas con que sa ha- 
ce la extracción, cubierto á trechos por verdaderos toldos de 
verdura que casi obstruían la luz del sol, presentando notable 
contraste de tonos de inimitable colorido y frescura. 

A las 9 a. m. llegamos al paradero de Atlapulco, depósito 
de las maderas que bajan de la parte más alta de la Sierra y 
la mitad próximamente del camino á la cima del Tlaloc, en cu- 
yo lugar hicimos un pequeño alto y observado el aneroide nos 
dio la presión 

532.'"'"70 

que corresponde á una altitud de cerca de 3,000 metros. 

Vimos allí, como ya lo habíamos observado en la parte bos- 
cosa del camino, en los lugares descubiertos en que la vege- 
tación arborescente no había impedido la libre irradiación noc- 
turna, el suelo y las plantas pequeñas cubiertas materialmente 
por diminutos cristales de hielo, restos todavía de una muy 
fuerte helada que se verificó en aquellas alturas en la madru- 
gada del mismo día. 

Pocos momentos después proseguimos nuestra marcha, 
ascendiendo entonces por escalones de mayor ó menor pen- 



104 Memorias de la Sociedad Científica 

diente y en forma de zig-zag que nos condujeron, después de 
tres horas de lenta y fatigosa marclia para las cabalgaduras, 
á una gran explanada ó meseta, limitada al SE. por la en- 
hiesta y pelada cumbre del Tlaloc, de la que nos separaban 
todavía unos 400 metros en el sentido' vertical. En esta mese- 
ta tocamos el límite de la región de los pinos y á partir de ella 
la vegetación se tornó en la escasa y raquítica de las altitudes 
que preceden á las de las nieves eternas. 

Por fiü, á las 2 p, m. rendíamos la jornada en la cima del 
Tlaloc. 

El espectáculo que á nuestra vista se presentó entonces 
era bajo todos conceptos admirable. 

|En la parte baja del Valle y al SW , Chaleo, mostran- 
do en el lugar en que por muchos siglos se agitaron las dul- 
ces aguas de su hermoso lago, los numerosos canales de irri- 
gación en que lo ha convertido en nuestros días una fuerte 
empresa agrícola; al W. la ciudad de México envuelta por li- 
gera bruma y el humo de sus fábricas y rodeada por los ver- 
geles de Tacubaya, San Ángel, etc.; más acá el lago de Tex- 
coco retratando en sus tranquilas linfas la Sierra de Guada- 
lupe; al NNE, la ciudad de Texcoco con los restos de las gran- 
des arboledas que en pasados tiempos fueron su mejor ornato; 
luego la rica y fértil región que se denomina "Los llanos de 
Apam" y cerrando este grandioso y espléndido panorama el 
Valle de Puebla con sus numerosas fincas de campo y pue- 
blecillos pintorescos. 

No menos grandioso era el espectáculo que nos ofrecían 
las gigantescas moles del Popocatepetl y el Ixtaccihnalt, cuyas 
niveas cumbres veíamos enfiladas en la dirección SSE , y por 
un efecto de óptica á menor distancia de la que realmente nos 
separaba de ellas, así como la del Pico de Orizaba ó Citlalte 
petl al NE., y el Nevado de Toluca al W. descollando allá en 
en los confines del vastísimo horizonte que en aquella altura 
nuestra vista alcanzaba. 



"Antonio Álzate." • 105 



El resto del día nos ocupamos en instalar nuestro campa- 
mento en una hondonada que se forma en la cima, circuns- 
tancia que nos permitió estar al abrigo de los vientos del N. 
pero no de las inclemencias de una noche friísima, debido á 
que por defectuosa colocación de la estufa tuvimos que pres- 
cindir de ella. El descenso de la temperatura fué tan conside- 
rable que habiendo dejado dentro de nuesti'a tienda una cu- 
beta con agua, amaneció hecha un témpano compacto de hielo. 

Al siguiente día le dimos su conveniente colocación y ya 
en lo susesivo pasamos las noches bajo una temperatura agra- 
dable, mientras en el exterior el termómetro se mantenía á al- 
gunos grados bajo cero. 

El viernes 1" de Diciembre armé el abrigo para los termó- 
metros precisamente en la cúspide del cerro, habiendo fijado 
los 4 pies derechos en que se apoyaba por medio de varias re- 
tenidas que le dieron estabilidad y solidez. 

Los depósitos de los termómetros quedaban á l.^SO sobre 
el suelo y teniendo ya todo dispuesto pude comenzar las ob- 
servaciones á las 9 a. m. del mismo día. 

En las tablas que siguen figuran los resultados que obtu- 
ve durante nuestra permanencia en el Tlaloc. Debo advertir 
que entre dichos resultados no constan los relativos á la hu- 
medad relativa y la tensión del vapor de agua, porque tanto 
el pábilo del termómetro húmedo del psicrómetro como la mu- 
selina que envuelve el depósito del mismo termómetro, esta- 
ban constantemente congelados aun en las horas de máxima 
temperatura; tuve, pues, que prescindir de esos datos y tomar 
nota de la lección para en circunstancias análogas hacer uso 
de elementos adecuados. 



Memoriftíi— riBOO-190]].— T. XV.— .14 



106 • Memorias de la Sociedad Científica 



» Diciembre 19, 1899. 

Horas. Presión. Temp. NOTAS. 

9 a. m. 468.26 

2 p. m. 66.76 4.7 Limpio. — Calma. — Niebla en el H. 

4 p. m. 66.86 0.8 Limpio.— Niebla en el H. 

6 p. m. 66.86 — 1.8 Enteramente limpio. — Niebla general, muy densa 

en el valle de Puebla. 

8 p. m. 66.96 —1.7 Limpio. — Viento muy frío del NW, 



Diciembre 2. 

Hora». Presión. Temp. NOTAS. 

7 a. m. 466.26 —1.3 Viento muy ñío desde la madrugada, del SW. 

8— 66.76 —0.3 

9 — 67.06 2.0 Ent.limpio.— Ventoso. — Niebla enlos dos Valles. 
10— 67,66 3.5 Viento muy frío del NE. 

11_ 66.86 3.6 Ligeras nubéculas (c s) al E. 

12— 66.56 2.9 Viento NE— (es) al E. 

1 p. m. 66.46 4.1 Viento NE— (c s) al E. 

2— 65.86 2.7 Viento NE— (c s) al E. 

3— 65.56 2.4 Viento NE— (cu) al W. 

4 — 65.46 1.0 Limpio— Niebla general. 
5_ 65.76 —0.6 

6— 65.96 — 1.5 Limpio— Viento muy frío NE. 

7_ 66.26 —2.0 Limpio— Viento helado del NW. 

8_ 66.56 —2.3 Limpio— Viento belado del NW. 



Mínima al abrigo. . .—6.2. Max. abrigo . . . 5.°3 
Mínima á la intemp.— 7.5. Max. intemp. . . 7. 4 
Mínima en el vacío.— 6.7. Max. vacío.. . . 41. 9 



Diciembre 3. 

Horas. Presión. Temp. NOTAS. 

7 a. m. 465.96 —3.0 Limpio — Viento helado del NW con alguna in- 
tensidad. 
8_ 66.46 —1.5 Limpio— Ventoso, NW. 



'Antonio Álzate." 107 



Horaai Presión. Temp. NOTAS. 

9— 66.96 —0.5 Limpio— Ventoso, NW. 

10— 66.96 0.5 c s al E.— Ventoso, NW. 

11— 66.86 1.5 c s al E.— Ventoso, NW. 

12 — 66.46 2.0 c s al E. — disminuye el viento. 
1 p. m. 66.06 2.5 c s al E. — disminuye el viento 

2— 65.96 2.5 c s al E. 

3— 65.76 2.5 c s al E. 

4 — 66.26 . 1.6 Limjño— Bruma H y niebla en los dos Valles. 

5 — 65.96 0.0 Limpio — Bruma H y niebla. — Calmó el viento. 

6 — 66.16 — 0.9 Limpio — Bruma H y niebla. 

7 — 66.76 — 1.7 Limpio— Bruma H y niebla. 

8 — 66.96 — 1.3 Limpio — Bruma H y niebla — calma. 



Mínima al abrigo. . . — 3.0. Max. al abrigo. . 4.1 
Mínima á la intemp. — 4.8. Max. á la in temp. 5.2 
Mínima en el vacío. — 4.3. Max. en el vacío. 40.8 



Diciembr* 4. 



Presión. Temp. 



7 a. m. 466.26 — 1.4 Viento helado NW. — c s en el 2^^ c. — Nieblas muy 
densas en los dos valles. 
— O.I Viento helado NW.— c s en el 2° c— Niebla. 
1.3 Viento fresco del N. — Bruma H. — Niebla en el 
valle de Puebla cubriendo parte del de México. 
2.2 Viento fresco NE.— 
4.9 Calma -es. al E y W. 
3.5 Viento ligero NE. — 

3.5 Viento ENE. — c s al E y W. y c cu al zent. 
3.7 Viento ENE. — csalSyWyccu — Sigue acen- 
tuándose mal tiempo. 
3.0 Viento ENE. — Siguen aumentando es en el 4° cuad. 
1.0 Viento ENE. — c s en el 4° cuad y c an'af. con dir. 
z á NNW. 
—0.7 Viento ENE.— es y c (2) — 
65.76 —0.8 Viento helado NNE.— c s y c (2) —Niebla densa y 
bruma. 



8— 


66.76 


9— 


67.06 


10— 


67.66 


11- 


67.56 


12— 


67.56 


1 p. m. 


67.26 


2- 


66.86 


3- 


66.06 


4- 


65.56 


5- 


65.76 


6- 


65.76 



108 Memorias de la Sociedad Científica 



Presión. Temp. NOTAS. 

65.96 —1.5 Viento helado NNE. — c s ( 1 ) — Niebla densa y 

bruma. 
65.96 — 1.5 Viento Helado NW. — Niebla densa y bruma. 
66.56 — 0.8 Calma — c s (1) Niebla densa y bruma. 

Mínima al abrigo. . — 3.6. Max. al abrigo. . . 6.3 
Mínima á la intemp. — 5.5. Max. á la intemp . 8.9 
Mínima en el vacío. - 5.1. Max. en el vacío . 43.7 







Diciembre 5. 






Horas. 


Presidn. 


Temp. KOTAS. 






8 a. m. 


465.86 


0.2 Viento fresco WN W.— BH. c s. 


c cú 


ye (2) 


9— 


6.26 


1.7 Viento fresco WNW.— BH. 


!) 


„(2) 


LO— 


6.56 


3-5 ;, „ ,, „ 


)! 


(2) 


Ll— 


6.46 


3.5 Vientos-. 


>> 


,,(4) 


L2— 


6.06 


3.7 Calma—' „ 


)7 


(5) 


1 p. m. 


5.56 


4.3 „ - 


— 


(6) 


2— 


5.76 


3.3 „ - 





(7) 


3— 


5.26 


2.3 Viento E. „ — cú y a cú 




(8) 


4— 


5.46 


2.3 ,. S.— cú. a cú y a s 
Niebla general muy densa. 




(7)- 


5— 


5.56 


0.2 Viento ligero S— ci s y a s 
Niebla general muy densa. 




(7)- 


6— 


5.66 


— 1.0 Viento ligero S — ci s y a s 




(9)- 




• 


Niebla muy densa en los dos Valles. 




7 — 


6.06 


— 1.2 Viento ligero y frío W— c s y a s 
Bruma y niebla. 




(3)- 


8— 


7.06 


— 1.6 Calma — c s y a s 

Bruma y niebla muy densa. 




(3)- 


9— 


7.66 


— 1.8 Calma — c s y a s 

Bruma y niebla muy densa 




(3) 




Mínima al abrigo. . — 3.3. Max. 


al abrigo. . . 7.2 




* 


Mínima ala intemp.- 4.5. Max. 


á la i 


ntemp. 9.6 






Mínima en el vacío. — 5. 1. Max. 


en el 


vacío. 43.9 



'Antonio Álzate." 



109 









Diciembre 6. 








Horas. 


Presióu. 


Temp. 


NOTAS. 








7 a. m. 


465.06 


1.0 


Viento frío ESE — c s. c cú. 


y 


a s 


(6) 


8- 


5.26 


3.3 


„ ,, ,, — es. c cú. 


y 


c 


(7) Halo solar. 


9— 


6.26 


2.4 


ít n !> — ^S 






(9) 


10— 


5.66 


3.0 


1, )! )) — c sy as 






(9) 


11- 


7.06 


4.3 


f> >! !> >> 






(9) 


12- 


5.96 


4.9 


)! )} >! )> 






(9) 


1 p. m 


5.56 


5.2 


n 11 !! )) 






(8) 


2 


5.46 


3.8 


>> )f >) )) 






(8) 


3- 


5.06 


3.5 


„ „ WNW- „ 






(7) 


4— 


5.06 


2.6 


„ ligero NNE— „ 






(5) 


5— 


5.06 


-0.3 


„ ,. ., — „ 






(10) 


6- 


5.56 


—1.0 


j> " }j j> 
densa en los dos Valles. 






(10) Niebla muy 


7 — 


5.66 


— 0.8 Cabna— c s y c cu 






(6) Halo lunar. 


8— 


5.96 


0.2 


Viento ligero fres. E — c s y 


c cú 


(7) 


9- 


6.46 


-0.2 


„ ,, ESE— „ 






(4) 



Mínima al abrigo. .—4.0. Max. al abrigo. . . 7.2 
Mínima á la intemp. — 5.3. Max. á la intemp. 9.9 
Mínimaen el vacío. -4.5. Max. en el vacío . 45.9 



Diciembre 7. 



Horaa. Preeiou. Temp. NOTAS 

7 a. m. 466.56 — 0.8 Viento S. - c s, c cú y a cú (8) 

8 — 66.76 0.2 ,, c 8, a cú y c cú (aborregados muy her- 

mosos). 

9— 66.76 1.0 Viento frío SE-c cú y a c (10) 

10— 67.46 4.7 „ ligero SE— c 8 y c cú (6) 

11— 68.06 3.1 „ arrafagado SE— „ (9) 

12— 68.06 3.9 „ ligero SE— „ (9) 
1 p. m. 67.56 3.3 Calma— c cú y a cú (9) 

2— 67.56 3.6 „ — „ (9) 

3— 67.46 2.5 Fresco SE— c s y a cú (8) 



lio Memorias de la Sociedad Científi ca 



Presián. Temp. 



4— 


67.76 


5— 


68.06 


6— 


68.36 



2.7 „ , „ - „ (8) 

1.7 „ „ — c arrafagados (5) 
0.5 Muy frío SE— c s y c (4) 



Mínima al abrigo. . — 2 9. Max. al abrigo. . . 6.1 
Mínima á la intemp. — 3.6. Max. á la intemp. 8.1 
Mínima en el vacío. — 3.4. Max. en el vacío . 44.3 



En las primeras horas de la madrugada del día 8, nuestro 
tranquilo sueño fué interrumpido por el gran ruido que oca- 
sionaba nn viento arrafagado que á ratos soplaba con tal in- 
tensidad y sacudía con tal furia la lona de la frágil tienda que 
nos abrigaba, que por instantes temíamos quedarnos al descu- 
bierto. Prevenidos contra tal accidente no hubo quien con- 
cillara el sueño en el resto de la noche. 

En cuanto amaneció nos encontramos con que la fuerza 
del viento casi había inutilizado el abrigo de los termómetros, 
pues voló el segundo techo y rompió algo del primero, sin que 
afortunadamente hubieran sufrido nada los varios instrumen- 
tos que allí teníamos. 

Sin elementos para componer el abrigo, tuvimos pues, 
que suspender las observaciones. 

Siguió soplando el viento con la misma intensidad toda la 
mañana, calmándose por completo hasta las 3 p. m. 

Notamos que en los dos Valles tuvieron también fuertes 
vientos con dirección que pudimos apreciar desde nuestro ob- 
servatorio provisional de montaña: en el de México de S á N 
y en el de Puebla de SE á NW (la misma que nosotros en el 
Tlaloc). Las polvaredas en los Valles nos indicaron dichas di- 
recciones. 

Hay la particularidad de que mientras en el Tlaloc, es de- 
cir, á 1800 metros de altura la corriente se manifestó desde la 
madrugada del 8, en los valles no lo observamos sino hasta el 
medio día. 

Las últimas anotaciones que consignamos en nuestro re- 
gistro son las siguientes: 



"Antonio Álzate." 111 



Diciembre 8. 

8 A. M. 

Temperatura — 0.6 

Mínima al abrigo — 1.8 

Máxima á la intemperie 7.4 

„ en el vacío 41.9 

mm 

Presión 467.56 



Diciembre 9. 

Mínima á la intemperie — 2.7 

"Eelada (La tierra y todos los objetos amanecieron cubiei*- 
tos por una capa como de ceniza.) 



Reasumiendo los datos de cada día de observación, resul- 
tan los valores medios que, comparados con las correspondien- 
tes de la Oficina Meteorológica central, se ven á continuación. 





TX^^LOC. 


AIKXICO. 




Presión. 


tcmp. 


Presión. 


tcnip. 




b 


t 


B 


T 




mm 




n.m 




'. Diciembre 1? . . 


. . 467 50 


0.O50 


586.65 


13.043 


2.. 


.. 66.39 


1. 01 


85.96 


11. 71 


3... 


.. 66.44 


0. 30 


85.98 


13. 09 


4.. 


.. 66.61 


1. 08 


86.03 


11. 81 


5.. 


.. 66.14 


1. 39 


85.18 


13. 46 


6.. 


.. 65.65 


2. 13 


85.18 


13 09 


7.. 


.. 67.58 


2. 20 


86.09 


14. 38 



112 Memorias de la Sociedad Científica 



B-b T-t 

mni 



Diciembre 1°. . 119.15 12.093 

2.... 119.57 10. 70 

3.... 119.54 12, 79 

4.... 119.42 10. 73 

5.... 119.04 12. 07 

6 . . . . 119.53 10. 96 

7.... 118.51 12. 18 

Como carecemos del dato relativo al estado higromótrico 
del aire que figura en la fórmula barométrica de Laplace, pa- 
ra calcular la altura del Tlaloc, nos hemos valido de la misma 
fórmula del Sr. Díaz Covarrubias que no lo lleva en cuenta, y 
que dá, además, resultados perfectamente comprobados con 
los de aquella. 

Pongo en seguida las alturas que resultan para cada día 
de observación: 

m 

Diciembre 1" 1867.00 

2 1872.50 

3 1874.20 

4 1870.30 

5 1873.60 

6 1883.70 

7..... 1867.20 

Mfedia 1872.64 

Tratándose de dos lugares situados bajo condiciones topo- 
gráficas tan distintas, uno en pleno Valle y el otro en el pico 
aislado de una gran montaña, creemos que los resultados par- 
ciales antei-iores deben estar afectados por la influencia de las 
desigualdades en la distribución de la temperatura y de la pre- 
sión. Desigualdades que se ponen de manifiesto en las cifras 
de la página 111, pues vemos allí que la temperatura, por ejem- 



"Antonio Álzate." 113 



pío, no sigue una marcha uniforme en las dos estaciones. En 
efecto, los cuatro primeros días se nota que á un descenso en 
el Tlaloc corresponde un ascenso en el valle y al contrario. 
El 5? día hay uniformidad; el 6? baja un poco en el Valle y su- 
be notablemente en el Tlaloc, y el 7° -por último va de acuer- 
do en las dos estaciones. 

Proponiéndonos discutir detenidamente en una nota es- 
H pecial todos los datos que han servido para la determinación 
de la altura del Tlaloc, solo nos resta agregar que la cifra 

1872'"64 

promedio deducido de 90 observaciones de presión y tempe- 
ratura, debe representar con bastante exactitud el verdadero 
valor de la altura mencionada. 

Ahora para referir ésta al nivel del mar, hacemos la si- 
guiente operación: 

Altitud del cero del barómetro de México. = 2277.50 
Altura del Tlaloc sobre dicho cero = 1872.64 



Altitud del Tlaloc 4150.14 



Con las altitudes de México y del Tlaloc y las temperatu- 
ras medias correspondientes, podemos ahora estudiar la ley 
del decrecimiento de la temperatura con la altitud. 

Tenemos para cada día de observación los valores termo- 
métricos siguientes: 

Temperaturas mediua en 
Hixioo. Tlaluo, 

1899. Diciembre 1" 13.043 O.^aO 

2 11. 71 1. 01 

3 13. 09 0. 30 

MemorlM. (1900-1901).— T. -XV.— 15. 



114 Memorias de la Sociedad Científica 



Temperatursa inedias en 
México. Tlaloc. 

1899. Diciembre 4 11.81 1.^08 

5 13.46 1. 39 

6... 13.09 2. 13 

7 14.38 2. 20 

Con estos elementos y aiimitiendo que la temperatura i • 
sea una función lineal de la altitud z, se tiene 

í = a + 6 ^ 

en la que a j h son coeficientes por determinar. 

Calculando para cada día el valor de tales coeficientes, he- 
mos encontrado: 



Diciembre 1 ° 29.014 —0.0069 

2 24. 68 —0.0057 

3 28. 55 —0.0068 

4 24. 77 —0.0057 

5 28. 00 —0.0064 

6 26. 57 —0.0059 

7 29. 18 —0.0065 

Media 27.27 —0.00627 

La fórmula quedará entonces 

í = 27.o27 — 0.00627 ^ 

Pongo en seguida las tempei'aturas calculadas por medio 
de esta fórmula y las que se deducen de la observación per- 
sonal. 





"Antonio Álzate." 






115 






MÉXICO. 




» 


TLALOC. 




ob 


cal 


o-c 


ob 


cal 


o-c 


Diciembre 1° ... 


.. 13.43 


13.43 


0.00 


0.50 


0.50 


0.00 


2 ... 


. 11.71 


11.70 


—0.01 


1.01 


1.02 


+ 0.01 


3... 


.. 13.09 


13.06 


—0.03 


0.30 


0.33 


+ 0.03 


4.. 


.. 11.81 


11.79 


—0.02 


1.08 


1.11 


+ 0.03 


5 . 


.. 13.46 


13.42 


—0.04 


1.39 


1.44 


+0.05 


6 .. 


,. 13.09 


13.13 


+0.04 


2.13 


2.09 


—0.04 


7... 


.. 14.38 


14.38 


0.00 


2.20 


2.20 


0.00 



A juzgar por el perfecto acuerdo que resulta entre la tem- 
peratura observada y la calculada de las dos estaciones y no 
obstante que la temperatura normal diurna de la ciudad de 
México afectada por varias causas, se nos presenta con un va- 
lor más alto, como lo hemos demostrado en trabajos ya publi- 
cados,*^' parece que en el caso actual, condiciones particulares 
que .sería difícil precisar, han proporcionado valores muy ve- 
cinos de la realidad. 

Así, pues, según los datos anteriores, el decrecimiento de 
la temperatura con la altitud ha sido igual á 
0P627 por cada 100 metros 
ó sea 1. 00 por cada 159.5 metros. 

Tacubaya, Julio 1900. 



(1) Comparación de los climaBde México y Tacubaya (Mein Soc Álzate, IX, p. 397.) 



LA CLASIFlCACIOíi DE LOS CONOCIMIENTOS HOMANOS 
"2" Xj^A. BIB31.I0G-I?.-A.:FI.A. 

Por el Ingeniero 

JESÚS GALINDO Y VILLA, M. S. A. 



SUMARIO. 

I.— La clasificación de las ciencias. —Preámbulo. — Él problema 
de la clasificación de los conocimientos humanos. — Los autores posi- 
tivistas: Augusto Comte. — Spencer. — Bain.— Los filósofos metafísi- 
cos: Moigno: Rosmini, — Clasificación propuesta por el Lie. Don Ra- 
món Manterola. — Clasificación de Don Andrés Díaz Milián. — Diver- 
gencias de todas las clasificaciones entre sí. 

II.— La clasificación bibliográfica— Sus dificultades. — LaBiblio- 
gi'afía: el bibliógrafo. — La clasificación cronológica: la alfabética por 
autores: la metódica por materias. — Examen breve de cada una de 
ellas. — La unificación de la clasificación bibliográfica. 

III.— Los trabajos bibliográficos actuales. —El Instituto Inter- 
nacional de Bibliogi-afía, de Bruselas. — Su objeto. — Las conferencias. 
—Movimiento bibliográfico de 189-5 á 1899. — El repertorio bibliográ- 
fico internacional universal.— Los Repertorios particulares. — La Con- 
ferencia internacional de Bibliografía científica, iniciada por la Socie- 
dad Real de Londres. — Su origen. —Los trabajos de la Sociedad Real 
y los de la Asociación Británica. — El Catalogue of Scientific Pa- 
per». — Resoluciones adoptadas en la Conferencia Internacional de 
Londres. — La participación de México. — La Junta Nacional de Bi- 
bliografía Científica. —Creación oficial del Instituto Bibliográfico Me- 



118 Memorias de la Sociedad Científica 



IV. — Las clasificaciones bibliográficas en boga. — Eesolución 
del Instituto bibliográfico de Bélgica. — Eesoluciones de la Sociedad 
Real de Londres. — La Clasificación decimal de Melviel Dewey. — Sus 
fundamentos. — Su mecanismo. — Algunos detalles. — Sus ventajas y 
defectos. — Sus aplicaciones.— La ClasiJicaGióu expansiva áe C. A. Cut- 
ter. - Breve explicación de su mecanismo y de las seis primeras cla- 
sificaciones de Cutter. - Sus ventajas y defectos. — Eesumen y con- 
clusión. 



I 



El inmenso desarrollo adquirido por los conocimientos hu- 
manos, hace que se dificulte cada vez más su clasificación me- 
tódica y racional; y que todas las clasificaciones intentadas, 
tengan graves puntos vulnerables dignos de un atento examen. 

Estas dificultades surgen, tanto porque no han llegado á 
ponerse de acuerdo las diversas escuelas filosóficas, cuanto 
porque la esfera de esos mismos conocimientos crece de ma- 
nera asombrosa diariamente, surgiendo de ella nuevas ramas 
del saber, que constituyen verdaderas clases de ciencias, como 
recientemente ha acontecido con la Filosofía y las Ciencias 
Sociales, 

Y como, según se ha hecho observar " el modo de consi- 
derar las ciencias, depende casi por completo del punto de vis- 
ta filosófico de que se parta," de aquí que en la generalidad de 
las clasificaciones estribe su debilidad en los propios cimien- 
tos en que se encuentran edificadas. 

El gran problema de la clasificación de los conocimientos 
humanos tiene elevada importancia, aun en el orden social, 
como fundamento de los programas de enseñanza, como base 
de numerosos estudios filosóficos, y como parte esencial de 
la clasificación bibliográfica, cuya uniformidad es hoy viva- 
mente deseada pov todas las naciones cultas del globo. 



'Autouio Álzate." 119 



Ya en estos últimos tiempos, los autores positivistas, prin- 
cipalmente, se han distinguido por su ahinco de agrupar las 
ciencias, segúa el sistema racional que á cada uno ha pareci- 
do conveniente. 

Augusto Comte, ^'' considerando únicamente las ciencias 
abstractas, concede el primer lugar á las Matemáticas, com- 
prendiendo en ollas la Mecánica Racional; el segundo sitio lo 
ocupa la Astronomía, el tercero la Física, el cuarto la Quími- 
ca, el quinto la Fisiología y el sexto una ciencia que lleva el 
extraño nombre de Física Social. Este sistema sirvió durante 
largos años, para que en él se apoyara el plan de estudios de 
nuestra Escuela Preparatoria, implantada por el Dr. Don Ga- 
bino Barreda. 

El patriarca del evolucionismo, Herbert Spencer, atacó 
enérgicamente el sistema de Comte, que limita la esfera de lo 
inteligible á la fenomenología'"* y que, según el primer autor 
citado, peca el segundo de inconsecuente en su propio modo 
de clasificación. A su vez Spenser agrupa las ciencias en tres 
grandes clases; la primera comprende, según él, las Ciencias 
Abstractas, como la Lógica y las Matemáticas, que, como lo 
hizo Comte con estas últimas, encabezan la serie de los cono- 
cimientos; la segunda comprende las Ciencias Abstracto-con- 
cretas, como la Física y la Química, y la tercera las Ciencias 
puramente concretas; como la Astronomía. Sus cuadros de 
cla.sificación forman una especie de sinopsis de la teoría evo- 
lutiva de Spencer. 

El mismo Bain, cuya clasificación, por su sencillez y ma- 
yores fundamentos ha sido tan aceptada, agrupa en siete cla- 
ses las ciencias, y pone en primer término la Lógica, en se- 
gundo las Matemáticas ( pero siempre á la cabeza de la serie 
de los conocimientos humanos); en tercero la Física Mecánica 
ó Mecánica, simplemente; en cuarto la Física molecular; en 

(1) Ana. Ojmte. — üours. rf« PhjloHophie Foxitiue, vol, I. 

(2> iiPitiiC&B.—0la8ificacUfn de loa Oieticiaa. Edición Eupañola, 1889. 



120 Memorias de la Sociedad Científica 

quinto la Química; en sexto la Biología y en séptimo la Psico- 
logía. Cada una de estas ciencias, según el autor, " compren- 
de una clase distinta de fenómenos, y en su conjunto abrazan 
todos los conocidos; el orden en que están enumeradas, es de 
progresión de las más simples á las más compuestas; de las 
más independientes á las más dependientes, y ese orden es en 
el que deben ser estudiadas y según el cual ellas están llama- 
das á desarrollarse." 

Los filósofos metafísicos por su parte, entre otros los de 
la escuela Krausista, ban ensayado también diversos sistemas 
de clasificación, sin llegar á la unidad. Así, el Abate Moigno 
divide primeramente los conocimientos humanos en Especu- 
lativos y Prácticos.'^' Estos últimos contienen todas las artes 
y los primeros se dividen en Ciencias Teóricas y Ciencias His- 
tóricas. 

Rosmini, filósofo italiano, clasifica los conocimientos en 
Ciencias de Instrucción, Ciencias de Percepción y Ciencias de 
Raciocinio. Las primeras son la Ideología y la Lógica; las se- 
gundas la Psicología y la Cosmología y las terceras se subdi- 
viden en Ontológicas y Deontológicas. 

Larga y complicada sería la exposición de los fundamen- 
tos de cada una de estas clasificaciones, y numerosas aún se- 
rían igualmente de las que pudiéramos hablar; pero antes de 
pasar adelante, es de justicia indicar que en México ha intenta- 
do en profundo estudio, ensayar una clasificación de los co- 
nocimientos humanos, el sabio y modesto filósofo Don llamón 
Manterola. Hablaré solamente de su cuadro de clasificación.^^ ^ 

Considera como sujeto de la Ciencia, el Espíritu; el resu- 
men de todos los conocimientos, la Filosofía en su más lata 
significación, comprendiendo la Ontología y abarcando el ori- 
gen, carácter y destino de los seres, siendo su resultado prác- 
tico la ciencia, hoy ideal, que condujera al hombre y á la hu- 
manidad á contribuir á la armonía del Universo; el término 
final de la Ciencia, es Dios por sus obras. 

(1) Véase: Mantebola, Olasifleacién de las Cieticias. 



"Antonio Álzate." 121 



Primeramente, el Sr. Manterola divide las ciencias en tres 
grandes grupos primordiales ó clases: las Ciencias Abstractas, 
las Concretas y las Prácticas. A su vez, cada una de estas ad- 
mite las agrupaciones en órdenes, que el autor llama ciencias 
de Relaciones, Ciencias Fenomenales y Ciencias de Orígenes 
y Causas. 

Las Ciencias Abstractas comprenden las grandes genera- 
lidades de las ciencias; como la Biología, que estudia las leyes 
generales de la vida. 

Las Concretas comprenden las particularidades de las mis- 
mas ciencias; como la Zoología que trata en lo particular de 
los organismos animales. 

Las Prácticas que son la aplicación de aquellas ciencias; 
como la Zootecnia que se circunscribe á aprovechar los mejo- 
res medios de criar y utilizar los animales domésticos. 

La clasificación anteriores subjetiva y sigue un orden des- 
cendente, de lo general á lo especial. 

Combatiendo al Sr. Manterola, un ilustrado mexicano, dis- 
tinguido amigo mío, el Sr. Don Andrés Díaz Milián, ensayó 
una clasificación de los conocimientos humanos, con copia de 
argumentos lógicos y de razones, clasificación que, por funda- 
da y tal vez poco conocida, voy á exponer: 

Todos los conocimientos están, agrupados de la manera si-, 
guíente: 

L — Ciencias físicas y naturales. 
IL — Ciencias morales y sociales. 
III. — Ciencias intelectuales y filosóficas. 
IV. — Ciencias teológicas é históricas. 

La primera clase comprende la Física, la Química, la Mi- 
neralogía, la Botánica, la Zoología, la Astronomía, la Geología, 
las Matemáticas mixtas y aplicadas, etc. 

La segunda, la Etica ó Moral, la Jurisprudencia, la Polí- 
tica, la Economía, la Ciencia de la Guerra, etc. 

La tercera, la Psicología, la Ideología, las Matemáticas pu- 
ra», la Lógica, la Estética, la Filología, etc. 

MemoriM.— [1900-1901].— T. XV.— 16, 



122 Memorias de la Sociedad Científica 

La cuarta, la Hierología, la Teognosia, la Historia en ge- 
ral, la Filosofía de la Historia, etc. 

Las Ciencias físicas y naturales, estudian las relaciones 
de seres físicos ó sea fuerzas y cuerpos, según los fenómenos 
que en ellos se efectúan y las causas que los producen. 

Las Ciencias sociales y morales, estudian las relaciones 
entre los seres vivientes, humanos, especialmente, según las 
acciones que entre sí efectúan y los sentimientos ó causas que 
las motivan. 

Las Ciencias filosóficas ó intelectuales, se ocupan en el es- 
tudio de las relaciones entre las ideas, según los raciocinios 
que ejecutamos y el origen de donde emanan. 

Por último, las Ciencias históricas y teológicas, á las pri- 
meras de las cuales se les da gran importancia, estudian las 
relaciones entre todas las cosas y su origen, según los racioci- 
nios de efecto á causa y los medios de conocerla. 

En resumen, todas las ciencias caben en la cuádruple di- 
visión de físicas, morales, filosóficas é históricas. 

* 
* * 

Por esta breve y sencilla exposición se advierte la diver- 
gencia en los puntos de partida de los pensadores, y el des- 
acuerdo que entre todos existe, originado por las graves difi- 
cultades que presenta la materia. 

"El árbol de la ciencia — dice el Sr. Díaz Milián — tiene tan 
espeso follaje, que es muy difícil señalar el punto de disyun- 
ción de la Psicología con la Fisiología, de la Química orgánica 
con la inorgánica, de ésta con la física molecular; ó lo que es 
lo mismo, la relación que une la fuerza con la materia, la ma- 
teria con la vida, la vida con el pensamiento. '' 

Y á medida que la ciencia progresa, á la par que ese pen- 
samiento adquiere más grandiosos vuelos, los puntos de dis- 
yunción aparecen menos perceptibles y más difíciles de definir. 



'Antonio Álzate." 123 

Desgraciadamente, los últimos clasificadores de los cono- 
cimientos humanos, han descuidado ó no han querido tener en 
cuenta todo orden filosófico de ideas, aun el natural, en lo re- 
lativo á la parte práctica ó mecánica de la clasificación de 
obras. 

Me refiero á las clasificaciones hoy tan en boga, propues- 
tas por Melvil Dewey, la primera, bajo el nombre de Clasifica- 
ción decimal, y la segunda por C. A. Cutter, bajo el de Clasifi- 
cación expansiva. Más adelante me ocuparé en ambas clasifica- 
ciones. 



II 



El punto relativo á la clasificación de los conocimientos 
humanos, conduce lógicamente á tratar de la clasificación bi- 
bliográfica, que hoy preocupa seriamente á todos los estudiosos. 

La diversidad de clasificaciones científicas, lo obscuro ú 
complexo de algunas de ellas, ha dado margen á recientes es- 
tudios, todos los cuales tienden á alcanzar la unificación en 
materia tan interesante. 

Desde luego, á pesar de todos los esfuerzos, poco se ha lo- 
grado. Y mientras no se obtenga una clasificación de los co- 
nocimientos humanos universalmente aceptada; mientras las 
escuelas filosóficas no lleguen á entenderse; mientras se sigan 
creando nuevas ciencias dentro de lae establecidas, todas las 
clasificaciones bibliográficas que partan de los diversos siste- 
mas que se propongan y se han propuesto, Saquearán por su 
base, serán defectuosos fundamentalmente. Podemos, pues, 
sentar como principio, que ninguna clasificación bibliográfica 
puede ser perfecta, habiéndose recurrido á medios artificiales 
y hasta mecánicos para facilitar la difusión de los conocimien- 
tos humanos y agruparlos de la mejor manera posible, lógica 
y naturalmente. 



124 Memorias de la Sociedad Científica 

La Bibliografía que es la ciencia d«;los libíos/.^^coüiio se 
le ha llamado, descansa necesariamente en el trabajo arduo, 
tremendo, abrumador, de la clasificación. De aquí que el bi^ 
bliógrafo, encargado directo de ese precioso arsenal de la in- 
teligencia que lleva el nombre de biblioteca,'^' no limite su la- 
bor al conocimiento de memoria de tal ó cual clasificación; su 
papel es más levantado: debe poseer esa misma ciencia de los 
libros; por más pequeña y reducida que sea la librería que ten- 
ga bajo su dominio, debe ante todo ser individuo de criterio, 
de discernimiento y de instrucción enciclopédica; fuera de es- 
tos conocimientos y de semejantes cualidades, sólo se tendrá 
un verdadero dependiente de libros, expuesto á cowieter erro- 
res si traspasa los lindes de su misión. Hasta hace poco, era 
fácil clasificar mecánicamente: hoy, la altura de la ciencia, 
obliga á más profundo saber. 

Las clasificaciones más usadas son: 

La cronológica. 

La alfabética de autores. 

La metódica por materias. 

La primera se usa generalmente en casos especiales, para 
apreciar por épocas el desarrollo literario de un pueblo, y es 
evidente que nunca debe recomendarse, porque sería absurda 
para un catálogo de biblioteca, por pequeño que se^i. Como 
ejemplo, señalaremos, la BIBLIOGRAFÍA MEXICANA PíiL SiGLO 
XVI por el distinguido bibliógrafo D. Joaquín García Icaz- 
balceta. Es un catálogo razonado de libros impresos en Mé- 

(1) Bibliografía, en el sentido etimológico, significa "el arte de copiar libroS:" 
de fiíffiov libro y ypapw escribii-.— Peignot, ha propuesto el término Bibliología, el 
tratado de los libros; en mi concepto bastante aceptable, y que s« usa, ya en naeetr^ Bi.- 
blioteca Nacional. 

(2) Véase en la Enciclopedia Británica el vocablo Libraries.— Dístingiiiéronse 
en la Antigüedad las bibliotecas de los Asii-ios, Egipcios, Griegos y Komanos, ^endo d« 
notar las de Alejandría y Constantinopla.— En la Edad Media, las establecidas por Cario 
Mlagno y las de los monasterios. Fundada la imprenta, es increíble el número de biblio- 
tecas que se estableció. En los tiempos modernos, son de notar las grandes y colosales 
del Museo Británico, la, Nacional de París y numerosas europeas y délos Estados Unidos,* 



"Antonio Alante." 125 



xico de 1539 á 1600, con biografías de autores y otras ilustra- 
ciones: las obras se van enumerando año tras año. Otro tanto 
están haciendo en estos momentos el erudito Sr. Canónigo D. 
Vicente de P. Andrade y el estudioso Dr. D. Nicolás León. 
El primero se ha encargado de la BiBLloaRAPÍA MEXICANA 
DEL Siglo XVII, que está imprimiendo nuestro Museo Na- 
cional bajo los auspicios de la Secretaría de Justicia ó Instruc- 
ción Pública, y el segundo tiene sobre si el ardua labor de la 
Bibliografía del Siglo decimoctavo, bajo el propio ampa- 
ro de la Secretaría de Justicia. 

La clasificación por orden alfabético de autores, que res- 
ponde, aunque no siempre, á esta pregunta: "¿Qué obras ha 
publicado tal autor?" puede adoptarse para muy pequeñas bi- 
bliografías, singularmente las de ramos especiales de los co- 
nocimientos humanos. Si bien es cierto que presta utilidad, 
dificulta encontrar una obra sobre determinada materia, en los 
catálogos de las grandes librerías. 

La clasificación por orden de materias es sin duda una de 
las más racionales y aceptables. Los grandes catálogos de las 
bibliotecas, como las de la Nacional de México, están arregla- 
dos según este sistema. Dentro de cada una de las divisiones 
cabe muy bien el catálogo alfabético de autores.'^' 

El autor de la Clasificación decimal dice muy bien al obser» 
var que "una clasificación por orden de materias puede sqj: 
metódica ó alfabética. Es metódica, cuando las rúbricas de cla- 
sificación están agrupadas en clases, divisiones, secciones, se- 
gún la subordinación de los asuntos entre sí. Es alfabética, 
cuando las diversas rúbricas se suceden en su orden alfabéti- 
co. Una clasificación alfabética pura y simple, tiene el incon- 
veniente de dispersar las materias conexas, y por consiguiente, 
hacer difíciles las consultas bibliográficas en un mismo géne- 
ro de los conocimientos humanos." 

(1) Bdixetin le l'Inbtitut International de Bibliographie.— Bruxelles.— 189é 
3éme année. tan. 1-4.— La Clasificación decimal de Mklvil Dewey, paba Bibliotb* 
CAS.— Traducción de la Secretaria de Fomento, 1908 — (En prenda). 



126 Memorias de la Sociedad Científica 

" Una clasificación metódica, pura y simple, cuando el cua- 
dro de las divisiones es amplio, no permite encontrar rápida- 
mente la rúbrica deseada en medio de centenares de ellas. Se 
ha menester para ello un índice de la tabla metódica." 

# 
* * 

Hemos venido insistiendo en el hecho de que los hombres 
estudiosos se preocupan actualmente por unificar las clasifi- 
caciones, adelantándose ese pensamiento á la idea de construir 
sobre bases firmes la bibliografía universal internacional; pro- 
yecto gigantesco, como le llama el distinguido bibliógrafo fran- 
cés Franz Funck-Brentano,'^' y que constituye el ideal de ser 
"un vasto repertorio que abarque el conjunto de la produc- 
ción científica, literaria y artística de todos los tiempos y de 
todos los países, comprendiendo el inventario de los artículos 
contenidos en las revistas y en las publicaciones de las socie- 
dades sabias, así como la de los libros impresos y manuscri- 
tos." 

Y ¿cómo alcanzar tan levantada idea? ¿cómo llegar á un 
resultado definitivo y práctico? A tal objeto tienden princi- 
palmente los trabajos del Instituto Internacional de Bibliogra- 
fía, establecido en Bruselas, y los de la Sociedad Real de Lon- 
dres { Academia de Ciencias ). En dichas interesantísimas la- 
bores paso brevemente á ocuparme. 



III 



El Instituto Internacional de Bibliografía fundado en Bru- 
selas el año 1895, es una asociación exclusivamente científica, 
que tiene por objeto principal organizar la cooperación cien- 

(1) EevueEncyclopédiqdeLaboussé— 1896— Pág. 242— Ai-tículo: La clasdfication 
dédmaleetles projets de UbliqgraphieuniverseUe. 



"Antonio Álzate." 127 



tífica internacional, á fin de formar un Repertorio bibliográfico 
universal de las producciones universales de todo el mundo.^^' 

Ha establecido esta docta Corporación conferencias públi- 
cas, dos de las cuales se han dado en la Capital del Bélgica, 
respectivamente en 1895 y 1897. La tercera se celebrará en 
París, en medio del concierto universal de las Naciones, en el 
presente año 1900, 

La primera conferencia, en realidad fué la causa eficiente 
de la fundación del Instituto, apresurándose el Gobierno belga 
á crear una importante Oficina Internacional de Bibliografía. 

Durante ese año 1895, los miembros del Instituto no des- 
cansaron ni han descansado después. Basta enumerar el mo- 
vimiento bibliográfico de 1895 á 1899, en el orden que indica 
la Noticia sobre el Instituto que nos ocupa y que por inte- 
resante se extracta en seguida:*^' 

1895 

— Reunión en Bruselas de una Conferencia Internacio- 
nal de Bibliografía, cuya principal consecuencia es la funda- 
ción de un Instituto Internacional de Bibliografía. 

— El Gobierno Belga funda una Oficina Internacional de 
Bibliografía Médica. 

— Creación en Zurich con el Concurso del Congreso Inter- 
nacional de Zoología, de un Concilium Bibliográfico, con el ob- 
jeto de preparar la publicación, por medio de fichas, de un Re- 
pertorio de Bibliografía Zoológica. 

— El VI Congreso Internacional de Geografía, reunido en 
Londres, vota una serie de medidas relativas á la organiza- 
ción internacional de los trabajos de bibliografía 'geográfica. 

— La Asociación francesa para el adelanto de las Ciencias, 

(1 ) A .VNCAIRE DE L'lNSTtTÜT INTEBNATIONAL DE BlBLIOaRAPHIB POÜE L'ANNÉE 1899. 

BrnxelU:H. 

(2) Ibid. 



Memorias de la Sociedad Científica 



adopta el Código de reglas bibliográficas preparado por su co- 
misión bibliográfica. 

— El Congreso Internacional de Fisiología, reunido en Ber- 
na, adopta reglas unifoi-mes para la Bibliografía de la Fisio- 
logía. 

— La Asociación artística y literaria internacional, reuni- 
da en el Congreso de Dresde, discute el proyecto de Reperto- 
torio Bibliográfico Universal y emite un voto aprobatorio. 

— Creación, por el Gobierno americano, de una Oficina es- 
pecialmente encargada de la bibliografía y de la distribución 
de los documentos oficiales. 



1896 



— La Sociedad Real de Londres, reúne en la Capital del 
Reino Unido, delegados oficiales de los Gobiernos, en una con- 
ferencia llamada e\ International Catalogue of Sciences, con el ob- 
jeto de estudiar la organización de una bibliografía periódica 
de Ciencias matemáticas, físicas y naturales. 

— El Congreso internacional de los Editores reunido en 
París, discute el asunto de la clasificación metódica que se apli- 
que á los catálogos de Librerías. 

— Fundación en Viena del Oesterreischische Vereinfür Bi- 
bliothekswesen, que inscribe en su programa el estudio de las 
cuestiones bibliográficas. 

— Reunión en Melbourne de la Ausirálian Lihrary Confe- 
vence y fundación de la Austrálian Lihrary Association que ins- 
cribe en su programa el estudio de los asuntos bibliográficos 
y discute la adopción de la clasificación bibliográfica decimal. 

— Creación en París de una sección francesa del Instituto 
Internacional de Bibliografía. 

— Discusión del proyecto de Repertorio Bibliográfico Uni- 



'Antonio Álzate." 129- 



versal, en el Congreso anual de las Sociedades sabias, reuni- 
do en la Sorbona (París). 

— La Conferencia diplomática para la protección de la pro- 
piedad artística y literaria, reunida en París, se pronuncia por 
la utilidad del Repertorio Bibliográfico Universal. 

La cuestión de este último asunto, se discute en el primer 
Congreso Internacional de los Editores, en París. 

— La Unión Internacional de Fotografía se adhiere al Ins- 
tituto Internacional de Bibliografía y adopta la Clasificación 
Decimal de Dewey. 

— A iniciativa de la Associazione Typographico - libraría 
Italiana, se reúne en Florencia un Congreso bibliográfico para 
discutir la cuestión del Repertorio Bibliográfico Universal. 

1897 

— En la segunda International Library Conference, reu- 
nida en Londres, se modifica el programa bibliográfico del Ins- 
tituto Internacional de Bruselas. 

— Fundación de la Societá Bibliograpliica-Italiana. 

— La asamblea general de la Asociación de los Biblioteca- 
rios austríacos, discute el programa del Instituto Internacio- 
nal Bibliográfico. 

— Reunión en Bruselas del segundo Congreso internacio- 
nal de los Editores, que discute el programa del I. I. B. 

— Discusión de este mismo programa, en el Congreso de la 
Federación de las Sociedades históricas y arqueológicas de Bél- 
gica, reunido en Gante. 

— Reunión en Bruselas de la segunda Conferencia biblio- 
gráfica Universal. 

— Organización de una sección bibliográfica en el grupo de 
las Ciencias, de la Exposición internacional de Bruselas. 



Menioria«, 1 1000-1 «01).— T. XV. —17. 



130 Memorias de la Sociedad Científica 



1898 

— El segundo Congreso Internacional Bibliográfico, reu- 
nido en París, emite un voto en favor de la excitativa a los bi- 
bliógrafos por el I. I. B. 

— La Societá Bibliographica Italiana reunida en Turín, dis- 
cute la cues.tión de los Repertorios Bibliográficos, 

— Reunión en Bruselas de la Oficina de Bibliografía de 
los delegados de los Gobiernos, en la segunda conferencia del 
Catálogo Internacional de Ciencias. 

— Reunión en Londres, bajo los auspicios de la Sociedad 
Real, de la segunda conferencia para ese Catálogo. 

— Creación en la Ciudad de México de la Junta Nacional 
de Bibliografía Científica y de las Juntas Locales, en los Es- 
tados de' la República, para cooperar al Catálogo Internacio- 
nal de Ciencias, según las instrucciones de la Sociedad Real 
de Londres. 

1899 

— Creación de la Oficina Bibliográfica de París. 

— Instalación en París de la Comisión organizadora del 
Congreso Bibliográfico de 1900. 

— Reunión en Londres del Comité Internacional Provisio- 
nal del Catálogo Internacional de Ciencias. 

— El Gobierno Mexicano funda en la Capital de la Repú- 
blica el Instituto Bibliográfico Mexicano. 



Entrando ahora en algunos pormenores, el Repertorio que 
trata de formar el Instituto belga debe reunir las noticias bi- 
bliográficas que se refieran á los trabajos de cualquiera espe- 
cie (libros, artículos de revistas, comunicaciones de las Socie- 



'Antonio Álzate." 131 



dades sabias, etc. ), que se han dado á la estampa y se sigan 
dando á diario en todos los países en los múltiples dominios 
de las ciencias. La elaboración del Repertorio Universal se 
comenzó desde 1895 y se prosigue activamente, con la coope- 
ración internacional. Todos los datos se hacen constar ó ins- 
criben en fichas de un modelo uniforme y que miden 12J cen- 
tímetros de longitud por 1^ de altura, conservadas en muebles 
especiales y apropiados. El Repertorio compi*ende dos partes: 
en una, las noticias se clasifican usando la clasificación biblio- 
gráfica decimal por orden de materias; en la otra, el doble de 
las propias noticias se clasifica por orden alfabético de autores. 
Tal es la obra esencial de la cual se derivan los Repertorios 
bibliográficos particulares. '^^ 



Con el objeto de difundir los conocimientos científicos en- 
tre las personas consagradas á ellos, proporcionándoles datos 
"precisos, oportunos y metódicos" acerca de cuanto se publi- 
ca en los diversos países del mundo civilizado, sobre los dife- 
rentes ramos abarcados por la ciencia, la Sociedad Real de 
Londres inició una Conferencia Internacional de Bibliografía 
Científica,'"' reuniéndose los delegados de los países civiliza- 
dos del Viejo y del Nuevo Continentes, en la Capital del Rei- 
no Unido, la primera vez en Julio de 1896 y la segunda en Oc- 
tubre de 1893.'^' 

El pensamiento no era nuevo: partió de los Estados Uni- 

{l) Para facilitar el Instituto á sus socios el establecimieuto do estos repertorios, ha 
hecho construir á sus faljiicuntes, especiales modelos de fichas bibliográficas, de fichas 
divisionarias, yjnuebles clasificadores. Acerca del -asunto hay un CatXlooo especial 

D£ L08 ACX'KSOBIO» BlflLIOUKÁl<-lC08. 

(1) Véanse: Kepout of the proceedings at the International Conferetice or a Cátalo- 
gxu of fkientijie Literature, heUl in Lo'iidon.—July 14-17, 189G. 

— I.vTEKNATioxAL Catalogue of ficientifie Literature. — Report of the Coinmettee of 
the K. S, of Loudim witli schedules of classifícation. — March 30, 1898. 

— iNTBKXATio.vAí, datulogue of Scie.ntific Literature. — Memorándum on the systema 
of claSslficutioM unil re^íistnition proposed by the Commettec of the lioyal Society. 

(3) lS¥OKy¡v. presifutado á la Sucíedud "Álzate" en sesión de 11 de Dicieinhre de 18B8| 
por JeuCh Gallvdo v Viiía (Revista, XII, 1-3). 



132 Memorias de la Sociedad Científica 

dos, propuesto por el ilustre Joseph Henry, Secretario del Ins- 
tituto Smitlisoniano de Washington, por medio de una comu- 
nicación que dirigió en 1855 á la Asociación Británica que hu- 
bo de reunirse en Glasgow, indicando que se hiciese un Catá- 
logo de Memorias filosóficas. Más tarde se propuso incluir en 
él á las Ciencias físicas y matemáticas, con exclusión de las 
naturales, porque ya se tenía formado apunte de ellas, y en 
consecuencia, era inútil toda repetición. El asunto se presen- 
tó en 1857 á la Sociedad Real de Londres pidiéndole su ayu- 
da con la Asociación Británica. Decidióse aquella Academia 
el año siguiente 1858, á tomar á su cargo la publicación del 
Catálogo, ampliándolo con lo relativo á las Ciencias Naturales; 
pero eliminando los ramos de carácter profesional ó técnico. 
Primeramente, se iiizo un Catálogo manuscrito para uso par- 
ticular de la Academia de Ciencias londinense; pero conside- 
rando cuan útil sería darlo á la estampa, se solicitó el auxilio 
del Gobierno Británico, quien en 1864 aprobó lo relativo á la 
pubKeación. Hasta 1807 empezó, en efecto, á darse á luz el re- 
ferido Catálogo bajo el título de Catalogue of Scientific 

PaPERS COMPILED BY THE ROYAL SOCIETY OP LONDON. Pa- 
ra dar una brevísima idea de la magnitud de esta obra, así co- 
mo de su importancia y de la laboriosidad en ella invertida, bas- 
tará decir que abarca tres series de once volúmenes, de cerca de 
1000 páginas cada uno, y á dos columnas. Extiéndese el Ca- 
tálogo al Siglo actual (De 1800 á 1883) y ¡cuan deficiente! 
¡Cuan ruda y colosal labor, toda ella gravitando sobre la doc- 
ta Academia inglesa ! 

Resultando la obra trunca necesariamente, se decidió la 
Sociedad Real á pedir el concurso oficial de todas las nacio- 
nes civilizadas, convocando á una Conferencia Internacional 
de Bibliografía Científica que habría de reunirse por vez pri- 
mera en la Capital del Reino Unido, en Julio de 1896, como se 
indicó anteriormente. ^^^ 

(1) Aceptada la invitación por nuestro Gobierno, éste nombró Delegado al Sr. D. 
^Francisco del Paso y Troncoso, que ha tiempo está en Europa. Bindió al Gobierno un 
luminoso informe. 



'Antonio Álzate." 133 



Celebrada la Conferencia, ésta dictó entre sus más impor- 
tantes resoluciones, las siguientes: 

"La compilación y publicación de un doble Catálogo com- 
pleto de Literatura Científica, dispuesto por materias y por au- 
tores, y arreglado de modo que se facilite á los estudiosos la 
investigación de un ramo cualquiera de la Ciencia" (Resolu- 
ciones 12 y 13). 

"Al hacerse el Catálogo de materias, se atenderá no sola- 
mente al título, sino también á la naturaleza de los asuntos tra- 
tados" (Res. 17). 

" El Catálogo no se limitará, como antes se hizo, á los ar- 
tículos insertos en periódicos de Ciencias, sino que se amplia- 
rá, extendiéndose á folletos independientes, memorias y li- 
bros." ( Res. 18 ). 

"Deberán, pues, tomarse de las publicaciones enciclopé- 
dicas, literarias ó de otro género que no sea el Científico, los 
artículos puVjlicados en ellas." (Res. 21). 

"Al Catálogo definitivo que se publique en forma de libro, 
precederá otro que, á voluntad de los subscriptores, será dis- 
tribuido en forma de cédulas, cada una de las cuales conten- 
drá un artículo separado ; es decir, que cada cédula tendrá el 
aspecto de una prueba de imprenta, y el coleccionador la podrá 
ir separando por secciones científicas si así lo desea, teniendo, 
además, los subscritores la ventaja de proporcionarse única- 
mente las cédulas del ramo científico á que se consagren," 
(Res. 22). 

"Como esta forma del Catálogo no puede tener sino carác- 
ter provisional y de oportunidad, el Catálogo se publicará de 
tiempo en tiempo y dividido en partes que correspondan á los 
diversos ramos de la Ciencia ( Res. 23 ) con lo cual será tan 
ventajoso, económicamente, como el Catálogo de cédulas, ya 
que los especialistas tendrán la facultad de proporcionarse tan 
sólo aquella sección del Catálogo que más directamente les in- 
teresare para sus estudios." ( Informe del Sr. Troncóse ). 



134 ■ Memorias de la Sociedad Científica 

Muy interesantes son las resoluciones 19 y 25 que "fijan 
la Clase de Ciencias que debe comprender el Catálogo única- 
mente, y designar los ramos científicos comprendidos en la cla,- 
se;" mas la resolución 28 que "se refiere al sistema bajo el 
cual deberán clasificarse los ramos científicos ya expresados." 

" Formarán parte del Catálogo ( dice la Res, 19 ) los estu- 
dios referentes á las Ciencias matemáticas, físicas y naturales, 
pertenecientes todas á la clase que se ha convenido en llamar 
de Ciencias puras. En la clase quedaron comprendidos por la re- 
solución 25 ligada con la 19, varios ramoS científicos, los cuales, 
con las modificaciones propuestas por la Sociedad Real, son : 

" 1. — Matemáticas, Astronomía, Meteorología, Física, Cris- 
talografía, Química. 

"2. — Greografía física y matemática. 

"3. — Mineralogía, Geología y Petrología, Paleontología, 
Zoología y Botánica, 

"4. — Anatomía, Fisiología, Farmacología, Patología gene- 
ral y experimental. Antropología." 

"Quedaron excluidos todos los. ramos pertenecientes á la 
clase que se ha convenido en llamar de Ciencias aplicadas, co- 
mo Medicina práctica, Ingeniería, Agricultura, etc. Para la 
clasificación del Catálogo de materias, había expresado la So 
ciedad Real de Londres el deseo de que se modificara el Sis- 
tema Decimal de Dewey, en tales términos, que fíiera suscep- 
tible de adopción ; pero la interesante discusión que acerca del 
asunto surgió en el seno de la' Conferencia, dio como resulta- 
do la fórmula expresada en la Res. 28; por la cual se declaró, 
en términos generales, que la Conferencia no aceptaba ningu- 
no de los sistemas de clasificación propuestos recientemente, 
y remitía la solución del punto á la Junta de organización que 
había de formarse." Adelante veremos cuál fué la resolución 
posterior acerca del Sistema de Dewey. 

Conforme á otras del orden económico se trató de crear un 
verdadero Centro Científico Internacional) uno para la admi- 



"Antonio Álzate. " 135 



nistración del Catálogo (Res. 14) que se ha llama do Consejo 
Internacional, y otro para la edición del mismo Catálogo, con 
el nombre de Oficina Central Internacional, de pendiente del 
Consejo (Res. 15). 



Como ya se indicó, la misma Sociedad Real de Londres 
pidió la cooperación internacional, especialmente la científica; 
porque la pecuniaria quedó eliminada desde la primera sesión 
de la Conferencia. La Res. 16, que se refiere al primer punto, 
indica en compendio que " cada nación, si lo deseare, recoja 
los materiales de su Bibliografía Científica, los clasifique y los 
mande á la Oficina Central de Londres." Al efecto, el Consejo 
Internacional ya citado, "dará reglas (dice la Res. 20) para el 
método de coleccionar y clasificar en cada país, reservándose 
aprobar los trabajos que se le manden." 

Para lograrlo, dicha resolución 16 dejó á las naciones in- 
vitadas la facultad de instalar cada una de ellas su oficina Na- 
cional (National Burean), ó mejor, su Junta Nacional de Lite- 
ratura Científica; pero la Sociedad Real fijó un término'^* para 
que se le notificara si la nación creaba ó no su Junta respec- 
ú\''SL. Compréndese la altísima importancia que para México 
tenían semejantes resoluciones; y diUgente nuestro Gobierno, 
aceptó desde luego el compromiso, y antes de la fecha señala- 
da, se notificaba á la Sociedad Real, por medio del cable, la 
conformidad de nuestra República. 

La Res. 16 no imponía ciertamente á México la obligación 
material de hacer uso de la facultad que se le concedió para 
organizar una Junta Nacional de Literatura Científica, encar- 
gada de reunir, clasificar provisionalmente 7j remitir al Consejo In- 
ternacional los artículos que habían de figurar en el Catálogo 
cuya publicación se abordó; pero en modo alguno debía rehu- 

(1) 1? de Enero de 1898 (Ees. 31). 



136 Memorias de la Soeiedaid Científica 

sarse la invitación, por motivos fáciles de comprender (de cor- 
tesía, de decoro, de conveniencia, de estímulo)*^'; habiéndose 
previsto el caso de abstención ( Actas, pág. 20 ), indicándose 
que todo país que rehusase tal cooperación ''queda expuesto á 
lo que yo llamaría — dice el Sr. Ti'oncoso — una tutela científica;" 
puesto que se declara en el lugar citado que la Oficina Cen- 
tral (Central Burean) encargada de la edición del Catálogo to- 
maría entonces sobre sí el trabajo, quedando expuesta en tal 
caso nuestra Literatura Científica á verse registrada de un mo- 
do deficiente.'"' 

En virtud del compromiso y de la urgencia para la crea- 
ción definitiva de la Junta Nacional de Literatura Científica, 
y en consonancia con las indicaciones de nuestro Delegad© en 
Londres, Señor Troncoso, la Secretaría de Justicia é Instruc- 
ción Pública," de acuerdo con el primer Magistrado del país, 
dirigió en 19 de Noviembre de 1898 atenta invitación á los 
cuatro centros científicos radicados en esta ciudad, y que co- 
rresponden principalmente ala división délas ciencias que en- 
tran en la formación del Catálogo Internacional: estos centros 
son: la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 
Correspondiente de la Real de Madrid, para el grupo primero 
(Matemáticas, A-stronomía, Meteorología, Física, Cristalogra- 
fía, Química); la Sociedad de Geografía y Estadística, para el 
segundo (Geografía Física y Matemática); la Sociedad de His- 
toria Natural, para el tercero (Mineralogía, Geología, y Petro- 

(1) INFOEME citado del Sr. del Paso y Troncoso. 

(2) "Es conreniente^ agrega dicho señor, para la Nación, á mi modo de ver, qno mi- 
da sus propias ftierzas y aprenda á conocerse por lo que produce. Tal vez el ensayo de re- 
gistrar nosotros mismos nuestra Literatura Científica nos dé la medida de lo que real- 
mente valemos; si el resultado es bueno, será para nosotros motivo de íntima satisfacción: 
si no lo fuere tanto, pondremos entonces el remedio y en un segundo ensayo recogeremos 
frutos más opimos. A la vista salta que los hombres de ciencia tendrán estímulo tan lue- 
go como se convenzan de que sus producciones, si son estimables, uo quedarán ignoradas 
del mundo civilizado, como ha siicedido hasta hace poco; y que sus nombres serán anota- 
dos en el mismo registro que contendrá los de los sabios más eminentes de ambos hemis- 
ferios: todos pugnarán por hacerse dignos de semejante honra, y no dudo, que sus trabajos 
irán adquiriendo cada día más importancia." 



V 



'Antonio Álzate." 137 



logia, Paleontología, Zoología, Botánica ); y la Academia Na- 
cional de Medicina, para el cuarto (Anatomía, Fisiolo^a, Far- 
macología, Patología general y experimental. Psicología expe- 
rimental, Antropología, más la Bactereología, agregada des- 
pués). 

Cada corporación nombró á su respectivo delegado,'^^ y el 
día 5 de Diciembre de 1898, bajo la presidencia del Señor Se- 
cretario de Instrucción Pública, Lie. Don Joaquín Baranda, 
y en la Biblioteca Nacional, quedó instalada la Junta Nacio- 
nal de Bibliografía Científica. Invitadas otras Corporaciones 
Científicas, se empezaron los trabajos bibliográficos, con toda 
actividad. No se atendió en ellos, á otra clasificación que la 
ya establecida por materias. Las obras se inscribieron en tar- 
jetas por orden de materias y de autores; y todos colaboraron 
con afán. Además, conforme á las instrucciones de Londres, 
la Junta Nacional dispuso que en cada Estado de la Repúbli- 
ca se instalara una Junta Local, bajo los auspicios oficiales de 
la respectiva Entidad; así se bizo, y casi todos los Estados se 
apresuraron á enviar su contingente bibliográfico. Este, uni- 
do al que en México se formó, envióse á la Junta Previsora 
Internacional ( Provisional International Committee) nombra- 
da en la Conferencia de Octubre de 1898, cumpliéndose así la 
resolución que fijaba, á más tardar el mes de Abril de 1899 
para el envío de las cédulas. 

Me he extendido un tanto en estos detalles, porque es el 
primer paso que nuestra Patria ha dado en el terreno biblio- 
gráfico internacional; lo que debe servirnos de satisfacción y 
de legítimo orgullo. 



Concluidas, entre nosotros, las labores de la Junta Nacio- 
nal, imponíase la creación de un centro que completara y per- 
feccionara la obra comenzada; así so consideró en la última 

(1) El que esto escribe lo fué de la Sociedad de Historia Natnral. 

Memorias.— [1000-1901].— T. XV.- 18. 



138 Memorias de la Sociedad Científica 

sesión de la Junta, y entonces el Señor Secretario de Instruc- 
ción Publica, acogió con todo empeñóla idea de la fundación 
del Instituto Bibliográfico Mexicano, ya emitida por nrestro 
delegado el Sr. Troncóse. El Señor Presidente de la Repúbli- 
ca, con el progresista entusiasmo que le distingue, determinó 
que la fundación del Instituto se hiciera oficialmente, siendo 
sus fundadores los doce miembros de la Junta Nacional de Bi- 
bliografía.'^' Instalóse el Instituto en la misma Biblioteca, el 
día 29 de Mayo de 1899 y se ociapó desde luego en formar y 
publicar sus Estatutos; en ensanchar el número de sus socios, 
atendiendo al principio de la división del trabajo; en consti- 
tuir como á sus centros correspondientes las mismas Juntas 
Locales de los Estados y en comenzar de nuevo el ardua la- 
bor bibliográfica. 

El Instituto Bibliográfico Mexicano, es, por lo tanto. Cor- 
poración anexa á la Biblioteca Nacional, y tiene por objeto for- 
mar la Bibliografía general de la República.'^' Su presidente 
nato es en todo tiempo el Secretario de Justicia é Instrucción 
PúbKca. 

De conformidad con las Bases constitutivas, las notas bi- 
bliográficas de cada obra se escribirán en cédulas separadas, 
fconsignando en ellas el nombre del autor; el título de la obra 
tal como consta y en el idioma respectivo; el número de orden 
de la edición ; el lugar de la impresión ; la fecha respectiva; el 
nombre de la imprenta y del editor; el tamaño (formato) del 
volumen ó volúmenes;'^' llamarla atención sobre las condicio- 
nes especiales de la obra; indicar su número de páginas, dis- 

(1) Los Señores Agreda y Sánchez, Don José María; Agnilar y Santillán, Don Ear 
fael; Aragón, Don Agustín; Baranda, Don Joaquiíi; Domínguez, Don Ángel M.; GaUn- 
do y Villa, Don Jesús; González Obregón, Don Lnis; Parra, Don Porfirio; Paso y Tron- 
coso, Don rranciseo del; Sáncliez, Don Jesiís; Vigil, Don José María y Zubieta, Don Eu- 
genio, Secretario. 

(2) Bases constitutivas del TnstitutolJíibliográfico Mexicano. — Eeglamento para eí 
régimen interior del Instituto Bibliográfico Mexicano. — 1899. 

(3) Se lia aceptado una tabla que de las dimensiones en centímetros, ha formado el 
Dr. D. Meólas León. 



"Antonio Álzate." 139 



tinguieudo los folios marcados con romanos y arábigos, etc.; 
en suma, una identificación completa de la obra. 

Posteriormente y sin perj uicio de este procedimiento biblio- 
gráfico, el Instituto aceptó la Clasificación Decimal de Dewey. 
Está acordada igualmente la publicación de un Anuario 
Bibliográfico; y el Instituto será también un centro importan- 
te encargado de la remisión y distribución de publicaciones, 
tanto nacionales como extranjeras cuando se acuda á él con 
tal objeto.'^' 

Finalmente, fué necesario formar secciones de trabajo, ó 
mejor dicho, comisiones para dividir las labores, quedando or- 
ganizadas de la siguiente manera: 

I. — Ciencias Eclesiásticas. (Teología). 
II. — Filosofía y Pedagogía. 
III. — Jurisprudencia. 

IV. — Ciencias Matemáticas, físicas y naturales. 
V. — Ciencias Médicas. 
VI. — Bellas Artes y Artes y Oficios. 
VII. — Filología y Bellas Letras. 
VIII. — Historia y Ciencias auxiliares (incluida la Biblio- 
grafía). 

IV 

Tiempo es ya de que nos ocupemos en las importantes re- 
soluciones tomadas por el Instituto Internacional de Biblio- 
grafía, de Bruselas, y lo que acerca del mismo asunto resolvió 
la ¡Sociedad Real de Londres, tocante á la clasificación de los 
conocimientos humanos aplicada á la Bibliografía. 

Era preciso estudiar con toda la atención debida el punto, 
y se encargaron de ello los miembros de la Comisión Interna- 
cional de Bibliografía, quienes adoptaron con entusiasmo el 

(1) Kl InHtitnto SmitliBuiiiano de Washington, hu coincnziulu ya i'i iiiaudar iimaoro- 
Mut obras publicadas en los Estados Unidos para su distribución cu M éidco. 



140 Memorias de la Sociedad Científica 

Sistema Decimal de Dewey, como una especie de desiderátum 
que venía á llenar todas las exigencias y á facilitar extraordi- 
nariamente la labor. Los Señores La Fontaine y Otlet en Bél- 
gica, Mr. Baudouin en París, Mr. Herbert Havilaud Pield en 
Zurich, principalmente, han sido los más ardientes partida- 
rios de la Clasificación Decimal. 

Propuesta la Clasificación mencionada, á la Sociedad Real, 
vimos ya que la rechazó en unión de todas las otras, y aun 
enérgicamente hubo de combatirla; pero después se decidió á 
adoptarla, pero con modificaciones singulares.*^' 

No ha admitido el índice decimal en todo su rigor, limi- 
tándose primeramente á la clasificación de las Ciencias, hacien- 
do á un lado la Filosofía, la Historia, la Literatura, la Política, 
las Ciencias aplicadas, como ya se dijo antes, la Estadística, 
las Bellas Artes, etc.; con lo cual quedó truncada la clasifica- 
ción de los conocimientos humanos. Por otra parte, toda con- 
cordancia con un sistema general de clasificación se ha hecho 
imposible; pues cada ciencia está designada, ya no por una ci- 
fra, sino por una letra: H. Matemáticas puras; C. Meteorolo- 
gía; D. Física; E. Cristalografía, etc. 

En concepto fundado de Richet,'^' esta medida sería acep- 
table, si no tuviera el serio inconveniente de impedir toda ge- 
neralización bibhográfica más allá de la bibliografía de las cien- 
cias. Desde el momento que se pone para designar cada ciencia 
en particular una letra convencional del alfabeto ¿qué se hará 
para designar las diferentes artes, historias y literaturas? Cier- 
tamente, ¿ para qué hacer cambios al Sistema de Dewey, alte- 
rándolo en su parte fundamental? 

Ya dijimos también que mientras umversalmente no se 
adopte una clasificación más ó menos perfecta de los conoci- 
mientos humanos, toda clasificación bibliográfica pecará desde 

(1) KiCHET Ch. Bevue Sdentijique, 1898. I.— La Clasificación Decimal de Mel- 
viL Dewey. — Dres artículos. — Ed. Fomento, México, 1899. 

(2) Ibid. 



"Antonio Álzate." 141 



SU base; y todas se encuentran en un caso semejante. No cabe 
duda que, hasta donde es posible, la de Dewey, es uno de los 
procedimientos analíticos que pueden emplearse con más éxito 
en una bibliografía internacional. 

Vamos ahora á abordarlo brevemente, para dar una idea 
acerca de su estructui'a y de su modo de aplicación. 



En el año 1876 apareció en los Estados Unidos la primera edi- 
ción'^' de una obra intitulada Clasificación Decimal, por Mr. 
Melvil Dewey, del Colegio de Amherst; poco á poco fué adop- 
tándose en las bibliotecas de los divei'sos Estados de la Unión 
Americana, hasta el punto de extenderse su uso con asombro- 
sa rapidez, al grado de que, actualmente más de mil bibliote- 
cas americanas clasifican según este sistema. Años más tarde, 
el movimiento bibUográfico europeo y los deseos de los sabios 
de resolver un tanto el problema de la clasificación, introdu- 
jeron el Sistema Decimal en el Viejo Mundo, y ya hemos vis- 
to que desde 1895 el Congreso Bibliográfico reunido en Bru- 
selas, hubo de adoptar con entusiasmo dicha clasificación. Hoy, 
en México, por iniciativa de su ardiente propagandista mi dis- 
tinguido amigo el Ingeniero D. Fernando Ferrari Pérez, se 
halla asimismo adoptada para la biblioteca de la Secretaría de 
Fomento; la aceptó también, nuestro Instituto Bibliográfico 
Mexicano, según dije ya; clasificándose ahora por este siste- 
ma la biblioteca de la Escuela de Jurisprudencia. 

Desde luego, ante tal entusiasmo y semejante generaliza- 
ción, ocurre preguntar si el Sistema Decimal satisface los de- 
seos de los sabios, las exigencias de la ciencia y las aspiracio- 

(1) Seis edicioneH se han hecho de esta obra: la 1? en 1876; la 2? en 1885; la 3f en 
1888; lu 4» en 1891; la 5? en 1894; la «» eu 189».— Esta última lleva por título: "Decimal 
Clasificatio.v and Uelati V Ln'üex Jor Ubrardes, clippingg, notes, etc., £y Melvil Dewey 
A. M. (Áinherst), Secretary Uiüversity of thc State of New York Library. — 1899. — Li- 
brai7 Bureao. — fio«toii, ISatm. — IV, 012 páginas. 



142 . Memorias de la Sociedad Científica 

nes de la Bibliografía. Es evidente que en parte llena todos 
estos anhelosj ya sabemos que no hay clasificación perfecta, y 
en su absoluta mayoría todas son artificiales; pero el Sistema 
Decimal es un método de clasificación rápido, mecánico y ana- 
lítico á la vez llevado á cabo por un procedimiento ingenioso, 
sencillo y sugestivo. De esta suerte, creo que llena en parte, 
como decía, los deseos de los hombres ilustrados y las aspira- 
ciones de la Bibliografía, si se atiende también á la universa- 
lidad de la clasificación. Mas adelante veremos si satisface las 
exigencias de la ciencia. 

Descendiendo á sus fundamentos y á su mecanismo sen- 
cillísimo, diremos que la clasificación descansa en un sistema 
de números clasificadores, fijos, invarfables, que simbolizan en- 
teramente la división á que se aplican. 

Los conocimientos humanos se encuentran agrupados en 
nueve clases á las cuales, respectivamente, corresponden las ci- 
fras antepuestas del 1 al 9, más el O que corresponde á los tra- 
tados generales, en el siguiente orden : 

Obras generales, 

1 Filosofía. 

2 Religión. 

3 Sociología. 

4 Filología. 

5 Ciencias matemáticas y naturales. 

6 Ciencias aplicadas. 

7 Bellas Artes. 

8 Literatura. 

9 Historia y Geografía. 

Estas cifras, bien podemos llamarlas características de to 
do el sistema j son las que en el acto nos caracterizan é indi- 
can la clase á que pertenece una obra ya clasificada. 

Cada clase está, á su vez, subdividida en 10 grupos ó divi- 
siones, representado cada uno de ellos por una cifra clasifica- 
dora, también invariable y fija. Así, la primera y la cuarta cía- 



'Antonio Álzate." 143 



ses, que corresponden á las obras generales O y á la Sociología 
3, se dividen de esta suerte : 
O Obras generales. 

01 Bibliografía. 

02 Bibliotecnia. 

03 Enciclopedias generales. 

04 Colecciones generales de ensayos. 

05 Periódicos generales. Revistas. 

06 Sociedades generales. Academias. 

07 Periódicos. Periodismo. 

08 Bibliotecas especiales. Poligrafía. 

09 Manuscritos y libros raros. 



30 Sociología. Generalidades. 

31 Estadística. 

32 Ciencia política. 

33 Economía política. 

34 Derecho. 

35 Administración. Derecbo administrativo. 

36 Beneficencia. Seguros. Asociaciones. 

37 Enseñanza. Educación. 

38 Comercio. Transportes. Comunicaciones. 

39 Usos y costumbres. 

Cada división se divide, á su vez, en diez secciones, por ejem- 
plo: la Bibliografía 01 y el Derecho 34: 

010 Generalidades. 

011 Bibliografías y Catálogos Universales. 

012 A-Z. Bibliogrs. individuales de autor, alfabético. 

013 Bibliografías por clases de autor. 

014 Bibl. de anónimos y seudónimos. 

015 Bibl. por países. 



144 Memorias de la Sociedad Científica 

016 Bibs. por asuntos especiales. 

017 Catálogos de Bibliotecas. Librerías para ventas. 

018 

019 



340 Generalidades. 

341 Derecho Internacional. De gentes. 

342 Constitucional ó público. 

343 Derecho penal. 

344 Derecho Penal militar. 

345 Legislación y jurisprudencia en general. 

347 Derecho privado civil. 

348 Derecho eclesiástico y canónico. 

349 Historia del Derecho y de las Instituciones. 

Cada una de estas secciones, admite á su vez diez subsec- 
ciones, y así sucesivamente. 

Como se advierte por estos clarísimos ejemples, la base 
del sistema es el número 10 que forma grupos de diez en diez: 
de aquí el nombre de decimal; denominándose la primera cifra: 
índice decimal. Por esta razón se dice igualmente que la clasi- 
ficación es simétrica y determinante, porque los números clasifi- 
cadores presentan desarrollos tan simétricos como es posible, 
lo cual ayuda á retenerlos, recordarlos é interpretarlos, siendo 
de notar que dichos números, constituyendo un simbolismo, 
representan ideas y no palabras. Además, la división- de diez en 
diez ó en número menor de grupos siempre es posible, puesto 
que la clasificación es puramente convencional. 

Adviértese que, al través de todo el sistema, el O marca 
siempre las generalidades: 

01 Estudios teóricos y filosóficos generales. 

02 Manuales generales. 

50 Ciencias naturales. Generalidades. 
720 Arquitectura. Generalidades. 



"Antonio Álzate. " 145 



Antes de pasar adelante, conviene detenemos en algunos 
detalles de estructura, que evitan toda confusión. 

Fuera de las cifras arábigas que constituyen los números 
clasificadores, el sistema que nos ocupa emplea signos de pun- 
tuación que usa como signos de liga ó de combinación: 

El punto . 

Los dos puntos ó signo de división : 

El guión - 

El signo de igualdad = 

El paréntesis ( ) y los corchetes [ 1 

Las comillas ó doble paréntesis " " 

El signo + , empleado en ciertos casos. 

Las letras de A á Z, usadas para completar ciertos núme- 
ros clasificadores, agregando las iniciales de palabras que en- 
tran en la combinación de nombres de instituciones ó de pu- 
blicaciones. En ciertos casos se hace uso de nombres propios, 
que se escriben íntegros, para completar los números clasi- 
ficadores relativos á obras literarias, variedades de especies 
animales y vegetales, biografías ú obras geográficas.^^' 

El punto se emplea para descomponer en partes los núme- 
ros un poco largos, para facilitar la lectura. Su colocación es 
facultiva: sin embargo, se tratará de colocarlo de suerte de li- 
mitar partes que correspondan á ramas de ciencias que tengan 
un carácter definido. Generalmente se coloca después de la 
tercera cifra: 

341 Derecho internacional. 

341.5 Derecho internacional privado. 

372.03 Historia de la Independencia de México. 

El punto entre paréntesis ( . ) advierte en las tablas de cla- 
sificación que ha lugar á la subdivisión geográfica, por medio 
de las determinantes geográficas de que después hablaremos : 

(1) Véase Clasification Bibliogkaphique Bíícimále.— Talles genérales refondues 
éUiblies en vue de la publication du liqaertoire Bibliographique Universelle. — BruxelleB — 
1899, i'.' 

MemorinB. [1900-1901].— T. -XV.— 19. 



146 Memorias de la Sociedad Científica 

930 ( . ) Historia Antigua. 
730 ( 72 ) Historia Antigua de México. 
Los dos puntos 6 signo de división, de relación ó conexión, 
se emplean en la combinación de nombres compuestos; se for- 
man tomándolos de diferentes partes de la clasificación, y que 
corresponden á asuntos conexos de los cuales trata la obra 
que se considera. Su empleo es facultativo: 

31 : 331. 2 Estadística los salarios. 
El guión es el signo de soldadura, pudiéndose dar el me- 
dio de aplicar á los números consecutivos varias series de ra- 
mificaciones ya creadas en otras divisiones, atribuyendo á cada 
una de estas series un número de orden de que se le hará pre- 
ceder. 

Así las subdivisiones de 

621. 1 máqtdnas de Vapor, 

puede convenir á la 536. 81 

y se podrá escribir 536. 81-8 para aplicar á ésta 
división 536. 81 , la 8^ subdivisión 

de 621. 1 ; 

pero se deberá para ello, inscribir en las tablas, al lado de 
536.81, la advertencia: " suMividir como 621.1." 

El dúhle guión 6 signo de igualdad, sirve para formar las 
subdivisiones como símbolo de idioma en el cual están redac- 
tadas las obras que se consideran. Se obtienen estas subdivi- 
siones colocando el signo delante de los nombres tomados, con 
algunas modificaciones, á las divisiones de la Filología, y que 
son objeto de un índice ó tabla especial.'^^ 
=7 obra escrita en latín. 
=8 obra escrita en francés. 
43=2 : 43=3 : 43=4, Diccionario inglés, alemán francés. 
O abreviado : 43=2 — 3 — 4=, que representa otro 

ejemplo del guión. 

(1) Véanse estas tablas al final del Índice general de la Deceviai, Clasification, 
por Dewey. 



'Antonio Álzate." 147 



El paréntesis, en combinación con los números que comien- 
zan por cero, dá lugar á subdivisiones que se emplean para 
distinguir la forma, el origen, el destino ó la naturaleza espe- 
cial de las obras que se consideran : 

(03) Obras bajo forma de diccionarios, 

(05) Publicación periódica. 

(06) Publicación emanada de una Sociedad. 

(07) Obra destinada especialmente á la enseñanza. 
Estas subdivisiones que llevan el nombre de determinantes 

formales ó de formas y de generalidades,^^'' son objeto de tablas 
detalladas*"' y se aplican en toda la extensión de la clasifica- 
ción decimal. 

Parece oportuno aquí exponer la serie, que es pequeña: 
O Generalidades ó determinantes forjviales. 

01 Teorías.— Utilidad. 

02 Tratados generales, manuales, ayuda-memorias. 

03 Diccionarios. Enciclopedias. Concordancias. 

04 Ensayos. Conferencias. Discursos. 

05 Periódicos. Revistas. 

06 Publicaciones, informes, actas de Sociedades y 

Academias. 

07 Enseñanza. Escuelas. Seminarios, etc. 

08 Poligrafía. Obras de autores. Misceláneas. 

09 Historia del asunto.*^* 

El uso de estas determinantes no es facultativo; está limi- 
tado á los números clasificadores donde su uso está expresa- 
mente indicado. 

"EX paréntesis combinado con los números que, quitando el 
cero, empiezan por una cifra, se emplea para formar las sub- 

(1) DKWE7, tabla n al fia. 

(2) Llevan el nombre de determinantes, porque la parte del número complementario 
que la* expresa, 8irve en realidad para determinar el sentido más general, que la otra 
parte del número posee ya por sí mismo. 

í;j) l>ewey exjione la tuhla en orden alfabético: (00) Academias; (06) Actas de So- 
cüedodea; (06) Asociaciones; etc. 



148 Memorias de la Sociedad Científica 

s 

divisiones de lugar. Estas divisiones se expresan siempre por 
las mismas partes de los números llamadas determinantes geo- 
gráficas, que se toman de las principales divisiones de la Geo- 
grafía 91 y se colocan entre paréntesis inmediatamente des- 
pués del número determinado. 

910 (72) Geografía de México. 

La determinante geográfica es (72). Dichos determinan- 
tes dan lugar también á tablas especiales ; es muy fácil hasta 
retener en la memoria las primeras cifras. Pongo á continua- 
ción un pequeño cuadro : 

(4) Europa. 

(5) Asia. 

(6) África. 

( 7 ) América del Norte. 

(71) Canadá. 

(72) México. 

(73) Estados Unidos. 

( 8 ) América del Sur. 

(9) Oceanía. 

Las comillas ó doble paréntesis, sirven para formar las sub- 
divisiones según el tiempo, encerrando entre dichas comillas 
y escribiendo según ciertos modos convencionales, las fechas 
que demarcan ó que fijan el período ó la época de los aconte- 
cimientos. 

No hay, propiamente hablando, tabla especial de estas sub- 
divisiones, atendiendo á que son las mismas que las de la cro- 
nología ordinaria. 

Ejemplos : 

"1853,''' año 1853. 

"15," siglo XV" ó todos los años que han seguido de 1401 
á 1500. 

El signo de la adición sirve para reunir varios números cla- 
sificadores cuando se quiere indicar que una obra concierne á 



"Antonio Álzate." 149 



varios asuntos que tienen clasificaciones diferentes. Este sig- 
no no tiene orden de sucesión : 

580 (05) (72-A. M. N.)+590 (05) (72-A. M. N.)+913 (05) (72. A. M. N.) 
Ó bien abreviado : 

[580-f-590-f 913] (05) (72— A. M. N) etc. 

"Anales del Museo Nacional de México," publicación perió- 
dica consagrada á la Arqueología, Botánica y Zoología de Mé- 
xico, etc. 

Puede emplearse también la llave, de esta manera : 

580) 

590 [ (05) (72— A. M. N.) etc. 

913) 

Por lo que hace al uso de las letras, el ejemplo anterior 
basta para explicarlo. 

Todas las indicaciones anteriores son extraordinariamente 
útiles para la clasificación por materias, según el orden deci- 
mal de los números clasificadores. 

Salvo las excepciones expresamente indicadas en las ta- 
blas, el orden general de sucesión de los signos y de los carac- 
teres empleados para la constitución de los números clasifica- 
dores es la siguiente :^^^ 

O ''". = :— A-Z. O á9 



Facilítase en gran manera la clasificación, con el manejo 
de las Tablas de Dewey, cuya obra muy ligeramente vamos á 
bosquejar. Se halla publicada bajo el título de Decimal Clas- 
SIFICATION AND Relativ Index, for librarles, clippings, notes, 
etc; según la sexta edición de 1899. Es un volumen en 4?, fá- 
cilmente manejable, de G12 páginas, y que contiene: 

1. — Una explicación sucinta de la Clasificación y una in- 
teresantísima introducción que abarca todo el plan general de 
la obra y las aplicaciones y ventajas del Sistema. 

(1) CLAflsmcATioN BiBUOOBAPHiQüB DÉouf AI4E.— BruxoUos. 1899.— Fasoíoulo ya 
dtado. 



150 Memorias de la Sociedad Científica 

2. — El primer Sumario de las 10' Clases. 

3. — El segundo Sumario de las 100 divisiones. 

4.— El tercer Sumario de las secciones de cada división. 

5. — Tablas completas, incluyendo todas las subseccionesj 
que no son otra cosa que el desarrollo amplísimo y analítico 
de los sumarios anteriores. 

6. — El índice por orden alfabético: este índice es de utili- 
dad notoria: cada materia tiene ya al lado su número clasifi- 
cador correspondiente, en perfecta conexión con las Tablas, en 
las cuales la materia puede encontrarse en el acto. Para la 
parte práctica, no bay Caás que recurrir al índice en caso de 
duda. 

7. — Tablas especiales en número de 5: 
I, Divisiones geográficas. 
II. Divisiones formales. 

III. Idiomas. 

IV. Divisiones filológicas. 
V. Literatura. 

8. — Un índice Suplementario. 

Como se ha hecbo notar, por medio de todas estas tablas, 
se ban refundido de una manera tan completa como es posi- 
ble, los múltiples índices de materias particulares de los me- 
jores tratados, compuestos en las diferentes lenguas, sobre las 
diversas ciencias. 

En dichas Tablas, todas las materias se han repartido, se- 
gún un orden metódico convencional en capítulos, partes, sec- 
ciones, párrafos, artículos, etc. ( Clases, divisiones, secciones, 
subsecciones, etc ), á los cuales se ha impuesto una numera- 
ción única é invariable. Ejemplo: 
3 Sociología. 
4 Derecho. 
1 Derecho Internacional público. 
6 Arbitraje. 

341.6 



"Antonio Álzate." 151 



Además, la Clasificación Decimal, gracias á la invariabili- 
dad de los números, permite establecer concordancias y refe- 
rencias con la tabla alfabética. 

"Muy concisos como son los números clasificadores, pue- 
den inscribirse fácilmente, sea después del título de cada obra, 
en los catálogos ó en las tarjcta.s, ó bien en los mismos volú- 
menes que vayan á clasificarse en los anaqueles."'^' 

Ya se dijo que los números clasificadores representan ideas 
y no palabras, y por lo mismo dan á la clasificación el carác- 
ter de una nomenclatura bibliográfica internacional; y para 
que los trabajos bibliográficos registrados decimalmente en ín- 
dices, sean accesibles y útiles en todos los países, cualquiera 
que sea su idioma, basta traducir las tablas. 

Esta clasificación es susceptible de ampliarse hasta lo in- 
finito; así á medida que los asuntos dan lugar á nuevas sub- 
divisiones, pueden asignárseles números clasificadores pro- 
pios, formados por simple subdivisión decimal de los números 
existentes; puesto que los números cla!5Íficadores no son ab- 
solutos, sino relativos, esas nuevas divisiones no dan lugar á 
confusión ninguna, por medio de su desarrollo simétrico y con- 
cordante. 

"Agrupa rápida y matemáticamente en un Catálogo, — di- 
ce Funck-Bientano — todas las obras que tratan de una mis- 
ma materia, ventaja inapreciable desde el momento en que se 
trata de un repertorio universal é internacional, haciendo abs- 
tracción de las lenguas" 

Entre otras varias, tales son las ventajas y cualidades del 
Sistema Decimal de Melvil Dewey. ¿Satisface, como pregun- 
tábamos anteriormente, á las exigencias de la Ciencia? Des- 

(1) La obra de Dewey, en el lomo del libro, Ucvainscvito el número clíisifioador 025.4, 
qne representa C'lañficacUm. Todos losvolumene» de lu Jiibliotecade nuüstni Secretaría 
de lielacioDCH, tienen aHimismo, en el lomo, acñalado el número clasifictulor respectivo. 



152 Memorias de la Sociedad Científica 

graciadamente la Clasificación que nos ocupa no tiene ningún 
fundamento científico y está en desacuerdo con la verdadS^^ Desde 
luego, la enumeración de las Clases en que divide los cono- 
cimientos humanos, no sigue, como es fácil advertirlo, un or- 
den natural ó ideológico, de que tanto se lian cuidado los au- 
tores de todas las escuelas filosóficas. En las divisiones y en 
las secciones y subsecciones se advierte el propio defecto fun- 
damental, que, en realidad inclina á la conclusión de que la 
Clasificación Decimal debe aceptarse como medio mecánico 
rápido de clasificación, pero con ciertas reservas; aun cuando 
en mi concepto es asunto de alta importancia. 

Se ha dicho, como un axioma, que toda obra mal clasifica- 
da es obra perdida. La Clasificación Decimal ¿no da también 
lugar á errores de clasificación? Evidentemente que sí; y es- 
tos errores serán más grandes cuanto mayor lo sea el rigoris- 
mo de la clasificación. 

Pero ya se aparta de mi objeto esta serie de consideracio- 
nes. Debemos concluir, sin embargo, que este gigantesco es- 
fuerzo del autor del Sistema Decimal, es digno de caluroso 
aplauso : cuanto contribuya á la difusión de los conocimientos 
humanos, y á facilitarla, merece la sanción de la humanidad 
entera, y Dewey ha merecido ese aplauso y esa sanción. 



Para concluir lo referente á la Clasificación Decimal, solo 
falta indicar su aplicación á las bibliografías y bibliotecas. 

En cuanto á lo primero, ya se ha repetido la idea del Ins- 
tituto Internacional de Bibliografía, para la formación de un 
Repertorio Bibliográfico Universal. Los trabajos acerca del ob- 
jeto, pueden reasumirse: 

(1) Feanz Fünck-Beentano.— ia GlassificationBéeimale.—Bev. JEncycl. Larrous- 
se.— 1896, p. 242. 



"Antonio Álzate." 153 



I. — Eyi el establecimiento^ en los centros de trabajo, como anexo 
á las diferentes bibliotecas, de un repertorio bibliográfico de tarjetas, 
clasificadas por orden de materias, según la Clasificación Decimal, 
y susceptible en principio, de comprender toda la bibliografía del con- 
junto de las ciencias ó solamente la de una rama especial de los co- 
nocimientos.^^^ 

II. — Publicación de todos los materiales bibliográficos, bien sea 
en tarjetas, ó bien en una forma tul que todos. los títulos que la com- 
pongan puedan aislarse unos de los otros, y pegarse en tarjetas, para 
colocarlos después en los diversos repertorios bibliográficos. 

III. — Inscribir después, en cada titulo que figure en una biblio- 
teca, un índice ó catálogo de los números de la Clasificación Decimal. 

El tipo adoptado por la Oficina y el Instituto Internacio- 
nal de Bibliografía, es la tarjeta blanca de 125 X 75 milíme- 
tros, colocada á lo largo y perforada en la parte inferior para 
facilitar su conservación en cajones con varillas móviles. Las 
tarjetas divisionarias de colores, '^^ más altas que las tarjetas 
blancas, separan las tarjetas bibliográficas que corresponden 
á divisiones diferentes. Estas tarjetas llevan en la parte supe- 
rior los números de cada clase, así como su traducción en pa- 
labras. 

Por lo que hace á la aplicación del Sistema á las bibliote- 
cas, sólo diremos que, si se adopta el método de las tarjetas, 
la tarjeta bibliográfica queda convertida en tarjeta de catálogo. 

i\) La CLA.SIFICACION Deciiiai- DE Melvil Dewey, para Bibliotecas.— Tafeíds gre- 
nerale» compendiadas. — Tip. Fomento, 1900. 

(2) Se pnede asignar á la« tarjetas divisionarias, para cada especie de subdivisión, 
nn color particular j- constante conforme al cuadro siguiente: 
Anaranjado.— ^\i¡o,U) específico y subdivisión de relación. 
Azvil. — Subdivisión de forma y de generalidad. 
Verde. — .Sulxlivisión de lugar. 
Orin. — Subdivisión de idioma. 
Amarillo. — Subdivisión de tiempo. 
Rota. — Subdivisión por nombres propios. 



Memoria».— fl00«-19011.—T. XV.- 20. 



154 Memorias de la Sociedad' Científica 



Finalmente, solo nos resta exponer la CLASIFICACIÓN ex- 
pansiva ideada por O. A. Cutter. 

No tan en boga como la anterior, pero sí con ardientes par- 
tidarios, se apoya también en un método ingenioso, que ayu- 
da más á la mnemotecnia, substituyendo las cifras arábigas 
por letras del alfabeto ; pero introduciendo nuevo sistema de 
clasificación á los conocimientos bumanos. Lleva el nombre 
de expansiva, por la elasticidad de que es susceptible dentro de 
los límites establecidos para la clasificación de esos conoci- 
mientos. 

Además, el mismo Cutter, con el fin de evitar que se es- 
criban completos los nombres de los autores, ha impreso unas 
tablas para el arreglo de los libros por orden alfabético y las 
cuales solo requieren como marca, la letra inicial del apellido 
del autor seguido de una, dos ó tres cifras; simplificándose mu- 
cho la escritura de las características de cada obra, sobre todo 
en el lomo de los libros.'^' 

Pasemos ahora á exponer el sistema. 
Primeramente, contiene una primera clasificación para una 
hiblioteca muy pequeñaP''' 

Indica que se dividan los libros en estas ocho secciones: 
A Obras de referencia y obras generales. 
B Filosofía y Religión, 
E Biografía. 
F Historia, Greografía. 
H Sociología. 

L Ciencias Naturales y Artes. 
T Lenguas y Literatura. 
Yf Ficción. 

(1) C. A. CüTTEE's At.fabetic oedek Table, aXtered and Fitted wiíh Three Figu- 
res by Mis Kate E. Sonboen. 

(2) ExpANSivE Classu-ication.— Parí I.— The first six classifications.— Boston C. 

A. CUTTEE.— 1891-93.— 1 vol. 4? mayor. Diversos folios. 



'Antonio Álzate." 



155 



Este cuadro de clases constituye la primera notación. Para 
las subdivisiones, van combinándose las letras en esta forma: 
B Bcc 

Ba Bcd 

Bb Bcd a 

Be Bcd b 

Bca Bcd ba 

Bcb y así sucesivamente. 

Para los lugares, se bace uso de números convencionales; 
por ejemplo 45, marca de Inglaterra, que combinado con las 
letras, resulta: 

F 45 Historia de Inglaterra. Como se ve, la notación pue- 
de tener una latitud indefinida. 

El cuadro de la clasificación do los conocimientos huma- 
nos en la segunda clasificación admite nuevas intercalaciones, 
que se ponen en seguida, marcadas con * : 
A Obras de referencia y carácter general. 
B Filosofía y Religión. 
E Biografía. 



F Historia. 




F 30 Historia de Europa. 


F 39 


, „ Francia. 


F 45 


, „ Inglaterra. 


F 47 


, „ Alemania. 


F 60 


, „ Asia. 


F 70 


, „ África. 


F 80 


, „ América. 



( Se incluyen en esta clase la Arqueología, la Epigrafía, la 
Numismática, la Heráldica, etc. ) 
• G Geografía. 

G 30 Geografía de Europa. 
G 39 „ „ Francia, 

etc. 
H Sociología (Estadística, Economía Política, Paupe- 
rismo, Política, Legislación, etc.) 



156 Memorias de la Sociedad Científica 

L Ciencias físicas ( Física, Química, Astronomía. ) 

* M Historia Natural ( Geología, Paleontología, Biología, 

Zoología, Botánica, Antropología, Etnología.) 

* Q Medicina. 

* R Artes útiles. 

* V Artes recreativas ( Teatro, Música, etc. ) 

* W Bellas Artes. 

* X Idiomas. 

Y Literatura ( Se incluye la Bibliografía. ) 
Yf Ficción. (Novelas, etc.) 

El tercer cuadro de clasificación, se ensancha más aún, aña- 
diendo las siguientes materias : 

Br Religión y Religiones. 

C Cristianismo y Judaismo. 

D Historia eclesiástica. 

I Sociología ( que aparece, de extraño modo, como dis- 
tinta de las Ciencias Sociales.) 

J Gobierno, Política. 

K Legislación, Derecho, Feminismo, Sociedades. 

N Botánica. 

O Zoología. 

S Ingeniería y Edificios. 

T Manufacturas y 

U Artes defensivas y preservativas. 

Z Libros de artes. 

La cuarta, quinta y sexta clasificaciones crecen de una mane- 
ra increíble ensanchando y volviendo expansivo el sistema. De- 
be tenerse en las manos la obra de Cutter, pues de lo contra- 
rio haría más cansada esta exposición. 

Afortunadamente, cada clasificación tiene su respectivo 
índice alfabético, y como el de Dewey, conexo con el texto. 

Como acaba de verse por lo anterior, y sin entrar en ma- 
yores detalles que serían motivo de un libro, la Clasificación 
Expansiva de Cutter es todavía más artificial que la de Dewey 



'Antonio Álzate." 157 



y eu cuanto á fundamentos filosóficos es evidente que no tie- 
ne ningunos. En efecto, ¿por qué no seguir siquiera un orden 
ideológico en las clases, y cómo motivar la nueva de Ficción 
que cabe ampliamente en Literatura? ¿Cómo explicar la di- 
visión de Sociología y Ciencias Sociales, que es lo propio? ¿A 
qué asignar nuevas letras á materias conexas, como Religión 
y Cristianismo? ¿Por qué asignar primero la M á Botánica, en 
Historia Natural, y después la N á esa rama de esta última? 

A pesar de que el mismo Dewey ha llamado al Dicciona- 
rio de Cutter, apoyado en este Sistema, "la Biblia de los bi- 
bliotecarios," no cabe duda que en nuestro concepto es más 
perfecto, rápido y fácil el Decimal, y aun me atrevería á decir 
que más lógico, á pesar do todos sus artificios. 

Respeto, sin embargo, las opiniones, y pongo punto final 
á esta cuestión, indicando solamente que es de sentirse que los 
últimos clasificadores de los conocimientos humanos, cuyos 
sistemas acabamos de enunciar, no se hayan apoyado más que 
en puros medios mecánicos. 

Sabido, es por todos, que cuanta clasificación arbitraria se 
ha enunciado, ha caído siempre por el polvo hecha pedazos. 

La Historia Natural nos presenta admirable modelo de cla- 
sificación, basado en el mismo orden natural de las especies 
que se consideran, y permanece invariable; como persiste aun 
la nomenclatura Química, modelo asimismo en su género. En 
las clasificaciones simbólicas se procura que el simbolismo 
guarde analogía con lo simbolizado ; y desde luego los núme- 
ros abstractos en la Clasificación Decimal están aplicados a 
fortiori. 

Es de desearse que la Ciencia en su alta esfera, encuen- 
tre al cabo los medios de perfeccionar los métodos de clasifi- 
cación de los conocimientos humanos, para el ensanche de esa 
misma Ciencia cuya luz indefinible acabará por iluminar has- 
ta el más obscuro rincón de nuestro globo. 
Julio, 1900. 



158 Memorias de la Sociedad Científica 



ADVERTENCIA. 



El anterior trabajo, formado á vuela pluma en muy corto plazo, fué 
presentado como Prueba escrita ante el Jurado calificador reunido en la 
Secretaria de Kelaciones Exteriores, el 20 de Julio de 1900, para cubrir 
la vacante de Bibliotecario de aquel Ministerio, según Convocatoria expe- 
dida con fecha anterior. En dicha Convocatoria, no se especificó ni se exi- 
gió prueba escrita, pero juzgué conveniente presentarla, como candidato 
que fui, considerando, por otra parte, que en la prueba oral se escapan mu- 
chas ideas, especialmente por lo angustiado del tiempo que en tales casos 
se concede. 

Como adición al breve estudio anterior, comencé á formar un artícu- 
lo, ó más bien dicho, una Noticia acerca de la Bibliografía en México, en 
la cual se enumeraban á grandes rasgos nuestros progresos bibliográficos, 
con cita de los más notables cultivadores de nuestra Bibliografía ; pero el 
citado artículo fué extendiéndose al grado de que sus dimensiones han lle- 
gado á ser mayores que las del presente trabajo, y tuve entonces necesidad 
de suprimir tal Noticia. Esta, por lo mismo, constituirá otro nuevo estu- 
dio que es probable ofrezca yo á la benevolencia del público lector, bajo el 
título de: Los bibliófilos y bibliógrafos mexicanos. 

Enero, 1901. 

J, G. V. 



"Antonio Álzate." 1S& 



LA HIGIENE DE LA flSIA EN LAS 

Y LA CORRECCIÓN ÓPTICA 

POR EL DB. 

M. XJribe Troncóse, M. S. A., 

Oculista del Dispenaarío Oftalmológico del Hospital de Jesús, 
Director de los "Anales de Oftalmología." 

Desde los comienzos del siglo pasado se reconoció que los 
esfuerzos necesarios para la visión clara durante el período 
escolar, producían serios trastornos visuales y aumentaban 
notablemente la miopía, pero sólo hasta el año de 1867 se 
dio á este asunto toda la importancia que merece, debido es- 
pecialmente á los trabajos de Cohn. Este autor examinó los 
ojos de 10,000 niños en las escuelas de Breslau encontrando 
que las malas condiciones higiénicas de las salas de estudio 
no solo aumentaban mucho el grado de la miopía en los alum- 
nos ya afectados, sino que eran capaces de producirla en aque- 
llos que al comenzar sus estudios poseían ojos normales. Des- 
de los trabajos de este autor, de Erisman, Giraud-Teulon, 
Javal, etc., se produjo la gran revolución en las condiciones 
higiénicas de las escuelas, las clases, el alumbrado, mobilario, 
etc., que por ser bien conocidas, paso en silencio.^'' 

Por algún tiempo se creyó que estas medidas bastarían 

(1) VíaBC: Daniel M. Vélez. CoíiRideraoiones higi'íiiicaH rolativnH á la vista del ni- 
ño en la Escnela. México 1889.— Congreso Higiénico-Pedagógico. México. 1882. 



160 Memorias de la Sociedad Científica 

por sí solas para detener el progreso siempre creciente de la 
miopía, pero después de algunos años, y con gran sorpresa, se 
encontró que aunque las escuelas estuviesen dotadas de todos 
los requisitos higiénicos recomendados, tanio el grado de la 
miopía como el tanto por ciento de este vicio de refracción en- 
tre los alumnos, no solo no disminuía, sino que permanecía es- 
tacionario ó aun aumentaba. 

Hubo, pues, que buscar un nuevo factor que explicara es- 
te aumento y varios autores creyeron encontrarlo en las pre- 
disposiciones hereditarias que reproducen en el niño la miopía 
de los padres ó cuando menos la tendencia á la distensión del 
globo del ojo. Risley en su muy notable trabajo acerca de la 
higiene de la vista en las escuelas,'^' cree más bien, después 
de un estudio cuidadoso de las estadísticas, que son las ano- 
malías en la forma del globo del ojo y especialmente el astig- 
matismo las que con más frecuencia son la causa de la miopía, 
la que sería producida por los esfuerzos exagerados de acomo- 
dación que aun en las mejores condiciones de higiene escolar 
tiene que hacer el niño cuando intenta formar en su retina 
imágenes bien claras. Estas anomalías congénitas en la forma 
del globo son hereditarias y no la miopía por sí misma ó la ten- 
dencia á la miopía, y serían probablemente originadas por de- 
formaciones de la órbita, consecutivas á deformaciones del 
cráneo. Es bien sabido, en efecto, que la forma del cráneo es 
hereditaria en cada familia, trasmitiéndose quizá con mayor 
uniformidad que cualquiera otra peculiaridad anatómica. 

Dichas anomalias, preexistentes á la entrada del niño a la 
escuela, se agravan por los esfuerzos acomodativos y los nece- 
sarios á la conservación de la visión binocular y solo podrían 
ser evitados por la corrección de todos los vicios de refracción 
tan luego como el niño* entre á la escuela. 

Cuando esto no se lleva á cabo, más de la tercera parte de 
los niños sufren de perturbaciones visuales, que obligan á los 

(1) Norris y Oliver. System of Diseases of the Eye. Vol. H, School Hygiene. 



'Antonio Álzate. " Í61 



maestros á colocarlos en situaciones especiales de lugar, luz, 
clase, etc., ó hacen considerar como desaplicados á niños que 
en realidad no lo son sino por efecto de la fatiga que sufren 
tratando de usar su vista. Es un hecho bien probado hoy que 
los exámenes sistemáticos de la vista y el oído facilitan gran- 
demente la tarea de los maestros y son de muchísima utilidad 
á los alumnos, pues los maestros pueden hacer aprovechar de 
sus enseñanzas up número mayor de niños aumentando el tanto 
por ciento de aprovechamiento y en cuanto á los alumnos, mu- 
chos que parecen desaplicados, que no pueden escribir bien, que 
no entienden lo que el maestro explica en el pizarrón ó que no 
estudian regularmente sus clases, no lo son en realidad sino por 
efecto de la debilidad de sus órganos visuales ó auditivos; pues 
los miopes, los astigmáticos que sufren de astenopía y los sor- 
dos, se cansan fácilmente y su atención puede ser menos tiem^' 
po sostenida que la de los individuos sanos. Estos exámenes re- 
presentan para los niños una salvaguardia contra los peligros 
que el estudio, aun en las mejores condiciones higiénicas trae 
consigo. En Europa, según las estadísticas de Cohn, la cifra de 
la miopía aumenta progresivamente á proporción que los cur- 
sos son más elevados y difíciles, y de 1.4 por ciento en las escue- 
las de aldea sube á 6.7 por ciento en las escuelas elementa- 
les y á 26.2 por ciento en los colegios, llegando, por último, á 
59.5 por ciento en los estudiantes de la Universidad. En los 
Estados Unidos, las estadísticas de Risley han demostrado 
también que la proporción aumenta considerablemente según 
la edad, y de 4.27 por ciento á los 8 años llega á 19.33 por cien- 
■ to á los 17. El número de hipermétropes, que asciende á 88.11 
por ciento á los 8 años, baja á 66.84 á los 17 años, es decir, 
que buen número de ellos se ha trasformado en miopes. El as- 
tigmatismo hipermetrópico llega á cercfa de 42 por ciento y se- 
gún este autor los esfuerzos de acomodación que se producen, 
son el origen de la distensión del globo ocular que de hiper- 
mótrope pasa á miope. 

Memoria».— [1900-1901].— T.XV.-21. 



162 Memorias de la Sociedad Científica 

En México los exámenes practicados por el Dr. Ramos,'** 
por el Di', Montano y por el autor, han demostrado asimismo 
el rápido aumento de la miopía conforme van creciendo las exi- 
gencias escolares, pues de 4 por ciento en las escuelas prima 
rias la cifra sube á 19 por ciento en las escuelas superiores. 

Los esfuerzos heclios en Filadelfia para establecer la ins- 
pección sistemática de los ojos de los niños á su entrada á la 
escuela y después periódicamente cada año, han sido corona- 
dos del mejor éxito y sus felices resultados ban sido tales que 
en casi todas las ciudades principales de los Estados Unidos 
se está adoptando rápidamente. La inspección no sólo es útil 
desde el punto de vista de la corrección óptica, sino que pro- 
cura los medios de excluir de la comunidad á los niños afec- 
tados de enfermedades oculares contagiosas, tales como las 
conjuntivitis agudas, el tracoma, etc. En Nueva York en un 
total de 63,812 niños examinados, 4,183, ó sea más del 6 por 
ciento, estaban afectados de enfermedades contagiosas, de las 
cuales á las de la cabeza ( enfermedades parasitarias ) corres- 
pondían 2,627 ó sea el 64 por ciento del número total de los ni- 
ños atacados, viniendo en seguida las enfermedades trasmisi- 
bles de los ojos con 702 enfermos.'^' 

Los mejores métodos usados en los Estados Unidos para 
practicar los exámenes de la vista han sido aconsejados por el 
Dr. Risley quien, convencido de la dificultad de que fuesen 
llevados á cabo por los oculistas únicamente y con objeto de 
que resultasen menos costosos, recomienda se adiestre en ellos 
á los maestros y ayudantes de las escuelas enseñándoles á de- 
terminar la agudeza visual á lo lejos y el punto mas próximo 
de visión cercana, para lo cual bastarán algunas explicaciones 
preliminares acerca de la anatomía y fisiología del ojo y la en- 
señanza práctica de la manera de conducir los exámenes. Co- 
mo estos se hacen solamente cada año al ingreso de los niños, 

(1) Los Ticios de refracción en México comparados con los de Europa. 1890. 

(2) Dora Keen. Medical Inspcctiou ofthe Schools; pag. 163. 



"Antonio Álzate." 163 



y es entonces que los maestros tienen mayor tiempo disponi- 
ble, podrán dedicarles con facilidad las pocas horas que son 
necesarias sin estorbo de sus otras labores. 

Los útiles necesarios son: 1? una escala de optotipos, (que 
consiste en una serie de letras de imprenta cuyo tamaño ha 
sido calculado para ser vistas á determinada distancia por un 
ojo normal.) 2° Una escala para ver de cerca, letra pequeña, 
(caracteres llamados ííiawíflwfe^ y una cinta métrica. Los op- 
totipos se colocan en un sitio bien alumbrado y el alumno, sen- 
tado á la distancia de 5 metros, deberá leer con claridad las 
letras que corresponden á la visión normal. Se le presentará 
en seguida la segunda escala y se determinará la distancia más 
pequeña á la cual pueden ser leídos los caracteres diamante. 
Estas dos pruebas se harán para cada ojo separadamente y 
si la agudeza visual para ver de lejos ó la distancia á que se 
hace la lectura de cerca no son las normales, el niño no está 
apto para emprender sus labores escolales. Esta inspección 
eUmina desde luego á todos los alumnos que tienen vicios de 
refracción considerables, opacidades de la cornea, ó afeccio- 
nes patológicas serias de las membranas del ojo. Si la vista 
no es normal, los niños son separados de sus clases y los ma- 
estros dirigen á los padres una tarjeta en la que se les hace 
saber que su hijo tiene un defecto visual que deberá ser re- 
mediado antes de que comience sus estudios. En los Estados 
Unidos este aviso es siempre atendido, porque los padres se 
preocupan mucho, por regla general, de la salud y el povenir 
de sus hijos, y estos son llevados á consultar á un oculista 
cualquiera, á elección do los padres, quien prescribe los an- 
teojos convenientes y aconseja las reglas higiénicas necesa- 
rias y la clase de trabajo á que los ojos del niño pueden ser 
sujetados sin perjuicio. 

Ea México esta medida no sería quizá eficaz, pues los ho- 
norarios de los especialistas son muy elevados respecto al po- 
der de aquisición de los obreros cuyos hijos se educan en las 
escuelas primarias. 



164 Memorias de la Sociedad Científica 

Aunque el papel de los médicos oculistas de las Escuelas 
en los Estados Unidos se reduce á vigilar los exámenes he- 
chos por los maestros y á inspeccionar cuidadosamente si al- 
gún niño está atacado de enfermedades oculares contagiosas; 
en México, los oculistas de las escuelas, si llegan á nombrar- 
se, como es de desear, tendrán que hacer extensiva su tarea 
á la corrección óptica de los notoriamente indigentes. 

Es necesario extirpar la añeja preocupación que existe en- 
tre las clases populares, de considerar perjudicial el uso de los 
anteojos. Estos por el contrario constituyen una protección 
eficaz contra las enfermedades oculares, y si todos los vicios de 
refracoión fuesen cuidadosamente corregidos desde elprinciijio de los 
estudios, segurameute no se hablaría tanto de la nociva influencia de 
la escuela sobre la salud de los ojos." 

Es necesario insistir también en la necesidad de que en 
todas las escuelas se cumplan los preceptos higiénicos acerca 
de la colocación de las clases, cantidad y dirección de la luz, 
mobiliario, libros de texto, etc., pues aunque las medidas de 
este orden no contrarresten por completo el aumeiito de la 
miopía en los niños cuya vista es defectuosa, cuando las con- 
diciones higiénicas sean malas á pesar de una corrección óp- 
tica conveniente se producirán esfuerzos visuales que harán 
seguramente aumentar las cifras de la miopía. 

Asimismo, la duración excesiva de los períodos dedicados 
al estudio y la insuficiencia de los ejercicios físicos, son fac- 
tores de muchísima importancia en este aumento. Lo es tam- 
bién la edad á la que los niños comiencen á dedicarse á las ta- 
reas escolares, pues se ha observado que el mayor número de 
miopes se observa en aquellos que entran á la escuela á muy 
tierna edad. 

Debe también recomendarse á los padres no permitan que 
sus hijos preparen las clases en sus casas, en donde las con- 
diciones higiénicas de luz, mobiliario, etc., tienen que ser ma- 
las, lo que tiende á anular los beneficios obtenidos por una 



"Antonio Álzate." 165 



buena instalación en la escuela. Sería de desear que el núme- 
ro de materias de estudio quedara limitado en tal forma que 
bastaran las horas que el niño pasa en la escuela para poder 
prepararlas bien, sin que tuviera necesidad de tomar para ello 
las que en su casa debe consagrar al descanso, como sucede 
con frecuencia, especialmente en el período de exámenes. 

En el número total de los niños inscritos á los estableci- 
mientos de instrucción, existe una buena proporción que po- 
see defectos visuales tales como manchas de la cornea ó le- 
siones del cristalino ó de las membranas profundas que difi- 
cultan seriamente ó impiden en gran parte un trabajo ocular 
asiduo, semejante al de los niños sanos; á esta clase de invá- 
lidos visuales pudiei'an agregarse aquellos niños cuya salud 
delicada les impide seguir oon facilidad los cursos estableci- 
dos y regulados para niños sanos de su misma edad. Si tienen 
buena voluntad y desean no quedar reíagados de sus compa- 
ñeros harán esfuerzos de todas clases por estudiar sus leccio- 
nes y darse cuenta de las explicaciones del maestro en el pi- 
zarrón, con detrimento de su vista ó de su salud general; la 
mayor parte, sin embai'go, cansados por estos esfuerzos, aca- 
ban por perder el amor al estudio y pasan á la categería de 
desaplicados, sin que los maestros sepan muchas veces cuán- 
ta razón tienen para serlo así. 

A esta clase de niños convendría una mayor tolerancia en 
el número de materias que deben estudiar y en el tiempo fija- 
do para completarlas, y al módico tocaría indicar cuáles son 
las que pueden y deben seguir y en qué condiciones de luz, 
aproximación al maestro, etc., deberían estar. Esto alargaría 
ciertamente en uno ó dos años más el período de sus estudios, 
pero en cambio haría estos más fáciles y proporcionaría los 
beneficios de la instruccción á un buen número de niños que 
casi siempre tienen que abandonar la escuela al poco tiempo 
de su ingreso por no poder seguir regularmente los cursos es- 
tablecidos. 



MemoriaA de la Sociedad Científica 



Por todas estas razones es de desear que, de acuerdo con 
el progreso de los tiempos, se reconozca la conveniencia y ne- 
cesidad del examen sistemático de todos los niños á su ingre- 
so á la escuela y cada año al principiar los cursos, con objeto 
de corregir todos los vicios de refracción y no hacer de la cla- 
se y del libro en vez de un medio de cultura esencialmente ci- 
vilizador, que levanta el nivel de los pueblos, un instrumento 
de degeneración física, cuyos estragos no se limitarán al indi- 
viduo sólo, sino que se extenderán también á mucbos de sus 
descendientes. 

México, 1901. 



SUE LA 

CHAINE DE MONTAGNES DE L'AJUSCO 

ET LE CAPTAGE DE SES EAUX SOUTERRAINES 



M. MARROQÜIN Y RIVERA, M. S. A., PEDRO C. SAÜCHEZ, M. S. A., 

Ingénieur Civil Ingínieur des Mineo. 



La Vallée de México est un bassin hydrographique f ermé 
c'est á diré, que les eaux de pluies n'ont aucune issue nature- 
lle. Elles se ramassent dans un grand lac, appeló de Texcoco, 
situé dans la partie inférieure de la Vallée. Ce lac est assez 
grand pour contenir dans une année ordinaire un volume de 
cent vingt millions de metres cubes d'eau. Le lac est forme 
par les eaux de pluie qui descendent des montagnes qui bor- 
dent la vallée et ees eaux au coutact du terrain deviennent 
saumátres et ne peuvent pas étre employées pour les besoins 
de la Ville de México. D'ailleurs leur niveau trop bas ne per- 
met pas en retirer aucun profit pour l'agriculture. 

Dans la partie meridionale de la Vallée de México, il y a 



168 Memorias de la Sociedad Científica 

deux lacs appelés de Chalco et de Xochimilco, dont les eaux 
produites par des sources tres importantes, magnifiques sous 
tous les rapports, constitueraient un approvisionnement tres 
utile, si leur niveau tres bas n'ofErait pas des inconvenients se- 
rieux sous le point de vue de la forte . dépense qu'on serait 
obligó de faire pour leur élévation mécanique. Le bassin hy- 
drographique de ees deux laes est bordé au Sud et á l'Est par 
le massifs montagneux de l'Ajusco et de la "Sierra Nevada." 
II est limité au Nord par les montagnes de Santa Catarina et 
seulement au Nord -Est il y a une grande depression qui le 
met en comunication avec laVallée de México, dontil peut étre 
consideré comme une partie. , 

Les eaux de sources qui entretiennent les lacs, proviennent 
de massifs montagneux de l'Ajusco et de la "Sierra Nevada," 
des f ormations volcaniques, qui laissent infiltrer les eaux des 
pluies profondement. 

Les études faites, dont le présent mémoire est un bref 
compte-rendue, se rapportent au captage des eaux souterrai- 
nes á une hauteur importante qui permette de les empioyer 
sans avoir recours á des machines élevatoires. 



Description physico-géologique de la chaine de montagnes de l'Ajusco. 

Le massif de l'Ajusco, dont l'origine volcanique, explique 
la permeabilité, est constitué par des roches brisées ou de dé- 
bris, quelques fois tres légers, qui se laissent infiltrer profon- 
dement par les eaux de pluie. 

Les roches qui constituent les éminences du massif se rap- 
portent á deux groupes difEérents: les andésites, et les basal- 
tes. Les andésites, les plus anciennes, se trouvent dans quel- 
ques sommets prominents, qui se distingueilt facilement des 
éminences basaltiques, en raison de ses accidents et de ses 
formes. On peut classifier ees roches comme des andésites 



'Antonio Álzate." 169 



d'hornblende á structure trachitoide. Leur magma amorphe 
et microlithique est formé de microlithes d' oligoclasse, plus 
OH moins fines, et ahondantes, enveloppóes par une gangue 
blanchátre. La couleur de ees roches est rougeátre ou grise 
prédominant la premiére couleur dans les endroits oü l'oxida- 
tion a été plus énergique. 

Les secondes roches appartiennent au groupe des basal- 
tes et varient depuis l'état vitreux jusqu'ál'état tres dóvitrifié. 
En quelques places, ees basaltes sont tres riches en olivine et 
contiennent en outre des cristaux d' hypersthéne et d'augite. 
L'ótendue des deux formations, comme on peut le coustater 
sur la carte, est tres différente car, tandis que la premiére 
apparait dans la región oecidentale et aboutit au méridien qui 
passe par la "Sierra de Xochitepec," la deuxiéme se continué 
jusqu'á la " Sierra Nevada." La formation basaltique est, á 
n'en pas douter, caractéristique par son étendue et par sa 
structure. Dans la región comprise éntreles volcans du "Zoom- 
poli" et le "Teuhtli," les laves se presentent en coulées super- 
possóes d'une épaisseur moyenne de cinquante métres et res- 
semblent á d'immenses gradins. A l'Orient du Teuhtli, jus- 
qu'íl la "Sierra Nevada," la faible epaisseur des grandes cou- 
lées de lave empéche de les separor a l'oeil, et de la, l'aspect 
de grande unif ormité qui se produit et qui est encoré augmentó 
par l'absence de ravins. Enfin, dans la región comprise entre 
le "Zoompoli" et le volcan du "Xitli" et vers l'Occident de ce 
dernier jusqu'á la "Sierra de las Cruces," les laves basaltiques 
glissent sur les andésites, les recouvrant en quelques points, 
les entourant en d'autres, ainsi qu'il arrive dans tous les pies, 
et rendant par ]h, tres marqué, le contraste entre les deux for- 
mations. 

La formation basaltique se presente done, sous la forme 
de cónes volcaniques et de coulées de lave. Ces dernieres, 
n'ayant pas une unión intime, et montrant, au contraire, une 
superposition trésnett€,il s'agit, sans doute, d'éruptions d'ages 

MemorUi.— [1800-1901).— T. XV.— 22. 



XTO Memorias de la Sociedad Científica 

diflEérentes. Si Pon parcourt la chaine d'^est á oiiest, on remar- 
que que les éruptions des volcaus plus proclies de la " Sierra 
Nevada" ont été recouvertes par celles des plus occidentaux. 
On peut diré, partant, que la sortie des laves a du commencer 
par FOrient et a dú se continuer avec de tréves plus ou moins 
longues, jusqu'á fermer tout á fait la Vallée de México. 

Les volcans aux cráteres encoré bien conserves se trou- 
vent dans la partie la plus prominente de la Sierra et vers le 
milieu de sa hauteur, rangés sur deux ligues paralléles qui vont 
de l'está l'ouest. L'apparition des plus basinterrompit brusqu©- 
ment la pente du flanc Nord de la Sierra et elle remonte a une 
période d'énergie interne plus faible que la premiére. La £rai- 
cheur de tous ees cráteres est une preuve de leur peu d'an- 
cienneté, et si on joint á cela le fait d'avoir dócouvert des sque- 
lettes humains caches par les laves du "Teuhtli" et du "Xitli" 
on a un renseignement certain en faveur de la date récente 
de ees éruptions. 

En plus des roches indiquées plus haut, on trouve dans la 
región que nous étudions, des breches, de vrais agglomerats, 
des tufs et des cendres. Les breches predominent dans la re- 
gión oriental, les cendres abondent prés de l'union de l'Ajus- 
co avec la " Sierra Nevada," sur le platean du "Tulmiaque" et 
sur le flanc Nord du " Cerro de Magdalena," mais on en trouve 
aussi dans presque toute la Sierra, en petites quantités char- 
liées par les vents. En fin, les tufs á couleur jaunátre, déjá 
separes de cendres, ou alternant avec elles, se trouvent par- 
tout, s'entassant dans les dépressions naturelles du terrain, 
sans montrer aucun índice de stratification. 

Vu la petite étendue superficielle de la chaine, le grand 
nombre de volcans et l'épaisseur considerable des coulées, on 
peut, sans doute, assurer que cette partie de la Vallée de 
México est classique au point de vue du volcanisme. On peut 
affirmer sans exagérer que la formation basaltique embras- 
se une etendue de 70 kilométres de long, sur 30 de large, avec 



"Antonio Álzate." 171 



une épaisseur moyenne de 200 métres. Les plus hauts volcans 
que l'ou trouve sur la cime de l'Ajusco et qui circonscrivent 
des plateaux eleves, sont, en allant de Pest á l'ouest: Ayoque- 
me, Matlalotl, Tlaloc, Cuantzin, Tulmiaque, Tetzuatl, Guarda, 
Cerro Pelado, Oyameyo, Malinule et Ajusco. Tous ees cónes 
sont stratiformes avec des pentes qui varient de 30*^ á 40°; 
presque tous sont jnmeaux, avec une profondeur moyenne de 
200 métres et une lergeur de 400, Leurs sections sont ellipti- 
ques etla plupart d'elles sont dócliiquetées vers l'ouest et le 
sud-ouest et quelques-unes vers le nord. 

La ligne de volcans plus bas se dirige aussi d'Est á Ouest: 
Teuhtli, Tlamacaxco, Teoca, Zompoli, Tepepatlaxpam, Topi- 
lejo, Oolihcan, Magdalena et Xitli, leurs cónes etant égaux a 
ceux décrits plus haut; mais n'étant généralement jumeaux. 

La natura volcanique de la región que nous étudions fait 
comprendre combien doit étre rudimentaire le réseau hydro- 
graphique superficiel, et elle explique, en outre, la marche des 
eaux courantes dans leur desconté á la Vallóe de México, car 
les influences structurales ont exercé ici une puissante influen- 
ce des les premiers temps. En éffet, les principaux ravins sont 
logés dans des ligues de dópressions formes par le raproche- 
ment de deux coulées de lave, et les affluents prennent nais- 
sance dans les partios entrantes qui existent dans les dente- 
lures de coulées. II existe au massif, des parties remarquables 
par l'absence absolue de ravins. En d'autres places, bien qu'il 
existent, ils ne constituent pas un systéme hydrographique 
bien determiné. Parfois, il arrive qu'un thalweg qui apparait 
dans la partie supérieure de la Sierra, s'efiEace plus bas. D'au- 
tres fois, on trouve fréquemment des fondriéres fermées qui 
ont la forme de petites vallées d' erosión, oü les piules s'infil- 
trent dans une vaste dépression en forme d'entonnoir. Les sec- 
tions transversales sont étroites et les raviant sont peu pro- 
fonds, faisantun contraste manifesté avec d'autres régions de 
la vallée, oü malgró le fait d'avoir une precipita ti o n de pluieS 



172 Memorias d« la Sociedad Científica 

annuelle ógale et méme inferí eure á celle du "Ajusco/'.de pro- 
f onds ravins, indiquent un fort écoulement superficiel, se pré- 
sentent k la vue. 

Ce manque de ravins profonds sar l'Ajusco produit, par 
places, une apparence remarquable d'uniformité. En d'autres 
endroits, les flanes de la montagne ne présentent pas cette 
apparence si uniforme, étant au contraire, accidentes et don- 
nant naissance á un relief superficiel qui de loin, leur donne 
un aspect regueux. Ce relief consiste en une alternance de 
petites fondriéres et éminences; mais, en tous cas, des lignes 
genérales de dépresions se rapportant á des thalwegs impor- 
tants, ne s'acusent pas. Ces fortes dépressions ne sont obser- 
vables que dans les endroits de constitution andésitique, que 
l'on distingue á leurs formes plus accidentóes et h leurs pen- 
tes plus fortes. On en trouve un exemple dans la "Sierra de 
Xochitepec" et dant celle du ''Tehuehue," dont les pies an- 
désitiques enveloppées par les coulées de lave sont en contras- 
te marqué. 

Hydrographle et climatologie de l'Ajusco. 

La description precedente fait compréndela natureessen- 
tiellement poreuse du tei*rain et nous rend compte de la forte 
infiltration d'eau qui a lien dans les couches profondes. Les 
études hydrographiques entreprises font connaitre d'une ma- 
niere plus precise l'importance du phénoméne. 

Les pluies tombent sur l'Ajusco depuis le mois de Mai 
jusqu'au mois d'Octobre de chaqué année, les plus fortes ayant 
lieu en Aoút et en Septembre. La hauteur de la precipitatión 
annuellee est variable, mais elle peut étre estimée en 70 cen- 
timétres environ, dans les années ordinaires et elle dépasse 80 
centimétres dans les années abondantos. Dans le mois d'hiver 
des pluies importantes tombent quellequefois, et il y a des jours 
ou l'on peut voir le sommet du " Cerro Grande d'Ajusco" cou- 



"Antonio Álzate." 173 



vert de neige, raais cela n'est pas la regle, de sorte que Fon ne 
doit compter que tres peu sur les dégels. 

L'eau pluviale s'infiltre dans le sol en grandes quantités 
et seulemeut une petite partie de la pluie ruisselle superficie- 
llement. Dans le but d'apprecier le volume debité par les ra- 
vins, on essaya d'ótablir l'année denilére un systéme de mes- 
sure dans les principaux ruisseaux qui descendent de la Sierra 
et á ce dessein on nivela quelques trajets pour déterminer les 
pentes longitudinales, en méme temps qu'on effectuait les me- 
sures des sections transversales des lits. Une fois ees éló 
ments prepares, on dispoaa un systéme de registre pour co- 
naitre les hauteurs des criies et leur duration. Ces crues sont 
tellement rapides que l'on ne put parvenir á un resultat pra- 
tique, de sorte que l'on ne pourrait connaitre d'une maniere 
precise le volume exact de l'eau qui descend annuellement par 
les ruisseaux de l'Ajusco. On peut cependant assurer que ce 
volume est petit, si on le compare a celui fourni par les peti- 
tes riviéres de Tlalmanalco et d'Ameca, qui s'alimentent dans 
la Sierra Nevada. Les ótudes faites dans ces derniéres rivié- 
res ont conduit á établir que le volume debité superficielle- 
ment ne represente que le 5 pour cent du volume produit par 
la précipitation pendant les mois de plus grande abondance. 
D'une autre part, des études analogues entreprises sur le bas- 
sin hydrograpbique de la ri viere de Churubusco ont constaté 
que l'eau écoulée dans ce bassin tres différent de celui d'Ajus- 
00 au point de vue de Pimperméabilité, peut atteindre jusqu'au 
66 pour cent du volume precipité au cours des mois les plus 
abondantes. 

II n'est pas possible de rencoutrer dans la Vallée de Mé- 
xico un bassin tout á fait impermeable qui permit d'évaluer 
par comparai.son la quantité d'eau qui s'infiltre annuellement 
dans l'Ajusco, si bien que, les resultats obtenus jusqu'ici k ce 
sujet, ne sont pas entiérement exacts. II y a un facteur qui 
complique singuliérement l'étude du phéaoméae: la partie de 



174 Memorias de la Sociedad Científica 

l'eau de pluie qui s'évapore. On se rend, facilement, compte 
des nombreuses circonstances qu'il faudrait avoir en vue dans 
un étude detaillé, car l'évaporation n'est pas ^ulement in- 
fluencée par l'état hygrométrique de l'air, par la température 
et par l'altitnde, mais encoré par une grande varieté de cir- 
constances qui dépendent de l'état physique du sol, de sa puis- 
sance d'absorption, de la végétation dont il est couvert et de 
beaucoup d'autres facteurs encoré qu'il serait prolixe d'énu- 
mérer, II semble impossible de déterminer exactement et par 
une méthode directe, les quantités d'eau évaporóes annuelle- 
ment dans une grande ótendue de terrain oü les circonstan- 
ces varient tellement d'un endroit a un autre. C'est pourquoi 
la Comission Hydrographique de la Vallée de México n'a pas 
taché d'y parvenir, et le moyen adopté a eté consideré plus 
pratique: la messure des eaux qui ruisellent superficiellement 
et sa comparaison avec celle des eaux qui proviennent d'un . 
bassin aussi impermeable que possible. En éliminant l'évapo- 
ration, pour ainsi diré, l'étude des quantités d'eaux infiltrées 
dans le sol de l'Ajusco ne serait plus aussi compliquée. Les 
résultats atteints l'année derniére par cette méthode, lésultats, 
auxquels nous ne pouvons attacher qu'une rude approxima- 
tion, mais qui sont loin d'étre exageres dans un sens favora- 
ble aux quantités d'eau infiltrées, montrent que l'on peut ad- 
metre que le volume infiltré pendant les mois les plus pluvieux 
représente plus du 60 pour cent du volume produit par la pluie. 

Le volume produi part quelques unes des sources quipren- 
nent naissance au pied de la Sierra, a monté l'année derniére 

á 63.000,000 de métres cubes d'eau. On peut estimer en 

25,000 heotares la surf ace du bassin alimentaire et de la on de- 
duit que le volume d'eau obtenu représente un peu plus de 30 
pour cent du volume precipité par an. 

II est a remarquer qu'il y a au fond du lao de Xochimiloo 
d'autres sources que l'on ne peut pas mesurer. D'ailleurs, il 
£aut teñir compte du fait que les années antérieüres íi l'année 



'Antonio Álzate." 175 



derniére furent tres pauvres en pluies et par conséquent, les 
reserves souterraines s'étaient appauvries et on du consommer 
une partie des eaux infiltrées pendant l'année, afin de se re- 
metre en coViditions normales. 

Nous ne saurions done pas, parvenir a une conclusión exac- 
te avec les renseignements dont nous disposons jusqu'ici, et 
plusieurs annóes d'observation seront encoré necessairesavant 
que nous ne soyons en possession de la verité; mais si insuf- 
fisantes qu'elles puissent étre encoré, nos observations pour- 
ront servir a avoir ne fut-ce qu'une idee de l'importance des 
provisions d'eaux souterraines sur les quelles on peut comp- 
ter dans la región de l'Ajusco. 

Description des sources qui alimentent les lacs de Chalco 
et de Xochimilco. 

II exite au pied de la Sierra d'Ajusco une vaste dépres- 
sion limitée vers le Nord par les Sierras de Sta. Catarina et du 
Pino, vers l'Est par la Sierra Nevada, vers l'Ouest par le Pe- 
dregal de S. Ángel, et qui ne communique au reste de la Va- 
Uóe de Mesico que par le Nord-Ouest. Cette dépression a la 
forme d'une vaste cuve au fond et aux parois rocheux, et son 
comblement s'est accompli au bout d'un long temps par les 
transportes charriés par les crues qui descendent des monta- 
gues limitroplies. 

La partie superficielle de ce comblement est forniée par des 
sódiments lacustres ainsi que par une matiére argileusequirap- 
pelle le loss. Son épaisseur est peu considerable et variable 
d'une place k autre. Vient en suite une couche d'alluvion avec 
des sables et graviers, strate aquif ere qui correspond á la zone 
phréatique et dont la profondeur varíe de quatre k dix métres. 
Les creuseraents de quelques puits de Coyoacan on fait con- 
naítre qu'á de profondeurs variables on trouve des conches de 
tourbe d'une ótendue et d'une épaisseur variables, intercalées 
dans de couches de tufa plus ou moins argileux, cu bien se 



176 Memorias de la Sociedad Científica 

montrant á la surf ace comme on observe dans la región Nord 
des lacs de Chalco et de Xoehimilco. Les sondages indiquent 
que le comblement principal est formóe par les marnes, les 
tufs et les argües, n'ayant pas de renseignements exacts jus- 
qu'ici, relatifs á la prof ondeur atteinte par le f ond de la cuve. 

La surface du comblement affecte une forme légérement 
[concave, descendant doucement en tous sens vers la partie cen- 
tral occupée par les lacs de Chalco et Xoehimilco, dont la sur- 
face etait il y a quelques années d'environ 15,000 hectares, et 
leur profondeur moyenne s'élevait a deux métres. Le niveau 
de ees lacs variable avec les saisons de l'annóe, ne dépasse que 
d'environ trois métres celui du lac de Texcoco, le plus grand 
et le plus central de la Vallée de México. 

A la rigueur on devrait considérer les deux lacs, Chalco et 
Xoehimilco, comme un seul, quoiqueleurs niveaux soi un peu 
différents, car ils ne sont separes que par la digue de Tláhuac, 
Ces lacs formaient á l'époque de l'empire Aztéque, une vaste 
lagune couverte de végétation aquatique avec laquello on fai- 
sait les célebres jardinsflottants appelés ^'Chinampas" L'éten- 
due de cette lagune était considerable, si Ton en juge par les 
renseignements des historiens qui assurent qu'elle s'éfcalait 
jusqu'á se joindre á la lagune de Texcoco, en entourant la 
"Sierrade Santa Catarina" etle 'Cerro de laEsti'ella" quimain- 
tenant, se dressent isolés et éloignés des rivages des deux lacs. 
La séparation entre les eaux douces des lagunes du Sud et les 
eaux salees de Texcoco avait été réalisée au moyen d'une di- 
gue construite par Netzahualcóyotl. A messure que le temps 
s'est écoulée l'étendue des lagunes a diminuó d'une maniere 
considerable. Cette réduction est due en partie au décroisse- 
ment de Taire occupée par le lac de Texcoco, survenu á cause 
de la construction de la tranchée de Nochistongo, entreprise 
pendant l'époque de la domination espagnole dans le but de 
conduire hors de la Vallée de México les crues de la riviére 
de Cuautitlán; mais on doit peut-étre la rapporter aussi a une 



'Antonio Alzat«." 177 



diminutíon progressive de la hauteur pluviométrique annuelle, 
phénoinéne qui parait étre bien constaté, bien qu'il n'y ait pas 
de reuseignements exacts pour parvenir á une conclusión cer- 
taine. 

Quoi qu'il en soit; il demeure certain que les lacs de Clial- 
co et de Xochimilco out di minué d'importance d'une fagon re- 
marquable. Auxcirconstances naturelles doivent s'ajouterd'au- 
tres qui ont contribué á ce desséchement. Dans ees deruiéres 
années une puissante compagnie s'est organisée, et elle a creu- 
sé un canal pour conduire au lac de Texcoco les eaux de la 
Lagune de Clialco, la plus grande partie de cette derniere ayant 
été deja desséchée et destinée a des exploitations agricoles. 
D'ailleurs les habitants des petits villages riverains ont pris 
part á leur réduction en construisant de nombreuses "Chinan- 
pas " se servant de fértiles matérieux retires du fond qu'ils 
déposent en bandes paralléles séparées seulement par des es- 
paces tres restreints en forme de canaux, appelés dans ce pays 
les "Acalotes" L'eau produite par les sources qui alimentaient 
les anciens lacs est, maintenant, conduite vers le lac de Tex- 
coco par le canal ci-dessus mentionné et par le Canal Natio- 
nal qui sert á établir le trafic fluvial entre les petits villages 
du Sud de la Vallée de México, et la capitale et qui conduit 
les eaux que l'on emploiera prochainement au lavage des 
égouts. 

Une autre partie de l'eau des sources se perd par l'évapo- 
ration dans le vaste réseau de "chinampas" et "acalotes" ou 
bien dans les nombreux marais qu'il y a dans la región occu- 
pée autrefois par les lacs. Cette quantité d'eau évaporée doit 
étre assez forte et de difficile évaluation; aussi nous ne sau- 
nons préciser le volume des eaux souterraines sur lesquelles 
on peut compterj mais nous pouvons diré, sans crainte d'exa- 
gération, que l'ensemble de sources de cette región do la Vallée 
de México, peut produire un débit qui n'est pas au dessous de 
5 métres cubes par seconde. 

MsmoriM.— Í1M0-19011.-T. XV.— 23. 



178 Memorias de la Sociedad Científica 

Par leurs situation on peut diviser ees sources en trois 
groupes: sources de la región occidentale, sources de la región 
céntrale et sources de la región oriéntale. 

Les premieres prennent naissance sur le flanc oriéntale des 
" Cerros de Zacatepec" et "Zacayucan" qui forment le bout du 
nord d'un contre-£ort andésitique de l'Ajusco. Les petits an- 
ticlinaux de la coulée de lave qui glissa sur ses flanes, rende nt 
plus faeile Fissue de l'eau. La coulée de lave a ici peu d'épais- 
seur, et l'eau jaillit dans le contact entre l'andésite et le ba- 
salte. Elles sont connues sous le nom de source de ''Las Fuen- 
tes" et sources de "Peña Pobre." La premiere prend naissan- 
ce d'un ravin peu profond envahi par la lave, et le point d'is- 
sue de la source correspond au plissement de la coulée. Les 
sources de "Peña Pobre" se £ont jour en plusieurs endroits 
tres procbes les uns des autres qui correspondent aux ruptu- 
res de la coulée amenées par les accidents du terrain préexis- 
tant. 

Le groupe central se trouve dans un cirque tres bien de- 
terminé, borne a l'Ouest parla " Sierra de Xochitepec" et á 
l'Est par les flanes du Teubtli. 

Les puits qui existent dans cette región et dont la situa- 
tion, de méme que celle de sources, a été signalée sur la car- 
te, indiquent qu'une grande partie des eaux qui s'infiltrent 
dans la montagne vont former une zone phréatique assez uni- 
forme dans les terrains sédimentaires qui esistent au pied de 
la Sierra. La pente genérale tres douce de cette coucbe phréa- 
tique se dirige vers la source de "Nativitas" qui est la source, 
principal de toutes celles qui existent dans le cirque. La pré- 
'sence de la conche phréatique se manifesté aussi au Nord du 
cirque, dans les étendus marais dont cette región est couverte. 

Au pied de la coulée de basalte qui entoure la Sierra de 
Xochitepec et au bord du marais sus dit se trouvent les sour- 
ces de Tepepam et la Noria, cette derniere etant assez remar- 
quable car l'eau y jaillit avec forcé et s'éleve a en virón trente 
centimétres au dessus du niveau du sol. 



'Antonio Álzate." 179 



Au centre du cirque, et prés du village de Nativitas, se 
trouvent les sources de Nativitas et Quetzalapa, principales 
alimentatrices du lac de Xochimilco. Elles se £ont jour dans 
deux cavités en forme d'entonnoirs, dont le fond de nature 
basaltique est situó a 12 métres de profoudeur au-dessous du 
niveau du lac. Les eaux de ees sources se distinguent aisé- 
ment de l'eau du lac par leur grande limpidité qui laisse aper- 
cevoir nettement le sable du fond et observer le mouvement 
ascensionnel qu'il acquiert par le jaillissement du courant. La 
forcé de ce courant est telle qu'elle raleutit considérablement 
la chute de petits corps que Pon jette dans Tetang. 

A l'endroit oü le cirque se termine du cóté de l'Est sur le 
flanc Nord du Teuhtli, se trouve la source de S. Luis entiére- 
ment égale aux précédents. 

Les sources de Sta. Cruz et S. Gerónimo, situées dans la 
región S. E. du cirque sont moins importantes; elles naissent 
au pied des plateaux basaltiques qui existent aux environs du 
village de Sta. Ci'uz. 

Enfin, les sources du troisiéme groupe qui sont situées au 
pied de la petite Sierra d'Ayotzingo et dans toute la región 
oriéntale de la chaine d'Ajusco, sont celles qui alimentent le 
lac de Chalco, du fond duquel s'originent aussi d'autres sour- 
ces identiques a celles déerites plus haut. Celles de Xico et 
Tlapacoy au sont remarquables parce qu'elles prennent naissain- 
ce sur le flanc de petites éminences isolóes .au centre du lac 
de Chalco et par leurs eaux qui different sous quelques rap- 
ports, de celles des autres sources. 

Mais, les études réalisós jusqu'ici par la Oomission Hy- 
drographique, ayant principalement rapport á la región de 
Tlalpam et Xochimilco, nous ne nous eugagerous pas dans 
une description minutieuse de ees derniéres sources, nous con- 
tentant d'établir que l'óminence de Tlapacoyan est de nature 
andósitique. 

Le tablean suivant donnera une ideo des mesures des eaux 



180 Memorias de la Sociedad Científica 

des sources et de leurshauteurs rapportóes á la ville de México. 
Les eaux des sources décrites ont un degré hydrotimétri- 
que compris entre 3? et 8? (Boutwn). Leur température mo- 
yenne est de 13 centigrades et le máximum ne dépasse jamáis 
18^. On n'a pas fait l'analyse de toutes les eaux, mais les es- 
sais hydrotimétriques suivants ont étó publiés par le Dr. Pe- 
ñafiel dans son ''Mémoire sur les eaux potables de la capitale 
du Mexique." (1884.) 

EAU DE CHALCO. 

QuantitéB par litre. 

Acide carbonique 0.^*045 

Carbonate de chaux 0.«"'0309 

Autres seis de chaux 0. 0350 

Seis de magnésie 0. 0625 

SOURCE DE LA NORIA. 

Acide carbonique O."'' 010 

Carbonate de chaux 0.^*-0309 

Sulfate de chaux 0. 0070 

Seis de magnésie 0. 01875 

Les eaux, circulant parmi les basaltes, et vu la composi- 
tion de ees derniéres, on s'explique aisement l'origine des subs- 
tances dissoutes. 

La faible teneur en acide carbonique et le rapport de so- 
lubilité des seis de chaux et de magnésie rendent compte de 
la prédominance de ees derniers. 

Les sources mentionées plus haut prennent naissance, 
comme nous l'avons dit, au pied de la Sierra; mais il en est 
d'autres, d'une importance tres seoondaire, dans la partie hau- 
te, dont les eaux ne parviennent pas á la partie basse de la 
Vallée, car elles sont consommés dans les villages situées sur 
les montagnes. II existe, dans un ravin formé par Pintersec- 



"Antonio Álzate." 181 



tion des versauts de Mezontepec efc de PAjusco, une source 
nommée d'Ajusco qui jaillit d'entre les fissures de l'andésite, 
á une hauteur d'environ 700 métres au-dessus de la Vallóe, et 
avec un débit peu supérieur á 10 litres par seconde. Dans des 
thalwegs creusés dans les sables des plateaux du Tulmiaque 
et du Xuchi, il éxite d'autres petites sources, dont le débit, 
inférieurá 15 litres par seconde, diminue considérablement en 
temps de séchéresse, á un degré tel que, dans les années peu 
pluvieux, elles tarissent complétement. 

Considérations relatives á la circulatíon des eaux de l'Ajusco. 

Les faits que l'on vient d'exposer contribuent á mettre en 
évidence la grande profoudeur a laquelle s'infiltrent les eaux 
des pluie dans l'Ajusco, circonstance qui est due á la grande 
puissance des coulées de lave et de sables qui sont venues 
couvrir les formations préexistantes. II n'est done pas étran- 
ge que, abstraction faite des petites sources decrites tout á 
Pheure, il n'y ait pas d'écoulements d'eau, méme légers, dans 
la partie haute de la Sierra, au point que les habit^nts de beau- 
coup de petits villages se voient, parfois, contrainte de par- 
courir de longues distances en qúete de l'eau indispensable 
pour leurs besoins domestiques. 

Dans leur deséente, les eaux infiltrées doivent couler jus- 
qu'á se mettre en contact avec quelque conche impermeable, 
dont il est difficile de préciser la nature avec exactitude. Les 
róconnaissances géologiques n'ont pas dócouvert dans PAjus- 
co Pexistence de roches plus impermeables que les andésites. 
Cette impermóabilitó a été constatóe ailleurs dans la Vallóe, 
par Pinfiltration tres faible ou méme nuUe, des eaux de pluie. 

Le fait que les sources de "Las Fuentes" et "Peña Pobre" 
naissent au contac de Pandésite avec le basalte, pourrait étre 
allegué commo une nouvelle preuve que la premiére de ees 
roches doit étre regardéo comme la couche impermeable qui 
retient les eaux souterraines dans leur infiltration k trarers 
les laves et les scories basaltiques. 



182 Memorias de la Sociedad Científica 

Sur le bassin de la rivíére de la Magdalena qui est formé 
dans la jonction entre la cliaine de "Las Cruces" et le massif 
de l'Ajusco, les formations andésitiqaes sont assez importan- 
tes. II j existe des nombreuses sources qui apportent, dans 
leur ensemble, un débit de plus d'un demi-métre cube par se- 
conde. Nombreuses et importantes sont aussi les sources exis- 
tántes dans la "Sierra délas Cruces" d'origine andésitique. 
Quelques-unes d'entre elles sont sitúóes á plus de 800 métres 
au-dessus de la Ville de Me?;ico et prennent naissance parmi 
des tufs ou des matóriaux produits par la désagrégation des 
andésites. Ces matériaux de désagrégation constituent la cou- 
che poreuse sur laquelle se forme, comme dans les matériaux 
permeables en petit, une conche pbréatique, qui se fait voir 
dans toutes les dépressions du terrain sous la forme de ma- 
rais et de sources. Les thalwegs sont le siége d'oú jaillissent 
ces derniéres, et il n'y a presque aucune dépression importan- 
te saus qu'une quantité plus ou moins grande d'eau s'y fasse 
jour. 

Tous cea faits sont, done, assez concluants en ce qui se 
rapporte au role joue par les andésites compactes dans la cir- 
culation des eaux souterraines, et ils pourraient probablement 
expliquer pourquoi on n' observe point de sources d'importan- 
ce sur la partie haute de la Sierra, oü il faut conclure que, 
d'aprés les raisons exposées ci-dessus les andésites gisent tres 
prof ondement, sous les épaisses conches de laves basaltiques, 

D'ailleurs, il est possible que le noyau andésitique de la 
chaíne ait éprouvé, sur les points les plus voisins des foyers 
de commotions volcaniques, de fortes secousses qui l'auraient 
fissuré prof ondement, et il n'y aurait rien d'étrange á ce que 
les conches supérieures de ce noyau f ussent fortement fissn- 
rées, et que l'on eút á chercher plus profondément encoré les 
vraies conches impermeables qui arrétent les eaux d'infiltra- 
tion dans leur mouvement descensionnel. 

On pourrait admettre aussi qu'il existe au sous-sol, quel- 



'Antonio Alzat«. " 183 



ques conches de débris volcaniques qui seraient devenues im- 
permeables, grace a la pression des conches snpérienrs. II se- 
rait anssi logique d'accepter l'existence de quelques conches 
de tufs qui se seraient intercalóes entre les conloes snccesives 
de lave, et ce cas aurait en lien si le laps de temps écoulé en- 
tre denx érnptions avait étó suffisament long ponr permettre 
les agents atmosphériqnes et la vógétation d'avoir exercó lenr 
inflnence. 

En exposant cette idee, nous ne nons ecartons pas de ce 
qne Pon a observó snr d'autres terrains volcaniqnes. Nons pon- 
vons citer á ce sujet, les exemples presentes par Danbrée dans 
son onvrage snr " Les eanx sonterraines, " exemples qui ont 
rapport au Haut Volgesberg dans la Veteravie oü Pon a si- 
gnalé l'existence d'un sous-sol argileux, résnltant de la décom- 
position do roches basal tiques. En Anvergne, prés du Puy de 
Dome, l'eau qui conle sous les plateaux de basalto est arrétée 
par les argües sous- jacentes et forme des sonrces. Au Can- 
tal le basalte fissuré verticalement laisse descendre les eanx 
qui tombent sur ce platean jusqu'aux lapillis basaltiques dé- 
composés et transformes en un espéce d'argile impermeable. 
Un autre exemple analogue se presente sur le terrain volcani- 
que du platean du Velay et sur les grandes nappes de basalte 
et de dolérite miocénes du Comté d'Antrim en Irlande. Dans 
ce dernier pays il y a, en outre, plusieurs exemples de couches 
de tuf inter-stratifiées dans les roches éruptives. 

A vrai diré, nous ne croyons pas qu'il y ait dans quelqu'nn 
de pays sígnales, un exemple d'éruptions volcaniques qui aient 
donné lien h une formation de laves aussi puissante que celle 
de l'Ajusco. Dans ce massif, nous devons admettre que les 
dépressions de la formation preexistante f urent profondement 
remblayóes par les laves et 1' andésite ne so montre aujonr- 
d'hui que dans les partios les plus prominentes et en des en- 
droits si peu nombreux que leur examen ne suffirait á repro- 
duire la configuration du massif antérieur á l'apparition des 



184 Memorias de la Sociedad Científica 

basaltes. Cette tache seralt aussi ou plus difíicile que la re- 
cherche des courants souterrains. 

D'autre part l'expérience fournie jusqu'ici par le sondage 
que l'on pratique actuellement dans la Vallée d'Ajusco, bien 
que l'on n'ait pas encoi'e dépassé la pi'ofondeur de 42 métres, 
parait attester que les diverses coulées de lave sont séparées 
par des conches de sables peu cohérents. Aucune conche de- 
tu£ ou d'argile n'a été dócouverte; pent étre ees conches exis- 
tiront-elles plus profondément. En tont cas, il demenre cer- 
tain que la recherche des eanx sonterraines se présente ici 
dans des conditions exessivement difficiles. Le seul rensei- 
gnement qui soit bien constaté c' est qu' il doit exister d'énor- 
mes reserves d'eau sonterraine, et que ees provisions sont ren- 
ferméeS tres profondément sous le sol. 

II n'y a aucun Índice des mouvements ni du régime de ees 
eaux sonterraines, rien qui revele a Fextérieur quelles sont les 
ligues par oü passent les courants qui viennent alimenter les 
sources situées au pied de la Sierra. Les difficultés que l'on 
éprouve á faire des sondages sont enormes, á cause de la na- 
ture de sous-sol de basalte fissuré et de l'existence de couches 
de sable intercáleos dans les coulées de lave. Dans le sonda- 
ge que l'on est en train de faire a Ajusco on n'a pu creuser que 
42 métres aprés quatre mois de travail, et cela a la suite d'in- 
nombrables fatigues et contre-temps. 

Les difficultés. sont tellement grandes qu'elles nous dé- 
couragevaient de continuer les explorations, n'était la convic- 
tion profonde que nous avons de ce quel'eauy existe engran- 
de quantité et que s'il est possible d'en obtenir une provisión 
á une hauteur considerable au-dessus de la Yille de México, 
nous aurons réalisé une oeuvre de véritable utilité publique. 

II y a une circoustanoe digne d'étre mentionnée: les sour- 
ces inférieures ont un débit assez uniforme pendant toute l'an- 
née. Nous pouvons déduire des jaugeages operes par la Comis- 
mission Hydrographie pendant plusieurs mois de l'année der- 



"Antonio Álzate." 185 



niére et de cette année, que les sources les plus basses se 
maintiennent presque invariables a travers toutes les saisons. 
La source de "Las Fuentes," plus élevée que le précédents 
d'eu virón 25 métres, a subi seulement une variation de 8 pour 
cent au cours de 1' année présente. La variation subie par les 
source de "Peña Pobre" est plus considerable; mais il faut 
remarquer que leur hauteur est plus grande encoré que celle 
de "Las Fuentes" Attendu que les pluies ne tombent que du- 
rant trois au quatre mois de l'année et que les mois restants 
ne produisent aucune précipitation on peut conclure a l'exis- 
tance de vastes reserves souterraines qui remplissent le role 
de régulateurs. 

Le mouvement des eaux souterraines qui s'infiltrent a tra- 
vers les grosses et nombreuses conches de lave et de sables 
doit s'accomplir avec une extreme lenteur. Preuve de cela, le 
teraps qui s'écoule avant que Paugmentation du débit des sour- 
ces, amenée par les pluies, ne se f asse sentir. Ce temps est de 
prés de deux mois. 

De plus, les variations subies par les sources, dans les an- 
nées «eches, ne correspondent pas, beaucoup s'en faut, aux dif- 
férences de précipitation pluviométrique. On ne pourrait ex- 
pliquer tous ees faits d'une maniere satisfaisants sans admet- 
tre l'existence de vastes reserves souterraines. Ces reserves 
sont constituées par les nappes d'eau qui imprégnent les ro- 
ches poreuses et qui remplissent les nombreuses fentes qui 
existent dans les coulées de lave. II doit done, exister une sor- 
te de couche phréatique, mais contrairement á ce que Pon 
observe dans les terrains de transport, cette couche phréatique 
n'y affecte pas les mémes caracteres: elle ne suit pas les va- 
Uées existentes et ne se montre pas sur les dépressions du 
terrain. 

Les mouvements de Peau ne s'effectuent pas k travers toTi- 
t« la couche d'imprégnation, mais bien ils sont influencés par 
le réseau de fissures qu'il y a dans les roches. L'eau s'échappe 

Memorias (1900-1001)— T. XV.— 24. 



186 Memorias de la Sociedad Científica 

á l'extérieur par des couduits formes gráce aux phénoménos de 
refroidissements des laves, ou commotions preven ant des érup- 
tions. La situation de ees couduits n'estpas influencés parla 
topograpliie superficielle et Peau cherche á sortir par les en- 
droits oú l'on si attend le moins. La couehe d'imprégnation 
peut ne pas étre genérale mais bien se concentrar de préféren- 
ce dans les places déterminées qui correspondent aux dépre- 
sions de la configuration préexistante, sortes de zones de ré- 
ception des eaux souterraines d'oíi elles s'échapperont ensuite 
graduellement le long de chemins plus ou moins tortueux, pour 
venir enfin jaillir dans les sources. 

Les eludes de captage des eaux souterraines sur des ter- 
rains volcaniques comme ceux qui noux avons déciñts dans 
ce mémoire doivent á notre sens, étre dirigées par une voie 
tres differente de celle que Pon adopte généralement dans des 
terrains de transport. Ces étude doivent viser a découvrir les 
emplacements et l'importance de ces bassins souterrains d'en- 
magasinement, et les travaux de captage se borneront a la per- 
foration de tunnels á section et a pente convenables, logés 
dans les couches poreuses, assez profondément, de faQort á 
operer comme de véritables drains, qui permettront l'infiltra- 
tion de Peau d'imprégnation de ces couches permeables a tra- 
vers leurs parois. La longueur de ces galeries doit étre pro- 
portionnée au débit par seconde que Pon puisse obtenir, et il 
faut que leur position soit inf érieur au niveau le plus bas des 
eaux d'infiltration. 

Animes de ces idees, nos recherches se sont adressées par 
préférence a la vallée de hauteur oú se trouve le village d'Ajus- 
co, laquelle paráit correspondre a une vaste dépression andé- 
sitique du massif qui existait avant la sortie des laves basal- 
tiques, Cette idee se base sur Pexistance de Pandésite aux 
sommets des Cei'ros d'A jusco, Magdalena, Mezontepec, Tehue- 
hue et Conejo, qui limitent cette vallée au nord et au sud-ouest. 
Les volcans de Malinale, Oyameyo, Cerro Pelado, Olihcan et 



'Antonio Álzate." 187 



Xitle qui, de méme que les precedentes, entourent la vallée, 
sont de natura basaltique; mais eu égard a leur position sur la 
ligne des autres volcans de constitutiou andésitique, il est plus 
que probable que leurs noyaux soient formes par cotte roche. 

La región la plus basse de la vallée d'Ajusco se trouve a 
600 métres au-dcssus du niveau de la ville de México et la 
surface du bassin hydrographique qui l'alimente est de 48 kilo- 
métres carrés. Le drainage superficiél est fait par le ravin de 
San Buenaventura. Mais malgré la précipitation de la vallée 
d'Ajusco qui atteint prés de un métre pendant les années tres 
pluvieuses, les crues en arrivant a la partie basse de la Vallée 
de México sont d'une importauee mediocre. 

Ci-joint on trouvera deux petites planches representant 
deux coupes géologiques de la vallée d'Ajusco (Planches II 
et IIJ) et elles aideront a comprende nos idees relatives au 
pro jet de captage des eaux souterraines. Ces idees ont pour 
but de pratiquer un tunnel qui partant de la partie céntrale 
de la depresión, traverserait la ligne de petits volcans qui li- 
mitent au Nord la vallée d'Ajusco et laisserait couler les eaux 
d'infiltration á une hauteur d'environ 400 métres au-dessus de 
México. 

Afin de nous assurer de la posibilité de mener á bien ce 
projet, nous sommes en train de faire un sondage a l'endroit 
signalé dans les coupes sus-dites et dans la carte topographi- 
que et géologique qui les acompagne. (Planche IV). 

Ce sondage a pour but de déterminer les niveaux de l'eau 
d'infiltration qui impregne les matériaux poreux qui ont com- 
blé la cuvette andésitique, aussi bien que les variations de ces 
niveaux qui ont lieu dans les difEérentes saisons de l'aunée. 

La profondeur atteinte jusqu'ici est entiérement insuffi- 
sante car elle ne vas pas au-delá 42 métres et nous jugeons 
indispensable de perforer plus de 200 métres pour pouvoir par- 
venir á ua rósultat déllnitif. Malgré la petite profondeur at- 
teinte, on commence déjá á observer quelques filtrations dans 
le puits, qui nous fout présager un résultat favorable. 
México, 18Q7. 



DATOS PARA CONTRIBUIR 
AL ESTUDIO CLIMATOLÓGICO DEL VALLE DE MÉXICO. 



La varialiilidad interdiürna media de la temperatura en Tacubaya 

POR M. MORENO Y ANDA, M. S. A., 

Encargado del Departamento Meteorológico del Observatorio Nacional 
de Tacnbaya. 

La curva de la variación anual de la temperatura, según 
los promedios correspondientes á cada uno de los 12 meses, 
sigue una marcha uniforme y ascendente que en nuestros cli- 
mas alcanza su punto culminante en Abril ó Mayo y descien- 
de luego con la misma uniformidad hasta Diciembre. 

La misma curva construida con los promedios diurnos de 
los 365 días del año, se nos presenta bajo una forma irregu- 
lar, con altas y bajas tanto más pronunciadas cuanto más va- 
riables é intensos son los efectos que otros agentes atmosfé- 
ricos imprimen á la temperatura. A un ascenso comprendido 
entre O y 1° se suceden descensos que pueden llegar hasta 8° 
se alza de nuevo la curva y con vacilaciones de mayor ó me- 
nor amplitud se mantiene en tal estado por 2, 3, ó 4 días pa- 
ra ascender 6 descender de súbito y de esta manera como va- 
cilante llega á su más alto valor en alguno de los meses antes 
dichos. En el resto del año y tendiendo siempre á bajar, ob- 
servamos el mismo fenómeno. 



190 Memorias de la Sociedad Científica 



A estos cambios que día á día presentan los promedios 
diurnos de la temperatura en el curso del año, un distinguido 
meteorologista de la América del Sui', el Dr. Osear Doering, 
ha dada el nombre de variabilidad interdiurna media, en susti- 
tución del término variabilidad media con que generalmente se 
ha conocido hasta hoy. 

No necesitamos encarecer la importancia que en climato- 
logía tiene tal género de estudios, toda vez que el conocimien- 
to de dichos cambios, basado en series dilatadas de observa- 
ciones, contribuirá para formarse mejor idea de las condicio- 
nes favorables ó desfavorables que se relacionan con la salud 
de un lugar. 

Los observatorios meteorológicos mexicanos cuentan ya 
con abundante material que nos proponemos utilizar en inves- 
tigaciones sobre el objeto que hoy nos ocupa. Esperamos que 
la comparación de los resultados áque lleguemos, como obte- 
nidos en localidades que gozan de clima distinto al del Valle 
de México, será de alguna utilidad. 



Para el estudio que hemos emprendido sobre la variabili- 
dad interdiurna media de la temperatura, nos ha servido el 
material acopiado en el Observatorio Astronómico Nacional 
de Tacubaya durante 15 años, desde el 1? de Diciembre de 
1883 hasta el 30 de Noviembre de 1898. 

Las observaciones en dichos tres lustros han sido hechas 
uniformemente á las 7 a. m., á las 2 y 9 p. m. Los promedios 
diurnos se han calculado por la combinación 

7 + 2+9 
3 

En dicho período de tiempo los termómetros no se han ob- 
servado siempre en el mismo lugar. Hasta Diciembre de 1887 



'Antonio Álzate." iSl' 



permanecieron en un abrigo de persianas que cubría la ven- 
tana abierta en el muro N. de una pieza octagonal de grandes 
dimensiones que coronaba el edifioio, á 14 metros sobre el piso 
del patio principal. Desde Enero de 1888 hasta la fecha se han 
observa io á 1™80 sobre el suelo en un pabellón de persianas 
colocado en el jardín. 

No obstante lo disímbolo de la exposición de los tei'mó- 
metros en la 1" y la 2" época; que la I'* era manifieUamente 
defectuosa, como lo acu-^a el valor más alto de la temperatura 
media anual de los primeros 5 años, comparada con la que se 
deduce de los 10 posteriores, hemos creído conveniente utili- 
zar todos los resultados, tanto por tratarse de la variación su- 
cesiva de los promedios diurnos, como por ver si descubría- 
mos algunas diferencias entre una y otra serie, que nos hicie- 
ran desechar la primera. No ha sucedido así, y podemos, por 
lo mismo, basar nuestras conclusiones en una serie completa 
de 15 años, exceptuándose los meses de Febrero y Marzo de 
1886 y Junio de 1888, que debido á faltas involuntarias que- 
daron incompletos y aparecen solo con 14 años. 

Las 12 tablas que siguen correspondientes á los 12 meses 
del año meteorológico, contienen: en la columna titulada as- 
censos, el número de día;*, cualquiera que sea su distribución 
en el mes, en que l;i diferencia de los promedios diurnos fué 
positiva, es decii*, en lo.s que la temperatura ascendió, y el va- 
lor total de dichos ascensos. 

En la titulada descensos, el númei'o de días, cualquiera 
que sea su distribución en el mes, en que la diferencia fué ne- 
gativa, es decir, en los que la temperatura descendió, y el va- 
lor total de dichos descensos. 

En la columna titulada ascensos y descensos, el número 
total de días de ascensos y descensos, y el valor total- de las 
diferencias. 

La columna titulada variabilidad, contiene el cociente que 
resulta do dividir el valor de las diferencias provenientes de 
los ascensos y descensos, entre el número total de días. 



192 



Memorias de la Sociedad Científica 



Se notará que el número total de días aparece por lo ge- 
neral con menor cantidad de la que corresponde á cada mes; 
tal diferencia se explica por aquellos días que han resultado 
con promedios diurnos iguales, en los que por consiguiente su 
diferencia es cero. 







IDIOIEnyEBRE. 










t 


ASCENSO 


DESCENSO 


ASC. 


T DESC. 


Va 

aa 


riabUidad 


Años 


Días 


Suma 


Dfaa 


Suma 


Díaa 


Sun 




1883.-.. 


16 


170.5 


12 


190.3 


28 


360.8 


P.36 


1884.... 


16 


15 .3 


13 


12 .6 


29 


27 


.9 


.96 


1885...- 


14 


14 .3 


14 


10 .9 


28 


25 


.2 


.90 


1886.... 


16 


15 .4 


14 


15 .0 


30 


30 


.4 


1 .01 


1887.... 


15 


10 .8 


12 


10 .2 


27 


21 


.0 


.78 


1888.... 


14 


19 .2 


15 


20 .4 


29 


39 


.6 


1 .37 


1889.... 


16 


12 .1 


13 


10 .3 


29 


22 


.4 


.77 


1890.... 


19 


16 .7 


10 


16 .6 


29 


33 


.3 


1 .15 


1891.... 


14 


12 .3 


15 


12 .4 


29 


24 


.7 


.85 


1892.... 


14 


8 .9 


14 


9 .1 


28 


18 


.0 


0.64 


1893.... 


16 


14 .3 


12 


16 .8 


28 


31 


.1 


1 .11 


1894.... 


14 


14 .4 


16 


16 .1 


30 


30 


.5 


1 .02 


1895.... 


13 


13 .5 


15 


17 .6 


28 - 


- 31 


.1 


1 .11 


1896.... 


19 


25 .1 


10 


20 .3 


29 


45 


.4 


1.57 


1897.... 


12 
228 


7 .1 


14 
199 


12 .3 


26 

427 


19 


.4 
.8 


.75 


Suma 


216 .9 


219 .9 


436 




Promedio. 




.95 




1 .11 








1 .02 



'Antonio Álzate." 



193 



EISTEHO. 





ASCENSO 




DE 


5CENSO 


ASC. 


Y DESC. 


Va 

na 


nabiliüad 


Años 


Días 


Sumft 


Días 


Suma 


Días 


Sur 




1884.... 


18 


17° 


.5 


13 


16'-\8 


31 


34° 


.3 


lo.ll 


1885... 


14 


16 


.4 


15 


15 .7 


29 


32 


.1 


1 .11 


1886... 


14 


10 


.8 


15 


13 .2 


29 


24 


.0 


.83 


1887 . . . 


15 


17 


.0 


15 


19 .1 


30 


36 


.1 


1 .20 


1888... 


15 


9 


.4 


14 


11 .9 


29 


21 


^ 


.73 


1889... 


17 


15 


.6 


14 


13 .2 


31 


28 


% 


.93 


1890... 


17 


13 


2 


13 


12 .1 


30 


25 


.3 


.84 


1891... 


17 


10 


.0 


14 


9 .7 


31 


19 


.7 


0.64 


1892... 


16 


14 


.4 


13 


16 .8 


29 


31 


.2 


1 .08 


1893... 


15 


15 


.7 


14 


14 .0 


29 


29 


.7 


1 .02 


1894... 


14 


15 


.7 


15 


12 .9 


29 


28 


.6 


.99 


1895... 


17 


17 


.7 


14 


14 .3 


31 


32 


.0 


1 .03 


1896... 


. 15 


16 


.5 


15 


16 .9 


30 


33 


.4 


1 .11 


1897... 


. 18 


21 


.5 


12 


19 .0 


30 


40 


.5 


1 .35 


1898... 


. 15 


15 


.3 


13 


14 .2 


28 


29 


.5 


1 .05 


Suma . . . 


237 


226 


.7 


209 


219 .8 


446 


446 


.5 




Promedio 







.96 




1 .05 








1 .00 



FEBREPIO. 





ASCKXSO 


DESCENSO 




ASC. 


Y DESC. V 


ariabilidad 


AÜU6 


Días 


Suma 


Días 


Suma 


Días 


Suma 




1884... 


12 


150.4 


14 


12° 


.8 


26 


28°. 2 


10.08 


1885... 


16 


14 .9 


11 


10 


.5 


27 


25 .4 


.94 


1886... 


















1887... 


12 


16 .3 


14 


17 


.3 


. 26 


36 .6 


1 .29 


1888... 


18 


8 .3 


10 


3 


.6 


28 


11 .9 


0.43 


1889... 


14 


14 .1 


11 


13 


.7 


25 


27 .8 


1 .11 


1890... 


15 


15 .9 


12 


13 


.0 


27 


28 .9 


1 .07 


1891... 


15 


20 .5 


12 


18 


.4 


27 


38 .9 


1.44 


1892... 


17 


9 .6 


11 


8 


.7 


28 


18 .3 


.65 


1893... 


13 


12 .5 


12 


8 


.6 


25 


21 .1 


.84 


1894... 


16 


15 .7 


11 


15 


.0 


27 


30 .7 


1 .14 


1895 . . . 


14 


15 .9 


14 


16 


.1 


28 


32 .0 


1 .14 


1896... 


14 


19 .5 


15 


19 


.5 


29 


39 .0 


1 .34 


1897... 


13 


14 .9 


14 


13 


.1 


27 


28 .0 


1 .04 


1898... 


9 
198 


9 .4 


16 
177 


11 


.0 


25 
375 


20 .4 


.82 


Huma.. . 


202 .9 


181 


.3 


384 .2 




Promedio 




1 .02 




1 


.02 






1 .02 



Memorias.— [1000-iyü]).—T. XV.- 2,1. 



194 



Memorias de la Sociedad Científica 



IS/L^^TIZO. 





ASCENSO 




DESCENSO 




ASC 


y DESC. Va 


riabUidad 


ATíOS 


Días 


Suma 


Días 


Suma 


Días 


Suma 




1884.... 


14 


180.6 


17 


160.4 


31 


350.0 


10.13 


1885 .... 


18 


21 


.5 


12 


20 


.2 


30 


41 .7 


1 .39 


1886.... 


'"Í9 


"Í6 


'.6 


"Í2 






"si 


' 25 ^9 




1887.... 


9 


.3 


.84 


1888 . . . , 


15 


9 


.0 


18 


4 


.5 


28 


13 .5 


0.48 


1889.... 


15 


19 


.5 


16 


17 


o 


31 


36 .7 


1 .18 


1890.... 


20 


23 


.0 


11 


22 


.7 


31 


45 .7 


1 .47 


1891.... 


18 


18 


.0 


12 


12 


.6 


30 


30 .6 


1 .02 


1892.... 


16 


21 


.6 


13 


18 


.2 


29 


39 .8 


1 .37 


1893.... 


14 


13 


.4- 


17 


18 


.2 


31 


31 .6 


1 .02 


1894.... 


16 


19 


.8 


14 


18 


.6 


30 


38 .4 


1 .28 


1895.... 


14 


19 


.8 


16 


18 


.9 


30 


38 .7 


1 .29 


1896.... 


21 


20 


.2 


9 


15 


.8 


30 


36 .0 


1 .20 


1897.... 


20 


16 


.7 


9 


10 


.4 


29 


27 .1 


.94 


1898.... 


20 
240 


15 


.0 


11 

182 


10 
213 


.0 
.0 


31 

422 


25 .0 


.81 


Suma 


252 


.7 


465 .7 




Promedio, 




1 


.05 




1 


.17 






1 .10 



-A^BUIL. 





ASCENSO 


DESCENSO 




ASC 


TDESC 


Va 

aa 


riabilidad 


Afios 


Días 


Suma 


Días 


Suma 


Días 


Sur 




1884... 


13 


150.3 


14 


130 


.7 


27 


290 


.0 


10.07 


1885... 


15 


22 .2 


15 


24 


.7 


30 


46 


.9 


1. 56 


1886... 


17 


19 .1 


13 


15 


.6 


30 


34 


.7 


1 .16 


1887... 


15 


12 .2 


13 


10 


.6 


28 


22 


.8 


.81 


1888... 


12 


7 .3 


16 


10 


.1 


28 


17 


.4 


0.62 


1889... 


16 


17 .7 


13 


16 


.8 


29 


34 


.5 


1 .19 


1890... 


13 


16 .2 


17 


16 


.6 


30 


32 


.8 


1 .09 


1891... 


12 


18 .1 


18 


21 


.1 


30 


39 


.2 


1 .31 


1892... 


15 


18 .0 


13 


18 


.0 


28 


36 


.0 


1 .29 


1893... 


16 


14 .9 


13 


6 


.8 


29 


21 


.7 


.71 


1894... 


14 


18 .6 


16 


16 


.2 


30 


34 


.8 


1 .16 


1895... 


15 


17 .3 


12 


13 


.1 


27 


30 


.4 


1 .13 


1896... 


17 


15 .3 


13 


12 


.4 


30 


27 


.7 


.92 


1897... 


21 


15 .6 


8 


14 


.9 


29 


30 


.5 


1 .05 


1898... 


16 

227 


18 .7 


13 

207 


19 


.5 


29 


38 


.2 


1 .32 


Suma . . . 


246. 5 


230 


.1 


434 


476 


.6 




Promedio 




1 .09 




1 


.11 








1 .10 



"Antonio Álzate. 



Í95 



is/LA.-^c:>. 





ASCENSO 


DESCENSO 


ASO. 


Y DESC. \ a 


nabilulau 


AQos 


Diaa 


Suma 


Días 


Suma 


Días 


Suma 




1884.... 


16 


150.6 


14 


173.7 


30 


33=. 3 


ic^.ll 


1885.... 


15 


14 .5 


14 


12 .9 


29 


27 .4 


.94 


1886.... 


16 


11 .8 


15 


12 .2 


31 


24 .0 


.77 


1887.... 


14 


16 .6 


16 


17 .4 


30 


34 .0 


1 .13 


1888.... 


15 


10 .4 


14 


6 .9 


29 


17 .3 


0.60 


1889.... 


18 


13 .9 


11 


14 .2 


29 


28 .1 


.97 


1890.... 


13 


17 .7 


17 


13 .8 


30 


31 .5 


1 .05 


1891 .... 


17 


18 .8 


14 


14 .8, 


31 


33 .6 


] .08 


1892.... 


16 


17 .0 


11 


11 .8 


27 


28 .8 


1 .07 


1893 .... 


17 


15 .4 


13 


14 .5 


30 


29 .9 


1 .00 


1894.... 


19 


16 .7 


9 


15 .3 


28 


32 .0 


1 .14 


1895 .... 


17 


13 .3 


14 


16 .1 


31 


29 .4 


.98 


1896.... 


14 


11 .4 


14 


13 .8 


28 


25 .2 


.90 


1897.... 


14 


15 .9 


17 


19 .3 


31 


35 .2 


1 .13 


1898.... 


16 
237 


17 .8 


13 

206 


16 .0 


29 
443 


33 .8 


1 .17 


Suma 


226 .8 


216 .7 


443 .5 




Promedio. 




.96 




1 .05 






1 .01 



jTjnsrio. 





ASCENSO 


DESCENSO 


ASC. 


. Y DESC. \ í! 


irial)ili(i.'i(l 


AñoB 


Dían 


Suma 


Días 


Suma 


Días 


Suma 




1884.... 
1885.... 


16 
14 


10O.9 
11 .7 


13 
15 


lio.l 
15 .8 


29 
29 


220.0 

27 .5 


00.76 
.95 


1886.... 
1887.... 


17 

14 


13 .9 

9 .8 


12 
14 


14 .0 
11 .4 


29 

28 


27 .9 
21 .2 


.96 
.76 


1888.... 
1889.... 
1890.... 


"Í4 
12 


"l2'.5 
14 .9 


"Í6 
17 


"12! 7 
13 .0 


"30 
29 


"25". 2 
27 .9 


"b"84 
.96 


1891.... 
1892.... 
1893.... 
1894.... 
1895.... 


12 
13 
13 
14 
15 


14 .3 

10 .8 

10 .7 

7 .9 

13 .5 


17 
16 
17 
14 
13 


16 .9 
14 .1 
16 .7 
11 .0 
13 .5 


29 
29 
30 
28 
28 


31 .2 
24 .9 

27 .4 

28 .9 
27 .0 


1 .07 

.86 

.91 

1 .03 
.96 


1896 .... 
1897.... 
1898.... 


14 
16 
16 


11 .0 
11 .6 

8 .4 


16 
13 
13 


12 .4 
12 .8 
10 .5 


30 
29 
29 


23 .4 

24 .4 
18 .9 


.78 
.84 
0.65 


Suma 

Promedio. 


200 


161 .9 
ü .81 


206 


185 .9 
.90 


406 


347 .8 


.86 



196 



Memorias de la Sociedad Científica 



JTJLIO, 



ASos 

1884.... 
1885.... 



Días 

13 

18 



Suma 

11".5 
18 .1 



DESCENSO 

Días Suma 

11 90.6 

12 16 .4 



Asc. Y DEsc. VariaMIidad 



Días 

24 
30 



Suma 
210.1 

34 .5 



00.88 
1 .15 



1886.... 
1887.... 
1888.... 
1889.... 
1890.... 



12 
19 
12 
17 
14 



14 .3 
11 .1 

10 .1 

11 .4 
10 .2 



17 
10 
14 
14 
15 



18 .0 

8 .5 

14 .2 

12 .9 

10 .4 



29 
29 
26 
31 
29 



32 .3 

19 .6 
24 .3 
24 .3 

20 .6 



1 .11 

O .68 
O .93 
O .78 
O .71 



1891.... 
1892.... 
1893.... 
1894.... 
1895.... 



15 

14 
17 
14 
15 



14.2 
13 .7 

15 .7 
8 .5 

8 .2 



16 


14 


.3 


16 


15 


.3 


13 


13 


.9 


15 


8 


.0 


15 


8 


.9 



31 
30 
30 
29 
30 



28 .5 

29 .0 
29 .6 

16 .6 

17 .1 



O .92 
O .97 
O .99 
0.53 
O .57 



1896.... 
1897 .... 
1898.... 

Suma 

Promedio. 



17 
14 
16 

227 



12 .0 
11 .9 
11 .9 

182 .9 
O .83 



13 12 .7 
16 10 .8 

14 13 .3 



211 



187 .2 
O .89 



30 
30 
30 

438 



24 .7 
22 .7 

25 .2 

370 .1 



O .82 
O .76 

O .84 



O .85 



AñoB 

1884.... 
1885.... 



-A.a-OSTO. 

DESCENSO 



Días 
12 

12 



Suma 
140.2 

14 .3 



Días 
15 
18 



Suma 

130.5 

14 .9 



ASC. Y DESC. Variabilidad 



Días 

27 
30 



Suma 

270.7 

29 .2 



1<=03 

O .97 



1886.... 
1887.... 
1888.... 
1889.... 
1890.... 

1891.... 
1892.... 
1893 .... 
1894.... 
1895.... 

1896.... 
1897.... 
1898.... 

Suma 

Promedio. 



14 
15 
15 
15 
15 

15 
15 
15 
14 
16 

13 
14 
13 

213 



14 .1 

10 .5 

11 .6 
10 .6 
13 .0 

9 .9 

8 .5 

8 .6 

9 .5 

8 .1 

10 .2 

13 .3 

9 .5 

165 .9 

O .78 



15 
12 
14 
16 
14 

16 
12 
13 
17 

14 

17 
16 
17 

226 



13 .3 

11 .0 

11 .5 

12 .1 

13 .6 

10 .8 

7 .4 

8 .7 

9 .6 

7 .6 

10 .1 

14 .1 

8 .0 

166 .2 

O .73 



29 
27 
29 
31 
29 

31 

27 
28 
31 
30 

30 
30 
30 



27 .4 

21 .5 
23 .1 

22 .7 

26 .6 

20 .7 

15 .9 

17 .3 

19 .1 
15 .7 

20 .3 

27 .4 
17 .5 



439 332 .1 



O .94 
O .80 
O .80 
O .73 
O .92 

O .67 
O .59 
O .62 
O .62 
0.52 

O .68 
O .91 
O .58 



O .76 



'Antonio Álzate. " 



197 



ASCENSO DESCENSO ASC. Y DESC. Variabilidad 



Años 


Días 


Suma 


Días 


Sama, 


Días 


Suma 




1884.... 


11 


9- 


.1 


17 


11 = 


.5 


28 


20= 


.6 


0= 74 


1885.... 


15 


11 


.1 


14 


12 


.1 


29 


23 


2 


.80 


1886.... 


16 


11 


.9 


12 


13 


.2 


28 


25 


.1 


.90 


1887.... 


14 


9 


.7 


15 


12 


.5 


29 


22 


.2 


.77 


1888.... 


13 


15 


.6 


15 


15 


.8 


28 


31 


.4 


1 .12 


1889.... 


14 


12 


.9 


16 


10 


.9 


30 


23 


.8 


.79 


1890.... 


13 


10 


.2 


16 


12 


.3 


29 


22 


.5 


.78 


1891.... 


13 


12 


.5 


16 


11 


.8 


29 


24 


.3 


.84 


1892 .... 


13 


8 


.4 


16 


10 


.8 


29 


19 


2 


.66 


1893 .... 


13 


9 


.3 


15 


9 


.6 


28 


18 


'.tí 


.67 


1894.... 


12 


6 


.4 


16 


6 


.1 


28 


12 


.5 


0.45 


1895.... 


15 


10 


o 


14 


11 


.2 


29 


21 


.4 


.74 


1896 .... 


15 


14 


.5 


15 


7 


.3 


30 


21 


.8 


.73 


1897.... 


13 


7 


.4 


16 


10 


.6 


29 


18 


.0 


.62 


1898.... 


15 


12 


.5 


12 


8 


.0 


27 


20 


.5 


.76 


Suma 


205 


161 


.7 


225 


163 


.7 


430 


325 


.4 




Promedio. 







.79 







.73 








.76 



OCXXJBHE- 





ASCENSO 




DESCENSO 




ASC 


Y DE.SC 


Va 

na 


riabilidad 


Años 


Dfu 


SumB 


Días 


Suma 


Días 


Sur 




1884.... 


12 


13= 


.2 


17 


12^ 


.9 


29 


26=-. 1 


0^^.90 


1885... 


16 


17 


.1 


15 


18 


.4 


31 


35 


.5 


1 .15 


1886.... 


14 


8 


.2 


16 


15 


.3 


30 


23 


.5 


.78 


1887... 


15 


11 


.6 


15 


17 


.6 


30 


29 


2 


.97 


1888... 


15 


12 


.9 


13 


14 


.4 


28 


27 


.3 


.97 


1889... 


16 


14 


.5 


14 


13 


.5 


30 


28 


.0 


.93 


1890... 


15 


11 


.6 


14 


13 


.7 


29 


25 


.3 


.87 


1891... 


14 


13 


.9 


15 


20 


.0 


29 


33 


.9 


1 .13 


1892... 


18 


13 


.6 


12 


12 


.7 


30 


26 


.3 


G .88 


1893 . . . 


14 


10 


.8 


16 


14 


.1 


30 


24 


.9 


.83 


1894... 


13 


13 


.4 


18 


15 


.7 


31 


29 


.1 


.94 


1895.... 


13 


18 


.3 


17 


15 


.9 


30 


34 


.2 


1 .14 


1896.... 


10 


7 


.0 


21 


8 


.1 


31 


15 


.1 


0.49 


1897... 


17 


14 


.0 


13 


10 


.6 


30 


24 


.6 


.82 


1898... 


13 
215 


14 


.5 


16 
232 


21 


.4 


29 
447 


35 


.9 


1.24 


Suma 


194 


.6 


224 


.3 


418 


.9 




Promedio 







.91 







.97 








.94 



]98 



Memorias de la Sociedad Científica 



30 DESBENSO Asc. Y DESC. Variabilidad 



Años 


Días 


Suma 


Días 


Suma 


Días 


Suma 




1884... 


. 14 


lie 


.9 


15 


17°. 


29 


280.9 


lo.OO 


1885... 


. 15 


10 


.0 


14 


14 


.4 


29 


24 


.4 


.84 


1886... 


. 15 


14 


.2 


14 


16 


.8 


29 


31 


.0 


1 .07 


1887... 


. 17 


14 


.0 


12 


10 


.4 


29 


24 


.4 


.84 


1888... 


16 


10 


.6 


14 


11 


.8 


30 


22 


.4 


.75 


1889... 


13 


12 


.4 


17 


19 


.4 


30 


31 


.8 


1 .06 


1890... 


13 


15 


.3 


15 


18 


.4 


28 


33 


.7 


1 .20 


1891... 


14 


16 


.4 


13 


15 


.1 


27 


31 


.5 


1 .17 


1892... 


18 


16 


.9 


11 


20 


.0 


29 


36 


.9 


1 .27 


1893... 


14 


12 


.4 


14 


11 


.5 


28 


23 


.9 


.85 


1894... 


15 


12 


.9 


12 


14 


.3 


27 


27 


.2 


1 .01 


1895... 


9 


10 


.3 


17 


16. 


.9 


26 


27 


.2 


1 .05 


1896... 


12 


8 


.2 


16 


12 


.1 


28 


20 


.3 


0.73 


1897... 


18 


17 


.1 


12 


19 


.7 


30 


36 


.8 


1 .23 


1898... 


16 


18 


.2 


12 


12 


.8 


28 


21 


.0 


1 .11 


Suma 


219 


200 


.8 


208 


230. 


6 


427 


431 


.4 




Promedio 







.92 




1 


.11 








1 .01 



De las cifras consignadas en las tablas anteriores se dedu- 
ce que la variabilidad media de la temperatura de Tacubaya 
es igual á 0^.95; que los mayores valores medios correspon- 
den á los meses de Marzo y Abril y los menores á los de Agos- 
to y Septiembre, como en seguida se ve: 

Diciembre 1°.02 

Enero 1 .00 

Febrero 1.02 

Marzo 1 .10 

Abril 1 .10 

Mayo 1 .01 

Junio O .86 

Julio O .85 

Agosto 0.76 



'Antonio Álzate." 199 



Septiembre O .76 

Octubre O .94 

Noviembre 1 .01 

Año O .95 

Con las cifras contenidas en el cuadro precedente hemos 
determinado el valor de los coeficientes de la fórmula perió- 
dica. 

Yn=Y-\-{aiC0S(p-\-bisenf)-{-{a2C0fi2(p-\-h.,sen2<f)-\- 
-|-(«3Cos3íP+&3sen3cr)-(- 

en la que ^ representa una época cualquiera del año contada 
en ángulos equivalentes al tiempo, desde 0° á 360^^, y V„ la 
variabilidad media correspondiente. 

Para los coeficientes «i . &i etc., y teniendo en cuen- 
ta sólo los 4 primeros términos de la fórmula, resultan los si- 
guientes valores: 

V = 00.953 
«^=-1-0.05662 &i =+0.12971 

fl.= +0.00749 &.-=— 0.05992 

«3= + 0.01001 &3=— 0.03173 

a,=_0.01369 &,= +0.01296 " 

haciendo entonces: 

a 

R==^a2+62 tang «= — 

b 

la fórmula anterior se convierte en la siguiente, que es más 
cómoda para el cálculo : 

V„ = V+R.sen,(ai+a;)+R2sen(a2+2jc)+R3sen(a3+3^)+ 
+R4sen(a4+4a;)+ 

Por último, sustituyendo los valores numéricos encontra- 
dos tendremos la expresión general que representa con bas- 
tante exactitud la marcha anual de la variabilidad interdiurna 
media de la temperatura de Tacubaya. 



200 



Memorias de la Sociedad Científica 



V,=:0o.953+0o.l415 sen ( 23o35'+ x) 
-f-0 .0703 sen (173 .53 -\-2x) 
+0 .0333 sen (162 .28 -j-dx) 
+ .0189 sen (313 .26 +4^;) 
Y el acuerdo entre la variabilidad observada y la calcula- 
da mediante la expresión anterior, puede verse en el cuadro 
que damos á continuación: 



Diciembre lo.02 

Enero 1 .00 

Febrero 1 .02 

Marzo 1 .10 

Abril 1 .10 

Mayo 1 .01 

Junio O .86 

Julio O .85 

Agosto O .76 

Septiembre O .76 

Octubre 1 .94 

Noviembre 1 .01 

Media observada = 
„ calculada = 



10.04 


—00.02 


1 .00 


.00 


1 .02 


.00 


1 .09 


+0 .01 


1 .12 


—0 .02 


.99 


+0 .02 


.88 


-0 .02 


.83 


+0 .02 


.75 


-f .01 


.77 


—0 .01 


.93 


-1-0 .01 


1 .03 


—0 .02 


0.953 




0.954 





Variab;. 
lidia 


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'Antonio Álzate." 201 



Para que con mayor claridad se vea la marcha de la varia- 
bilidad en el curso del año, la representamos en la figura ad- 
junta. De un ligero examen de la curva se desprende que du- 
rante 7 meses, Diciembre, Enero, Febrero, Marzo, Abril, Mayo 
y Noviembre el valor de la variabilidad queda arriba de la or- 
denada que i'epresenta el promedio anual (0^.95) y en los cin- 
co restantes, Junio, Julio, Agosto, Septiembre y Octubre abajo 
de ella. Notaremos también que la parte inferior de la curva 
coincide con nuestra estación de lluvias y la superior con la 
de secas y que su punto culminante corresponde á Abril, aba- 
tiéndose luego para alcanzar su mayor depresión en los dos 
dos meses más lluviosos del año. 

Los promedios que resultan de los dos períodos conside- 
rados son los siguientes: 

Noviembre á Mayo 1.04 

Junio á Octubre 0.83 ,, 

Para las estaciones resultan los valores que en seguida 

se ve: 

Invierno 1^.01 

Primavera 1 .07 

Estío O .82 

Otoño O .90 

Año 0.95 

La primavera presenta la mayor variabilidad y el estío la 
menor. 

Los errores probaVjles ó incertidumbre de los promedios 
mensuales de la variabilidad oscilan entre dz 0.021 (en Sep- 
tiembre) y zh 0.049 (en Marzo). El del promedio anual esdz 
0.023. Como se ve, en ninguno de los meses tenemos un error 
probaVjle que llegue á r'". C^.IO. 

En la tabla que sigue figuran dichos errores probables 
que hemos calculado siguiendo dos procedimientos: uno por 
medio de la íurmula común que se deduce de la teoría de los 

Memorias .—[1900-1901.] T. XV.-2G. 



2«2 



Memorias de la Sociedad Científica 



miniónos cuadrados y otro según una fórmula de Feclmer que 
encontramos citada en una publicación argentina, y que pare- 
ce tener mucha aplicación en Meteorología. 

Hemos consignado los resultados obtenidos con una y otra 
fórmula para que se vea el grado de aproximación que da la 
de Fechner. 

EEBOR PEOBABLE SEGÚN LA FÓRMULA. 



MESES Variabilidad 
___ media. 

Diciembre lo.02 

Enero 1 .00 

Febrero... 1 .02 

Marzo.. 1 .10 

Abril 1 .10 

Mayo:.. 1 .01 

Junio O .86 

JuHo.. O .85 

Agosto O .76 

Septiembre O ,76 

Octubre , O .94 

Noviembre 1 .01 

Año O .95 





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= .032, 




= .047 z 


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= .049 z 


z: .049 


- 


= .041 z 


zO .043 




zO .025 z 


= ,027 


- 


= .022 - 


= .022 




zO .031 z 


= .031 


- 


z .031 z 


= .028 


~ 


z .021 z 


zO .025 


- 


= .029 z 


zO .032 


— 


zO .032 z 


zO .030 


- 


zO .025 - 


zO .023 



'Antonio Álzate." 203 



Los valores extremos que se han observado en los 15 años 
de la serie^ son los que figuran en la siguiente tabla: 

\ariabilidad. Máximum valor. ASo. Mínimum valor. Año. Oscilación. 

Diciembre.... lo.02 10.57 1896 00.64 1892 0O.93 

Enero 1,00 1.35 97 0.64 91 0.71 

Febrero 3 .02 1 .44 91 O .43 88 1 .01 

Marzo 1 .10 1 .47 90 O .48 88 O .99 

Abril 1.10 1 .5t> 85 0.62 88 0.94 

Mayo 1 .01 1 .17 98 O .60 88 O .57 

Junio O .86 1 .07 91 O .65 98 O .42 

Julio 0.85 1.15 85 0.53 94 0.62 

Agosto 0.76 1.03 84 0.52 95 0.51 

Septiembre... O .76 1 .12 88 O ,45 94 O .67 

Octubre O .94 1 .24 98 O .49 96 O .75 

Noviembre ... 1 .01 1 .27 92 O .73 96 O .54 

Suma 11.43 15.44 6.78 8.66 

Promedio . . O .95 1 .29 O .57 O .72 

Máximum 1.56 1885 

•Mínimum 0.43 .... 1888 



Oscilación=1.13 

Las 12 tablas que van á continuación correspondientes á 
los 12 meses del año meteorológico, contienen la frecuecia 
de los cambios de temperatura ordenados según su magnitud 
y clasificados en ascensos y descensos. 



204 



Memorias de la Sociedad Cieatífiea 



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"Antonio Álzate." 



205 



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206 



Motaorias d© la Sociedad Científica 



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§ 1 



00 



"Antonio Álzate." 



207 



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§ i 



Memorias de la Sociedad Científica 



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Memorias de ia Sociedad Científica 



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212 



Memorias de la Sociedad Científica 



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Memorias de la Sociedad Científica 



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"Antonio Álzate." 



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216 



Memorias de la Sociedad Científica 



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"Antonio Álzate." 21T 



El cuadro que contiene el resumen por meses y el año, y 
que es el complemento de las 12 tablas que le preceden, nos 
da una idea general de la frecuencia de los cambios de tempe- 
ratura en los 15 años de observaciones. 

Vemos allí, por ejemplo, que los cambios comprendidos 
entre 0° y 1"^ son los que se observan con mayor frecuencia, 
pues su promedio representa casi la 3^ parte del año normal 
medio ; que los comprendidos entre l°-2°, 2°-3° representan, 
respectivamente, la 7*? y la 30^ parte del año y que los de ma- 
yor magnitud constituyen una pequeñísima parte; en los as- 
censos los cambios entre 4P y 6° sólo se observan 12 veces, y 
28 en los descensos. 

Notaremos igualmente que en estos últimos se nos presen- 
tan 7 casos con cambios comprendidos entre 6° y 8°, y por úl- 
timo, que el número total de los ascensos es mayor que el de 
los descensos. Su relación es igual á 1.09. 

Calculando el promedio correspondiente á cada una de las 
magnitudes de los cambios, resultan los siguientes valores ex- 
presados en días y fracción, para el año medio normal. 

Ase. Desc 

0-1 113^7 lOlU 

1-2 51 .7 45 .3 

2-3 12.4 13.7 

3-4 2.9 4.1 

4-5 0.5 1.5 

5-6 0.4 0.4 

6-7 „ 0.4 

7-8 0.1 



181 .6 166 .9 

Ascensos 181^6 

Descensos 166 .9 

Días de temperatura igual 16 .5 



Año 365.0 

M«morÍM (1900-1801)— T. XV— a 



218 Memorias de la Sociedad Científica 

I^ag dos tablas siguientes contienen los valores máximos 
de los ascensos y descensos de la temperatura observados en 
cada mes de los 15 años de la serie. 

Las cifras allí consignadas nos deníuestran que la varia- 
bilidad de la temperatura en el clima del Vallo de México os- 
cila entre límites relativamente pequeños, pues el mayor cam- 
bio registrado es de 7'^ .6 correspondiente al mes de Febrero 
de 1891. 

En la América del Sur, según los estudios que conocemos 
de algunas regiones de la Argentina, la variabilidad media pa- 
sa de 2° y no son infrecuentes los cambios superiores á 10° 
y 120. 

Valores extremos de los ascensos y descensos de temperatura 
en Tacabaya. 



ASos. 


Diciembre. 


Enero. 


Febrero. 


Marzo. 


Abril. 


Me 

Ase. 


lyo. 




Abc. 


Deac. 


Ase. 


Desc. 


Ase. 


Desc. 


Ase. 


Dése. 


Ase. 


Desc. 


Desc. 




+ 





+ 





+ 





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+ 





+ 





1883. 


2.4 


3.7 


... 





















84. 


3.8 


3.0 


31 


3.9 


4.1 


2.8 


3.0 


23 


3.7 


3.6 


2.0 


2.5 


85. 


3.3 


1.9 


5.1 


4.0 


3.8 


3.3 


2.3 


3.2 


4.3 


4.7 


3.0 


1.8 


86. 


2.3 


2.4 


1.7 


1.9 








... 


2.3 


2.8 


1.7 


2.0 


87. 


1.8 


1.5 


2.5 


4.3 


3.9 


5.1 


2.4 


1.4 


1.6 


4.0 


3.0 


4.6 


88. 


3.9 


6.2 


1.3 


1.6 


1.1 


0.8 


1.3 


0.8 


1.6 


1.6 


1.7 


1.3 


89. 


. 1.5 


2.4 


2.4 


4.3 


2.2 


3.3 


3.5 


3.4 


2.8 


2.8 


1.7 


4.3 


90. 


2.3 


S.2 


2.3 


2.4 


4.3 


4.9 


4.6 


6.2 


3.1 


3.3 


3.2 


1.7 


91. 


2.6 


2.9 


1.2 


2.0 


5.8 


7.6 


2.6 


3.6 


5.0 


2.7 


2.5 


2.2 


92. 


1.2 


1.4 


2.7 


3.0 


1.3 


1.8 


2.5 


3.7 


2.1 


4.2 


2.5 


3.1 


93. 


3.2 


3.? 


2.6 


2.2 


2.8 


1.9 


3.7 


3.6 


2.9 


1.0 


2.1 


2.5 


94. 


1.7 
. 2.9 


3.1 
2.2 


3.2 

3.4 


4.2 
3.4 


3.9 
2.9 


5.7 


3.1 


4.7 
3.0 


2.7 
3.5 


2.9 
3.3 


2.1 
1.8 


5.6 


95. 


3.2 


3.9 


4.1 


96. 


3.0 


6.9 


2.8 


3.5 


3.1 


3.6 


2.5 


4.2 


25 


2.5 


2.0 


2.9 


97. 


1.3 


3.5 


5.3 


2.8 


3.2 


4.4 


2.3 


2.4 


2.5 


3.6 


4.0 


47 


98. 


... 


... 


3.3 


6.9 


2.4 


2.4 


1.6 


2.6 


2.7 


5.6 


3.6 


3.2 



"Antonio Álzate." 



219 



Años. 


Junio. 


Julio. 


Agosto. 


Septiembre. 


Octubre. 


Noviembre 




Ase. 


Desc 


Ase. 


Desc 


Ase. 


Desc. 


Ase. 


Desc. 


Ase. 


Desc. 


Ase. 


Descj 




+ 





+ 


— 


+ 





+ 





+ 


— 


+ 


— 


1884. 


1.6 


1.8 


1.7 


2.5 


3.7 


22 


1.6 


1.9 


2.7 


3.0 


2.5 


2.8 


85. 


2.0 


2.7 


3.2 


3.0 


3.3 


24 


2.2 


1.9 


2.7 


2.4 


2.2 


4.3 


86. 


1.8 


5.4 


2.2 


29 


2.9 


2.1 


1.9 


23 


15 


29 


2.3 


3.5 


87. 


1.4 


1.9 


1.2 


3.2 


2.0 


2.1 


1.8 


3.0 


2.5 


39 


4.3 


43 


88. 







2.1 


2.7 


1.7 


2.1 


3.1 


27 


4.2 


4.3 


2.3 


1.7 


89. 


23 


18 


1.4 


2.2 


1.3 


1.5 


2.1 


2.0 


2.0 


3.3 


2.1 


3.2 


90. 


3.1 


1.7 


18 


1.8 


24 


2.8 


2.4 


1.8 


1.4 


34 


34 


2.5 


91. 


2.3 


2.3 


2.5 


1.7 


1.6 


1.9 


2.2 


26 


3.0 


3.2 


2.7 


3.2 


92. 


2.1 


3.3 


5.2 


2 2 


15 


2.2 


1.6 


17 


2.1 


2.9 


2.7 


6.3 


93. 


23 


2.5 


25 


3.6 


2.1 


1.6 


18 


1.2 


1.6 


2.0 


1.6 


2.1 


94. 


1.0 


29 


1.3 


1.1 


1.4 


1.6 


1.0 


1.0 


2.1 


2.3 


1.9 


2.6 


95. 


2.3 


2.1 


1.6 


1.8 


1.6 


1.1 


1.7 


1.8 


3.2 


2,2 


2.0 


2.3 


96. 


2.2 


24 


1.7 


2.4 


1.6 


1.7 


3.2 


1.6 


1.8 


1.2 


2.0 


2.8 


97. 


2.6 


1.7 


1.9 


1.9 


2.4 


2.4 


1.3 


1.4 


2.4 


2.5 


2.8 


6.0 


98. 


1.3 


1.5 


18 


2.2 


2.0 


1.2 


2.1 


23 


3.1 


36 


2.1 


3.2 



Damos fin á nuestro estudio con la frecuencia relativa de 
los cambios de temperatura, sumados ascensos y descensos, 
y referidos á la escala de 1000, 

Frecuencia relativa de los cambios de temperatura. Escala de 1000. 



M£SE$. Núm, de días, o.l 1.2 2.3 



CAMBIOS DE TEMPERATUKA. 



3.4 



4.5 5.6 



6.7 7.8 



Diciembre. . 

Enero 

Febrero 

Marzo 

Abril 

Mayo 

Junio 

Julio 

Agosto 

Septiembre. 

Octubre 

Noviembre . 



427 
446 
375 
422 
434 
443 
406 
437 
439 
430 
447 
427 



571 
626 
640 
552 
546 
564 
640 
654 
718 
679 
628 
581 



318 68 

240 92 

227 77 

291 100 

302 106 

325 81 



300 
274 
218 
279 
263 
294 



52 
63 
59 
36 
85 
97 



36 

25 

32 

46 

33 

16 

5 

9 

5 

7 

20 

14 



2 .. 

11 4 

13 8 . 
9 .. 
9 4 . 

12 2 . 
2 . 


5 .. 

2 .. 

2 .. 










4 .. . 
9 4 . 





1000 
1000 
1000 
1000 
1000 
1000 
1000 
1000 
1000 
1000 
1000 
1000 



Año. 



7,399 3,331 916 249 69 24 9 



3 12000 



TAXEONOMIA ORNITOLÓGICA.' 

POR EL DB. A. DUQES, M S. A., 

Profesor de Historia Natural en el Colegio del Estado de Guanajnato. 

La clasificación de las aves ha variado y variará todavía 
mucho, y en el día los oruitologistas no han podido aún poner- 
se de acuerdo sobre ella: cada autor tiene la suya, muy distin- 
ta de las otras. En general estos trabajos son esencialmente 
sistemáticos: en lugar de tomar en consideración las afinida- 
des generales de las aves, los caracteres que más á la vista se 
presentan, los autores se fijan en pai'ticularidades esqueléti- 
cas ú otras aisladas, y que cada cual considera como de impor- 
tancia preponderante, lo que conduce á divisiones las más ve- 
ces arbitrarias. Las costumbres de los animales no se toman 
en cuenta, á pesar de su importancia intrínsecaj si un mamí- 
fero tiene la cola prensil, y otro una cola poblada y no asido- 
ra, en lugar de separarlos en dos géneros diferentes, los co- 
locan en el mismo, porque los huesos del paladar, verbigracia, 
están conformados de la misma manera: sin embargo, salta á 
la vista que el carácter sacado de las costumbres es preferi- 
ble al que se toma de una particularidad anatómica de interés 
secundario. 

Otra dificultad inherente á la materia misma, es la de or- 
denar las aves en serie, desde las más generalizadas hasta las 

1 Escribo taxeonomia j no taxonomía ó taxinomia, para conformarme á la regla de 
oompoúción que pide el genitlTO (taxeos) del nombre, como radical de la pal abra. 



222 Memoria» de la Sociedad Cieutíñea 

más especializadas que se considerarán como superiores y más 
alejadas del tipo ancestral de estos vertebrados. Dirán unos 
que los más especializados son los pericos, otros considerarán 
como tales á los rapaces ó á los esteganópodos. Pero si se es- 
tudia cada orden por separado, se ve que es difícil decir cuál 
de ellos es el más especializado y cuál el más generalizado. 

Estas reflexiones me asaltaron después do la lectura de 
una obra moderna (1895) en la cual los -mamíferos y las aves 
están tratadas con esmero; quiero hablar de "The royal natu- 
ral history, edited by Rich. Lydekker." 

El autor, inspirándose en las ideas de un célebre ornitolo- 
gista inglés, divide las aves en Aegithognathce, Desmognathce y 
ScMzognathce, agregando un último grupo de Schizognathae 
especiales dedicado á las Batites: he aquí la significación de 
estos términos. 

Por Egitógnatas se entiende las aves en que los huesos 
maxilo-paiatinos están libres, y colocados debajo de un vómer 
ancho y bruncado en su parte anterior. En las desmógnatas, 
los maxilo-paiatinos se unen en medio del paladar, y forman 
como un puente delante del vómer. Esquizógnatas son las 
aves cuyo vómer es agudo en su porción anterior y separado 
de los maxilo-paiatinos que también están distintos uno . del 
otro. El tinamú ó perdiz real y las Batites ( avestruz ) son unos 
esquizógnatos cuyo vómer está confundido con los maxilo-pa- 
iatinos por delante, y con los palatinos y terigóides hacia atrás. 

Las Egitógnatas comprenden los paseros verdaderos (urra- 
cas, calandrias, zanates, gorriones, mirlos, reyezuelos, madru- 
gadores, golondrinas. 

Del orden de Picariae hablaremos al último.- 

Entre las Desmógnatas se cuentan los pericos, rapaces, 
cormoranos ó puercas, pelícanos, garzas, flamencos, patos. 

De las Esquizógnatas citaremos las palomas, el Dronto, 
las gallináceas, las gallaretas, las avutardas, las grullas, los 
tildios, los gallitos del agua, las agachonas, las gaviotas, los al- 



"Antonio Álzate." 



223 



batrostes, los buzos, los pingüinos: les agregaremos las ratitas 
ó aves sin quilla en el esternón como los avestruces y los ca- 
zoares, y los tinamos ó perdices reales, aunque estos últimos 
tienen una quilla esternal. 

A primera vista se comprende que atendiendo ala confor- 
mación del paladar huesoso para formar secciones primordia- 
les, se reúnen aves muy diferentes, como las rapaces, las gar- 
zas y los patos por una parte, y por otra las palomas, las gru- 
llas y las gaviotas, que sin embargo no representan afinidades, 
mientras se alejan unas de otras, verbigracia, las garzas y las 
grullas, los patos y las gaviotas. Semejante clasificación está 
muy lejos de ser natural, y se asemeja mucho á un sistema 
artificial, como el de Linneo para las plantas. En caso de to- 
mar un solo carácter por punto de partida, hubiera sido me- 
jor escoger el aparato del vuelo (esternón, hombro, alas,) que 
siquiera es de mayor importancia, pues descansa sobre unos 
órganos que caracterizan la clase entera de las aves, las espe- 
cializa, y las aparta de los otros vertebrados. 

Pero no es esto todo: consideremos ahora el extraño con- 
junto al que se da el nombre de picariae: he aquí algunos ejem- 
plos de las aves contenidas en este grupo. 



IgitognaUs. 



Esquizógnatas. 



Chupa-rosa Abubilla 

Zumbador'^' Guácharo'^' Podargo'^' 

Vencejo Golondrina Quetzal 

Martín pescador 

Abejaruco 

Madrugador 
Tucán Cálao. 

He aquí una gran división de picarlos en que el autor ha 
comprendido la imposibiliilad de separar todos estos géneros, 

1 Estas tres aves son de la familia de los Chotacabras. 



224 Memorias de la Sociedad Científica 

y de consiguiente, lo superficial, antinatural é inaplicable de 
un carácter común sacado de la conformación huesosa del pa- 
ladar. ¿Este solo ejemplo de una gran sección donde halla- 
mos confundidos Egitógnatas, Desmógnatas y Esquizógnatas, 
no condena el método? Paréceme que sí. Se ha sentido la im- 
posibilidad de separar unos de otros los Picariae, pues los tres 
géneros que todos los ornitologistas encierran en la familia de 
los cliotacábras, tienen entre sí afinidades muy grandes á pesar 
de que unos son Egitógnatos, y otros Desmógnatos ó Esqui- 
zógnatos. 

En la misma obra hay un párrafo en que Lydekker dice 
que las costumbres de las aves son de primera importancia para la 
clasificación. ¿Acaso es un factor de las costumbres la confor- 
mación del paladar? ¿Por qué, pues, no adoptó otro método ade- 
cuado á esta idea realmente filosófica? Muy cierto es que aun 
ahora no existe una clasificación de las aves perfectamente na- 
tural, pero en caso de no poder hallar ninguna que convenga 
completamente bajo el punto de vista puramente científico, 
valdría más sujetarse á la de Brehm (Les merveilles de lana- 
ture) que tiene á lo menos el gran mérito de la sencillez, y el 
de fundarse en las afinidades generales de las aves que coin- 
ciden casi siempre con su modo de vivir. 
Gruanajuato, Febrero de 1901. 



EL MONOLITO DE HUITZUCO. 

(ESTADO DE GUERRERO, DISTRITO DE IGUALA). 

Por J. Wl. de la Fuente. 

Siete años hará, aproximadamente, que las corrientes des- 
cubrieron este monolito que por más de tres siglos permane- 
ció sepultado en la acera N, E. de la plaza de Huitzuco y hoy 
se encuentra bajo uno de los arcos de la casa cural. Este mo- 
nolito es de roca basáltica y mide 1."'69. de alto, por 0.™655. 
de ancho y 0,™37 de grueso, todo él está perfectamente pu- 
lido y labrado á escuadra. A partir de la base hasta una altu- 
ra de 0."92 está completamente liso; pero de aquí hasta el re- 
mate, lo mismo que la superficie superior, está cubierto de 
jeroglíficos perfectamente tallados en relieve. 

Me ocuparé de describir con la mayor minuciosidad posi- 
ble estos jeroglíficos, para que se pueda formar, por medio de 
ello, una idea siquiera aproximada de este importante monu- 
mento, ya que por falta de fotógrafo^ ó dibujantes no puedo 
acompañar ninguna fotografía ó dibujo de él. 

A semejanza de cornisa, rodean la parte superior de la pie- 
dra unas figuras que parecen ser plantas humanas en sentido 
vertical y por debajo de estas cuelgan unas mantas con rayi- 
tas verticales, y en cada una de ellas hay dos maxilares huma- 
nos articulados y con sus respectivos dientes. 

Nos ocuparemos ahora de las cuatro caras de este mono- 
lito, comenzando por la que vé al E. y siguiendo por la dere- 
cha hasta terminar en la que vé al S. 

Memorias.— [1900-1901].— T. XV.— 29. 



226 Memorias de la Sociedad Científica 

La cara que vé al E. está dividida por dobles líneas en dos 
[^ cuadros, en el inferior se ve el cerro torcido ideográfico de la 
tribu calhua, el cual está literalmente cubierto por el numeral 
'diez representado por cuadritos. 

En el tablero superior se vé el signo Oztotl (cueva ó tribu) 
pintado de frente, y por encima de éste una nube circular con 
los fantásticos dientes de Tláloc. 

La cara N. está ocupada por un sólo tablero: en él se ve 
una nube circular y rodeando la parte superior de ella el sig- 
no atl, Y á uno y otro ángulos superiores del cuadro el signo 
XII Ácatl. 

La cara O. está como la del E. dividida en dos tableros. 
En el inferior, en medio de él y casi ocupándolo por completo, 
está un guerrero con el cuerpo inclinado hacia delante y los 
brazos extendidos en actitud do reprender con enojoj viste es- 
te personaje ricas plumas, calza unos cacles, usa orejeras j 
cubre su cabeza un copilli; al frente de él hay otro copilli sobre 
una silla (icpatlij; arriba, y á un lado de éste, tlauquechól, sig- 
no de mando; junto á éste, un alacrán ( colotl ) y más arriba, 
una manta atravesada por una espina, que es el conocido je- 
roglífico de Huitsoco. Creo que con estos elementos podríamos 
traducir Calotemtli 6 señor de Huitzoco, que es á quien pare- 
ce reprender el personaje del copilli que está de pie; atrás de 
éste está un pantle ó bandera con cinco puntos numerales que 
nos da 100, puesto que la bandera como numeral representa 
20, y cinco veces 20 son 100. Arriba de la bandera hay una 
especie de lazo que bien pudiera ser un maxtlatl, pero no 
está claro. 

En el tablero superior se ven las mismas figuras que en el 
inferior, con la única diferencia de que la bandera en vez de 
cinco puntos tiene siete, lo que nos da 140; tal vez este número 
sea el aumento de tributo que se hizo al pueblo al reconquistar- 
lo, y además el personaje del copilli tiene su jeroglífico, de lo 
que le carece del tablero inferior, este jeroglífico es un áhui- 



"Antonio Álzate." 227 



eotl, lo que nos aclara que el guei-rero de este tablero no es 
otro que el aguerrido Ahuízotl, VIII Rey de México. 

La cara del monolito que vé al S. forma un sólo tablero; en 
su parte inferior hay un medio Sol (tonath'm) y encima de és- 
te una nube circular con una pupila y el párpado invertido; en. 
el centro de ella y en los dos ángulos superiores del cuadro, el 
signo XII Acatl. 

En la superficie superior de este monolito, á la derecha, hay 
un teocalli en cuya cima se ven los signos del humo (poctli) lo 
que constituye el signo característico de conquista, como es 
bien í;abido. Ocupan el centro de esta superficie las figuras de 
dos personajes en actitud de caminar, los dos portan orejeras 
vestidas de vistosas plumas y calzan cacles; llevan las manos 
sujetas con el ca,Yí\ctevíst\Gote2ni2qt(ecJitl¿de los prisioneros de 
guerra, y por tocado el tlacaxipehualiztli. El traje de estos in- 
dividuos, hace creer que representan dos caciques del pueblo, 
que fueron llevados prisioneros, y el singular tocado que cubre 
sus cabezas parece indicar que fueron sacrificados al dios de 
los plateros, al terrible y espantoso Xipe. 

Dado el poco tiempo de que puedo disponer, y sobre todd 
mi incompetencia, no me detendré á hacer una traducción de- 
tallada de este monolito, del que nadie se ha ocupado hasta 
hoy, y sólo á grandes rasgos y á título de ensaye, expondré mi 
desautorizada opinión sobre su significado, dejando la labor de 
ung, pormenorizada traducción á las personas competentes en 
la materia. 

Yo creo que podríamos traducir así: 

El pueblo de Huitzoco fué conquistado dos veces por los 
cólhwis ó Mexicanos, que en gran número cayeron sobre él 
como una tempestad que todo lo desvasta, y los dos caciques 
que en esas épocas lo gobernaban y que llevaban el nombre 
de CololecutU, fueron llevailos prisioneros y sacrificados al dios 
Xipe. Estos dos acontecimientos, por una coincidencia, se ve- 
rificaron en año XII Acatl (doce cañas). El jefe de una de esas 



228. Memorias de la Sociedad Científica 

expediciones fué AhuUzotl y el otro solo podemos saber qu& 
fué otro de los reyes mexicanos, pero por carecer de jeroglí- 
fico no podemos decir su nombre; sin embargo, para esto nos 
queda un medio: dada la coincidencia de que las dos conquis- 
tas bayan sido en el año XII Acatl, consultando la cronología 
del imperio azteca podremos aclarar quién baya sido este con- 
quistador anónimo; en efecto, desde el año II calli (1325) en 
que se fundó México basta el III calli en que fué conquistado 
por Cortés, solo encontramos cuatro años XII Acatl: el pri- 
mero antes que se separaran los Tenoxcas y Tlatelolcas (1335)f 
el segundo, ( 1387 ) en el reinado de Acama/pictzin, primer rey 
de México, que ni fué ni pudo ser conquistador de lejanas tie- 
rras; el 3? en el reinado de Moteuczoma Ilbuicamina y el 4? 
en el de Abuitzotl. Y de aquí deducimos con todo fundamen- 
to, que el primer conquistador fué Moteuczoma 1? cuya creen- 
cia corrobora la bistoria, pues babla de las conquistas que 
este rey y Abuitzotl hicieron de tierras del Sur basta Cuilapa 
ó Cbilapa á cuyo territorio pertenecía Huitzoco, solo que los 
historiadores no nos dicen las fetbas, y en el monolito encon- 
tramos que se verificó la de Moteuczom^i el año XII Acatl que 
fué el 1439 de nuestro calendario y la segunda conquista por 
Abuitzotl 52 años después, en 1491. Este importante punto 
histórico y otros no menos importantes detalles basta boy des- 
conocidos, es lo que, después de cuatro siglos, viene á reve- 
larnos este importante monolito, con lo que viene á ilustrar 
una parte de la bistoria del extinguido Imperio Azteca. 

Todo esto, se entiende, siempre que mi imperfecto traba- 
jo llegue á ser corroborado por personas caracterizadas y com- 
petentes. 

Yautepec, Octubre 4 de 1900. 



IOS ELEME\'TOS IIETEOROLOGICOS M EL AÑO DE 1900. 



Por el Profesor 



LUIS a. LEÓN, M. S. A., 

Director del Olisorvatoiio Meteorológico de la Escuela Normal para Profesoras. 

El primer Congreso Meteorológico dispuso que el año me- 
teorológico se contara del 1° de Diciembre de un año al 30 
de Noviembre del siguiente. Acatando esa disposición publi- 
qué el resumen correspondiente; pero con objeto de poder se- 
guir comparando los datos con los de años anteriores, be es- 
tudiado los elementos meteorológicos de 1900, y me ocuparé 
de los principales en este trabajo. 

La temperatura media á la intemperie que fué de 14^3 en 
el mes de Enero, tuvo un movimiento de ascenso, según se ve 
en la curva correspondiente, en los meses de Febrero y Mar- 
zo; en Abril, al iniciarse las lluvias, hubo un descenso; volvió 
á ascender en Mayo y Junio, descendió en Julio, tornó á subir 
en Agosto, y en Septiembre se inició ya el movimiento de des- 
censo. El mes de temperatura media más baja fué Diciembre 
y el de media más alta Junio. 

La marcha de la temperatura media al abrigo no corres- 
pondió con la de la media á la intemperie. La temperatura 



230 Memorias de la Sociedad Científica 

ascendió desde Enero hasta Jnnio, descendió en Julio y Agos- 
to, volvió á snbir en Septiembre, y en Octubre comenzó el 
descenso hasta el último mes del año. 

En las temperaturas máximas absolutas á la intemperie s^ 
observó que fueron ascendiendo desde Enero hasta Junio, pa- 
ra descender regularmente de Julio a Diciembre. Junio fué 
un mes muy caluroso, debido á que escasearon mucho las llu- 
vias, habiéndose registrado en ese mes la temperatura ( exa- 
gerada para nuestro clima) de 38°8. 

En las máximas al abrigo hubo un movimiento ascenden- 
te 3e Enero á Abril, bajó en Mayo, subió en Junio, descendió 
regularmente de Julio á Septiembre, volvió á ascender en Oc- 
tubre y bajó en Noviembre y Diciembre. 

En las temperatui'as mínimas, tanto al abrigo como á la 
intemperie se notó un ascenso regular de Enero á Agosto, y 
un descenso de Septiembre á Noviembre, para ascender lige- 
ramente en Diciembre. Las temperaturas más bajas registra- 
da* fueron dos grados bajo cero á la intemperie y un grado arri- 
la de cero al abrigo. 

Respecto á las oscilaciones, tuvieron por valor máximo: 
30^1 al abrigo y 30°0 á la intemperie. 

La temperatura diurna sigue generalmente una marcha 
muy regular en México. El mercurio comienza á subir desde 
la salida del sol, llega á su mayor altura entre 2 y4 en verana 
y entre 12 y 2 de la tarde en invierno y sigue descendiendo 
hasta la salida del sol. 

Sin embai'go, durante las tempestades se observan des- 
censos bruscos de temperatura, y ninguno tan notable como 
el qne ocurrió el Sábado 14 de Abril. Después de repetidas 
manifestaciones eléctricas comenzó la lluvia á la 1 y 30 minu- 
tos de la tarde. En ese momento el termómetro registrador 
marcaba 25°5; alas 2 de la tarde bajó á25. Después comenzó 
á granizar y en menos de media hora el mercurio.descendió á 
12<^5, es decir que hubo un descenso brusco de 12° y medio. 



'Antonio Álzate." 231 



La temperatura media anual á la intemperie resultó de 
18°0 y la media anual al abrigo de 16o4, valores que dilioren 
poco de los normales. 

La presión barométrica experimenta en México muy cor- 
tas variaciones, así es que las máximas y mínimas se separan 
muy poco de la normal. La presión media mensual se mantu- 
vo baja en los meses de Enei'o, Febrero, Marzo, Abril, Mayo, 
Junio y Julio, y alta en los meses restantes del año. La pre- 
sión media del año resultó baja, pues fué de 585 """8, debido 
probablemente á que el año fué caluroso y á que han domina- 
do los vientos húmedos. 

El mal tiempo ha sido siempre acompañado de perturba- 
ciones barométricas. Por ejemplo, en la tempestad del 14 de 
Abril á que antes hice referencia, el barómetro comenzó á 
descender desde las 10 de la mañana, de 586 ™"' que marcaba 

Á esa hora, bajó á 583 á la 1 de la tarde; en el momento del 
aguacero subió á 584, á las tres de la tarde bajó otra vez á 533 
y 86 mantuvo así hasta las 5, hora en que volvió á lloverj en- 
tonces subió de nuevo, marcando 584 alas 6 déla tarde y 585 
á las 7 de la noche. 

La presión máxima fué de 589™'" 7 y ocurrió en el mes de 
Diciembre y la presión mínima fué 581 """O y ocurrió en el 

■mes de Marzo, lo que da una oscilación absoluta de 8"™7. 

IsT EB TJ L.O SIID-A.r>. 

El año de 1900 resultó muy nebuloso, excepción hecha del 
mes de Junio, en el que contra la regla general, domináronlos 
días limpios y despejados. Hubo en el año 166 días medio nu- 
blados, 149 despejados y 50 nublados. 

La forma dominante de las nubes en el año fué cirrus. Es- 
te tipo y sus derivados se presentaron con abundancia ea los 



232 Memorias de la Sociedad Científica 



meses de invierno, así como las formas cicmuUformes en la es- 
tación calurosa. 

En todo el curso del año de 1900 me dediqué á obtener fo- 
tografías de las nubes, algunas de las cuales tengo el gusto de 
presentar á la Sociedad. 

La primera es un altc—stratus observado el miércoles 7 de 
de Febrero á las 5.30 p. m,, y la fotografía muestra claramen- 
te las partes brillantes de las nubes cerca del sol, así como la 
transición á cirro-stratus. 

La segunda es un fracto-cumulus obtenido el mismo día 
algunos minutos después que la anterior. 

La tercera representa un cumulo-nimbus típico, arriba del 
cual flotan los "falsos cirrus." Esta nube produjo ligera llo- 
vizna. Fué tomada el 26 de Febrero en la tarde. 

La cuarta tomada el mismo día pocos minutos después, es 
también un cumulo-nimhus que produjo lluvia com,o la anterior. 

La quinta es un alio-cumulus característico, con radiación 
al SE. observado el 11 de Marzo. La fotografía es impotente 
para representar con toda claridad la belleza de esta nube. 

La sexta es xm stratc—3umuhcs, observado el 12 de Marzo á 
las 2.10 minutos de la tarde. 

Hubo^ en el año 153 días lluviosos; el mes más lluvioso, 
tanto por el número de días con precipitación como por can- 
tidad de agua recogida fué Julio, mes que tuvo 29 días]lluvio- 
sos con un total de 153™™ 6 de agua recogida. El mes menos 
lluvioso fué Febrero, con dos días de lluvia inapreciable. 

Se observa por la curva, que después de haber ascendido 
hasta Mayo, descendió en Junio, lo que es muy raro. Junio 
resultó un mes muy seco, pues sólo tuvo ocho días lluviosos 
con 39™ ™6 de agua; en cambio la insolación fué notable en es- 
te mes, Pero para que hubiera compensación Diciembre fué 



"Antonio Álzate." 233 



enteramente anormal y extraordinario en cuestión de lluvias. 
El número de días lluviosos fué de 17 (cuando generalmente 
es de 3) y la cantidad de agua recogida 103"" ""9 fué superior á 
la de los meses de Junio, Agosto y Septiembre, respectiva- 
mente. 

La cantidad total de agua de lluvia caída en el año de 1900 
fué de 589™ ™6. Hubo en el año 9 granizadas y 65 días tempes- 
tuosos. 

Con respecto á los demás elementos meteorológicos difi- 
rieron muy poco del resumen de Diciembre de 1899 á Noviem- 
bre de 1900 que tuve ya el gusto de presentar á esta Sociedad. 

Podemos decir, para terminar, que el año de 1900 fué ne- 
buloso, lluvioso y caluroso y como resultado de esto, de baja 
presión. 

Hecho notable, fué la reunión del Primer Congreso Me- 
teorológico, cuya verificación se debió á la iniciativa de la So- 
ciedad "Antonio Álzate" que después de un pasado brillan- 
te, inaugura hoy sus sesiones del Siglo XX. 
México, Enero 6 de 1901. 



m ••• » 



Memorias (1000-1901)— T. XV— 30. 



EL TRATAMIENTO DE LA TUBERCULOSIS. 

rOR LOS CLIMAS DE ALTITUD. 



OPINIONES DE AUTORES NACIONALES Y EXTRANJEROS 



BECOPILADA£ 



Por el Prof. A. L. Herrera, M. S. A. y el Dr. D. Vergara Lope, M. S. A. 



CCONTIKUA. )* 

Proposiciones confirmativas. 

Según el Dr. Lombard. 

En Bélgica, en el Luxembourg cuyos puntos culminantes 
están de 500 á 600 metros, la mortalidad por tisis es 12 por 100; 
en el Limbourg y otras partes bajas es de 24 á 14 por 100^'^ 
En Francia hay una inmunidad relativa en las regiones mon- 
tuosas, pero no hay datos suficientes para llegar á la precisión 
necesaria. 

Bu las porciones elevadas del Harz (Oberharz) el Dr. 

• Véane "MemorioB" Tomo XII, píig. 352. 
(1) Cliiüftloloffic Medícale, Vol. II, p. 318. 



236' Memorias de la Sociedad Científica 

Brockman ha encontrado entre 80,000 enfermos, solamente 
23 tísicos, y de éstos solo 7 habían enfermado en la parte ele- 
vada del país. Los mismos hechos se han observado en Aus- 
tria, en donde la tisis es muy frecuente en las llanuras y muy 
rara en las regiones montuosas de la Estiria, la Carintia y el 
Tirol. 

La tisis es rara en las montañas de la Armenia, y se ha se- 
ñalado su ausencia total en las regiones montuosas de Persia 
(p. 64. vol. IV); es desconocida ó excesivamente rara en el Af- 
ghanistan y Beluchistan (vol. IV. p. 79.) 

Para significar la importancia de Davos como estación sa- 
nitaria dice el autor que en el último invierno, esta localidad 
alojaba cerca de 600 personas, la mayor parte tísicas. ''Los en- 
fermos que se encuentran en el primero ó segundo período, 
experimentan buenos efectos, con tal que no estén anémicos, 
que la expectoración no sea muy abundante y que la diarrea 
no exista. Cuando estos síntomas son muy marcados, como 
sucede con los tísicos en el tercer período, la permanencia en 
Davos es muy desventajosa y no hace más que acelerar la ter- 
minación fatal." No estamos de acuerdo. Precisamente de 
los estudios experimentales y de la observación diaria se ha 
deducido que los climas de altitud convienen á los anémicos; 
por otra parte, cuando la expectoración es muy abundante, 
está indicada la residencia en Davos, si se trata de combatir 
el síntoma, pues Restrepo y otros señalan la diminución de 
las expectoraciones en los sanatorios elevados; en cuanto á la 
diarrea, el Dr. Tahon asegura que disminuye en estos climas. 

"La predisposición á los enfriamientos es tan débil, que 
•en casi todos los cuartos de los enfermos, la parte superior de 
las ventanas permanece abierta toda la noche, para mayor sa- 
tisfacción de los enfermos que no temen respirar una atmós- 
fera helada."^^^ Paul Bert decía que en el aire enrarecido se 
■enfrían los animales sanos. (I) 

(1) Climatologie Medícale, vol. IV, p. 653. 



'Antonio Álzate. " 237 



Como' conclusión de la parte que se refiere á las estacio- 
nes montuosas más sedativas que tónicas, dice Lombard: "Nu- 
merosos son los enfermos que hemos enviado á respirar el ai- 
re de las montañas y han recobrado el apetito, las fuerzas, la 
calma, de que estaban privados hacía mucho tiempo; á veces 
han bastado algunas semanas para obtener este feliz resulta- 
do y ha vuelto la salud después de muchos meses de una vi- 
da de sufrimientos," 

El Dr. Demetrio Mejía. 

Ha observado un caso de tuberculosis miliar, con la par- 
ticularidad de que las granulaciones eran mucho más notables 
en el bazo y hace notar que en Europa se señala como muy 
frecuente la tuberculización del bazo; "que de todas las glán- 
dulas es la más frecuentemente atacada, diceLaboulbénefJ.wa- 
íomie pathohgiqtie, p. 694). sobre todo en los niños. Desde este 
punto de vista el bazo es al abdomen lo que los pulmones al pe- 
cho," No creo sea lo mismo en México, pues aquí me parece 
rara la tuberculización de este órgano."'^' El Dr. Mejía conclu- 
ye de sus estudios que: 1 ^ En México es rara la tuberculiza- 
ción esplénica. 2° Cuando se presenta, afecta de preferencia 
la forma blanda. 

( Si esta primera conclusión se comprueba por ulteriores 
investigaciones, naturalmente parecerá difícil explicarla. Véa- 
se más adelante el resumen general. 

El Dr. Rafael Lavista. 

Al ocuparse de un caso de tuberculización de la vejiga, 
asegura que: *' Bien sabido es que, por nuestra fortuna, la tu- 
berculosis en sus diferentes formas no se desarrolla entre nos- 
otros con la misma terrible frecuencia que se la observa en 
Europa y en los países del Norte; y cuando tal acontece, no 
es precisamente el aparato gónito- urinario el sitio de predi- 

(1) "Gaceta Médica do^México. Vol. XIV. i>. 138. 



238 Memorias de la Sociedad Científica 

lección de la enfermedad,'"'' El sujeto examinado tenía ade- 
más tuberculosis pulmonar. 

He aquí como se expresa el Dr, Lilis E, Ruiz acerca de la 
freciiencia de la tuberculosis en diversas regiones de la Repú- 
blica Mexicana,'^' 

"El paludismo ocupa el primer lugar en las endemias del 
Estado de Veracruz; la tuberculosis el segundo, pues con ex- 
clusión de los tres cantones del N. O. reina con mortífero im- 
perio en todo el territorio del Estado (que en gran parte está, 
al nivel del mar). Siega las mejores vidas y marcbita las más 
útiles existencias. A veces, y sobre todo en los jóvenes, es tan 
rápida en el ataque como segura en el aniquilamiento de la 
vida. 

La tuberculosis no escasea en el Estado de Tabasco (que 
es caliente y bajo ) ; es frecuente en el Estado de Campeche 
(también caliente y bajo) de preferencia en la forma galopan- 
te, sobre todo en la clase proletaria. La tuberculosis es pro- 
pia de los centros poblados de Yucatán (caliente y bajo). 

La misma afección se observa en todos los distritos del 
Estado de Siaaloa, siendo mayor el número de los que ataca 
y en su gravedad y menor duración en la parte bañada por el 
mar. Se observa y mucbo en los jornaleros que viven cerca 
de la costa de Guerrero, La tuberculosis pulmonar es frecuen- 
te en la gente proletaria del Estado de Morelos, pero prepon- 
dera en Tetecala, Jojutla y Yautepec (localidades no demasia- 
do bajas pero calientes). 

La tuberculosis, teniendo por carácter ser prolongada, es- 
casamente es endémica en el Estado de Tlaxcala (cuyo terri- 
torio se encuentra por término medio á 2,000"), Lo mismo en 
el Estado de Hidalgo. 

Es frecuente cerca del litoral del Estado de Oaxaca y es- 

(1) "Gaceta Médica de México. " XXIV. p. 185. 

(2) Ibid. XXVI. p. 395. 



'Antonio Álzate." 239 



casa en la porción alta y media. Igualmente escasa y relativa- 
mente benigna (hasta donde lo puede ser) en las alturas del 
Estado de Zacatecas y con su forma habitual en las llanuras 
y porción más cálida. Solo en el distrito de Parras (Coahuila) 
se encuentran, aunque pocos, casos de tuberculosis." 



En el año 1878 se suscitaron en el seno de la Academia de 
Medicina de México continuas y acaloradas discusiones acer- 
ca de la influencia de la altura sobre la tisis j presentáronse 
memorias, estadísticas, infinidad de datos que yacen en el más 
lamentable olvido y nosotros estamos en la obligación de re- 
cordar. Nunca se ha visto que en el extranjero les tomen en 
consideración los más escrupulosos investigadores, y aun en 
nuestro país parecen ignorados del mayor número de médicos. 

Exploremos el volumen trigésimo de la "Gaceta Módica," 
no sin advertir previamente que las discusiones se han verifi- 
cado en el seno de la primera corporación médica de la Repú- 
blica y los contrincantes todos hablan según su experiencia 
personal en las mesetas. 

La Academia de Medicina abrió un concurso, ofreciendo 
un premio al autor de la mejor memoria sobre la "Influencia 
del Clima del Valle de México (ó en lo posible de la Mesa 
Central) sobre el desarrollo, frecuencia, duración y termina- 
ción de la tisis pulmonar." 

El Dr. L. BelUna. 

Presentó un trabajo que dio origen á las críticas que en 
otra parte constan. He aquí ol extracto de esta larga memo- 
ria que no copiamos íntegra porque contiene noticias sobre 
presión del aire, tifo y otros asuntos más ó menos extraños á 
nuestro objeto.'" 

O) Hemos iitilLiado las notas qne constau en la pagina 174 "Iraceta Médioa de Mé- 
xico. Vol. Xm, pura completar la bibliografia. 



240 Memorias de la Sociedad Científica 

''Cuando se dote á México de un buen sistema de atarjeas 
y de desagüe, llegará á ser la mejor estación del mundo para 
los tísicos." La opinión fundamental del autor es concisa cier- 
tamente, pero se refiere á un hecho futuro y por lo mismo es- 
pera un juicio futuro. "Los médicos ingleses fueron quienes, 
hace más de 30 años ( antes de 1848 ), observaron que en las 
altas mesetas del Himalaya es rara la tisis entre los indígenas, 
y que los extranjeros atacados de esa enfermedad experimen- 
tan allí una mejoría notable. Ellos también se han cerciorado 
del hecho interesante de que los niños, nacidos de matrimonios 
cruzados entre ingleses é indios, por lo regular se vuelven tí- 
sicos y mueren muy temprano. (Hemos oído citar este hecho 
en una de las lecciones clínicas de nuestro maestro, el profe- 
sor Pfeufer, de Munich) y se preservan de los tubérculos los 
que viven de cinco á ocho años en las mesetas elevadas."(?) 

. . . En el Nouveau Dictionnaire de Médecine et Chirurgie 
pratique (V. XVI, p. 86, París 1872) encontramos la nota si- 
guiente relativa á la tisis en México. 

"La tisis desconocida, así como la sífilis, entre los indios 
que no viven en las ciudades, es bastante rara en las alturas, 
enire las personas que gozan de condiciones higiénicas favorables. 
En México las defunciones por tisis representan próximamen- 
te el 11 por 100 de las defunciones generales" (Le Roy de Mi- 
récourt) (!) "* 

Según El Dr. J. O, Lobato. 

(Observador Médico, 1874 p. 106), "en un total de 594 de- 
funciones encontramos 37 casos de tisis, lo que representa un 
6 por 100." 

El Dr. Bellina. 

Transcribe la noticia pormenorizada de un individuo que 
sucumbió á la tisis y presentaba tubérculos en el bazo, así 
como el enfermo de que ya se habló al referir una opinión del 



"Antonio Álzate." 241 



Dr. Mejía sobre lo raro en México de la tuberculización de ese 
órgano. 

El mismo Dr. Bellina dice que en 3 años de permanencia 
en México ha podido observar 28 casos de tisis que describe 
con algún detalle. El 1" en tm indio nacido en Oaxaca, resi- 
dente en México cuatro años antes; hijo de padres sanos; fué 
atacado repentinamente por la tisis intestinal aguda. Este ca- 
so es interesante por tratarse de un individuo de la raza indí- 
gena. 

El segundo caso se refiere á "un español que vive en Mé- 
xico desde hace 30 años. Su padre murió joven, de tisis.^' Ni él, 
ni su esposa é hijos parecían tuberculosos: no se heredó la en- 
fermedad y sabido es que la tisis heredada, se clasifica entre 
las más incurables. (?) 

Tercer caso. — mestiza; ha curado de la tisis. Su hijo goza 
de 'buena salud. 

Cuarto caso. — Un francés que lleva 8 años de residencia. 
Murió á causa de la tuberculización intestinal. 

5? caso. — mestiza, nacida en México; murió por la misma 
causa. 

6° caso. — la hermana de la precedente, por un cambio de 
vida y gracias á condiciones higiénicas favorables ha mejora- 
do de su afección tuberculosa. 

7V caso. — mestiza, nacida y radicada en México: ha mejo- 
rado bajo la influencia de un régimen y medicación tónicos. 
(La hermana de la precedente también ha mejorado.) 

8? cp.so. — mestizo nacido y radicado en México; todo el día 
recibe un aire viciado y lleno de polvo. El tratamiento no ha 
producido mejoría alguna. 

Sirvan de ejemplo estos ocho casos. 

El Dr. Bellina resume los 28 casos que ha observado, de 
la manera siguiente: 



Memorias. 11900-1001].— T. XV.--81. 



Sí^ 



Memorias de la Sociedad Científica 



Extranjeros tísicos 9 

Mexicanos que ban nacido ó vivido en los niveles inferiores. 6 
Nacidos y residentes en México 13 



Total 



28 



Según las razas hay: < 



''Franceses . ^ . ... 4 

TA-lemanes 2 

Españoles 1 

Suizos 1 

Anglo-americanos 1 

Indios .1 

Mestizos 16 

Criollos españoles. (?) 2 



Total. 



28 



Según las causas 



f Tisis hereditaria 5 

Adquiridas en otra parte 4 

Diátesis escrofulosa 1 

Neumonía 1 

Causas profesionales 18 

i Histerismo de doncellas 2 

Malas condiciones higiénicas: 
alimentación insuficiente, hu- 
medad y aglomeración de gen- 
te en las habitaciones 2 

Patinación en una sala llena de 

\^ polvo y humo 1 



Según la profesión < 



Arrieros 

Cerveceros 

Panaderos 

Pasamaneros 

Trabajadores en filigrana... ^ 

Empleados 

Empleados de cajón de ropa . 
Empleados en el comercio . . . 
Fabricantes de sombreros ... 

Cortador de camisas 

Oficial del ejército - 

Fabricante de colchones 



"Antonio Álzate." 243 



La tisis hereditaria fué dos veces la causa única y tres ve- 
ces coincidió con una causa profesional; la tisis adquirida en 
un nivel inferior fué una vez la causa única y tres veces coin- 
cidió con las profesiones de arriero, panadero y oficial del ejér^ 
cito. 

Entre los 13 tísicos nacidos y residentes en México, en- 
contramos 12 mestizos y un criollo, y á esta circunstancia pre- 
disponente se añade en los mestizos: 7 veces profesión que 
hace respirar polvo; 1, patinación en un ambiente polvoso; 1, 
diátesis escrofulosa; 2, miseria y humedad; 2, histerismo de 
doncellas viejas, y en la criolla trabajo de cuatro años en fili- 
grana y la circunstancia de que ella asistió por varios años á 
la madre atacada de cáncer de la matriz. 

Pues bien, en México no vemos enfermos de tisis mas que 
los extranjeros; los mexicanos que han nacido ó vivido en 
niveles inferiores y entre los indígenas mestizos, entre los 
cuales, á la diátesis de cruzamiento de razas ffjse añad.e otra 
causa concomitante. 

Fuera de estas circunstancias absolutamente particulares, 
la inmunidad para la tisis es completa. Esta enfermedad es 
nula en las clases acomodadas, y los hijos de los tísicos jamás 
llegan á estar tuberculosos si viven en buenas condiciones hi- 
giénicas. 

Hemos tenido ocasión de ver en muchos jóvenes venidos 
de Europa, que á pesar de tener una diátesis hereditaria y ha- 
ber perdido muchos miembros de su familia por la tisis, viven 
en México, en buena salud, sin haber sido jamás atacados por 
esta enfermedad. Considerando este hecho, y sobre todo la au- 
sencia completa de tisis entre los nativos (?) podemos decir 
que el clima de México tiene el poder de destruir las predis- 
posiciones á esa enfermedad. 

Su influencia en la marcha de la tisis no es menos favo- 
Table. Hemos observado frecuentemente que, si se puede ala- 
jar la causa profesional, si Be puede poner á los enfermos en 



244 Memorias de la Sociedad Científica 

buenas condiciones higiénicas y someterles a un régimen for- 
tificante, los tísicos dejan de enflaquecerse; se ve unido á una 
detención del trabajo tuberculoso frecuentemente un aumen- 
to notable del peso del cuerpo, y la tuberculosis se cura muy 
á menudo. 

No es raro ver una diminución de matitez subclavicular y 
aun la desaparición de las cavernas aisladas. Aun en los en- 
fermos que no pueden ó no quieren atenderse, el proceso tu- 
berculoso se detiene á veces, y los enfermos entran en un es- 
tado estacionario. Los extranjeros tísicos que se encuentran 
en una posición acomodada y siguen las buenas medidas hi- 
giénicas gozan de un estado de salud satisfactorio, se ocupan 
perfectamente de sus negocios y llegan á veces á una edad 
muy avanzada, muy rara en otros países. 

La tuberculización se desai'rolla sobre todo en los intesti- 
nos, ocupando de preferencia el mesenterio, y á veces á pesar 
de que no hay tubérculos en los pulmones Nosotros he- 
mos visto en todos los enfermos sin distinción de raza, una 
tendencia á la tuberculización, sobre todo intestinal, y nos es- 
plicamos este hecho, de un lado por la acción benéfica de la al- 
tura sobre la tisis pulmonar y de otro por la influencia perma- 
nente y nociva de las emanaciones pútridas de la ciudad sobre 
el aparato digestivo. (?) 

La marcha de la tuberculosis es ordinariamente muy len- 
ta, y la muerte no tiene lugar sino cuando la destrucción tu- 
berculosa ha llegado á un grado muy considerable, y algunas 
veces aun increíble, como hemos visto en el caso interesante 
del Dr. Monsivais. En las nueve defunciones que hemos ob- 
servado, la muerte fué ocasionada por la tisis intestinal agu- 
da y una vez por una hemorragia bronquial. 

Estudiando la repartición de las defunciones por tisis en 
México, según las estaciones, se ve que el máximum de mor- 
talidad cae en el verano y en el otoño, y que en la primavera 
y en el invierno disminuye notablemente. Esto probará que 



'Antonio Álzate." 245 



la tisis se agrava más bien por las transiciones termomótricas 
y la humedad y el calor excesivos que por una baja tempera- 
tura. 

En Davos el máximum de defunciones tiene lugar en Mar 
zo y á principios de Abril, en el período de humedad excesi- 
va por el deshielo. Lo mismo en París, el máximum se pro- 
duce generalmente en Marzo, Abril y Mayo, y los meses de 
invierno son siempre menos mortíferos. En Escocia el máxi- 
mum de defunciones tiene lugar en el mes de Marzo, en Vie- 
na en Mayo, en Roma cae en Julio. 

En resumen: el estudio de la tisis en el Anáhuac, nos au- 
toriza á deducir las siguientes conclusiones: 

1" La innmnidad del clima de México para la tisis, es absoluta 
en las clases acomodadas. 

2" Los hijos provenientes de padres tuberculosos, no se hacen 
tísicos si permanecen en el Anáhuac, son bien alimentados y viven 
en buenas condiciones higiénicas. 

Las predisposiciones provenidas de otras localidades, se extin- 
gtten completamente en este clima. 

3'' Los enfermos de tisis en México son extranjeros que han con- 
traído la enfermedad en otra parte, ó indígenas mestizos, en los cua- 
les la diátesis del cruzamiento de razas coincide con una causa pro- 
fesional y malas condiciones higiénicas. 

4* Jja tisis puede sanar en el Anáhuac aun en el grado de re- 
blandecimiento, ó presenta con un estado de mejoría satisfactorio, 
casos de longevidad notables. Si la enfermedad está muy desarrolla- 
da, su marcJuí es siempre más lenta que en los niveles inferiores^'i^^ 

El Dr. BelUna estudia algunas de las ventajas del Valle de 
México como estación sanitaria para los tísicos. Insiste en que 
solo aquí encuentran los enfermos las ventajas de una ciudad 
grande y hermosa y no lugares aislados y tristes como en otros 
países de Europa. Dice que solo es de temer el mal estado de 
la higiene de la ciudad. 

(\) y la muerte es ocasionada en la rt\ayoHa de los oatos. " ( Algo falta en el original, 
UU Te2 a» originada por la tiaia intestinal aguda.) ... 



346 Memorias de la Sociedad Científica 

Hasta aquí concluye la tisis del Dr. Bellina; veamos aho- 
ra que objeciones se hicieron á sus ideas. 

La Academia nombró á los Dres. José M. Reyes, G. Ba- 
rreda, y L. Hidalgo Carpió, para que juzgaran aquel trabajo. 

En su dictamen'^' hacen merecidos elogios del autor y ma- 
nifiestan alguna extrañeza respecto á que en un tiempo tan 
corto hubiera reunido tal suma de hechos ''pues ciertamente 
á pocos médicos se les presentan en tres años veintiocho tu- 
berculosos, en México." Pero explican el hecho suponiendo 
que el Dr. Bellina buscó especialmente á los tuberculosos. In- 
sisten en que los casos citados son poco numerosos, dudoso á 
veces el diagnóstico y no comprobado nunca por la autopsia. 

(Refieren que el Dr. Bellina se ha fijado en el experimen- 
to de Frankland y Tyndall, relativo á la combustión en las al- 
turas y ha deducido que la combustión intr a-orgánica dismi' 
nuye en las alturas como la combustión de una bujía. La res- 
petable comisión dictaminadora no conocía seguramente el es- 
crito de Tyndall: en él hubiera visto que las bujías encendidas 
en la cumbre del Monte Blanco ardieron lo mismo que en Cha- 
mounix, produciendo menos luz porque la combustión era más 
activa.) 

La comisión supone que si la inmunidad para la tisis fue- 
ra debida á la presión, existiría siempre á la misma altura se- 
gún los países y la línea limítrofe de las nieves perpetuas. 
Que si la anoxihemia es la causa de la inmunidad no debería 
presentarse ésta á 600 metros sobre el nivel del mar. Que sien- 
do la raza indígena refractaria á la tuberculosis, como quiere 
el Dr. Bellina, la mezcla de ella con la blanca debía disminuir 
en el producto, y no aumentar la tendencia de éste á dicha en- 
fermedad. "El aserto del autor respecto a que solo los extran- 
jeros ó los que han vivido en niveles inferiores son atacados 

(1) Gaceta Médica. Yol. XTTT, p. 83. 



'Antonio Álzate." 247 



de tubérculos, está contradicho por todos los que hemos ejer- 
cido la medicina." 

Dicen además los miembros de 'esta comisión, que su ex- 
periencia personal les ha demostrado, que en México los hijos 
de tuberculosos heredan esta enfermedad. 

"Si es verdad que los tuberculosos mejoran en México, no 
podemos adoptar de una manera absoluta la idea de que los 
hijos de padres tuberculosos se vean libres para siempre de la 
tuberculosis, aun cuando vivan en buenas condiciones higié- 
nicas." 

"No encontramos en la Memoria una sola prueba de que la 
tuberculosis intestinal sea dominante en México,'" porque el 
aserto de Don Miguel Jiménez, sobre ser expresado con du- 
da y solo como un problema por resolver, además de citar tres 
casos, nada prueba mientras no se repitan los hechos y se 
juzguen por deducciones estadísticas." 

La primera de las conclu-siones del Dr. Bellina pareció á 
la Comisión demasiado absoluta: "y si bien en la Memoria 
aparece probado el beneficio del clima, no lo está la completa 
inmunidad." 

La 2" conclusión parece á los críticos notoriamente infun- 
dada. La tercera no probada suficientemente. 

"La 4' proposición nos parece completamente exacta, me- 
nos en lo relativo á la muerte por tubérculos intestinales." Esa 
proposición, que ya consta en otra parte, dice así: 

"La tisis puede sanar en el Anáhuac aun en el grado de 
reblandecimiento, ó presenta con un estado de mejoría satis- 
factorio, casos de longevidad notables. Si la enfermedad está 
muy desarrollada, su marcha siempre es más lenta que en los 
niveles inferiores." 

También dice la Comisión en la penúltima página de su 
informe: 

"En la mente de todos los médicos mexicanos estaba la 

(1) Sa Bogotá 8i 68 dominiuito, Bogún el Dr. Saetrepo. 



Memorias de la Sociedad Científica 



creencia vaga de que el clima del Anáhuac es favorable para 
preservar de la tuberculosis; á todos nos constaba el poco nú- 
mero de tuberculosos que asistíamos en nuestra clientela ó en 
los hospitales." 

El Dr. Demetrio Mejía hizo severas observaciones al tra- 
bajo de Bellina.'^^ 

Hace notar desde Imego que los países pantanosos de Mé- 
xico no son favorables en el mismo sentido que los de altitud, 
como algunos pretenden; que las regiones calientes son funes- 
tas para los enfermos. "Los que hemos vivido algún tiempo 
en Veracruz; los que hemos ejercido allá, aunque sea algunos 
meses, sabemos cuál es la marcha de la tuberculosis: una he- 
moptisis formidable ó una neumonía que de aguda pasa á cró- 
nica, abren la escena, y después la tuberculización continúa de 
un modo agudo hasta la muerte; dos ó tres meses bastan de ordi- 
nario en la generalidad de los casos. '^' El primer consejo que se 
da allí al enfermo diagnosticado de tuberculosis es que aban- 
done el puerto cuanto antes. Y no se crea que es la tierra ba^ 
ja y cálida la que ocasiona esto; la población de Alvarado, si- 
tuada al nivel del mar y tan caliente como Veracruz, es una 
buena estación para los tísicos."(?) 

Algunas líneas antes ha dicho el Dr. Mejía: 

"Durante muchos años se tuvo la idea en México de en- 
viar á los tuberculosos á Veracruz: se creía que el clima cáli- 
do influiría favorablemente en la curación, ¡ deplorable error 
al que debieron la muerte muchas personas obedientes á la in- 
dicación de su médico!" 

"La causa más común de muerte entre los que visitan á 
Veracruz es la fiebre amarilla (?) Entre los nativos la tuber 
culización pulmonar con abundantes hemoptisis, hecho que yo 
vi y que lo comprueba la larga práctica de nuestros ilustrados 

(1) "Gaceta Médica de México." Vol. Xm, p. 89. 

(2) El Dr. Miguel Ziiñiga nos dice haber observado que en Veracuz aumenta repen- 
tinamente la moi-taUdadf para los tuberculosos, á cousBoueuraa de loa Nortea (por él frío?) 



'Antonio Álzate." 249 

compañpros Dres. Pombo y Garmendia. Sé también que en 
Acapnlco (costa del Pacífico) acontece lo mismo." 

Continúa nuestro autor refiriendo algunos casos de tuber- 
culosis muy bien observados y manifiesta categóricamente que 
en ^México, como en otras partes, la tuberculosis tiene un pe- 
ríodo en que despierta reacción febril bien marcada, lo que 
niega Bellina. 

Acepta en seguida la tarea de decidir si los hijos proveni- 
dos de padres tuberculosos no se hacen tísicos jamás si per- 
manecen en el Anáhuac. 

'* La observación diaria nos demuestra lo contrario. Aquí, 
como en otras partes, los hijos que provienen de padres tu- 
berculosos, no nacen tísicos, es verdad, pero sí, algunos mal 
constituidos y con tendencia á la escrófula ó la tubercuh.sis. 
Su permanencia en el Anáhuac no los libra de un modo abso- 
luto de la herencia de la enfermedad." 

El Dr. Mejía cita varias observaciones en apoyo de su 
opinión y agrega que la transmisión hereditaria de la tisis es 
quizá menos frecuente en la República, se entiende que en la 
Al esa. 

También combate el aserto del Dr. Bellina relativo á que 
la muerte es ocasionada comunmente por la tuberculosis in- 
testinal, y con ese objeto presenta un cuadro de 36 autopsias 
entre las cuales 9 de tuberculosos, ninguno con los neoplas- 
mas característicos en el intestino. Entre las conclusiones de 
su trabajo citaremos las 3 últimas. 

"El clima del Valle de México es efectivamente favora- 
ble para que la marcha de la tuberculización sea lenta. Pero 
hay otros climas casi iguales (?) como el de Alvarado al nivel 
del mar, ó muy superiores, como el de la ciudad de Oaxaca, 
donde los hechos de esta especie son verdaderamente raros.'' 

"La forma más común de tisis pulmonar en México (mesa 
central) es la tuberculosa, y su proporción de O por 56 6 25 por 

Memoriai.— [1900-1901].— T. XV.— 32. 



250 Memorias de la Sociedad Científica 

100 ffj entre la clase pobre que se asiste en los hospitales, ha- 
Liendo entre este número muchos indígenas PUEOS." (fe^j!)/^' 

'*De estos 25 perecen tres cuartas partes. En la clase aco- 
modada de seguro no es tan frecuente la enfermedad y en igual 
n imero las defunciones por ella son muchísimo menos comu- 
nes." 

El Dr. Vértiz cree indispensable el estudio de todos los do- 
cumentos relativos al clima, fisiología, demografía, etc. Cree 
también que las estadísticas de Reyes, Lobato y Jiménez son 
muy imperfectas^ que de las 28 observaciones de Bellina solo 
11), ([ue no son muy dudosas en cuanto al diagnóstico, están 
muy poco detalladas; que las conclusiones son prematuras, ab- 
solutas, y en su mayoría falsas "la conciencia de todos 

nosotros las refuta como contrarias á nuestra escasa ó exten- 
sa práctica."'^' 

La discusión entre los Dres. Hidalgo Carpió, Barreda, y 

i ros miembros de la Academia, continuó vigorosamente, pe- 

1 o no enunciaron en ella hechos que puedan interesarnos para 
nuestro objeto. El Dr. Manuel Soriano presentó tma estadís- 
i iea de la mortalidad por tuberculosis en el Hospital Militar, 
(|ue en otra parte consta; el Dr. Bellina atendiendo á las crí- 
i leas de sus compañeros, modificó la conclusión relativa á la 
liorencia de la tisis diciendo que, "ew general," no se presenta 
en ]\íéxico, y dio detalles circunstanciados acerca de las ob- 
Forvaoiones clínicas citadas en su Memoria. 

El Dr. José María Reyes no duda de la importancia de los 
d':itos de estadística comparada á que se refiere Bellina; pue- 
do citar hechos contrarios á la opinión del Dr. Mejía sobre 
el clima de Oaxaca y Alvarado supuesto desfavorable para el 
dosarrollo de la tuberculosis. "Actualmente asisto á una se- 
ñorita de Oaxaca enferma de tuberculosis; otra enferma que 
vio el Sr. Liceága era de Orizaba, se le recomendó el clima de 

(1) Es difícil determinar si un indio es de raza pnra. 
(2)llt»id. p. 109. 



'Antonio Álzate." 251 



Alvarado como benéfico á su salud; pero no fué así, porque 
una vez en dicho lugar, empeoró su situación y sucumbió á los 
seis meses." Cree el Dr. Reyes que el beneficio del clima do 
Oaxaca, sería debido á la altura de esta ciudad, que se halla 
á 1550 metros. 

El Dr. Mejía volvió á tomar la palabra para insistir en los 
mismos hechos, agregando que entre 15 nuevas autopsias ha 
encontrado cinco tuberculosos; que un solo caso no prueba la 
influencia nefasta para los tísicos, del clima de Alvarado, aña- 
de justamente: "En el hospital y en la ciudad (de Oaxaca 1 
según la relación de los médicos que allí han ejercido, la en- 
fermedad es relativamente escasa, y cuando se presenta tiono 
por lo general una benignidad notable. Esto hizo exclamar al 
Dr. Hainemann, médico que vino con la expedición francesa. 
"Si en Europa se tuviera idea de la benignidad de este clima 
para la tuberculosis, habría una verdadera emigración." 

Según el Dr. D. Manuel Toussaint. <^' 

Dejando para más tarde la cuestión numérica de la fre- 
cuencia y localizaciones, ahora sólo veremos las fornias ana- 
tómicas que se presentan en los tuberculosos y cuyos ejempla • 
res existen en el Museo Anatomo-Patológico del Hospital do 
San Andrés, de México, en condiciones de poder ser someti- 
dos á mejor estudio. 

Desde luego, en lo que se refiere al proceso tuberculoso en 
general, excusado es decir, que se compone de los mismos l'ac • 
tores, y que en el tubérculo entran los mismos elementos ya 
tan bien estudiados y descritos en Europa. Mas si en los com- 
ponentes no hay diferencia, en la manera como se asocian y ha- 
cen su evolución, hay algo que merece tal vez fijar nuestra 
atención. 

Obsérvanse con cierta frecuencia nodulos amarillos y gru- 

(l) Kevuta qoiuceoal de anatomía patológica y clíuicaa médioa y quirúrgica, Vol. 
I, n6ia.2, p. 7. 



252 Memorias de la Sociedad Científica 

pos de granulacioues rodeadas por tejidos duros y de aparien- 
cia fibrosa. Otras veces se ven porciones pequeñas caseifica,- 
das, con una envoltura fibrosa que les da un aspecto semejante 
a un quiste especial. En otras ocasiones, y no raras, se en- 
cuentran masas caseosas de tamaño variable, en cuyo contorno 
es imposible descubrir nodulo alguno y que fácilmente podían 
ser tomadas por lesiones sifilíticas, si el examen microscópico 
no revelara su naturaleza. Por último, no es una rareza en- 
contrarse porciones calcáreas contenidas en una masa fibrosa. 



EL PULMÓN. — Infinita es la variedad de aspectos con 
que se presenta la tuberculosis pulmonar; pei'o no vamos á te- 
ner en cuenta todos los matices, sino á fijarnos en algunos ti- 
pos, prescindiendo de estados intermedios y de modalidades 
insignificantes. Estos tipos pudieran clasificarse en tres: el ti- 
po vulgar, el tipo de grandes cavernas y el tipo de tuberculo- 
sis fibrosa. 

En el grupo de tuberculosis vulgares comprendemos las 
que, según las descripciones, se observan en Europa con más 
frecuencia, desde la forma miliar basta la ulcerosa y caseosa. 

La tuberculosis ulcerosa del pulmón, que comienza por la 
formación de granulaciones grises en el vértice, granulaciones 
que pasan á ser amarillas y que caseificándose se funden en 
su centro para ulcerarse después, es una de las lesiones pul- 
monares que más á menudo tenemos ocasión de encontrar. 
En todos sus estados es fácil encontrarla, desde las granula- 
ciones solas basta las pequeñas cavidades confluentes y las 
formaciones cavitarias de cierta capacidad. La lámina 108 que 
corresponde á uno de los ejemplares de nuestra colección, pue- 
de servir también como ejemplar de este tipo. Se ven en el 
pulmón fotografiado los diversos estados de desarrollo del pr ^ 



«I 
"Antonio Álzate." 



ceso. Las granulaciones diseminadas ocupan la parte baja; 
más arriba se ven confluentes y en vía de ulceración, y por úl- 
timo, el vértice está ocupado por una caverna. Con bastante 
claridad se percibe cómo las diversas granulaciones se desta- 
can sobre un fondo más ó menos rojo, que corresponde al pa- 
rénquima congestionado y edematizado en grado variable. 

Examinando con lente en la pieza original la superficie de 
sección, se puede notar cómo en muchas do las granulaciones 
amarillas, hay, además de la parte periférica gris, otra zona de 
«ste mismo color, constituida por un tejido denso y que se 
pierde insensiblemente hacia la periferia de cada granulación. 
En la pared de la caverna y porciones inmediatas existe algo 
semejante. Con frecuencia se encuentran pequeños huecos 
circunscritos por una pared gruesa, de apariencia fibrosa, y ocu- 
pados por una substancia semejante á la parte amarilla de las 
granulaciones. 

Histológicamente, este pulmón tiene también todos los ca- 
racteres que son vulgares en Europa, en materia de infección 
tuberculosa del órgano. La descripción respectiva en cualquier 
tratado de Patología, podía convenirle perfectamente, y es 
por demás repetirla. Sólo hay que tener en cuenta ciertas par- 
ticularidades. 

Las granulaciones grises no se encuentran en abundancia; 
son mucho mayores en número, por lo común, las amarillas. Lg, 
estructura de ellas es la qwe cori-esponde al clásico folículo tu- 
berculoso, siendo pei'fectamente perceptible que la bronquitis 
y la peribronquitis caseosas, parecen predominar con respec- 
to á las formaciones tuberculosas primitivas de las vesículas 
pulmonares. Aun en las granulaciones amarillas más peque- 
ñas y de formación más reciente, se nota con cierta facilidad 
hacia la periferia, una zona en la que hay algo abundantes, 
fibroblastos y hacecillos conjuntivos dispuestos concóntricíir 
mente con respecto alfolíenlo. En las granulaciones brónquir 
cas y ulceradas, la misma zpjia existe y £|,un más maxcad^a, de 



254 Memorias de la Sociedad Científica 



manera que no es raro ver aquellas constituidas por una peri- 
bronquitis fibrosa circunscribiendo un foco de caseificación y 
fusión endobrónquicas. 

Esta formación conjuntiva, que indudablemente es la ini- 
ciación del tubérculo fibroso, imprime cierto carácter á las gra- 
nulaciones tuberculosas. No quiere decir esto que en México, 
el elemento anatómico de la tuberculosis sea el tubérculo fi- 
broso, sino sencillamente que hasta en el tipo vulgar del pro- 
ceso se ve cierta tendencia á la formación fibrosa. 

En las pérdidas de substancia debidas á la fusión de va- 
rios grupos de granulaciones, se observa el mismo fenómeno, 
y es mucho más marcado en las cavernas de cierta considera- 
ción, como en la que se ve en la lám, 108 b.'^' Aun á la simple 
vista se distingue una pared gruesa y uniforme. Una porción 
de esta pared examinada en el microscopio, se encuentra for- 
mada por ancha capa de tejido fasciculado, con abundante in- 
filtración celular. 

La ulceración por una parte, y la formación fibrosa por 
otra, son los principales factores á los que son debidos el as- 
pecto y carácter anatómico de la tuberculización pulmonar. 
Lo notable en nuestras piezas y preparaciones es, que pare- 
cen demostrar que el proceso ulcerativo es las más veces su- 
ficientemente lento para dar tiempo á la organización conjuntiva pe- 
riférica; y no menos interesante es, que esa organización no 
garantiza de un modo absoluto la curación del proceso, pues 
las mismas zonas perifoliculares y los anillos de peri bronqui- 
tis fibrosa se ven á veces atacados en masa por la necrosis de 
coagulación. 

De esta última manera debe ser como se producen esas 
vastas destrucciones que se encuentran en los pulmones que 
referimos al segundo tipo, el de las grandes cavernas. Suce- 
de en unos casos, que la ulceración hace progresos más rápi- 
dos que la formación conjuntiva y entonces se tiene el ejem- 

1) Véase la obra "La Tie sur les Iiauts plateaox. 



'Antonio Álzate." 255 



pío de lo que en rigor pudiera llamarse el caso extremo del tipo 
vulgar. La cavidades, una ó varias, y de tamaño variable, tie- 
nen su superficie más ó menos anfractuosa, y en su interior 
sólo se encuentra líquido purulento cuyo aspecto es igualmen- 
te variable. Otras veces, parece que ciertos tejidos adquieren 
con la formación conjuntiva, resistencia especial á la ulcera- 
ción, y se ven grandes cavidades cruzadas en todos sentidos 
por cordones ramificados, que corresponden á los vasos san- 
guíneos y á las ramas brónquicas. Este aspecto es perfecta- 
mente conocido en Europa y está descinto en los libros. Lo que 
ha llamado nuestra atención ha sido encontrar ejemplares, en 
los que la destrucción es tan vasta, que el órgano entero pa- 
rece disecado, no quedando constituido más que por una es- 
pecie de delgada coucha en la que se insertan los cordones 
antes dichos. En otras ocasiones, por último, la caverna es 
enorme, ocupando un lóbulo entero ó más, y su aspecto ente- 
ramente especial. Rodeada la cavidad por una pared fibrosa 
delgada, tiene su superficie perfectamente lisa y con el aspec- 
to de la llamada membrana piogénica de los abscesos. Con 
frecuencia en estos últimos casos no se encuentra ya en el res- 
to del órgano gran infiltración de granulaciones, sino que las 
hay cicatrizadas, ó hay el llamado tubérculo enquistado, ó una 
esclerosis más ó menos difusa del parénquima. La lámina III 
representa un ejemplar de este tipo, mereciendo llamarla aten- 
ción por el gran desarrollo de la formación fibrosa. 

Lo que hemos llamado el tipo fibroso de la tuberculosis 
pulmonar, ofrece variedades, de las cuales hemos visto ya al- 
gunas asociadas á los otros tipos, siendo á veces difícil deci- 
dir, en estas asociaciones, á cuál tipo pertenece el caso, sobre 
todo cuando al lado de una vieja caverna hay una esclerosis 
más ó menos generalizada. Estas variedades no son especia- 
les á nosotros, sino que son alteraciones perfectamente cono- 
cidas en Europa; sólo que vista la frecuencia con que las ob- 
servamos, bien merecen formar un tipo. 



256 Memorias de la Sociedad Científica 

A este tipo referimos, en primer lugar, los casos en que la 
proflucción conjuntiva perinodular es excesiva y se extiende 
más allá de las granulaciones tuberculosas en el parénquima' 
pulmonar. En dichos casos, la esclerosis es más ó menos cir- 
cunscrita, y siempre en relación con los nodulos. A esta for- 
ma, como es sabido, se le lia llamado cirrosis nudosa tubei'cu- 
losa, y tiene de particular que ataca gran parte del pulmón ó 
el órgano entero. 

Al lado de la cirrosis nudosa hay que colocar la esclerosis 
difusa, que en grado intenso y como neumonía crónica se pre- 
senta, sea acompañando á focos tuberculosos circunscritos, sea 
á escasas granulaciones. En ella la producción se verifica á 
expensas de las celdillas fijas de los tabiques, así como del epi- 
telio. Las partes atacadas tienen un color apizarrado debido 
á la transformación de la materia colorante de la sangre. La 
extensión del proceso es á veces muy notable. 

El llamado tubérculo enquistado, que incluimos en el mis- 
mo tipo, se encuentra con grandísima frecuencia. Ya se pre- 
senta en forma de masa puriforme algo fluida y perfectamente 
circunscrita por una bolsa esférica cerrada; ya ofrece el aspec- 
to de un cuerpo esférico formado por zonas concéntricas de 
color amarillo gris, algo duro y envuelto también en saco fi- 
broso, ó ya, por último, el cuerpo enquistado tiene porciones 
de consistencia y aspecto calcáreos. La membrana fibrosa que 
envuelve á la parte degenerada, es la's más veces de bastante 
espesor. El tubérculo cretáceo, que á veces no es más que una 
variedad del enquistado, tiene en muchas ocasiones la parti- 
cularidad de que al rededor de la masa calcárea, resto del tu- 
béreulo, hay una esclerosis muy extensa ocupando gran parte 
de un lóbulo pulmonar. El tejido en esa parte es sumamente 
denso y resistente. Un detalle muy curioso y de importancia 
para la cuestión general del proceso tuberculoso, es, que al 
lado de una porción cretácea hemos visto granulaciones gri- 
ses recientes en el tejido eseleroso. 



"Antonio Álzate." 257 

Por último, en el mismo grupo incluímos las cicatrices que 
con frecuencia se tiene oportunidad de encontrar en el vérti- 
ce de los pulmones de individuos muertos á causa de padeci- 
mientos ajenos á la tuberculosis. En muchos de esos casos, 
junto á las cicatrices se encuentran granulaciones en el mis- 
mo órgano ó en otra viscera, en otras no hay lesión ninguna 
tuberculosa, y sólo la situación ( vórtice ), el aspecto de la ci- 
catriz, así como la falta de otros procesos (sífilis), hacen esti- 
marlos como tuberculosis curadas. 

En las formas que hemos bosquejado no hay ciertamente 
nada, lo repetimos, que pudiera hacer pensar que nuestra tu- 
berculosis difiere en lo fundamental del proceso de la tubercu- 
losis de otras partes del mundo. 

Según el Dr. Ismael Prieto.''' 

De Febrero á Julio del año próximo pasado se hicieron en 
el Hospital de San Andrés 165 autopsias, de las que forman 
parte 66 de tuberculosis. A éstas y á las observaciones clíni- 
cas correspondientes, se contrae el presente estudio. 

Nuestras observaciones se descomponen así: 
Casos de tuberculosis limitada exclusivamente á los pul- 
mones 19 

Casos de tuberculosis en varios órganos; pero estando más 

avanzada en los pulmones 25 

Casos de tuberculosis en varios órganos; pero teniendo 
en los pulmones la misma edad ó siendo más reciente 

que en los otros! 14 

Casos de tuberculosis en otros órganos, sin existir en los 

pulmones 08 

Tan sólo en 20 se encontraron aisladas las lesiones de ori- 
gen tuberculoso; en todas las demás autopsias se las encontró aso- 

(1) Kcvihta (jiiinccnal dnanulumla patológica }' clíiiicns módica y quirúrgicn», Vol. 
I, DÚm. 2. p. 15. 

Mtmoriag. ( 1000-1001 J.-T. XV.— 83. 



25é Memorias de la Sociedad Científica 

ciadas con otras alteraciones, capaces por si solas de producir la 
muerte del enferyno. 

En el mayor número de casos las lesiones tuberculosas de 
los pulmones, han presentado los caracteres cuya agrupación 
constituye lo que el Dr. Toussaint llama tipo vidgar; pero en- 
contrándose siempre en exceso los elementos fibrosos, de tal 
modo, que la forma clásica descrita en los tratados de patolo- 
gía es poco común, y puede decirse que las formas más fre- 
cuentes son las de transición entre el tipo vulgar y el fibroso, 
descritos por dicho Dr. Toussaint. 

En cuatro autopsias hemos encontrado, en los pulmones, 
signos de una tuberculosis anterior radicalmente curada: en 
tres, fueron nodulos cretáceos, y en el cuarto, cicatrices fibro- 
sas. En todos estos casos la muei'te sobrevino á consecuencia 
de enfermedades extrañas á las que ahora estudiamos. 

Las complicaciones más frecuentes han sido las degene- 
raciones hepáticas, y en primer lugar, la cirrosis. Las flegma- 
sías del aparato respiratorio, pleuroneumonías y pleuresías 
fibrinosas, las hemos encontrado diez veces. Respecto de es- 
te punto, conviene indicar que es muy común encontrar, acom- 
pañando á las lesiones tuberculosas, una lesión crónica del hí- 
gado, del corazón ó de los ríñones, y otra lesión aguda que vino 
á precipitar el fin del padecimiento. 

Relativamente á la marcha de la enfermedad, encontramos 
que en los 19 casos de tuberculosis exclusivamente pulmonar, 
la duración nunca ha bajado de 4 meses y hay observaciones 
de 2, 3 y 4 años. En los casos en que el bacilo ha invadido va- 
rios órganos, ya se encuentran ejemplos de una duración me- 
nor; pero solamente encontramos tres de tisis sobreaguda, si 
bien complicada con otras lesiones. Así: en dos había granu- 
laciones en las visceras torácicas y abdominales, con úlcera 
redonda del estómago en el uno, y con neumonía del pulmón 
derecho en el otro; en el tercero había cavernas en el pul- 
món derecho, tubérculos caseosos en el izquierdo y en los gan- 



"Antonio Álzate." 259 



glios mesentóricos, ulceraciones tub^culosas en los intestinos, 
lepto-meningitis crónica y degeneración grasosa del hígado. 
La duración en estos tres casos fué de 20 días á 1 mes. 

Los síntomas de invasión de la tuberculosis son tan equí- 
vocos y la falta de cultura de la mayoría de nuestros enfer- 
mos de hospital es tan grande, que es muy difícil, por no decir 
imposible, tomar el conmemorativo de manera que se puedan 
determinar con aproximación suficiente los comienz(j^ de la 
enfermedad. Casi todos los enfermos los refieren á la época 
en que apareció la fiebre héctica, época indudablemente muy 
posterior á la invasión. Las hemoptisis iniciables son aquí nulas 
ó insignificantes. En nuestras observaciones encontramos con- 
signados solamente cuatro casos de hemoptisis: dos iniciales 
y otros dos cuando ya existía la fiebre héctica. Todas estas 
circunstancias, más la complexidad que ya señalamos de las 
lesiones anatómicas encontradas en nuestras necropsias, nos 
hacen admitir que en México la marcha de la tuberculosis es muy 
lenta y su duración bastante larga, más que lo que indican nues- 
tras observaciones, las cuales, tomadas en globo, nos dan las 
siguientes cifras respecto de la tuberculosis pulmonar: 

Duración de 20 días á un mes 3 casos. 

„ de 1 mes á cuatro meses 4 „ 

,, de 4 meses á un año 6 „ 

„ de uno á varios años 45 „ 

Del período á que habían llegado las lesiones cuando su- 
cumbieron los pacientes, encontramos diez casos de infiltra- 
ción gris, pero solamente en tres estaba limitada al vértice ; en 
los siete restantes se la encontró diseminada en los pulmones 
y en otros órganos, ofreciendo cierta analogía con la granulia 
de Empis; con la notable diferencia de una gran benignidad en 
los síntomas y de una duración más larga, habiendo sido la cau- 
sa de la muerte de una enfermedad intercurrente. 

De nodulos caseosos y de pequeñas cavernas encontramos 
trece observaciones, ea la mayor parte de las cuales está se- 



260 Memorias de la Sociedad Científica 

ñalada la abundancia destejido fibroso, que en algunas se des- 
cribe como formando una especie de quiste al rededor de las 
masas caseosas. 

Todas las demás observaciones se refieren al período ul- 
ceroso de la enfermedad. 

Si admitimos, como es de observación en otros países, que 
la quinta parte de los enfermos de hospital son tuberculosos, 
las cifjjas en cuestión son muy bajas, aun suponiendo que en 
nuestros hospitales, no la quinta parte, sino la duodécima de 
los enfermos, sean tuberculosos. 

Por todas las razone^ indicadas, creemos que en nuestras 
clases menesterosas la tuberculosis pulmonar reviste actual- 
mente una frecuencia muy superior á la que se le reconoce por 
la generalidad de nuestros médicos, aunque siempre inferior 
á la que tiene en muchas ciudades de Europa y de los Estados 
Unidos, 

Los caracteres de la enfermedad también ofrecen algunas 
particularidades dignas de notarse. 

Son numerosas las infracciones que sufre la ley de Louis, 
ya porque las lesiones son más avanzadas en la base que en 
el vértice, ya porque lo son más en el pulmón derecho que en el 
izquierdo, ya por último, porque se les ha encontrado en las 
pleuras, el peritoneo y las visceras abdominales sin que exis- 
tan en los pulmones, ó presentando, en éstos, caracteres que 
obligan á considerarlas como de aparición más reciente. 

La marcha del padecimiento, como ya dijimos, ha sido en 
lo general crónica y su duración de más de un año. Los casos 
de tisis sobreaguda son excepcionales, por lo menos en el hos- 
pital. La granulia misma, aun generalizada, en los pocos ca- 
sos en que la hemos observado, ha producido la muerte en dos 
y hasta en diez y ocho meses. 

Esta benignidad relativa que entre nosotros reviste la en- 
fermedad, pudiera en parte explicarse por la disposición ana- 
tómica que ha encontrado el Dr. Toussaint. Hasta en el tipo 



'Antonio Álzate." 261 



que llama vulgar, se encuentran en exceso los elementos fibro- 
sos, los que envolviendo las masas caseosas y revistiendo las 
cavernas, hacen lenta y difícil la invasión de los tejidos cir- 
cunvecinos, siendo de advertir, que en el mayor número de los 
casos crónicos es en los que se encuentra el tejido fibroso más 
abundante y circunscribiendo mejor las lesiones tuberculosas. 

La explicación principal, en nuestro concepto, es una ate- 
nuación de la virulencia 

Aplicando á la práctica los datos que acabamos de expo- 
ner, vemos que entre nosotros el diagnóstico de la tuberculo- 
sis pulmonar presenta mayores dificultades que en otras par- 
tes, porque la lentitud de la marcha da lugar á que durante 
mucho tiempo el proceso anatómico se desarrolle sin trastor- 
nos funcionales bien marcados, pero con caracteres equívocos 
y que hacen tomar la tuberculosis por otro padecimiento. La 
frecuencia con que las alteraciones comienzan por la base ó 
por el pulmón derecho, aumenta la confusión y extravía el jui- 
cio del médico que, preocupado con la idea de que en México 
no es común la tuberculosis, vacila en diagnosticarla en aque- 
llos casos en que sus manifestaciones son bien claras y termi- 
nantes y que, imbuido en las doctrinas de los médicos france- 
ses, busca la hemoptisis inicial, las deformaciones caracterís- 
ticas del tórax, la tos, la dispnea y otros signos de los cuales, 
los unos son aquí observados pocas veces, y otros pierden mu- 
cho de su significación semeiótica, debido á nuestra raza, á la 
altura del Valle y á la endemicidad entre nosotros de las afec- 
ciones cardio-p almenares. 

Por otra parte, hemos visto con cuánta frecuencia la tu- 
berculosis pulmonar se complica con las lesiones de otra na- 
turaleza y de otros órganos. Si los padecimientos que engen- 
dran algunas de ellas, son agudos, otros los engendran crónicos 
y teniendo numerosos puntos de contacto con la tisis pulmo- 
nar. En el primer caso, el número y la gravedad de los sínto- 
mas de la lesión intercurrente, absorben la atención, tanto del 



262 Memorias de la Sociedad Científica 

enfermo como del médico, y relegada la tuberculosis al último 
plano, mal dibujada como suele estarlo en sus primeros pe- 
ríodos y ofuscada por la claridad y el relieve de la enferme- 
dad que aparece en primer término, se pierde entre las som- 
bras del cuadro morboso y pasa enteramente desapercibida. 
En el segundo caso, ó bien todos los síntomas se atribuyen á 
una sola afección que no es la tuberculosa, y el error está per- 
fectamente disculpado, ó bien se juzga secundaria y de últi- 
ma hora la tuberculosis, que ha sido la enfermedad primitiva. 

El Sr. Dr. Juan Breña, 

Ha publicado muy interesantes noticias sobre la ausencia 
relativa de la tubei'culosis en la ciudad de Zacatecas'^': esta po- 
blación se encuentra á una altitud de 2,496'°, á los 22o46'34" 
de Lat. N. y los 3o36'33" de Long. W. de México. 

El Sr. Breña asienta desde luego que la cualidad más sor- 
prendente y característica de ese clima, es la ausencia de la 
tuberculosis pulmonar, ó más bien, la dificultad que se presen- 
ta indudablemente tanto por su génesis en las personas que 
viven constantemente en Zacatecas, como para que progrese 
fatalmente cuando se ha adquirido en otras localidades: ese 
clima es por lo tanto no solo profiláctico sino quo también pue- 
de contribuir á la curación de la enfermedad ya desarrollada. 
Nuestro autor insiste muy particularmente en que la seque- 
dad de la atmósfera puede influir en elloj (en Zacatecas la hu- 
medad media anual es de 51) y en que no hay industrias que 
ocasionen aglomeración de personas en un aire pobre en oxí- 
geno, circunstancia que es favorable para el desarrollo de la 
tisis. Dice que los trabajos de las minas de Zacatecas son el 
principal elemento de vida en esa ciudad y que no exponen á 
los trabajadores á los inconvenientes del confinamiento ó de la 
viciación del aire: permítasenos que dudemos de este aserto. 

(1) Estudios de Climatología Médica de Zacatecas. Presentados á la Academia Na- 
cional de Medicina de México. — Zacatecas, 1892. 



"Antonio Álzate." 263 



El Dr. Breña refiere que el frío, en concepto de autores 
europeos, es favorable para la curación de esta enferniedad 
que aparece ser rara en Noruega, Suecia, Islandia y Groenlan- 
dia; (y común en Londres, diremos nosotros); no cree en la ac- 
ción nefasta de los cambios bruscos de temperatura, otra pai*- 
ticularidad del clima de Zacatecas, puesto que son mayores 
aún en Terranova, lugar en donde se encuentran pocos tuber- 
culosos. 

"La tisis es totalmente desconocida entre personas que 
disfrutan de cierta comodidad, nacidas ó avecindadas de mu- 
cho tiempo atrás en la ciudad de Zacatecas. " Desde el año 
1874 (hasta 1892) no he visto ni llegado á saber que exista en 
la población un solo caso de tuberculosis pulmonar debida- 
mente caracterizada en gente de buena, ó al menos mediana 
posición social." Recuérdese que el Dr. Bellina se expresaba 
en términos semejantes. "En toda mi práctica solo he visto 
morir tuberculosa una señora de familia distinguida, que pasó 
la mayor parte de su vida en una hacienda." 

He aquí una afirmación curiosa sobre el pronóstico de la 
tisis: cuando el mal es incipiente, hay macicez limitada en el 
vértice del pulmón y no se observan estertores húmedos ú 
otros signos de fusión necrobiótica ó ulceraciones cavitarias; 
por regla general los médicos de Zacatecas se abstienen de 
externar predicciones funestas, que en otras partes del país 
serían plenamente fundadas. Y esto aun ciiando haya calen- 
turas vespertinas, demacración, algo de hemoptisis, etc. Las 
probabilidades del restablecimiento son mayores en enfermos 
exentos de antecedentes hereditarios: (recuérdese que Belli: 
na negaba la herencia de la tuberculo.sis en la Ciudad de Mé 
xico). 

El Dr. Breña refiere un caso de curación completa, con la 
particularidad de que al examinar al enfermo, hizo un diag 
nóstico que no llegó á realizarse (aun no tenía experiencia 
nuestro autor de las influencias benéficas locales). Los sínto- 
mas eran sin duda los de una tuberculosis avanzada, y el es- 



Memorias de la Sociedad Científica 



iSdo del paciente tan deplorable que abandonó las ocupacio- 
nes de la vida para ocuparse en esperar la muerte. 

Hay un caso aun más notable: tisis en el segundo período; 
infiltraciones tuberculosas reblandeciéndose en la parte supe- 
rior del pulmón; excavación bien marcada bajo la clavícula, 
calenturas nocturnas de más de 39° &c; después de 3 años el 
individuo estaba sano, robusto como no babía llegado á verse 
en su vida. 

El Dr. Breña escoge estos casos entre otros muchos por 
tratarse de personas que fueron asistidas por varios médicos 
y porque aun existen testigos oculares de curaciones tan sor- 
prendentes. 

Respecto á las formas de tuberculosis naás susceptibles de 
modificarse bajo la inñuencia del clima de Zacatecas nos dice 
Breña, que: 

1? La tisis galopante es absolutamente rebelde al trata- 
miento climatérico, del mismo modo que la tisis de los an- 
cianos. 

2? La tisis generalizada á varios puntos de los pulmones 
desde el primer período, se encuentra en el mismo caso. 

3? Las formas lentas de localización pequeña pueden mo- 
dificarse favorablemente. 

4° De la misma manera la tisis en descendientes de goto- 
sos se modificará favorablemente. 

5? Se procura hacer llegar á Zacatecas á los enfermos prin- 
cipalmente durante el período de incubación. 

6? El enfermo debe ser vigilado por un médico; no debe 
atenerse exclusivamente á la influencia del clima. 

7? No puede fijarse el tiempo de residencia en Zacatecas 
necesario para la curación. 

El mismo Dr. Breña presentó á la Asociación Americana 
de Salubridad Pública un trabajo especial^^^en el que hallamos 
nuevos datos. 

(1) Zacatecas as a sanitary síation íbr phtMsical patients. México. 1892. 



"Antonio Álzate. " 265 



"It cannot be said that the system resists advantageous 
by in tofo the invasión and proiiferation of the bacillus of Koch, 
seeing that tuberculous hydroceplialus is common enough 
among us, and many are the cbildren tbat succomb to it, 
and articular, osseous and strumous ganglionic diseases are 
not uncommon. It seems that inmunity refers exclusively to 
the pulmón ary locality of the tubercle." Esta afirmación, en el 
caso de ser exacta, importa mucho para lo que se refiere á la 
explicación de la inmunidad, puesto que la causa de la des- 
trucción de los bacillus residirá entonces nada más en los pul- 
mones. 

Debemos hacer notar que el primer trabajo del Dr. Bre- 
ña contiene los siguientes documentos comprobantes de las 
opiniones del autor. 

"Además de constarme lo que antecede'^' en 12 años de 
práctica en esta población (Zacatecas), como médicos de la 
Sociedad de Seguros de Nueva York "La Equitativa" y de 
"La Mutua" afirmo que nunca ha sido desechada una póliza 
por tuberculosis ; á pesar de que la primera hace 8 ó 9 años 
que hace aquí operaciones." José Torres. 

Esa afirmación es importante, pero no hay que olvidar que 
los agentes de muchas compañías de Seguros cuidan de no 
proponer el seguro á personas enfermas, á no ser que éstas 
oculten, si pueden, un padecimiento que apenas comienza y 
solo un médico conoce en algunos casos. 

" Estoy de acuerdo con lo escrito por el Dr. Breña y con 
las observaciones adicionales del Dr. Torres.'' «7. M. Prevost. 
M. D. 

"Celebro afirmar los anteriores conceptos del Sr. Breña, 
pues hace años los he manifestado iguales á algún agente ti- 
morato de las compañías de seguros americanas, que asevera- 
ba lo contrario. La pretendida influencia nociva que se ha que- 

(1) El remimen de la memoria hncho por el Dr. Brofia y presentado como "Infor- 
me al Sr. J. Sullivan." Periódico oficial del Estado de Zncatecas. 3 de Febroro do 1889. 

MemoriaB (1900-1901). -T. XV.-34. 



266 Memoriaa de la Sociedad Científica 

rido dar á nuestro clima para las enfermedades pulmonares, 
la creo hija de la ignorancia ó de la ineptitud para apreciar- 
la." Félix Ponce. 

" Estoy enteramente de acuerdo con los anteriores concep- 
tos del Sr. Dr. D. Juan Breña por haberlos observado en el 
ejercicio profesional (sic) en esta ciudad por los últimos siete 
años y tengo el gusto de aprobarlos con mi firma." L, M. de 
Jesi. 

''Estoy enteramente de acuerdo con el Sr. Dr. Breña en 
todos los puntos que trata su informe." E. P. Lamieg. 

"Hace ya muchos años que tengo las mismas conviccio- 
nes que expresa el Sr. Dr. Breña, como lo manifestó en 1881 
al Dr. Liceága y éste lo hizo presente á los miembros de la So- 
ciedad Familiar de Medicina de México. En veinte años de 
ejercicio profesional en esta ciudad (Zacatecas), visitando un 
gran número de enfermos de todas las clases sociales, no he 
visto un solo tísico entre la gente acomodada; y quince enfer- 
mos que he visto en consunción ó con hemoptisis, pertenecen 
á la clase pobre y á gente venida de otras poblaciones, con le- 
siones tuberculosas ya muy avanzadas." Bosalío J. Torres. 

En el informe del Dr. Breña, que como vemos está apoya- 
do por seis médicos, eonsta también el dato interesante de que 
"si en Pau apenas se ven cada año tres casos de muerte por 
tisis pulmonar en la clase acomodada, para una población de 
25,000 almas, en muchos años no se ha visto en Zacatecas un 
solo caso de muerte por la misma enfermedad, siendo de no- 
tar que la población es aquí casi doble." (54,500 habitantes). 

El Dr. A. J. Carbajal. 

Nos suministra un buen contingente de observaciones^^' 
recogidas durante 23 años de práctica civil y 2 de práctica de 

(1) Influence of climate on the progress and severity of pulmonary tuberculosis in. 
tlie United States of México, by Dr. A. J. Carbajal. México. 1892. (Este trabajo es pro- 
piedad de la Asociación Americana de Salubridad Pública.) 



'Antonio Álzate." 267 



hospital, en Yucatán y Sonora que son de clima seco y calien- 
te; en Querétaro, Puebla, Morelos y Veracruz. 

En Tenango no se ha observado un solo caso de tisis en 
12 años; en el Distrito Federal, la mortalidad no pasa de 2 por 
100, y en algunas poblaciones como Atzcapotzalco y Tlalpam 
(por término medio á 2,000 metros) no pasa de 1 por 100, lo 
mismo que en Tepotzotlán, Estado de México. 

La tuberculosis no es muy frecuente en los países cálidos 
entre los nativos; cnando aparece se observa la forma rápida 
ó galopante. El clima es excelente para las personas predis- 
puestas que proceden de un a región fría; por ejemplo, Sonora, 
norte de Sinaloa, oeste de Chihuahua, y Baja California. (Por 
nuestra parte dudamos de este aserto del Dr. Carbajal). O 
bien en esas localidades la enfermedad es muy común, á ve- 
ces hereditaria y se desarrolla con rapidez produciendo una 
cifra elevada de mortalidad: ejemplo, Yucatán, Campeche y 
Veracruz. 

In the high zone the disease tends to a chronic term, lo- 
calized and tending relatively to its cure. Hemoptisis very sel- 
dom is copious. 

(No lo dice el Dr. Carbajal, pero probablemente la hemop- 
tisis es menos común que en las costas, adonde los cambios 
barométricos tienen mayor amplitud). Modérate and intermit- 
tent is the f ever, modérate also the sweats, altérnate with diar- 
rhoea in the last stage. The patient dies exhausted by colli- 
quation which lasto for years in the deepest marasmus; but 
he has some probabiHty of being cured if he submits to a pro 
per medical and hygienic treatment. 

No solo son las hemoptisis más frecuentes cerca de las 
costas sino que según el mismo Dr. Carbajal se pueden pro- 
ducir verdaderas apoplejías pulmonares. '*No es raro que un 
paciente pierda 300, 400 ó 500 gramos de sangre en un ataque, 
lo cual sucede en Córdoba, Yucatán, Veracruz y Sonora." Si 
el enfermo sube á una gran altitud las hemorragias disminu* 



268 Memorias de la Sociedad Científica 

y en ó desaparecen para volver si el mismo enfermo baja á la 
costa antes de la curación completa. Un individuo tísico se 
mejoró al llegar á México y al volver imprudentemente a Ve- 
racruz, pasado un mes, sucumbió á causa de una Hemorragia. 
"El Dr. Mejía dice que en Veracruz la tuberculosis con hemo- 
rragia es la regla, en México es la excepción." 

"En los climas de las altitudes, donde el aire está enrare- 
cido y es aséptico (?) y los lugares son fríos ó templados, se- 
cos ó moderadamente húmedos, los microbios no encuentran 
condiciones favorables para su vida ó su reproducción."^^' 

Carbajal es más expHcito que Breña, puesto que en su opi- 
nión los enfermos deben ser enviados á las alturas desde que 
aparezca la primera hemoptisis, sobre todo si ocurre en la pri- 
mavera, como es común en los climas calientes. El paciente 
no debe volver á la costa en tanto que manifieste reacción fe- 
bril ó la más ligera tendencia á la hemoptisis: le serían fata- 
les, á pesar de todos los medicamentos, aquellos climas en don- 
de el termómetro marca más de 28° en primavera y en otoño. 

Carbajal no va muy de acuerdo con Breña en lo que se re- 
fiere al tratamiento de los tísicos de las costas y afirma que 
aun la tuberculosis de forma rápida que ordinariamente pade- 
cen puede combatirse por la permanencia en el Valle de Mé- 
xico. En todo caso, creemos nosotros, que el medio vale la pe- 
na de ponerse en práctica puesto que para tales enfermos, se- 
gún Carbajal, no hay esperanza de alivio si continúan en los 
lugares bajos. 

En cuanto á las localidades más propicias para estos fines, 
nuestro autor señala aquellas en que la tuberculosis causa una 
defunción entre ciento debidas á otros males j como localida- 
des útiles para el establecimiento de sanatorios, Atzcapotzal- 
00, Tlálpam y Tepotzotlán, y también Texcoco. 



(1) Pero los basilos que están en el interior del organismo enfermo no sufren direo- 
tameute esas influencias. 



'Antonio Álzate." 269 



£1 Dr. Salvador Oarcía Diego, 

Se iia ocupado de la tuberculosis, en su estudio sobre la 
geografía módica de Gruadalajara'^': esta capital se eleva á. . . 
1810™. La tuberculosis es muy rara entre nosotros y los po- 
cos casos que se presentan afectan por regla general, la for- 
ma crónica, siendo muy contados los de marcha aguda. La 
uniformidad del clima, la altura barométrica de nuestra ciu- 
dad, la buena alimentación, las viviendas espaciosas y bien 
ventiladas, el estímulo constante que ejerce en nuestros pul- 
mones la atmósfera caliente y seca? mantienen la actividad 
de la hematósis en buen estado, y evitan ó contrarrestan las 
causas que pudieran dar origen á la miseria fisiológica, que es 
considerada justamente precursora del desarrollo de la tuber- 
culosis. Aun la frecuencia de las afecciones catarrales de los 
bronquios puede ser considerada como una condición más de 
exención (?) atendiendo á la irritabilidad permanente del apa- 
rato respiratorio que dicbas afecciones determinan, y á las 
fluxiones activas á que dan lugar. " La incubación len- 
ta del bacilo es sorprendida por la aparición inmediata del 
ptocessus inflamatorio que coloca á dichos organismos en 
condiciones desfavorables no pudiendo desarrollarse el tu- 
bérculo (¿?) 

"Los tuberculosos que vienen de otras poblaciones, mejo- 
ran su estado y prolongan sus días permaneciendo en nuestra 
ciudad." "No nos hacemos ilusiones ni juzgamos que Guada- 
lajara sea el punto más á propósito para enviar á los tísicos, 
supuesto que en el Estado de Jalisco tenemos localidades que 
ofrecen un clima más uniforme ó inviernos más benignos. (Sa- 
yula, Tecolotlán, etc.). 

El Dr. García Diego no es partidario del origen microbia- 
no de la tuberculosis, ni de que la enfermedad sea contagiosa. 

(1) OeograflaMédica de Guadalajara, por el Dr. Salvador García Diego.— Guada- 
UJara. 1892, p. -ii. 



270 Memorias de la Sociedad Científica 

En apoyo de su diclio cita-casos curiosos que más bien demos- 
trarían, si fueran confirmados por posteriores investigaciones, 
una inmunidad particular en los habitantes de las alturas, 

"Durante mi internado en el Hospital de San Miguel de 
Belén, habitó por mucho tiempo la pieza en que había falleci- 
do un español tísico, y cuyas paredes estaban manchadas con 
sus esputos; sin que hasta la fecha, 27 años después, haya su- 
frido esa enfermedad. Reuní hace dos años, en las salas de mi 
servicio de Clínica Interna, en el mencionado Hospital los po- 
cos tuberculosos que existían en él, ocho, entre más de 350 en- 
fermos." No es suficiente la miseria fisiológica y la acción del 
bacilo para producir la tuberculosis, como puede probarse re- 
corriendo las salas de nuestro Hospital, donde al lado de los 
pocos tísicos que existen se encuentran individuos completa- 
mente agotados, con afecciones crónicas que han aniquilado 
su constitución y fuerza vital de resistencia, hasta conducir- 
los al marasmo tan marcado de la diarrea del país, ó á la de- 
cadencia orgánica propia de las caquexias y de ciertas enfer- 
medades constitucionales; y no obstante condiciones tan pro- 
picias para contraer la tuberculosis, según la doctrina de las 
infecciones, permanecen en sus lechos meses enteros y bajan 
al sepulcro á causa del mal que sufren sin contaminarse por 
la proximidad de un tuberculoso. Fallece un tísico y la cama 
que deja vacante es ocupada por diarréicos, ó caquécticos, du- 
rante mucho tiempo, sin que se desarrollen los tubérculos." 

Extraña en efecto que en esos casos, después de mucJi-o tiem- 
po no se haya contagiado la tuberculosis. Si no fuera por las 
palabras que subrayamos podría temerse que el Dr. García 
Diego hubiera caído en un error: él mismo dice que en Gua- 
dalajara se observa más frecuentemente la forma lenta de la 
tuberculosis; que poco tiempo después de que ha principiado no 
se diagnostica con mucha facilidad, ni menos podrá diagnos- 
ticarse cuando se desconozca la importancia del reconocimien- 
to de los esputos en el microscopio. Extraña, en efecto, que 



'Antonio Álzate." 271 



en el Hospital de Belén de Guadalajara, lo mismo que en 
otros hospitales de la República, no se hayan hecho tísicos to- 
dos los enfermos, así como todos los empleados, en ese hospi- 
tal en donde se practica la higiene al mismo grado que en una 
choza, puesto que, según era de esperar, así lo reconoce el Dr. 
García Diego diciendo que: "debe procurarse que las vícti- 
mas de la tisis permanezcan en los hospitales el menor tiem- 
po posible, en atención á que sus condiciones higiénicas no 
son las más adecuadas para contrarrestar los progresos ince- 
santes de este mal." 

Según el Dr. E. Licéaga.'^' 

Desde el año 1881 se ocupa en esos estudios. 

Cualquiera que sea la teoría adoptada para explicar la in- 
fluencia de los climas como agentes preservadores de la tisis 
pulmonar, ó como medio terapéutico, es necesario admitir que 
el conocimiento de los hechos debe preceder á las explicacio- 
nes. 

Hay localidades donde faltan las condiciones necesarias 
para la existencia del microbio generador de la enfermedad. 
Si un enfermo habita alguna de dichas localidades no podrá 
curar de las lesiones antiguas, pero el clima se opondrá al pro- 
greso del mal, por no haber las condiciones físicas que hacen 
vivir y desarrollarse el bacilo de Koch. 

Hay localidades que no ofrecen una inmunidad absoluta 
á sus habitantes, pero la tisis se desarrolla en ellos tan rara 
vez, que debe suponerse que el bacilo que la produce no en- 
cuentra más que elementos precarios de existencia, los cuales 
apenas le permiten vivir. 

En fin, hay localidades donde se desarrolla la tisis entre 
los indígenas, y el clima es extraordinariamente benéfico pa- 
ra los enfermos que han vivido en otras condiciones climató- 

(1) Le I'ldtonu Ceiitnil da Mexiquo (Mesa fíontral) coiiHidóié comino stütion sniiitni- 
re pour Ich platÍHiqui-H. Míimoire lu a\i Congrés de Berlia. — lícHin, 4 Aoftt 1890. 



272 Memorias de la Sociedad Científica 

ricas. El organismo de los individuos deja de ser un terreno 
favorable para los microbios. 

En las mesetas de México se encuentran climas corres- 
pondientes á estos tres tipos. Ejemplo del primero, Zacatecas; 
al segundo corresponden las localidades montañosas y de aire 
seco: Oaxaca (1153"). 

El Dr. Mejía no ha encontrado, en un día de visita al hos- 
pital, más que un tuberculoso entre 96 enfermos. Este hecho 
está confirmado por la experiencia de los Dres. Fenelón, Pom- 
bo, Garmendia, Hainemann, Castillo, Vasconcelos, Alvarez, 
Hernández, Castellanos y otros. Todos admiten que los tísi- 
cos que llegan de otras localidades se curan ó mejoran nota- 
blemente en la ciudad de Oaxaca. 

En el tercer grupo se incluyen las localidades en donde la 
mortalidad por tuberculosis es algo mayor que la observada 
en el 2? grupo; pero mucho menor que en las poblaciones de 
Europa. 

Son muy favorables para los enfermos que han adquirido 
la enfermedad en las costas del Grolfo de México ó del Océa- 
no Pacífico, ó aun en los Estados Unidos y en Europa. 

El Dr. Mejía sostiene que en el Hospital de San Andrés, 
del 1° de Enero 1874, al 1° de Enero de 1877, han entrado. . . 
14,021 enfermos, entre los cuales hubo 545 tuberculosos: 347 
han muerto. 

La mortalidad por tuberculosis es en México de 7,53 y en 
Paris de 17.57, 

En todos los enfermos que han venido á la mesa se han 
verificado los caracteres objetivos de la enfermedad por los 
medios de que la clínica dispone, pero desde el descubrimien- 
to de Koch se ha buscado el bacilo por los medios acostum- 
brados. 

Las lesiones locales han variado desde la induración del 
vértice hasta la ulceración pulmonar con cavernas más ó me- 
nos extensas. 



"Antonio Álzate." 273 



Los casos de infiltración pulmonar que han curado son tan 
numerosos que puede asegurarse que un individuo tísico que 
viene á México en el primer período de la enfermedad cura ca- 
si indefectiblemente. Los enfermos que he asistido han sido 
muy numerosos: han llegado de los Estados de Yucatán y 
Campeche, Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, de las Costas 
del Golfo de México, especialmente del primero de esos Esta- 
dos, en el cual la enfermedad es muy frecuente á causa de los 
matrimonios entre parientes enfermos ya, ó predispuestos por 
la herencia. También curé pacientes que vienen de los Es- 
tados de Sonora y Sinaloa, costa del Pacífico. He asistido en 
fin, á algunos enfermos procedentes de los Estados Unidos 
del Norte, algunos del Colorado, que tiene tanto renombre pa- 
ra la curación de la tisis. Todos han sanado asi como los que 
llegan de Europa. 

Al proponer la meseta mexicana como estación sanitaria 
para los tísicos, no excluye ninguno de los otros métodos de 
tratamiento. 

Segtín El Dr. Alfredo Diigés, 

En carta particular nos dice que la tisis es común en los 
mineros y relativamente rara en los demás habitantes de Gua- 
najuato. 

"No hay aquí inmunidad, pero sí escasez del mal, compa- 
rando con México." 



Memorias .—[1900-1901.] T. XV.— 86. 



FAMILIAS LINGÜÍSTICAS DE MÉXICO. 

Ensayo de clasifioacióa 

seguido de una noticia de la lengua Zapaluta 

y un confesonario. en la misma. 



Dr. NICOLÁS LEÓN, M. S. A., 

Asistente naturaUsta, Encargado de la Sección de Antropología y Etnografía del 
Museo Nacional. 

Corresponde á nuestro sabio Orozco y Berra la gloria de 
haber sido el primero, que en ordenado estudio y obra expro- 
feso, dio á conocer los nombres de las varias lenguas indias 
que existieron en el vasto territorio de México, intentando 
también, antes que otro, una clasificación de ellas. ( Memoria 
de la Secretaría de Estado y despacho de Fomento, Coloniza- 
ción, Industria y Comercio de la República Mexicana por el 
C. Manuel Silíceo, pp. 48-59. Documento núm. 5. México 1857, 
y "geografía de las Lenguas y carta Etnográfica de México, 
precedida de un ensayo de clasificación de las mismas lenguas. 
México 18G4.) 

Los intentos en este sentido, de Hervás, Balbi y Prichard, 
poco significaban, y solo pueden considerarse como trascen- 
dentales los trabajos de Buschmann. Catálogo de las len» 



276 Memorias de la Sociedad Científica 



guas délas naciones conocidas &c. &c.; por el abate D. Loren- 
zo Hervás. Madrid 1800. — Atlas ethnograpliique du globe, ou 
clasification des peuples anciens et modernes d'aprés leurs 
langues&c, par AdrienBalbi: París. MD.CCC.XXVL — Re- 
cherches into the physical history o£ Mankind; bay James 
Cowbes Prichard. London 1841-51. — The Natural History of 
Man by J. C. Prichard. London 1855. — Die Spuren der azte- 
kischen Sprache im nordlichen México &c. &. Von J. C. E. 
Buschmann. Berlín. 1859, y otros escritos suyos que sería lar- 
go citar. 

Siguiendo la senda trazada por Buschmann, filólogos dis- 
tinguidos como el P. Nájera, entre los nacionales, y Charen- 
cey, entre los extranjeros, se preocuparon del estudio y agru- 
pación de los idiomas indios de México. 

En 1862 vemos á Don Francisco Pimentel, provisto de ele- 
mentos literarios abundantes, abordar el estudio y clasificación 
de estas lenguas, presentando el fruto de sus trabajos en su 
"Cuadro descriptivo y comparativo de las lenguas indígenas 
de México," cuyo primer volumen publicó en México el año 
1862 y dos años después, en 1865, el 2?. Su trabajo quedó to- 
davía incompleto y hasta 1874 logró ver todo la luz pública, 
apareciendo muy reformado. (Cuadro descriptivo y compara- 
tivo de las lenguas indígenas de México ó Tratado de filología 
Mexicana por Francisco Pimentel, 2'^ edición única complel a. 
3 vols. México 1874-5.) 

Al final del tercer volumen de esta obra, puede verse la 
clasificación de las lenguas mexicanas. La que propone Baií- 
croft tiene el defecto de sacrificar la morfología, base de toda 
buena clasificación, á las circunstancias geográficas, que no 
siempre van de acuerdo con aquélla. (Bancroft's Works. Vol. 
III. Myths and Languages. pp. 562-73. — San Francisco Cali- 
fornia. 1890.) 

Los estudios de nuestros vecinos del N^te (Po-wel, Gats- 
ohet, Brintoii) y los de algunos viajeros alemanes (Sapper, 



'Antonio Álzate." 277 



Stoll, Seller,) que lian recorrido nuestra República y la América 
Central, han dado á conocer importantes detalles lingüísticos 
y así se ha facilitado y sobre seguras bases edificado, la clasi- 
ficación de los idiomas indios de México. 

Powel'y Gatschet han sido los que informados afondo en 
el estudio de las lenguas de América, han presentado los tra- 
bajos más trascendentales y útiles en la clasificación de ellas; 
formulando reglas claras y precisas, para su exacta denomi- 
nación. (Classification into Seven linguistie Stocks of Western 
Indian dialects, by Albert S. Gatsched. En "U. S. Geographi- 
cal Surveys West of the 100 th Meridian" Washington 1876. 
Indian linguistie families of America North of México, by 
J. W. Powel. En " Seventh annual Report of the Burean of 
Ethnology.'' Washington 1891-92 con un mapa.) 

En este último escrito, notable é importantísimo por mil 
títulos, se establecen para la denominación de las familias lin- 
güísticas, las reglas siguientes: 

I. La ley de prioridad, relativa á la nomenclatura de la fi- 
lología sistemática de las tribus americanas del Norte, no se 
extenderá á los autores cuyas obras tengan fecha anterior á 
el año 183G. 

II. El nombre originalmente dado por el fundador de un 
grupo lingüístico, para designar éste como familia ó tronco 
de idiomas, debo adoptarse con exclusión de cualquiera 
otro. 

III. El nombre de familia no se reconocerá si se compone 
de más de una palabra. 

IV. El nombre de familia una vez establecida no se can- 
celará en ninguna división subsecuente del grupo, mas puede 
retenerse en un sentido restringido para una de estas porcio- 
nes constituyentes. 

V. El nombre de familia se distinguirá como tal por me- 
dio de la disinencia ó terminación an ó ian. (En castellano con- 
vierte el an en ana.) 



278 Memoiias de la Sociedad Científica 

VI. No se aceptará nombre para una familia lingüística á 
menos que se use para designar una tribu ó grupo de tribus, 
como un tronco lingüístico. 

VII. No se admitirá nombre de familia sino en caso de 
que éste se aplique al habitat de la tribu ó tribus á las cuales 
se les aplique. 

VIII. La ortografía original de un nombre se conservará 
estrictamente, salvo en el caso de la regla III, y á menos que 
haya evidente error tipográfico. 

Conformándose á ellas en todo, y aprovecbando las últi- 
mas investigaciones de la ciencia, el Sr. Prof . Otis Tuf ton Mas- 
son ba presentado la subsecuente ''clasificación de las fami- 
lias lingüísticas de México." (Etbnology and Arehaeology of 
México. En "México, A geograpbical sketch &c. compiled by 
the Burean of the American Republics. Washington 1900. pp. 

24-31.) 

Nahuatlana. 

Fimana. 

Yumana. 

Seriana. 

Tarascana. 

Zoqueana. 

Totonacana. 

Zapotecana. 

Otomiana. 

Mayaua. 

Huaveana. 

Athapascana. 
Tequistlatecana. 



"Antonio Álzate." 279 

Quedan fuera de este cuadro lenguas tan importantes co- 
mo la Pirinda ó MaÜáltzinca, la Chinanteca y la Chichimeca, cu- 
ya existencia está ya casi fuera de duda, ( La langue des chi- 
chiméques. Etude ethnologlque par A, Gerst. S. J. En "Re- 
vne des questions scientifiques. Juillet 1891. Bruxelles) no obs- 
tante la respetable opinión de Brinton que cree fué en algu- 
nas regiones la nabuatl, y en otras la othomí. Este mismo es- 
critor ha propuesto formar una familia, que denominó TEQUIS- 
TLATECANA, con el Cliontal y Trique de Oaxaca (The American 
Race, by D. G. Brinton. Neto YorTc. 1891.) mas el Lie. F. Bel- 
mar que ha estudiado con elementos vivos y mejores datos 
estos idiomas, sostiene y demuestra que ellos pertenecen á la 
familia Zapotecana (Ensayo sobre la lengua Trike, Oaxaca. 
1897 y El Chocho*. Oaxaca 1899, ambas escritas por el Lie. F. 
Belmar.) 

La lengua Chinanteca de Oaxaca, confundida por muchos 
escritores con la Tzinanteca de Chiapas, debe formar por sí 
una familia denominada Chinantecana, pues no tiene afini- 
dades con ninguna de sus vecinas ( Observations on the Chi- 
nantec language of México, by D. G. Brinton. En "Proc. 
Amer. Philos. Soc." XXX. 137. mUadelpUa. 1892.) 

El Maratin, aunque muy lleno de palabras nahuas, mani- 
fiesta tener origen diverso y ninguna relación con sus limítro- 
fes, así es que amerita formar la familia Maratiniana, y en 
igual caso se halla la lengua CMapaneca, que formará la fami- 
lia Chiapanecana. 

A la Sección de Estadística del Ministerio de Fomento se 
ha enviado del punto llamado "Pastora," Partido de Río Ver- 
de, Estado de San Luis Potosí, un vocabulario de idioma des- 
conocido ( Nomenclatura geográfica de México, por A. Peña- 
fiel, México. 1893.) 

Con el nombre de Tañoana encuentro citada otra familia 
lingüística que tiene en México tribus á ella pertenecientes, 
en el Estado de Chihuahua y margen del Río Grande. 



280 Memorias de la Sociedad Científica 

El Illmo. Sr, Lorenzana en su pastoral referente á la ne- 
cesidad de instruir á los indios en el idioma castellano ( Car- 
tas Pastorales y Edictos. México 1770) "expresa que el Illmo, 
Sr. Obispo de Oaxaca, en una de sus pastorales dice, que en su 
diócesis hay una lengua que solo de día se entiende bien y 
que de noche, en apagándoles la luz, ya no se pueden explicar, 
porque con los gestos significan." 

Atendiendo á lo expuesto, y hasta que posteriores estudios 
vengan á dar más luz en el asunto que nos ocupa, oreemos 
que los idiomas y dialectos de México deben quedar agrupados 
en \a,s familias siguientes: 



Nahuatlana. — El Náhuatl, Azteca ó Mexicano; el Acaxó; 
el Ahualulco; el Colotlán; el Cora de Jalisco; el Cuitlateco, 
Teco ó Popoloca de Guerrero y Michoacán; el Culhua; el Gua- 
zápare; el Huichola; el Huite; el Nayarita y el Niquirán. 

Dialectos: el Muutzicat, el Teacuacítzica, el Ateácari, dia- 
lectos del Cora. El Pipil de Soconusco, el Mexicano de Jalis- 
co, el Zacateco, el Mazipil, el Chinarra, el Chontal de Oaxaca, 
dialectos del Náhuatl. 

El Sobaiba, el Tebeca y el Xixime, dialectos del Acaocé. 



PiMANA. — El Pima, Cora, Nevóme ú Otama; el Cahita de 
Sonora, el Opata ó Tegüima, el Sinaloa ó Cahita, el Tarahu- 
mara y el Tepehuán. 

Dialectos: el Varogio, el Chinipa, el Guazárape, el Pachera, 
el Tubar, el Hurosón de Chihuahua, dialectos del Taralmmar. 

El Pima alto, el Pima bajo, el Pápago, el Sobaipuri ó Sa- 
baqui, el Cajuenche, el Potlapigua de Sonora, el Muutzitzi, 
dialectos del Pima. 



•Antonio Álzate. " 281 



El Mayo, el Yaqui, el Tehueco ó Zuaque, el Hichucio, el 
Vacoregua ó Guazave, dialectos del Cahita. 

El Dohoma, Dohoma batuco, Eudeve ó Heve, el Jova: son 
dialectos del Opata. 

El Julime es dialecto del Tepehuán. 



YiDiANA. — El Yuma, el Cochimí, el Guaicura. 
Dialectos. — El Aripa, el Cora de la Baja CaHfornia, el C chi- 
ta, el Concho; dialectos del Guaicxira. 

El Edú y el Didú dialectos del Cochimí. 

Seriana. — El Seri y sus dialectos el Guaima y el Upan- 
guaima. 

Tarascaba. — El Tarasco, sin verdaderos dialectos, pues el 
pretendido Jarépecha es mala ortografía de la voz Purhépecha, 
nombre con que hoy se designan en su idioma los indios de 
Michoacán. 

Zoqueana, — El Zoque, el Mise. 

Dialectos. — El Chimalpa, el Tapijulapa, el Cohuisco de 
Puebla, dialectos del Zoque. 

El Popoloco de Tecamachalco, el Tlapaneco, el Cohuisca 
y el Yope, de esta misma región, dialectos del Mixe. 

TOTON'ACAKA. — El Totonaco con sus dialectos, el Tetikil- 
hati, el Chakahuaxti, él Tatimolo ó NaoUngo y el Ipapana. 



Zapotecana. — El Zapoteco con sus dialectos el Amusgo, 
el Benixono, el Cuicateco, el Chatino, el Chocho, el Mázate- 

Meaori*».— 1900-1901].— T. XV.-30, 



282 Memorias de la Sociedad Científica 

co ó Huatiquimane, el Nexitza, el Popoloco de Oaxaca, el Sol- 
teco, el Papabuco, el Triqui, el Chontal, el Serrano y el Te- 
huantepecano. 

El Mixteco con sus dialectos el Bajo y el Montañés, el Te- 
puzculano y otros que llegan hasta once, y toman el nombre 
de los pueblos donde se hablan, y la Chuchona de Cuextla- 
huaca. 

Othomiana. — El Othomi ó Hiá-Hiú con sus dialectos, el 
Mazahua, el Pame y el Jonáz ó Meco. 

Me inclino á creer que el Guachichíl, al menos el que se 
hablaba en Pénjamo ( Gto. ), era dialecto del Othomi y quizá 
también el Serrano de Tamaulipas. 



Mayana.— El Maya, el Huaxteco, el Mame, el Tzeltal, el 
Tzótzil, el Chol ó Punctum, el Chaneabal, (?) el Lacandón, 
el Kiché, el Quelén. 

Dialectos: el Aical, el Ajoye y el Tarelepa, dialectos del 
Maya. 

El Zapaluta y el Chontal de Tabasco, dialecto del Tzeltal. 

HUAVIANA— El Huavi ó Huatzonteco. 



Athapascana. — El Apache con sus dialectos Chemegue, 
Yuta, el Muca oraive, el Faraón, el Llanero, el Lipán, el To- 
boso y el Tamaulipeco. 



Matlaltzincana.— El Matlaltzinca ó Pirinda con sus dia- 
lectos el Ocuiteca y el Macoaque y otros cuyos nombres no 
constan y solo se sabe existieron (Guevara. Fr. Miguel,) 



"Antonio Álzate." 285 



Chinantecana. — El Chinanteco. 

Chiapanecana. — El Chiapaneco. 

Maratiniana. — El Maratín. 

Chichdiecana. — El Chicliimeca. 

Tañoana. — El Tehua y el Piro. 

Shosh@neana. — El Comanche. 

Coahuiltecana. — El Coahuilteco con sus numerosos dia- 
lectos (García. Fr. Bartolomé; Manual para administrarlos SS. 
Sacramentos &c, &c. México. 1760)^ • 

Al idioma pantomímico de Oaxaca, así como al que se ha- 
bla en Pastora, E. de San Luis Potosí, no podemos asignarle 
rango de familia ó dialecto, por falta de datos precisos, 

Fr. Alonso Ponce en la "Relación" de su viaje á Nueva 
España dice: hablando de Xiquüpan ( Micho acán ), que allí ha- 
bitaban indios mexicanos, tarascos y tzaultecas, "que es lengua 
por sí." 

E.ste trabajo no es más que un ensayo imperfecto y resu- 
men de todo lo que por bien averiguado se tiene hasta el día; 
espero por lo mismo muchas correcciones y rectificaciones, 
que recibiré con todo gusto. 

He omitido la sinonimia y variantes ortográficas, en los 
nombres de los dialectos y lenguas de que me he ocupado, en 



284 Memorias de la Sociedad Científica 

obvio de la claridad, brevedad y concisión. La distribiición geo- 
gráfica de ellas será objeto de otro estudio, así como también 
la ubicación de las rasas que las liahlan ó bayan hablado. 

Hasta boy no se sabe ni con exactitud aproximada, el nú- 
mero de individuos que usen esas lenguas, no obstante figurar 
en muchas publicaciones cifras más ó menos elevadas; y co- 
mo este punto no fuese el que á mí más me preocupara queda 
reservada su investigación para otros trabajos. 

Tengo la convicción de que los estudios é investigaciones 
filológicas futuras, vendrán á concretar tantas lenguas y dia- 
lectos mexicanos, en dos ó tres lenguas madres, que serán qui- 
zá la Otbomí, la Maya y la Náhuatl. 

Las afinidades que estas familias lingüísticas tengan entre 
sí, así como su aproximación ó alejamiento por sus caracteres 
de mayor simplicidad ó arcaísmo, no se han estudiado; su or- 
den sería aquí usado no obedecer á plan ninguno, y como 
se mira, ni al vulgar alfabético. ^^^ 

En la colección de MSS. de la biblioteca García Icazbal- 
ceta se encuentra un "Manual de Sacramentos" que contiene 
unos confesionarios y catecismos breves en varias lenguas de 
Chiapas. 

Hay entre ellos un " Confesionario en lengua Zapaluta, " 
idioma que se usa en Zapaluta (Comitán, Chiapas.); por el es- 
tudio que de él he hecho, creo que se trata de un dialecto del 
Tzeltal (F. Mayana). Como hasta hoy no se conoce este dialec- 
to ni de nombre, ni se sabe exista documento escrito ó im- 
preso en él; he creído conveniente publicar ese pequeño con- 
fesionario para que sea conocido, estudiado y clasificado. 

La copia de que me sirvo, la debo á mi amigo el Sr. Canó- 
nigo Don Vicente de P. Andrade, quien se sirvió tomarla pa- 
ra mi liso, del mismo original. 

(1) Los trabajos del Dr. C. Sapper en la América Central y límites de México nos 
han dado á conocer algunos dialectos de las lenguas Maya y Zoque, si mal no recuerdo; 
mas la falta de su libro en todas las bibliotecas de México, me ba impedido pimtualizar 
esta reminiscencia. 



r\ 



"Antonio Álzate." 



285 



. CONFESliRIO EN LENGUA mmU. 



CASTELLANO. 



ZAPALUTA. 



Persígnate. 
Di: Yo pecador. 
¿Sabes la doctrina! 
¿Te confesaste el año pasado? 

¿Recibiste la comunión ese año! 

¿Hiciste la penitencia que te dio 

el Padre? 
Si la hice. 
No la hice. 

¿Juntaste ya todos tus pecados? 
¿Te duele tu corazón de haber 

pecado! 
Sí me duele. 
No me duele. 
Di todos tus pecados. 

¿Amas á Dios con todo tuco- 
razón? 

Sí amo. 

No amo. 

¿Has jurado con mentira ó de 
valde? 

¿Trabajaste los domingos y días 
de fiesta? 

Trabajé. 

No trabajé. 



Pisa a sit. 

Ucuge: on mulamilon. 
¿Mexana scop Dios! 
¿Melajapas confesión ta caxis- 

jabil? 
¿Malajaguichis comunión ta 

jun abe? 
Malajapas penitencia tajeyal- 

beat latic? 
Japas. 
Malajpas. 

Melazoptalel zpicil a muí ? 
Me cux aguotan lajapas amu- 

lil tastojol Dios? 
Cux. 
Ma cux. 

Ala zpicil amulil. 
Me jal lajaquil ta zpicil aguo- 

tan. 
Jal. 
Ma jal. 
¿Melaj di^SLS juramento lot, lam? 

¿Me ate jal tos domingo soc mu- 

culquin? 
Atejon. 



Ma atejon. 



286 



Memorias de la Sociedad Científica 



CASTELLANO. 
¿Honraste á tu padre y madre? 

Honré. 

No honré. 

¿Mataste á algún cristiano, ó lo 
deseaste? 

Maté. 

No maté. 

¿Hiciste pecado con hombre ó 
mujer? 

Lo hice. 

No lo hice. 

¿Lo deseaste hacer con hom- 
bre ó con mujer? 

¿Te derramaste? 

¿Robaste? 

Robé. 

No robé. 

¿Levantaste falso testimonio á 
tu próximo? 

¿Mentiste? 

¿Oiste misa los domingos y fies- 
tas? 

¿Ayunaste los siete viernes de 
cuaresma, sábado santo y vi- 
gilia del Niño (Dios)? 

Ayuné. 

No ayuné. 

¿Comiste carne esos días? 

Comí. 

No comí. 

¿Te emborrachaste? 



ZAPALUTA. 

¿Me lajaxi me lajaquex atat 

ame? 
Lajxi. 
Ma lajxi. 
¿Me lajamil cristiano, me acu- 

pin? 
Lajmil, 

Ma lajmil. 
Melajapasmulsochuinic, soc 



Lajpas. 

Ma lajpas. 

Me acupinlajapas soc huinic, 
soc ans? 

¿Melajam al aba? 

¿Elcajat? 

Elcajon. 

Ma elcajon. 

Me ay lejapono chan ta mulil 
anapal anochan? 

¿Melotojat? 

¿Melajaguai misa domingos, 
soc quit? 
j,Me chabajat juque viernes cua- 
resma, sahado santo, soc vi- 
gilia Niño Dios? 

Chabajon. , 

Ma chabajon. 

¿Atza baquet alume cacal? 

Ation. 

Ma ation. 

Jacbia. 



"Antonio Álzate." 



287 



CASTELLANO. 



ZAPALUTA. 



¿No tienes más pecados? 
Pídele perdón á Dios con todo 

tu corazón, y en penitencia 

reza un rosario. 



¿Mi ayuc tuc amul? 

Y Sica,mhsija, perdón Dios, zpi- 
cil aguotan yun penitencia 
ban chuejan jan rosario. 



Este trabajo se ha hecho durante las horas de labor diaria 
que tengo señaladas en el Museo Nacional; por circunstancias 
especiales no se pudo publicar en la tipografía de ese estable- 
cimiento. 

Se quedó también sin publicar una lámina sinóptica que 
debería haberlo acompañado. 



LA EMÜCIOI DE LA iüJER lEXlCANA 

AL TEAVÉS DEL SIGLO XIX 

(breves apuntes y consideraciones) 

Disertación pronunciada la noche del 15 de Diciembre de 1900, 

eu nombre de la Sociedad Científica "Antonio Álzate", ante el Tercer Concurso 

Científico Xacional, 

Fot el Ingeniero 

JESÚS GALINDO Y VILLA, 

Vicepresidente de la Sociedad. 

"Hay quien opina que todo el que escribe ó liabla acerca 
de las mujeres — dice el conocidísimo y distinguido pensador 
español Don Severo Catalina — debe reservarse el derecho de 
arrepentirse mañana de lo que hoy escribe ó habla." 

"El autor de estos Apuntes — continúa, y dice de sí mismo 
— renuncia solemnemente á ese derecho. Ha consignado lo 
que estima verdad, y de la verdad no cabe arrepentimiento. 
No rinde culto al genio del positivismo que deprime á la mu- 
jer, ni al genio de la fantástica idealidad que aspira á divini- 
zarla." 

Señoras y Señores: 

Tal "profesión de fe" del citado escritor, la hago mía en to- 
das sus partes; pero al efectuarlo, empiezo descubriéndome 
con el mayor respeto ante la mujer, que constituye la hermo- 
sa clave del hogar; que es la más rica perla de los afectos del 

Memoriai. [1900-1901] .—.T. XV.— 37. 



290 Memorias de la Sociedad Científica 

corazón, y la que tierna y dulce todo lo corona en el mundo 
del sentimiento; es decir, la madre, llámese Cornelia, llámese 
María, la más ideal, la más pura, la más excelsa de todas las 
madres. Sí. "La maternidad es la gota de agua de un Jordán 
que bastaría para })urificar todos los afectos;" escribe Campo- 
amor. Y "los que al nombre de madre — añade otro genio ibe- 
ro—no sintáis latir de entusiasmo el corazón, ¡apartad, alejaos!" 
Sí; mis respetos á la madre, á la esposa y á la bija; y por 
tanto, mis anhelos más fervientes por su felicidad. He aquí 
el móvil de mi disertación de 1897'^' en el Segundo Concurso 
Científico Nacional; he aquí por qué, señoras y señores, os vuel- 
vo á mostrar el viejo, pero interesante y siempre nuevo asunto 
de la educación de la mujer mexicana; asunto de primer or- 
den, desde tantos puntos de vista, especialmente el sociológi- 
co, como todos lo sabéis, y al cual hay que considerar en to- 
toda su trascendental magnitud. 



Como portada de mi pobre estudio de 97, coloqué aquellas 
palabras de Leibnitz: 

"Siempre he pensado que se formaría el género humano, si se 
reformase la educación de la mujer. " 

Recordareis que entonces, como hoy, tuve la honra seña- 
lada de hablar en nombre de nuestra Sociedad Científica "An- 
tonio Álzate;" pero considerando en abstracto á la mujer me- 
xicana; es decir, ante los complicados y tremendos problemas 
que surgen del seno de la Antropología, la Psicología, la Fi- 
siología y la Economía Política; llamando en mi auxilio á la 
sensata opinión de reputados pensadores Y como la Psicolo- 
gía y la Fisiología son la base fundamental de la Pedagogía, 
de aquí que esta otra interesante rama de los conocimientos 

(1; Breves consideraciones sobre la educación de la mujer mexicana. — Disertación 
pronunciada el jneves 29 de Julio de 1897, por J. G. V. 



'Antonio Álzate." 291 



humanos, entre muy de lleno, — ó á lo menos deba entrar, — á 
estudiar y considerar la educación de la mujer. 

Hoy trataremos de dicha educación del bello sexo mexi- 
cano considerando el vastísimo tema, al través de la centu- 
ria cuyos paroxismos de agonía, toca en suerte contemplar á 
quienes dentro de una quincena ya seremos los del siglo imsado. 
No pretendo cansaros con una fatigosa y molesta enumeración 
de fechas, de leyes, de reglamentos y de otras disposiciones 
que se refieren á este asunto, y que es muy fácil que encon- 
tréis. Mi disertación de hoy. carece de la grande importancia 
de la anterior: es un capítulo desprendido do una monografía 
que viene ocupando hace mucho tiempo, algunos de mis po- 
cos ratos de ocio 5 pero disertación que en parte se ajusta al 
deseo de la Honorable Academia Mexicana de Jurisprudencia, 
relativo á que en estos certámenes de la intehgencia, se for- 
mara una especie de síntesis sobre el progreso científico de 
nuestro amado suelo. 

Ahora, entro á tocar el punto, sin buscar el aplauso tal vez 
lisonjero de mis buenos amigos, ó el reglamentario (porque en 
México, desgraciadamente, nos hallamos impuestos al elogio 
enervante y nunca á la crítica benéfica); sino con la aspiración 
y la esperanza de ([ue he dicho la verdad, y contribuido en mi 
pequeña esfera y con mi óbolo insignificante á ilustrar algu- 
nos de los puntos que atañen á la educación y felicidad de ese 
misterioso y delicado ser que ha nacido bajo el espléndido cie- 
lo mexicano. 



El método impone, desde el punto de vista histórico, tres 
forzosas divisiones para nuestro tema: 

La primera, comprende desde el primer año de nuestro 
agonizante siglo, hasta el 1821, ó sea todavía la época colonial- 

La segunda, desde 1821 á 1867, ó sea durante la época de 
las lucilos revolucionarias que conmovieron nuestro suelo. 



292 Memorias de la Sociedad Científica 

La tercera, desde 1867 hasta 1900, ó sea lo (^ue pudiéra- 
mos llamar la época del establecimiento absoluto de la Bepúhlica li- 
beral y de la paz. 

Finalmente, cabe asimismo el somero estudio de las con- 
sideraciones y conclusiones que se desprenden de todo lo an- 
terior, sin perder de vista la evolución rápida y progresiva del 
bello sexo extranjero, y el colosal desenvolvimiento del lla- 
mado feminismo. 

Condensemos ahora, y pasemos á modelar esas épocas, con 
cuanta delicadeza sea dable á estas torpes manos. 

I 

Dos son las fases que la educación de la mujer mexicana, 
tomada de determinado grupo social, presenta esencialmente 
al través de las épocas que ocupau nuestra atención: la domés- 
tica y la oficial; reflejándose en ambas, de una manera absolu- 
ta, la historia de nuestras costumbres, de nuestro modo de 
ser social y político, de la decadencia, vitalidad ó desenvolvi- 
miento de nuestro País. 

Y si por educación entendemos el desarrollo de facultades 
físicas, morales é intelectuales, no podemos dejar fuera de 
nuestras consideraciones á la instrucción, ó sea á la acumula- 
ción de conocimientos. 

Para aplicar estos dos inseparables factores (la educación 
y la instrucción) debemos fijarnos en la mujer destacada de 
diversos grupos sociales. Más ó menos bien definidos, todos 
convienen en que tres son esos grupos, como indicaba yo en 
mi estudio de 97: el más elevado ó aristócrata; el más bajo ó 
el de las clases netamente populares; y el intermedio entre am- 
bos grupos, ó lo que se ha convenido en denominar la clase 
media. A su vez, cada agrupación predicha, admite otras sub- 
divisiones, que no se escapan á vuestro ilustrado criterio. 

El primer grupo, ha evolucionado con marcada lentitud, y 



'Antonio Álzate." 293 



dado nuestro carácter político y nuestras libérrimas institu- 
ciones, debe decirse que en México no existe, como en otros 
pueblos, la plutocracia propiamente dicha. 

El segundo grupo, el de las clases verdaderamente prole- 
tarias, ya sabemos que es el último de todos en condición so- 
cial, económica y psicológica. La mujer desprendida de su 
seno, es interesante también pai'a nuestro estudio, ¿Y qué di- 
remos de la del tercero, la de la clase media, en sus variadas 
fases, la de la clase que posee todas las exigencias y todas las 
necesidades, la más sufrida y, sin disputa, — por qué no decir- 
lo — la más inteligente y laboriosa? 

Y ¿qué ha sido del bello sexo encumbrado por la fortuna 
hasta el más eminente peldaño de la escala social? ¿Qué de 
la mujer de nuestra clase media! ¿Qué, finalmente, de esa po- 
bre mujer en cuyo hogar impera casi siempre el infortunio? 

Proyectemos, señores, sobre blanca pantalla una serie de 
pequeños cuadros, con la mágica linterna del tiempo, y obser- 
vemos desde luego que, aun cuando no en lo absoluto, sí rela- 
tivamente podemos decir que tanto nuestro bello sexo elegan- 
te, nuble y distinguido, como el de la clase media, tienen nu- 
merosos puntos de contacto, por ascendencias y descenden- 
cias j y en consecuencia, la educación doméstica en parte, ha 
sido idéntica. 

Esa educación doméstica, no cabe la más pequeña duda 
que continuó siendo desde los albores de este siglo, un típico 
retrato de las curiosas y patriarcales costumbres coloniales, 
influyendo directamente en ellas nuestros bisabuelos y abue- 
los: aquellos, terminan, en el presente, la última generación 
del siglo decimoctavo, y los segundos, forman la cabeza de la 
primera generación completa de la presente centuria.*'' 

(1) Admitiendo, para mayor facilidad del cálculo, un término metlio para la dura- 
ción de la vida fiuiológica en México, de 30 años, puede formarse el siguiente pequeño 
cuadro relatioo. 

BiaabueloB, nacidos en 1775, forman la 1» generación i/ncompUta del Siglo XIX. 
í AbueloH, ,, „ 1805, ,, „ 1» ,, comvletM 

< Padre». ,, „ 1835, ,, „ 2f ,, ,, ,, '' 

(llijoM, „ ,, 180.0, ,, „ 3'.' ,, ," ,',' \\ " 

•N'^to», „ Ó 1895, „ „ a» „ i7icoinpleta „ ,', ". 



294 Memorias de la Sociedad Científica 

Y ^.recordáis esas costumbres patriarcales 1 Acabo dé de- 
ciros que los directores natos de ollas fueron nuesti'os venera- 
bles bisabuelos y abuelos: aquellos severos vaiones que espe- 
cialmente conocemos por los retratos de familia y por las re- 
miniscencias escuchadas al dulce y suave calor de nuestras 
sabrosas veladas invernales; aquellos señores de corbatín y de 
alto cuello, de rostros tonsurados, enérgicos y austeros que so- 
lían quebrarse, pero no doblarse; aquellos intransigentes en 
sus opiniones religiosas y políticas, que eran honrados comer- 
ciantes ó acaudalados propietarios, ó profundos letrados sali- 
dos de las meritísimas aulas de San Grregorio, de San Ildefon- 
so ó de San Juan de Letrán. 

Y doníinando, como dominaba en el primer tercio de es- 
te siglo, el elemento conservador, las costumbres del hogar 
estuvieron envueltas en un pleno ambiente de misticismo; 
y para decirlo de una vez : rayaron en una exagerada piedad y 
en una intransigencia que hubo de acentuarse y recrudecerse 
al choque formidable de los partidos políticos. 

Aquellas buenas familias tuvieron costumbres cronomé- 
tricas: no se desperdiciaba la merienda á las cinco de la tar- 
de; muchos de nuestros abuelos no dejaban por nada la agra- 
dable tertulia; pero siguiendo la vieja práctica colonial, cerra- 
ban á las ocho de la noche las puertas de sus casas; entonces 
á lo lejos se escuchaba el acompasado rumor del rezo del ro- 
sario, por toda la familia, inclusive la servidumbre. Los jó- 
venes no deberían llegar á casa pasadas las diez de la noche; 
y después del toque de queda, que imponía el silencio augusto 
á nuestra grande y populosa Metrópoli, sólo dejaba oirse el fa- 
moso grito del sereno, que anunciaba las horas y el estado del 
tiempo. 

Recordad. Son las costumbres de ".E? Periquillo" y de "El 
Fistol del Diablo; " diré más, aunque parezca inverosímil : son 
las mismas, suavemente modificadas que desde el paso del de- 
cimosexto al decimoséptimo siglos, describía el fecundo Lo- 



'Antonio Álzate." 295 



pe de Vega á sus buenos compatriotas en esa mustia y deli- 
ciosa Niña Boba que hemos visto magistralmente pasar en es- 
te año por el escenario de nuestro gran Coliseo;'^' lo cual nos 
demuestra, la legítima importación de las mismas costumbres 
españolas del Siglo XVI, que entre nosotros perduraron has- 
ta el presente; y agregaré que casi hasta nuestros días entre 
no pocas familias; pero no en México sólo; es decir, en la Nue- 
va España; Ricardo Palma nos atestigua en sus lindas Tra- 
diciones que tales costumbres hubieron de extenderse al Perú, 
y donde quiera que el León hispano, en nuestro Contineiite, 
hincó las garras. ¿ Acaso hemos perdido la costumbre de ce- 
rrar nuestros principales comercios á las siete y media de la 
noche, y una hora después dejar desiertas nuestras calles, em- 
pezando por las primeras arterias de la Capital? 

Pero si tal acontecía en la más poblada y opulenta Ciudad 
de Nueva España, imaginémonos otro tanto, elevado al cubo, 
en las capitales del interior de nuestra Patria, donde todavía 
no osan sacudirse de añejas prácticas, y donde, en algunas, 
aun suena el eco de la queda. 



Y en el fondo de estos silenciosos hogares, se deslizábala 
vida de nuestras abuelas; pero sin exagerar un ápice, proyec- 
temos, señores, un nuevo cuadro de costumbres educativas. 
Si el rigor para los jóvenes se tornó en exagerado; si las mis- 
mas esposas llegaban á tratar de usted á sus consortes; á las se- 
ñoritas se les daba una educación sui generis: sabían estas bor- 
dar y deshilar á maravilla; sus pespuntes y dechados (no sé 
si diré bien) eran obras maestras; sus trabajos manuales, en 
suma, eran positivas joyas de las artes mujeriles; y de los cua- 
ti) ItopresiMitiidu eu el Toutro ííacioiiiil. por lu ciniíiciite actriz csjuifiola María 
Guerrero de Mendoza. 



296 Memorias de la Sociedad Científica 

les tenemos todavía un recuerdo en cada casa : en cambio, á 
esa porción de nuestro bello sexo, se le encerró en las cuatro 
paredes de su hogar; á las tiernas damas se les permitía acu- 
dir á la misa de la madrugada, yendo por las calles en coches 
cerrados; apenas sabían leer y escribir (bien sabéis que no exa- 
gero) y algunas ni siquiera deletrear, quizá para que no se car- 
tearan con algún atrevido pretendiente; y en apoyo de mi aser- 
to, proverbial es y ha sido la falta de ortografía y la pésima 
letra de nuestras honorables compatriotas. ¡Tiempos singula- 
res que no dejaron de tener su dosis de candor! Hubieron de 
ajustarse nuestros ascendientes á muy severas costumbres; á 
una piedad exajerada, á una admirable y asombrosa morali- 
dad; y en cambio ¡curiosa paradoja! consintieron y toleraron 
en sus hijas las modas de los más escandalosos descotes; arre- 
glaban y pactaban casamientos entre verdaderos niños, antes 
de que fueran púberes, y descuidaron casi absolutamente toda 
educación física y aun la intelectual, para el bello sexo. Así, 
olvidaron que no basta educar sólo en una atmósfera de mis- 
ticismo y de buenas costumbres; si no que se ha menester el 
desarrollo de facultades é instruir al par. "Debe el hombre 
vencer los obstáculos que la naturaleza ha puesto en su cami- 
no — escribe un estimable pedagogo mexicano'^* — haciendo 
múltiples sus leves fuerzas (m asociación con las de los otros, 
y adquiriendo más y más destreza con el ejercicio constante 
de todas sus facultades. La dirección de ese ejercicio, y los 
ejercicios mismos, es lo que hace la educación. La educación, 
pues, tiene por objeto mejorar las condiciones naturales en 
que nace el ser, y la mejoría de su condición está en la per- 
fectibilidad de todas sus facultades." 

Y puesto " que la felicidad es el fin á que aspira el hom- 
bre — sigue diciendo el profesor citado — ella tiene por condi- 
ciones indispensables la salud, la libertad y el amor; y tales 
condiciones las alcanzará en grado más alto quien á más alto 

(1) TLENTEBÍA.-^Estudio sobre la educación. — México.— Tip. JTomento. — 1886. 



'Antonio Álzate." 297 



grado eleve la perfectibilidad de sus facultades ; y en suma, 
las facultades pueden perfeccionarse por la educación." 

De aquí que la educación de nuestro bello sexo mexicano 
haya flaqueado por su base al través de dilatados años. Cabe, 
sin embargo, preguntar, si la impartida bajo el techo de la 
morada paterna fué benéfica ó nociva, dado el carácter de 
la mujer mexicana; y desde el punto de vista de nuestro mo- 
do de ser social. 

Analicemos con brevedad, contestando desde luego, que 
tal educación doméstica fué en gran manera benéfica y alta- 
mente nociva. 

Fué benéfica, porque conservó intacto el velo de la ino- 
cencia; el fuego religioso; la pureza de ciertas costumbres. 
¿Por qué no decir, — sin que nadie lo tome por ofensa, puesto 
que es una verdad, — que atravesamos, en parte, por el perío- 
do de una especie de retrogradación moral con los modernos 
estudios? Yo digo con el escritor Catalina, "que no es preci- 
so que la mujer sea sabia, basta que sea discreta; no es preciso 
que sea filósofa, le basta brillar por su humildad como hija, 
por su pudor como soltera, por su ternura como esposa, por 
su abnegación como madre, por su delicadeza y religiosidad 
como mujer." Sí; también el sacro fuego religioso, sin supers- 
tición ni fanatismo, debe conservarlo en el fondo de su alma 
la mujer. Ella es quien lo transmite, henchida de ternura, al 
niño que levantando los ojos al cielo, apenas puede balbutir 
el ^^ ¡ Tan para pajml " Ella, en la forma divina de la madre, la 
que planta en nuestro corazón el delicado sentimiento de la fe, 
que no acaba en el hombro, aun cuando en su orgullo confiese 
con los labios que se le ha extinguido ; pero cuya vivificante 
llama reaparece siempre en medio del infortunio y la desdicha. 

Fué esa educación perjudicial, porque no se atendió al des- 
arrollo de facultarles, y en consecuencia, la acumulación de 
conocimientos, ó sea la instrucción — según la definimos antes 
— tuvo que ser necesariamente incompleta y defectuosa; y no 
reconoció base alguna pedagógica. 

Memoria».— [1900-1801.] T. XV.— 88. 



298 Memorias de la Sociedad Científica 



Como advertí al principio, de esta época, sólo se ha consi- 
derado á la mujer perteneciente á cierto grupo social; nada 
cabe decir de la que, durante el lapso de tiempo en que nos 
ocupamos, careció de los medios psicológicos y económicos pa- 
ra educarse é instruirse. 

Esto, por lo que atañe á la educación doméstica; a la im- 
partida dentro del sagrado recinto del hogar. Fuera de él, to- 
ca ver qué hizo el Estado por tan cara porción de nuestra so- 
ciedad. 

Si no entrara en el plan de este rápido discurso, el tocar 
este punto, me atrevería yo á suprimirlo, y de tal suerte no te- 
mería ofender la notoria ilustración del distinguido auditorio 
que me honra al escucharme. 

Ya lo habéis oído aquí mismo.''* ¡Cuan exigua y deficiente 
fué la educación impartida por el Gobierno' Colonial, aun la su- 
perior! "No hubo instrucción piopiamente elemental durante 
la decimoséptima y decimoctava centurias ;" hace observar el 
actual Director General de Instrucción Primaria, en su re- 
ciente Tratado elemental de Pedagogía^ "La enseñanza prima- 
ria — agrega — se daba en rudimentales colegios particula- 
res ó se impartía á domicilio álos que podían pagarla." Bas- 
ta un dato elocuente; una cifra que nos habla más que un li- 
bro. En los felices tiempos del insigne segundo Conde de Re- 
villa Gigedo (año 1794); es decir, poco más de un siglo, sólo 
había en toda la dilatada extensión de nuestro vasto suelo (en- 
tonces, poco más ó menos, 4.000,000 de km^) sólo había ¡diez 
escuelas primarias!'^* 

En resumen, "España, en materia de instrucción primaria 

(1) En varios estuilios presentados por sus autores eu este mismo Concurso. 

(2) Dr. Luis E. 'B.mi.— Tratado elemental de Pedagogía.— Ti\). Fomento. —1900. 

(3) Ibid. 



"Antonio Álzate." ♦ 299 



— concluye el Dr. Ruiz — no nos legó ni institutos, ni doctrina, 
ni homogeneidad, ni método." 

De esta breve síntesis se infiere rectamente que la educa- 
ción que no se daba en el hogar, era casi imposible adquirirla 
fuera de sus umbrales. Y como ya hemos visto que dicha edu- 
cación doméstica no descansaba sobre sólidas bases, ni mucho 
menos era filosófica ó. científica, de aquí que la pobre mujer, 
la intelectual especialmente, siguiera su camino por la vida, 
con espesos velos en su inteligencia, digna por muchos con- 
ceptos de esmerado cultivo, cual el de la flor más bella y de- 
licada de nuestros pensiles. 

Sin embargo, si la influencia oficial extendía su protección 
en torno de tan mezquino centro, aparece entre las sombras 
lina luz radiante, esplendorosa; pequeña en cierto grado, es 
verdad, por restringida, pero viva, intensa é iluminando con 
hermasos fulgores la senda de la mujer: era el Beal Colegio de 
San Ignacio, vulgo Vizcaínas, hoy Colegio de la Paz, cuya im- 
ponente fábrica, por todas partes descubre hasta conmover el 
corazón, la bienhechora mano de la iniciativa particular y ben- 
dice la memoria de aquellos tres ilusti^es vascongados Eche- 
veste, Aldaco y Meave.'^' ¿Su historia? Es bien sencilla: se 
fundó para abrigar en su recinto viudas y doncellas honradas 
sin admitir limosna alguna ni contar con otros socorros que 
los de los mismos vascongados y bajo el amparo de esa viril 
Congregación de nuestra Señora de Aranzazuj pero, y en esto 
se dio un gran paso, invistiéndose el Instituto de completo ca- 
rácter laico. ¡ Oh, y cuan ricos frutos has producido. Colegio 
Ilustre! ¡Cuántas lágrimas enjugadas y cuántos caminos tor- 
cidos habrás enderezado entre tus bendecidos muros! 

Empero, no se detuvo aquí la iniciativa particular. Un be- 
llo ejemplo dieron aquellos otros dignos varones Don Manuel 
Eduardo Zorrilla y Don José Patricio Fernández de Uribe, 

(1) Véa«e ÜLAVABRtA y Febeabi, — £i Real Colegio de San Ignacio de Layóla, vul- 
garmente Colegio de iaa Vizcaínas.— México,— 1889. 



300 Memorias de la Sociedad Científica 

al fundar de su peculio las escuelas gratuitas para niñas donde, 
sin distinción de nacionalidades y sin limitación de número, 
concurrían en tropel, para aprender, aquellas cabecitas, la 
Doctrina Cristiana y á leer, escribir, lavar, coser y bordar, sin 
desembolso alguno por parte de sus padres. 

He citado estas dos fundaciones, que culminan en la his- 
toria de nuestra Instrucción Pública, por ser interesante. Al- 
go práctico se iniciaba ya en nuestra vida intelectual. ¿ Pero 
en la práctica? ¡Oh! La mujer entonces no soñaba, que sue- 
ño hubiera sido, ostentar la beca de la licenciatura ó las hon- 
rosas borlas de doctora. Apenas, tímida, desalentada, se atre- 
vió á prestar sus servicios junto á los médicos en la Obstetri- 
cia; cuyo ejercicio, para las señoras (generalmente viudas), 
llegó á considerarse infamante, según nos lo asegura el estu- 
dioso Dr. Flores en su excelente tratado sobre la Historia de 
Medicina en MéxicoS^'' Apenas, también, destruidas en parte 
las preocupaciones, hasta el año 1842 se pensó en fundar la 
clase de clínica de partos, donde deberían instruirse en su ar- 
te ú oficio, las mujeres que quisieran consagrarse á tal estudio; 
pero todavía en lo que el autor citado denomina con toda pro- 
piedad la época empírica y vulgar. 



* 
* * 

Como se observa con toda atención y cuidado, no podía 
reducirse más el horizonte de las aspiraciones de nuestro sexo. 
Pero decir, señores, que en la época colonial no descollaron 
mujeres ilustres, de elevado intelecto y que dieron pábulo á 
cierta clase de estudios, sería faltar á la verdad. Así como en 
esos desiertos espantosos de África, que cubren con sus olas 
de hirviente arena á las infortunadas caravanas, aparecen de- 
rrepente hermosos oasis, en nuestros campos literarios surgió 

(1) Feancisco a. ¥u>b.es. — Historia de la Medicina en México. — Tomo m, pág. 
1,568 y siguientes. > • 



"Antonio Álzate." 301 



la mujer con su poesía á veces mundana, en otras mística y 
afianzada con el férreo yugo de la censura eclesiástica. Asom- 
bra como en pleno siglo XVII el valiente espíritu de la ilustre 
monja jeróniraa, de aquella Sor Juana (rara avis) ''pensara tan 
seriamente vestir el traje de hombre para concurrir á las cá- 
tedras de la Universidad de México." 

"Capítulo interesantísimo de nuestra historia literaria ten- 
drá que ser — dice nuestro erudito Vigil en sus Poetisas niexi- 
eanas^^^ el que haga patente la parte que en todo tiempo ha 
tomado la mujer en el desenvolvimiento intelectual de México. 
Atrasada, como ha sido, en los siglos anteriores, la instrucción 
de esa preciosa mitad de nuestra sociedad, no han faltado ex- 
cepciones honrosísimas por las que puede verse que no es el 
ingenio patrimonio exclusivo del sexo fuerte." Las mujeres 
entraban á ciertos certámenes literarios y muchas obtuvieron 
justo galardón en esas fiestas; no, por desgracia, en mejores 
tiempos, por ser aquellos en los cuales prevaleció la forma so- 
bre el pensamiento; la falta de sencillez en el lenguaje; el gran 
empleo de figuras retóricas y las más extrav^igantes metáforas; 
tornándose el estilo en obscuro, embrollado y enigmático. Fué 
sin embargo, modificándose favorablemente, aun cuando en los 
comienzos de este siglo, cayó en lo que se llama el pseudo- 
clasicismo, pero sin perder los caracteres idiosincráticos; la 
agudeza, la gracia y la sensibilidad.'^' 

Así, no es nada extraño observar que en la época que nos 
ocupa, se abriera esforzado paso un rico caudal de produccio- 
nes literarias femeninas, que, rompiendo los viejos moldes de 
anacrónicas costumbres, ya en México, y en Yucatán, como 
en Tabasco y Sinaloa, como en otros puntos de nuestro suelo, 
aparecieran esas bellas publicaciones de índole tan poética co- 
mo sus propios nombres: Las Violetas de Anáhuac, El Recreo 
del Hogar, y La Palmera del Valle, etc. 

(1) JoBÉ M. VioiL. — La» jjoelisa» mexicanas. — México. — Elegante edición. — 1893. 

(2) VíkU.— Obracita/iu. 



302 Memorias ele la Sociedad Científica 

Era natural: "el estudio de las bellas letras — hace notar 
un escritor'^' — es más simpático al carácter y condiciones de 
la mujer; asi la historia literaria de todas las naciones registra 
en sus páginas nombres muy ilustres de escritoras, que son 
honra de su patria y de su sexo; las poetisas son las flores más 
bellas del Parnaso, las verdaderas musas vivientes, las hijas 
legítimas de la inspiración." Y entre nosotros, esas flores se 
llamaron (en el siglo XVIII y en el presente hasta rayar la 
aurora de la libertad) la Condesa de Miravalles, Francisca 
García de Villalobos, María Teresa Medrano, Vicenta Gutié- 
rrez del Mazo, Josefa Guzmán, Mariana Velázquez de León, 
María Dolores López y tantas más, cuyas obras se escapan á 
nuestra investigación.'^' 

* 

Temo, señores, cansaros más; pero aun nos queda por con- 
templar otro girón de cielo mexicano, tan azul y tan limpio 
como el que sirve* de morada á nuestras gallardas escritoras. 
Os ruego un breve momento de paciencia y os doy las gracias 
anticipadas: es un pedazo de cielo iluminado por un sol divi- 
no y radiante, en medio de las nebulosidades de nuestras ran- 
cias costumbres, de nuestra intransigencia, de nuestro casi 
completo atraso intelectual. Sí; cuando la tímida estrofa ape- 
nas se atrevía á extender sus alas de dorada mariposa; cuan- 
do la mujer apenas osaba levantar la vista y salir de su recin- 
to, la campana de Dolores anuncia el eco solemne del grito de 
redención; y al extender sus vibraciones grandiosas por los 
ámbitos todos de la Nueva España, prende en cada corazón un 
átomo del alma impalpable y soberana de Josefa Ortiz; y tras 
de la figura inmortal de aquella augusta anciana, tras de infi- 
nitas emociones y de lágrimas de gozo, como espléndida cons- 

(1) El citado Cataliiia en su estudio acerca de La Mujer. 

(2) Véaae Vigil.— Obra citada. 



"Antonio Álzate." 303 



telación, aparece en ese cielo de la Patria, un reguero de incon- 
tables estrellas. Ya era LeonaVicario, vigorosa y noble, que ce- 
lebraba sus bodas con el ilustre Quintana en medio de! campa- 
mento, entre el humo del combate, al estruendo de las armas y 
al épico son del marcial clarín de guerra; eran Manuela Medina 
y María Fermina Rivera, que tomaban ellas mismas las armas y 
con fiereza sin ejemplo combatían en las filas insurgentes; era 
la gran Manuela Herrera que convirtió su propia hacienda en 
colosal hoguera, para no proporcionar recursos al ejército rea- 
lista; era, señores, María Tomasa Esteves á quien se mandó 
fusilar, á causa de su alto patriotismo, sin respetar su sexo y 
á pesar de la gentil hermosura de su rostro. '^^ Eran . . . ¡ tantas 
matronas sublimes y abnegadas que preludiaban una metamor- 
fosis en la condición de la mujer mexicana! Y sin llegar á la 
curiosa y casi patológica virilidad de la Monja Alférez, sintie- 
ron un rebosante amor hacia su Patria, y un cariño inmacu- 
lado para su bendecido hogar. 

Se anunciaba sí, una absoluta modificación en nuestra má- 
quina social y política. El recio viento de 1810, sostenido has- 
ta 1821, hmpió el cielo mexicano de los leones y castillos que 
opacaban la fulgurante claridad del sol de Anáhuac! 

n ' 

Concluida, para siempre, la contienda de la emancipación, 
la Patria debería proveerse sola á su subsistencia política y so- 
cial. Los tropiezos de la inexperiencia, de la nueva vida, se 
suceden sin tregua: se inaugura la época infausta de las revolu- 
ciones intestinas, y la ambición y los partidos políticos, enar- 
bolan en los campos de batalla las negras banderas de encar- 
nizada lucha. Y si nos fijamos un breve instante en el fondo 
de cada hogar, observaremos cómo en ellos se refleja semejan- 
te lucha: la mujer conservadora recrudece sus costumbres, la 

(1) V6o«c LülB González Oukeo6n, Las Ileroinas Mexicanas. 



304 Memorias de la Sociedad Científica 

ilberal las exacerba (recordareis la curiosa ostentación, en los 
vestidos, de los colores verde ó rojo); pero se va notando al par, 
en ellas una evolución lenta y eficaz. Después de la indepen- 
dencia, la educación doméstica tuvo que ser, con pequeñas 
modificaciones favorables, idéntica á la que hemos apuntado, 
y no cabe ya volver sobre el asunto. 

En cuanto á la oficial, quién duda que tuvo grandes alien- 
tos, que se apagaban al contacto de las tormentas revolucio- 
narias; alientos que cruzaban nuestro nublado horizonte como 
ráfagas de luz, como brillantes meteoros que en breve desapa- 
recían, y así llegamos con fatiga, hasta poco después de me- 
diada la centuria, hasta la caída del Dictador Santa -Auna. 

¿Hemos de narrar las peripecias de nuestra Instrucción 
Pública en el lapso de tiempo que nos ocupa? ¿Quién no ha 
escuchado aquí mismo el nombre de la benemérita Compañía 
Lancasteriana, que en buena época estuvo facultada oficial- 
mente para expedir títulos de profesoras de instrucción pri- 
maria? ¿Quién no recuerda el vigoroso impulso que el Presi- 
dente Gómez Parías dio á la instrucción, y el feliz decreto 
proclamando la libertad de enseñanza, al decir que "toda cla- 
se de personas podía abrir escuelas públicas, con sólo la obli- 
gación de avisar á la autoridad local?" ¿Quién ignora que en 
ese mismo año 1833 en que estuvo al frente de la República 
aquel distinguido ciudadano (Gómez Parías) hubo de iniciarse 
la primera Escuela Normal para mujeres?''^ Si bien es cierto 
que era imposible llevar á cabo tantos y tan buenos deseos co- 
mo se abrigaban por la Instrucción Pública, la mujer entreveía 
un camino honrado y nuevo para asegurarse ella sola su cuoti- 
diano substento: el profesorado. Podía caber, pues, en las es- 
cuelas de la misma Lancasteriana, en las particulares, en las 
que fundaban los Ayuntamientos ó en las pocas del Gobierno; 
digo pocas, porque todavía en 844 "'impartíase la enseñanza en 
pequeña escala," careciéudose aún de doctrina, de homogenei- 

(1) Véase Euiz.— obra citada. 



'Antonio Álzate." 305 



dad y de método; aparte, de que muclias de las disposiciones 
que se dictaban, tendían á favorecer más á la enseñanza supe- 
rior que ala elemental y la primaria; las que afortunadamente 
llegaron á difundirse poco tiempo después. — (Ruiz.) 

Avanza el tiempo y nos sorprende el cataclismo de Ayutla; 
es deiTÍbado el Dictador; surge el pacto fundamental del seno 
del Constituyente y uno de sus artículos, el 3?, proclama que 
"la enseñanza es libre," sin distinción de sexos; y de aquí 
que reciban ó puedan recibir las mujeres un título legal en 
cualquiera de nuestras facultades profesionales. 

Sin embargo, empieza de nuevo y arrecia la tormenta y la 
instrucción se paraliza; ya es la Guerra de Reforma, ya des- 
pués la invasión francesa, el establecimiento del Imperio y la 
lucha por destruirlo; todo lo cual impide la posesión de la tran- 
quilidad y el reposo; empero, á pesar de ello, un Ministro de 
Juárez, Don Ignacio Ramírez, se ocupa en dictar la ley de 15 
de Abril de 61, reformando la Instrucción primaria y ade- 
cuándola á los métodos modernos; ley que queda escrita nada 
más, debido á los acontecimientos políticos que se sucedieron. 



III 



Estamos en plena época republicana, y en rápido vuelo 
es fuerza atravesar un fecundo período de treinta años, con- 
densando cuanto nos sea posible. 

Durante él, la educación doméstica de nuestro bello sexo 
ha sufrido una radical transformación; y el porvenir de la mu- 
jer mexicana se ha dilatado y extiende á diario, para su be- 
neficio, aun cuando sería preciso detenerse en analizar sus 
condiciones, si el tiempo y- el lugar lo permitieran. Numero- 
sas causas han influido en la educación en general y en el bien- 
estar de nuestras compatriotas : la facilidad, de los viajes al ex- 
tranjero, entre nuestros acomodados; la marcha progresiva de 

MemorUi.— [1900-1901).— T. XV.— 39, 



306'. Memorias de la Sociedad Científica 

México; la difusión de la Instrucción Pública; la fundación 
de nuevas industrias en que puede ser empleada la mujer; y 
finalmente, la paz bienechora cuyos inefables beneficios tod(?s 
proclamamos y sentimos. Así, á la joven actual, en muchos bo- 
gares, puede vérsele dirigiendo la casa; nutrida con las ocu- 
paciones domésticas, leyendo y escribiendo de una manera lim- 
pia y correcta; y sabiendo coser, bordar, tejer, pintar, tocar 
algunos instrumentos musicales, y pudiendo expresarse más 
ó menos en francés y aún en inglés; en suma: la mujer instrui- 
da, la delicia del hogar. 

Edúcase ahora, moral ó intelectualmente, á la vez, resin- 
tiéndose aún de la parte física que no ha adquirido el vuelo 
necesario y adecuado, ni en nuestras mismas escuelas oficia- 
les. 

Considero hasta inútil indicaros, que proclamada por Juá- 
rez y Martínez de Castro la enseñanza primaria laica, obliga- 
toria y gratuita; que aumentado el número de escuelas é ini- 
ciado el establecimiento de las Normales ( que no se llevó en- 
tonces á cabo ) hubo de caminar la instrucción como en hipó- 
grifo. 

Ya os recordé desde 1897, las frases de Díaz Covarrubias, 
que este escribía en 73 sobre la "Instrucción Superior del bello 
sexo en la República," asentando que ''si sólo se trata de dar 
á la mujer una instrucción superior que eleve su categoría in- 
telectual en la sociedad, casi todos los pueblos, si se exceptúan 
los de Oriente, han convenido ya en la importancia, ó más bien, 
en la necesidad y la justicia de incorporar á la mujer en el mo- 
vimiento intelectual del mundo, dotándola de conocimientos 
que eleven su carácter y hagan provechosa su justa influencia 
en la sociedad;" y "aunque las cualidades de la mujer — conti- 
nuaba diciendo el entonces Oficial Mayor del Ministerio de 
Justicia é Instrucción Pública — sean distintas de las del hom- 
bre, sobre unas y otras puede brillar su inteligencia; ésta será 
la que determine cómo y en qué proporciones puede el bello 



"Antonio Álzate." d&7 



sexo figurar en el mundo de las ciencias, sin abandonar la car- 
dinal hegemonía, la del hogar." "La educación materna que es 
de la que el niño recibe sus primeras impresiones, sus prime- 
ras ideas y su primer conocimiento de las cosas y de las leyes 
que rigen al mundo, bastan para fundar, además de otras cir- 
cunstancias, la impi'escindible necesidad de cultivar el espíri- 
tu de la mujer con una instrucción superior conveniente, no pa- 
ra encargarle los ejercicios profesionales de los Iwmhres, sino para 
no dejar en manos de una inteligencia vulgar, la primera educación 
de la mujery^ 



Importantes, son, señores, los conceptos transcritos, por- 
que en mi opinión, ellos sintetizan y concretan el criterio que 
debe normar la educación y la instrucción del bello sexo. Es 
indudable que las ideas citadas, han servido de base para los 
subsecuentes programas escolares destinados á la mujer; y 
así observamos que ya en pleno período de paz, se tiende por 
nuestro Gobierno, de una manera especial, á fomentar el pro- 
fesorado de instrucción primaria, ya creando la Escuela Na- 
cional Secundaria de Niñas, ya transformándola de una ma- 
nera completa en Escuela Normal para Profesoras de Instruc- 
ción Primaria; ejemplo que ha dilatado su rica savia, hasta 
Monterrey y Veracruz; Guadalajara y Oaxaca; Puebla y Tolu- 
ca; San Luis y Morelia, y otras importantes ciudades del país, 
donde asimismo con Escuelas Normales ó por medio de Aca- 
demias, se cultiva la inteligencia femenina. 

Los títulos profesionales de la Lancasteriana y del Ayun- 
tamiento dejaron de expedirse, y se han acumulado en nues- 
tra Normal, de donde brota la mujer intelectual que tanta fal- 
ta nos hace: la maestra, la profesora; que si por cada alumna 
que surge titulada se fundara una escuela primaria, y si has- 

(1) DÍAZ CovABRUBlAa.— -2^ Instrucción Pública en México. 



308 Memorias de la Sociedad Científica 

ta el último confín de nuestro suelo, extendiera ésta sus fron- 
dosas ramas, nuestra felicidad estaría totalmente asegurada; 
"no correríamos el peligro de ser tributarios de nuestros pro- 
pios huespedes, ni estaríamos expuestos á sentarnos como el 
musulmán á la puerta de nuestra tienda, á contemplar impá- 
vidos el incendio de nuestras ciudades;" como en sonoras fra- 
ses, no hace mucho que dijo en esta misma tribuna, un dis- 
tinguido miembro de nuestro profesorado/^' 

* 

* * 

Por dicha, en la esfera oficial, se abre otro camino á la 
mujer con la Escuela de Artes y Oficios, para su sexo, donde 
aprende la bonetería, la escritura en máquina, el dibujo y la 
pintura (aparte de nuestra Escuela de Bellas Artes), las mo- 
das, el bordado, labores decorativas y objetos de fantasía, flo- 
res artificiales, la costura, la pasamanería, la doradui-ía; y en 
todo ello se hacen primores, como bien lo sabéis y paipais. 

En la Escuela fundada por la Dirección de los Telégrafos 
Federales, la mujer tiene nuevo horizonte donde instruirse pa- 
ra ganar después la subsistencia. 



Como dije anteriormente, el art, 3? constitucional procla- 
clama "que la enseñanza es libre," sin distinción de condicio- 
nes y sexos, y en consecuencia, escudada la mujer mexicana 
tras ese fundamental precepto, se ha lanzado ya, no por la sen- 
da de la obstetricia ó la más complicada del profesorado, sino 
á escalar puestos de doctora en medicina y de licenciada en 
leyes. En buena hora; nuestro atronador aplauso por las da- 

(1) El profesor Don Gregorio Torres Quintero, en su tema: Factores que deben con- 
currir al progreso de la Instrucción Primaria en México,- expuesto en la Sesión del Con- 
curso Científico que se celebra, de fecha 13 de Noviembre de 1900. 



'Antonio Álzate." 309 



mas que se nivelan en ese terreno con el hombre; empero .... 
¿no tocamos ya en México los comienzos del verdadero femi- 
nismo? ¿Estaremos dispuesto§ para aceptarlo sin tropiezo? ¿Es 
conveniente para nuestro modo de ser social? La mujer, á pe- 
sar de su privilegiado cerebro, de su perfecta inteligencia, de 
su perspicacia, de poderse colocar á la altura dal hombre mis- 
mo ¿está en aptitud de neutralizar sus delicadas funciones 
fisiológicas? Y ¿quién osa contrariar las sabias y admirables 
leyes de la naturaleza? ¿No acaso cuando estas se vulneran se 
suceden cataclismos y revoluciones funestas? 

Cada punto de los anteriores, constituye, señores, un pro- 
blema, un nuevo tema de estudio, profundo, detenido y tras- 
cendental. 

No; yo no quiero ala mujer mexicana, como la mujer que 
nos pinta Enrique Desmarest, en su reciente libro Lafemme 
future, ataviada con las prendas de ropa masculinas; no la quie- 
ro en violación flagrante de las leyes del orden natural; la sue- 
ño, recatada, instruida en alto grado sin perjudicar sus facul- 
tades: que en el hogar sea reina y señora, y fuera de él digna 
de su sexo. Así lo fueron, nuestras más ilustres heroínas; así 
lo han sido y lo son nuestras más distinguidas escritoras, la 
sentimental Isabel Prieto, la ardiente Dolores Guerrero, la pen- 
sadora Ester Tapia; Laureana Wright enardeciendo con su 
vibrante patriotismo rebosado en su Oda al 5 de Mayo ; sub- 
yugando Rosa Carreto con sus Fábulas, y Francisca Carlota 
Cuellar con su encantadora musa festiva; y así tantas otras co- 
mo Dolores Correa y Matiana Murguía ; Refugio Barragán y 
Luisa Muñoz Ledo; Josefa Murillo y Cristina Farfán; y para 
cerrar esta pléyade, nuestra Angela Peralta, la reina del di- 
vino arte en el suelo mexicano. 

Aquí mismo, en nuestros concursos, ¿no acaba de ser hon- 
rada esta tribuna con el paso de una estudiosa y respetable 
profesora? ¿Aquí en nuestra justa intelectual no hemos dado 
ya un legítimo y merecido lugar al bello sexo? 



310 Memorias de la Sociedad Científica 



Pero ¿la obra está completa? No; ese es uno de los puntos 
que deben estudiarse más, y traerse á estos Concursos. Quizá 
alguna otra vez me toque en suerte volverlo á tocar. Yo os lo 
presento de bulto, considerando á tres clases femeninas: la 
mujer intelectual; la empleada; la obrera. La intelectual va 
siguiendo su camino hacia nuevos horizontes; pero tras de es- 
tos aparece el grave y múltiple problema de las profesiones 
masculinas en manos de la mujer; y cuáles de ellas pueden con- 
fiársele; el proletariado profesional, la violación de las leyes 
naturales, y la absoluta libertad de nuestras leyes fundamen- 
tales políticas, en lo que. al asunto atañe. 

La empleada, tiene horizontes; pero repitamos con el es- 
timable Dr. Ramírez de Arellano, en su aplaudido estudio del 
Primer Concurso Científico de 1895, hablando de las causas 
eficientes de la prostitución en México, '^' que '^ hay que rom- 
per el estrecho círculo de hierro, en que sin razón se ha ence- 
rrado á la mujer mexicana; hay que ensanchar la esfera de sus 
labores y presentarle nuevos horizontes de trabajo." "Nada 
más sencillo — decía el orador — que lograr ese importante be- 
neficio; basta para ello arrojará los hombres de todos los pues- 
tos que indudablemente ha usurpado á la mujer. Es triste, es 
ridículo y hasta indecoroso, ver á hombres sanos y robustos, 
vendiendo, tras de un mostrador, blondas y listones, plumas 
y artículos para señoras, ó bien ociosamente sentados tras de 
una rejilla expendiendo timbres ó boletos, ó cuidando afa- 
nosos una perfumería, un estanquillo ó una sedería; esto es 
absurdo y vergonzoso, — agregaba; — esos nervudos brazos son 
reclamados á voz en cuello por la industria, por la agricultura 
y la minería; allí es su puesto, y deben ceder el que indebida- 

(1) De. Juan José Kamíeez de Auellano.— La prostitiudón en México. — Memo- 
ria leída el 29 de Julio de 1895, en nombre de la Sociedad Médica "Pedro Esoobedo." 



"Antonio Álzate." 311 



mente ocupan á la mujer." "Así se hace en Europa y en los 
Estados Unidos: la mayor parte de las casas de comercio, las 
fondas, los cafés, algunas oficinas del Gobierno y muchas de 
particulares, y en general todos aquellos empleos en que no 
se necesita ni de la ciencia ni de la fuerza del hombre, son ser- 
vidos por la mujer." 

También vamos hacia adelante en ese terreno. 

La obrera merece muy serias meditaciones y detenido' es- 
tudio; gentil y airosa ha desfilado ya en la procesión de la 
Paz,'" arrancando los aplausos de la multitud; pero es preci- 
so educarla, para que no resbale. 



La educación es profiláctica para todos; y que necesita- 
mos proveer con positivo esmero á la educación incondicional 
de la mujer mexicana, ni se discute, por razones de conve- 
niencia, de civilización, de humanitarismo, de sentido común. 

Es fácil predecir que el vigésimo siglo de nuestra era, se- 
rá de grandes revoluciones sociales, que ya se anuncian á lo 
lejos, como el eco de la tempestad; y es evidente que México 
no quedará ajeno á ese movimiento, por reflexión, si se admi- 
te la frase. Debemos estar apercibidos por la educación, por 
el trabajo y por el intenso amor al suelo en que nacimos. Pe- 
ro se ha menester que sacudamos nuestra proverbial inercia; 
que un día para siempre nos despojemos de nuestro carácter 
indolente y apático. Demostremos que estos certámenes, cuya 
última sesión ordinaria es la de hoy, no se hallan ataviados por 
el oropel de una brillante, pero hueca palabrería y de ampu- 

(1) Con motivo de la relección del Sr. General Díaz, como Presidente de la Repú- 
blica, el 1'.' del presente Diciembre, (1900) áenfíUt por las i)rincipal(!s Avenidas de la Ciu- 
dad de México, nna g'ran proceHión comimcsta de las más vif^orosas fnerzns vivas del 
paÍH. Km esa j)roocKÍ6n, tomaron parte todas la» obreras dn laCompiiñia (¡ig'arrera, con 
limpioH trajes y bien pnestoH, an-ancando, como se indica, los aplausos délas multitudes. 



312 Memorias de la Sociedad Científica 

losa forma; y que los conceptos levantados y grandes que se 
han vertido aquí por oradores de fama, no habrán de borrar- 
se de nuestros cerebros al clausurar sus puertas este recinto. 

Sí; hagámoslo, señores, en honra y provecho de la flor más 
lozana de nuestros vergeles; guardemos en vasos de oro la 
fragancia más pura de la madre, de la esposa, de la hija; de 
aquella, en fin, á la cual llamamos con el más legítimo orgu- 
llo, nuestra compatriota; repitiendo con Julio Bois, el feminis- 
ta ideal, que "¡El alma de la mujer se levanta como una es- 
trella, para alumbrar el porvenir!" 

México, 15 Diciembre 1900. 

Jesús Gtalindo y Villa. 



LA DECLINACIÓN MAGNÉTICA 

EN LAS CARTAS TOPOGRÁFICAS 



POR EL INGENIERO 



MANUEL MONCADA. 

Desgraciadamente en todos los ramos del saber humano, 
encuentra cabida la propensión á aparecer exactísimo, aun 
cuando no pueda racionalmente alcanzarse gran exactitud y 
aun en aquellas ciencias que tienen por base las matemáticas 
se encuentra ese mal y es que esa exactitud matemática del 
gabinete no puede llevarse á la práctica, porque ni nuestros 
sentidos ni nuestros medios de apreciación nos permiten va- 
lorizar las cantidades infinitamente grandes ó infinitamente 
pequeñas que el cálculo nos dá. Muchos son los casos en que 
se ve esto, pero no pudiendo enumerarlos me concretaré á uno: 
al de la determinación de la declinación magnética, ó sea el 
ángulo constantemente variable que forma el meridiano ver- 
dadero de un lugar con el magnético. 

En Topografía al levantar un plano, se comienza por de- 
terminar el meridiano verdadero para obtener aquel ángulo, 
por alguno de los varios procedimientos que existen: el de al- 
turas iguales de sol, de estrellas, la mayor ó menor elongación 
de la Polar etc., con las que se obtiene una grande aproxima- 
ción, ó si se quiere, exactitud. No así el magnético, pues este 

MemorUs. [ 1900-1901]. -T. XV.-4U. 



314 Memorias de la Sociedad Científica 

no puede determinarse sino con aproximación muy poco sa- 
tisfactoria, y por consiguiente es mucliaf pretensión anotar en 
los planos el azimut ó ángulo de declinación con segundos cuan- 
do aun los minutos se escapan f orízosamente; y no se diga que 
se toma el promedio de muchas observaciones, porque cuan- 
do éstas son inseguras el promedio lo es también y la aproxi- 
mación resulta nula. 

De los errores que puede dar una aguja magnétiea hay 
algunos que son corregibles, como su excentricidad, la falta 
de coincidencia entre el eje de figura y el magnético, error en 
la graduación, etc.; pero hay otros que no lo son como la mala 
construcción del instrumento, la no coincidencia del cero del 
limbo con el cero de la graduación interior en que se mueve 
la aguja. Este último error no puede conocerse si no es com- 
parando el instrumento que se usa con un magnetómetro fijo, 
lo cual no es posible cuando se trabaja en el campo, y sin em- 
bargo, casi siempre se da por bueno el teodolito que se emplea 
ateniéndose á la reputación del constructor, y ese error puede 
ser de varios minutos. La apreciación que se hace de la coin- 
cidencia de la punta de la aguja, aun cuando tenga nonius, 
con el cero ó grado cualquiera de la graduación, no puede ser 
exacta y la lectura puede estar afectada igualmente en minu- 
tos. La proximidad, no solamente de masas ferruginosas, sino 
de macizos montañosos que aunque no contengan hierro, des- 
vían la aguja. Pero la causa principal de error está en el mis- 
mo meridiano magnético que no es estable, sino que varía no 
solo con la latitud del lugar y de año en año, sino de día en día 
y de hora en hora, pudiendo ser la variación diurna hasta de 
siete ó más minutos como lo manifiestan los registros de los 
Observatorios Magnéticos extranjeros, y entre nosotros los mu- 
chos y prolijos estudios que en varios años de constancia ha 
hecho el Sr. Moreno y Anda encargado del servicio meteoro- 
lógico del Observatorio Astronómico Nacional; según ellos la 
declinación acusada por el declinómetro de hilo sin torsión va- 



"Antonio Álzate." ' 315 



ría todos los días de las 7 a. m. á las 2 p. m. en 1, 2 y hasta 9 
minutos, siendo el promedio de la variación diurna de unos 
3 minutos. 

Como se ve, es mucha pi'etensión de exactitud anotar en 
los planos topográficos declinaciones de 1 y 2 minutos, cuan- 
do la mayor aproximación que racionalmente podría conceder- 
se sería de 5 en 5 minutos; y tan es así que las tablas calcu- 
ladas para coordenadas magnéticas dan de 15' en 15' que es 
la apreciación que mejor puede hacerse á la vista. 

De desear sería, pues, que siquiera en las principales ciu- 
dades del país se establecieran magnetómetros de precisión, 
con los que pudieran los ingenieros comparar sus instrumen- 
tos antes y después de emprender una expedición topográfica, 
para conocer y llevar en cuenta el error de construcción de es- 
tos. Dichos magnetómetros contribuirían á la vez eficazmente 
para la determinación de las curvas de variación, de igual de- 
clinación, y al estudio de otros problemas de interés que se re- 
fieren al magnetismo terrestre, tan poco conocido aún, y que 
se cree proviene de las corrientes telúricas ó eléctricas en la 
superficie ó á poca profundidad de la corteza terrestre y aun 
tal vez en la atmósfera. 

Este estudio preocupa grandemente á los hombres de cien- 
cia desde que se ha comprobado la relación íntima que existe 
entre algunos fenómenos de la superficie solar y las perturba- 
ciones de la aguja magnética, así como con otras de la atmós- 
fera y de la física terrestre propiamente dicha. Tan delicados 
los instrumentos que se emplean en este estudio y tan delica- 
das las medidas que con ellos se hacen, exigen, por otra par- 
te, tomar ciertas precauciones y cuidados á fin de no exponer- 
se á ciertas influencias que acudían á nulificar los efectos de- 
bidos á la sola acción magnética de la Tierra, principalmente 
en la época actual en que la electricidad como motor ó fuerza 
lleva sus misteriosos efluvios al taller, á la fábrica, al ferroca- 
rril y que escapándose por la tierra está haciendo que el imán 



316 Memorias de la Sociedad Científica 

emigre lejos de los grandes centros de actividad, allá donde 
pueda seguir tranquilo sus lentos, periódicos y accidentales 
movimientos. La causa perturbadora del trolley simple en los 
ferrocarriles eléctricos, con la que no se contaba hace pocos 
años, está obligando en efecto, á algunos observatorios mag- 
néticos europeos y de la América del Norte á dejar sus actua- 
les miradas y buscar refugio en regiones en que su acción ya 
no se deja sentir. El de Kew, por ejemplo, fué influenciado 
de tal manera por un ferrocarril eléctrico de Londres, que tu- 
vo que entablar una demanda contra la compañía y última- 
mente según parece ésta ha ofrecido una indemnización con 
la que se cambiará á otro lugar lejano. Y el Gobierno Mexica 
no en la concesión que dio para los ferrocarriles eléctricos de 
la capital, con previsión laudable, redactó el art 12 del regla- 
mento para los ferrocarriles eléctricos, así: 

"La Secretaría de Comunicaciones y Obras públicas tiene 
facultad para dictar las medidas que juzgue oportunas, á fin 
de evitar las perturbaciones que no obstante la observancia 
de las prevenciones de este Reglamento se bicieren sentir en 
las líneas telegráficas ó telefónicas de la Federación ó en los 
aparatos de precisión de los Institutos técnicos oficiales. Esas me- 
didas se ejecutarán á expensas de la Compañía de tracción," 
(Diario Oficial, 5 de Marzo de 1900.) 

No puedo menos de indicar aquí que aunque la electrici- 
dad es conocida solamente en sus efectos, como la fuerza y 
otros agentes naturales, su acción universal y sus aplicaciones 
útilísimas que cada día aumentan, liacen que su estudio sea 
de grande importancia y á él se dediquen con ahinco las na- 
ciones civilizadas. México, que aspira á ocupar un lugar distin- 
guido entre ellas, debe tomar parte en este concierto científico, 
y buena parte del camino tiene ya andado en lo que se refie- 
re al electro -magnetismo. El Sr. Ingeniero Don Ángel An- 
guiano, siendo Director del Observatorio Astronómico Nacio- 
nal, trajo de Europa entre otros valiosos instrumentos, unos 



'Antonio Álzate." 317 



registradores magnéticos automáticos, aparatos ingeniosos en 
que la fotografía, esa otra gran palanca para el adelanto de la 
ciencia, marca los movimientos del imán por pequeños y con- 
tinuos que sean, haciendo pronto y bien, lo que un observa- 
dor haría penosamente y mal. 

Estos aparatos han sido estudiados y montados por el re- 
ferido Sr. Moreno y Anda y ya prestos á funcionar definiüva- 
mente ha habido necesidad de guardarlos, debido á la influen- 
cia perturbadora de los ferrocarriles eléctricos. El Observato- 
rio Magnético cuenta, pues, con los instrumentos necesarios 
para poder figurar entre los establecimientos similares de pri- 
mer orden, en toda la América, cuenta asimismo con persona 
que sabe manejarlos y que se dedica con gusto á ese estudio. 

Como se vé hay andada ya una buena parte del camino y 
de desear sería que el Gobierno, que toma decidido empeño 
por el adelanto del país, diera otro pequeño impulso, estable- 
ciendo el Observatorio magnético en lugar apropiado para que 
se obtengan resultados prácticos, se aprovechen los elenaentbs 
que ya existen y pueda México cooperar, sea en la escala que 
fuere, al estudio de tan vasto y trascendental problema del 
electro-magnetismo. Esto casi se impone, es ya \ina necesidad 
cuando se ve que por los aislados y propios esfuerzos del Sr. 
Moreno, tanto los Estados Unidos como otras naciones de Eu- 
ropa, cuentan á México entre los países que se dedican al cul- 
tivo de esos estudios. 

Los Estados Unidos consagran tanta atención á ellos, que 
solamente en los Estados de las Carolinas Norte y Sur, hay 
más de 150 monumentos ó postes de piedra donde está marca- 
do el meridiano y donde se hacen observaciones oficiales y 
particulares y los cuales monumentos están bajo la salvaguar- 
dia única del público que los respeta. 

México no puede por ahora llegar á tanto, pero podría 
comenzar ventajosamente y el esfuerzo que se necesita no se- 
ría en verdad grande. 
Tacubaya, Marzo 1901. 



Mem. Soc. Álzate 



Tom. XY. 




PROF D. ALFONSO llEllItCIt V 

Presidente honorario i)erpitu<j ck- l;i SociíJaJ Ci(-ntí(ii.ii "Amonio Al/ali'" 
Febrero 1838 t -" líncro I''!! 



biografía 



DEL 8EN0R PKOKESOIl 



D. ALFONSO HERRERA, 

Presidente Honorario Perpetuo de la Sociedad. 

Nació en México el 7 de Febrero de 1838, siendo sus pa- 
dres el tSr. D. Francisco Herrera, Juez del ramo criminal en 
la capital y la Sra. D" Rosario Fernández San Salvador. Huér- 
fano de padre á los tres años de edad, tuvo la dicha de encon- 
trar en el segundo esposo de la Sra. Fernández, el Sr. D. Pe- 
dro Puerto, un protector que lo dirigió con la mayor solicitud 
en sus estudios científicos y lo trató como un verdadero pa- 
dre. Después de brillantes estudios de latinidad con el Padre 
Cenizo y de otras materias en el Colegio de San Gregorio, ob- 
tuvo en 1855 el título de Bachiller, ingresando á la Escnela 
Nacional de Medicina en donde cursó el primer año de la ca- 
rrera de médico. Pero un revés en los intereses de su familia, 
que él tuvo la dicha de preveer á tiempo, le hizo prescindir de 
sus vehementes deseos por el doctorado y entonces obtuvo el 
título de farmacéutico, en Abril de 1858. 

Los trabajos que publicó después, le conquistaron gran ce- 
lebridad y fué llamado á los empleos que mencionaremos bre- 
vemente en otra parte. 

El Sr. Herrera debe considerarse desde los aspectos de 
profesor y de sabio. Como profesor contribuyó á formar esa 



320 Memorias de la Sociedad Científica 

pléyade de hombres distinguidos que son hoy la honra del pro- 
fesorado, de la ingeniería, de la medicina, de la farmacia, de la 
agricultura y de la industria de México. Todos consideran co- 
mo un honor llamarse discípulos suyos. Digamos, en fin, que 
colaboró en gran manera con el Dr. D. Gabino Barreda, en la 
formación de la Ley de Instrucción Pública que rige actual- 
mente para la enseñanza en México. 

No solo fué un gran talento, sino también un gran corazón 
y un verdadero filántropo. Hijo y hermano modelo, rodeó ala 
señora su madre de cuidados delicados, amándola hasta el pun- 
to de que durante muchos años no salió de la capital, para ha- 
cer estudios botánicos que tanto le encantaban, por no afligir- 
la. Durante muchos años también, sirvió de padre á varias de 
sus hermanas y de apoyo á sus demás parientes. 

Dos sentimientos normaron los actos de nuestro insigne 
maestro: el amor al bien y el amor al saber, confundiéndose 
el uno con el otro, sosteniéndose mutuamente y substituyén- 
dose como recíprocos consuelos en el transcurso doloroso de 
la vida. Cuando el Sr. Herrera perdió á su madre en 1883 y 
. después á su nieto eu 1898, los dos grandes pesares que abor- 
. mentaron su espíritu delicado y amoroso, encontró un suave 
lenitivo en el estudio y en la modesta práctica del bien. 

El 2 de Agosto de 1897 sufrió un ataque cerebral que pu- 
so en peligro su vida y desde entonces su salud fué resintién- 
dose y comenzaron á presentarse los síntomas de una enfise- 
ma pulmonar, que llegó á manifestarse seriamente en Diciem- 
bre del año pasado. Trasladado á Ouernavaca permaneció 
hasta el 6 de Enero del corriente año, pues quiso mejor sacri- 
ficarse en aras del estricto cumplimiento de su deber, comen- 
zando su cátedra de Historia de drogas de origen vegetal en 
la Escuela de Medicina. Su delicada salud se resintió sobre- 
manera del frío de esos días y fué llevado violentamente el día 
26 á Cuautla por su médico de cabecera, y solo se consiguió 
que su muerte fuera menos angustiosa, pues el 27 sobrevino 



"Antonio Álzate." 



una agravación y la muerte, tan calmada y tranquila que el 
maestro extendió los brazos para estrechar á sus seres queri- 
dos y en seguida se durmió dulcemente. 

Fatigado ya de la lucha incesante en el inquieto medio so- 
cial, exploró con serenidad los grandes problemas de lo des- 
conocido y no ignoraba ni una sola de las promesas de la su- 
gestión menlal y la telepatía. En esta etapa reposó un tanto, 
abismándose en la contemplación interior de los fenómenos 
astronómicos y del ordrn maravilloso del Universo, 

La Sociedad ''Álzate" tuvo la satisfacción de honrar en 
vida á nuestro sabio, consagrándole la sesión del 1" de Mayo 
de 1898, la cual presidió, como una débil recompensa á sus des- 
interesados esfuerzos en bien del progreso científico de México 
y por sus trabajos como Director de la Escuela Preparatoria. 

Rela1 aremos someramente algunos de los principales pues- 
tos que desempeñó siempre con acierto, actividad y honradez: 

Ayudante 1? del Cuerpo Médico Militar en la Guarnición 
de la Capital, durante la guerra exti-anjera, según lo solicitó. 
Noviembre 17 de 1863. — Adjunto de la Cátedra de Farmacia en 
la Escuela Nacional de Medicina. 3Iarzo H de 1866. — Profe- 
sor de Botánica y Zoología en la Escuela Nacional de Agri- 
cultura. Agosto '21 de 1867. — Primer adjunto del Consejo Supe- 
rior de Salubridad. Agosto 31 de 1867. — Miembro de la Comi- 
sión del Plan General de Estudios. Septiembre 21 de 1867. — 
Profesor de Historia Natural de Drogas en la Escuela de Me- 
dicina. Enero 31 de 1868. — Miembro adjunto del Consejo Supe- 
rior de Salubridad. Febrero 7 de 1872. — Profesor de Historia 
Natural en la Escuela Preparatoria. Enero 12 de 1874, — Miem- 
bro propietario del Consejo de Salubridad. Febrero 28 de 187 4.. 
— Director interino de la Escuela Nacional Preparatoria. Fe- 
brero 28 de 1878. — Director propietario de la misma Escuela. 
Diciembre 23 de. 1880. — Miembro de la Comisión de vigilancia 
de Escuelas Superiores. Julio 26 de 1882. — Jefe de la Comi- 
sión Científica Mexicana (que quedó suspensa por falta de pa- 

Memoria».— [1900-1901.] T. XV.— 41. 



3^2 Memorias de la Sociedad Científica 

gos y que reapareció más tarde con el nombre de Instituto Mó- 
dico Nacional). Agosto 23 de 1883. — Profesor de Historia Na- 
tural en la Escuela Normal para Profesores. Febrero 17 de 1887. 
En todos estos puestos no cesó de desplegar el mayor celo 
por el estudio de nuestros productos, por la difusión de los co- 
nocimientos y el estímulo en las investigaciones científicas. 
Como director de la Escuela Preparatoria se dio á conocer 
principalmente por sus iniciativas, fundaciones y perfeccio- 
namientos en la enseñanza, gabinetes y laboratorios. 

Trabajos de la Escuela Nacional Preparatoria. 

Incesantemente trabajó el Sr. Herrera en el progreso in- 
telectual y material de la Escuela, siendo sus más notables 
obras las siguientes: 

La clase de Telegrafía^ de la cual han salido la mayoría de 
los telegrafistas, mujeres y varones, que están hoy en servi- 
cio activo. A esa clase acudían los jóvenes imposibilitados de 
continuar su carrera y una multitud de alumnas que se forma- 
ron porvenir tan honrado como seguro, sin que resultasen los 
inconvenientes que temían los timoratos. 

La clase de Galvanoplastia, también de gran utilidad prác- 
tica. 

Los cursos prácticos ó academias de física y química, que ha- 
cían la enseñanza experimental y objetiva. 

Un jardín botánico, establecido en el patio principal y de 
gran auxilio para la enseñanza de la botánica. Se ha desvir- 
tuado generalmente el objeto de tales jardines, llenándolos con 
plantas de ornato. Pero el Sr. Herrera solo cultivaba las muy 
útiles, y logró aclimatar algunas en México, dando así el ejem- 
plo de lo que debería hacerse. También dispuso en el 2? patio 
un amplio invernadero. 

La Biblioteca, En el local de la antigua capilla estableció 



"Antonio Álzate. " 323 



una biblioteca, y para ello obtuvo la autorización necesaria del 
Ministerio, arbitrándose recursos por medio de la venta de las 
imágenes que estaban allí abandonadas y aun profanadas, y 
mandando recoger el oro de la superficie de los altares, lo que 
causó grandes dificultades en la práctica. Aquí se manifiesta 
una de las tendencias del Sr. Herrera: el amor al bien, pues 
sería imposible calcular el número de alumnos pobres (43,000 
lectores el año 1883 ) que han podido continuar sus estudios 
gracias á esta biblioteca, la cual se llenó con obras científicas 
escogidas, excluyendo las novelas y otras, inconvenientes ó 
de poca utilidad para los estudiantes y los obreros. 

El Observatorio Astronómico. El maestro quiso que la clase 
de Cosmografía fuera enteramente práctica y que el espíritu de 
los alumnos se sublimase con la observación de los cuerpos 
celestes y sus grandiosos movimientos. A este fin, se estable- 
ció un buen observatorio. 

El museo de Botánica general y él de Zoología. El primero fué 
siempre celebrado por nacionales y extranjeros. Contenía pre- 
ciosos ejemplares de organografía, monstruosidades, varieda- 
des agrícolas, plantas medicinales ó industriales, en suma lo 
que en materia de botánica es útil, filosófico y general. Inútil 
es decir que estos museos merecían una atención especial del 
Sr. Herrera, que fué el Profesor de Historia Natural en va- 
rias escuelas y el apóstol de esa ciencia en México. 

Periódicamente hacía excursiones con sus alumnos y toda- 
vía en el último año de su vida les acompañaba penosamente 
por cerros y por valles, en busca de las cosas sencillas y ad- 
mirables de la naturaleza. No era un simple repetidor de los 
textos extranjeros y en toda la República hay profesores que 
recuerdan con veneración las clases de instinto, filosofía na- 
tural y otras materias elevadas de la biología. 

La casa de fieras. Cuando el Ministro Montes se px'opuso 
suprimir la Escuela Preparatoria, para volver al sistema ran- 
cio de BUS abuelos, llamó al Director y le ofreció grandes re- 



324 Memorias de la Sociedad Científica 

compensas si le ayudaba en su tarea de destrucción. El Sr. 
Herrera le dijo que por el contrario, defendería su escuela. 
Para atraer á los visitantes compró dromedarios vivos, tigres, 
venados, linces y otras fieras curiosas y singulares; organi- 
zó conferencias, con proyecciones y experimentos, y en poco 
tiempo la Escuela fué conocida, visitada y celebrada por los 
hombres más ilustres de la época. Se salvó todo y en el nue- 
vo presupuesto fué más liberalmente dotada. Un episodio sin- 
gular: Don Manuel Payno, por convicción profunda, habló 
siempre en contra de la Escuela, y en la Cámara, henchida de 
un auditorio de estudiantes, fué terriblemente derrotado, y 
por eso se negaba á salir, temeroso de las inquietas turbas es- 
tudiantiles. Pero ellas habían recibido el ejemplo de perdón 
del maestro y de amor á la ciencia y al bien: llevaron á Payno 
á su casa, le perdonaron y le hicieron su amigo y justo es de- 
cirlo, su admirador. 

Habitaciones de la servidumbre. Se recuerda como era trata- 
da, por ser desvalida; le dio Herrera toda una serie de habita- 
ciones higiénicas y confortables. 

Habitación del Director. Para atender mejor á su Escuela, 
vivió dos años, con su familia, en una modesta habitación, que 
arregló en el Colegio Grrande y en la cual recibía á toda hora. 

La clase de mexicano. Consecuente con su idea de desper- 
tar y ennoblecer á nuestra raza indígena, consiguió que el Sr. 
F. P. Troncóse estudiase el mexicano, para enseñarle en la 
Escuela Preparatoria. Solo en parte pudo realizarse su gene- 
roso deseo. 

Las clases de lenguas Orientales, de música y de gimnasia. En 
la primera se estudiaban raíces griegas ; la última era concu- 
rridísima. 

Elevada posición de la Escuda Preparatoria. El Gral. Grant 
y otras personas eminentes decían que era el primer colegio 
preparatorio de las Amóricas, y en efecto, el lema ''Amor, Or- 
den y Progreso" se llevó siempre á la práctica y son innume- 



"Antonio Álzate." 



325 



rabies los beneficios que produjo, creándose allí sociedades co- 
mo la "Álzate," é inteligencias hoy bien conocidas. Era un 
centro de estudios y de moralización, dirigido por un filántro- 
po, sabio y progresista. La Patria le debe parte de su actual 
grandeza. 



SOCIEDADES CIENTÍFICAS A QUE PERTENECIÓ. 



Enero 9 de 1866. 
Junio 9 de 1866. 
Agto. 29 de 1868. 
Sep. 2 de 1869. 
Dbre. de 1871. 

Enero 9 de 1872. 
Junio 16 de 1872. 
Enero 28 de 1874. 
Mayo 21 de 1874. 
Agosto 3 de 1874. 

Sep. 30 de 1874. 



Socio titular de la Academia Médica de 
México. 

Socio corresponsal de la Academia de Me- 
dicina de Guadalajara. 

Fundador déla Sociedad de Historia Na- 
tural. 

Vicepresidente propietario de la Sociedad 
Mexicana de Historia Natural, 

Miembro de la Comisión Calificadora de 
la Exposición de objetos de Industria, 
México. 

Socio residente de la Compañía Lancas- 
teriana de México. 

Socio corresponsal de la Sociedad 'Médi- 
ca de San Luis Potosí. 

Presidente de la Sociedad de Historia Na- 
tural. 

Socio honorario de la Sociedad Médico- 
Farmacéutica (Mérida). 

Socio fundador de la gran Confederación 
de Amigos de la enseñanza en la Re- 
pública Mexicana. 

Socio honorario de 1" clase de la Gran 
Confederación de Amigos de la En- 
señanza. 



326 



Memorias de la Sociedad Científica 



Dbre. 12 de 1874. 
Agosto 1? de 1875. 
Sbre. 25 de 1875. 
Febrero 27 de 1877. 
Sbre. 18 de 1877. 
Dbre. 5 de 1877. 
Abril 6 de 1878. 

Abril 12 de 1878. 
Agosto 19 de 1878. 
Febrero 6 de 1879. 
Abril 21 de 1881. 
Marzo 29 de 1882. 

Julio 15 de 1882. 
Agosto 9 de 1883. 
Julio 15 de 1883. 
Sbre. 7 de 1883. 



Socio corresponsal de la Sociedad Médi- 
co-Farmacéutica (Puebla). 

Socio honorario de la Sociedad Médico- - 
Farmacéutica (Toluca). 

Socio honorario de la Sociedad Fraternal 
Farmacéutica. 

Socio de número de la Sociedad Agríco- 
lo- Veterinaria Ignacio Al varado. 

Socio honorario de la Academia Mexi- 
cana. 

Socio honorario del Colegio de Farmacia 
de Filadelfia. 

Socio corresponsal de la Academia de 
Ciencias Naturales de Davenport, 
lowa. 

Socio honorario de la Sociedad Agrícolo- 
Veterinaria Ignacio Comonfort. 

Socio honorario de la Sociedad Ignacio 
Ramírez. 

Presidente honorario perpetuo de la So- 
ciedad Mexicana de Historia Natural. 

Miembro corresponsal del Colegio de Far- 
macia de Nueva York. 

Presidente honorario de la Sociedad Fra- 
ternal de Profesores y empleados de 
la Escuela Nacional Preparatoria. 

Miembro del Ateneo Mexicano de Cien- 
■ eias y Artes. 

Presidente honorario de la Sociedad Fi- 
lomática. 

Miembro honorario de la Sociedad Juan 
de la Granja. 

Presidente de la Sociedad Farmacéutica 
Mexicana. 



'Antonio Álzate." 



327 



Agosto 31 de 1884. 

Nbre. 30 de 1884. 
Marzo 10 de 1885, 



Enero 1" de 1894. 
Dbre. 31 de 1895. 



Enero 1° de 1896. 
Mayo 20 de 1896. 
Dbre. 30 de 1896. 
Febrero 14 de 1897, 

Enero 28 de 1900. 

Marzo 21 de 1900. 



Socio honorario y protector del Ateneo 
Mexicano. 

Vicepresidente honorario del Ateneo Na- 
cional Mexicano. 

Socio honorario y Presidente honorario 
perpetuo de la Sociedad Científica 
"Antonio Álzate." 

Socio activo de la Sociedad de Farmacia. 

Académico numerario de la Academia 
Mexicana de Ciencias exactas, físicas 
y naturales, correspondiente de la 
Real de Madrid. 

Socio fundador de la Sociedad de Far- 
macia. 

Socio honorario de la Sociedad de Far- 
macia. 

Miembro corresponsal del Torrey Boi ani- 
cal Club. Columbia College, New York, 

Socio honorario de la Asociación Cientí- 
fica Mexicana "Leopoldo Río de la 
Loza." 

Vicepresidente honorario ad vitam de la 
Sociedad Filantrópica Mexicana, co- 
mo miembro fundador. 

Vicepresidente honoraino y socio bene- 
mérito de la Sociedad de Farmacia. 



328 Memorias de la Sociedad Científica 



TRABAJOS PUBLICADOS. 

EN LA "gaceta MÉDICA." 
( Periódico de la Academia de Medicina. ) 

Nuevo procedimiento para la preparación de los extractos 
sin la intervención del fuego, tomo II, 1866, p. 200. 

El Aje, t. VI, p. 383. 

El Oyamel, t. VII, p. 1. 

El Yoyote, t. VII, p. 285. 

Observaciones sobre los hongos comestibles, t. VII. p. 353. 

Pulques medicinales, t. VIII, p. 210, 

Apuntes para la historia natural de las drogas simples in- 
dígenas, t. XIII, p. 25. 

En colaboración con el Prof. D. Gumesindo Mendo?;a: 

Estudio sobre el origen del cloruro de sodio y el carbona- 
to de sosa en el Valle de México, t. TI, 1866, p. 85. 

El yoloxóchitl, t. II, p. 223. 

Apuntes para la monografía de los insectos vesicantes indí- 
genas, t. II, p. 264 y t. III, p. 13. 

Yerba del Pollo, t. III, 1867, p. 158. 

Análisis del Fucus vesiculosus, t. III, p. 332. 

EN "la naturaleza." 

Informe de la Comisión sobre las aguas potables de Méxi- 
co, t. I, 1869, p. 6 ( En colaboración con los Sres. G. Hay, M. 
Río de la Loza, G. Mendoza y L. Río de la Loza). 

El Zopilote, t. I, p. 17 y 51. 

El Strongijlus micrurus, t. I, p. 173, 

El Chayóte, p. 234. 

Apuntes para la Geografía Botánica de México, p. 8. 

El li(iuen tintóreo de la Baja California, t. II, p. 163. 



"Antonio Álzate." ^9 



El Yoyote, p. 187. 

El Oyamel, p. 215. 

Sinonimia vulgar y científica de algunas plantas indígenas, 
temos II á VI. 

Observaciones sobre los hongos comestibles, t. II, p. 234. 

El Anacahuite, t. IIT, p. 151. ( En colaboración con el Sr. 
Mendoza.) 

Catálogo de la Colección de Drogas indígenas presentadas 
•en la Exposición de Filad elfia, t. III. p. 399. 

Rectificaciones á la Memoria del Dr. Altamirano sobre le- 
guminosas indígenas, t. IV, p. 139. 

Notas sobre una monstruosidad observada en el fruto de 
la'calabaza, t. IV, p. 247. 

El Plátano, t. V, p. 17. 

Materias primas indígenas propias para la fabricación del 
papel, t. VI, p. 84. ( En colaboración con el Dr. M. Villada.) 

El Aje, t. VI, p. 198. 

EN "el mundo científico." 

Notas sobre la Exposición de Filadelfia. vol. I, p. 4. 
La Farmacia y las Boticas de México, vol. I, p. 128. 
Aclimatación de animales útiles, vol. I. p. 209. 

EN ''el progreso DE MÉXICO." 

Tomo II. El chayóte, núni. 49 y 51. 
El plátano, núm. 52. 

Notas sobre gusanos productores de seda, núm. 55. 
La higuerilla, núm. 59. 
Aclimatación de animales útiles, núm. 56, 
Bálsamo negro, núm. 76. 
Coca del Perú, núm. 85. 
Cebadilla, núm. 93. 
La llama y la alpaca, núm. 77. 

MemoriAs.— [1900-1901].— T. XV.— 12, 



'930 Memorias: de la Sociedad Científica 

Tomo. III. El copal blanco ó de santo, p. 99. 
Resina de Cuapinole, p. 268. 
( ■ ; , La pinaienta gorda, p. 302. 

La tilia, p. 462. r.. li 

, ' Algunas plantas indígenas que pueden aprovecharáe pa- 
.ra la fabricación del papel, p. 653. 

El árbol del Perú, p. 781. •>=: 

: ■'■ ■ Tomo IV. El mezquite, p. 48. ' 

El cuitlacoelie, p. 130. . ; 

Tomo. IV. Los hongos, p. 63. 
El cbicozapote ó zapotillo, p. 251. -■ [ 

■ . El oyamel, p. 528. 

La vida de las plantas. La germinación, la nutrición, ali- 
mentos de las plantas y absorción. (Varios números.) 
Tomo V. El capomo, p. 84. 

El jgngibre, p. 657. : 

Tomo VL Fisiología vegetal, pp. 8, 20, 61, 116 y 173; y 
tomo VI. pp. 584, 599, 634, 643, 703 y 713. 

EN "el bien social." 
(Vulgarización y moralización, traducciones, etc.) 

Tomos I y II. Sentencias morales. Polvos para platear el 
cobre y latón. Polvo y jugo de carne. Procedimiento para dar 
á las maderas el color y aspecto del ébano. Licor para pavonar 
acero. Medio sencillo de reconocer la pureza del pegamento 
para cristal, loza, etc. 

Instrucciones sobre el tratamiento á que deben sujetarse las 
personas mordidas por perros rabiosos. Marfil artificial. Hec- 
tógrafo. Pegamento para madera. Barniz flexible. La caridad. 
Los frutos del vicio. Tinta para marcar la ropa. Destrucción 
de las cucarachas. El vicio y la virtud. Método sencillo de re- 
conocer la pureza del petróleo y reglas para el uso de las lám- 
paras. Programa para la enseñanza 'en la Escuela primaria. 



'Antonio Álzate." ' '3^1 



grratuita "La Fraternal." Diversas maneras de hacer caridad. 
Medio sencillo de renovar los sombreros de fieltro. Dios. "Tinta 
indeleble. Lo que es el cielo. (Traducción.) Bello ejemplo que 
imitar, apuntes para la biografía de un mexicano ilustre. (Bio- 
grafía de Gr. Mendoza.) Contra las moscas. Linimento para 
las quemaduras. Pasta para limpiar los guantes. Barniz de 
oro para latón ó cobre. Ladrillos vidriados. Las malas com- 
pañías. Los temblores de tierra, (traducción). Adiciones al 
artículo anterior. El trabajo. Encáustica para hacer imper- 
meable el calzado de cuero y suavizarle. Medio de preservar 
de la humedad á las paredes. La avaricia. Amad á vuestros, 
hermanos, (traducción.) Las estrellas, (traducción). Agua den- 
tífrica. ¿Quién es más hombre"? Parábola india, (traducción). 
Interesante á las lavanderas. Líquido contra la viruela. Com- 
postura de objetos de porcelana. La soberbia. Pebetes, El men- 
digo filántropo. Una mujer verdaderamente grande. Amor al 
prójimo, (traducción.) La lujuria, (cuento.) Modo de quitar las 
manchas á la ropa. Hemorragia nasal. Aseo de alfombras. El 
sol. La pereza, (cuento). Polvos dentífricos. Tricófero ó res- 
taurador del pelo. Tinta para escribir. Los Planetas. Virtud, 
ciencia y patriotismo. Biografía del P. Sartorio. El examen 
íliario, (traducción.) Los envenenamientos voluntarios, (tra- 
ducción.) La geología en 200 líneas, (traducción.) La vuelta 
al polo, (traducción.) El niño contento con su suerte. La vida 
humana. Un verdadero valiente, (cuento.) Rasgo de amor- 
filial, (traducción.) Cómo se ha formado la tierra, etc., (tra 
ducción.) El honor bien entendido, (traducción.) Los alimen- 
tos. Tratamiento de las mordeduras de serpiente. La ense- 
ñanza moral en las Escuelas primarias. Conócete á tí mismo. 
Datos curiosos. Higiene de la digestión. A las sociedades de 
artesanos. Nuevo procedimiento para hacer espejos platea- 
dos. Datos importantes. El mundo de los infinitamente pe- 
queños. Cuestión de importancia social. 

Tomo in. El poder de la virtud. Datos curiosos. Caraa 



332 Memorias de la Soeie3.ad Científica 

teres del hombre de bien, ( traducción. ) Procedimiento para 
liácer espejos. Procedimiento para hacer jabón sin fuego. Da- 
tos curiosos. El deber, (traducción. ) Sentencias morales. Dios 
y la naturaleza, (traducción.) Conocimientos útiles. Toleran- 
cia y caridad, (traducción.) Procedimiento para broncear el 
cobre. El café. La justicia, (traducción.) La esperanza, (tra- 
ducción.) La vida y la muerte. La razón y el sentimiento. 
Al Sr. Don Tomás Hernández. El coco. Conocimientos útiles. 
Pegamento para loza. Conservación del aceite. Procedimien- 
to para platear listones. Salvajismo. 

Tom. IV, Efectos de la embriaguez. Cimento para made- 
ra, fierro, etc. Barniz negro para zinc. Parábola del pesca- 
dor, (traducción). Datos curiosos. Procedimiento para teñir 
de negro la madera. Receta para limpiar las estatuas de yeso. 
Las leyes de la naturaleza. La rabia. Pomada para los labios. 
Tratamiento de las quemaduras. El aire. Los metales. Cola 
para pegar el vidrio. Tinta para escribir sobre hoja de lata. 
Los metales. 

Tom. V. Los metales (el cobre, el plomo, el zinc.) Argama- 
sa diamante. Los metales (el mercurio, la plata, el oro.) Con- 
sejos importantes. 

Tom. VI. Higiene de las escuelas. 

Tom. Vil. El padre. La nutrición. La digestión. La circu- 
lación de la sangre, 

Tom. VIII. La respiración. La salud. 

Tom. IX. La salud (continuación). La sal, (firmado X.) 
La azúcar (firmado X). El almidón. El jabón. El papel. 

Tom. X. La leche. El vinagre. El aire. El cuerpo humano. 

OTRAS PUBLICACIONES. 

La sanguijuela de México. 

Segunda y tercera parte de la nueva Farmacopea mexi- 
cana. Primera edición. 



"Antonio Álzate." 333 



Segunda parte de la misma en la 2^ edición y en la Z^. 

Informe sobre el árbol del Perú. 

Yerba de la muía. 

Nuevo procedimiento para la conservación del pulque. 
México, 1879. Tipografía de F. Mata. 

El Achichilique. Memoria de la Comisión Científica de 
Pachuca, p. 280. 

Dictamen sobre el botijón. 

Tablas de clasificación zoológica. "La Escuela Prepara- 
toria." Tom. I. 1879. 



"384 Memorias de la Sociedad Científica 



SESIÓN SOLEMNE CELEBRADA EL 27 DE FEBRERO DE lii 

En honor del Sr. Profesor 
.Presidente honorario perpetuo de la Sociedad, fallecido en Cuaatla Moi-elos el 27 de Enero. 



^'residencia del Sr. Lie. D. Ignacio Mariscal, Ministro de Relaciones Exteriores. 

A las 4 h. 35 m. p. m. se abrió la sesión. El Prosecretario 
Profesor Luis G, León leyó el acta de la sesión extraordinaria 
'del 3 de Febrero que se verificó para organizar las manifesta- 
ciones que la Sociedad podía y debía hacer para bonrar la me- 
moria de su sabio Presidente honorario. En dicha sesión que- 
daron acordadas las siguientes: l'^ Nombrar una Comisión que 
se dirija á Cuantía para depositar en nombre de la Sociedad 
Tinas coronas en el sepulcro del inolvidable Maestro. 2^ Cele- 
brar una sesión solemne en su honor el 27 de Febrero, justa- 
mente al mes de muerto el Sr. Herrera, y para cuya Presiden- 
cia se invitará al Sr. Lie. D. Ignacio Mariscal, Ministro de Re- 
leciones Exteriores. 3 ^ Procurar adquirir para el local de la 
Sociedad un busto del sentido sabio. 4^* Procurar igualmente 
por todos los medios posibles, la erección de un monumento 
en la Escuela Nacional Preparatoria, como un homenaje á sus 
•esfuerzos por el progreso intelectual y material de dicho Es- 
tablecimiento en la época en que fue su Director. Para ello 
se abrirá una subscripción invitando al Sr. Lie, D. Ignacio Ma- 
riscal á fin de que se sirva patrocinar esta idea. 5 '^ Publicar 
€n las Memorias de la Sociedad un estudio biográfico y biblio- 
gráfico del eminente naturalista y filántropo. 

Concluida la lectura de dicha acta el referido Prosecreta- 
rio informó que, respecto á la primera manifestación se había 



•Antonio Álzate." 335 



-cttmplido ya, pues una Comisión se trasladó á Cuautla el Do- 
mingo 17 de Febrero á depositar coronas y que allí ante la 
tomba del Sr. Herrera, el socio Profesor D. Gregorio Tori-es 
Quintero pronunció la sentida alocución siguiente: 

*'Es preciso creerlo: el maestro, el sabio, ha desaparecido ^ 
para no volver más. Debajo de este pedazo de humilde tierra ' 
se encuentra un tesoro de ciencia y amor, que la muerte, con 
«aña implacable, ha arrastrado al abismo del infinito misterio, 
^e ^esa vorágine insaciable que absorbe eternamente la eterna 
•vida, de la que cada uno de nosotros no es sino un átomo. ' x^ 

Ayer, la palabra, ese fulgor del alma, era un exquisito ias- ' 
trumento de que el sabio se valía para alumbrar espíritus: hoy ' 
yaice encerrada en el silencio de lo desconocido donde la vi- 
bración es una esfinge de lengua de granito. 

• No pudimos, oh maestro, recoger ni el eco de tus últi;nas • 
•palabras que habríamos guardado dentro de nosotros como en 
■estuche de hierro, para acariciarlas como el avaro acaricia su ■ 
plata y su oro en sus momentos de soledad. - . ■ 

: .Se extinguió la llama de tu vida sin que su postrer cente- ' 
Iteoihubie&e penetrado por nuestra pupila hasta lo hondo del ' 
eetebro, para conservarlo como el germen de \xa gran peasa- 
miepto ó de una buena acción. 

• -íjNo! no nos fué permitido asistir á tus últimos instantes • 
para verte, resignado y justo cual otro Sócrates, exhalar el al- 
m&^ no pudimos rogarte que no nos abandonaras; pero míra- 
nos. aquí, ante tu fosa, con el corazón rebosante de pena; he- 
naú» venido de lejos para ornar de flores tu sepulcro y decirte 
euánto te amamos, cuánto nos duele la terrible realidad do tu 
muerte! t 

.- La iáociedad ''Antonio Álzate" llora tu desaparición y la 
eetima como una gran desgracia. Tú eras su padre, su soL > 
^^ué va á hacer ahora sin tu voz y sin tu luz? . . . ! 

:,,Te hemos amado por sabio y por bueno. Eras dechado de < 
3)er£ección humana: adquiriste la. ciencia por tu propio esf uDr- 



336 Memorias de la Sociedad Científica 

zo; cada paso que avanzabas en ella, era una etapa dolorosa^ 
pero brillante; una conquista como las de Robinsón en su isla>. 
de esas que templan el alma y la preparan á mayores y más- 
altas victorias. Llegaste á la cima, y desde allí descendió tu 
palabra de enseñanza á fecundar cerebros, como los arroyos.; 
bajan de las montañas á fertilizar praderas. 

A tu sabiduría uniste una gran bondad; bubo en tus lec- 
ciones el alimento que necesitan las almas : ciencia y AMORf 
la primera para penetrar lo desconocido, plantear principios,- 
establecer reglas y buscar el bienestar del hombre; el segun- 
do para hacer de la especie humana una familia con mutuos 
deberes de socorro y concordia. 

Cuando hablabas en cátedra, eras el pontífice del saber.: 
¿Quién no se sentía subyugado ante la sencilla, amena y per- 
suasiva exposición que hacías de las verdades científicas más- 
arduas y complicadas? Eras pedagogo por intuición: celo, pa- 
ciencia, interés por la enseñanza, cariño hacia los discípulos,. 
nada te faltaba. Tu grande inteligencia no se desdeñaba ale- 
tear al ras de inteligencias torpes para comunicarles aliento y 
esculpir en ellas los primeros teoremas de la ciencia. Tu obra 
como maestro fué inmensa: millares de jóvenes recibieron la 
simiente de tu fecunda enseñanza, y así tu espíritu multipli- 
eado, dilatado, flota como neblina de oro en la frente de va- 
rias generaciones intelectuales. 

Por eso, si la muerte aniquiló tu cuerpo, si rompió el va- 
so de tu alma, ésta, como una muestra de su inmortalidad, nos 
rodea, nos anima y nos acaricia al contemplar lo conturbad* 
de nuestros corazones y la inmensa pena que inunda nues- 
tro ser. 

Maestro : el último de tus discípulos viene á significarte, 
en el lugar de tu postrer morada, que tu viaje por latierraaó 
fué estéril: despertaste en muchas almas la gratitud y el amor;; 
estos dos purísimos sentimientos vienen hoy á besar tu sepui-^ 
tura, y á decirte, á jurarte en alta voz, que aunque el mármol 



'Antonio Álzate. " 337 



Ó el bronce no inmortalicen tu imagen, tu memoria jamás se 
apartará de nosotros!" 

. Que con relación á la 3'1 el señor Secretario perpetuo ha- 
bía recibido del distinguido Profesor Don Miguel E. Scbulz 
la carta siguiente por la cual la Sociedad está muy reconoci- 
da y acepta desde luego el valioso ofrecimiento que encierra. 

México, 26 de Febrero de 1901. — Sr. Ingeniero Rafael 
Aguilar y Santillán, Secretario perpetuo de la Sociedad "An- 
tonio Álzate.'" — Presente. — Muy estimado amigo: Admirador 
entusiasta del ilustre sabio Alfonso Herrera y sincero simpa- 
tizador de la inteligente y estimable juventud que forma esa 
simpática y progresista asociación, y sabiendo por otra parte 
que ésta desea tener en su salón de sesiones un busto de su 
finado Presidente honorario perpetuo, ofrezco muy gustosa- 
mente ejecutar para ese objeto el referido busto, que deseo 
admita la Sociedad "Álzate" como una ofrenda al gran natu- 
ralista y como una muestra de afecto á los compañeros de vd. 
en sus fructuosas labores científicas. — Sin otro objeto me re- 
pito su afectísimo amigo y S, S. — Miguel E. Schuls. 

Acto continuo el socio Dr. Ricardo E. Cicero pronunció 
un discurso en el que ensalzó los méi'itos del sabio Maestro. 

■■ El Secretario perpetuo D. Rafael Aguilar y Santillán pre- 
sentó una interesante y extensa obra inédita del Sr. Herrera 
relativa á estudios sobre las drogas medicinales de origen ve- 
getal. 

El Sr. Lie. D. Ramón Manterola, Vicepresidente honora- 
rio perpetuo, haciéndose eco de los deseos de la Sociedad, su- 
plicó al Sr. Lie. Mariscal que se dignara patrocinar la publi- 
cación de esa obra inédita, á lo que el Sr. Mariscal contestó 
que ofrecía tratar de la realización de esa idea con el Sr. Pre- 
sidente de la República y con el Sr. Ministro de Justicia. 
El Secretario leyó una nota del Sr. Dr. D. Alfredo Dugés, 

Memoriag.— [1900-190].] T. XV.— 43. 



'338 Memorias de la Sociedad Científica 

intitulada Taxonomía ornitológica. (Véase Memorias t. XV p. ■ 
221). 

El Socio Ingeniero D. Jesús Galindo y Villa pronunció un 
discurso en elogio del Sr. Herrera. 

El Secretario perpetuo D. Rafael Aguilar y Santillán leyó * 
un trabajo relativo á la influencia del Profesor Herrera en el' 
desarrollo del espíritu científico en la República. ' 

Antes de concluir la sesión, el Sr, Ministro Mariscal, pro-, 
nuncio la alocución siguiente: 

'^Señores: 

Antes de retirarme deseo, en muy pocas y sencillas frases^ : 
■dar las gracias á la Sociedad "Antonio Álzate," en mi nombre,,! 
por el honor que me hizo, invitándome á presidir esta sesióíi, i 
y en nombre de la familia del Sr. D. Alfonso Herrera, que pa-: , 
ra ello me ha comisionado, por la solemne conmemoración: 
que habéis hecho de su jefe. Para mí, señores, todo esto Ka i 
sido una honra y la satisfacción más íntima, porque se trata .■ 
de la memoria de un sabio y de un amigo sobremanera esti-. 
mable, de un amigo á quien en este momento no puedo me- 
nos de rendir un brevísimo tributo de admiración y cariño. : ; 
Fué, sin duda, el Sr. Herrera, un sabio en la extensión de 
la palabra, ó más bien, en el sentido clásico que ella tenía, en 
otros tiempos, cuando se hablaba de los siete sabios de la Gre- • 
cia; es decir, de los hombres superiores bajo varios conceptos, , 
dignos de veneración por su saber y por sus virtudes, qu^-.. 
tanto enseñaban con sus discursos como con; su ejeniplo. Aes- 
ta cJase de sabios, pert^eneció nuestro lamentado amigO:; y eu , 
esa doble enseñanza, la que emanaba de su ejemplar conducr . 
ta,, pasando délas ciencias físicas se elevaba á las morales^ j 
Su sabiduría estribaba igualmente, en la ciencia y en la cour,, 
-ciencia, sin preocupaciones de ningún género, porque su ; «i0r ■ 
a-al.misma era experimental y razonada,, D,e él podía decirse 



"Antonio Álzate." 339 



que si la razón formaba al filósofo, la razón y la virtud unidas, 
completaban al sabio. 

. Grande era su respeto y adhesión á la filosofía positiva mas 
no lo fanatizaba hasta el punto de creer que en semejante ma- 
teria se hubiera llegado al ''non plus ultra," ni que hubiese 
problemas de lo más interesante para la humanidad, cerrados 
á toda investigación por completamente insolubres. Tenía fe 
eu el porvenir, en el alcance indefinido de la ciencia, y más 
-que todo, lo animaba un entrañable amor á sus semejantes, 
verdadera caridad cristiana sin misticismo ni intolerancia de 
sectario. 

i Hizo cuanto bien pudo sobre la tierra, dejando, entre otros 
recuerdos conmovedores, un asilo para Magdalenas, para mu- 
jeres descarriadas y arrepentidas y para la infancia abandona- 
da;- establecimiento que al par de la "Sociedad Filantrópica" 
me consta se debe á su ilustrada y perseverante filantropía. . 
Por fin, nos ha legado el más hermoso ejemplo que imitar; á . 
vosotros los hombres de ciencia, en su asidua consagración al 
estjiídio, en su acrisolada honradez de profesor, y al resto de. 
sus compatriotas en su inagotable benevolencia, en sus modes- 
tap^y sólidas virtudes, tan dignas de alabanza y gratitud, so- 
bre todo para los que abrigamos la profunda convicción de 
•que, sin el adelanto moral, no hay verdadero progreso para el 
linaje humano. Quiera el cielo, señores, que la noble figura 
á,el Sr. D. Alfonso Herrera, se alce siempre delante de nos- 
otijQS, sirviéndonos de guía y de inspiración en los diferentes 
ca^iinos de la vida." 



; La sesión terminó á las 5" 20'" p. m. Concurrieron los so- 
cios y representantes que expresamos en seguida: 

Sres. Lie. Ramón Manterola, Vicepresidente honorario 

perpetuQj Dri R. E. Cicero, Vicepresidente; lag. Manuel E. 

y.'astrana, Director del Observatorio Meteorológico Central; 



340 Memorias de la Sociedad Científica 

Ing. José C. Segura, Director de la Escuela N. de Agricultu- 
ra; Dr. J. M. Lugo y Pro£. J. E. Mota, profesores de dicha Es- 
cuela; Dr. M. Urbina, M, S. A., Director del Museo Nacional y 
Prof. Grabriel Alcocer, Profesor de la Escuela N. Preparato- 
ria; Miguel E. Schulz y Joaquín M. Lara, profesores en la 
Escuela Normal para Profesores; Ings. A. García Cubas, M. 
S. A., y M. Ramírez, M. S. A., profesores en la Escuela Nor- 
mal para Profesoras; Ing. M. F. Alvarez, M. S. A., Director 
de la Escuela N. de Artes y Oficios, Amando Ramírez, Ma- 
nuel Saenz, y Rafael Paez, de dicha Escuela; Ing. A. Torres 
Torija, E. Alciati y J. Salomé Pina, profesores en la Escuela. 
N. de Bellas Artes; Dr. J. Martínez del Campo y Prof. Juan 
M. Noriega, del Instituto Médico Nacioüal; Eduardo Jiménez 
y Eduardo Noriega, de la Sociedad de Geografía y Estadísti- 
ca; Sritas. Profesoras Guadalupe, María y Margarita Rodrí- 
guez, María Luisa Domínguez y Dolores González, de las So- 
ciedades para el Cultivo de las Ciencias y " Alejandro Volta;" 
Ing. José Andrade y Dr. S. Riquelme, de la Sociedad Agrícola;: 
Profs. Miguel Cordero y Francisco Duran, de la Sociedad Far- 
macéutica; Luis G. Rubín, Director de la Imprenta del Minis- 
terio de Fomento, Vicepresidente de la Sociedad Filantrópi- 
ca; Profs. G. Torres Quintero, M. S. A., Julio Hernández y 
Granja, de la Dirección de Instrucción primaria; Ing. Francis- 
co Ortiz y M. Tolsa, de "El Progreso de México; " L. G. Si- 
mons, del "Mexican Herald; " Ing. G. López de Llergo, de la^ 
Dirección de Telégrafos; A, Róbelo, del Observatario Meteo- 
rológico Central; Lie. Rafael Hernández; F. N. Romero; Ing.E. 
García Benítez; F. Restori; y los socios Ing. M. de Anda, Dr. 
J. G. Cosío, Ing. J. Galindo y Villa, Prof. M. Lozano y Cas- 
tro, Dr. R. Norma, Ing, E. Ordóñez, Ing. G. M. Oropesa, Prof^. 
J. Várela Salceda, Dr. D. Vergara Lope, Dr. F. F. Villaseñor- 
y los Secretarios que subscriben. 

R. Aguilar y Santillán. P. M. Rodríouez. 

Luis G. León. 



'Antonio Álzate." 341 



DISCURSO PRONUNCIADO 

Por el Doctor 

RICAEDO E. CICERO. 

Señor Ministro: 

Señores: 

Tumultuosos sou en este momento los latidos de mi cora- 
zón. No bastaba que allá, en lo más hondo de mi pecho, abri- 
gara yo un dolor tenaz, punzante, agudo, suficiente por sí solo 
á parahzar todas mis facultades. 

Ese dolor inmenso que también sufrís vosotros nos con- 
grega. Unánimes todos los aquí reunidos nos sentimos pose- 
sionados de un sentimiento de profunda tristeza y deploramos 
la partida al país de donde nadie vuelve, de ese sabio, bonda- 
doso y venerable anciano á cuya memoria consagramos hoy 
tierno recuerdo. 

Mas á vosotros os es dable permanecer con vuestra pena á 
solas, sufrir con ella, dejar que lacere vuestro corazón, pero 
allá en lo recóndito, donde no hay testigos, en plena soledad. 

¡ Xo así la mía ! No se le permitió quedar encerrada en 
dulce prisión. Preciso es que rompa los hierros de su jaula, 
que se expanda, que llegue hasta vosotros, que á ser posible 
pueda conmoveros, vivifique la vuestra, os la aumente, atra- 
viese estos umbrales y se sepa que aquí hemos llorado, nos 
hemos lamentado, porque nuestra Sociedad está hoy huérfana, 
porque ha perdido á su amoroso padre. 

Mas para que la expansión do mi pena este efecto produ- 
jera, necesario sería que poseyese yo un talento de que des- 
graciadamente carezco: el de conmover las almas. 

Cuando se quiso que en esta imponente ceremonia llevase 
yo la voz en nombre de nuestra Sociedad, de pronto me excu- 
sé. La honra que se me hacía era muy grande, tanto, que ape- 



' á¡42 Memorias de la Sociedad Científica 

ñas la podían soportar mis hombros. Expliqué desde luego 
por qué me vería obligado á declinarla. En ceremonias como 
la presente no basta sentir hondamente, ni aun siquiera saber 
sentir, para poder abordar una tribuna; es fuerza además sa- 
ber expresar con galana y elegante frase el estado de nues- 
tra alma, con frase vibrante de emoción, impregnada de mag- 
nético fluido que se apodere del auditorio, le sacuda y le sub- 
yugue. Y para conseguir fines tan grandes, por intensa que 
sea nuestra pena y por mucha que sea nuestra voluntad, el 
riesgo de zozobrar es inminente cuando no se tiene el hábito 
de la buena oratoria, máxime cuando con fin tan noble es la 
primera vez que tenemos que presentarnos ante tan selecto 
público en esta completamente nueva y quizá tan solo pasaje- 
ra fase de nuestra existencia. 

La voz de! deber me obligó á vencer estos escrúpulos. 
Me dijo que al fijarse en mí la Sociedad "Álzate" en ocasión 
tan solemne, era porque consideraba que por razones múlti- 
ples, yo, más que ninguno estaba obligado á tributar homena- 
je público a una memoria tan sagrada. 

En efecto, cúponie la honra cuando fui discípulo del Sr. 
Herrera de recibir de él señaladas distinciones, cúpome la de 
ser miembro fundador de esta Sociedad, que en cierto modo 
fué creación suya, cúpome la de que se dignase brindarme su 
franca y sincera amistad, y finalmente, la incomparable para un 
humilde y agradecido discípulo, de haber tenido la satisfacción,, 
ya salido de las aulas, de haber impartido servicios profesio- 
nales á mi respetado maestro y á su estimadísima y hoy afli- 
gida familia. Además de estos motivos que ya por sí solos 
bastaban á obligarme, recordé que lazos de amistad, de ver- 
dadero cariño y de reconocimiento, me unen desde hace años 
con su ilustre hijo, nuestro digno Presidente, y es justo que 
en holocausto á esos santos lazos venga aquí á decirle que su 
dolor es mío, que mi corazón como el suyo está de duelo, que- 
nuestra Sociedad ha hecho bien trayéndome á este sitio, por- 



"Antonio Álzate." 343 

que ha creído, fundadamente en apariencia pues se ha olvida- 
do de mi poco valer, que nadie mejor que el que tiene motivos 
muy particulares para sentir profundamente podría interpre- 

. tar idénticos sentimientos de toda una Corporación. Por eso 
yengo, por eso he querido cumplir. 

. • Mas seré breve. No cansaré por mucho tiempo vuestra 

• atención. No os haré una biografía, de la que ya corren publi- 
cados importantes datos y que algún galano y erudito escritor 

. hará, sin duda más tarde con toda la exten.",ión que se merece 
una vida ejemplar, consagrada toda ella al bien y al estudio. 
Quiero tan sólo recordar algunas de las brillantes cualidades 
del hijo abnegado, del esposo y padre modelo, del maestro ver- 
dadero, del sabio, del filántropo. 

Si le amabais, si le teníais gran caiiño, habréis sabido va 
que en muy temprana edad fué huérfano de padre; pero que 
después de este cruel infortunio, preludio de otros mayores 
que habían de amargar una existencia que nunca hubiera de- 
bido conocer el sufrimiento, tuvo la fortuna rara de encontrar 
en el segundo esposo de su venerada madre un leal sustituto 
del ser que le había dado la vida. 

Pero ¡ay! estaba escrito que una vida que había de con- 
sagrarse al bien tenía que ser acrisolada con grandes sufri- 
mientos, había de perseguir siempre un ideal, y al alcanzarlo, 
cuando ya iba adquiriendo las encantadoras formas de la rea- 
lidad, había de desvanecerse. 

Era aún muy joven y su natural bondadoso le guiaba á 
seguir la profesión del sacrificio de sí mismo, de piedad y de 
verdadero amor al bien de nuestros semejantes: la medicina. 
Comenzaba apenas á iniciarse en los estudios de tan elevado 
sacerdocio, cuando los negocios del Sr. Don Pedro Puerto su 
segundo padre, tomaron mal camino, y falto de elementos hu- 
bo de concluir una carrera más breve, si bien no menos hono- 
rífica: la de farmacéutico, para la que ya estaba preparado con 
sus estudios previos, comunes para arabas profesiones. 



344 Memorias de la Sociedad Científica ' 

T entonees'comenzó á aparecer el grande hombre, Hízose 
cargo de la lioy famosa Botica del Hospital de Jesús, que se 
hallaba en quiebra y en punible estado de abandono. Envases 
vacíos y yerbas y substancias revueltas en el más espantoso 
€aos se encontraban allí; de muchas de ellas no había el me- 
nor indicio, el más ínfimo remedo de membrete, que diese el 
más tenue rayo de luz sobre su naturaleza. Llegó el hombre 
de estudio, de £e, de constancia, y en cortísimo lapso de tiem- 
po de aquel caos surgió un mundo, el establecimiento adquirió 
un crédito nunca soñado, salió de su estado de quiebra y don- 
de antes reinaran el desorden y el abandono, se impuso triun- 
fante la dinastía del orden y la actividad. Tuvo además enton- 
ces el Sr. Herrera la satisfacción de pagar con creces una deu- 
da de gratitud, pues desde aquel momento vino á ser el sos- 
tén de su familia, acto tanto más meritorio cuanto que ya ha- 
bía contraído matrimonio y con él nuevas obligaciones ¿No 
era esta la simiente de la filantropía que empezaba á germinar 
con vivífica llama? 

Fué también en aquella época de prueba cuando la afición 
á los estudios de Historia, natural que desde la infancia se 
manifestaba en sus juegos inocentes, se despertó vigorosa,' y 
la savia bienhechora que absorbió en sus observaciones y es- 
tudios fecundó su vigoroso cerebro é hizo de él el primer na- 
turahsta mexicano de su época. 

Por esto fué llamado á dar la cátedra de la Materia en la 
Escuela N. Preparatoria, y todos recordamos cuan atractivo 
supo hacer su curso, con cuánto placer acudíamos todos alK 
á oir la elocuente é instructiva palabra del maestro sabio y ca- 
riñoso. 

Permitid que me detenga un instante á recordar aquellos 
plácidos días, todos de alegría, de encanto, de ilusiones para 
lo porvenir, pues además de ser tan gratos, para nuestra So- 
ciedad estos recuerdos tienen una importancia de primer orden. 

Cuando el que hoy se honra al dirigiros la palabra tuvo la 



'Antonio Álzate." 845 



satisfacción, el honor insigne, de ingresar á las filas de los dis- 
cípulos del preclaro naturalista, hacía ya años que el Sr. He- 
rrera no era solamente Profesor de Historia Natural, A otro 
puesto más encumbrado y nunca tan bien merecido le habían 
elevado sus excelentes cualidades de talento, de sabiduría y 
de amor al orden y progreso. 

Había antes colaborado con el filósofo más progresista de 
su époCa á la creación y organización del plantel donde se ha- 
bía de formar una generación amante de la paz y del trabajo, 
que vendría á ser como lo es hoy, el terreno fecundo donde un 
hábil agricultor había de plantar ese frondoso árbol á cuya 
benéfica sombra el país prospera y que todos admiramos y 
bendecimos. 

El sabio fundador de la Escuela Preparatoria había par- 
tido con una misión diplomática á la vieja Europa. No pare- 
cía fácil substituirlo. Sin embargo, entre el cuerpo de profe- 
sores, se hallaba uno tan renombrado por su saber como por 
su modestia y dedicación. Se le hizo justicia elevándole atan 
importanle puesto. ¿Cómo cumplió? Todos lo sabemos. Dan- 
do al establecimiento poderosísimo impulso. Perfeccionó los 
gabinetes ya establecidos y creó otros nuevos, entre ellos el 
importantísimo de botánica aplicada; fundó una magnífica bi- 
blioteca en donde el estudiante pobre que carecía aun de lo 
necesario halló libros en que preparar sus clases y donde el 
que quiso ahondar un poco más en sus estudios de lo que exi- 
gían sus profesores, pudo encontrar las obras útiles para su 
mayor aprovechamiento. Plantó un jardín botánico, verdade- 
ro modelo de sagacidad, de conocimiento de la materia y de 
utilidad práctica incuestionable para la enseñanza. Comple- 
mento indispensable de aquel jardín fué un invernadero don- 
de 86 pudieron estudiar las plantas tropicales. Formó también 
un interesante jardín zoológico para que los estudios de sus 
discípulos en esa rama de la ciencia fueran más completos, pa- 
ra que pudiesen adquirir algunas noticias positivas de la vida, 

M«morlM.-(1900-ieoi.] T.~XV. 44. 



346 Memorias de la Sociedad Científica 



dé las costumbres, del desarrollo, de los instintos, de las fa- 
cultades intelectuales y afectivas de los seres que con el hom- 
bre comparten la prerrogativa de la vida de relación y cuyo 
estudio nos conduce más que ningún otro á admirar la grandio- 
sa armonía de la naturaleza ¿A qué insistir? Todos es- 
tos grandes hechos son de ayer; de vuestros labios oigo esca- 
parse los numerosísimos que por no fatigar más vuestra be- 
névola atención me callo. 

Pero lo que más hay que admirar en tanta y tanta mejora 
es que eran llevadas á cabo con sin igual vigor, con perseve- 
rancia inagotable en época en que distaban mucho de florecer 
las arcas del tesoro público, pues con mágico hálito sabía el 
Sr. Herrera sacar recursos de la nada. Ya lo había demostra- 
do en la Botica del Hospital de Jesús. ¡, Y se creerá por todo 
esto que la satisfacción íntima que habían do causar forzosa- 
mente tan brillantes triunfos había de engendrar un insensato 
orgullo? Muy al contrario. Jamás hubo hombre más modesto. 
Había que ver cómo trataba á sus alumnos. Nunca los opri- 
mió, nunca fué un tirano; el cariño que les profesaba era in- 
menso, tan inmenso que llegó á ser la causa de la mayor de 
sus desdichas, de haberse malquistado con las altas esferas del 
poder por su entrañable amor á los estudiantes, á esa juven- 
tud de las aulas que era su segunda familia, que gozaba cuan- 
do él gozaba, que sufría cuando él sufría. 

Con razón el golpe fué tan rudo para nosotros sus últimos 
discípulos; con razón no pudimos resignarnos á verle alejarse 
de su casa, de su obra, de sus hijos que éramos todos los pre- 
paratorianos de entonces. 

, Su grande obra quedaba trunca, aun no la había termina- 
do; el timón déla nave pasó á otras manos y tuvo la pesadum- 
bre de verla apartarse del sendero que le había trazado. ¡Des- 
gracia terrible y abrumadora! Soportóla con resignación ver- 
daderamente estoica. 

Un año antes había nacido nuestra Sociedad. Bien sabéis 



"Antonio Álzate." 347 



cuál fué su origen. Un estudiante verdaderamente aprovecha- 
do, el actual Director de Aguas de la Ciudad, entusiasmado 
por la palabra del maestro quiso emprender para instruirse 
verdaderamente un estudio de la historia natural más serio y 
más completo que el necesario para sustentar un lucido exa- 
men. Con este fin nos habló á un pequeño grupo de sus condis- 
cípulos que gustosos aceptamos la idea. Cuando la comunica- 
mos á nuestro excelente maestro no sólo la aplaudió, sino qui- 
so convertirse en nuestro seguro guía, y nunca se borrarán de 
mi memoria aquellas hermosas herborizaciones que bajo su 
dirección hicimos. Mas lo que comenzó en forma de simples 
excursiones para perfeccionarnos en una rama de la ciencia, 
pronto tomó cuerpo y se organizó en Sociedad dedicada al es- 
tudio de las ciencias exactas y experimentales y consagrada 
por indicación de nuestro mentor á la memoria del sabio en- 
tre los sabios de nuestra patria, del presbítero Don José An- 
tonio Álzate y Ramírez. 

Nada más justo que nombrar Presidente honorario de nues- 
tra pequeña Agrupación al procer eminente que con febril ac- 
tividad é ilimitado entusiasmo supo impulsarnos en el camino 
del saber. Aceptó su nombramiento con verdadero júbilo, con 
lágrimas en los ojos, agradecido, modesto como siempre, pe- 
ro con un ardor enteramente juvenil, más juvenil aún que el 
nuestro. 

Sabéis cuál era el fondo de su carácter. Cuando se le con- 
fería un honor no veía en él un motivo de vanidad y ostenta- 
ción cual lo hacen muchos que no tienen méritos comparables 
á los de él. ¡No! Para él conferirle un honor era imponerle nue- 
vas obligaciones y por eso en vez de enorgullecerse al ser 
nuestro Presidente Honorario lo que hizo fué atender solícito 
sin desperdiciar un instante á las necesidades de todo género 
de nuestra Sociedad. Ahí está nuestra historia, ahí las nume- 
rosas reseñas de nuestro laborioso é inteligente Secretario per- 
petuo. En ellas podéis ver cuánto le debemos. Fué tanto, que 



Memorias de la Sociedad Científica 



lo recordáis muy bien, no es esta la primera vez que nos reu- 
nimos á pagarlo justo tributo. En vida también se lo pagamos. 
La sesión de 1? de Mayo de 1898 le fué consagrada y tuvo la 
deferencia de venir á ocupar ese mismo sillón en que hoy se 
sienta uno de sus mejores amigos, prueba viviente de lo mu- 
clio que valía, pues un hombre como vos, Señor Licenciado 
Mariscal, que tan merecidamente ocupáis importantísimo pues- 
to en la administración pública de nuestra patria, nunca hu- 
bierais estrechado amistad íntima con quien no hubiera sido 
en altísimo grado merecedor de ella; no nos hubierais propor- 
cionado la gratísima satisfacción de venir á presidirnos, ro- 
bando quizá un tiempo precioso á vuestras múltiples é impor- 
tantísimas ocupaciones; no hubieseis traído la representación 
de la atribulada familia de nuestro augusto difunto si no le 
hubieseis estimado como nosotros le estimamos, si no deplo- 
raseis su pérdida como nosotros la deploramos ¡ Gracias, mil 
gracias. Señor, por asociaros á nuestro duelo! 

Permitidme consagre dos palabras á la memoria del filán- 
^;ropo. Amante siempre del bien, fué su preocupación cons- 
tante poder hacerlo de una manera útil y práctica. Idea suya 
fué la creación de la Sociedad Filantrópica á cuyo seno supo 
atraer á los mayores filántropos de esta capital y á la que mu- 
cha gente pobre colma de bendiciones por los beneficios que 
le ha impartido. Ante esa insigne Asainblea expuso la subli- 
me idea de la creación de un ''Asilo de Regeneración é Infan- 
cia" y á costa de muchísimas dificultades logró dar cima á tan 
grande obra. Y ahí está; subsiste y subsistirá porque es bue- 
na, porque persigue un alto ideal; ya ha fructificado. Espere- 
mos que con el tiempo sus frutos serán más sazonados. 

Un tierno detalle, Señores, y termino. Hace tres años fué 
víctima nuestro sabio maestro de cruel enfermedad que le pu- 
so á las puertas del sepulcro. Sumido en estado comatoso, con 
los bronquios atestados de mucosidades, se creía ya inmedia- 
to un triste y funesto desenlace. Los facultativos que enton- 



"Antonio Álzate." 349 



ees le asistieron, después de haber luchado á brazo partido 
contra el terrible mal, se declaraban impotentes y se retiraban. 
Pero el Sr. Herrera tenía una bija, toda ternura, candor, pu- 
reza é inocencia en quien adoraba y que á su vez adoraba en 
él: una sola alma en dos seres. Esa hija modelo, con una he- 
roicidad digna de todo encomio, de alabanza eterna, no vio en- 
tonces más que una cosa, que la vida de su amante padre se 
escapaba, y que ella no quería que escapase y dijo: ¡No quie 
ro que muera! Y contra toda indicación aparente le adminis- 
tró ya iti extremis, violento vomitivo á la vez que le hacía enér- 
gica revulsión en los pies. Fué ésta tan intensa que las que- 
maduras producidas tardaron mucho tiempo en sanar. Pero 
Dios premió el sacriticio de la hija abnegada y le conservó á 
su padre por tres años más. en este mundo. ¿Decid, tener una 
hija semejante no era la prueba más palpable de haber sido él 
el mejor, el más tierno, el más amoroso de los padres? ¡Niña 
bendita, con razón hoy llora sin consuelo! ¿Cómo no le ha de 
llorar si era bueno, si era justo, si era grande, si también á 
nosotros nos ha dejado huérfanos, si somos tantos, tantos, los 
que le lloramos! 

jSí, Alfonso Herrera, nuestro inolvidable padre, nuestro 
sabio consejero, nuestro eminente maestro; pasaste por el 
mundo haciendo el bien, enseñando á la juventud, formando 
ciudadanos, socorriendo al indigente, levantando al caído! 
¡Bendito seas, bendito una y mil veces! ¡Tú no has partido, no 
es verdad, porque los hombres sabios y buenos como tú, no par- 
ten, viven eternamente en los corazones agradecidos! Tu es- 
píritu queda con nosotros y él sin duda guiará la mano del in- 
teligente escultor que modelará la estatua que hemos de eri- 
girte, y ha de ser esta tan perfecta, pues que lo mereces, que 
al contemplarla sobre su pedestal todos exclamaremos ¡Helo 
allí! ¡No es su efigie! ¡ Es él mismo! ¡ Ahí está en cuerpo y al- 
ma! Y acudiremos de nuevo á escuchar tu mágica palabra. 

He dicho. 

B. £. Cicero. 



350 Memorias de la Sociedad Científica 

DISCURSO PRONUNCIADO 

Por el Señor Ingeniero 

JESÚS GALIITDO Y VILLA. 
Señor Ministro: 

Señores: 

Cuando una mañana del pasado Enero, la prensa periódi- 
ca nos sorprendió á todos con la fúnebre nueva de que la im- 
placable segadora de vidas, nos había arrebatado al maestro, 
al sabio y al amigo, se vio cómo de todos los labios brotaba 
espontánea y unánime la frase de dolor; y cómo todos los ros- 
tros de quienes lo amaban se hubieron compungido ante la 
ineludible catástrofe. 

Tales muestras sinceras y ostensibles, cuando se manifies- 
tan en obsequio de quien ha recorrido una existencia laborio- 
sa y modesta, son palpable testimonio de un valioso concepto 
y de un verdadero cariño. 

Y hay veces, señores, en las que, cuando se honra á un 
muerto querido, aunque se está al borde de la misma fosa, en 
donde parece que toda vanidad debería concluir, y donde co- 
tnienza con mayor actividad la transformación de la mísera 
materia, lejos de acudirse á los acentos lacrimosos de la ora- 
ción fúnebre ó á los rítmicos de la elegía, se recurre á los se- 
veros del panegírico, á la trompeta sonora que ensalza y que 
proclama la limpieza de la fama y el brillo de la legítima gloria. 

Así, señores, permitidme que contenga los dolorosos im- 
pulsos del corazónj que apenas deje asomar las emociones que 
surgen al grato recuerdo de otros tiempos, (los de la duice vi- 
da de estudiante) y me detenga breves instantes á considerar 
el paso por el mundo del Profesor Don Alfonso Herrera, des- 
de los puntos de vista del sabio, del profesor y del filántropo; 
triple corona que adornó sus canas venerables como la más 



"Antonio Álzate." 351 



rica joya que ha legado á la ternura de una esposa desolada y 
á unos hijos que son todo cariño y sentimiento. 



Formado el Sr. Herrera de la madera de aquellos esforza- 
dos luchadores que alcanzan la honra de elevarse por sus pro- 
pios méritos, nacido en la Capital de la República (año 1838) 
queda huérfano á los 3 años; encuentra, por dicha suya, un 
segundo padre en Don Pedro del Puerto, y éste lo educa, lo 
dirige y coloca en el comienzo del tremendo camino de la vida. 

El joven Hewera llega á ser oi*namento distinguido del 
viejo Colegio de San Gregorio, y después sale formado de la 
Escuela de Medicina, á los veinte años de edad (1858), con el 
título de Farmacéutico. 

Entonces empieza verdaderamente su dilatada vida cien- 
tífica, con su inseparable compañero y amigo Don Gumesindo 
Mendoza, otro luchador que se irguió desde la nada. Enton- 
ces, también, se inician las penalidades por la falta de recur- 
sos para la compra de libros, para allegarse elementos de tra- 
bajo, para lanzai'se fuera de la capital en pos de plantas que 
estudió, y sobre todo para proveer á la diai'ia subsistencia. 

Pero es dulce consuelo el que los hombres que batallan, 
estén acorazados por una fe á toda prueba, y por gran cons- 
tancia y poderosa energía; ellos son siempre los vencedores 
en toda la línea; los preferidos, es cierto, del dolor y la amargu- 
ra; pero en cambio, quienes aparecen sin duda como las más 
honrosas y más brillantes galas de la Patria. 

Así, cuando en 1863, el audaz invasor holló nuestras ama- 
das playas, el Sr. Herrera vuela ardiendo en patriotismo á 
filiarse en nuestro ejército nacional, para servir en la guarni- 
ción de México como ayudante del Cuerpo Médico. 

Después ingresa á la Escuela de Medicina como adjunto 
á la Cátedra de Farmacia; y poco más tarde, al triunfo glorio- 
so de la República, ocupa la cátedra de Historia Natural en 



352 Memorias de la Soeiedad Cientiñca 

la Escuela de Agricultura; la del. mismo ramo en la Prepara- 
toria, la de Historia de Drogas en la de Medicina, un puesto 
de vocal propietario en el Consejo Superior de Salubridad y 
finalmente el de Director de dicha Escuela Preparatoria en 
substitución del sabio Dr. D. Gabino Barreda. Allí, en ese me- 
recido lugar, ¡ cuántos le conocimos ! ¡ Cuántos le amamos ! Y 
cuando los acontecimientos de todos conocidos, hicieron aban- 
donar al maestro, aquella Escuela querida^ tuvo la honra el 
que habla, de fundar con otros varios compañeros una Socie- 
dad científica literaria, humilde y pobre como nuestros bolsi- 
llos, pero engalanada con el nombre de Alfonso Herrera, y 
honrada más de una vez con la presencia del sabio á quien 
tratábamos de venerar, el cual jamás se desdeñó en acudir pa- 
ra estimularnos al cuarto desmantelado de la Escuela de Ju- 
risprudencia donde celebrábamos nuestras modestas reunio- 
nes. 

Mas tarde, el Supremo Grobierno, al fundar la Escuela nor- 
mal para Profesores, dio al Sr. Herrera el nombramiento de 
Profesor de Historia Natural y de Lecciones de Cosas, distin- 
ción merecidísima á quien tanto se había empeñado por la Ins- 
trucción Pública y por el bien general del país, no sólo en los 
puestos que he señalado, sino en otros importantes, como el 
de miembro de la Comisión Mexicana para la Exposición de 
Filadelfia (1876,) el de la Michoacana, efectuada en 1877; el 
de Comisionado del Consejo de vigilancia de Escuelas Supe- 
riores; el de Jefe de la Comisión Científica Mexicana que em- 
pezó sus cortas labores .en 1863; el de miembro de la Comisión 
para la Exposición de Nueva Orleans en 1884, y tantos otros 
cargos posteriores que se le confiaron especialmente por las 
Secretarías de Fomento y de Instrucción Pública. 



Fuerza es, señores, ceder la pluma al biógrafo y al biblió- 
grafo, para qú© ellos en prolijo estudio, enumeren y reúnan 



' Antonio -Álzate.". 353 



los copiosos escritos que ya en La Naturaleza, en las coleccio- 
nes de La Gaceta Médica, en El Mundo Científico, en El Progre- 
so de México y en El Bien Social, especialmente, dejó el Sr. He- 
rrera; aparte de sus interesantes estudios vaciados en la Nue- 
va Farmacopea Mexicana. Casi todos son relativos á puntos de 
Histoi'ia Natural, Farmacia y Química; y tomados al vuelo, re- 
cordareis sus Apuntes para la Historia Natural de las drogas 
simples indígenas, su Fisiología vegetal, sus Tablas de Clasifica- 
ción Zoológica, su estudio sobre la sanguijuela de México, sus 
Apuntes' para la monografía de los insectos vexicantes indígenas, 
sus notas sobre el Zopilote, los Apuntes para la Geografía botánica 
de México, sobre el Liguen tintóreo de la Baja California, el es- 
tudio acerca de las aguas potables de México; la Sinonimia vul- 
gar y científica de algunas plantas indígenas; la aclimatación de 
animales útiles; el interesante trabajo relativo á los Pulques 
medicinales, y tantísimos otros referentes al Capomo, el Jengi- 
bre, el Mezquite, el C-uitlacoche, los bongos, el Chicozapote, 
el Copal Blanco, la Resina de Cuajimole, la Pimienta gorda, el 
Chayóte, el Oyamel, el Yoyote, el Anacahuite, la Yerba de la 
Muía, etc ; todos los cuales, están reclamando los honores de 
una publicación especial donde se hallan reunidos, clasifica- 
dos y dispuestos á seguir siendo útiles y á difundirse más. 

Pero no es ésto solo. Allí está El Bien Social; ese periódi- 
co simpático, órgano de una Corporación benemérita, en el 
que el Sr. HeiTora escribió más de cien artículos de diverso 
género, entre recetas, consejos, traducciones y delicados cuen- 
tos y pensamientos de verdadero filósofo. Allí derramaba la 
clara luz de su talento para propagar el bien, como lo demues- 
tran de manera palpable sus Sentencias morales, sus bellísimas 
narraciones anecdóticas aohre Los frutos del vicio; El vicio y la 
virtud, Lo que es él Cielo, y tantas más. 



MemoriM.— [1900-1901.] T. XV.-45. 



354 Memorias dfe la Sociedad Científica 



Como se ha hecho observar en estos días, en diversas pu- 
blicaciones, el Sr. Herrera "no solo fué un gran talento, sino 
al par un gran corazón y un verdadero filántropo." 

Obras suyas han sido, en buena parte, la Sociedad Filan- 
trópica y el Asilo de Regeneración; de la primera fué Vice- 
presidente Honorario, y del Sr. Herrera se expresa así, en re- 
cientísinio artículo necrológico, El Bien Social, órgano de la 
citada Sociedad: "Amante del progreso y procurando de 
cuantos modos es posible, el bien poi» una humanidad que 
necesita reforma y regeneración, el Sr. Herrera se desvela- 
ba, ideando la mejor manera de llevar á la práctica sus pro- 
pósitos altruistas y sus nobilísimas tendencias; y uno de sus 
muchos benéficos proyectos fué la fundación de la Sociedad 
Filantrópica. Iniciador de tal fundación, fué en todo tiempo 
el más activo, el más eficaz y útil de sus socios. 

"Por iniciativa suya se fundó también el Asilo de Rege- 
neración, dependiente de la misma Sociedad, y debido á sus 
afanes y en unión del Sr, Lie. D. Justo Benítez, se consiguió 
que la Seeretai'ía de Hacienda cediera un local para el men- 
cionado Asilo; que el Gobierno del Distrito dotase al mismo 
Establecimiento con una subvención mensual y que la Direc- 
ción de Beneficencia le asignase cierto número de raciones. 

"El Sr. Herrera — sigue diciendo El Bien Social — fué, piies, 
la figura más prominente y respetada de nuestra Sociedad Fi- 
lantrópica, y con razón ésta le tenía en altísima estima y acor- 
dó nombrarlo su Vicepresidente honorario." 



A esta corona de laurel tan digna y merecida, debemos 
agregarle, señores, otras hojas no menos dignas de alta valía. 
Tales son el empeño desplegado en la fundación de la Socie- 



'Antonio Akate." 355 

dad de Historia Natural, ea la de la Sociedad de Profesores 
y Empleados de Instrucción Pública; en la creación de la Bi- 
blioteca de la Escuela Preparatoria, y en el jardín botánico, 
el Observatorio Astronómico, los gabinetes de Historia Natu- 
ral, las Academias de Física y Química y las clases de Telegra- 
fía y Galvanoplastia, todo ello en la Escuela Preparatoria. 



Tamaña laboriosidad era evidente que debía premiarse, 
siquiera confiriendo honores al gladiador de la ciencia y del 
bien; y lo honraron, sí, la Academia Nacional de Medicina, la 
Sociedad Mexicana de Historia Natural, la extinguida Com- 
pañía Lancasteriana, la Sociedad Fraternal y Farmacéutica, 
el Instituto Módico Nacional, la Academia Mexicana de Cien- 
cias Exactas, Físicas y Naturales, correspondiente de la Real 
de Madrid; las Sociedades Médicas de Guadalajara y de San 
Luis; las médico-farmacéuticas de Puebla y de Toluca, y otras 
más; haciendo otro tanto el Colegio de Farmacia de Filadel- 
fia, la Academia de Ciencias Naturales de Davenport (lowa), 
el (Jolegio de Farmacia de Nueva York y el Torrey Botanical 
Club; corporaciones todas á las cuales perteneció en calidad 
de miembro muy distinguido, habiéndole nombrado benemérito 
la Farmacéutica Mexicana. 

Nuestra Sociedad "Álzate" no pudo quedarse atrás; le de- 
bió su vida desde que se fundó modesta y pequeña, y nombró 
al Sr. Herrera, porque no tenía otra cosa que darle, su Presi- 
dente Honorario perpetuo; y el venerable anciano, henchido de 
cariño por la Sociedad, lleno de entusiasmo por ella, subía, con 
cuanta frecuencia le era posible, las altas escaleras de este 
edificio, y disneico, enfermo muchos días, penetró á este sa- 
lón para presidir nuestras sesiones mensuales. Regocijábase 
entonces de encontx*arse entre sns viejos discípulos, y de es- 
cuchar nuestros humildes trabajos, que acogía con su genial 



356 Memorias de la Sociedad Científica 

benevolencia, teniendo para todos, frases de aliento, que nos 
llegaban al alma. 

Después, se alejó de nosotros; una cruel dolencia minaba 
aquel ser, pequeño de cuei'po, pero gigante de espíritu; ahora 
reducido en el fondo de la buesa á un puñado de miseria. Ca- 
yó, sí, boy bace un mes preciso, por la guadaña impía, lejos 
de nosotros, aunque cercado por los más íntimos de su alma, 
que se anegaron en un mar de desconsuelo. Pero cayó, como 
era infalible, lo finito, lo destructible, la materia, la podredum- 
bre de que estamos formados; á trueque de lo inmortal, de lo 
impalpable y de lo que bace prender en todos los corazones él 
recuerdo. 

Tal es la causa que nos reúne en esta solemne sesión : el 
recuerdo, la memoria del que fué; el afán de conservar menos 
perecederos su nombre inmaculado y sus becbos meritorios. 
Ya la Sociedad " Álzate, " por medio de su Vicepresidente, aca- 
ba de desbordar sus sentimientos; por medio de mis humildes 
y desautorizados labios, ha querido piecisar más la vida de 
trabajo de su ilustre Presidente Honorario y del eximio na- 
turalista á quien lloramos; acompañándonos en esta sencilla 
ceremonir el que fué su sincero amigo, el Sr, Secretario de Re- 
laciones Exteriores, que benévolo y presuroso se ha dignado 
presidir nuestro duelo. 



¡Dichoso, sin embargo, el qne se fué! Nos adelantó el cami- 
no. ¡Feliz el que salió, para mejores regiones, de esta vida de 
perennes torturas, de perfidias y de burla sangrienta! No po- 
día permanecer más sobre la tierra el que tenía de oro el cora- 
zón y la encarnación de la bondad en el alma. Pero al partir, 
nos ha dejado atribulados; y en medio de nuestro inmenso do- 
lor, solo, por ahora, podemos ofrecerle bañar con nuestras lá- 
grimas su humilde sepultura. 

J. Galindo y Villa. 



'Antonio Álzate." 357 



DEL 

PROFESOR HERRERA 

En el desarrollo del espíritu científico en la República. 

El Sr. Profesor Alfonso Herrera, cuya reciente pérdida 
lamentamos, tuvo gran influencia directa é indirecta en el des- 
arrollo de los estudios é investigaciones científicas en nuestra 

Patria. 

Amaba la ciencia y la hizo amar; tenía un culto por la na- 
turaleza y por la verdad y las enseñaba, en su grandiosa sen- 
cillez, con una especie de dulzura y á veces de piedad. 

Recordamos que en sus clases acerca del instinto y la in- 
teligencia nos hablaba gravemente de los seres enfermos; de 
las madres pródigas de ternura y de los débiles, ávidos de com- 
pasión. 

El texto era demasiado austero para él y aun el laborato- 
rio y el museo : iba con nosotros á explorar valles y monta- 
ñas y nos mostraba el misterio de las cosas y el encadena- 
miento de las criaturas. 

En el templo de la Naturaleza se practicaba el culto de la 
verdad por medio de la observación y la experiencia. 

En sus últimos años ya no podía andar y acompañaba to- 
davía á sus alumnos en carruaje, dirigiendo así á aquellas in- 
teligencias nacientes. 

Nosotros nos decíamos: es nuestro maestro, nuestro ami- 
go y por su ejemplo inimitable nos muestra que la ciencia 
puede ser siempre sonriente, amena, consoladora y casi una 
compañera de la vida. 

En treinta y tres años formó centenares de inteligencias, 
dispersas hoy por doquiera y que recibieron allí una especie 



338 Memorias de la Sociedad Oientífíca 

de bautizo de luz, y comprenden el amor á la ciencia, puro y 
libre de todo impulso no generoso.... 

Allí tenéis en primer término al Maestro ante el inmenso 
horizonte de nuestro porvenir. 

No siempre deleitan las aulas, el espíritu se fatiga con 
las vestiduras de luto de la entidad abstracta, austera y rígi- 
da. No siempre hay discípulos donde hay maestros, ni apasio- 
nados de la verdad donde hay cátedras, ni fanatizados de la 
luz donde hay antorchas. Entre el sabio que profundiza y el 
sabio que ameniza hay un abismo: el tedio. Porque nuestro 
Prof. Herrera deleitaba con su elocuente palabra, apacible, 
serena; porque él nos hacía pensar en la diatomea y en el in- 
fusorio, porque despertaba en nuestro ser la curiosidad, la 
atención, la compasión; fuimos apasionados de las ciencias na- 
turales, exploramos valles y montañas, hicimos museos con 
los ahorros del estudiante y por fin, después de oír una cáte- 
de Biología, sonriendo bajo un arco de la Preparatoria lleno dé 
sol, en medio del clamoreo del estudio, formamos la Sociedad 
Álzate, hoy quizá una de las primeras de la República. La 
primera porque el Maestro la nutrió en sus labores y la pre- 
paró para una vida de meditación condensada hoy, sublima- 
da en esta severa fórmula de nuestra existencia social y que 
usamos en nuestro distintivo y en nuestros diplomas: Hechos 
y números. Dos antorchas ardiendo en el Universo. No olvida- 
remos uno de los primeros días de Octubre de 1884 en que 
le fuimos á participar la instalación de nuestra Sociedad: nos 
acogió con un estusiasmo especial, nos felicitó sinceramente 
como si previera el gran éxito que llegaríamos á alcanzar; to- 
do lo puso desde luego á nuestra disposición, gabinete, mu- 
seo, biblioteea, etc. 

La ciencia es una tribuna escalada á veces por la pasión 
para imponer su ley: de ahí resulta el retardo en la difusión 
necesaria de los conocimientos. El Profesor Herrera dejaba 
creer á todos y jamás hizo creyentes 6 descreídos^ respetan- 



'Antonio Álzate." 380 



do el legado de piedad de cada hombre. En las corporaciones 
científicas se necesitaba una cosa grande y rara: la paz. El 
iba con ella. Fué de los fundadores de la Sociedad de Historia 
Natural y otras y asistía á sus sesiones para incubar ideas y no 
para hacer censuras, ni para llenarlas de reglamentos, de fór- 
mulas y de sombras; eran otros areópagos en donde continua- 
ba su cátedra, entre sus amigos, muchos de ellos sus antiguos 
discípulos, que le habían oído, porque predicaba el apasiona- 
miento por la Historia Natural. 

La ciencia es también un medio para un triste fin: el inte- 
rés. Entonces pierde atractivos, encantos seductores, y enca- 
lla en las arenas impuras y zozobra en las negras profundida- 
des >\A Leteo. 

No enseñó el Maestro esa torcida senda: sacrificó la vida 
por aprender, no la sacificó por la iñqueza, sino ésta por la 
verdad. Cuando joven, ignorado pobre, el día de descanso iba 
á buscar yerb >s, á arranear fósiles de la roca, á padecer can- 
sancio y sed. En las noches robaba lo que poseía del tesoro 
del sueño, después de la jornada de incesante fatiga, para cla- 
sificar insectos, plantas é ideas. 

Filé al extranjero y olvidó todo por el Museo y la Acade- 
mia, Representó á México en la Exposición de Filadelfia en 
1876 y regresó con informes científicos y originales y lo que 
era necesario para implantar aquí industrias, cultivos y explo- 
taciones nuevas. 

La ciencia es en fin, en algunos hombres, una propiedad 
que no aspiran á compartir con sus semejantes. Herrera no 
tuvo secr' tos para sus discípulos, ni misterios para sus ami- 
gos. Ideas, lecciones, libros: todo lo hacía penetrar en la cir- 
culación incesante del progreso de sus compatriotas. Estable- 
ció una Bilblioteca Pública: eso basta para comprender aque- 
lla basta inteligencia y aquel gran corazón. 

Las ciencias naturales eran casi ignoradas y la materia 
médica se consideraba como inaccesible cima. El maestro vul- 



360- Memorias de la Sociedad Científica 

garizó aquellas y fué el que determinó una vocación en los 
profesores de Historia Natural, que más tarde le acompaña- 
ron. Nótase claramente el predominio que esa ciencia llegó á 
adquirir sobre estos conocimientos, lo cual se debió en gran 
parte á que no todos tuvieron en México un apóstol como He- 
rrera y un centro como la Escuela Preparatoria. 

Los estudios publicados por el Maestro tienden á aplicar 
toda la verdad experimental al bienestar humano, refutando 
así el error de la escuela, y con el fin alto, noble y generoso, 
de encadenar el bien á la verdad. Así, la materia Médica me- 
xicana, enseñada por él durante treinta y tres años, dio la pro- 
digiosa descendencia de profesoi-es aptos, de medicamentos 
supremos y como coronamiento, un Instituto Médico y una 
Farmacopea que preside día á día el orden, el método de esa 
ciencia que aspira á dominar los sufrimientos y la muerte. 

Amaba también presenciar el desarrollo aun de los ramos 
que no cultivaba: le vimos concurrir ya jadeante á varias se- 
siones del Congreso Meteorológico Nacional que aquí en este 
lugar celebró nuestra Sociedad; se informó de sus resolucio- 
nes, de sus iniciativas, y felicitó calurosamente á sus inicia- 
dores. 

Honrad, pues, al que nos ha honrado, honrad al Maestro, 
que vivió para el bien y para la ciencia. 

La Sociedad Álzate celebró ya su apoieosis cuando él vi- 
vía; ahora es la misma escena pero reviste solemnidad augus- 
ta y nos prometemos, para honrar su memoria, seguir la mis- 
ma luminosa senda: estudiar, pensar, reducir á la ciencia nues- 
tra vida y la ciencia al bien. 

México, Febrero 27 de 1901. 

R. AguiIíAR Santillán, 

Socio fundador y Secretario perpetuo 
de la Sociedad "Álzate." 



ALGUNAS OBSERVACIONES 



\'.\LORIZACION DEL AZÜCAR POR EL LICOR DE FEHLM 



POE EL DOCTOR 



EDUARDO ARMENDARIS, M. S. A., 

Jefe de Sección en el Instituto Médico Kacional. 

Aunque parece muy fácil la valorización del azúcar por el 
licor de Fehling, hay sin embargo gran número de circunstan- 
cias y de pormenores que no deben pasar desapercibidos sise 
desea una exactitud suficiente. 

La primera, es obtener un licor bien preparado y que se 
conserve por algún tiemi>o. 

La segunda, hacer una titulación exacta del referido licor. 

La tercera, separar del azúcar todas las sustancias reduc- 
tíjras extrañas á ella. 

La cuarta, saber apreciar el momento en que todo el oxí- 
dulo de cobre se ha precipitado y el licor queda incoloro. 

La quinta, calcular cuánto por ciento ó por litro un líqui- 
do determinado contiene de glucosa. 

Memori»8.-[1900-1901.] T.-XV. 48. 



362 Memorias de la Sociedad Científica 

Para obtener un licor bien preparado y que sea de larga 
duración se procede de la manera siguiente: 

Solución núm. 1. 

Sulfato de cobre cristalizado puro 34,64 

Agua destilada, cantidad suficiente para hacer 
500 c. c. de disolución. 

Solución núm. 2. 

Potasa cáustica fundida \ ck o^prnAs 

Sosa caustica tundida ) ° 

Disolver en 200 c. c. de agua destilada, después 
añadir poco á poco: 

Acido tártrico cristalizado 63 gramos. 

Agua destilada, cantidad suficiente para hacer 
500 c. c. de solución. 

Estas dos soluciones serán conservadas en frascos sepa- 
rados y en un lugar con poca luz. Este licor puede ser guar- 
dado durante años sin alterarse. 

Puede obtenerse este reactivo en dos soluciones que se 
mezclan al momento y preparadas así: 

Solución núm. 1. 

Sulfato de cobre puro cristalizado 34.64 

Agua destilada, cantidad suficiente para obte- 
ner 250 ce. de solución. 

Solución núm. 2. 

Tartrato de potasa y sosa 173 gramos. 

Solución de sosa de D=l. 19 500 „ 

Agua destilada, cantidad suficiente para obte- 
ner 750 centímetros cúbicos. 



"Antonio Álzate." 363 



Para preparar una pequeña cantidad de reactivo cupro- 
potásico (100 c.c.) se miden exactamente 25 ce. de la solución 
núm. 1 y 75 de la solución núm. 2. Se vierte poco á poco esta 
última en la solución de sulfato de cobre, agitando para disol- 
ver el precipitado formado. 

tJn c.c. de este reactivo es reducido y completamente de- 
colorado por 5 mil. de glucosa: 10 c.c. corresponden entonces 
á cinco centigramos de glucosa. 

Preparado el licor por una ú otra fórmula de las que aca- 
bo de indicar, se procede á su titulación: 

Se toman 0,2375 de azúcar cando pura y cristalizada dese- 
cada á 100 grados, se introducen en un globo de vidrio con 40 
gramos de agua destilada y 22 gotas de ácido sulfúrico al 10 
por ciento: se deja por una hora en baño de María, y cuando 
esté frío se completa el volumen á 100 c.c. con agua destilada; 
20 c.c. de este licor azucarado contienen exactamente cinco 
centigramos de glucosa, y corresponden á 10 de licor de Feh- 
ling, si es más fuerte, de manera que sean necesarios 21 c.c. 
de licor para obtener la reducción completa, se hará el cálcu- , 
lo siguiente: 

-^ = - de donde a; = ^:^|^ = 0.0525 que corresponde 
0.05 X 20 ^ '^ 

á 10 c.c. de licor. 

Si, por el contrario, es más débil, de manera que se empleen 

19 c.c. se tendrá: 

^ = ü de donde x = ^^^=0M15. 
0.05 X ¿O 

En uno y otro caso se inscribe sobre el frasco el título del 
licor porque esta cifra servirá para hacer el cálculo. 

Es indispensable separar de la solución de glucosa las sus- 
tancias extrañas que reduzcan también el licor de Fehling, 
pues de lo contrario se tendrían indicaciones falsas. Si tiene 
que determinarse el azúcar de una orina diabética, que fre- ' 



364 Memorias de la SociedaKi Científica 

• . — 

cuentemente es albuminosa, hay que separar primero la albú- 
mina, lo cual se consigue por el acetato de plomo. Se mezcla 
cierta cantidad de orina con acetato de plomo líquido hasta 
que no se forme precipitado, se quita después el plomo por 
una solución de carbonato de sosa al 10 por ciento, se filtra y 
en el licor filtrado se valoriza el azúcar. Lo mismo puede ha- 
cerse con líquidos de origen vegetal que contengan albúmina 
ú otras sustancias reductoras. 

Saber apreciar el momento en que todo el oxídulo de co- 
bre es precipitado, es lo más importante de la operación de 
que me vengo ocupando y depende principalmente del ma- 
nual operatorio; yo he obtenido siempre buenos resultados 
operando como sigue: 

Pongo en una cápsula de porcelana 10 ce. de licor de Feh- 
ling, agrego 30 ce. de agua destilada y pongo la cápsula so- 
bre una lámpara de manera de hacer hervir su contenido; por 
otra parte coloco una bureta de Mohr conteniendo la solución 
de glucosa, de manera que cuando el líquido de la cápsula es- 
té en ebullición, caiga el de la bureta gota á gota sobre él; de 
esta manera, el oxídulo de cobre se va depositando poco á po- 
co en las paredes de la cápsula de una manera uniforme y 
gradual á medida que se aproxima la reducción completa; te- 
niendo cuidado de mover continuamente, se va juntando en 
el fondo y deja de esta manera ver con toda claridad la decolo- 
ración del licor. Se separa por unos momentos la cápsula del 
fuego para poder apreciar mejor si ya el líquido es decolora-' 
do, teniendo cuidado de no dejar enfriar, porque por el enfria- 
miento se redisuelve una parte del óxido de cobre volviendo 
el licor á tomar el color verde. Cuando el líquido que contie- 
ne la glucosa no es demasiado concentrado, la operación mar- 
cha perfectamente, pero cuando ésta está en gran cantidad la 
reducción se hace mal y no puede apreciarse con toda clari- 
dad el momento en que termine; hay entonces que diluir la 
solución de glucosa y tener en cuenta esta disolución en el 
cálculo . 



"Antonio Akate." 365 



Sucede con mucha frecuencia, que en lugar de una colo- 
ración roja, el liquido toma la verde de yerba, caso en que hay 
que modificar el manual operatorio porque el que acabo de 
describir no da resultado exacto. O bien se añade mayor can- 
tidad de glucosa al hquido que se analiza, ó lo que es mejor, 
agregar al licor de Fehling una solución de prusiato amarillo 
de potasio para obtener la redisolución del óxido de cobre á 
medida que se está formando. Precédase así: 

Póngase 10 c.c. de licor de Fehling en un globo de vidrio 
con 20 c.c. de agua y 4 de una solución de ferrocianuro de po- 
tasio á 1,20. Caliéntese á la ebullición y déjese escurrir gota 
á gota la solución azucarada hasta la desaparición del color 
azul. La coloración negruzca, lo mismo que la amarilla del pro- 
cedimiento anterior, indican que ha habido exceso de licor azu- 
carado. 

El método de M. Cause que acabo de indicar me ha dado 
siempre muy buenos resultados, por ese motivo lo recomiendo 
á todos los que tengan que dedicarse á estos trabajos. 

Puede suceder que á dos químicos se les mande la misma 
orina para que determinen la cantidad de glucosa y que el uno 
encuentre 30 gramos por litro y el otro 50. Esta diferencia tan 
notable no podría explicarse si los dos hubiesen seguido el mis- 
mo procedimiento, pero se descubre fácilmente si uno de ellos 
hizo la valorización por el licor de Fehling y el otro por el Po- 
larímetro, y no porque estos métodos den siempre indicacio- 
nes distintas, sino porque hay una circunstancia especial, tra- 
tándose de la orina glicosúrica, y es la siguiente: 

No toda la azúcar se encuentra en la orina al estado de 
glucosa, una parte se ha convertido en ácido glicurónico que 
tiene la propiedad de reducir fuertemente el licor cupro-potá- 
sico y ser inactivo para la desviación del plano de poralización 
de la luz. Esto expUcará bastante claro el desacuerdo á que 
antes me he referido. 

El cálculo para saber la cantidad de glucosa contenida en 



Memorias de la Sociedad Científica 



un litro de la solución que se analiza es muy sencillo, basta 
multiplicar por 1000 el título del licor empleado y dividir el 
producto por el número de centímetros que marque la bureta 
que contiene la solución azucarada, el producto da directamen- 
te en gramos la cantidad de azúcar por litro. Supongamos que 
el título del licor de Fehling es de 0,05, multiplicado por 1000 
da 50; el número de centímetros cúbicos que marca la bureta 
es 5,60 dividiendo por 50 nos dará 9,92 cantidad de glucosa 
por litro. , 

México, 12 de Mayo de 1901. 



LE SEL MARÍN EN THÉRAPEÜTIQÜE 

XAVIER RASPAIL, M. S. A. 

Le sel marin, le modeste sel gris de cuisine si apprécié ja- 
dis des cuisiniéres et généralement remplacé aujourd'huí par 
le sel gemme, est en posse de prendre une place preponderante 
dans la thérapeutique. Les vertus qu'on luí découvre h. l'heu- 
re actuelle tendraient a laisser loin en arriére, les propriétés 
prophylactiques et curatives attribuées á ees innombrables 
produits pharmaceutiques éphéméres qui se suceédent avec 
plus de rapiditó que les vanations de la mode dans la toilette 
féminine. 

Le sel gris, tel qu'il est rapportó des marais salants, est 
melé aux impuretós contenant tous les seis que renferment 
les eaux de la mer. Le sel gemme ou sel mineral ou sel des 
salines géologiques, en a oté lavé par les eaux pluviales qui 
ont filtré a travers ees couches fossiles depuis leur dépót re- 
montant aux grandes perturbations qu'a subie Pecoree ter- 
restre. 

Or, ce sont justement ees impuretés qui ajoutent une ac- 
tion sanitaire de plus á l'action deja si bienfaisante du chloru- 
re de sodium qui constitue le sel marin. Parmi elles il faut 
mettre au premier rang les iodtires et les bromures. 

Tout récemment deux médecines, les prof esseurs Loew et 



368 Memorias de la Sociedad Científica 

Single, de Chicago, ont lancé une communication de laquelle 
il ressortirait la possibilité de prolonger la vie liumaine par 
Pemploi du sel de cuisine. Cette communication a soulevó 
dans les milieux médicaux des deux mondes une vive émotion; 
mais, au méme temps, des protestations se sont élevées en vue 
d'établir que les professeurs Loew et Single n'ont faii qu'ap- 
pliquer, sur des bases nouvelles, des découvertes déjá con- 
nues. Et, á; ae sujet, aprés avoir cité les travaux de Claude 
Bemard, on rappelle que le Dr. Metchnikoff, qui occupe k 
l'Institut Pasteur une place preponderante, a émis Phypothé- 
se de la longévité par la régénération des organes et que, lui 
aussi, considere le sel marin comme un agent régénérateur 
de premier ordre. 

On avance méme que depuis longtemps la plupart des pra- 
ticiens en Frañce ont reconnu que le sel est un tonique et un 
antidéperditeur puissant, un stimulant tres sérieux des for- 
ceshumains, en méme temps qu'un agent propbylactique d'une 
efficacité tres grande. 

J'ai déjá eu l'occasion de parler des injections d'eau salee, 
alias de serum artificiel, dont le docteur Collomb a été le pre- 
mier á donner la formule: a ce su jet je dois rappeler la belle 
expérience faite par M. Quinton, de Paris, laquelle demontre 
que 1' animal exsangue est ramené á, la vie par l'injection en 
quantité égale a celle du sang soutiré, d'une dilution de 86 par- 
tios d'eau de mer pour 190 d'eau distillée. 

Cette expérience était la mise en pratique de cette tbéorie 
propre á M. Quinton que "Za vie étant appar%ie dans un milieU 
aquatique ehaud et marin, la vie devait continmr á se f aire dans un 
milieu également marin" 

C'est en 1897 que M. Quinton tenta de mettre en pratique 
cette idee géniale et il eu l'immense satisfaction de la voir 
pleinement confirmée. J'eus l'avantage de le recevoir á Grou- 
vieux le lendemain méme du jour oü il avait pratique une saig- 
née á blanc sur un cliien du College de France et lui aváit res- 



"Antonio Akate." 369 



titué en eau de mer diluée dans l'eau distillée, la quantité 
equivalente á celle du sang soutiré. L'animal vivait et c'ótait 
déjá un beau résultat, quand il quitta le laboratoire, mais res- 
tait a savoir si la vie se mantiendrait avec une circulation 
d'eau salee a la place de sang. Je me i*appelle avec quelle an- 
xiété il attendait la dépéche qu'il avait recommandó de lui ex- 
pedier á Gouvieux. Elle arriva comme nous étions a table, 
elle annongait que le chien non seulement vivait, mais qu'il 
était gai et se montrait tout disposé a jouer. 

Le triomphe ne pouvait étre plus complet. Au bout de 
quelques jours le sang s'était reconstitué. 

Cette belle expórience, renouvellée depuis sur des chiens 
de toutes tailles et de toutes races, démontrait les propriétés 
vivifiantes et regénératrices du sel marin et elle permettait de 
ne pas considérer comme exagerée la dónomination de liquide 
sauveur conférée au serum artificiel, quand, sous son action, 
Pétat syncopal disparait et que le sang reprend son cours nor- 
mal avec une nouvelle vigueur. 

Le serum artificiel, on le sait, est composé de 7 gr. 5 de 
sel marin pour 1000 gr. d'eau distillé. II a été employé jusqu'ici 
a des doses variant de 50 á 350 gr. par jour, injectées soit 
directement dans une veine, lorsqu'un malade venant á subir 
une grande perte de sang, il importe au plus vite de tonifier 
son systéme en élevant artificiellement la pression artérielle; 
soit simplement sous la peau pour faire ce qu'on appelle lo la- 
vage du sang, en donnant une plus grande activité aux fonc- 
tions renales. 

Mais déjíi le charap d'aetion tbérapeutique de cette solu- 
tion saline s'est élargi; on annonce, en effet, une cure remar- 
quable obtenue á l'aide des injections sous-cutanées d'eau sa- 
lee dans un cas de pneumonie jugé desesperé par les traite- 
ments ordinaires. 

Cette guérison d'une pneumonie par les injections salines 
aeules, puisqu'elles ne f urent employées qu'alors que tous les 

MemoriM.— [1900-190J.] T. XV.-47. 



370 Memorias de la Sociedad Científica 

autres moyens avaient échoué, explique pourquoi l'eau séda- 
dative, que joue un role preponderante dans la méthode que 
mon illustre pére F. V. Raspail a fondee en 1840, a toujours 
donné des succés constantes toutes les £ois qu'elle était em- 
ployée pour combattre cette maladie. La plus remarquable 
cure a citer est justement celle de F. V. Raspail lui-méme 
quidans sa 76'' année, a été sauvé d'une pneumonie double 
gráce a l'efficacité que posséde l'eau sódative pour combatre 
les pblegmasies, surtout celles qui se manifestent dans les 
poumons fussent-elles d'ordre inféctieux le plus caractérisé. 

La formule de l'eau sédative est: 

Ammoniaque saturée de camplire 60 grammes. 

' Sel marin 30 „ 

Cette eau dont généralement certains médecins ignorent 
autant la coroposition que le role qu'elle pent jouer dans l'or- 
ganisme, l'eau sédative dis-je, est la représentation du serum 
sanguin auquel est ajouté le camplire, comme antiseptique 
incontesté. *■ 

Mais alors que le serum dit artifioiel est introduit directe- 
ment sous la peau ou dans une veine, ce qui n'est pas sans 
dariger, l'eau sédative, qu'il serait plus juste d'appeler l'eau 
physiologique et régénératrice, est introduite dans i'organisme 
d'une fagon inofEensive, 

Au moment oü on accorde une valeur thérapeutique im- 
portante au sel marin ou cblorure de sodium, il m'a paru néces- 
saire de montrer qu'il y a déjá soixante ans que F. V. Ras- 
pail connaissait cette valeur et l'appréciait, puisqu'il a eu re- 
cours largement au sel pour la conf ection d'un certain nombre 
de ses médicaments. Outre l'eau sédative ou. le sel marin en- 
tre pour 30 gr. l'auteur a soin d'ajouter que, porté a une 
dose double, le sel rend cette eau, encoré plus active, on le 
trouve entrant a la dose de 15 gr. dans la composition de l'eau 
quadruple pour iujections, de 2 kilos dans les bains sédatifs; 



'Antonio Álzate." 371 



de 60 gr. dans les cataplasmes; de 10 gr. dans les lavements, 

etc. 

Ainsi, bien avant l'attention toute récente qui s'est portee 

sur le sel marin, ce produit naturel avait deja une place im- 
portante en thérapeutique et la sensationnelle expérience de 
M. Quinten permet d'entrevoir la possibilité non seulement 
de régénórer les constitutions viciées par de fréquents lava- 
ges du saog, mais surtout d'obtenir pour l'homme le méme 
résultat que celui obtenu chez le chien 6'est á diré le sauver 
des hémorragies mortelles. 
Gouvieux, Juin 1901. 



LA. OA.I:.. 

SDS PROPIEDADES Y 8D EMPLEO EN LA CONSTRUCCIÓN 
POB 

ADRIÁN TELLE2 PIZARRO, M. S. A. 

La cal pura, tal como se le considera en química, es el pro- 
tóxido de calcio CaO. Esta base es amorfa, blanca, cáustica, 
infusible y muy alcalina. Ataca las materias orgánicas, enver- 
dece los azules vegetales y cuando absorbe cierta cantidad de 
agua, se hidrata y produce un notable desprendimiento de ca- 
lor, ocasionando un silbido característico, acompañado de es- 
pesos vapores de agua que arrastran consigo algunas partícu- 
las de cal. 

Los reactivos característicos de las sales de cal, son el áoi* 
do oxálico y el oxalato de potasa ó de amoníaco, dando un 
precipitado blanco de oxalato de cal, insoluble en el agua. Con 
el soplete, las sales de cal y principalmente el carbonato, arro- 
jan un brillo deslumbrante, cuando se les calienta con la ex- 
tremidad del dardo. 

En la industria se da el nombre de cal, al producto de la 
descomposición más ó menos completa por el fuego, de las pie- 
dras calcáreas, pues no se encuentra en la naturaleza en esta- 
do nativo, se halla combinada con ácido carbónico, constitu- 
yendo todas las variedades del carbonato de cal que llevan I09 



374 Memorias de la Sociedad Científica 

nombres de espato de Islandia, mármol, creta, aragonita, etc. 

Todas las variedades de los calcáreos naturales, pueden 
servir para la fabricación de cal y se obtiene ésta, calcinando 
en hornos á propósito las piedras naturales que contienen car- 
bonato de cal. La calcinación tiene por efecto desprender las 
partes volátiles de la piedra, es decir, el agua y las materias 
orgánicas que encierra y después disociar el ácido carbónico 
combinado á la cal. 

La cal tiene muchas aplicaciones en las artes y en la in- 
dustria, siendo gran cantidad la que se emplea en las construc- 
ciones, pues forma la base de las mezclas que se emplean para 
ligar entre sí los diversos materiales y las capas con que se re- 
visten los paramentos de los muros. 

En el comercio se encuentra en trozos ó en polvo, y pro- 
viene, como se dijo, de las rocas calcáreas compuestas de car- 
bonato de cal y que forman una gran., parte de la corteza te- 
rrestre. Se encuentra también en mazas considerables, en el 
estado de gis ó sulfato de cal fCaO, SO^J. Las conchas de los 
moluscos están casi formadas enteramente de carbonato de 
cal fCaO, C(f). La cal combinada con el ácido sulfúrico, conSf 
tituye el yeso ó sulfató -de cal hidratado (GaO, S(T, 2 HO), 
cuerpo esparcido con abundancia en la naturaleza. Esta base 
entra también en la composición de los huesos de los anima- 
les, en el estado.de fosfato fCaOf, fPhO^f. Se encuentra, ade- 
más, combinada en diferentes proporciones con la siliza. En 
fin, la mayor parte de los vegetales contienen cal, unida con 
ácidos orgánicos. 

La cal al salir del horno, recibe el nombre de cal viva, 6 
sea cal anhidra. 

La operación por la cual se combina la cal con el agua, se 
llama apagar la cal; entonces, al comenzar á absorberla, se con- 
vierte en un polvo fino y suave al tacto y en este nuevo esta- 
do, es un producto químico nuevo, un compuesto de cal y agua 
y representa sensiblemente un monohidrato (CaOyHOJ. A la 



'Antonio Álzate." 375 



cal hidratada que se obtiene, se le dá el nombre de cal apagada. 

Añadiéndole el agua necesaria á la cal monohidratada, la 
cal queda en suspensión cuando se agita, y se obtiene así la le- 
chada de cal. 

La disolución de la cal en el agua es muy débil, pues próxi- 
mamente, una parte de cal se disuelve en mil veces su peso de 
agua: ésta disolución toma el nombre de agua de cal. 

La cal viva expuesta al aire durante algún tiempo, absor- 
be rápidamente la humedad atmosférica y el ácido carbónico, 
se cambia entonces en hidrato y carbonato de cal, se desmo- 
rona, es decir, se deshace en polvo impalpable y no se calien- 
ta más al contacto del agua. Por esta razón la cal que se en- 
cuentra en el comercio, está siempre algo apagada. 

El efecto del ácido carbónico es el de hacer inerte la parte 
de cal con la cual está combinada, y el de la humedad, es el de 
producir lentamente y sin desarrollo sensible de calor, una por- 
ción de la hidratación. 

La lechada expuesta al aire, absorbe constantemente áci- 
do carbónico; el carbonato de cal se reproduce poco á poco y 
tiende á adquirir la dureza del calcáreo primitivo. 

Cuando la lechada no permanece expuesta al aire libre; 
pero sí en un lugar excesivamente húmedo, el endurecimiento 
es mucho más lento y no tiene lugar sino por su carbonatación 
sucesiva. Si además de haber mucha humedad, el ácido car- 
bónico del aire no tiene acceso, no endurece nunca y queda 
indefinidamente blanda. 

La lechada expuesta al aire libre, se escapa poco á poco, 
se hiende y se endurece. Las hendeduras provienen de una 
contracción que se opera en la masa á medida que. se seca. . 

El agua de cal expuesta al aire, absorbe el ácido carbóni- 
co y se cubre de una película blanca de carbonato de cal cris- 
talizado, que siendo insoluble, se precipita á medida que se 
forma. 

La naturaleza de los calcáreos sometidos á la cocción, in- 



376 Memorias de la Sociedad Científica 

fluye necesariamente en la calidad de la cal que se obtenga. 
Los calcáreos naturales contienen casi siempre arcilla con óxi- 
do de fierro y carbonato de magnesia y se comprende fácil- 
mente que las propiedades de la cal, varían con la proporción 
que de estas materias extrañas contenga el calcáreo de que se 
trate. 

En general, se distinguen principalmente dos especies de 
cal: la cal grasa y la cal magra. La cal grasa es aquella que pro- 
viene do la calcinación de un calcáreo casi puro. Es blanca, 
muy cáustica, humedeciéndola produce gran desprendimien- 
to de calor; aumenta considerablemente de volumen; forma 
una pasta untuosa al tacto; al secarse experimenta una con- 
tracción notable, dando lugar á grandes hendeduras en su ma- 
sa; y por último, admite en su mezcla una fuerte proporción 
de arena. 

La cal magra es la que se obtiene de calcáreos impuros, 
es decir de aquellos que contienen en mayor proporción, ma- 
terias extrañas. Es gris, y los fenómenos que caracterizan la 
cal grasa, se reproducen en ella de una manera apenas sen- 
sible. 

Cuando se apaga la cal grasa, se hincha, y da un volumen 
de cal apagada, sea en polvo, sea en pasta, más considerable 
que su volumen primitivo. Esta propiedad, casi exclusiva de 
la cal grasa, se designa con el nombre de rendimiento. El ren- 
dimiento es tanto mayor cuanto más grasa es la cal. 

Hemos dicho que por la cocción conveniente de los calcá- 
reos en hornos adecuados, se obtiene la cal viva; pero no es 
bajo este estado como se emplea en las construcciones: es ne- 
cesario extinguirla ó apagarla antes. Esta operación consiste 
en hacerla pasar del estado anhidro al de hidrato, reduciéndo- 
la después á una pasta de mayor ó menor consistencia según 
el objeto á que esté destinada. Hay varias maneras de apagar 
la cal; pero indicaremos únicamente el sistema, llamado méto- 
do ordinario, por ser el único que se conoce entre nosotros y 



"Antonio Álzate. " 377 



y que es por cierto el más apropiado, si se tiene en cuenta la 
gran dureza que tienen las cales que se emplean en lar ciudad 
de México y sus alrededores. 

Este método consiste en hacer tanques de mampostería, 
de madera, ó simplemente presas de arena, en las cuales se 
arroja la cal viva, en seguida se derrama la cantidad de agua 
necesaria y se hate continuamente con un rastrillo, hasta lo- 
grar que no quede ninguna pieíZra sin apagar y que se forme 
una pasta homogénea. 

Por sencilla que parezca esta operación, debe exigirse el 
mayor cuidado, pues la buena preparación de la cal, es de im- 
portancia en toda construcción. Cuando la cal no se apaga 
bien por este método, tiende á engranujarse; llámanle así los 
albañiles á la cal apagada que encierra pequeños fragmentos 
de cal viva y que provienen de no haberla batido lo bastante. 
Si estos fragmentos, ya mezclados con la arena, van á dar á las 
mamposterías ó á \o^ aplanados^ allí es á donde se vienen á apa- 
gar completamente por la acción de la humedad del aire, ad- 
quiriendo una fuerza expansiva, capaz de separar los materia- 
les que ligan y levantar los aplanados con todo y pinturas ó 
papel tapiz. 

Observaciones sobre la extinción y uso de la cal. 

Es importante medir ó calcular la cantidad de agua que 
debe agregarse á la cal para apagarla, pues si no es lo bastan- 
te, la pasta que resulte no será homogénea, y si es demasiada, 
la película de carbonato de cal cristalizado con que se cubre 
á las pocas horas, adquiere un espesor considerable, quedan- 
do la masa privada del contacto del aire, lo que impide que se 
seque. En este estado, no puede emplearse sino hasta pasa- 
dos algunos días y nuestros albañiles la llaman cal ahogada. 

La proporción de agua aumenta á medida que la cal es 
más grasa. 

Memoriaí.-(1900-1901).— T XV.— 48. 



378 Memorias de la Sociedad Científica 

El agua tiene cierta influencia en la preparación de la cal, 
por lo que deberá procurarse, en cuanto sea posible, que sea 
limpia, ó cuando menos, que no contenga un exceso de arci- 
lla en disolución ni substancias vegetales en suspensión. 

La lechada no debe emplearse en el momento que se pre- 
para, es necesario, cuando menos, dejarla reposar unas doce 
horas; pues por bien que se haya batido, siepipre contiene al- 
gunos granos de cal, cuya extinción ha sido incompleta y que 
no llegan á absorver el agua, sino después de algún tiempo. 
Los albañiles le llaman dejarla podrir. 

Cuando la cal apagada ha de durar algún tiempo sin em- 
plearse, se acostumbra cubrirla con una gruesa capa de arena; 
de esta manera puede decirse que se conserva indefinida- 
mente. 

En México los peones encargados de apagar la cal son 
hombres que tienen un cálculo muy certero para determinar 
la cantidad de agua, proporcional á su volumen de cal viva y 
para dar á las presas las dimensiones necesarias. A su prác- 
tica está confiada únicamente la bondad del procedimiento. 
En las obras se les designa con el nombre de zoquiteros, pala- 
bra derivada del idioma mexicano, zoquiÜa, que significa lo- 
dazal. 

Cuando la lechada de cal se usa muy líquida y mezclada 
con una corta cantidad de arena, sirviendo únicamente para 
dar color, se le da el nombre de xalpatle. 

En la ciudad de México, la cal se ha vendid© siempre por 
peso, habiéndose ya casi generalizado el kilogramo por unidad. 

Datos relativos á la cal de Tula. 

La cal fué conocida y empleada en la construcción por los 
antiguos mexicanos, quienes la designaban con el nombre de 
tenextU, palabra compuesta de tetl que significa piedra y nextli, 
ceniza, es decir, ceniza de piedra. ¡No podían haberle dado nom- 
bre más adecuado! 



'Antonio Álzate." 379 



Las cales que desde hace muchos años se introducen al 
mercado de México, provienen en su mayor parte de los Esta- 
dos de Hidalgo, México, Morelos y Guerrero, siendo la de Tu- 
la la más afamada por su buena calidad. 

En sesenta y cinco observaciones, verificadas en diversas 
circunstancias, he encontrado, en promedio, los siguientes da- 
tos relativos á la cal de Tula: 

Esta cal es grasa, el metro cúbico de cal viva, en terrones, 
tal como se entrega en las obras, pesa 840 kg.; 1,000 kg. de cal 
viva, producen 2,665 m.^ de cal apagada. Para apagar una to- 
nelada de cal viva, se necesitan 3,50 m." de agua. El rendi- 
miento en volumen es 2,24. 

Para terminar, diré, que la calidad de la cal procedente, 
de Iguala, parece, si no mejor, al menos igual á la de Tula. 
México, Junio de 1901. 



THE ONYX-MARBLE DEPÜSITS OF 

ji]MXJLCO, ooa.h:tjil^ 

BY EZEQUIEL ORDOÑEZ, M. S. A. 

The important ouyx marble deposits that I intend to des- 
cribe, are situated in the foot-hills o£ many high mountains, 
composing long Sierras on the grounds of the Hacienda de Ji- 
miilco. These mountains have a general direction of east to 
west and are separated by broad, dry and not steep valleys 
along which good wagón roads permit in all seasons very easy 
communication with towns and some stations o£ the Central 
Railroad, which runs for a long distance through the lands o£ 
the Hacienda de Jimulco and very near also the Aguanaval 
River which serves as a boundary between Durango and Coa- 
huila States. 

The onyx deposits are grouped in many places in such 
numbers and capacity as to adiigit at each group the establish- 
ment o£ a center o£ vast production. The deposits are main- 
ly located in three regions. The largest one is west o£ Pe- 
ralta Station on theMexican Central R. R. about £ourteen miles 
distant on the wagón road going to Cuencamó and other points 
of Durango. This road £ollows the bottom o£ a broad valley 
open to the river not f ar £rom the station of Peralta, The two 
other centers of onyx deposits near the rancho de Pozo de Calvo 
and "Las Víboras," lio three and four miles eflast respectively 



382 Memorias de la Sociedad Científica 

from la Noria Station M. C. R. R. in open valleys and com- 
municated with by good wagón roads. 

Excepting the beautiful samples exhibited at several Ex- 
hibitions, principally at París and San Antonio, Tex., last year, 
the onyx marble o£ Jimulco has never been seriously exploi- 
ted, in spite o£ great attention and interest shown by many 
European and Amerícan Companies, dealers and prívate par- 
tías, owing to lack o£ knowledge as to the conditions o£ deposits 
£or quarrying purposes, etc. by the present owner. Attention 
was attracted to this onyx not only on account.of its hardness, 
honiogoenity o£ blocks, exceptional size as exhibited, but also 
£or the varieties and wonder£ully variegated colours, harmo- 
nious tones, straight and contorted stripes or banding not 
found in the onyx produced at other places in México. 

The large deposits o£ onyx marble o£ Jimulco are in the 
cretaceous limestones £orming the mass o£ mountains there, 
in which the onyx filled caves or grottes in the limestone du- 
ring the end o£ Tertiary ages by circulant and disolvent wa- 
ters. That is the most general o£ £ormation o£ the only greatest 
valuable deposits o£ onyx in the world like those o£ the Uni- 
ted States, Algeria and Italy. The concretionary masses of 
onyx fill entirely the cavities and give in all parts the same 
texture grade o£ crystaüization, hardness, etc., varying only 
in every point in the intensity of color on the average o£ iron 
oxides and impurities contained, on which depends color, 
shade and nature o£ banding.; 

The way £ollowed by nature in the formation of onyx gi- 
ves an idea by which we can appreciate the formation of such 
deposits. So I see on the surface long and broad outcrop- 
pings or irregular, large patches easily recognized on the field 
by contrast of color, whitish f or onyx masses and gray f or li- 
mestones. The outcroppings are remains of the filled grottes, 
partially destroyed by erosión. The thickness and form of thé 
croppings, apparently similar to the ore veins, are very varia^ 



'Antonio Álzate." 383 



ble but always large £rom ten to one hundred feet, about 
twenty-five feetbeiugthemost comrnon. Some croppings run 
without aii}^ interruption for several hundred feet (from 600 
to 1500) and so cióse are tlie deposits or grottes one to the 
other as to admit o£ niany being worked by only one quarry. 

The deposits on the road to Caencamé ave very numerous 
and cióse together. One group covers an areaof two hundred 
acres, there being besides many others separated enough to 
be considered apart. Less extensivo are the deposits east of 
the railway bul? also extensivo enough to admit work of any 
capacity. In the barranca de "Las Víboras," four miles from 
Noria Station, one of the pockets should give with a little ex- 
pense more than 200,000 cubic feet, considering only the su- 
perficial deposits. Some of those of Pozo de Calvo, three mi- 
les from Noria, should give also many thousands of cubic feet 
on the surface of good onyx in very large pieces. 

The position of deposits on the flanks of the mountains 
near or at the base and on the slopes of the hills is also wor- 
thy of notice. Croppings rise up to the general rocky surface 
which f acilitates the opening of quarries without much barren 
work and obtaining good proflt from the beginning of work. 
The fissures that sepárate the blocks or tablets of onyx in 
some of the deposits are almost vertical and this renders easy 
their extraction, giving pieces with mínimum thickness of 
fifteen inches. The common size of blocks that can be got 
here i.s similar to that of other onyx deposits of México, afair 
average could be placed at twenty inches thick by four feet 
broad and five feet long. Very often blocks larger than thirty- 
five cubic feet are encountered. I saw in the small prospec- 
ting works of "Las Víboras," enormous pieces, several of five 
tons weight, of onyx marble of splendid honey-yellow colour. 

We cut from various places many samples in order to have 
some idea of the very many diíferent coloured varieties of onyx 
and in some deposits, of these as large pieces can be obtained 



384 Memorias de la Sociedad Científica 

as desired. Althougli every variety shows fine graduations o£ 
color and banding, we remark principally: Orange-onyx oftke 
most wonderful kind produced at the deposits o£ "Pozo de 
Calvo" and "Las Víboras;" amber-onyx o£ fineyellow colour, 
found in "Las Víboras;" Eose-banded-onyx, remai-kable for 
delicacy o£ tonas and curiously stiñped; Jasper-onyxor black 
onyx, banded white and black, with variegated figures; Agate- 
onyx, and many kinds o£ clouded onyx, white, red and some- 
times green like onyx coming £rom Puebla and Oaxaca quar- 
ries. 

The structure o£ onyx marble is holocrystalline, common- 
ly fibrous or columnar, rarely-granular and scaly; semi-trans- 
lucent, increasing by transparency the intensity o£ colour. The 
composition is absolutely similar to that o£ so called onyx 
marble £rom other countries, i. e. carbonate o£ lime (more than 
90 p3 ) with very little sulphate o£ lime and carbonate o£ iron 
and other impurities. 

Hardness 3 Weight o£ cubic meter — . 2.71 tons. 

Specific gravity. 2.71 „ ,, „ £oot 78.5kilos=1731bs. 

I have already indicated that the topographical condi- 
tions, and position o£ these deposits give plenty of £acilities £or 
working, and allouring£orthe establishment o£a plant o£ ma- 
chinery of any capacity desired. In a very dry country as this. 
is, we fix first on the question o£ water supply. Water, is not 
very deep in the valleys near the deposits, also at the £oot o£ 
the mountains, where we made the necessary investigations to 
assure the existence o£ an underground level not £ar £rom 50 
to 60 f eet in depth. Fuel would -be transported from the rail- 
way either at Peralta or Noria Station. Good workmen are 
plenty in the small towns and Jimulco, The customary wages 
being one dollar silver per day. At Jimulco provisions etc. can 
always be obtained and implements can be brought £rom To- 
rreón on the Central R. R. £our hours travel £rom Jimulco. 
As is well known, the Central R. R. is connected at El Paso ' 



"Antonio Álzate." 385 



witli all points o£ the United States. In Torreón it connects 
with the International R. R. for Monterey, and Tampico or 
Corpus Christi on the Gulf o£ México. 

I cali attention to extensión and number o£ the deposits. 
An estímate o£ the total amount o£ onyx on sur£ace o£ so ex- 
tensivo and numerous deposits, would be impossible. Conside- 
ring ouly the área on the road to Cuencamé, o£ which I have 
spokeu previously, where the work o£ quarrying as in the 
other places is very easy without any underground work, I 
calcúlate a volume o£ more than 2.000,000 cubic £eet. The de- 
posits already mentioned and some others should give not less 
than 6.000,000 cubic £eefc. Many other mountains in Jimulco 
have never been prospected £or onyx. 

It is not necessary to recollect the difEerent uses o£ onyx 
marble suggested by the quality o£ this Jim aleo onyx. I on- 
ly say the hardness is so great that it can be used as buil- 
ding stone £or arches, stair - ways, panels, columns, etc., for 
tables o£ all kinds, transparencies for windows in churches 
and houses, in thin slabs, and £or all kinds o£ interior decora- 
tions, vases and statuary. 

I spoke o£ properties of onyx as I see in quarries without 
any work of grinding and polishing. In this way I get only 
small pieces. It is necessary before working on a large scale 
to try the material as to the polishing and strength of the sa- 
me as it often contains fissures owing to being weathered, also 
thereare many other points of interest in this beautiful orna- 
mental stone. 

México, May 1901. 



Memcírifts.— [1000-1901.] T.— XV.á9. 



LA EDUCACIÓN ENTRE LOS ANTIGUOS MEXICANOS 



GREGORIO TORRES QUINTERO, M. S. A., 

Profesor de Historia 
en la Escuela IN^ormal para Profesores. 



La primera pregunta que se puede ocurrir al leer este epí- 
grafe, es ésta: ''¿Había una educación entre los antiguos me- 
xicanos?" 

Antes de contestarla, diremos lo que entendemos por edu- 
cación. Diversas definiciones se han dado de esta palabra, pe- 
ro todas están de acuerdo en el fondo para atribuirle el siguien- 
te significado: desarrollo de las facultades del hombre para 
procurarle su perfección, su felicidad y el cumplimiento de su 
destino social. 

Este fin tiene que ser relativo según la civilización de ca- 
da pueblo. Es indudable que en toda agrupación humana, los 
individuos tienen que satisfacer ciertas condiciones que exige 
el bien común para asegurar á la vez el bienestar de cada 
uno. 

La acción que se ejerce sobre ellos para alcanzar esas con- 
diciones, no es otra cosa que la educación. En tal concepto, no 
BÓlo existe educación en un pueblo constituido, sino aun en 
los salvajes y hasta en el seno de una familia aislada. 

Hay una educación que es el resultado de la acción ejer- 



388 Memorias de la Sociedad Científica 

cida por los pedagogos en las escuelas y que quizá no es la 
más poderosa. A su lado existe otra que es consecuencia de 
lo que se lia venido á llamar los colaboradores ocultos de la edu- 
cación, j son el clima, la raza, las costumbres, la condición so- 
cial, las instituciones políticas y las creencias religiosas. Am- 
bas existieron en el antiguo Anáhuac, puesto que hubo peda- 
gogos, y los colaboradores ocultos ejercieron en el pueblo una 
enérgica influencia. 

Lo expuesto nos conduce á contestar afirmativamente la 
pregunta formulada más arriba. 

La actividad pedagógica de un pueblo no sólo se manifies- 
ta en sus doctrinas y teorías, sino en sus métodos é institu- 
ciones prácticos. Ciertamente que de los antiguos mexicanos 
no tenemos obras que traten de educación; sus filósofos no 
consignaron por escrito los principios en que la basaban; sin 
embargo, dejaron pinturas y jeroglíficos que nos dan una idea 
de sus tendencias moralizadoras y de sus prácticas y fines pe- 
dagógicos. Además de las noticias recogidas por los primeros 
historiadores, existe el valioso documento denominado Códi- 
ce Mendocino que arroja mucha luz en esta vía; y aunque im- 
perfecto, con esos materiales se puede trazar el cuadro de la 
educación en Anáhuac. 

El pueblo mexicano era un pueblo muy religioso. Según 
calcula Clavijero, había en todo el Imperio 40,000 templos ser- 
vidos por 1.000,000 de sacerdotes. El sacerdote era muy res- 
petado, estando su cargo ligado muy estrechamente con la po- 
lítica. Motecuhzomally Cuauhtémoc desempeñaron el cargo 
de sumos pontífices, del cual fueron elevados á la primera ma- 
gistratura. Su religión era mezcla de ideas grandes y pueriles 
y estaba recargada de prácticas supersticiosas. Su dios prin- 
cipal era el de la guerra, llamado Huitzilopochtli, deidad fe- 
roz y sanguinaria que no se aplacaba si no veía á sus pies el 
corazón palpitante de innumerables víctimas humanas. > 

Para que su dios no padeciese hambre, aquel pueblo se 



"Antonio Akate." 389 



lanzaba fanáticamente á las expediciones guerreras, de donde 
volvía cargado de botín y de prisioneros que luego cuidaba y 
engordaba para sacrificarlos al numen; se entregaba á las más 
duras y dolorosas penitencias, como sacarse sangre picándose, 
con púas de maguey, espinillas, muslos, pechos, brazos y ore- 
jas; otras veces horadábanse las orejas ó lengua, y por el ori- 
ficio pasaban cañas ó pajas en mayor ó menor número, llegan- 
do á exceder de cuatrocientas; sus supersticiones los condu- 
cían á actos de barbarie, pues algunos hombres se horadaban 
la piel del genital sacándos epor el ht)radado veinte ó cuarenta 
brazas de cordel, y en ocasiones se reunían varios hombres y 
simultáneamente iban tirando de la cuerda. 

Las fiestas religiosas eran numerosísimas, haciendo conti- 
nua é interminable la asistencia á los templos. Los mexicanos 
pasaban su tiempo combatiendo y orando. Creían que los que 
morían en la guerra ó en la cautividad, iban á morar á la ca- 
sa del láol. 

En aquel pueblo no había, pues, nada de grande ni de pre- 
ciso fuera de la milicia y del sacerdocio. No había castas, ni 
la esclavitud era perpetua; los guerreros podían llegar á los 
más altos puestos, aun siendo de origen plebeyo: por el valor 
y la virtud, las clases más bajas podían sublimarse y salir de 
la abyección. 

De este retrato de los mexicanos, trazado á grandes ras- 
gos, se deduce que sus prácticas pedagógicas debían conver- 
ger á hacer de los jóvenes, guerreros valientes y piadosos. 

Al nacer un niño, la ticitl ó partera lo lavaba y le decía: 
"Aquí brotas y floreces, aquí te apartas de tu madre, como el 
pedazo de piedra donde se corta: esta es tu cuna y lugar don- 
de reclines tu cabeza; solamente es tu posada esta casa; tu pro- 
pia tierra otra es; para otra parte estás prometido, que es el 
campo donde se hacen las guerras, donde se traban las bata- 
llas; para allí eres enviado; tu oficio y tu facultad es la guerra; 
tu obligación es dar de beber al sol sangre de los enemigos. . ." 



390 Memorias de la Sociedad Científica 

Si era niña le decía: "Has de estar dentro de casa como el co- 
razón dentro del cuerpo; no has de andar fuera de ella; no has 
de tener costumbre de ir á ninguna parte; has de tener la ce- 
niza con que se cubre el fuego en el hogar; has de ser las pie- 
dras en que se pone la olla; en este lugar te entierra nuestro 
¡Señor; aquí has de trabajar, y tu oficio ha de ser traer agua, 
moler el maíz en el metate; allí has de sudar junto á la ceni- 
za y el hogar." 

Estas palabras encierran los destinos de ambos sexos. El 
ombligo del varón lo enterraban los guerreros en el campo de 
batalla; el de la hembra era enterrado junto al fogón. 

Cumpliendo las prescripciones de la naturaleza, la madre 
daba el pecho á sus hijos, aun cuando fuese señora de alta ca- 
tegoría. Dos años duraba la lactancia. 

El trabajo de la educación de los hijos se dividía entre el 
padre y la madre; aquél se encargaba de los niños, ésta de las 
niñas. 

Los mexicanos acostumbraban bañar a los chicos repeti- 
das veces en agua fría, aun durante el invierrio; los abrigaban 
poco y les daban lecho duro, con todo lo cual trataban de ha- 
cerlos robustos y sanos. 

Desde que el niño tenía cuatro años de edad, el padre co- 
menzaba á hacerlo trabajar, ya en el acarreo de agua en pe- 
queñas vasijas, ya cargándole con pequeños bultos, pues aquel 
pueblo, que carecía de bestias de carga, tenía necesidad de 
acostumbrar á los hombres, fuesen pobres, mercaderes ó sol- 
dados, á cargar bagajes por largas distancias. A los siete años 
le comenzaba á enseñar su oficio, pues los hijos seguían el de 
sus padres. 

La madre acostumbraba á su hija á andar siempre cubier- 
ta, despertándole desde muy temprano el sentimiento del pu- 
dor; le enseñaba á hilar y tejer, á barrer, moler y tortear, en 
una palabra, todos los quehaceres domésticos. 

Durante esta educación, los padres castigan á los hijos pe- 



"Antonio Álzate." 391 



rezosos é indóciles, punzándoles el cuerpo con espinas de ma- 
guey, dándoles de palos ó exponiéndoles al humo asfixiante 
del chile puesto al fuego. Las máximas que les inculcan en- 
cierran una moral bastante depurada. He aquí algunas: 

I. Ten comedimiento con los otros, porque con la humil- 
dad se alcanza el favor de los dioses y de los mayores. 

II. No ofendas á ninguno, ni le quites ni tomes su honra; 
haya en tí méritos, que es de los dioses dar á cada uno lo que 
les place. Toma, hijo, lo que te diesen, y dales gracias; y si 
fuere mucho, no te ensoberbezcas, sino humíllate, y tu mere- 
cimiento será mayor, y los demás no tendrán qué decir ni qué 
murmurar de tí; mas por el contrario, si te apropias lo que no 
te pertenece, quedarás afrentado y ofenderás á los dioses. 

III. Ama y has piedad, y no seas soberbio ni des á otros 
pena: sé bien criado y bien comedido, y serás amado y tenido 
en mucho. 

IV. No hieras á alguno, ni le hagas afrenta, y has lo que 
debes, y no por eso te ensalces, porqiie indignarás á los dioses 
contra tí y no quedarás sin castigo. 

V. Tendrás cuidado de servir y agradar á tu marido para 
que así merezcas que los dioses te hagan bien y te den hijos. 

VI. Sentada ó levantada, andando ó trabajando, siempre, 
hija mía, piensa y obra bien, y has lo que debes para servir á 
los dioses y á tus padres. 

VII. No mientas ni engañosa nadie, porque los dioses te 
miran. 

Los padres recomendaban principalmente á sus hijas el 
servicio de los dioses y la guarda de su honestidad y la obe- 
diencia y el amor á su marido; y uno de los preceptos más vi- 
vamente inculcados á la juventud, era la verdad en sus pala- 
bras: la mentira era duramente castigada. Les enseñaban tam- 
bién la consideración á los ancianos, la conmiseración al po- 
bre y al desvalido, horror al vicio, ocupación constante para 
huir de la ociosidad y proceder en todo con mesura. 



392 Memorias de la Sociedad Científica 

Poca diferencia había en la educación de nobles y plebe- 
yos, y consistía en que á los primeros no enseñaban los oficios 
mecánicos y eran más vigilados por sus parientes. 

A los quince años comenzaba la educación pública para 
los hombres y á los doce ó trece para las mujeres. 

Había dos clases de escuelas: el Cálm.ecac y el Telpuchcalli. 

Se ha discutido mucho sobre la diferencia que existía en- 
tre ambos; pero parece fuera de duda que el Calmecac estaba 
destinado á dar educación á los nobles, y el Telpuchcalli á la 
clase media. El Sr. Orozco y Berra dice que el Calmecac era 
colegio religioso y el Telpuchcalli colegio civil. Lo cierto es 
que en ambos se daba instrucción religiosa á la par que ins- 
trucción militar. 

La diferencia consistía, á más de lo dicha más arriba, en 
que el Calmecac estaba más cerca de las cosas sagradas y que 
en él se formaban también sacerdotes, lo cual hace que mu- 
chos escritores les llamen seminarios. 

Los alumnos del Calmecac eran en número limitado; por 
eso no había más que un solo establecimiento de esa clase y 
estaba en el templo mayor. El Telpuchcalli, por el contrario, es- 
taba abierto á todos los jóvenes de la clase media; el mayor 
número de éstos trajo como consecuencia la multiplicación de 
tales establecimientos, haciendo que en Tenochtitlán se con- 
tasen de 40 á 50, ubicados al lado de los templos menores. 

Tenían de particular, tanto el Calmecac como el Telpuch- 
calli, que eran mixtos, es decir, que recibían alumnos de am- 
bos sexos; pero los separabaii en departamentos distintos y 
eran estrecha y rigurosamente vigilados. 

La disciplina era muy rígida y dura. Los alumnos lleva- 
ban una vida de reclusión, de trabajo constante y de áspera 
penitencia. Vestían de telas delgadas, su cama era dura, el ali- 
mento parco. Las órdenes dadas por los superiores eran obe- 
decidas exactamente sin teip.er en cuenta la estación, la hora 
ó la intemperie. Bañábanse á media noche y de día, madruga- 



"Antonio Álzate." 393 



ban, barrían el templo, traían leña, guardaban los ayunos re- 
glamentarios, reparaban los teocallis, oraban y se sacrificaban 
sacándose sangre con espinas de maguey. 

Las penas eran terribles, contándose entre ellas la de muer- 
te. El soberbio, el desobediente, el que ofendía á otro, eran 
castigados severamente, azotándolos con oi-tigas ó picándolos 
con espinas de maguey; al dormilón despertaban echándole 
agua fría ó rescoldo caliente; á los ociosos ó incorregibles les 
quemaban el cabello con ocotes, loque era una afi*enta; al bo- 
rracho ó al que cometía faltas contra la castidad, le daban ga- 
rrote, lo quemaban vivo ó lo mataban á flechazos. 

Ya hemos dicho que al Calmecac ingresaban dos géneros 
de alumnos: los unos que seguían la vida sacerdotal hasta mo- 
rir en ella, los otros que sólo recibían la enseñanza religiosa 
y civil separándose del seminario cuando querían casarse. 

Las mujeres ingresaban al Calmecac ó al Telpuchcalli á 
los doce ó trece años. Sus votos eran por uno ó más años, si 
bien algunas los empeñaban perpetuamente. Algunos escrito- 
res las llaman monjas. Sus trajes eran blancos y limpios; mo- 
raban en los patios de los templos; dormían vestidas por ho- 
nestidad, vigiladas estrechamente por las principales y cuida- 
doras. Su vida era de abstinencia y laboriosidad; cosían, hi- 
laban y tejían ; llevaban los ojos bajos, guardaban silencio, y 
sufrían irremisiblemente la pena de muerte por cualquier falta 
contra la castidad. Las vigilaban por fuera de los edificios guar- 
das ancianos, velando noche y día. 

La edad propia para casarse era en la mujer de los 15 á 
los 18 años y eu el hombre de los 20 á los 22. Generalmente los 
futuros esposos eran sacados de los colegios por sus padres ó 
parientes para casarlos, previo el consentimiento de los direc- 
tores. 

Dirigían la educación de la juventud los sacerdotes; en sus 
manos estaban los destinos de la sociedad; modelaban á los 
hombres y á las mujeres según querían, inculcándoles unpro- 

MemorÍM.— [1000-1901.) T. XV.— 50. 



394 Memorias de la Sociedad Científica 



fundo respeto por los dioses y sus ministros El sacerdocio era 
la clase sabia y poderosa; eran Ijos consultores de la gente hu- 
milde, así como de los pontífices y reyes, y por su conducta 
irreprochable, se hacían amar del pueblo. 

¿Cuál era la ciencia de los sacerdotes? ¿Qué era lo que en- 
señaban á la juventud? 

Enseñaban la lectura y la escritura jeroglíficas, oratoria, 
cálculo, astronomía, astrología, cronología, geografía, historia 
y mitología. 

La escritura jeroglífica llegó entre los mexicanos á un ad- 
mirable estado de perfección: "Yo mismo he visto, dice Las 
Casas, una gran parte de nuestra doctrina cristiana escrita en 
figuras é imágenes que ellos leían como nosotros leemos los 
caracteres de una carta." 

Pero los aztecas no sólo aprendieron á escribir, sino que 
también hicieron libros. 

"Un librito azteca, dice Brinton, citado por Spencer, se 
parece mucho á uno de nuestros volúmenes en 4?. Fórmase 
de una sola hoja, de 12 á 15 pulgadas de ancho, y frecuente- 
mente de 60 á 70 pies de largo, y no está enrollado, sino do- 
blado, en cuadrados ó en zig-zag, de tal modo que al abrirlo, 
quedan expuestas á la vista dos hojas. Están unidas delgadas 
tablas de madera á cada una de las hojas exteriores, de ma- 
nera que el todo presenta un aspecto tan bonito, como si hu- 
biera salido del taller de un hábil encuadernador." 

¿De qué materias tratan esos libros? 

El Sr. Orozco y Berra dice:* "Del testimonio unánime de 
los escritores, del examen de las pinturas que hoy pueden ser 
estudiadas, resulta <Jtue los libros versaban sobre todos los ra- 
mos: historia, peregrinaciones, genealogías, códigos civiles y 
criminales, calendario, mitología, arte adivinatorio, astrono- 
mía, usos y costumbres, planos geográficos, topográficos y de 
ciudades, cuentas y tributos, tierras y propiedades, pleitos y 
litigios, cantos é himnos para los dioses, etc., etc." 



"Antonio Álzate." 395 



Al tener libros los aztecas, debemos deducir que gran par- 
te de su enseñanza debería darse según los textos, haciendo 
que los discípulos aprendiesen á descifrar las pinturas. Pero 
esta clase de enseñanza probablemente fué para los letrados 
y cronistas y para los que siguiesen la carrera del sacerdocio. 
Respecto de la primera enseñanza, el método fué oral, pues el 
Códice Mendocino representa en una de sus pinturas á un 
maestro y un discípulo, aquél en actitud de hablar y éste es- 
cuchando la lección. 

Los antiguos mexicanos eran muy ceremoniosos. Para to- 
do acto social había reglas, que constituían su código de ur- 
banidad. Eran discursos, arengas, que aprendían de memoria 
en las escuelas ó en el seno de la familia, y que repetían en 
todas las circunstancias idénticas sin alteración ninguna. 

Según Gama, los mexicanos no sólo conocían las cuatro 
operaciones fundamentales de la aritmética, sino que se eleva- 
ban á cálculos más complicados, como las proporciones, regla 
de tres y otras. 

El cálculo fué la base de sus adelantos astronómicos: sa- 
bido es que el cómputo de la duración del año, fué hecho por 
los mexicanos con notable exactitud. No les era desconocida 
la causa de los eclipses. 

Tenían un sistema de pesas y medidas. 

Los elementos de la geometría no les han de haber sido 
desconocidos. La regularidad de ciertas culturas astronómi- 
cas, la simetría en el trazo y división del círculo, la división 
de terrenos y la evaluación de su superficie, nos lo atestiguan. 

Los mercaderes con sus largos viajes contribuyeron á los 
adelantos geográficos. "Montezuma regaló á Cortés, dice Ber- 
nal Díaz del Castillo, un paño de nequen, en el que estaban 
pintados y señalados muy al natural todos los ríos y ancones 
que había en la costa." 

La historia se repetía por tradición oral y se perpetuaba 
por pinturas ó por cantos, á los que eran muy afectos los me- 
xicanos. 



396 Memorias de la Sociedad Científica 

Con todos los conocimientos que hasta aquí hemos citado 
y con las prácticas de que hemos hecho mención, se puede tra- 
zar un plan de educación bastante completo. 

Pero aun hay que agregar más. Podría creerse que los me- 
xicanos, entregando su cuerpo á las penitencias hacían poco ca- 
so de la conservación de las fuerzas físicas. Nada más erró- 
neo. Aquel pueblo era esencialmente guerrero, y no podía fal- 
tar entre ellos la gimnasia. En las escuelas se ejercitaban en 
el manejo de las armas; los alumnos concurrían á las batallas 
como reclutas, cargando el bagaje de los veteranos; en una 
ciudad lacustre, los habitantes tienen que ser nautas, y no pu- 
do faltar entre ellos el ejercicio del remo. Si todavía no fuese 
suficiente esto, nos bastaría señalar tres clases de ejercicios 
á que eran muy afectos los aztecas: la danza, la pelota y el vo- 
lador. 

No podemos resistir el deseo de trasladar aquí la siguiente 
descripción que hace el Sr. Orozco y Bería respecto de la dan- 
za: "Mucho caso hacían del baile y del canto, dice, por lo cual re- 
yes y señores mantenían maestros... En las reuniones particu- 
lares eran pocos los danzantes. ..creciendo el número hasta milla- 
res en las fiestas solemnes y públicas. . . la música, colocada so- 
bre esteras finas, ocupaba el centro, mientras ellos formaban al- 
rededor círculos concéntricos, más y más amplios á medida que 
de la música se alejaban. Junto al centro estaban dos ó cuatro 
personas, los corifeos del baile; los danzantes quedaban colo- 
cados de manera que formaban como radios de los círculos, pues 
cada uno tenía por pareja, ya á la persona de los lados, ya á la 
de adelante, ya á la de atrás. Dada la señal se comenzaba con 
un compás lento; consistía la destreza en que la música, el can- 
to y la danza, llevaran un perfecto acorde; las voces no se des- 
entonaban, cada danzante alzaba, como impulsado por un re- 
sorte, la misma mano, bajaba el mismo brazo, movía el mis- 
mo pie. Como era natural, los del primer círculo se meneaban 
con cierta lentitud; mas á medida que se alejaban del centro, 



'Antonio Álzate." 39'! 



como en el mismo tiempo tenían que recorrer mayor circun- 
ferencia, la velocidad iba siendo más y más grande. Acabada 
una estrofa y repetida, mudábase el compás en más vivo su- 
cesivamente, basta que los últimos danzantes debiei'an tomar 
una rapidez vertiginosa. Entre las circunferencias babía pe- 
queños niños siguiendo la danza, y trubanes ó cbocarreros ba- 
jo disfraces risibles, diciendo dicbos agudos ó picantes, para 
regocijar á los espectadores. Estos espectáculos coreográficos 
duraban por mucbas boras; los danzante? fatigados eran subs- 
tituidos por otros ; cuadrillas enteras tomaban el lugar de las 
que se retiraban á comer ó refrescar. Acudían con sus mejo- 
res trajes, adornos y joyas, llevaban en las manos plumajes 
vistosos, flores y ramilletes, y á veces se coronaban con guir- 
naldas. Era espectáculo digno de admiración." 

Así como para el baile, los mexicanos eran apasionados 
por el juego de pelota. En todas las ciudades y pueblos prin- 
cipales babía un ''tlacbtli," ó lugar donde se jugaba la pelota; 
el piso estaba encalado, terso y limpio. Los jugadores estaban 
desnudos, llevando en las asentaderas un cuero de venado y 
en las manos una especie de guantes. Recibíase la pelota en 
las asentaderas, los cuadriles ó rodilla, y algunas veces la ba- 
cían pasar por un agujero estrecho practicado en una piedra, 
habilidad qne era muy aplaudida. 

El juego del volador que hoy conocemos, apenas es un pá- 
lido reflejo de lo que ex*a atítes. Los jugadores se subían por 
las cuerdas, muy compuestos, llevando sonajas é instrumen- 
tos músicos, y bailaban en la parte superior, diciendo gracias. 
Cuando era tiempo, los cuatro voladores principales, vestidos 
como grande.s aves con las alas extendidas, se ataban á los ex- 
tremos de las sogas; éstas con el peso se desenrollaban, pro- 
duciéndose un movimiento giratorio más y más ancho hasta 
que los jugadores llegaban al suelo. 

Así, pues, la música, el canto, la danza y la poesía, eran 
como el coronamiento de la educación. La pintura, la escul- 



398 Memorias de ia Sociedad Cientíñca 

tura, la arquitectura, los tejidos, los trabajos de pluma, ejer- 
citaban el gusto. Ni la poesía dramática faltó en aquel pue- 
blo. El teatro estaba en el centro de algún mercado ó en el pa- 
tio de algún templo, al descubierto^ y en él tenían lugar los en 
tremeses, que eran muy graciosos. 

Aquel pueblo tenía, pues, una civilización bastante adelan- 
tada aunque con gravísimos defectos como la de todos los pue- 
blos que aun apenas han recoi*rido la mitad del camino que 
los ha de conducir á su perfeccionamiento. Su legislación nos 
indica que trataban de introducir algún orden en a(iuella so- 
ciedad; es verdad que el Código era draconiano, pero se diri- 
gía á reprimir ciertos delitos aborrecibles y disolventes como 
el fraude, el robo, el homicidio, la embriaguez, el adulterio, el 
incesto, etc., etc., que casi siempre se castigaban con la muerte. 

Desarrollándose libremente, hubiesen tomado entre los 
mexicanos grande incremento las ciencias y las artes. Pero 
en pequeñas carabelas llegaron por el Oriente hombres blan- 
cos y barbarlos que manejaban el acero y el rayo. El trono de 
Motecuhzoma se hundió en el lago, y con él, en medio del in- 
cendio y ia muei'te, la civilización de Anáhuac. 

México, Junio de 1901. 



Fin del Tomo XV de Memorias. 
Fin du Tome XV des Mémoíres. 



índice del Tomo XV de las Memorias. 



Table des matiéres du Tome XV des Mémofres. 

Páginas. 

ArmendEiris (Eduardo). 

Algunas observaciones sobre la valoi'izacion del azúcar por el 
licor de Fehling 361 

Duges (Dr. Alfredo). 

Taxeonomía ornitológica. (Taxeonomie ormthologique) 221 

Fraizer (Prof. Persifor). 

Alphabétical Cross reference Catalogue of all tbe ¡jublications 
of Edward Drinker Cope from 1859 till Ms death in 1897 ... 31 

Fuente (J. M. de la) 

El Monolito de Huitzuco, Distrito de Iguala, Guerrero. (Le Mo- 
nolithe de Huitzuco) 225 

Galindo y Villa (Jesús). 

La Clasificación de los conocimientos humanos y la Bibliogra- 
fía. (La Classification des connaissanccs humaines et la BihliO' 
graphie) 1 117 

La educación de la mujer mexicana al través del Siglo XIX. 

(L'éducation de lafemme mexicaine á travers le XIX" Sítele). 289 

Herrera (Prof. D. Alfonso) Biografía. (Con retrato) (BiograpMe) 

(Avec portrait) 319 

Sesión solemne celebrada el 27 de Febrero de 1901 en su honor 

(Séance aolennelle á »a mémovre) 334 

Discurso ( IMscoura) del Dr. R. E. Cicero 341 



400 



Páginas. 



Discurso del Ing. J. Galindo y Villa 350 

Influencia del Profesor Hen-era en el desarrollo del espíritu cien- 
tífico en la República por K. Aguilar y Santillán. (Infiuence 
du Prof. Herrera dans le d&veloppement scientifique du Mexique). 357 

Herrera (Prof. Alfonso L.) 

The Origin of the Individual. Onthe imitation of Protoplasm. 
(Platel) 23 

y Vergara Lope (Dr. Daniel). 

El tratamiento de la tuberculosis por los climas de altitud. Opi- 
niones de autores nacionales y extranjeros. {Le traitement 
de la tuberculose par la climat d'altitude. Eecueil des opinjons 
des auteurs) -•-- 235 

León (Dr. Nicolás). 

Familias lingüísticas de México. Ensayo de clasificación segui- 
do de una noticia de la lengua Zapaluta y un confesionario 
en la misma. (Families Linguistiques du Mexique) 275 

León (Luis G). 

Los elementos meteorológicos en el año 1 900. {Les éléments mé- 
téorologiques de l'année 1900) 229 

Marroquín y Rivera (M.) cS; Sánctiez (P. C.) 

Mémoire sus la cbaíne des montagnes de l'Ajusco et le capta- 
ge de ses eaux souterrraines. (Planches II, IH & IV) 167 

Moneada (Manuel). 

La declinación magnética en las cartas topográficas. {La déeli- 
naison magnétique dans les caries topographiques) 313 

Moreno y Anda (Manuel). 

Correcciones que deben aplicarse á la media diurna de la tem- 
peratura deducida de pocas observaciones. {Corrections á la 
température moyenne diurne deduite d'un reduit nonibre d'Ob- 
servations) 5 

Una expedición al Cerro de Tláloc ( Une expédition au CeiTO 

de Tláloc) 97 

Datos para contribuir al estudio climatológico del Valle de 

México. La variabilidad interdiuma media de la temperatu- 
ra en Tacubaya. {La variábüité interdÍMrne moyenne de la tem- 
pératureá Tacuiaya) 189 



401 

PáginKK 

Ordóñez (Ezequiel), 

The onyx-mai-ble deposits of Jimulco, Coahuila 382 

Tellez Pizarro (Adrián). 

La cal, sus propiedades y su empleo en la construcción. ( Le chaux; 

ses propriétés et son emploi dans la construction) 375 

Torres Quintero (Gregorio). 

La educación entre los antiguos mexicanos. (L'éducation chez les 
anciens mexicains) 387 

XJribe Troncoso (Dr. Manuel). 

La Higiene de la vista en las escuelas y la corrección óptica. 
(L'Hygiine de la vue dans les Ecoleset la cm-rection optique).. 159 

Villaseñor (Dr. Federico F). 

La Saponina y el ácido fitolácico en el Ñamóle. (La Saponine et 
V acide plútoladque dans le ñamóle.) 13 



Fin dal índice del Tomo XV de las Memorias. 
Fin de la Table des matieres du Tome XV des Mémoires. 



REVISTA CIENTÍFICA Y BIBLIOGRÁFICA. 



Soeiété Scientifique '^Áiitonio Álzate. 



REVUE 



S(!Íeni(|i et lliografliiiBe 



Publiée sous la direction de 



RAFAEL AGUILAR Y SANTILLAN 



Secrétaire perpét;i\el. 



1900-1901 



MÉXICO 

Imprimerie du Gouvernement Federal. 

1900 



Sociedad Científica "Antonio Álzate. 



REVISTA 



lENTÍFlCÁ 1 





U 



Publicada bajo la dirección de 

RAFAEL AGUILAR Y SANTILLÁN 



Secrfítario perpt^tuo. 



1900-1901 



MÉXICO 



IMPBEKTA t)EL GOBIERNO FEDERAL EN EL EX-ARZOBISPADO 
(Avenida Oriente 2, núm. 72C. ) 



1900 



SOCIÉTÉ SCIENTJFÍQÜE "ANTONIO ÁLZATE.' 

FONDEE EN OOTOBRB 1884. 



Menibres fondatenrs. 

MM. Rafael Aguilar y Santillán, Guillermo B. y Puga, Ma- 
nuel Marroquín y Rivera et Ricardo E. Cicero. 

Présídent honoraire perpétuel. 

M. Alfonso Herrera. 

Tice - Présídent honoraire perpétuel. 

M. Ramón Man tercia. 

Secrétaire general perpétnel. 

M. Rafael Aguilar y Santillán. 

CoMseil directif.— 1900. 

Présídent. — Ing. Ezequiel Ordóñez. 
Vice-Président. — Ing. J. Galindo y Villa. 
Secrétaire. — Prof. M. Moreno y Anda. 
Vice-Secrétatre. — Prof. Enrique E. Schulz 
Trésorier — M. José de Mendizábal. 



La Bibliotliéque de la Société (Ex-Mercado del Volador), est ouverte 
&XL public tous les jours non feries de 4 h. á 7 h. du soir. 

Les "Mémoires" etla "Revue" de la Société paraissent par catiers in 8? 
de 48 pags. tous les mois. 

La correspondance, mémoires et publications destines á la Société, doi- 
vent étre adressés au Secrétaire general a 

Palma 13.— MÉXICO (Mexique). 

Les auteurs sont seuls responsables de leurs écrits. 
Les membres de la Société sont designes avec M. S. A. 




lica 







MÉXICO. 



Kevista Científica j Bibliográfica. 

>'nm. 1-2. 1900-1901. 



LAS SOCIEDADES CIENTÍFICAS JÓVENES. 



Discurso proBUDciado el día 3 de Ocluttre de !897cii conmeinoracióD del 
de la fundación de la Sociedad "Antonio Álzate." 



aaiiersario 



El último de vosotros en saber, en antecedentes y en méritos, pero 
uno (íe los más entusiastas por el progreso, de nuestra queiida ¡Sociedad, y 
que ha buscado el amparo de vuestra ciencia y vuestra ilusti-ación al in- 
gresar á su seno, viene boy, desoyendo el memorable adagio árabe tan ade- 
cuado en las ocasiones solemnes, á reclamar un momento vuestra atención, 
para iinir sus plácemes á los vuestros conmemorando con febril eutusiamo 
este aniversario inolvidable. Viene hoy á recordaros, cómo en la aurora ra- 
diante de nuestro país hay rayos de oro y ráfagas de fuego, que circundan 
con una aureola brillante la frente luminosa del sabio mexicano, que ade- 
lantándose á un siglo legó una herencia riquísima de investigaciones y á 
^uien nosotros los que mensualmente aquí nos congregamos, no confor- 
mes con ese legado, quisimos aiTebatarle la prenda esclarecida de su par 
trocinio y de su nombre, grabando éste en nuestras almas, escudando con 
BU linaje nuestros escritos, y amparándonos con él para cruzar los mai'es, 
recorrer los continentes y enviar el saludo fraternal á nuestros colegas de 
la Vieja Europa. 

La Juventud, Señores, es el síiübolo vigoroso y patente de la vida; 
ella es la que enardece los entusiasmos, la que enciende la chispa divina 
eo los cerebros, la que presta alas de rosicler al pensamiento, la que dilata 
e) músculo y fortalece el nervio, la que dispersa las ideas fecundas y triun- 
fantes, como irisado enjambre de maripo.sas de luz. 

La .Juventud, es la caricia suprema de la naturaleza, su llegada true- 



ca el jardín galano de la niñez eu liorizontes infinitos exuberantes de fe- 
cundidad é inundados de luz y de fuego; es el halago supremo que despier- 
ta la sed de saber, la ambición del adelanto y el anhelo perenne del pro- 
greso. 

Cuando ella, fresca y sonriente, nos sale al paso como virgen nubil 
apasionada de lo desconocido y de lo misterioso, llevando en las manos los 
ramilletes más floridos de una primavera sonrosada y brillante; cuando re- 
sistiendo al principio, con pudores de enamorada se entrega al fin en nues- 
tros brazos para encaminarnos al ideal — esa dulce promesa semejante al 
primer amor, — cuando nos habla con la música de sus palabras enseñándo- 
nos lejos, muy lejos, aquel punto brillante de nuestra vida, la meta que 
anhelamos alcanzar, aunque sepamos que con buena fortuna quizá tan sólo 
la saludemos de paso, cuando las canas cubren nuestra frente con la nieve 
de su invierno inmutable; entonces es el primer arrebato, el despertar de 
las primeras energías, el primer frenesí del efebo que sueña con ser atleta 
y por eso en la juventud debe aprovecharse la florescencia deslumbradora 
de ideas y de ambicipnes nobles; su carro de oro recibe entonces los fulgo- 
res del sol, irradia brillanteces selectas; mas va de prisa, avanza pronto, 
sus ruedas de diamante caminan un momento sobre nubes doradas, pron- 
to hollarán las nubes tempestuosas. 

Más tarde, llega el desencanto, sangra el espíritu adolorido por^ heri- 
das crueles, el laboratorio rebosante de claridades es un hastío, la fórmula 
una tortura, la experiencia un infinito sufrimiento, el gabinete un manan- 
tial de decejDciones. 

Entonces las hojas del libro quedan invioladas, ya no sé manchan las 
márgenes con las notas de lápiz, ni las señales separan la página importan- 
te ó el pensamiento fecundo. Los estantes permanecen cerrados, para en- 
trar en una calma mortal de luto y de duelo. 

¡ Qué pocos son los niños de cabellos canos, como los llama Echaga- 
ray, que en pos incesantemente de ese eterno ideal, siguen en perenne tarea 
su gigante labor científica, apasionados sin tregua del enigma, ambiciosos 
sin interrupción del descubrimiento, hijos devotos hasta el fin de esa ma- 
dre que los sorprende de improviso, para consagrar en un santuario siquie- 
ra sus cuerpos, ya que no les es dado guardar en un relicario más glorioso 
y soberano aún, sus divinos espíritus! 

Los colosos: los Chevreul, los Pasteur, los Charcot, no son los que 
envejecen; sus ideas han quedado vibrantes y fecundas, la juventud vigo- 
rosa que estimula al espíritu aun les. brinda sus divinas caricias: semejan-. 
tes á Julieta escuchan en el éxtasis del halago una voz suplicante que leis 
dice " Xo te vayas, no es tiempo todavía." Las sociedades científicas jóve- 
nes son las más adecuadas para conservar el fuego sacro del entusiasmo ; 



f^><ío tienen á su favor para poder desenvolverse: savia, vigor, ideales, todo 
lo que se opone á la degeneración, todo lo que se resiste á la caducidad. 

Y en nuestra patria, con orgullo podemos decirlo: la sociedad cientí- 
fica joven que más servicios lia prestado hasta ahora es la nuestra. Bieu 
sé que es respetada y conocida en el Extranjero, mas también sé, por des- 
gracia, que en nuestra propia patria apenas si se sabe su nombre y si son 
apreciados sus trabajos. 

Bien sé que el nombre del P. Álzate es para la gran mayoría un nom- 
bre nuevo y que son desconocidos sus trabajos y su gi-an obra. Por eso mis- 
mo toca ¿"vosotros dar lustre y nombradla á nuestra asociación y hacer que 
su importancia crezca día á día, y que sus beneficios sean cada vez más 
efectivos y más pali)itantes. 

¡Trece años de constante labor os garantizan el éxito; habéis hecho 
en este lapso de tiempo mucho más de lo que podía esperarse de los redu- 
cidos recursos con que habéis contado! 

No hace mucho tiempo, cuando inauguramos una nueva era de pros- 
peridad para nuestra asociación, en este recinto que hasta ahora hemos te- 
nido, nuestro digno laborioso colega el Sr. Prof. Alfonso L. Herrera, con 
atinada oportunidad hizo reminiscencias del pasado, encomió los adelantos 
del presente y aseguró los triunfos ambicionados del porvenir. 

La tímida y endeble asociación fundada por un gi'upo de jóvenes en- 
tusiastas, había ido ampliando sus miras, había ido mejorando ¡laso á paso 
sin gi'andes fondos pecuniarios, .<;in grandes palancas de impulso, empuja- 
da en su evolución, sólo por la luz de la fe y por el imán omniíiotente de 
la esperanza. 

Dos socios de los más ameritados dejaron oir sus ideas en el Instituto 
Sniithsoniano y á la vez que una hermosa Añctoria para el castellano, obtu- 
yieron un triunfo inolvidable en el certamen; desi^ués, las eminencias eu- 
ropeas contestaron al llamado que se les hizo para emprender la cruzada 
antitaxonomista y más tarde un obsequio valiosí.simo: las obras de Galileo, 
constituyeron un presente de alta significación tributada á la humilde 
agrupación que con tanto brillo daba á conocer en el extranjero el nivel 
científico de la República. En una palabra: la Sociedad Científica "Anto- 
nio Álzate"' fiel á sus miras y á sus fines, ha seguido progi-esando sin des- 
canso, y siempre con la vista fija en el porvenir. 

E.stá en la época de su resuelto adelanto, es el atleta á que antes alu- 
d', que con músculos sanos y nervios viriles entra á la lucha en el campo 
sin límites de la investigación, anhelante de llenar sus pulmones con su 
«iré purísimo y de sentir resbalar sobre sus formas modeladas, los besos d« 
Ift luz resplandeciente. El museo de la naturaleza le ofrece sus ejemplare.s 
multiformes y maravillosos, \a» hojaa del libro no quedarán sin lectores, 
lax márgenes albeantes de blancura, esperan las notas de lápiz. 



Y si al hablar de las sociedades científicas, me refiero inmediatamente- 
á la nuestra, es porque la considero como la más conspicua y la más carac- 
terizada, como la que más ha hecho por su propio impulso. Mas ciertamen- 
te inis afirmaciones pueden generalizarse á todas las de su género que se 
han formado y siguen formándose bajo los auspicios de una idea tan noble 
y desinteresada como es la de amar la ciencia por la ciencia. 

En sociedades como la nuestra hay una fuerza pasiva de gran influjo y 
que es quizá una de las que más influyen en su engrandecimiento: la su- 
presión completa de fines mutualistas. 

En efecto, todos sabemos lo interesado é innoble de la conducta huma- 
na, cuando median intereses que constituyen así su norma suprema. El 
mutualismo es un tósigo mortal para las sociedades científicas jóvenes, 
porque preponderando y sobreponiéndose á todo lo demás, viene á consti- 
tuir el único punto de mira de los socios en el cumplimiento de sus obli- 
gaciones. Las obligaciones al cabo llegan á reducirse á la integración es- 
crupulosa de una cuota que en nada coadyuva al adelanto intelectual de 
la sociedad. 

La tercera condición f avoi'able para que las sociedades como la nuestra 
persigan con firme decisión el logro de sus anhelos, es el encariñamiento 
natural que por todo lo gi'ande y lo noble sienten los que empiezan apenas 
á emprender los primeros combates, á intentar las primeras victorias, á so- 
ñar en los primeros triunfos. 

Y todas estas fuerzas convergentes, dan una resultante vigorosa qne 
impele á la colectividad por la vida del engrandecimiento y agrega nuevo 
bñllo á blasones ya de por sí limpios é inmaculados. ¿Puede nuestro país- 
comprender el valor de estos esfuerzos, está en aptitud la masa de los ciu- 
dadanos de interpretar el valor de estas labores? Por desgracia todavía no, 
porque todavía nuestro país (no obstante su gigantesco adelanto material) 
no puede designarse como país eminentemente científico. 

Todos nos hemos obligado á desplegar nuestras energías en vista de un 
utilitañsmo práctico que es el único que puede ayudarnos en la lucha pe- 
renne por la vida; todos los que aqȒ nos reunimos mensualmente, senti- 
mos honda tristeza de poder consagrar tan sólo momentos, y momentos fu- 
gitivos, robados al trabajo cuotidiano para emplearlos en estudios especu- 
lativos. 

Y al arrebatar esos momentos á la cátedra, á la oficina, al empleo, ca- 
si siempre al descanso, lo hacemos con temor, con inquietud vacilante, co- 
mo si cometiéramos un hurto á la labor utilitaria que nos suministra la 
subsistencia. 

No hemos llegado á la época propicia para la florescencia de sabios, de- 
pensadores, de filósofos ó de naturalistas. 



9 

Esa misma colectividad de ciudadanos ( muchos de ellos ilustrados) 
lanza el anatema ó el escarnio sobre el investigador de buena fe que reci- 
be como irónico bautismo el nombre de teórico. 

Nuesti'a época se conforma con empíricos experimentadores y cuan- 
do mucho solicita prácticos con un barniz superficial de teoría. 

Y es una monstruosa injusticia, herir con un sarcasmo tan gi-atuito á 
los que pugnan por vencer los azares de la teoría para dar así bases funda- 
mentales á la experiencia y á la observación. ;^ 

Ahora bien, el empeño de vencer esa inercia dimanada de la rutina 
y de absurdos tradicionales, debe ser el fin de las sociedades científicas jó- 
venes; ellas son las que impartiendo su protección moral á los hoinbrés 
«ientíficos, deben difundir el amor por la ciencia en bien y provecho de la 
patria. 

Ellas son las que con su persevei'ancia, con su fe, con su juventud y 
vigor, por medio de certámenes y de conferencias pvíblicas, han de ir levan- 
tando el nivel de esta patria que contando en el pasado con proceres ilus- 
tres, llegó un momento á desfallecer en su empresa detenida en sai cami- 
no por tempestades i'evolucionarias y por hecatombes sangi-ientas. Mas 
hoy que la paz brinda su sombra bienhechora j presta su amjjaro á la in- 
dustria, al comercio y á la prosperidad; hoy es oportunidad plausible, para 
que la ciencia mexicana avance firme, resuelta y triunfante; difimdiendo 
»u luz por los vastos confines de nuestro tenitorio; y á nosotros los socios 
de las agi'upaciones jóvenes y ambiciosas de gloria, toca cumplir una labor 
tíin magna; á nosotros corresponderá una parte del tiiunfo. 

Entrad sin temores á la cruzada que os habéis impuesto voluntaria- 
mente y no desmayéis ni un momento, recordad que lleváis un estandarte 
glorioso, que os anima un fin noble y que tenéis la obligación de dar lus- 
ire perenne al venerable anciano que nos patrocina y que pendiente de 
nuestros actos preside con augiista majestad nuestras labores. 

Maxcel Torres Torija, M. S. A., 

Ingeniero Civil y Arquitecto. 



Revista [1800-19011—2. 



DON GUMESINDO MENDOZA. 



Leído en la sesión que le consagró la Sociedad. "Álzate." 

Digno de todo encomio es el hombre que despreciando las vanidades 
de la vida, consagra los momentos fugaces de la existencia al estudio y al 
trabajo; pero de más alto mérito resalta quien por sus propios esfuerzos y 
surgiendo de la nada, con perseverancia y honradez alcanza una firme po- 
sisión social. 

Palpitante ejem^^lo de este iiltimo caso, es el modesto sabio á quien 
en justicia consagi'amos la sesión de hoy. 

Muchos de vosotros habréis oído hablar del Profesor Don Gumesin- 
do Mendoza; otros quizá por vez primera os interesareis por lo que se diga 
acerca de él; que bien merece una completa biografía, el que supo compen- 
sar las desgi-acias de la vida con el almíbar saludable que destilan los li- 
bros. 

Era un comj)leto indio otomí, nacido en el corazón del país habitado 
por la tribu, en el Estado de Querétaro, ¿En qué fecha? Lo ignoro: el caso 
es qvie era hijo de un peón de una hacienda y sin más elementos que el in- 
fortunado trabajo de su padre, hasta que un cura le llevó como sirviente 
á su casa. El niño Mendoza empezó á demostrar cierta aplicación que no- 
tada por el buen cura, hizo que éste le enseñase latín. Poco tiemgo des- 
pués lYASÓ el joven mendoza á la Huaxteca donde un señor Doctor Medina, 
le projwrcionó discípulos de aquella lengua, consiguiéndole más tarde una 
beca en el Instituto Literario del Estado de México, que á la sazón dirigía 
el Licenciado Don Felipe Sánchez Solís. El camino estaba trazado y por 
él siguió recto nuestro joven sin desperdiciar minuto consagrado al estu- 
dio del curso de Filosofía. 

Por el año 1855 vino á la capital, concluidas sus labores escolares en 
el Instituto de Toluca, ingresando como alumno de Farmacia en la Escue- 
la de Medicina. Pobre y exhausto y sin un centavo en el bolsillo ni siquie- 
ra para proveerse de libros, pidió ayuda á quien más tarde fué su compa- 
ñero íntimo y su amigo predilecto: á nuestro sabio Presidente honorario 



11 

perpetuo el Sr. Don Alfonso Herrera, á cuya bondad debo la mayor parte 
de los datos que consigno en este rá^ñdo bosquejo. 

Toda%áa de estudiante y para proveer á su subsistencia, entró de de- 
pendiente á una botica, donde se aplicó más y más para adquirir mayor su- 
ma de conocimientos en la química y en la farmacia. Al fin llegó á la me- 
ta de sus afanes, el valiente luchador, el niño que á los diez años de su edad 
quizá no hablaba otra lengua que la indígena de su padre: en 1858 recibió 
el título de Farmacéutico, siguiendo, primero de dependiente y mas tarde 
de Profesor en una botica. Juntos los Sres. Herrera y Mendoza, empren- 
dierofi al poco tiempo, con sin igual tesón, el estudio de la Botánica, muy 
exiguo por entonces, cuando no había más cátedra que la de Don Pío Bus- 
tamante en Minería. 

En sus excursiones de naturalistas descubrieron de modo casual la 
Cantari/ia eusera, muy superior á la extranjera en sus efectos terapéuticos, 
formulando ambos un estudio que subscribieron juntos publicándolo en 
un periódico político; pero es de adv^ertir que hubo de darse dicho trabajo 
á la estampa mo\'idos los Sres. Herrera y Mendoza, de un hondo patriotis- 
mo; pues un expedicionario francés del tiempo de la Intervención informa- 
ba acerca de los conocimientos de los mexicanos en Historia Natural y en 
Medicina, poniéndonos de oro y azul. 

Esta, fué la primera etapa de nuestro Don Gumesindo en la que su 
nombre aparecía con letras de molde honrando á la adorada y cara Patria. ■ 

Por aquellos días sus estiidios subsecuentes le valieron un asiento en- 
tre los conspicuos galenos de la Academia Nacional de Medicina, y ya tu- 
vo abierta la Gaceta para publicar en ella sus investigaciones sobre plan- 
tas del país. 

Un nuevo laiu'el añadió á la corona de sus victorias científicas con- 
quistado en una oposición á la plaza de profesor adjunto de Análisis quí- 
mica en la Escuela Nacional de Medicina. Por 1867, bajo el Gobierno de 
la República y recién derribado el Imperio, sirvió la plaza de profesor 
de Química en la Escuela de Agricultura y en la de Artes y Oficios para 
hombres. 

Las enfermedades del insigne maestro Don Leopoldo Río de la Loza, 
le hicieron abandonar su amada cátedra de química en Medicina; substitu- 
yéndole en ella, con notable acierto, su antiguo discípulo y adjunto Don 
Gumesindo Mendoza. 

Cuando en 1868 los cultivadores de nuestras Ciencias Naturales peu 
«aron en la creación de la Sociedad de Historia Natural, el señor Mendoza 
contribuyó á la realización de hi idea, siendo uno de los fundadores; de- 
biéndole igual honor la Sociedad Farmacéutica Mexicana. 

Reconocidos en nuestro sabio sus indisputables méritos, el Gobierno 
de Tuxtepec le otorgó el nombramiento de Director del Museo Nacional 



12 

plaza que acababa de abandonar el distinguido literato Don Ramón Alca^ 
raz, cuyas ideas políticas hubieron de arrastrarle á la caída del Sr. Lerdo. 

Ya en el importante puesto de aquel Establecimiento científico, dio- 
mayor ensanclie á su erudición y á su talento; consagróse de lleno al au- 
mento y clasificación de los ejemplares; fundó el interesante periódico de 
Ips Anales, y en unión del Dr. Don Jesús Sánchez j dio á la estampa el pri- 
mer catálogo de las Colecciones Histórica y Arqueológica. 

Nuevo rumbo daba el Sr. Mendoza á sus inquisiciones científicas. En- 
las páginas de los Anales, se le ve descollar como investigador filosófico, y 
como diatinguido lingüista. Además del otomí, que era su idioma natal; 
como se dijo al principio, y del castellano, el Sr. Mendoza, debido á sus ex- 
clusivos esfuerzos, aprendió el francés y el inglés, el alemán y el griego,, 
el mexicano y el sánscrito, más el latín de que ya había sido profesor. 
Muestra evidente de tales conocimientos, son sus trabajos de traducción 
del náhualt al castellano que aparecen en los Anales; y su laborioso estu- 
dio comparativo de bocablos aztecas y sánscritos que publicó en el Boletín 
Ja Sociedad de Geografía y Estadística. 

Una terrible enfermedad mental, agotó por completo aquel tempe- 
ramento forjado sólo para el trabajo y sólo para el bien. 

Los iiltimos días de aquella laboriosa existencia fueron penosos, y al 
fin se abrió la huesa para recibir en el Tepeyac los despojos mortales del 
señor Mendoza, el año de 1883.. 

He deseado, señores, trazaros á grandes rasgos, un débil boceto de la- 
vida científica del humilde sabio á quien honramos, para destacar mejor 
los méritos y las grandes cualidades que le hacen digno del respeto á su 
memoria y de justa remembranza. 

Elevado desdp lamas baja esfera social hasta el puesto que él mism»- 
se labró, le vemos al través del tortuoso camino de la vida, constante, hon- 
rado, estudioso, inmutable, presentándonos un vivo ejemplo de lo que pue- 
de el hombre mismo con sólo esta palabra : voluntad. 

Cuántos hay que contando, no digamos con abundantes, con los pre- 
cisos elementos, lejos de hacer el bien y dar honra al suelo en que nacieron, 
sólo tienen por labor ingrata impedir que otros descuellen. 

El Sr. Mendoza abrió las puertas del Museo á todos los estudiosos; y 
como hombre privado tuvo también un bello corazón. 

Felicito con el alma á nuestra Sociedad por haber hecho un acto de. 
justicia; y me felicito á mí mismo, por contribuir con mi humilde colabo- 
ración á honrar la memoria de un compatriota verdaderamente sabio jf- 
modesto. 

México, Agosto 7 de 1898. 

Jesús Galindo y Villa, M. S. A. 



Vó 



SESIONES DE LA SOCIEDAD. 



Octubre 9 de 1898. 



14'.' aiiirersario de la fuiularión de l:i Soriedad. 
Presiilencia del Sr. Ingeniero D. Joaquín de Mendizábal y Tamborre!. 

El Secretario perpetuo hizo á gi-andes rasjgos una relacióu de los pro- 
fCce'-Oíi de la Corporación y del estado qiie guarda hasta el día. 

Trabajos. — Dr. M. Uribe Troncoso. Traiamienio quirúrgico de la 
miopía elevada. 

Presentó dicho socio á la enfenna operada á que se refiere su nota y 
hahiéndola examinado los Dres. Ábrego, Vergara Lope y Villaseñor, co- 
TOunicaron á la Sociedad que el éxito obtenido había sido perfecto y feli- 
citaron al Dr. Uribe por ti-atarse de una operación que por primera vez se 
ejecuta en México. 

Ing. J. Galindo y Villa. Composición arquitcctóiücn. Idea de un vio- 
n amento á la Independencia Nacional. 

Prof. A. L. Hen-era. /s7 origen de los individuos (Continuación). 

M. Martínez (iracida. Descripción del rio Tonto (Memorias, XII, púg. 
til). 

Ing. .1. de Mendizábal. Análisis matemático. Una clase de funciones 
unúloyas á la función gnitia. 

Ing. G. B. y Fuga. Crna plano inédito de la región SW. del falle de 
México formado por la Comisión Ilidrográfica. Dio lectura á una parto de la 
extensa memoria qui' se ocupa do la hidrografía, geología, etc., con el fin 
principal deconof-í-r los manantiales de agua que puedan apvovechars ' pi- 
ra la ciudíul de M'-xico. 

El Sr. Prof. A. L. HeiTcra hizo notar que Cosmos de París publica 
algunoH consejos i)ara el mal de las montañas que son idénticos á los que 
en compañía del Dr. Vergara Lope da en la obra La vie sur les hauís pla- 
ieáux escrita Iiace tiempo y cuya impresión se ha retardado más de dos años. 



14 

El mismo socio hizo vina moción á ñn de que la Sociedad inicie ante 
los goljiernos de los Estados en que abundan los alacranes ponzoñosos, que 
rematan ejemplares de éstos al Instituto Pasteur de París en donde muy 
probal^lemente encontrarán el antídoto de su ponzoña, como lian hallado 
ya «1 de las serpientes venenosas. 

POSTULACÍÓN. Para socio de niunero: Dr. Emilio Bose (jB. Ordóñez 
y jR. Af/uilar). 

Nombramiento. Socio honorario: 

De. E. Jogqs, Prasidente de la Sociedad Oftalmológica de París. (Dív 
M. Urihe Troncoso y R. Ayailar). 



* 

Noviembre 6 de 1898. 

Presidencia del Sr. Dr. Manuel üribe Troncoso, Vicepresidente. 



Dedicada al distinguido artista 
I). José Mauzo. 

El socio Ing. J. Galindo y Villa leyó un una corta reseña del Si\ 
Manzo. 

Trabajos. — Dr. Vergara Lope. — Los sanatorios para tuberculosos en 
el Valle de México. (Memorias, XIV, p. 363). 

Dr. A. Dugés. Un cJdlacayote monstruoso. (Memorias, XII, p. 91). 

Prof. A. L. Herrera. El origen de los individuos (Continuación). 

El mismo socio presentó un paso curioso de mimetismo: unas espigas 
recogidas en Amecameca, que á primera vista parecen orugas. 

Prof. A. L. Herrera y Dr. R. E. Cicero. Determinación del cráneo de 
los ilaltelolcas en el cual exponen un nuevo método gráfico que puede tenei" 
numerosas aplicaciones. 

Prof. R. Aguilar. La clasificación de Dewey aplicada á las cienoia$ 
geológicas. 

Dr. R. Norma, Aplicacián de la acústica física á la enseñanza oral de 
los scrdo-^iudos. 

Prof. L. G. Seurat. Sur la Faune des lacs et lagunes du Valle de Mé- 
xico. (Revista, 1898-99, p. 65). 

El Presidente hace una felicitación al Sr. Ing. Joaquín de Mendizá- 
bal Tamborrel por haber sido nombrado miembro honorario de la Sociedad 



15 

Científica Ai-geutina, y al Sr. Profesor R. Agiiilar por su nombramienro 

de socio correspondiente de la misma corporación. 
Nombramiento. Socio de número: 
Dr. Emilio Boese, del Instituto Geológico Nacional. 



Diciembre 11 de 1898. 

Presidencia del Sr. Dr. M. Uribe Troncoso. 



Consagratla á la memoria del eiuineute historiador 
D. Fernando de Aira Ixtlilxóchitl. 

Trabajos. — lug. J. Galindo y Villa. I. Apuntes para facilitar eJ estii- 
tho de la Este reotomía. — II. La Jauta Xacional de BiMioyrafia científica. 
(Revista, 1898-99. p. 7). 

Prof. A. L. Herrera. El origen de los individuos (Continuación). Un, 
proíoplama sintético alveolar. — Presentó además unos trazos esfigmográficos 
de las vibraciones de los líquidos, que comprueban su teoría. 

Dr. R. Norma, Aplicación de la acústica física d la enseñanza oral de 
los sardo-mudos. (Continuación). 

Ing. F. M. Rodríguez. La arquitectura azteca aplicada dios monumen- 
tos aislados. • 

Dr. M. Uribe Troncoso. Extracción del cristalino trasparente en la 
miopía elevada. — Presentó un nuevo caso operado con éxito. 

Dr. F. F. Villa.señor. Método general de estudio de los cuerpos grasos 
de M-igen vegetal. 

El Presidente recordó que el próximo día 2 de Febrero de 1899 debe- 
rá eelebrar la Sociedad el primer centenario de la muerte del insigne P. 
Álzate. 

Postulación. Para socio de número: Ing. Eugenio Almazán (Orope 
la. AUamirano, I'odríguez, Aguilur y Galindo). 

Nombramientos. Socios honorarios: 

Ing. Manuel F. Alvarez, Director déla Escuela N. de Artes y Ofi- 
cio«. (Galindo, Rodríguez, Oropesa y Aguilar.) 

Dr. Ch. A. Oliver, oculista, Filadelfia. (Dres. Uribe, Ciccroy Norma). 

El Secretario anual, 

Dr. R. E. Cicero. 



16 



bibliografía. 



Legons sur la Théorie des formes et la Géométrie Analyti- 
qne supérieure, á Pusage des étudiants des Facultes des Scien- 
ces par H. Andoyer, Maitre de Conférences a la Faculté des 
Sciences de Paris. — París. GautMer-Villars. 1900. Tome I. 8? 
gr. vi-508 pages. 15 fr. 

Expone el autor en esta obra de una manera didáctica la Teoría de 
las formas y su interpretación geométrica general. El tomo I que ha apa- 
recido recientemente contiene las formas binarias, ternarias y las que de 
estas se derivan. El Tomo II contendrá la teoría de las formas cuaterna- 
rias y su aplicación á los espacios de tres dimensiones. 

El tomo' publicado trata de las siguientes materias: 

Geometría binaria. Teoría general de las invariantes de los^ sistemas 
binarios. Formaciones invariantes generales. Los sistemas lineales. Las 
resultantes y las discriminantes. La forma bilineal. Los sistemas cuadra- 
ticos. Formas canónicas en general. Formas cúbica, bicuadrática y quíñti- 
ea. Formas lineo -cuadrática y doblemente cuadrática. Estudio directa 
de las formas de dos series de variables. Greometría métrica binaria. 

Geometría ternaria. Teoría general de las invariantes de los sistemas 
temarios. Sistemas lineales. Elementos coráunes á dos ó varias series. 
Greneraciones diversas de las series ternarias. Forma bilineal y homográfi- 
ea. Serie cuadrática. Sistema de dos formas cuadráticas. La corresponden- 
cia recíproca entre dos espacios coinoidentes. Sistema de dos formas bili- 
neales. La correspondencia cuadrática biracional. Estudio geométrico de 
la red de series cuadráticas. Serie cúbica. Forma trilineal. Serie cuártica. 
Geometría métrica ternaria general y especial. 

J. J. Thomson, D. Se, F. E. S. — Les décharges électriques dans 
les gaz. Ouvrage traduit de Tangíais, avec des notes par Louis 
Barbillion, Docteur es Sciences. Préface par Ch.-Ed. G-uillau- 
me. — Paris, Gauthier-Vülars. 1900. 8° xiV-172. pages, 41 fig. 
5fr. 

Extrait de la Préface. Parmi les sujets tres nombreux dpnt les pbysi- 
ciens se sont proposé l'étude au cours du siécle qui va finir, il en est peu 
qui aient passé par des alternatives de f aveur aussi marquées et d' aussi 
complet abandon que celui des décbarges électriques dans les gaz raréfiés. 



17 

Dans toutesles expériences ancieunes, ees pliénomenes sont tellement 
éloignés de ce que pouvaient connaitre les chercheurs, qu'ils apparaissent 
<'omme dans un loiutain simplement entreva et non exploré. Vers 1869, 
les belles experiénces de Hittorf conduisent a uue premiére idee de la ma- 
niere dont se comporteut les décliarges á Tiutérieur des tubes! De lui á 
Crookes, l'iutiírvalle de temps est peu étendu, mais le progrés est considé- 
i-able, pai'ce que nous voyons pour la premiére f ois une coordination com- 
plete d'une partie des pliénomenes et leur rattachement a d ' autres f aits, 
connus: tandis que les physiciens seuls avaient remarqué les travaux de 
Hittorf, ceux de ■Crookes péuétrent la mase des esprits cuñeux, pour qui 
la notion d'un quatrieme état de la matiére atteint d'un seul coup une 
grande — je dirais volontiers une trop grande —precisión. 

Une f ois de plus le silence se fait; quelques physiciens suivent, avec 
iutérét, mais sans grande passion, les patientes recherches de Goldstein. 
cjr-lies de Wiedemann et de son école, et voient avee plaisir poindre, dans 
quelques e.xpériences de Hertz, l'aurore d'un renouveau. L'un de ses dis- 
í-iples les plus distingues. M. Philippe Lenard. les poursuit, et met, au 
jour les faits les plus singuliers, contraires, dans sa pensée, á l'hypothése 
de Crookes. De cette époque datent les premieres expériences de l'auteur 
de ce Livre, dont les apports a la connaissance des pliénomenes qui nous 
«ecupent sont de premier ordre. 

Ou .se souvient de l'espece de stupeur — ce raot ii'a rien d' exageré — 
qui étreignit les physiciens á l'annonce de la memorable expéiienee de 
Kiintgen, gagnaut d'un seul eoup des ceutaines d'adeptes a l'étude des dé- 
charges électriques dans les gaz. de telle sorte que cette expérience la fait 
subitement progres.ser plus que ne le promettaient dix années de reehe)-- 
ches. En mérae temps les applications pratiques de cette expérience, le ca- 
ractére en quelque sorte industriel qu'elle présente, raetteut aux niains 
de.s chercheurs de.s moyens d'action jn.squ'alors insoup^onnés. Deux chif- 
fre« en donneront une idee: tandis qu'au debut de l'année 189G, les mei- 
lleurs appareils permettaient seulemeut de produire des rayons de Rontgen 
susceptibles de noircir faibleiuent une plaque photographique en une de- 
nii-heure i, travera les chairs de la main, ou obtient aujourd'hui, en dix se- 
cundes, une bonue image radiographi(jne de toute une «age thoracique ou 
d'uu baHHÍji d'adulte. 

L'étude de8 décharge» dans les gaz, indépendamment de leurs effets 
♦•xtérieurs» marche de pair avec celle des rayons de Rontgen . . 

Í¿uelque»-une8 des idees qui, dans ees deriiiers temps, sont deveuues 
préfwndóranteH ne Hont pas entiéremeiit nouvelles: ainsi, la i-echerche du 
quotient des í-hargeH par les nia.sses qui les tiansjwrtent surgit deja, comme 
hypothése hardie, dans d'aiiciens travaux de M. Hchiister et de M. (riese. 

Kovista (1900-1901 1--?. 



.18 

L'auteur <Je ee Livre poasse cette i'eeiierclie plus loín qn'auciin de ses de- 
Tanciers, et an-ive á cette étonnante concltision que ce rapport est le mé- 
me pouT tous les éléments eomposant le rayón catliodiqíie, qnel que soit 
le gaz eontenu dans le tube, ee qui le eoiiduit a eonsidérer la molécula de 
toute origine comme séparée en des éléments semblables. Que Ton suive la 
voie inversa et l'on pourra reconstituer, avec les éléments épara, une ma- 
tiére quelconque, et la possibilité de la transmutation, pour des quantités 
infinitesimales de matiére, il est vrai, apparait eomme tine vérité palpable. 

Mais les résultats si curieiix de M. J.-J. Thomson peuvent admettre 
nne autre intei'prétation: N'est-il pas possible, demande M. Villard, de 
ti-ou^ver constamment un méme corps dans les tubes a vide, quel que soit 
le gaz que l'on a voulu y enfernaer? D'ingénieuses expériences rendent 
rafirmative tres probable. Les rayons échappés de la catliode sont toujours 
fortement réducteurs; il se peut qu'ils soient, dans tous les cas, constitués 
par de l'bydi'ogene, dont, par décomposition de l'eau adhérente, les parois 
du tube foumissent toiíjotirs des quantités notables. La réfutation n'est 
peiit-étre pas définitive, mais l'étrangeté de 1' interprétation de M. J.-J. 
Thomson nous conduit a accueiilir avec f aveur toute explication vraisem- 
blable des phénoménes qui permettrait de Téearter. 

C'est surtout á cet ensemble de phénoménes dont je viens de rappe- 
1er les traits essentiels, qu'est consacré l'Ouvrage de l'éminent professeur 
de Cambridge. Le traducteur a en soin de résumer dans une serie d'excel- 
lentes notes les faits postérieurs a la publication de V original, et se rap- 
portant immédiatement au sujet principal 

Table des Matiéres. 

I. Décharyes électñques dans les gaz. Communication d'une oharge 
électi-ique a un gaz. Eiectrisation d'un gaz par voie chimique. Electrisa- 
tion d'un gaz mis en liberté pai" électrolyse. Formation d'un nuage autour 
de gas électrisés. Eiectrisation produite par la chute et Técrasement de 
gouttelettes sur une conche du méme liquide. Eiectrisation d'un gaz au 
moyen des rayons de Rontgen. Ríidiations uraniques. — II. Efftes photo- 
rJectriques. Eiectrisation dans le voisinage d'une décharge par are L'are 
dans l'hydrogéne. Conduction a travers les gaz chauds. Conduction par 
les flammes. Influence d'une décharge sur l'apparition, au sein d'un gaz, 
de propriétés conductrices. Électrolyse d'un gaz. Courtes étincelles. Etin- 
celles moyennes. Longues étincelles. Transport d'un gaz au sein d'un 
autre gaz. — III. Bayons catJiodiques. Pi'opriétés des rayons cathodiques. 
Effets thermiques produits par les rayons cathodiques. Effets mécaniques 
produits par les rayons cathodiques. Action d'un aimant sur les rayons ca- 
thodiqíies. Pareours des rayons dans les diñerents gaz. Forme de la trajec- 
toire des rayons. Charge électrique emportée par les rayons cathodiques. 



19 

Repulsión miituelle des flux de rayons cathodiques. Expérience de Lenard. 
Déviation magné fique des rayous de Leuard. Théories proposées sur lana- 
ture des rayons cathodiques. 

Notes. Déperdition á la surface d'un liquide électrisé. — Etectrisa- 
tion pai- combustión. — Electiisation de ratmosphére. — Sur les différences 
entre les propriétés de l'air éleetiisé par la déeharge d'un corps sous Tac-, 
tion de la lumiére ultra-violette et sous celle des rayons de Eontgen. 1? 
Lumiere ultra-violette; 2? Rayons de Rontgen. — Rayous uraniques. —Pre- 
mieres expériences de MM. Blondlot et Bicliat. — Déperditions positive et 
négative. - Influence de la nature de la lumiére sur les effets pkoto-élec- 
triques obtenus. — Simultanéité de réelairement et de l'apparition des 
effets photo - électi-iques obtenus. Simultanéité de l'éclairement et de 
l'apparition des effets photo-électriques. Inñuence de la tempéi'ature sur 
les phénoménes ac tino- électiiques. — Vitesse de déplacement des parti- 
cules électrisées. Rayons X et rayons cathodiques. — Sur afflu.x catho- 
dique. 



Eléments du calcul et de la mesure des courants alternatifs 
par Omer de Bast, Ingénieur, Répétiteui* á l'Institut Electro- 
teclinique Montefiore, Professeur á l'Ecole Industrielle de 
Liége. — Pari.s, Lihruiríe Poli/technique, Ch. Béranger. 1900. 8" 
190 pages. 75 fígs. 7 ív. 50 relié. 

• 
Este tomo es un extracto del Conrs (Vélectricitc de FÉcole industrielle 
de Liége publicado en 1899 y está dedicado á los electricistas que no ten- 
gan los conocimientos matemáticos suficientes para leer las obras que tra- 
tan las corrientes alternativas por el cálculo diferencial é integral. El au 
tor generaliza los razonamientos demostrando su exactitud, no obstante e) 
carácter elemental de la exposición. 

He aquí las materias contenidas en la obra: Relaciones entre las maf/- 
II Hude» eléctricas en los circuitos de eort-ientes alternativas. Representación 
gráfica de las magnitudes alternativas de la electi'otécnica. Dependencia 
de la diferencia de potencial y de la intensidad de la con-iente entre dos 
l'untos de un circuito. Repartición de la energía eléctrica en circuitos re- 
corridos por corrientes alternativas. Combiiincionf^s jioliñiseas de corrieu 
t<-.s alternativas. Aplicaciones. 

Medida de la» marjnitudes. Intensidad de la corriente. Cantidad de 
♦•lectrieida*!. Diferencia jde potencial. Potencia y energía eléctricas. De- 
'luccionesde las indicaciones simultáneas de los amperémeti'os, vóltmetros 
V wátraetroH. 



20 

Constrnction des Asiles d'aliénés. Par J. Sandret, Architecte 
du Gouvei'nement. — Parie, Librairie Polyteclinique. Cli. Bé 
ranger. 190O. 8? 160 pages, xxv planches. 10 fr. 

La construcción de los edificios que la caridad ó las administraciones 
levantan para el alivio del desgraciado, ha realizado inmensos progresos en 
la higiene hospitalaria gracias al estudio detenido del objeto de cada edifi- 
cio y al trazo de un progi'ama que tenga en cuenta todos los medios y cir- 
ciuistancias. 

Por eso el presente libro nos parece de grande utilidad pi;es pone á 
la vista del lector los perfeccionamientos intrwlucidos en la construcción 
de asilos de dementes, presentando una repasta de las diversas pai'tes que 
lo constituyen, relatando las visitas hechas personalmente por el autor á 
varios establecimientos, y haciendo en fin, el examen de los numerosos 
planos y documentos que le fiieron suministrados por Directores y Auto- 
ridades. 

Principia por trazar iin programa teniendo en cuenta el niimero, sexo 
Y edad de los enfermos, su condición moral con relación á la Sociedad, 
etc., y estalxleciendo juiciosamente sus diversas dependencias, servicios, 
talleres, etc. Trata en seguida de la elección del lugar y la agrapación de 
las construcciones, de las dimensiones de los pabellones y de las salas de 
enfermos y de su calefacción y ventilación. Se ocupa después de los cuar- 
teles que pueden establecerse para observación, para niños, ancianos, epi- 
lépticos, pacíficos, trabajadores, convalecientes, agitados, para la enferme- 
ría, cocina y dependencias, baños, celdas. A continuación trata de los ser- 
^dcios generales: administi-ación, servicio médico, almacenes y dependen- 
cias del ecónomo, cocina y dependencias, servicios religiosos, alojamiento 
del conserge, del jardinero, salas de recibir y de esperar, baños é hidi'ote- 
rapia, sala de reuniones y de conciertos, biblioteca para los enfermos, la- 
vandería, panadería y anexos, tallere-s, dependencias diversas, servicio de 
Kgiias, dei-rames, atargeas, aiumbrttdo, etc. 

Termina esta interesante obra con la descripción detallada de los Asi- 
los franceses de Saint-Ilie, Mareville. Mai-sella, Mondovergnes, Lesvellec. 
Alenzon, Rúan (Saint- Yon y Quatre-Mai-es). Duiy, y los del Sena en Mai- 
son-Blanche (Yille-Évrard), Vaucluse, Villed-Évrard y Villejuif, conclu- 
yendo con importantes consideraciones relativas á la construcción de los 
asilos de dementes en Inglaterra y Escosia, ocupándose circimstanciada- 
mente de los de Claibury, Morningside, Gartloch y Perth. 



21 



Erreur trouvée daas les TaUes des Logarithmes á huit deci- 
males du Se^^^ce Géographique de l'Armée ( Paris, 1891). 



Au lieu de 
lissez 
México, 1900. 



Log. cot. 34<'53"60^" 
0.21981237 
. 0.21981257 

J. DE MendizábaIí Tamborrel, M. S. a., 

Astronome. 



NOTES DE MM. SECQUES ET QUINTON 

Sur la Reforme de la Nomenclature de M. Herrera. 

"D'abord un de mes coUégues de la Société Zoologique M. Secques, 
pharmacien des hópitaux, m'écrit: 

" Je vous remercie infiniment de labrocliure que vous m'avez adres- 
•sée. Elle m'a d'autant plus intéressé que dans ees demiéres années j'ai 
••parcouru et relevé toutes les especes etles genres décrits dans nos publi- 
"cations. Le pro jet de M. Herrera est des plus justes et souvent dans mes 
•'travails j'ai senti le besoin d'une reforme, mais les regles de la Nomencla- 
•'ture proposées par la Société Zoologique de France ont deja assez de dif- 
"ficultés á s'imposer, malgré leur evidente supériorité sur le désordre que 
"votre proposition contribuerait á détruire. S'il se rencontre des genres 
•communes aux deux régnes de la nature, rien encoré n'indique auquel 
atribuer une espéce citée simplement sans description." 

"L'autre réponse emane de M. Quinton dont vous avez dü entendre 
|»arler a propos des intéressantes expériences communiquées á l'Acadé- 
raie des Sciences de París et qui démontraient que la vie étant apparue 
dans un milieu aquatique, chaud et marin, la vie devait continuer íi se f ai- 
re dans un milieu également marin." 

".Je viens de lire avec beaucoup d'intérét votre travail sur la refor- 
me de la nomenclature proposée par M. Herrera. II est évident qu'uue 
reforme s'impo.se et qu'elle ne peut tarder a étre opérée. La nomenclatu- 
re aíítuelle exige de» efforts inútiles, coúte un temps infini et nefavorisc 
■f/y^ la fatise scienw, l'ancien pédantüme. Le jour oü nous aurons une no- 
• menclature désignant a la f oís l'espfece, le genre, l'ordre, la clas.se, lenom- 
hrc des heures inutilemente perdues par tíjute une catégorie d'homme.s 
d'élit*. diininuera d'une fíM;on satisfaisante. " 



22 . 

"Je ne crois pas que la reforme de M. Herrera soit encoré au point. 
'íl me semble par exemple que V orare qui'il uéglige, devi-ait preñare le 
"pas sur la classe; celle-ci pourrait étre iudiquée par une simple iuitiale: 
"I. Hémicerojilasteus x^sidU. 

"Vótre critique sur l'article II (nécessité d'indiquer le genre) me pa- 
"rait fondee. En somme, il faudrait déterminer par une étude approffon- 
'•die les conditions les plus avantageuses de la reforme mais, ce qu'il est 
"certain c'est que cette reforme, sur le plan general de M. Herrera, est 
'■nécessaire." 

"Je ne saurais done trop vous approuver pour ma part dans la cam- 
pagne cu vous vous-engagez. — une ceuvre utile et capitale est au bout. " 

"Ces appréeiations me paraissent dign^es d'étre retenues, car, je vous 
le repéte, elles viennent d'un esprit des plus judicieux." 

"En fait je crois qu'il fatit attendre le 5 eme Congres International 
de Zoologie, qui se tiendra á Paris en 1901, pour pousser une attaque de 
f ront devant les zoologistes des quatre parties du monde qui y assisteront." 

X. Easpail, M. S. a. 



DETALLES SOBRE LA MUERTE DEL ILUSTRE MICHOACANO 
DON M:ELOHOII OCAJs/LF'O. 

Coino de cosa bien averiguada y peiíectamente sabida, al leer las na- 
rraciones de "cómo murió el Sr. Oeampo, " jamás me ocurrieron dudas to- 
cante á ese punto de nuestra' historia contemporánea. 

No es esa hoy mi creencia, pues colocado durante algún tiempo en el 
teatro de ese acontecimiento, creo poder esclarecer y definir, con la mayor 
garantía de exactitud posible, uno de los actos más censurables de nues- 
tras luchas fratricidas. 

De los testigos abonados de ese lamentable hecho quedan hoy día en 
el pueblo de Tepexi del Eío, tan sólo dos; los Sres. Don Nicolás Alcántara 
y Don Piedad Trejo. 

Del primero es la narración de la fúnebre tragedia, único punto de 
que me ocuparé en esta breve nota. 

Dice el Sr. Alcántara: "Cuando el fusilamiento del Sr. Oeampo, te- 
nía yo unos quince años de edad y era dependiente de la casa de comercio 
"Las Palomas" que tenía anexo un mesón y la Casa de diligencias. 

El día 3 de Junio del año 1861, como á las 11 de la mañana, llegaron 



23 

á Tepexi, de la Villa del Carbón, unas fuerzas conservadoras, al mando del 
General Don Leonardo Márquez, y le acompañaba el General Presidente 
de la Eepública Don Félix Ziiloaga, los que se aposentaron en uno de los 
euai'tos de la Casa de diligencias. 

Inmediatamente conió la voz por todo el pueblo de que traían im pre- 
so de importancia, el que fué encarcelado en el mesón de "Zas Palomas", 
y en el cuarto núm. 8. situado en el ángiilo N. E. de él. 

Al poco tiempo de haberse efectuado lo antedicho, se presentó en la 
tienda donde }'o servía, el oficial que mandaba á los soldados que custodia 
ban al preso y á quien pregunté "quién era él;" y me contestó, ser Don 
Melchor Ocampo. Terminaba apenas su contestación, cuando se me pre- 
.sentó un mozo de la casa, diciéndome que el preso pedía un vaso de agua; 
lo serví desde luego y entregiié al criado yéndome detrás de él, pues de- 
seaba conocer á tan respetable per.sonaje. Le vi desde la puerta de su cuar- 
to y estaba sentado junto á una pequeña mesa, tan sereno y tranquilo que 
ui le veía señales de cansancio, por el camino reconido. 

Poco antes de medio día pidió pluma, papel y tintero, y entonces yo 
mismo le Uevé todas esas cosas encontrándole aún en la misma actitud en 
que le vi la vez primera. 

Con amabilidad y agi-adable sonrísa, me dio las gracias, y me retiré. 
Supe luego por el oficial que iba á escribir sx^testamento. 

A las 12 en punto se le sirvió su comida, la tomó toda con suma tran- 
'luilidad. 

A la 1 de la tarde entró á verlo el Sr. Cura Don Domingo Morales 
ofreciéndole los servicios de su ministerio á lo que el Sr. Ocampo con aten- 
ción y finuKi, según el mismo Cura más tai'de lo refirió, le dijo: "no se mo- 
leste vd., yo estoy bien con Dios y lo está conmigo. " 

Presto salió el señor Cura, y en punto de las 3 de la tarde, lo sacaron 
del nieHÓD moutadu en un caballo mapano. Vestía un saco de alpaca aplo- 
mado, y con un fuetecito iba acaiiciando la crin del caballo, y de cuando 
i-n cuando pasaba la mano por su melena. Nada denotaba en él susto, sor- 
])r<- a ó ira. 

En medio de más de 50 soldados salió del mesón por la Calle Real, 
rumbo á la Hacienda de Caltengo, que distará como una legua de Tepexi. . 

Al llegar frente á la ca.sa de esta Hacienda, según me lo refirió el ofi- 
cial Aldama, dijo quería adicionar su testamento, y atendido que fué su de- 
MíO Vjajó del caballo y en la pieza que está á la mano izquierda de la enfra- 
ila de la ca«a, .sobre una mesa de nogal que aun existe allí, escribió su co- 
dicii o Volvió á jnontar á caballo y como á unas 'JOO vaia« se le ordenó echu- 
Ktí pie á tieira. 

A«í lo ejecutíi, y de ahí fué conducido hasta una pequeña loma que 



.24 

hace el camino, y en liigar donde no había ni casas ni árboles, se formó el 
, cuadro. 

Momentos antes de la ejecución, repartió todo el dinero que traía, á 
los soldados que iban á fusilarle y casi en momentos de hacer fuego dio á un 
corneta chaparrito un peso que le había quedado en la bolsa: — Atinóte he 
dado nada, toma; ya antes había también regalado sus chaparreras de pelo 
amarillo al oficial Aldama. 

Quisieron hincarlo y vendarle, pero él no lo consintió, y viéndolo to- 
do y sin apoyarse en nada, recibió las descargas. 

Estas las alcancé yo á oir, dice el Sr. Alcántara y cuando llegué al 
lugar de la ejecución ya lo habían traído al otro lado de la zanja del cami- 
no y le estaban pasando una reata por debajo de los brazos con lo qiie lue- 
go después lo colgaron de un frondoso Pirú, y de su más gruesa rama que 
estaba hacia el Norte. 

Quedó el cuerpo siisi^endido con la cara al Poniente y la cabeza incli- 
nada al Norte, oculta en parte por las hojas y en parte por su ambundante 
melena El fusilamiento fué cerca de las 4 ó 4 y media de la tarde. Tenía 
un balazo sobre una de las mejillas y estaba la cara muy desfigurada. 

A las 5 de la tarde descolgaron el cadáver y llegó á Tepexi á las 6. Lo 
Ltvaron en la capilla del Sagrario unos panaderos de Don Piedad Trejo, y 
allí i^ermaueció hasta las 8 de la noche, que acabaron de hacer un mal 
ataúd de tablas, é inmediatamente se mandó á Cuautitlán en hombros de 
varios de este pueblo. 

Como detalles complementarios, dice el Sr. Alcántara, que los solda- 
dos vestían traje de ranchero y que el Ciira Morales salió tras el Sr. Ocam- 
po cuando se lo llevaban á Caltengo. 

Mostré al Sr. Alcántara la litografía referente á este acontecimiento 
que ilustra "JEl Libro Rojo," y me dijo era inexacto en conjunto y en deta- 
lles. Me llamó también la atención sobre la particularidad de haberse se- 
cado el tronco del Pirú, á poco tiempo del suceso relatado, de donde se sus- 
pendió al Sr. Ocampo y que otros más viejos que ese, aún conservan su lo- 
zanía, estando á poca distancia de él. 

Mudos testigos de ese trágico suceso, quedan hoy: el tronco podrido 
del pirú en la sala Municipal de Tepexi, un raquítico retoño del mismo, 
que sale de la raíz de él, que aún subsiste en su primitivo lugar; un humil- 
de monumento donde el ilustre patricio fué fusilado y la pieza quede sir- 
vió de cárcel, impíamente convertida en bodega de jabonería por el espa- 
ñol S. Lejarza que es el dueño actual de ''Las Palomas. " A esto hay que 
agregar la mesa y tintero que usó en la Hacienda de Caltengo, objetos 
que se conservan como reliquia y con dificultad enseñan los encargados de 
dicha finca. 

México. Junio 3 de 1900. -Dr. N. León, M. S. A. 






u 



iiloiio k\nk 



MÉXICO. 

Revista Científica y Bibliográfiica. 

-\hiii. 3}1. 1900-1901. 

DISCURSO PRONUNCIADO 



ACADEMIA NACIONAL DE BELLAS ARTES 

EL día 19 DE MARZO DE 1899 

con motivo de la solemne distribución de premios 

y sorteo de las obras 

presentadas en la XXIII Exposición; cuyos actos fueron honrados coa la asistencia 

del Señor Presidente de la República. 



Señor Presidente. 



Señoras. 



Señores. 



El Arte es cosmoijolita: en su divino rito caben las iniciaciones de to- 
das las liturgias, los ideales de todos los espíritus, las transfiguraciones 
de toda» las almas. Ks un dios soberano, que ata en un hilo diáfano y rosi- 
cler, los latidos todos de las razas humanas, uniendo las muecas inmutables 
délos colosos hindúes áloshierático.s misterios de las esfinges egipcias; jun- 
tando en un himno de amor las palpitaciones armoniosas del alma helénica 
á lo8 clamores vibrantes de los espleudoi'es romanos ; engarzando las poli- 
cromías bizantinas á las serenidades románicas, llevando los éxtasis mís- 
ticos del período gótico hasta aiTodillar.se en plena adoración ante las re- 
suiTCCciones eternamente inmortales del Renacimiento. 

El Arte ha saludado la aparición de los pueblos, inundando sus espí- 
ritus con efluvios de esplendor y de vida; ha arrullado á la humanidad eii 
la atmósfera diamantina de sus ensueños, ha mecido los anhelos humanos 
en loH aromas cerúleos de sus promesíis, lia arrebatado á la Naturaleza sus 

Revista [19UO-iyoi|--4. 



26 

colores para fijarlos en los lienzos; ha husmeado la epifanía de las blancu- 
ras y el crepúsculo doloroso de las penumbras para realzar la magia de sus 
relieves; ha levantado sobre la cumbre sacrosanta del Acrópolis el divino 
museo de la posteridad, ha trasmitido como savia fecunda la religión de 
sus encantos ; ha robado á los Dioses su carro y su tridente, para navegar 
entre aureolas, cruzar «ntre soles y nubes y extender en el mundo y en el 
tiempo como clámide apolínea su. cortejo refulgente de ensueños y su par- 
vada mariposeante de ideales. 

El ha abierto las alas de luz del sentimiento, lanzándolo al espacio 
para que en su vuelq caudal explore el infinito. 

¡ Y palpitó la estrofa en la lira de Homero, tembló la ironía en los epi- 
gramas de Aristófanes. Surgieron inundados pordiademas de gloria los 
héroes de Sófocles, los templos de Ictinio, las estatuas de Fidías ! Irguió el 
Discóbolo su musculación poderosa, sufrió Lacoonte su martirio patético, 
entonaron los Apolos sus himnos viriles cantados en estrofas de piedra y 
esa divina mutilada de Milo surgió al conjuro sobre ablor hamano en ese 
resplandeciente como relicario de ensueños, como promesa de gloria, como 
imploración soberana de belleza y de vida. 

Ese sentimiento de alas irisadas bañado por la caricia inmensa del in- 
finito, consumó con su poderío la comunión perdurable de las almas, eter- 
nizando todo y redimiendo todo al amparo de la exquisita religión de la be- 
lleza y del amor. 

¡ Ah ! todo cupo en sus moldes, todo se iluminó con su antorcha, todo 
se extremeció al halago de sus evocaciones. 

Las mieles de la promesa, las impetuosidades del amor, las sublimi- 
dades de la ternura, las dichas y los placeres, las risas y los martirios, el 
triunfo que glorifica y el envilecimiento que aniquila, la carcajada de la 
ironía y la elocuencia del dolor empapado en lágrimas, todo se inmortalizó 
en la estatua, en el cuadro, en la oda y en el templo; el mosaico policromo 
de las pasiones se extendió como un gran abanico inmenso y soberano, iri- 
sado de fulgores y deslumbrante de blancuras, como un panorama de an- 
helos y de dudas, de ideales y sombras, de sonrisas de ef ebos y de himnos 
de vírgenes. 

Kasgaron los cendales luminosos de la Arcadia los acordes de los poe- 
tas bucólicos, treparon por las cumbres sacrosantas del Helicón las ofren- 
das votivas de los rapsodas; las figuras heroicas y severas ostentaron sua 
castas desnudeces, los grandes ojos soñadores reñejaron el azul del firma- 
mento nativo, los combatientes legendarios descendieron de sus montañas 
para ahogar á los leones entre sus brazos y los cantores entonces, destren- 
zaron los ritmos de sus exámetros presintiendo la llegada de Píndaro el lí- 
rico excelso. 



27 

El Verbo del Arte, sacudiendo el uervio de genio humano pasó de los 
horizontes luminosos de Grecia, á las comarcas de los Césares, como un bo- 
tín de guerra. — Los esclavos enseñaron á sus señores los divinos misterios 
del ritmo y de la forma. 

Se irguieron los ai-cos triunfales, los grandes palacios, las termas y 
los teatros, los obeliscos y los templos. La exquisitez de la elegancia refi- 
no los perfiles y las molduras; la ciudad imperial magnificada y engrande- 
cida, llevó al orbe entero las enseñanzas de su pasmosa cultura, entre las 
brillanteces de sus victorias y los clamores de sus clarines guerreros. Tras 
el paréntesis sombrío de la irrupción septentrional asomó el albor macilen- 
to de la Edad Media y el Arte no obstante ha divinizado sus páginas, ha 
encerrado en marco de oro sus recuerdos, ha ungido el místico arrebato de 
esas aspiraciones con el óleo de la inmortalidad 

Dejemos los deliginos de sus fanatismos y el enervante candor de sus 
filosofías como manchas que desgastan el oro luciente de sus méiitos; 
ensanchemos el alma y abriendo los relicarios de nuestro espíritu, siga- 
mos las huellas brillantes de la vasta producción estética; los selectos re- 
finamientos de sus estilos ; la floración infinita y fecunda de los templos 
románicos, de las suntuosidades bizantinas semejantes á un sueño de es- 
carlata y de oro, de la augusta severidad gótica y, ojival lanzando sus agu- 
jas, afiligi'anaudo sus ajimeces, irisando la luz eu sus ventanas de policro- 
mías diamantinas, llevando las plegaiias, y las oraciones inflamadas de fe, 
por escalas de esmaltes, por aras de topacio, por baldaquino de pedrería, 
hasta cruzar las enhiestas bóvedas, surcar el espacio y exhalar en éxtasis 
ferviente un himno sobrehumano de misericordia y amor. 

La inagotalde fecundidad presagiaba el albor del Renacimiento, la 
gloriosa resuiTección de la armonía helénica, el reinado de los príncipes de 
la pintura, la aparición apocalíptica de Miguel Ángel y de Rafael, los en- 
sueños de Fra Bartolomé, los an-ebatos armoniosos de Cellini, los coloridos 
jugosos del Ticiano y las excelsitudes vibrantes de Leonardo dó Viuci. 

¡ (irán ejemplo, señores, el de la pintura, para revelar que ésta ha sido 
la gran época del Arte, que en ella el ser huinaiio ha sido comprendido y 
amado por sí mismo, por su altiva nobleza, por el deleite soberano de su 
forma, por la magia suprema de su superioridad. 

Todas las escuelas posteriores han bebido el néctar del ideal eu la co- 
pa dorada del Renacimiento; todas las diademas han surgido de sus fulgo- 
res, todas laH obras ma«átras han recibido iu inspiración de las aureolas res- 
plandecientes de esta época inmortal. Las visiones seráficas de Angélico 
y los símbolos teológico.-i de (iaddi sienten el bisturí punzante del análisis, 
el impulso poderoso del relieve, la caricia palpitante de la proporción ana- 
tómica, y lo» discípulos ó admiradores de Gilberto y de Donatello, enamo- 



28 

rados de la energía animal y del culto supremo de la vida, trasforman la 
pintura como sus maestros la escultura, para afirmar las bases de la glorio- 
sa escuela florentina. 

Y entretanto, los artistas sujetos á la tradición, la raza, el medio y 
todos ios grandes factores de la evolución, hacen el análisis de los tempe- 
ramentos, efectúan las disecciones de las conciencias, á un tiempo mismo, 
fisiólogos y psicólogos, revisan los fenómenos de los cuerpos y de las almas. 

Los florentinos, como reveladores de su raza sobria y fina, engastan 
las actitudes resueltas, en músculos vigorosos y sanos, potentes y heroi- 
cos; los venecianos aprisionan el color y el matiz irisado de la seda en las 
coloraciones palpitantes de la carne, alimentadas por los efluvios de la luz 
y del sol ; de una carne inflamada de placer que tiembla á los halagos de la 
caricia, que ondula bajo el casco de los cabellos rubios, que siente hervir 
sangre italiana en la red de sus venas turgentes. 

Los flamencos, los holandeses y los germanos, forman explosiones de 
colores, á la vez incendios de ráfagas y abismos de sombras carnes que sé 
enrojecen á la menor emoción musculaciones brutalmente hermosas sedien- 
tas de espasmos y desenfrenos, nerviosidades floridas impulsadas por los re- 
pentinos vértigos del instinto, vermellones caldeantes y asfaltos victorio- 
sos, apoteosis de luz y crepúsculos de penumbras. Y todos los mármoles, 
todos los bronces, todos los lienzos y todos los monumentos inmortales 
forman el coro inmenso, á través del tiempo y del espacio, que celebra las 
excelsitudes del Arte sobre todas las producciones humanas, de este Arte 
que amamos tanto, que hoy nos congrega, que ha soi-prendido las vicisitu- 
des de las razas, las imploraciones délas edades, las plegarias de los creyen- 
tes, que sobre los cataclismos de los pueblos y las ruinas de los imperios se 
alza triunfante y soberano, inmutable y eterno, juntando las almas en una 
sola creencia, atando las ideas en una sola guirnalda, robando sus encan- 
tos á los horizontes de todos los cielos, á las exoelsitudes de todas las na- 
tiiralezas dignificando al hombre, engarzando en arreboles las páginas do- 
radas de la leyenda, los misterios soberanos de la vida, las tempestades más 
hondas de la conciencia ; siempre eterno, siempre sereno, siem- 
pre ensalzando las sublimidades del corazón, como la promesa redentora de 
las regeneraciones humanas, en un himno perenne de progreso, de gloria, 
de triunfo, de imploración sacrosanta, de verdad y de vida ! 

Y esta solemnidad en la que indignamente uno mis entiisiasmos á los 
triunfos de los vencedores, será memorable en ios anales de nuestra Aca- 
demia y en las páginas de nuestra historia contemporánea; constituye la 
celebración de un tributo á los grandes ideales, de una ofrenda á los sacro- 
santos recuerdos, de un estimulo á las nacientes energías. 



29 



Implantada la paz poi' los esfuerzos patrióticos y gigantescos del ac- 
tual Jefe de la Nación y de sus digaos colaboradores, presenciamos una 
evolución pasmosa en nuestra patria. 

Funcionan talleres y establecen oñcinas y fábricas; alimentan prodi- 
giosamente las redes ferrocamleras y telegráficas, se inician obras colosa- 
les en los puertos y en los ríos. Se sanean las ciudades, se impulsan pro- 
digiosanxente los servicios municipales, se esparce la instrucción en todos 
los confines de la República, se acrecienta nuestro crédito en el Extranje- 
ro y se lleva á la perfección nuestro régimen hacendario. 

Estamos en jilena floración de progreso, jamás soñado por nuestros an- 
tepasados, y el capital y el trabajo enlazados fraternalmente acrecientan 
nuestra riqueza, los recursos de nuestra industria, la importancia de nues- 
tro comercio. 

Al acercarnos rápidamente á la situación próspera y brillante en que 
Adam 8raitli, J. B.Sayy otros economistas, aconsejan la e.xuberancia es- 
tética como acumulación natural de la riqueza, presentimos allá en el ho- 
rizonte de nuestro engrandecimiento, los rayos de una mañana de oro para 
nuestra patria, cuando esa riqueza que se multiplica prepare los doseles, los 
cortinajes, el trono augusto que debe levantarse para recibir el Arte. 

Todas las naciones modernas al pasar del período teocrático al mili- 
tar y de este al industrial, le rinden su homenaje porque él mide su grado 
de cultura, porque él explica su historia, porque él condensa y reasume 
en sus obras maestras las grandes vicisitudes, los episodios inmortales, los 
impulsos y caracteres de la raza, las misteriosas reacciones del medio, de la 
sociedad y del individuo. 

Al manifestar en perfecta suboi-dinación de categoría, las caracteres 
esenciales y salientes, al alterar armónicamente las proposiciones de los 
oVjjetos en consonancia con el ideal perseguido, al buscar la convergencia 
de lo» objetos, al copiar en resumen á la naturaleza imitándola racional- 
mente, la obra del arte sujeta á los factores tradicionales y étnicos, influi- 
da por las doctrinas de escuela y por las leyes de la costumbre, va pasando 
por una serie de acciones y reacciones, de movimientos y resistencias has- 
ta <lepurar.se y a<inilatarse en el tamiz prosti-ero de la inspiración indivi- 
dual del artista ; de esta suerte, es de las producciones humanas la que re- 
vela mejor é inmortaliza como ninguna, el recuerdo de los grandes sucesos 
constituyendo la verdadera historia de la humanidad. 

L«H poemas de Lucrecio han inspirado las grandes abstracciones do 
las ñlo8ofía« posteriores, los monumentos del Egipto han revelado con más 



3& 

vigor que los relato 3 j las cronologías, la índole soberanamente majestuo- 
sa del pueblo faraónico ; las catedrales de la Edad Media acrecentaron el 
número de los creyentes, más que las peroraciones de los místicos y las 
disputas de los teólogos. — León X al estimular á Miguel Ángel, circuía su 
naitra de Vicario de una diadema de más abolengo : la del Artista. 

El Quijote de Cervantes, bizo morder el polvo á los campeones andan- 
tes de la Caballería romancesca, la "Comedia Humana" de Balzac consu- 
mó una revolución en las costumbres parisienses, las tragedias soberanas 
de Shakespeare inspiradas por la intuición del genio, han planteado todos 
los problemas de la psicología y ban enseñado más que todas las investi- 
gaciones del análisis. 

Dante en su excelso poema, Goethe en sus obras imperecederas, to- 
dos esos astros divinos del firmamento de los inmortales, ban comprendido 
á la humanidad y la han analizado con la videncia omnipotente del genio; 
revelando sus anhelos, irisando el eterno rosicler de sus esperanzas, pal- 
pando sus torturas, sus desencantos, sus desesperaciones; levantando su 
vigor cuando desfallece, avivando sus energías cuando declina, conducién- 
dola por la escala luminosa de Jacob para que atienda las promesas, para 
que escuche las ternuras, para que ascendre las caricias, para que extienda 
sobre sus dolores infinitos el cendal azul de los ensueños y aprisionando su 
cuerpo en las mallas del tisú recamado de oro, venza las asperesidades de 
la montaña, Uegue al pórtico de mármol y recline la frente adolorida des- 
atando las estrofas de aroráa de su plegaria. 

Caben, pues, en los amplísimos moldes del Ai-te "tanto los vastos pa- 
"noramas como los sucesos íntimos, las convulsiones históricas, como las 
"vicisitudes individuales, el oleaje de las masas, como los di-amas secretos 
"de las conciencias, el desfile multiforme de las perspectivas como "las 
"nostálgicas meditaciones del Yo." Ya lo hemos visto: él manifiesta con 
vigorosa exactitud %l estado de progi-eso y adelanto de un pueblo, tradu- 
ce con elocuente persuasión el genio y carácter de las naciones y sujeto á 
las condiciones de progreso ó decadencia que en él inñuyen como fruto del 
estado que dichas condiciones originan, las patentiza y las revela y con su 
absoluta supremacía plástica las perpetúa y las externa. 

Y como ejemplo fragmentario al saludar ala pintura, hemos visto ex- 
plicadas las prodigiosas evoluciones de la monocromía y la policromía, del 
mosaico y la miniatura, de las floridas coloraciones greco-itálicas de Pom- 
peya y de las ornamentaciones bizantinas ; hemos comprendido los cam- 
bios de estilo que le han ido imprimiendo Giotto y Cimabué, Frá Angélico 
y Van Eyck, Vinci y Perugino, Miguel Ángel y Eafael. 

Nos hemos explicado las riquezas de colorido de la escuela venecia- 
na influida por el mar de seda del Adriático,, el clai-oscuro de la parmesa^ 



31 

na, los paisajes emoeionales de la bolonesa, las púrpuras espléndidas de 
Rubens. sua brocados rielantes, los carmesíes y los escarlatas, desflorando 
incendios y deri'oches de irisaciones espléndidas. "Y así analizamos y com- 
"prendemos la apai-ición de la escviltura pagana (1) y de la pintura rea- 
'■ lista, de la arquitectura mística y de la literatura clásica; de la música 
"voluptuosa, del poema romántico, de la novela sentimental, de la poesía 
"idealista, del drama, de la sátira, de la tragedia! 

Y así finalmente nos persuadimos de que en el caso actual, la patrióti- 
ca iniciativa del Señor Director de la Academia, impulsada y llevada á ca-# 
bo valerosamente por el Supremo Gobiei-no, es el primer paso hacia ese 
desenvolvimiento artístico que tanto ambicionamos ; que será el broche de 
oro de nuestro progreso y la manifestación más brillante de nuestro esta- 
do floreciente de cultura. 

Los salones de nuestra Escuela llenos de lienzos, de proyectos arqui- 
tectónicos, de producciones escultóricas, patentizan por la variedad de los 
asiintoe y la diversidad de los procedimientos, el éxito pleno de la XXIII 
Exposición de Bellas Artes. * 

Mármoles y bronces, yesos y baiTos modelados; aqvií la entonación 
perlada de un paisaje nebuloso junto á los matices candentes de una feria 
sevillana, allí el exqui.sito cuadro de género, junto á la tranquila serenidad 
de un bosque entiistecido por el otoño ; la divina castidad de una ninfa 
desnuda, junto á un cuadro patético de tristeza y de duelo; todos los con- 
trastes, todos los asuntos, todas las mágicas brillantes del colorido y todos 
los recursos infinitos de la composición. 

Y por fortuna ha predominado en tesis general la exclusiva intención 
artística .sin alardes de aforismo, iji pretensión de máxima doctrinaria por- 
que en efecto, ¿qué dogma teológico prueba la cena de Emaus? 

4 qué asunto social plantea la Venus de Milo '? ¿ y qué problema científico 
resuelven las Sinfonías de Beethoven? 

El Arte por el Arte, como exclusivo culto de la Belleza, ha sido el i'ini- 
co dogma que por regla general ha inspirado á los oxjjositoies. 

Ni el tiempo ni mi insuficiencia, me permiten enumeraciones, ni crí- 
ticas; mi exclusiva misión es unir mi voz á los aplausos tributados á los 
vencedores, estimulándolos á la conquista de lAs coronas de laureles. 

Si me pedís tan sólo testimonios citados de pronto, al primer impul- 
so de la memoria congestionada por tan infinita variedad de imágenes, os 
recordaré el ''Monaguillo" de Benlliure, maravillosamente neo-impresio- 
nista trabajado á golpes de espátula; las "Escenas de Fábrica" de Benedi- 
to, la "Azucena" dePradell, loscuadrosde Serna, la incomparable "Arge- 
lina" deTusquetfi, las " Flores " de Luque, el " Cairo " de Echena, los retra- 

íl» H. Taine. 



32 

tos y la magistral cabeza de Estudio de Jedovius, la concepción de la Santa 
Cecilia de Mendoza, el correcto dibujo de los cuadros de Ruelas, los vigo- 
rosos lienzos de Izaguirre, la soberbia colección eseultóríca del Maestro 
Alciatti, la colección exquisita y selecta de proyectos arquitectónicos, y 
en general un buen número' de producciones tanto españolas como mexi- 
canas á las que tenéis presentes y habéis valorizado bastante para que yo 
incurra en la tenacidad de recordarlas. 

He terminado. Señores, y antes de que surja la palabra postrera de es- 
ta alocución que debería ser en labios elocuentes, un himno de gloria, for- 
mado á un tiempo de estrofas de cristal y de clamores de bronce, permitid- 
me que os felicite y os estimule. 

Vuestros laureles son los más floridos porque los habéis arrebatado á 
las frondas susurrantes del Olimpo ; A^uestros empeños y vuestros triunfos 
merecen ser cantados en rítmicos compases, j>ov teorías de ef ebos bajo la 
sombra augusta de los pórticos de mármol. 

Lucháis por el Arte y en esta solemnidad que se celebra en Vuestro 
honor, presiden los inmortales que han sido como vosotros los enamorados 
fervientes de la Naturaleza; no desmayéis en vuestras luchas gigantescas 
Aprisionad el color, divinizad la carne, revelad las trágicas i^alpitaciones del 
espíritu y esmaltad con resplandores sublimes las hermosuras soberanas 
de la forma, las riquezas inagotables de la vida, y cuando nuestra patria 
en floración espléndida anuncie al mundo entero que esta fiesta memora- 
ble, engrandecida tan jDrodigiosameute por la cooperación española, ha sido 
una verdadera resurrección artística, avivad más aún vuestros potentes 
bríos y recordad el pensamiento sublime de Goethe inflamando vuestra al- 
ma y vuestro espíritu, levantando vuestras plegarias hasta el trono de ese 
ideal soberano en plenitud ardorosa de eterna adoración. 

Y' vos, Señor, que con la paz, el orden y el progreso, al engrandecer 
inmensamente á nuestra patria habéis motivado esta solemnidad de gloria 
y de cultura ; consagrad también vuestras poderosas energías y vuestro 
aquilatado patñotismo, uniendo á vuestros títulos de regenerador, el de 
Mecenas de las BeEas Artes en nuestra patria. 

Ese laurel ungido por la gratitud de vuestros conciudadanos, será uno 
de los que naás os enaltezcan, y será grato para Vos, mezclar á los recuer- 
dos bélicos de vuestros tñunfos y á las glorias de vuestras conquistas ci- 
vilizadoras, el himno vibrante de entusiasmo de esta pléyade de soñadores 
enamorados de la Belleza, que alivian las miserias de la humanidad santi- 
ficados por la religión omnipotente del Arte. 

He dicho. 

Manuel Torres Torija, M. S. A., 

Ingeniero Civil y Arquitecto. 



33 



Snr pelpes mliiÉranx íles mines fln Boleo (Basse-Calífornle), 

PAR M. A. Lacroix, M. S. a. 

(Extrait du Bulletin <lu Munéum d'HUtoirc Saturelle de Paris. Année 1895. nüm. 2.) 

Notre coUection minéralogique s'est enrichie depuis un an d'tme re- 
marquable serie de minéraux du Boleo. Nous la devons, en gi-ande partie, 
á M. Cumenge, qui a poussé la générosité jusqu'á nous donner les échan- 
tillons les plus précieux et souvent uniques de sa coUection. M. P. Mira- 
baud et enfin M. Léon Diguet ont completé cette intéressante serie. 

Parmi les nombreuses espéces minerales du Boleo, j'appeUerai votre 
attention sur celles du groupe de la mmengéite, renvoyant pour plus de 
détails et pour l'Mstorique a\i mémoire qui sera prochaiment publié dans 
le Bulletin de la Société frangaise de minéralogie. Je rappellerai seulement 
que les minéraux étudiés plus loin on été découverts en 1891 par M. Cu- 
menge et en partie décrits par lui et par Mallard. (1) 

Le groupe de la cumengéite comporte deux sous-di-^ásions. La pre- 
miére est formée par la cumengéite, la seconde par la pseudeboléite, la boléi- 
te et la perci/lite. 

Cumengéite. — La cumengéite a pour formule (PbCl? CuOH^ O), sa 
densité est de 4.71: eUe se présente en octaédres quadratiques (pa- =121° 
16'. a :e = 1:3.294), elle est uniaxe et négative; % = 2,026. n^ = 1,965; 
«í — np = 0,061 (Mallard). J'ai constaté que la cumengéite est nettement 
pléochroíque ( bleu d'azur suivant rip bleu verdátre suivant iig ) ; ce miné- 
ral chauffé légérement dans un tube de\'ient rert d'atacamite, puis rede- 
^^ent bleu par refroidissement. 

Boléite». — MM. Mallard et Cumenge ont appelé Boléite des cubes d'un 
bleu foncé atteignant parfois 2 centimétres de plus grande dimensión et 
présentant plus rarement «' et /P . Leur composition est représentée par 
la formule (PbCl? CuOH-' 0.1/3AgCl). L'examen d'une lame du clivage cu- 
Víique permet de voir que la boléite est pseudocubique et que chaqué cube 
cBt constitué par le groupement autour du centre de six pyramides qua- 
dratiques ayantrespectivementpour base une des faces du cube. N=2,07. 

J'ai pu constater que le mineral n'est pas pléochroíque, et qu'á la 
íthaleur, il se comporte comme la cumengéite; toutefois sa coloration de- 
vient k chaud d'un vei-t plus clair que celle de ce demier mineral. 

On observe rarement des cubes dont les aretes sont remplacées par 
dcR gouttieres constituées par des faces octaédriques faisant avec la face 

(1) Coiuptcn rcudus Ac. tit:.. 2« Oct. 1801 et 24 Avril 1893. 

lievinta [1900-1901]. — 5. 



34 

cubique adjacente un angle de 116° 16'. Le mineral étant uniaxe négatif 
et moins biréfringent que la cumengéite, Mallard en a eonclu qu'il était 
identique á la boléite; il représenterait, d'aprés lui, la forme élémentaire 
dont le groupement intime produit le cube de boléite: il proposa de désig- 
ner provisoirement cette substance (elle n'a pas été analysée) sous la dé- 
nomination de percylüe, nom déjá donné á un oxychlorure de plomb et de 
cuivre imparfaitement connu. 

n resulte de mes premieres mesures que ce mineral présente un bi- 
réfringence de 0.038 environ et la boléite une biréfringence d'eviron 0.010; 
il est done probable que ees deux minéraux sont distincts. La vérifioation 
de cette opinión ne peut étre faite que d'une fa§on indirecte, le mineral 
qui ndüs occupe n'existaut qu'á l'état de groupement intime sur la boléi- 
te. La densité d'un petit lot de ees cristaixx grotipés a été trouvée de 4.92, 
nombre intermédiaire entre 5.08 (densité de la hoUite) et 4.71 (densité de 
la cumengéite). Cette densité elimine la possibilité de l'identité de la per- 
cylite de Mallard et de la boléite et momtre que ce mineral doit étre in- 
termédiaire entre la boléite et la cumengéite. Je propose d'appeler ce mi- 
neral pseudoboléite, le nom de percylite ne peut en effet lui étre conservé. 

En recourant aux mémoires originaux concernant la percylite, j'ai 
constaté que dans les analyses incomplétes qui en ont été données il exis- 
tait toujours de l'argent, et que la formule ( PbCl? CuOH^ O ) a été établie 
en supposant quel'argent ne s'y trouvait qu'a l'état d'impureté; de plus, 
tous les auteurs qui ont parlé de cette substance ont insiste sur sa mono- 
réfringence, qui ne permet pas de l'identifier avec un mineral ayant une 
biréfringence de 0.061. 

Or, parmiles cristauxdu Boleo, j'ai trouvé des cuboctaédres dont les 
faces octaédriques sont tres développées et généralement irréguliéres et 
concaves; ils sont monoréfringents ou plutot ils possédent une biréfrin- 
gence inf érieure a 0. 001, qui ne peut étre constatée sur les cristaux ayant 
la taille de ceux de percylite connus jusqu'á ce jour. Ces propriétés sont 
partagées par de petits cristaux cubiques de percylite que M. de la Bolu 
glise (1) a recueillis á la mine Buena Esperanza, district de Challacolo,- 
province d'Atacama (Chili), et qu'il vient de donner au Muséaum. Je dé- 
signerai done sous le nom de percylite ce type extrémement peu biréfrin- 
gent du sous-groupe de la boléite. La densité prise sus quelques cristaux 
du Boleo est de 5.254: elle est plus grande que celle de la boléite et impli- 
que une teneur en argent plus élevée. 

Groupements des minéraux précédents entre eux. Tous les minéraux . 

(1) Cette découverte de M. de La Bouglise est intéressante, car Eaimondi qui a 
sígnale dans le district de ChallacoUo iine peréylite argentifere ne l'avait pas trouvée á 
l'état cristaUsé. 



35 

qui viennent d'étre étudiés formeut autour d'un cube de boléite les cu- 
rieux groupements suivants : 

1? 6 octaédi'es de cumengéite se groupent respectivement sur chacu- 
ne des faces d'un cube de boléite, de telle sorte que leur axe quaternaire 
coincide rigoureusement avec un axe quaternaire du cube ( Mallard et 
Cumenge). 

2? 6 octaédres bases de pseiuloboléite (percylite de Mallard) se grou- 
pent dé la méme fa^on siu- un cube de boléite i Mallard et Cumenge). 

3? 6 prismes de pseudoboléite (avec ou sans faces octaédriques) se 
gi'oupent autour d'un cube de jjercylite, ils sont eux-mémes recouverts 
pal- 6 octaédi-es de cumenyéite orientes suivant le mode 1? II existe une tres 
gi'aude varíete dans le développement lelatif de la cumengéite et de la 
pseudoboléite pour laquelle je renvoie aux figures de mon mémoire. Le 
plus gros cristal de ce gi-oupement que j'ai observé a 1*^"', 5 suivant une 
arete cubique (1). 

4V 6 prismes de pseudoboléite son groupés comme précédemment au- 
toui' d'un petit cube de boléite, mais ils sont tres allongés suivant l'axe 
vertical, et parfois enchevétrés avec un ou plusierus cristaux de cumengéi- 
te ayant toujours leur axe quaternaire dans la direction de l'un de ceux du 
cube central. 

La pseudoboléite de ce groupement est d'un bleu plus clair que la 
pseudoboléite des autres gioupemeuts. L'édifice cristallin qu'ils consti- 
tuent dépasse rarement 1 millimétre de plus grande dimensión. 

II est fort intéressant de voir que, dans ees associations régulraiérea 
des minéraux du gi-oupe de la cumengéite, les formes pseudocubiques 
n'existent jamáis qu'k l'état de gi'oupement ásymétrie quaternaire se rap- 
procbant d'autant plus, comme forme extérieure du cube, que la pseudo- 
cubicité de leur réseau est plus parfaite. La ciimeugéite seule se rencon- 
tre isolée, bien que la pseudocubicité de son réseau se manifesté encoré 
par des groupements a axes rectangulaires autour d'un cube de boléite. 

Les minéraux du groupe de la cumengéite se rencontrent dans une 
argile d'un gris jaunátre, dans du gypse ñbreux transparent, plus rarement 
sur du quartz: ils sont implantes sur des ci'istaux de gypse, d'anglésite im- 
prégnée de gypse (bouf/lUUe de M. Cumenge;, d'atacamite, de phosgénite. 
Cee diverses associations sont bien repi'ésentés dans noti'e collection. 

(1) K? 9Ó.1ÜÜ de la collection. Ce incrrcUleiix uriHtal a oté doimó par M. Cunieu- 
(fc: Ift pHcudolíoléite y domine, lu cuiuengéite ne formniit ([uc le rempllasago de.s gout- 
tiére»; daiiií 1(3 beua grouijiímeiit ii'.' 05.101 implantó sur du (rypHe transparent, au central- 
re, la cnraengéite domine et la pBeuboléite u'est visible que sur la baso des octuódrea de 
c« denüer luinérol. 



36 



CRAl PERFORÉ DE TARAHÜMAR DE LA COE!A DE PICACHIC { CMkaliiia ). 



PAK M. E.-T.Hamy, M. S. a. 



(Extrait du BiiUetin du Muséwm d'Sístoire Naturelle de París, Année 1899, iiúm. 7). 

Parmi les piéces anatomiques que le savant directeur du Museo Na- 
cional de México a bien voulu m'envoyer en comunication aprés la clóture 
de l'Exposition de Madrid, figuraient quelques portions de sujets momifiés, 
exiiuniées par le P. A. Gerste, S. J., de diverses Cuevas de la región au 
Sud-Ouest de Chihualiua, et notainment de celles de Picachic et de To- 
mochic. 

L'une de ees momies, presque entiére, est celle d'un enfant de qua- 
tre aus ou en virón; elle est accroupie, les genoux ramenés vers la poitrine 
et enveloppée d'une sorte de manta en cordelettes de cotón tressées gros- 
siérement. Une seconde coniprend seulenient la tete, le cou et une cote 
encoré adhérente. Une troisiéme est réduite au cráne; mais ce cráne, en 
partie couvert du cuir chevelu, assez bien conservé, quoique complétement 
dépourvu de poils, offre pour nous un intérét tout á fait exeeptibnnel. 

C'est un cráne d'hoinme: les sinus frontaux sont tres développés, tres 
saiUants; une lamelle osseuse, de moins d'un millimétre d'épaisseur, con- 
stitue la paroi antérieure de leur cavité; la paroi postérieure, également 
tres naince, est séparée de l'antérieure par un intervalle de 8 á 9 milli- 
metres. 

Ces deux tables osseuses apparaissent l'une et l'autre nettement per- 
forées, quand ond soiiléve le lamben de peau dessécbée qui masque le 
frontal. 

Un trou, large de 8 millimetres, longde 16 á 17 millimetres, y dessi- 
ne une sorte d'ovale dont le grand axe est f ort oblique et qui se termine a 
ses deux extrémités par de petites encoches nettemente dé- 
coupés et symétriques, qui indiquent súrement que le corps 
qui a brisé Tos était un corps dur. aplati, limité par deux bords 
tranchants. 

La table interne est éclatée irréguliérement, auntant 
qu'on en peut juger, a travers l'orifice de la blessure. Aucune 
trace de cicatrisation ne se montre sur Tos; la mort a été im- 
médiate. 

En dégageant l'intérieur de la cavité cránienne des dé- 
bris de la dure-mére, encoré adbérents, afin de pouvoir cuber 
la piéce, nous avons rencontré l'arme bomicide: une jolie fle- 
che en calcédoine, d'un type qui n'est point rare dans cette 
partie du continent américain. L'un pédoncules est iutat, l'au- 
tre a été brisé par le cboc; en le reconstituant, comme je l'ai 





37 

fait daas la petite figure ci-contre, on obtient tout juste la lai-geur qui se- 
pare les deux encoches. manifestement produites par ees deux saillies la~ 
tárales. 

Le boiit de la fleche a été également brisé, a quelque distance de la 
pointe ! 

L'observation que je \'iens de résumer est interesante par elle-méme, 
puisqu'elle nous fait assister, en quelque sorte, á un de ees drames de l'áge 
de pierre contemporain, dout les récits de quelques voyageurs ethnogra- 
phes nous ont plusieurs fois retracé le vivant tablean. 

Elle est plus intéressante eneore. si on la rapproehe de certaiues ob- 
.servations recueillies en ees derniers temps dans les stations préhistori- 
ques de l'Europe oecideutale. Nilsson et Ed. Lartet d'abord, et aprés eux 
MM. J. de Baye. Baudrinioiit, Marión, Pruuiéres et quelques autres, ont 
fait conaiti'e, en eflet, des pieces osseuses, paléolithiques, ou néolithiques, 
provenant de l'homme et de divers raammiferes: Eenne, Auroelie, etc., 
dans lesquelles s'étaient ti'ouvées enehassées des pointes de ñéclies de sí- 
lex, et ees difFérentes pieees, toutes fort aneiennes, sont exactement com- 
parables a la pieee presque moderne de Pioachic. 

L'ensemble de ees oísservations, aiialogues, recueillies un peu par- 
tout dans le temps et dans l'espace met ainsi une fois de plus en évidence 
des similitudes étroites. extrémement importantes á constater par quicon- 
que s'intéresse a l'étiide de Tetlinograpliie genérale (1). 

(1) n nest i)a.s iiiutilc d'in.sister de noiiveau, npies M. J. de Baye, sur ce que 
rcnferrae d'iuexact. nupoint de vue spécial oü nous nou.s pla9ons ici, la thése soutenue par 
WoiTinae dans ses Antiquitéfi prhniHves du Danemark: Le savant Dauois n'assurait-il 
pas que les Üéches uéolitliiiiues étuient iusuffisautes coutre les grosses especea de Mam- 
miliares.' Qn'aurait-il répondu, si on lui avait moutré riiomine de Picnchic tué net par une 
petite fleche de caleédoine qiii parvient á lui trarerser le cerveau.' 



SESIONES DE LA SOCIEDAD. 



Eneko 1" DE 1899. 

Presidencia del Hr. Ing. Joaquín de Mendizábal. 

Trabajos. —Capitán Felipe Angeles. Principio8 del arreglo del tiro 
de la artillería (Memorias, XII, p. 193). 

Dr. K. Jocqs. Complication oculaire rare dans un cas de smusie front- 
tale ( Memoria«, XII, p. 211 ). 



38 

Prof . A. L, Herrera. Ul origen de los individuos ( Continuación ). 

Elecciones. — Junta Directiva para 1899. 

Presidente, Ing. Gabriel M. Oropesa. 

Vicepresidente, Prof. Alfonso L. Herrera. 

Secretario anual, Dr. Federico F. Villaseñor. 

Prosecretario, Ing. Francisco M. Rodríguez. 



Sesión solemne celebrada el 2 de Febrero de 1899, 

con motivo del primer centenario de la muerte del sabio mexicano 

José Antonio de Álzate y Ramírez. 



(El acta y los trabajos presentados en dicha sesión forman el tomo 
Xin de las Memorias, impreso bajo los auspicios del Sr. Ministro de Fo- 
mento, Ing. D. Manuel Fernández Leal, Miembro honorario déla Sociedad). 



Marzo 5 de 1899. 



Presidencia del Sr. Lie. Ramón Manterola, Vicepresidente honorario 
perpetuo. 

Trabajos. — Prof. A. L. Herrera. El origen de los individuos (Conti- 
nuación) El rio y la vida. 

Lie. R. Manterola. La longevidad en relación con el trabajo mental 
(Memorias, XH, p. 251). 

Prof. L. G. Seurat. Rapports Mologiques entre l'Epeira labyrinthea, 
Mae Cook, et le Pimpla mexicana, Cameron (Memorias, XII, p. 249). 

El Secretario perpetuo presentó un estudio bibliográfico que ha pu- 
blicado en Science de Nueva York el Dr. G. B. Halsted, M. S. A., acerca 
de la obra La vie sur les hauts plateaux de los socios Herrera y Vergara Lo- 
pe, impresa por el Supremo Gobierno. _ 

Nombramientos. Socios honorarios : 

Ingenieros, D. Antonio Rivas Mercado y D. Mariano Villamil 
(F. M. Rodríguez, G. M. Oropesa, B. Aguilar). 

Socios correspondientes : 

Dr. Luis Olivier, Paris. 
„ Julio Lazzeri, Pisa. 
„ Augusto Nobre, Porto. 

Juan Tebbutt, Sydney. 



39 

José Vax.lot, Paiis. 

De. H. Potonié, Berlín. 

Prof. Federico Starr, Chicago. 



Abril 9 de 1899. 

Presidencia del Sr. Ing. Gabriel M. Oropesa. 

Trabajos. — Dr. A. Dugfes. Emigración acciñcvtal de unas aves (Me- 
morias, Xn, p. 313). 

Prof. A. L. Herrera. L'originc des indiridu.s. Mécfinisme de Vhérédité 
de» instincts (Memorias, XIV, p. 129). 

Prof. A. Mac Donakl. Washington School ChiJdrcn. An Anthropome- 
trical and Pst/cho-physical Study (Memorias, XII, p. 323). 

Dr. D. Vergara Lope. Tratamiento del asma esencial por los baños al- 
ternativos de aire comprimido y de aire enrarecido (Memorias, XII, p. 315). 

Dr. F. F. Villaseñor. Análisis del agua de AlmeUcan (Tehuacán) 
(Memorias, XH, p. 391). 

El Secretario anual, 

Dr. F. F. Villaseñor. 



bibliografía. 



Traite théorique et pratique d'Electro-Chimie par Adolphe 
Minet, OfEicier d'Instruction publique, Foiitateur de l'usine 
d'aluminiuin de St. Michel de Mauíñenne, Directeur du Jour- 
nal L' E ledro -chimic. — Paris, JAbrahic Folijfechnique, Ch. Bé- 
ravger. 1900. 8" gr. 57G pags., 20G fig. 18 fr. relió. 

He arjuí una oV>ra de gran interés que condensa las múltiples y va- 
riada.s cuestiones referentes á la acción de las corrientes eléctrica-s sobre 
los cueq>os, y que hace resaltar el poi'venir de esta imiiortaute rama de la 
ciencia y de la industria. 

Está dividida en tres jmrtes: la primera, Teorías déla electrólisis, con- 
tiene once capítulos, y la segunda, Tratamiento de los ronipvestosfjuimicos 
comprende cuatro. 

En la primera parte, el capítulo 1? se ocujia de las CMustantcs qulmi- 



40 

cas y el 29 de las unidades mecánicas y eléctricas; ambos asuntos están tra- 
tados de manera que sean accesibles á los electricistas y á los químicos á 
la vez, para emprender con provecho el estudio de la Electro -química. — 
El Capítulo 39: patrones, aparatos é instrumsntos de medida, métodos de me- 
dida de las constantes eléctricas y electrolíticas, es como el corolario del 29 
y está dedicado especialmente á los químicos. — El 49 trata de los, fenóme- 
nos y constantes electrolíticas y entra de lleno en el estxidio de los sistemas 
electrolíticos en los capítulos 59 á 89 Los capítulos 99 y 109 están consa- 
grados alas teorías de la electrólisis adoptadas generalmente hoy día, y que 
están basadas en las primeras concepciones de Clausiiis; posteriormente 
Arrlicnius las hizo suyas apoyándose en los trabajos de van't Hoffj loshan 
coxajAetado' Kolilraiiscli, Ostwald, Bouty é Hittorf. — El capítulo 119 trata 
especiabnente de los trabajos de los físicos franceses, á saber: los electoli- 
tos fundidos por L. Foncairé; transporte electrolítico de los ions en el es- 
tado combinado por Cliassy; conductibilidades eléctricas de los ácidos or- 
gánicos y de sus sales por Daniel Berthelot; conductibilidad molecular de 
las sales en solución diluida por Jouhin; ley de diltición de las soluciones 
electrolíticas por P. Tli. Muller; medida de la presión osmática de las so- 
luciones muy diluidas de cloruro de sodio por A. Ponsot; las constantes 
térmicas por Favre y por D. Tommasi y el equilibrio térmico en la electró- 
lisis por D. Tommasi. 

Los cuatro capítulos de la 2'.' parte, Tratamiento de los compuestos quí- 
micos, que no dan lugar á la producción de un metal, tratan respectiva- 
mente de la electrólisis del agua; electrólisis de los ácidos'y de los hidratos bá- 
sicos; electrólisis de las sales y electrólisis aplicada á la química orgánica. 

La 3^ parte trata exclusivamente de las reacciones químicas de la cMs- 
2X1 y del efluvio eléctricos, terminando esta parte con un notable estudio del 
eminente químico Berthelot. 

Muy pronto aparecerá un 29 tomo de esta obra que será un Tratado 
teórico y práctico de Electro-Metalurgia, y que se dividirá en dos partes : 
Electro-metalurgia por ría, húmeda y Electro-metalurgia por ría seca. 



Traite théorique et pratique de Tissage á l'usage des fabri- 
cants, compositeurs, dessinateurs en cartes, contremaitres, 
ouvriers et des écoles professionnelles de tissage par Paul La- 
moitier, Chef de fabrication, ancien eleve de l'Ecole pratique 
d'iudustrie de Fourmies. Avec 315 figures, dessins et planches 
dans le texte. — Paris, Lihraire Pólytechmiqíie, Ch. Béranger. 
1900. 8" gr. 573 pages. 25 fr. relié. 



41 

La industria de que trata esta obra es de tanta importancia y se ha- 
lla generalizada con tal magnitud, que por solo ese hecho se comprenderá 
su utilidad. 

La primera parte trata de generalidades; estudio de las materias y fi- 
lamentos textiles, lana, seda, algodón, lino, cáñamo, yute, etc.; descompo- 
sición de los tejidos; cálculos de fábrica. 

La segunda parte está<5onsagi"ada á la Mecá7iica del tejido, describien- 
do todas las operaciones de la preparación del tejido y después los telares 
de mano y mecánicos. 

La tercera y cuarta ti'atan del arte de la fabricación, ocupándose de 
las armaduras ó tramos fundamentales y de la fabricación, aderezo, tintu- 
ra, impresión, dibujo, engomado, encolado, doblado, etc., etc., de las di- 
versas telas. 

La cuarta contiene una revista de este ramo en la iiltima Exposición 
de París. 

L. de Launay, Professeur á l'École Snpérienre des Mines. 
Géologie pratique et petit Dictionnaire technique des termes géo- 
logiques les plus usuels. — París, Librairie Armand Colin. 1901. 
12° figs.. 344 pags. 3 £r. 

Es una obrita de vulgarización científica que contribuirá á despertar 
el estudio de la Geología despojándola de todo lo árido, y que será de po- 
sitiva utilidad á todas aquellas personas que deseen darse cuenta de los te- 
rrenos que visiten, a,sí como á los agi'icultores, oficiales de Estado Mayor, 
Topógrafos, etc. 

El capítulo 1? define la Geología, demuestra su objeto práctico y cien- 
tífico y describe sus medios de acción. El 29 da las nociones indispensa- 
Viles en la práctica, dando los caracteies exteriores de los terrenos, el uso 
de los cortes geológicos. El 3V se ocupa de construir y utilizar esos perfi- 
les. Se ocupan el 4'.' y el ó'.' de la aplicación de la geología al arte del inge- 
niero y á la agricultura. El 6? de las aplicaciones á la captura de las aguas 
á la irrigación, al drenage, al gesagüe y á la higiene pública. Trata el 7? 
de los manantiales termo -minerales y su aprovechamiento f el 8? de la ex- 
ploración de los minerales, combustibles, etc. El 9? está consagrado á la 
aplicación al estudio topográfico y geográfico ó pintoresco de las fonnas 
de loH terrenos, con las nociones geológicas necesarias al topógrafo, geógra- 
fo, oficial, artista, etc. TeiTnina laoVjritacon el diccionario técnico de gran 
utiliflad y un cuaílro cronológico de los terrfmos sedimentarios. 

Bibliothéque Technologíque. Microbes et Distillerie par Lu- 
cien Lévy, Docteur és Sciences, Ingónieur agronome, Profes- 

KevÍ8ta[19U0-I901].— 0. 



42 

seur á PÉcole nationale des Industries agricoles de Douai et 
a 1' Institut des fermentations de Bruxelles. — París, G. Carré 
et a Naud. 1900. 8? 323 pags. 85 fig. 10 £r. relié. 

Tiene por objeto esta obra el estudio de las relaciones entre la micro- 
biología y la destilación. Estudia el conjunto de los microbios que inter- 
vienen en la fabricación del alcohol; todo esto tratado de una manera teó- 
rica, pues la parte técnica formará otra obra que pronto aparecerá. 

Comprende el libro dos partes : la primera estudia sistemáticamente 
los microbios considerados desde el doble punto de vista morfológico y fi- 
siológico, y la segunda dala teoría de sus aplicaciones. Contiene la prime- 
ra detalles muy interesantes relativos á la historia, origen, cultivo, esteri- 
lización, clasificación, etc. de los microbios. 

Legons de Physiologie experiméntale par Raphael Dubois, 
Professeur á l'Universitó de Lyon, avec la coUaboration de 
Edmond Couvreur, Cliargé d'un Cours complémentaire, Chef 
des travaux pratiques de Physiologie a la Facultó des Scien- 
ces.— París, G. Carré et O, Naud, 1900. 8° gr. 380 pags. Figs. 
et planches. 14 fr. relié. 

Obra eminentemente práctica que será de gran utilidad no solo al es- 
tudiante y al maestro sino á todo aquel que quiera emprender por sí mis- 
mo las investigaciones fisiológicas que tienen tantas aplicaciones en la me- 
dicina, la higiene, la agronomía, la zootecnia, etc. 

Está dividida en 4 partes que comprenden 31 lecciones que tratan 
respectivamente de las materias siguientes : 

Principio del método gráfico, aparatos é instrumentos registradores; 
medida del tiempo. Métodos para sujetar á los animales en general: apa- 
ratos mecánicos; sugeción fisiológica é insensibilación; generalidades sobre 
las operaciones; asepsia y antisepsia. Propiedades generales de los nervios 
y de los centros nerviosos; exitantes mecánicos, físicos y qiiímicos; pro- 
piedades de los nervios; centros nerviosos y encefálicos. Propiedades ge- 
nerales de los músculos; exitacion de los nervios motores y de los músculos; 
imbricación de los trazos miográficos; mecanismos respiratorios; inñuen- 
cia del sistema nervioso sobre la respiración; fenómenos químicos, aire 
inspirado y expirado; movimientos del corazón aislado; sangre, hemoglo- 
bina y oxihemoglobina, linfa, saliva, jugo gástrico, bilis, glicógeno, jugo 
pancreático y jugo intestinal, orina, calor animal. 



43 

De París aux mines d'or de TAustralie occidentale par O. Che- 
min, Ingénieur en ohe£ des ponts et cliausfeées, anclen profes- 
seur á l'Ecole Nationale, chargé de mission par M. le Ministre 
de rinstruction publique. — Paris, Gauthier- Villars. 1900. 8? 
petit. 111 photogravures, 9 cartes dans le texte et 2 planches. 
370 pages. 9 £r. 

Es muy notable desde hace mucho tiempo la riqueza en oro y en otros 
muchos metales de la Australia; este librito viene á fijar más la atención 
sobre todo en la Australia del Oeste ó WestraJia, en donde el autor, de- 
sempeñando la misión que le conñó el gobierno, ha permanecido cerca de 
un año recogiendo los datos y notas de más interés para dar á conocer aun 
más ese privilegiado país. 

Describe primero su \'iaje desde Paiús hasta Westralia, de la cual re- 
seña su aspecto, flora, fauna, población, caminos, gobierno, vida pública y 
privada, pasando en seguida á tratar de sus recursos minerales, ocupándo- 
se de los yacimientos auríferos que se hallan allí en abundancia. Conclu- 
ye con una ojeada al pasado, presente y porvenir de los campos de oro, y 
por ñn habla de su regreso á Francia, todo en un estilo ameno y senciJlo. 

La Norvege. Ouvrage officiel publié a l'occasion de PEx- 
position Universelle de Paiñs 1900. — Kristianla. Imprimeñe 
(Jentraie. 1900. 8" gr. xxxii-645 pages, planches et 1 carte. 

Monografía completa y de interés que da á conocer ese país desde to- 
dos los puntos de vista que se quiera considerar. Cada materia está es9ii- 
ta por las personas competentes en su ramo, formando un conjunto de mu- 
cho valor. Contiene reseñas, datos y descripciones relativas á las matei'ias 
siguientes : 

Situación geográfica, topografía, geología, clima, plantas, animales, 
antropología, demografía, tiempos prehistóricos, historia, situación inter- 
nacional, derecho constitucional y administrativo, organización comunal, 
legislación y organización judiciales, instituciones sociales, salubridad pú- 
blica, hacienda, bancos, seguros, iglesia y organización, instrucción públi- 
blica, ejército y marina, agricultura, explotación de buques, pesca y caza, 
explotación de minas, industria, comercio y navegación, caminos, correos, 
telégrafos y teléfonos, lengua, literatura, prensa, pintura, escultura, in- 
dustria nacional, arquitectura y ilHisica. 

Treasury Departnrjent. U. S. Coast and Geodetic Survey, 
Heury S. Pritchett, Superintendent. — Geodesy. The Transcon* 



44 

tinental Triangulatiou and the American are of the parallel by 

Assistant Chas. A. Schott, Chie£ o£ the Computing División. 
— Washington, Grovernment Printing Office. 1900. 4? 871 pa- 
gas, 55 platas and 2 charts. 

Esta obra se ocupa de uno de los asuntos de más interés que liará 
época en los anales de la geodesia, como es la conclusión de la medida del 
arco de paralelo al través de la América del Norte, cuyos resultados geo- 
gráficos y geodésicos son muy notables. El tomo contiene, además de las. 
observaoiones^detaUadas y la discusión de los resultados, la descripción de 
los instrumentos y métodos empleados, y los perfeccionamientos introdu- 
cidos en los trabajos en general. 

Las divisiones generales de la obra son las siguientes : 
I. Unidad de longitud, bases. — II. Determinación de las alturas de 
las estaciones. — III. La triangulación principal y su conexión' con los vér- 
tices de las bases. — IV. Resultados de las detei minaciones astronómicas 
de latitud. — V. Resultados de las determinaciones astronómicas de azi- 
rant. — VI. Resultados de las determinaciones astronómicas de longitud. 
— Vn. Las posiciones geográficas y comparación de los resultados astro- 
nómicos y geodésicos. Combinación preliminar de los arcos americanos 
para determinar la figura de la Tierra. 

U. S. Department of Agricultura. Weathar Burean. — Re- 
port of the CMef of the "Weather Burean. 1898-99. In two vo- 
lumes. — Washington, Grovei'nment Printing Office. 1900. 4? 
247 & 787 pages, plates & figs. 

El tomo I contiene, como los informes de los años anteriores, todos 
los asimtos relativos á la administración y á la relación de los pronósti- 
cos, observaciones, etc. 

El tomo II constituye por sí solo una obra de gran importancia: se in- 
titula BepoH of the International Cloud obrervaiions. May 1, 1896, to July 
1, 1897, By FranJc R. Bigeloiv, M. A., L. H. D., Prof essor of Meteorologyj 
Comprende catorce capítulos llenos de datos, fórmulas y tablas de un in- 
terés extraordinario, como se verá á continuación: 

Las observaciones internacionales de las nubes ( Historia, instrumen- 
tos, métodos ). — Fórmulas para la alturl^ dirección y velocidad de las nubes 
por observaciones simultáneas en dos estaciones con teodolito. — Resulta- 
dos in extenso y resúmenes de las observaciones ejecutadas con nef oscopio 
en 15 estaciones de los Estados Unidos. — Tablas internacionales para las 



45 

estaciones de primero y segundo orden. — Discusión de las observaciones 
con teodolito y con nefoscopio. — La circulación típica local sobre los Es- 
tados Unidos. — Oscilaciones diurnas de la presión barométrica en relación 
con los vientos.— Sistema de constan "-es fundamentales y fórmulas, y ta- 
blas de reducción. — Teoría de los ciclones y anticiclones. — Discusión de 
los cúmulus y cúmulo-nimbus. — Reducción de la presión y temperatura al 
nivel del mar. 

Como se ve todos los capítulos presentan estudios que loS Congre- 
sos han recomendado, y sería de desearse que en algunos de nuestros Ob- 
servatorios se hicieron trabajos de esa naturaleza, adoptando esta obra que 
es muy completa y precisa. 

Bibliothéque de *' Photo -Gazette." Formulaire Photogra- 
phique par le Dr. Louis Sassi. Traduit de l'italieii par Ernest 
Jacquez, Bibliothécaire de.s Postes et Télégraphes en retraite. 
— Paris, G. Carré et G. Naucl. 1900. 18*? 144 pages. 2 fr. 50 c. 

De gran utilidad es el librito que tenemos á la \'ista, pues contiene 
251 recetas y fói-mulas fotográficas. Tal colección no se encontrará en 
ningún tratado ó publicación especial; y por otra parte á los aficionados ó 
fotógrafos no les es dado siempre disponer de recursos ó de tiempo para 
consultar la multitud de obras que han aparecido acerca de este maravillo- 
so arte. Las fórmulas dadas por el autor han sido todas comprobadas ple- 
namente por la experiencia; por consiguiente, sujetándose extrictamente 
á sus indicaciones, se obtendrá un éxito seguro. 

J. Ghersi — Formulaire Industriel. Avec 26 gravures et 113 
recettes. — Paris, G. Carré et C. Naud. 1900. 12° 514 pages. 5 fr. 

Preciosa obrita en la que se hallan por orden alfabético, centenares 
de recetas, fórmulas, etc. para todas las industrias y manufacturas, dando 
todos los detalles y los varios procedimientos más experimentados. Se leen 
importantes datos relativos al ensaye y conservación de las sustancias na- 
turales y artificiales de uso más común, así como sobre colores, barnices, 
eoUus, gomas, mástic, tintas, materiiis textiles, papel, madera, fuegos ai'ti- 
ficiales, vidrio, metales, bronceado, niquelado, ¡jlateado, dorado, galvano- 
plastia, grabado, temple, ligas, soldaduras, materias impermeables, aceites, 
jabones, bujías, perfumería, tintura, lavado, etc., etc. 

Otto Thallner, Ingónieur en chef, Chef dé la fabrication 
aux aciéries á outiU de Bismarkhutte. L'Acier a outils. Manuel 



46 

traitant de l'asier á outils en general, á l'usage des métallur- 
gistes, fabricants et chefs d'atelier, Traduit de l'allemand par 
Rosambert, Ingénieur des arts et manufactures, ancien ingó- 
nieur des aciéries et au Creuset de Resicza, chef de service 
aux aciéries de France, — Paris, Librairie Polyteclinique^ Ch. Bé- 
ranger. 1900. 8? 204 pages. 68 figs. 8 £r. relié. 

Obra enteramente práctica escrita con una larga experiencia y des- 
pués de consultar á los mejores autores técnicos y á los jefes de taUeres y 
fábricas más prominentes. 

Véase en seguida un sumario de las materias de que trata este útilí- 
simo libro : 

Composición del acero de herramienta y clasificación según esa compo- 
sición. — Clasificación de los aceros de herramienta según su grado de du- 
reza y su empleo. — Observaciones sobre el aspecto exterior del acero del 
comercio, sobre su quebradura y su estructura en el estado normal ó tem- 
plado. -Calentamiento del acero. — Aparatos para el recosido y el temple. 
— Temple del acero para herramientas. — Temple de la herramienta que de- 
be estar enteramente templada y de la que debe tener un endurecimiento 
local. — Procedimientos y precauciones para el enfriamiento de los baños 
para templar. — Líquidos empleados para el temple. — Recocido de las pie- 
zas templadas y aparatos que se usan con ese fin. —Acerado superficial y 
medios para preservar el acero contra la decarbonización superficial y el 
recalentamiento. - Soldado del acero. — Regeneración delacero alterado por 
el fuego. — Examen de los defectos que puede presentar la herramienta tem- 
plada. —Mejoramiento de las propiedades de resistencia del acero. — Apén- 
dice: Procedimientos empleados para templar la herramienta más usual. 



Bibliotlieque de la Revue genérale des Sciences. 

Paris, Carré et Naud. Chaqué volume 5 fr. relié. 

La Ttiéorie des lons et l'Electrolyse par August HoUard, Chef 
du Laboratoire central de la Compagnie fran^aise dex Métaux. 
1900. 163 pags. Figs. 

La Teoría de las iones, elementos de la disociación, está expuesta en 
este libro á grandes rasgos, así como el estado actual de su aplicación á la 
electrólisis. Considera el autor sobre todo, los fenómenos electrolíticos en 
el seno de las soluciones acuosas, con el empleo de corrientes continuas, 



47 

insistiendo especialmente en la electrólisis de las sales metálicas. Está di- 
vidida la obra en cuatro partes en las que se ociiija de las materias que en 
seguida indicamos : 

I. Constitución (le los electrolitos. Propiedades de las soluciones. Los 
electrolitos, los aniones y los cationes.— 11. Cotidtictibilidad de los electro- 
litos. Generalidades. Conductibilidad y grado de disociacicSn. Conductibi- 
lidad de los electrolitos y carga de los iones. Velocidad de los iones. In- 
fluencia de la temperatura sobre la conductibilidad.— III. Tensión eléctrica 
necesaria al funcionamiento de la electrólisis. Teoría de la disolución de los 
elementos que entran en la composición de los electrodos. Tensión eléc- 
trica. Tensiones de polarización y separación de los metales. — IV. Energía 
eléctrica. — Xotas. La constante de disociación y la medida de kfinidad quí- 
mica. Aplicación de la ley de Guldberg y Waage al equilibrio en los elec- 
trolitos entre iones y elementos no disociados. Hidrólisis. Conductibilidad 
de sales hidrolisadas. Medida de la tensión eléctrica entre un metal sumer- 
gido en la solución de una de sus sales y esta solución. Medida de la ten- 
sión de disolución ejercida por un metal sumergido en solución de una de 
sus sales. 

Contiene el tomo numerosos cuadros numéricos de singular interés. 



Moeurs et Métamorplioses d'nue Pi6rUe des eiiyiroiis de México, 

PAR L.-G. Seurat, M. S. a. 

( Lsboratoire» de MM. Ipb rrofcsseurs Milne Kdwards ct Bouvipr. ) 

La Capucine est une des plantes qui réussissent le mieux dan les jar- 
diris des environs de México; les fleurs .son visitées et fécondées par les Oi- 
seaux-Mouches; les feuilles sont dévorées par les chenilles de deux Lépi- 
doptíre; les unes vivent sur la face inférieure de la feuille.'et sont trfes 
nombreuses; a l'écloison, elles donnent un Microlépidoptere; les chenilles 
qui vivent sur la face supérieure son celles qiú voiit nous occuper ici: ce 
sont, d'aprfes la détermination de M. Poujade, les larves du Picris clodia 
Boisduval. 

La chenille du Pieria elodia est assez rare; on ne la trouve, bien en- 
tendu, que pendant la saisonhumide fjuin. juillet et aoút); sacouleur ge- 
nérale est du méme vert que la face supérieure de la feuille; une bande 
d'un beau jaune vif court latéraleraent, dans toute la longueur du corpa, 
á la hauteur de la ligne des atigraates; ceux-ci, au nombre de neuf paires, 
dont un<' prothoracique, les autres étant sur l'abdomen, sont sitúes sur cet- 



48 

te bande jaune. 11 existe en outre, sur les faces dorsale et latéro-dorsale 
de chaqué segmeñt, quatre bandes jaunes transversales tres étroites re- 
liant les deux bandes laterales; la cbenille est ainsi tres brillament colo- 
ree. La tete et les trois segments du tborax sont couverts, sur leur face 
dorsale, de nombreux poils. Le prothorax, en particulier, présente dans 
ga región moyenne une plage épaissie, latéro-dorsale, en demi-anneau, cou- 
verte de nombreux poüs. 

Au moment de la nympbose, la chenille reoouvre la place oíi elle se 
trouve, d'une plaque de soie a maille peu serrée; c'est sur cette plaque que 
la nymphe va se fixer, a l'aide de fils plus résistants allant s'insérer sur les 
faces laterales postérieures du metathorax; la chrysalide est appliquée par 
sa face ventí-ale contre le support; elle est d'un vert uniforme, a part qiiel- 
ques taches noires, et échappe tres facilement aux regards: il faut une 
observation tres attentive pour reoonnaitre sa présence. Le deuxiéme seg- 
meñt abdominal porte latéralement deux longues épines noires dans sa 
región antérieure; dans sa región postérieure, il présente deux petis tuber- 
cules; les autres segments ne présentent rien de particulier; les six pre- 
miers segments abdominaux portent chacun une paire de stigmate; les sept 
premiers segments abdominaux offrent, sur leur face dorsale, des taches 
noires tres réguliérement disposées: une tache mediane tout a fait anté- 
rieure, en arriére deux taches tres écartées sur la ligne médiane, et enfin 
deux paires de taches postérieures plus rapprochées. 

La chrysalide du Pieris elodia présent un cas d'homochromie tres re- 
marquable; nous avons signalé (1), a propos de la nymphe d'un autre Lé- 
pidoptére de México, le Pajñlio Daunus, des faitsdu mémegenre: la chry- 
salide, fixée sur l'écorce, des arbes (Frene), est de la méme couleur que 
cette écorce, de sorte qu'elle est difficile á voir. 

La chenille de ce Papillon présente également un exemple de mimé- 
tisme tres remarquable: dans le jeune age, elle ressemble de la f a^on la 
plus complete aux excréments d'un oiseau. 

L'évolution du Pieris elodia est tres rapide; l'adulte disparait peu 
aprés le retour déla saisonséche, vers le milieu de décembre; il est proba- 
ble que l'hibernage se fait á l'état de nymphe; de nombreux Lépidoptéres 
de México, en particulier le Papilio Daunus, passent en effet l'hiver á l'état 
de nymphe. 

Les ravages causes a la Capucine par la chenille du Pieris elodia sont 
tres faibles; les chenilles du Microlépidoptere font, ati contraire, des dé- 
gáts assez importants. 

(Extrait du Bulletin du Muséum d'Histoire Naturelle de Paris, Année 1899, ntím. 3). 

(1) Memorias y Revista de la Sociedad Científica ^'■Antonio Álzate, " tomo XI. p. 33; 
México, 1898. 



Sic¡É(IC¡(!iiii1ca"AiitaioÉate." 



MÉXICO. 



Kevista Científica y Bibliográfica. 

Nüm. 5)6. 1900-1901. 

CüLIACAN, CÜLHUACAN, COLHUACAN. 

Estudio crítico etimológico dedicado á la Sociedad 

POR EL UC. 

Cecilio A. Róbelo, M. S. A. 



El nombre genuino azteca es Colhuacan ó Culhuacan, que se compo- 
ne de colima ó cuUiua, y de can, lugar; y significa: "Lugar de los colimas, 
esto es, habitada por la tribu colima." Antes de dar la significación de col- 
hua y de interpretar los jeroglíficos relativos, creemos necesai-io refutar 
la etimología que el Sr. Lie. E. Buelna ha dado de Colhuacan. 

No se refiere este autor al pueblo del Valle de México, sino á Culia 
can, del Estado de Sinaloa; pero como el pueblo del Valle tomó su nombre 
del de Sinaloa, pues Culiacán es una adulteración de Colhuacan, tenemos 
que combatir esa etimología. 

Dice el Sr. Buelna: 

"CULIACÁN, de coloacan, compuesto de coloa, verbo que significa 
"rodear camino, y la terminación verbal can, que indica localidad, signi- 
"ficando: lugar donde el caminante torció el camino. Lo mismo significa 
"colhvacan," compuesto de colochtii, rodeo, la partícula po.sesiva /ma, y la 
"posposición can." 

Ni á la luz de la filología, ni á la de la historia, pueden ser exactas 
la8 anteriores etimologías. Coloacan no es ni puede ser palabra mexicana, 
porque la posposición no es verbal, en el sentido que lo dice el Sr. Buel- 
na, esto es, no se junta con los verbos fonnando palabras, y, por lo mismo 
no puede juntarse con el veíbo coloa, rodear. Para que el nombre signifi- 

ll«TÍiU [1900-19011.— 7. 



50 

cao-a: "Lugar donde el caminante torció camino/' sería necesaiio decir 
en mexicano, nenencacoloayan, compuesto de nenenqui, caminante, que, en 
composición, toma la forma de nenenca; de coloa, rodear ó torcer camino, 
y de yan, seudoposposición que expresa el lugar donde se verifica la acción 
del verbo. 

. En cuanto á la segunda etimología diremos que Colhuacan, si se com- 
pusiera de colochtU, como quiere el Sr. Buelna, sería en su estructura, Co- 
loclican, "Lugar del rodeo." 

Para explicar el Sr. Buelna el origen ó motivo de las etimologías que 
expone y hemos examinado, agrega: 

^'Dicha significación se refiere al viaje que hicieron los Aztecas des- 
de el Norte, dirigiéndose generalmente al Sur, atravesando por la SieiTa 
Madre, en la parte que llaman de la Tarahumara, y haciendo estancia por 
algunos años, en Culiacán, de donde, porque habrían de encontrar el mar 
cercano, si seguían la misma dirección, torcieron su ruta hacia el Oriente 
para repasar la Sierra, y continuaron su peregrinación hasta el VaUe de 
México. Comunmente sucedía que los Aztecas dejaban, álos lugares de su 
tránsito, el nombre adecuado á las circunstancias que en él observaban, ó 
á los acontecimientos notables que allí les había pasado. Lo que demos- 
trará que Culiacán, si estaba ya fundado antes del tránsito de los Aztecas, 
ó si le fué por ellos mismos, no llegó á tener su nombre actual, sino des- 
pués de que los peregrinantes prosiguieron su viaje." 

Habiendo demostrado que ni Culiacán ni Colhuacan tienen la etimo- 
logía que les atribuye el Sr. Buelna, es evidente que la circunstancia de 
qUe los Aztecas hayan torcido camino en Culiacán, no fué el origen ó mo- 
tivo de que se le pusiera tal nombre de lugar, pues ya hemos dicho que . 
esa circunstancia se hubiera expresado con los nombres Nenencacoloayan 
ó Colochcan. Además, si se hojea un poco la historia, se adquiere el con- 
vencimiento de que entre los Nahoas existían, mucho antes de sus pere- 
grinacienes, las tribus Colimas. 

Colhuacan, del Valle, fué fundada por los nonoalcachichimeca, siglos 
antes de que hubieran venido al Valle las otras tribus nahoatlacas. (CHA- 
VEKO, MÉXICO Á TRAVÉS, ETC., pág. 466.) La fecha de la fundación, se- 
gún el mismo historiador, fué el 9 calli, 669 de nuestra era. En 1116 que- 
dó destruida la nación tolteca, y el gran sacerdote Huemac salió de Tollan 
con sus últimos partidarios, recorrió algunas poblaciones del Valle hasta 
llegar á Culhuacan, y allí los emigrantes, dejando el gobierno teocrático, 
eligieron rey á Nauhyotl, cuya dinastía vivió hasta que fué sometida á los 
mexicanos, dos siglos después. (Anales DE CuautitlAn). ¿A la ciudad 
le dieron el nombre de Colhuacan ó de Culhuacan, los nonoalca-chichime- 
ca ó los tolteca de Nauhyotl? El Sr. Orozco y Berra dice á este propósito: 



51 

.'•Consta por los anales de Cuauhtitlan, que el Culhnacan del Valle llevaba 
siglos de existir, levantado por los chichimeca, lo cual demuestra que el 
nombre Culhuacan era de tiempos anteriores conocido, y que no fueron los 
cuJhua quienes le inventaron al apoderarse de la población." (Orozco y 
Berra, Historia antigua de México, iomo III, png. 38.) Llama la aten- 
ción que el Sr. Orozco y Berra confunda los restos de los toltecas con los 
eidhua, siendo así que en la misma página, en una nota, dice : " sien- 
do de notar que Torquemada ponga como reyes de ToUan los que fueron 
de Culhuacan, aunque tolteca y culhua aparezcan como de la misma familia 
y confundidos alguna vez. " Los colhuas, con el nombre de nonoalca-chichi- 
meca, fundaron Culhuacan y le dieron este nombre en recordación del Cul- 
huacan, de donde venían, y al que llamaban también Teocolhuacan. 

"Vinieron estos segundos pobladores navatlacas de otra tierra remo- 
"ta hacia el Norte, donde ahora se ha descubierto un reino, que llaman el 
"Nuevo México. Hay en aquella tierra dos provincias; la una llaman Az- 
"tlan, que quiere decir lugar de garzas; la otra llamada Teoculhuacdn, que 
" quiere decir, tierra de los que tienen abuelos divinos." (ACOSTA, lib. VII. 
"cap. II." 

Bbturini dice que los tolteca y méxica vinieron de Aztlan, que está 
en la Baja California, y que de allí pasaron á Colhuacan, "que quiere de- 
cir Plueblo de la Culebra, que es el primero del continante, y está situado 
en frente de dicha California." 

En los MSS. franciscanos se halla que, "estando poblados los mexi- 
" canos en un pueblo que se dice azcla (Aztlan) y es al occidente de esta 
" nueva españa volviendo algo hacia el Norte y teniendo este pueblo mu- 
"cha gente y en medio del un cerro del cual sale una fuente que hace un 
"río segunt y como sale el de Chapultepec en esta ciudad de mexico y de 
"la otra parte del río está otro pueblo muy grande que se dice Culuacan." 

El Sr. Orozco y Berra dice : " los azteca dejaron la isla el año 

"I tecpatl 648, poniéndose en marcha hacia Colhuacan. El cerro con la 
" cumbre torcida es el signo ideográfico de la población; mas como el sím- 
"bolo está escrito en mayor magnitud, se saca que se refiere á Hueicolhua- 
"can, patria de los culhua, y punto inicial de su peregrinación." (Tomo 
citado, pág. 68). 

Hay un pasaje decisivo para demofítrar que Culhuacan, el del noroes- 
te, existía mucho antes de que los Aztecas torcieran camino, como dice el 
8r. Buelna, hacia el Oriente para repasar la Sierra. 

Estando Motecuhzoma fllhuicamina) en tanta majestad — dice el Sr. 
Orozco y Berra, extractando un pasaje de Duran - quiso enviar mensaje- 
ro» á ver el lugar de donde los mexicanos habían salido. Llamado el an- 
eiano primer sacerdote Cuauhcoatl para ^ue dijese lo que en la materia sa- 



52 

bía respondió, que sus antepasados habían morado en "en un lugar felice 
"y dichoso que llamaron Aztlan, que quiere decir blancura; en este lugar 
"hay un gran cerro, enmedio del agua, que llamaban Culhuacan, porque 
"tiene la punta algo retuerta hacia abajo, y á esta causa se llama Culhua- 
" can que quiere decir cerro tuerto. En este cerro había unas bocas ó cue- 
•"vas ó concavidades donde habitaron nuestros padres y abuelos y por mu- 
"chos años: allí tuvieron mucho descanso debajo de este nombre Mexitin 
"j Azteca." 

Prescindiendo de los errores que hay en los pasajes que hemos cita- 
do, sobre la situación de Colhuacan, que unos ponen en la Florida, otros 
en Nuevo México, y otros en Sinaloa, y sobre la etimología del nombre de 
dicha ciudad; podemos deducir de dichos pasajes: 19 que de Colhuacan 
emigró hacia el Valle una tribu nahoa siglos antes de que emigraran los az- 
tecas de Aztlan y de que pasaran por Colhuacan: 29 que cuando los Azte- 
cas pasaron por Colhuacan, ya existía esa ciudad y tenía ese nombre; 39 
que el Colhuacan, punto inicial de la emigración, tenía también el nombre 
de Teocolhuacan y que los emigrantes, al llegar al Valle, fundaron una ciu- 
dad con el nombre de Colhuacan en memoria del que abandonaron, al cual 
siguieron llamando Sueicólhuacan. 

Ahora bien, ¡^ cuál es la etimología de Colhuacan? Ya la dimos al prin- 
cipio, diciendo que significa "Lugar de los Colhuas ó de la tribu Colhua;" 
pero ofrecimos ampliar la explicación para dar á conocer la significación 
de Colhua. La etimología que da Boturini de "Lugar de la Culebra," es 
un error crasísimo, porque confunde Colhuacan con Cohuacan, que se com- 
pone de cohuatl, culebra, y de can lu^ar. La etimología que da el P. Acos- 
ta diciendo que Teocolhuacan significa: "Tierra de los que tienen abuelos 
divinos," tampoco es aceptable, porque no hay en la palabra ningún ele- 
mento que pueda traducirse por "abuelo," ni teotl, dios, tiene la forma de 
adjetivo, para que pueda traducirse por "divino." El Sr. Orozco y Berra 
dice que colhua ó culhua se deriva de coltic, cosa tuerta ó torcida y de la 
partícula qua, que forma colhua, "poseedores de cosas torcidas ó tuertas;" 
pero no nos dice cuáles son esas cosas torcidas. El Señor Dr. Peñafiel dice: 
" derivada de can, lugar, hua, que tiene, col ó colhua, lugar que tie- 
ne colhuas, como Teo-ti-huar-can, lugar que tiene dioses." ¡ Que te que- 
mas ! Un paso más, y hubiera acertado. 

Colhuacan, se compone de Coltzin, un dios de este nombre, el Torci- 
dito, compuesto de coltic, torcido' y de tzin, expresión de reverencia, de 
hua, desinencia que expresa tendencia ó posesión, y de can, lugar; y signi- 
fica: "Lugar de los que tienen (adoran) á Coltzin." En el nombre Teocol- 
huacan está más bien expresada la significación, porque el primer elemen- 
to íeocoíteí» ó Teocoltic es "el Pios Coltzin ó el Dios torcido." Si alguna 



^ 




duda pudiei'a caber ea lu interpretación gramatical, ést^ desaparecería con 
la vista del jeroglífico; consiste éste en un cerro con una cabeza humana 
en la cima, torcida ó muy inclinada hacia adelante: esa cabeza inclinada, 
torcida, es Goltzin, el Dios que dio nombre á una tri- 
bu nahuatlaca, colkua, y ésta al pueblo de su residen- 
cia. CoUtuaean ó Teocolhuacan. 

Resulta de lo expuesto que la cosa torcida ó tuer- 
ta que tenían los Colhuas, como dicen los Sres. Oroz- 
co y Peñafiel, era nada menos que su Dios. Ni el Sr. 
Orozco, ni el Sr. Chavero, ni ningún historiador moderno hace mención 
de est« dios, y tal vez podrían hasta negarnos su existencia en la mitología 
nahoa, si no citáramos un pasaje de Sahagún, el más autorizado en asun- 
tos de teología y teogonia nahoas. Hablando de los ío/wcrt, dice: "También 
llamados Matlatzinai, haVdaban una lengua diferente del náhuatl y muy 
obscura; eran muy robustos, cultivaban la tierra y adoraban al dios Coltzin, 
al cual sacrificaban víctimas humanas, retorciéndolas en una red." A este 
dios Coltzin lo llaman tolo y Tolotzin^ de donde vinieron los nombres Tolo- 
can (Toluca) y Tolochi, el cerro que está junto á la ciudad de Toluca, don- 
de se adoraba á Tolotzin, como nos lo muestra el jeroglífico de Toluca. (Véa- 
se ToLüCA, en nuestra obra Nombres Indígenas del Estado de México. ) 
-I También usaban como jeroglífico de Colhuacan. 

S^ v.,^ \ ceiTo con la cima torcida y sin que afecte la forma de 
C Vi } cabeza humana. Al Colhuacan del Valle solían repre- 
sentarlo por el cerro de cima retorcida, sobre medio 
cuerpo humano, que da la terminación tzínco y la lec- 
tura da Colhuacantzinoo, el pequeño Colhuacan, en opo- 

.sición al primitivo que llamaban Hueycolhuacan, Col- 
huacan el grande. 

La etimología de "Cerro tuerto" que le dio el sacerdote Cuauhcoatl 
á Motecuhzoma, ha de tener por fundamento el jeroglífico el cerro de pun- 
ta torcida, pues no es de evtrañarse que los mexicanos hayan ignorado ú 
olvidado que los Culhua adoraban al Dios Coltzin, puesto que este dios no 
estaba en su mitología, y además, cuando Mo- 
tecuhzoma preguntaba por el origen de los Me- 

C \ xicano.s, ya habían pasado más de ocho siglos 

desde la fundación de Colhuacan del Valle, 
tiempo sobrado para olvidar una tradición ó 
para confundirla con otra. A la emigración de 
(^Ihuacan hacia el Oriente deben haberse re- 
ferido los Aztecas en el jeroglífico que está 
"^^^Xt?^ ^ aiTÍba, pues las tres figuras humanas que se 

/^ ' hallan en la falda del cerro representan á los je- 

fM de la expedición, armados con sus escudos. 






V 





54 

El Sr. Di. Peñafiel al Colhuacantzinco lo llanm Colhüatztngo. Paia 
concluir este artículo, diremos que cuando Ñuño de Guzmán hubo termi- 
nado la conquista de la Nueva Galicia, se internó en la región de Sinaloa, 
y después de conquistar varios pueblos, fundó en Diciembre de 1530 una 
Villa con el nombre de San Miguel, á lo cual, por estar junto á la antigua 
Hueicollmacan ó Teocolhuacan, se le dio el nombre de CuUacan, con el que 
es conocida hasta ahora. 

También debemos advertir, para evitar confusiones, que los Mexica- 
nos fueron llamados Culhñas, j con este nombre eran conocidos en el lito- 
ral de Veracruz cuando llegaron los conquistadores. Pero este nombre no 
lo tuvieron porque pertenecieron á la tribu culhua, sino por acontecimien- 
tos posteriores á su establecimiento en Tenochtitlan. Bajo el reinado de 
Itzcoatl, éste y Nezahualcoyotl, rey de Tezcocb, conquistaron y destruye- 
ron el reino Tepaneca, cuya capital era Azcaputzalco; y concluida la gue- 
rra, los dos reyes, de común consentimiento, dividieron el territorio con- 
quistado y el que ya poseían, en tres partes: la primera al Oriente, con el 
nombre de reino de Acolhuacan, la cual tocó á Nezahualcoyotl, quien to- 
mó el dictado de Aculhua Tecutli, en memoria de los aculhuas, y el de Gran 
Chiehimecatl Tecutli, en recuerdo de los chichimecas, conservando así y 
uniendo los dos nombres de las tribus de donde la nación procedía : la se- 
gunda al Occidente, comprendiendo las islas de México Tenochtitlan, los 
señónos de los lagos australes, el reino de Culhuacan y la ciudad de Izta- 
palapan, todo lo cual tocó á Itzcoatl, quien tomó el dictado de Culhua Te- 
cutli, en homenaje á la tribu civilizadora á quien debían sus adelantos los 
Mexicanos: la tercera al Occidente de México, con el nombre de reino de 
Tlacopan, con su capital del mismo nombre ( Tacuba), el cual le dieron á 
Totoquihuatzin, sobrino del rey destronado y muerto por Itzcoatzin; este 
rey tomó dictado de Tepanecatl Tecutli, para que no se perdiera la memo- 
ria de tan antigua y fuerte tribu. 



* * 



Habíamos dado ya á la prensa el presente opúsculo, cuando llegó á 
nuestras manos, por generoso donativo del sabio Obispo de Cuemavaca, 
Monseñor Planearte, la obra titulada "Clave general de Jeroglíficos Ame- 
ricanos de D. Ignacio Borunda," obra manuscrita á fines del siglo pasado, 
y perdida para la bibliografía mexicana, y aun ignorada por algunos de 
nuestros historiadores, hasta que el Duque Eoubat, ese moderno lord Kins- 
borough, la exhumó desglosándola de la causa que se le instruyó al mal- 
aventurado fraile Servando Teresa de Mier por el peregrino sermón que 



predicó negando la aparición de la Virgen de Guadalupe, y que fué el ori- 
gen de sus innumerables desventuras. 

■ Aunque sentimos regocijo con la adquisición de este libro, no nos de- 
jamos seducir por su título, porque sustentamos la convicción de que no 
hay clave general ó llave maestra para abñr las beiTumbrosas cerraduras 
del clausurado santuario de los Jeroglíficos; y prosiguiendo la metáfora, 
diremos que los que han alcanzado á vislumbrarlos tesoros que se ocultan 
bajo las bóvedas de tan gi'andioso templo, lo han conseguido asomándose 
por las ventanas de la tradición, de la historia, del idioma y de la fisiogra- 
fía. Sin embargo, recorrimos con avidez las páginas del libro, abrigando la 
esperanza de disipar algunas de nuestras dudas, ó de confirmar varias in- 
terpretaciones que hemos expuesto como propias. Si en algo vimos satis- 
fechas nuestras esperanzas, no lo fué en verdad, en lo que tiene relación 
con la etimología de Colhuacan. No bastaría extractar, ni aun transcribir 
el pasaje de Borunda para que fuera entendido por los lectores. Será ne- 
cesario que la transcripción vaya precedida de una suscinta explicación de 
la índole de la obra y de la obsesión que dominó el ánimo del autor al tiem- 
po de escribirla. 

Entre los manuscritos que poseía el sabio D. Carlos de Sigüenza y 
Góngora fué encontrado uno que tenía por título Fénix de Occidente este 
manuscrito no era obra del sabio, sino una colección de materiales que reu- 
nió un padre Duarte para probar que Santo Tomás apóstol había predica- 
do el evangelio en México. Ya entre los viejos cronistas se había manifes- 
tado el empeño de encontrar entre los mexicanos las tradiciones bíblicas y 
conocimiento del cristianismo. En el jeroglífico de la peregrinación azte- 
ca pretendían encontrar el diluvio de Noé, la confusión de las lenguas en 
la torre de Babel y la dispersión en la llanura de Seenar. Fábrega el intér- 
prete del Códice Borgiano, vio en las pintureis de lo^ indios referencias al 
paraíso y al pecado original. Boturini, Veytia y el mismo sabio Gama ha- 
blaban del conocimiento que los nahoas habían tenido de la detención del 
sol por Josué, y del eclipse acaecido en la muerte de Jesucristo, sin preo- 
cuparse, como lo hace observar un historiador moderno, de que cuando era 
de día en el hemisferio en que se suponían pasados esos hechos, era de no- 
che en éste, y no podía saberse lo que al sol le estaba pasando. Ningún 
partidario fué tan fiel á tan erróneas enseñanzas como el Lie. Borunda, y 
fundó y sustentó sus estólidas doctrinas en la interpretación que hizo de 
los jeroglíficos que se observan en las tres piedras, que él W-Ania, juñascoH, 
que se encontraron en el subsuelo de la plaza de Armas de México, en la 
última década del siglo pasado. Esas piedras que trastornaron el juicio del 
Lie. Borunda, son: la estatua colosal de la diosa Tcoyaoiuiqni, conocida hoy 
con el nombre fie f'oatlicv/;, "la que tiene su falda do culebras; '" la cono- 



36 

cida con el nombre de Calendario azteca; y el CuauhxieálU de Tízoc, vul- 
garmente llamada "Piedra de los sacrificios." Estas tres piedras están en 
el Museo Nacional. 

De estos tres peñascos, el primero fué pai'a el Lie Borunda un radió- 
graf o de los rayos X de Roengen pues con su auxilio penetró su mirada 
hasta el siglo I de la Era Cristiana, y alcanzó á ver al apóstol Santo Tomás 
atravesando los océanos á pié enjuto, ó empleando su capa á guisa de bar- 
quilla, hasta poner sus plantas en las playas de la Patagonia, lo ve después 
internarse por las Pampas, ascender á las cumbres de los Andes y tomar 
reposo en las altiplanicies del Cuzco, donde se convierte en Inca, y da prin- 
cipio á su tarea de predicar el Evangelio; cuando los ascendientes de Ata- 
hualpa se mostraron observantes de la nueva religión, prosiguió su camino 
y, subiendo y bajando por las escarpadas serranías del Ecuador, de Nica- 
ragua y de Cuauhtemallan, llegó al territorio donde hoy se encuentran las 
ruinas de Mictla y de Palemlce, y predicó de nuevo el Evangelio ; profun- 
diza más la mirada el clarividente, y ve al santo apóstol llegar al corazón 
del Anahuac, donde encuentra establecida una gran nación; pero no en el 
fondo del Valle llamado hoy de México, sino en las asperezas de la serra- 
nía del Sur, cerca de Axochco (Ajusco), y allí su predicación es prodigiosa, 
pues convertido en Quetzacoatl (Culebra preciosa), destruye antiguas reli- 
giones, enseña la cristiana, funda templos y establece ¡ la Eucaristía ! pero 
como en el Anahuac no había trigo ni uvas no adoptó las dos especies de 
pan y VÍ710 sino que con semillas de bledos hacían una estatua de Jesucris- 
to, y después de adorarla, se la comían los fieles. (1) Según Borunda, vein- 
te años empleó Santo Tomás en su predicación en América, y él fué el que 
enseñó á los Toltecas, que fundaron Tallan en ¡ el siglo Vil ! á bañarse, á 
trabajar el oro y la plata, el arte culinario y el de medicina. Antes de mar- 
charse del Anahuac, previendo la apostasía de los pueblos convertidos, es- 
condió en varias cuevas las imágenes de Jesús y de María que les había 
pintado, ó esculpido á los nahoas cristianos; y esas imágenes son las que 
fueron apareciendo después de la Conquista, y que hoy se veneran en Chal- 
ma, en Ameca, en Guadalupe, en Tlaltenango y en otros tantos lugares. 
El Señor de Chalma es, según opina Borunda, la diosa que después llamaron 
los Mexicanos Tlazolteotl, la diosa del estiércol ó de la basura, esto es, la 
Venus cloacina de los reñíanos. La última mirada de Borunda siguiendo 
al santo apóstol, se dirige á Xicalanco, allí lo ve embarcarse en el esquife 
en que había venido, esto es, en su capa, y dirigirse á la isla de Cozumel, 

(1) Esta ceremonia la encontraron en uso los Conquistadores, pero la estatua ya no 
representaba á Jesús, sino á Huitzilopochtli, y la llamaban los mexicanos Texcualo, Dios 
comido. La existencia de esta ceremonia lo que prueba es que los sacerdotes siempre han 
hecho comulgar á los pueblos hasta con ruedas de moüno. 



57 

donde implanta iinas cruces, como último testimonio de su advenimiento 
á la América. 

La tradición, la historia, la cronología, el idioma, todo se opone á las 
apocalípticas interpretaciones del famoso Borunda ; pero él se desembara- 
za de estos obstáculos declarando urbi ct orbi que la tradición era falsa, por- 
que los nahoas apóstatas habían ocultado todas las verdades; que la histo- 
ria adolecía de los mismos errores, porque sus autores ignoraban también 
la verdad; que los cómputos cronológicos eran inexactos, porque el Tonala- 
matl (calendario) tolteca y mexicano tenían por punto de partida una épo- 
ca falsa; y por último, que el idioma no había revelado las augustas y san- 
tas verdades de los primeros siglos del cristianismo, porque tenía un sen- 
tido alegórico que se había escapado á la penetración de los Olmos, de los 
Molina, de los Sahagún y de todos los nahuatlatos que se distinguieron en- 
tre los misioneros. Para dar ejemplo de las extravagancias á que sometió 
Borunda el idioma náhuatl, en su afán de comprobar el paso de Santo To- 
más por la tierra de Cuauhtemoc y de Netzahualcóyotl, mostraremos al lec- 
tor las etimologías que atribuye á las palabras Tizatl y Tómatl, de que se 
han formado los aztequismos Tizar y Tomate, objetos de todos conocidos. 

"De este absorbente (el tizatl) dice Borunda — es sabida su aplica- 
"ción á curaciones de Acedías, Lombrices, y otras enfermedades, pero no 
"en el estado de inexplicable atenuación y divisibilidad, como lo instru- 
"yen las aguas en que se anotó disuelta con el distintivo tisatl, Agua atl, 
"de Médico tisitl. " Ese médico no es otro sino Santo Tomás. 

Del tomate dice : "De esta producción usan los naturales en sus ali- 
" mentos, especialmente para amortiguar el ardor, ó acrimonia del Pimien- 
" to ChilU, pero asándola primero en las brasas; y siendo sabido que su jugo 
"es lenitivo, ya en dolores de garganta, ya en ardores de espaldas y de ri- 
" ñones, y ya en otras dolencias. Si el distintivo tomatl se descompone, re- 
" sulta agua a</, íwwde Tome." Estoes, agua de Tomás: ¿Eissmn teneatis....? 

Conocida.s ya, por lo que hemos expuesto, la índole de la obra "Cla- 
ve general de Jeroglíficos Americanos," y la obsesión que dominó el espí- 
ritu de su autor, tiempo es ya de dar á conocer la etimología que atribuye 
á Culhuacan: 

Dice Borunda: " cuando se hazía algún llamamiento en el 

"Reyno para lo que aqyel (Santo Tomás) mandaba, se subía el pregonero 
"en aquella Sierra Tzatzitepcc, y sus voces se oían por más de CIEN LE- 
" GUAS hasta las costas del Mar. — Aquí se nota haberse traducido al Pre- 
"dicador por Pregonero tzatzini el que grita, y por ello tratada también 
" aquella rendida cumbre de la grande Mole donde se hizo el principal asien- 
" to para extensión del Cristianismo, de Tzatzitepec, en c, cerro tepetl, para 
"predicar ó gritar tzatsi. Asimismo se advierte exttendida desde él la Mi- 
Revista [1900-1901 J— 8. 



58 

"sión hasta las costas, y tratado por ella al mismo Apóstol de Padre de 
" Culuacan, ó País cati, que se inclina Culua, como lo está el continente 
" para ambos mares, permaneciendo en la costa del de Sur el distintivo Cu- 
" liacan, ó acaecimiento que instruie en la era nacional el segundo Monu- 
" mentó (peñasco) hallado." Qui potest capere copiat. 

No intentaremos combatir el error capital de la obra de Borunda; ya 
el omnisciente Nigromante, con mano maestra y sobra de sal ática, confun- 
dió á los sostensdores del peregrino advenimiento del apóstol Didimus á las 
tierras descubiertas por Cristóbal Colón. 

Bien hizo al decir el Duque de Loubat. en su prólogo á la Clave, que 
solamente la publicaba á título de curiosidad histórica. . 

Cuemavaca, 1900. > 



HOTE SUR L'ELAPS MICHOACANENSIS, 

par M. Le Dr. Alf. Dugés, M. S. A. 

(Extrait du BuUetin du Muséum d^Histoirc Naturelle de París, Anuée 1896, núm. 2.) 

Dans l'année 1891, j'ai publié dans La Naturaleza de México, 2^ serie, 
t. I, page 487, une noter sur un Elaps que je nommais El. diastema Mi- 
clioacanensis. Aujourd'hui, que j'ai observé un autre exemplaire absolu- 
ment semblable, je vois que les caracteres sont constants, et que par con- 
séquent cet E laps n'est pas une variété de diastema, mais bien une nouvelle 
et bonne espéce qui doit porter le nom seul de michoacanensis. La figure 
donnée dans le journal cité a été mal interprétée et coloriée: le ventre de- 
vait étre rouge cerise; il manque un triple anneau au corps; le noir ventral 
du dernier anneau figuré a été oublié. C'est le motif pour lequel je me de- 
cide á donner de cet Ophidien une description nouvelle. 

Les mesures données loe. cit. son exactes. II y a sept labiales supé- 
rieures, la sixiéme ne touchant pas la pariétale; on compte deux tempora- 
les (1-f-l); sur le corps, les écailles d'une serie oblique sont au nombre 
de quinze. Sur le corps, on ne voit que six anneaux noirs complets, de cinq 
écailles chacun: ees anneaux sont bordes en avant et en arriére par un au- 
tre anneau jaune contenant quatre écailleá. Les grands intervalles qui sé- 
parent ees triples cercles se composent de trente-deux écailles rouges; l'ex- 
trémité de chacune des écailles peut oñ'rir un peu de brun. Sur la queue, 



59 

on observe deux tres largas anneaux noirs separes par des cercles jaunes 
étroits, et Textrémité del'organe estnoir. Sur le cou, un large coUier noir 
complet, de huit écailles, arrive jusqu'á la nuque. Une tache noire occu- 
pe le dessus de la tete jusque vers la moitié des parietales, descend demo- 
re l'oeil et couvre les cotes du museau et les trois premieres labiales supé- 
rieures; le bout du museau est brun. La máchoire inf érieure ainsi que le 
dessous de la tete et l'espace entre la tache antérieure et le collier noir 
sont jaunes. Les couleurs du dessous du corps correspondent exactement 
á celles des parties supérieures. 

Le premier exemplaire. que j'ai décritcomme variété de Elaps dias- 
tema (1), provenait de l'État de Michoacan; le second, qui m'a surtout ser- 
vi pour la note rectificative actuelle, m'a été remis comme capture a Tec- 
pan de Galeana, dans l'Etat de Guerrero. 

Les deux sujets sont tellement semblables qu'on doit considerar leurs 
caracteres comme constants, et par conséquent laisser á cet Elaps le nom 
de michoacanensis A. Dug. comme espéce et non variété de diastema. Au- 
cun autre Elaps ne présente un aussi petit nombre de cercles sur le corps 
ni sur la queue, et Ton sait que, chez ees Ophidiens, les couleurs ont une 
valetu' spécifique véritable. 



bibliografía. 



La cure pratique de la tuberculose par le Dr. P. Pujade 

(d'Amélie-les-Bains) Précédée d'unelettre-préface par E. Boi- 
rac, Docteur es lettres, Recteur de l'Académie de Grenoble. — 
París G. Curré et C. Naud. 1900. 12? 371 pages. 3 fr. 50. 

"Médicos, la humanidad está colocada bajo nuestra salvaguardia. 
Mientras más inminentes sean los peligros que la amenazan, mayores de- 
ben ser nuestro celo y nuestro valor. Publiquemos cada uno de nosotros 
los efectos de los medios terapéuticos empleados; no nos reservemos las 
ideas luminosas de la meditación y de la experiencia y llegaremos á encon- 

(1; Jilapt diaattma Dum. et Bibr., Erpet. génér., t. Vil, 1854, p. 1222. Envoyé de 
Gllanajiiato. 1<; ]'-r jaiivicr 1800, par Alf. IJiii^úh. 

La colkctloii hcrpétologiqneduMugée de Puris rcnfcrme deux BpécimeuH de l'Elaps 
múhoaetmenei* racneilliü rar 1« verHant occidental dn volean d'Attitlan (Guatemala), 



60 

trar armas para luchar contra el nuevo enemigo que diezma los pueblos." 
(Dr. Juan Pujade. Abril 1855). 

Hé aquí otra obrita que trata también de otro azote terrible del hom- 
bre. Está escrita en vista de los mejores resultados prácticos; campean en 
ella el respeto escrupuloso á los hechos tales como los da la observación 
clínica, un empeño de seguir á la naturaleza en sus indicaciones y contra- 
indicaciones múltiples, así como un profundo amor á la humanidad y el de- 
seo, ó más bien la firme voluntad, de trabajar en aliviar sus sufrimientos. 

Las materias tratadas son las que siguen: La tuberculosis, sus pro- 
gi-esos. Etiología de la tuberculosis. Cómo se adquiere. Papel del conta- 
gio. Tuberculosis y tisis. Curabilidad déla tuberculosis. La lucha contra 
la enfermedad; la fagocitosis. Algunos síntomas y algunas formas de la tu- 
berculosis crónica. La fiebre de los tuberculosos. La fiebre de los tísicos. 
— Cómo se cura la tuberculosis: curación general; curación medicfimento- - 
sa; curación de las complicaciones; curación por el frío y las altitudes. Los 
sanatorios. 

Eapports presentes au Congres de Physique réunie á Paris 
en 1900, sous les auspices de la Société Fraii9aise de Physi- 
que, rassemblés et publiés par Ch. Éd. Guillaume et L. Poin- 
caré, Secrétaires généi*aux du Congrés. — París, Gauthier-Vi- 
llars, 1900. 3 vol. gr. in 8° 698, 570 & 619 pages, avec figures. 
50 £r. 

Encontramos en esta preciosa obra una gran colección de interesan- 
tes y nuevos estudios que constituyen verdaderas Memorias y monografías 
relativas á la Física, por los más renombrados físicos europeos. Vamos á 
dar la noticia de los trabajos que contiene cada tomo y así se juzgará per- 
' fectamente de la importancia de esta publicación. 

El tomo I está consagrado á Estudios generales, Metrología, Física 
mecánica y Física molecular. Lo forman las memorias siguientes: Eelacio- 
nes entre la Física experimental y la Física matemática por S. Poincaré. 
De la precisión en las determinaciones de las longitudes en Metrología por 
J. B. Benoit. Las unidades de medida por C. JE. Guillaume. Los laborato- 
rios nacionales físico -técnicos por H. Pellat. Determinaciones metroló- 
gicas por los métodos interf erenciales por J. Macé de Lepinay. La escala 
termométrica normal y las escalas prácticas para la medida de las tempe- 
raturas por P. Chappuis. Los progresos de la Pirometría por J. S. Ames. 
El calor específico del agua por E. S. Griffiths. Sobre la velocidad de la 
propagación del sonido por J. Violle. Propagación en xm. tubo grueso por 
M. Brillouin. Las acciones hidrodinámicas á distancia según la teoría de 



61 

C. A. Bjerknes por F. Bjerknes. Estado actual de nuestros conocimien- 
tos sobre la elasticidad de los cristales ¡jor TV. Voigt. La deformación de 
los sólidos por A. Mesnager. La constitución délas ligas metálicas por Sir 
W. Roberts-Austeny A. Stansjield. Propiedades de los sólidos bajo presión, 
difusión y movimientos internos de la materia sólida por W. Spring. Las 
deformaciones pasajeras de los sólidos por C. E. Guillaume. La fusión y la 
cristalización segi'iu las investigaciones de G. Tammann por B. Weinhery. 
( Cristalización á temperatura constante por J". H. Van't Hoff. La rigidez de 
los líquidos por T. Schwedoff. Los fenómenos capilares por G. Van der 
Menshrugghc. La difusión de los gases sin pared porosa depende de la con- 
centración por M. BrUlotdn. Osmosis. Paredes semi-permeables por J. Pe- 
rfin. La teoría cinética de los gases y el principio de Carnot por G. Lip- 
pmann. Estática experimental de los fluidos por E. H. Amagat. Estática 
de los fluidos mezclados por J. D. Van der Waals. Los métodos de deter- 
minación de las constantes críticas y los resultados que han producido por 
E. Mathias. El índice crítico por el Príncipe B. GaUtzine y J. Wilip. El 
calor específico de los gases por A. Battelli. 

El tomo n contiene las memorias siguientes acerca de Óptica, Elec- 
tricidad y Magnetismo: Sobre el movimiento de un sólido atravesado por 
un cuerpo que obra sobre él por atracción ó repulsión por Lord Kelvin. Las 
leyes teóricas de la radiación por W. Wien. La radicación de los cuerpos 
negros por O. Lummer. Sobre la emisión de los gases por E. Pringsheim. 
Las fuerzas de Maxwell-Bartoli debidas á la presión de la luz por F. Lebe- 
def. El espectro infra-rojo por H. Itubens. Las teorías y fórmulas de dis- 
persión por E. Carvallo. La distribución de las rayas espectrales por J. It. 
Rydberg. Sobre la velocidad de la luz por A. Cornu. Las medidas de la ve- 
locidad V por H. Abraham. Determinación de la velocidad de propagación 
de las ondulaciones electromagnéticas por B. Blondlot y C. Gutton. El mo- 
do de propagación de la energía y de la tensión eléctrica en el campo elec- 
tromagnético por J. H. Poynting. Las ondas hertzianas por A. Righi Los 
radio-conductores por E. Branly. Los gases considerados como dieléctri- 
cos por E. Bouty La disociación electrolítica de las soluciones por S. Arrhe- 
niu». Sobre la electricidad de contacto por C. Christiansen. Algunas obser- 
vaciones sobre las teorías de la pila voltaica por L. Poincaré. Los patrones 
de fuerza electromotriz por G. Gouy. El equivalente electroquímico de la 
plata, del cobre y del agua por A. Lediic. Propiedades magnéticas de la ma- 
teria ponderable por H. du Boig. La histéresis por E. Warburg. Las trans- 
formaciones del fierro carburado por J. H, van't Hoff. La magnetoestric- 
ción por II. Nagaijka. Las modificaciones físicas debidas á la imanación por 
el Dr. Hurmuzescu. 

El tomo m trata de Electro-óptica é ionisación, ' Aplicacioneii, Písi- 



62 

ca cósmica, Física biológica, y está formado por las siguientes memorias : 
Teoría de los fenómenos magneto-ópticos descubiertos recientemente por 
H. A. Lorentz. Teoría de la dispersión en los metales fundada sobre la con- 
sideración de los electrons por P. Drude. Sobre la radiación del uranio y 
sobre diversas propiedades de la radiación de los cuerpos radioactivos por 
H. Becquerel. Las nuevas substancias radioactivas y los rayos que emiten 
por P. Curie y Mme. Curie. Los rayos catódicos por P- Villard. Indicacio- 
nes relativas á la constitución de la materia producidas por las investiga- 
ciones recientes sobre el paso de la electricidad á través de los gases por J. 
J. Thomson. Las cargas eléctricas y los gases ionisados por E. Villari. So- 
bre los fenómenos actino-eléctricos producidos por los rayos violetas por 
E. Bicliat y B. Swyngedauw. La fuerza contra-electromotriz del arco eléc- 
trico por V. von Lang. Sobre las corrientes polifáseas por A. Fotier. Sobre 
la inscripción directa de las corrientes variables por A. Blondel. Los pro- 
gresos de la teoría de las máquinas térmicas por A. Witz. La constante de 
la gravitación por C. V. Boys. Repartición de la intensidad de la pesantez 
en "la superficie del globo por B. Bpurgeois. Estudio sobre las superficies 
de nivel y la variación de la pesantez y del campo magnético por B. JEotvos. 
Las oscilaciones de los lagos por F. A. Forel y E. Sarasin. El hielo y los 
ventisqueros por E. Hagenbacli. Sobre las últimas investigaciones relati- 
vas á la electricidad atmosférica por F. Exner. La aurora polar según los 
trabajos de la Expedición danesa en Islandia por A. Paulsen. La constaij- 
te solar por A. Crova. Sobre la constitución física del Sol por K. Birkeland. 
Comparación entre la luz del Sol y la de algunas estrellas por C. Dufour. 
Las transformaciones de energía en el organismo por A. Broca. Sobre los 
fenómenos retiñíanos por ^. Charpentier. La acomodación por ilí. Tscher- 
ning. De la generalidad de los fenómenos moleculares producidos por la elec- 
tricidad sobre la materia inorgánica y sobre la materia viviente por Jaca- 
dis-Chunder-Bose. Aplicaciones de la Espectroscopia á la Biología y .^i 
particular de la Espectroscopia de la sangre ó Hematoespectroscopia po?" 
A. Menocque. • 



63 

ANTHROPOLOGIOAL BIBLIOGRAPHY 

OF MÉXICO, 
( S O IvI -A- T O X. O O- "^ ) . 



APUNTES 

PAKA UNA 

ilBllOGllAFli iNiyPOLOGlCA BE iPilCO, 

( SOai A.'X'OLOGl .4L ) . 

POR EL DR. NICOLÁS LEÓN, M. S. A., 

Aeietente Katuralista y Encargado de la Sección de Autropología 
y Etnografía en el Museo Nacional 

La Historia de la Antropología en México, teniendo orígenes tan mo- 
dernos, puede condensarse en muy cortas líneas. Data su estudio del año 
1864, época de la creación de la "Comisión científica de México," que trajo 
entre sus huestes la intervención francesa. No obstante los auspicios po- 
co favorables para llevar á cabo estudio de esta clase, se liicieron buenavS 
observaciones y se recogieron importantes ejemplares. 

Los trastornos interiores de México que siguieron á esa época de luto 
y sangre, impidieron que la semilla depositada por los sabios franceses se 
desarrollara, extendiera y fructificara. 

Consolidada la paz de México bajo el Gobierno del Sr. Gral Díaz, em- 
pezaron á visitar nuestra República viajeros distinguidos que se ocupai'on 
de estudios antropológicos. Hasta el año 1887 se creó en el Museo Nacio- 
nal, por erapeño.s del Sr. Dr. D. Jesús Sánchez, entonces su Director, una 
sección de Antropología en la que se reunieron algunos cráneos pre-colom- 
binos, y se dotó con una colección de vaciados en yeso ejecutada por el co- 
nocido comerciante Mr. Ward, de los Estados Unidos, y por vez primera 
tuvo el Establecimiento á que me refiero un profesor de Antropología en 
la persona del Sr. Dr. D. Francisco Martínez Calleja. (Anales del Museo 
Nacional de México, t. IV, p. 4, México, 1897). 

Pocos meses subsistió esa plaza, por haberse suprimido, y se anexó 
la naciente sección de Antropología á las de Botánica y Zoología, que se le 
confiaron al profesor de aquélla. 



64' 

Permanecieron las cosas en tal estado hasta mediados del año 1895 
en que, con motivo de la 11^ reunión del Congreso Internacional de Ame- 
ricanistas, efectuada en la ciudad de México en Octubre de ese mismo año, 
ordenó el C. Secretario de Justicia é Instrucción Pública se estableciese 
la sección de Antropología, comisionando para tal objeto á los Sres Prof. 
Alfonso L. Herrera y Dr. Ricardo E. Cicero. 

El resultado de sus trabajos consta en el Catálogo núm. 4, "Colec- 
ción de Antropología del Museo Nacional." México, 1895. 

Nada se volvió á emprender en el sentido de aumentar la colección 
y dotar su laboratorio con los elementos necesarios, y por lo mismo ha que- 
dado esta sección estacionaria. 

Pronto recibirá un impulso trascendental, pues con motivo del próxi- 
mo Congreso Latino Pan- Americano, el Museo sufrirá cambios radicales y 
la sección de Antropología tomará su rango definitivo, creándose á la vez la 
de Etnografía, que boy se encuentra dispersa en la de Historia. 

El Supremo Gobierno de la Nación y la Dirección del Museo me han 
honrado confiándome la sección antropológica existente y el arreglo de la 
etnográfica, encargo superior á mis fuerzas y conocimientos, mas en rela- 
ción con mis antiguas aficiones y estudios profesionales. 

Desde el año 1886, al fundar el Museo Michoacano el ilustre ó inol- 
vidable Sr. Gral. Mariano Jiménez, y confiarlo á mi dirección, dediqué es- 
pecial atención á la Antropología y Etnografía de los tarascos, y en los 
Anales de ese Establecimiento hay publicado un estudio de mi pluma (Año 
39, pp. 168-173, Morelia. 1890) referente á ambas. 

Muy corto es el número de las personas que en México han dedicado 
sus esfuerzos á estudios antropológicos; sus nombres en orden cronológi- 
co, son: Lie. Protasio P. Tagle, Gral. Vicente Riva Palacio, D. Leopoldo 
Batres, Dr. Francisco Martínez Baca, Prof. Alfonso L. Herrera y Dr. Je- 
sús Sánchez. Con excepción de los Sres. Dres. Martínez Baca y Sánchez, 
todos los restantes han muerto ó abandonado ese estudio. 

Nuestras Bibliotecas públicas, inclusa la del Museo, carecen de libros 
antropológicos, y ni en establecimientos de instrucción, ni en poder de par- 
ticulares, existe una colección completa de instrumentos antropométricos. 

Al reanudar mis estudios quise informarme también de lo que res- 
pecto á México en materia antropológica se hubiese escrito, creyendo ser 
este punto la base de futuras investigaciones. Tropecé para ello con mil 
dificultades, que en parte fueron vencidas gracias á los buenos servicios 
del Sr. Prof. Ottis Tufton Masson, del Museo Nacional de los Estados Uni- 
dos, y los de la Sociedad Científica "Antonio Álzate. " 

El resultado de esas investigaciones es el presente trabajo, imperfec- 
to y deficiente: es él un verdadero ensayo que busca más que aplausos, co- 
rrecciones y aumentos. Espero que ambas cosas no se me negarán. 

JDr. N. León. 



65 

1.— Aitken Meigs S., Véase líott & Gliddon. 

2. — Antfnimo. Razas humanas. — "Calendario de Galván para el año 
1853." México, pp. 60-68. Con figuras. 

3. — ^—^— Trabajos de un sabio francés. Las colecciones de M. 

León Diguet. — "El Estandarte," 2? época, 24 de Agosto de 1900. 
S. Luis Potosí. 

4. — Antón M., Antropología de los pueblos de América anteriores al des- 
cubrimiento. Madrid. 1892. 

5.— Aranzadi T., Véase Hoyos Sainz L., 

6. — Baillarger et Ferros, Opinión ó dictamen sobre los Aztecas pre- 
sentados á la Academia Imperial de Medicina. — "BuUetin de 
l'Académie de Médecine." París, 1855. Tom. XX, p. 1156. 

7. — Baker A. — The aboriginal races of the state of Veracruz. — "Proc. 
Roy. Geog. Soc," t. IX, pp. 568-574. London. 

8. — Bancroft H. H., The Natives Races of the Pacific States. — "Ban- 
croft's "Works." S. Francisco California, 1883. 5 vola., passim. 

9.— Barcena M. y del Castillo A., Antropología Mexicana. El hombre 
del Peñón. México, 1885. Con 3 láminas. 

10. — Notice of some human remains found near the City of 

México. — "The American Naturalist," vol XIX, 1885, pp. 739- 
744. Con 2 láminas. 

11. — ■ Noticia acerca del hallazgo de restos humanos prehistóri- 

cos en el Valle de México. — "La Natureleza,"t. VH, pp. 257-264. 
México, 1887. Con dos láminas. 

12. — Bastain A., Mexicanischer Graberschadel. — "Verhandl. d. Berl. 
Gessellsch f. Anthrop." Berlin, 1881, p. 33. 

13. — Batres L., Estudio sobre los Toltecas. — "Memoria presentada al 
Congreso de la Unión por el C. Lie Joaquín Baranda, Secretario 
de Estado y del Despacho de Justicia é Instrucción Pública." 
México, 1887, pp. 382-393. Con láminas. 

14. — Les races mexicaines. — "La Nature" 16™* Année. Premier 

.semestre. París, 1888, pp. 87-90. Con figuras. 

15. — Momia tolteca. México, 1889. Con una lámina. 

16. — Antropología mexicana. Clasificación del tipo antropoló- 
gico délas printipales tribus aborígenes de México. — "Rev. Nac. 
deLetr. y Cieñe," 1. 1, pp. 191-196. Con 2 láminas. México, 1889. 

17. — Teotihuacán ó la Ciudad sagrada de los Tolteca. México, 

1889. Oon 9 láminas. (Véase el núm. 13). 

18. — Antropología Mexicana. Cla.sificación del tipo étnico de las 

tribus zapotecas del Estado de Oaxaca, y acolhua del Valle de Mé- 
xico. En "Memoria que el Secretario de Justicia é Instrucción 

Revista fl900-1901]._9. 



66 

pública, Lie. Joaquín Baranda, presenta al Congreso de la Unión." 

México, 1889, pp. 257-262. Con 2 láminas conteniendo 10 figuras. 
19. — Anthropologie mexicaine. Ostéologie, 1898. México, 1900, 

pp. 25. Retrato del autor y varias figuras intercaladas en el texto. 
Caracteres osteológicos de las razas de México y origen de 

la viruela en América. 
20. — Bertillon A., Les Races sauvages. París, s. a. 4?, p. 311. Con gra- 
bados. 
21.— Bertillon J., Les Aztéques. — "La Nature," pp. 65-67, Año 1875, 

primer semestre. Paris. 

Con un retrato del pretendido Azteca, hombre microcéfalo 

y pigmeo. " 

22. — Le Musée de l'Ecole d'Antbropologie. — "La Nature," pp. 

39-42, Año 1878, primer semestre. París. Con figuras, y entre 

ellas dos cráneos mexicanos. 
23. — Berthold A., Ueber einen Scbadel aus der Grábern der alten Pa- 

laste vonMitla.— "Nov. Act. Acad. Cees. Leop. Carol. Nat. Cur.," 

t. XIX, p. 2, lám. LXXXV, 1842. 

Traducido en castellano y reimpreso en "An. Mus. Nac. de 

México," t. m, pp. 116-121, con una lámina y este título: "Des- 

ciipción y estudio de un cráneo extraído de las tumbas de uno 

de los palacios de Mitla." 
24.-Blumenl)acll J. T., Collectio craniorum divers gentium. 6 Deca- 
des et Nova pentas. Gottingue, 1790-1828. Con 70 láminas Lám. 

69. Mexicani genuini. 
25.— Boas F., Cranium from Progreso, Yukatan. Worcester, 1890. Con 

dos láminas.— "Proc. Am. Antiguar. Soc. of Worcester," t. VI, 

pp. 350-57. 
26.— Boban E., Antiquités mexicaines. "Musée Arcbéologique," t. I, 

pp. 45-51. París, 1875. 

Contiene noticias importantes sobre antropología mexicana. 
27. — Bouté A., Rechercbes faites et a faire sur l'origine de la race me- 

xicane indigéne.— "Revue Oriéntale et Américaine," t. YUl, pp. 

263-80, París. 

Se ocupa de los caracteres físicos de las razas de México; 

passim. 
28. — Brinton D. Q., Races and peoples: Lectures on tbe science of ett- 

nography. New York, 1890.- Con cartas y figuras. 
29. — The American Race. A linguistio clasification and Ethno- 

graphic description on the native tribes of North and Sovith Ame- 
rica. New York. 1891. 



67 

30.— Campos J. M., Paralelo enti-e las razas indígenas y criolla. Tesis. 
E.' de M.. Toluca, 1873. 

31.— Carrillo Áncoua C, Estudios Históricos y Arqueológicos, Los Ca- 
bezas-Chatas, Mérida de Yucatán, 1886. Con una lámina, y en 
"Anales del Museo Nacional," t. III, p. 272. México, 18S6. Con 
una lámina. También se imprimió sin las figuras en "La Voz de 
México," Marzo y Abril de 1886. 

32. — Castaiug A., Les dessins de Jean Amastus Klein sur la craniolo- 
gie américaine.— "Annuaire du Comité d'Arcbéologie américai- 
ne," 1866-67, pp. 141-42. Pai-ís, 1867. T. 11. Se refiere á los crá- 
neos encontrados en el "Cerro de las Palmas." 

33.— Castillo. A. del, Véase Barcena. M. 

34. — Cervantes F., Consideraciones generales sobre mogostosia. Tesis. 
Oaxaca, 1893. 

35.— Ceuleneer Ad. de, Type d'IndieuduNouveau Monde representé sur 
un bronze antique du Louvre. BruxeUes, 1890. P. 32, nota. Con 
una figura. 

36 —Cicero R. E., Véase Herrera. A. L. 

37. — Clavijero F. J., Historia Antigua de México sacada de los mejo- 
res historiadores españoles, y de los manuscritos y pinturas an- 
tiguas de los indios. Traducida por el Dr. D. Francisco Pablo 
Vázquez. Mé.\ico, 1853. 

38.— Cortambert R., De lachevelure chez lesdifferentspeuples:- "Re 
vue Américaine et Oriéntale," tt. 39, 4? y 5? Paris, 1860-61. 

39. — Culi R., A brief notice of the Aztec race. London, 1853. Con una 
lámina. 

40.— C'harencey Mr. le Comte de, Les deformations craniennes et le 
Concile de Lima. Amiens, 1894, pp. 1-57. Extracto de la "Re- 
vue des Religions." 

41.-»-Charnay D,, Carta fechada en Mérida el 19 de Enero de 1882, en la 
cual dice que "Mr. Agassiz encuentra que el tipo Yucateco se 
parece 4I de los Caribes de la Dominica." — "Revue d'Ethnogra- 
phie," t. I, p. 160. París, 1882. 

42. — Dabry de Thiersant P., De l'origine desindiens du Nouveau-Mon- 

de et de leur civilisation. París, 1883. 49 mayor, pp. 1-358, más 

una hoja de índice y Erratas. 

En la sección líí Origine des Indiens, habla de los hombrea 

de México. 
43. —Dallas .1., The races of men. — "Journal Anthropological Institu- 

te," t. XV, p. 304. London. 
44. — Dally Dr. £., De la chevelure comme caractéristiquc des races hü- 

inainp?». "Ass. Pr,"pourrav. des Se. Lille, 1874, pp.' 511-519, 



45. — Davls J. B., Thesaurus craniorum. Catalogue of the skull of th.e 
various races of men in the collection of Jos Barnard Davis. Lon- 
don, 1867. 2 láminas y varios grabados. En p. 234, Cráneo Co- 
manche de Durango, indio mexicano. 

46. — Notes from Thesaurus craniorum. London, 1866. 

47. — Deniker J., Essais d'une clasification des races humaines, basée 
uniquement sur les caracteres physiques. — "BuU. Soc. d'An- 
throp. de París," 3^ serie, t. XII, pp. 320-336. 

48. - Sur les ossements humaines recueillies par M. Diguet 

dans la Basse-Californie "BuU. du Mus. d'Hist. Nat.," pp. 33- 
35. París, 1895. Parecen ser restos de Pericués. 

49. — Les races et les peuples de la terre. Eléments d'Anthropo- 

logie et d'Ethnographie. Caracteres somatiques et ethniques. 
Classification des races et des peuples. Races et peuples de l'Eu- 
rope, de l'Asie, de l'Afrique, de l'Océanie et de l'Amérique. Con 
176 láminas y 2 mapas. París, 1900. 

50.— Deschamps M. H., Etudes des races humaines. Methode nature- 
Ue d'Ethnologie.. París, 1857-1859. 

51. — Diguet L., Relation sommaire d'un voyage au versant occidental 
du Mexique. — "BuU. duMus. d'Hist. Nat.,"pp. 345-352. París, 
1898. Noticias sobre Coras y Kuicholes. 

52. — Con tribu tion á l'étude ethnographique des races primiti- 

ves du Mexique: la Sierra du Nayarit et ses indigénes. — "Nou- 
velles Archives des Missions scientifiques," t. XI. París. 1899. 
Con 11 láminas. Se ocupa de los Coras, Huicholes y Tepeliuanes. 

53. — Domenech E., Notes anthropologiques, géographiques et géodési- 
ques sur les hauts plateaux mexicains. París. Con un mapa. 

54.— Figuier L., Les races humaines. 4? edición. París, 1880. Con %u- 
ras y planos. 

55. — Flores F., Ligeros apuntes de pelvimetría comparada. Tesis 

Esc. de Med. de Méx. Cuernavaoa, 1881. Conformación general 
de la pelvis mexicana comparada con la pelvis -europea: Deter- 
minación del ángulo de inclinación del plano de los estrechos su- 
perior é inferior, y de la sínfisis pubiana: Dirección del eje del 
canal y pelvimetría interna. 2 cuadros sinópticos y una figura. 
Reproducida en "Rev. Méd. de México," vol. 29, p. 294. 

56.— Flores F. A., El hímen en México. México, 1885. Con 16 láminas. 

57. — Flower W. H., The American races. -"Brit. Med. Jour." London, 
1880, t. I, pp. 549, 577 y 616. 

58.— García Conde F., Ensayo Estadístico sobre el Estado de Chihua- 
hua.— "Bol. de la Soc. de Geog. y Estad.," 2? época, t. 59, p. 314. 



Sección 1? De las tribus bárbaras que hostilizan el Estado. Mé- 
xico, 1857. 

59. — García D., Diverso grosor de algunas regiones del cráneo en la ra- 
za mixta latino-americana. — "El Progreso Médico," 1. 1, pp. 63- 
' 68. San Luis Potosí, 1899. 

Reproducido en "El Estandarte" de San Luis Potosí, 2? épo- 
ca, el 4 de Junio de 1899. 

60. — Gilbert E., Les momies indo-améi'icaines. — "Revue Se. du Bour- 
bonnais," pp. 90-92. 1897. 

61. -Gliddou Geo. R., Véase Xott J. C. 

62. — Godron D. A., De l'espece et des races dans les étres organisés et 
spécialemente de Tunité de l'espece humaine. París, 1872. 21' edi- 
tion, tt. 1?, 2? y 49 

63. — González M. T. yOlivárez A. R., Estudios obstetriciales. Guana- 
juato, 1887. 

Critica y refuta la idea del Prof . Rodríguez respecto á la 
existencia de una pelvis tipo mexicana. 

64. —González P,, Breve estudio sobre antigüedades, razas é historia del 
Estado de Guanajuato . . . Guanajuato, 1897. 

Indicaciones ligerísimas de somatología; passim. 

65. — González de la Vega y Hornedo M., Algunas consideraciones acer- 
ca del tratamiento de las posiciones occípito posteriores. Tesis 
de la Escuela de Medicina de México. México, 1895. "Influen- 
cia de la Pelvis mexicana," p. 16. 

66. — Gosse Dr. , Essais sur les def ormations artificielles du crane. Genova. 
Habla de los cráneos encontrados en las tumbas antiguas de 
la Isla de Sacrificios y que por su forma denomina Cabezas ó 
"Cráneos Trilobados," p. 38. (Cita). 

67. — Gratiolet P.j Description d'un cráne de mexicain totonaque des 
environs d'Orizaba. — "Mémoires de la Société d'Anthropologie 
de París," tome premier. París, 1860-1863, pp. 391-398, láminas 
XyXL 

La pi-imera lámina representa el cráneo de perfil, y la según - 
la norma verticali». 

68. — Burla forme et la cavité cranienne d'un Totonaque. — 

"BuU. Soc. d'Anthrop.," t. H, p. 67. París, 1861. 

69.— Guillemln Taray re, Rapport sur l'exploration minéralogique des 
régions me^icaines. Allí se encuentra "Notes ethnographiques 
sur les régions mexicaines." — "Archives de laCommission Scien- 
tifique du Mexique," t. III, pp. 173-470. 

Describe brevemente los caracteres somatológicoa de las 
principales razau iudia£ de México. 



70 > 

70. — G^lltiérrez R., Estudio sobre la distocia en México. Tesis E. de M. 
México, 1872. Mediciones de pelvis ejecutadas por el prof. Eo- 
dríguez, auxiliado por el autor. 

71. — Hamy E. T., Les races malaiques et américaines. — "L'Anthropo- 
logie." París, 1896. 

72. — Sur le prétendu cráne de Montézuma 11. — "Compt. rend. 

Acad. des Se," t. CXII, pp. 745-747. París, 1891, l^^^ sem. 

73. — Le dent d'or de Tepito. — "Decades Americanae," pp. 161- 

162. París. Con 2 grabados. 

74. — L'ancienneté de rhomme au Mexique. - "LaNature," pp. 

262-264, Año 1878, l^"^ semestre. París. Con figuras. 

75. — Les mutilations dentaires au Mexique et dans le Yuca- 
tán. — "LaNature," pp. 403-406, Año 119, l*'^ senaestre. París. 
1883. Con dos grabados mostrando la cabeza de barro de Tejar, 
dientes perforados de un maxilar superior (Campeche) y el dien- 
te de oro de Tepito. 

76. — Les mutilations dentaires au Mexique et dans le Yucatán. 

— "Bull. de la Soc. d'Antbrop." París, 1882, pp. 885-887. 

77. — Sur la prédominance du type brachycepale dans les deux 

Amériques et notamment dans le Nord. — "Congrés Internatio- 
nal des Américanistes." Compte-rendu dé la Septieme Session, 
Berlín, 1888, pp. 261-262. Berlín, 1890. 

78. — Contribution á l'Antliropologie du Nayarit.— "Bull. du 

Mus. d'Híst. Nat.," pp. 190-193. París, 1897. 
Estudio sobre restos de Teules y Huicbolas. 
Eeimpreso en Eev. de la Soc. Cient. "Antonio Álzate," t. 
Xn. México, 1898. 

79. — ■ Momie de Comsitlán. Planche XXI, núm. 95. (Oaxaca.) 

En galería américaine du Musée d'Ethnograpbie du Troca- 
dero. 1®'' Partie. París, 1897. Una lámina y hoja de texto. 

Niega el origen tolteca asignado por el Sr. Batres á, esta mo- 
mia, y sostiene el mixteco-zapoteca. Véase el núm. 15. 

80. — Antbropologie du Mexique, pp. 148 y 20 láminas. París, 

1890. 

81. — Cráne perforé de Tarabumar de la Cueva de Picacbic 

(Chibuahua). - "Bull. de Mus. d'Hist. Nat.," pp. 339-341. París, 
1899. Con un grabado intercalado en el texto. Eeimp. en Eev. 
Soc. Álzate. 1900. Véase Quatrefages. 
82. — Hartmann R., L'Anthropologie des peuples d'Anabuac au temps 
■d® Cortés. — "Congr. Int. des Amer." Comp. Eend. déla Sept. 
Ses., Berlín, 1888. ps. 373. Berlín, 1890, 



71 

83. — Herrera A.. L. El hombre prehistórico de México.— "Memorias de 
la Sociedad Científica Antonio Álzate," t. VI, pp. 17-56. Con lá- 
minas. México, 1893. 

84. — y Cicero R. £., Catálogo de la colección de Antropolo- 
gía del Museo Nacional. México, 1895. 

85. — Estudios de Antropología mexicana. — ''La Naturaleza," 

serie II, t. U, pp. 462-t69. México, 1896. 

86. — Los tlatelolcas y los moimd-builders. — "Boletín de la So- 
ciedad Mex. de Hist. Nat.," t. I, pp. 15-17. México, 1896. 

87.— Hervé G. Véase Hovelacque A. 

88.— Hovelacque A. y Hervé G., Précis d'Anthropologie. 49, pp. 654. 
París. 1887. 

89. — Hoyos Sainz L. de, Etnografía, Clasificaciones. Prehistorias y Ra- 
zas Americanas. Madrid, 1900. 

90. — y Aranzadi T., L'Anthropologieet l'Ethnographiedans 

l'Exposition Histoñque-Américaine. Madrid, 1892. 

91. — Hrdlicka A., Description of an ancient Anomalous skeleton from 
the Walley of México; with special reference to supernumerary 
and biciiñtal ribs in man. — "Bulletin of American Museum of 
Nat. Hist., vol. Xn, ai-ticle V, pp. 81-107. New York, 1899. Con 
láminas. Traducido al castellano por A. L. Herrera, y publicado 
en "Anales del Museo Nacional de México," t. VH, pp. 75-92. 
México, 1900. 

92. — An Anomalous ulna-supra-capital foramen. — "Amer. 

Anthropologist" (N. S), vol. I, pp. 246-250. New York, 1899. 
Con una lámina (Tarahumaras). 

93.— Véase Luiiilioltz C. 

94.- Huxley Th., On the form of the Cranium among the Patagonians 
and Fuegians with some Remarks upon American Crania in ge- 
neral. — "Journ. of Anat.," vol. H, p. 235, 1868 

95. — Jougovich J;, Clasiffication des races humaines. St Pétersbourg, 
1880. 

96. — Kabatz, Beitnige zur Anthropologie des Ohres. — "Archiv. für An- 

throp.," t. XXVI, fascículo 3, p. 733. 1900. 
97.— Keane A. H., Ethnology, 2? ed. Cambridge, 1896. 
98.— Man. Past and present. Cambridge, 1899. 

99. — Lafurgue Paal, La circoncition, sa aignification sociale et religieu- 
86. — "BuU. de la Soc. d'Anthrop. de París," t. 10, 3^? serie, pp. 
420-436. París, 1887. 



72 

100.^ — Lambom Dr.j Historyof Mexican Art. 

101.— Leconte J., The "Aztec" dwarfs. 1S52. Con 2 láminas. 

102.— Lafébre A., Les Eaces et les Langues. París, 1893, 

103. — Ledn N., Anomalías y mutilaciones étnicas del sistema dentario en- 
tre los Tarascos pre-Colombinos. Nota para la 8?^ reunión del 
Congreso Internacional de Americanistas. Morelia, 1890. Folio, 
en francés y en castellano, pp. 8 y 8. Con 3 láminas. 

Describe un cráneo tarasco de Jacona (Xucúnan), y habla 
de la deformación craneana entre los tarascos. 'Reimpreso en ' 'Ana- 
les del Museo Michoacano," Año 3?, pp. 168-173. Morelia, 1890. 
Con 2 láminas. 

Se ocupa también de la deformación artificial del cráneo. 

104. — Una respuesta y una pregunta al Sr. Prof . D. Alfonso L. 

Herrera, Ayudante del Museo Nacional, pp. 1-3. México, 1895. 

105. — Lind G. D.j Man. Embracing his origin, antiquity, primitive con- 
dition, races, languages, religión, superstitions, costums, pby- 
sical structure, &c. Chicago. 

106. — LoflFelholzK. v.j Die Zoreisch-Indianer der Trinidad-Bai, Califor- 
nien. — "Mitth. Anthrop. Ges." Wien, 1893. Con 3 láminas. 

107.— Lumlioltz., y Hrdlicka A., Trepaning in México. — "American 
Anthrop. for December 1897," pp. 389-396. "Washington. Con 2 
láminas y un grabado representando cráneos tarahumaras. 

108. — Marked human bones frem a prehistoric Tarasco burial 

place. — "Bulletin of the Amer. Mus. of Nat. Hist." New York, 
1898. Con 6 láminas. 

109.— Véase Hrdlicka A. 

110. — Magítot M., Essais sur les mutilations ethniques. — "Bull. de la 
Soc. d'Anthrop. de París," t. VLH, 3? serie, année 1885, pp. 21-25. 
París, 1885. 

Refiere la costumbre de las mujeres de México de abultarse 
los órganos genitales por medio de líquidos irritantes y picadu- 
ras de insectos venenosos. (?) 

111. — Manzano J.j Informe, &. — "Memoria del Ministerio de Fomento," 
p. 307. México, 1870. Habla de restos humanos. 

112. — Martínez Baca F. y Versara M., Estudios de Antropología cri- 
minal. Puebla, 1892. Con varias láminas. 

113.— Estudio craneométrico Zapoteca. — "Actas del Congreso 

de Americanistas," llí^ Sesión, pp. 237-264 más 3 hojas plegadas. 
México, 1897. 

114. — Masson O. T., Noticia de una momia encontrada en una cueva Ha- 



73 

mada del Coyote, en Coahuila. "An. Rep. of Smith. Inst." for 
18S0, p. 445. Washington, 1881. 

115. — Me Kenzie A. S., Yaqui of México. — "Am. Anthrop.," 1? época, 
t. n, pp. 299-309. Washington. 

116. — Meiges J. A.j Cranial forms of the American aborigines. — "Proce- 
edings of the Academy of Nat. Scien. of Philadelphia," Mayo de 
1886. 

117. — Merejkowsky C.j Sur quelques cránes américaines. — "Bull. Soc. 
d'Anthrop. de París," 3'.' serie, t. V, pp. 170-180. 

118. — Morel B. A., Traite des dégénérescences physiques, intelectuelles 
et morales de le-spéce humaine et des causes qui produisent cea 
varietés maladies. París, 1857. Con un atlas de 12 láminas. 

"Anciens habitants de l'Amérique céntrale, Aztéques," pp. 
460 et passiin. 

119. — Morton S. G. j Crania Americana or a comparative view of the skulla 
of various aboriginal nations of North and South America: to 
which is prefised an essay on the varieties of the human species. 
Ilustrated by 78 plates and colored Map. Philadelphia, 1839. Fo- 
lio; pp. 1-296. Con grabados intercalados en el texto y un álbum 
de láminas litografiadas. 

De entre ellas las referentes á México, son las siguientes: 
Píate 16, Mexican. 
17, id. 

17, A, Mazahua. 

18, Mexican. 
18, A, Tlahaica. 

59, Otumba. 

60, id. 

61, id. 

120. — An inquiry into the descriptive caracteristics of the abo- 
riginal race of America. Philadelphia, 1844. 

121.— Mota Padilla, M, de la, Historia de la Provincia de la Nueva Ga- 
licia. México, 1870; passim. 

122. - Nadaillac Marqnis de, L'Amérique préhistorique. París, 1883. 
Chap. IX. Les hommes de l'Amérique. 

123.— Les Zapotecas.— "La Nature," pp. 177-179, año 1899, 2? 

semestre. Con 3 grabados. 

Habla de esqvieletos encontrados en Xoxo y de las mutila- 
ciones dentarias. 

124.— Nott J. C. y Gliddoii (ico. R., Indigenous races of the Earth, or 
neW Chaptert of Ethnological inquiry. Philadelphia, 1857. Eü 

Revista (1000-1901 1— 10. 



74 

una gran hoja plegada: "Ethnogi'apliic Tablean exMbiting spe- 
cimens of various races of mankind," bajo el núm. 34, Yucatán 
Indian, tomado del Viaje de Waldeck. Cap. II. The Cranial Cba- 
racteristics of the Races of Men by S. Aitken Meigs, pp, 203-352. 
En la pág. 220 se encuentra la lista de los cráneos de Méxi- 
co, de la colección Morton, y son: 

Maya 1 

Fragmentos de Yucatán 2 

Antiguos mexicanos 24 

Mexicanos modernos 9 

lÁpanes ..-. 3 

38 
125.— Olirares 1. R., Véase Gronzález M. T. 

126.— Orozco y Berra M., Historia Antigua y de la Conquista de Méxi- 
co. México, 1880. 4 vols. y atlas. 

En varias partes de la obra se refiere al aspecto físico de las 
varias razas de México, y señala algunos caracteres anatómicos 
especiales á algunas de ellas. 

127. — Palmer E., Mexican caves witb buman remains. — "Amer. Natura- 
list." Abril, 1882. 

128. — Pector D., Aperan par ordre géograpbique des questions antliro- 
pologiques et etbnograpbiques traites au Congrés international 
des américanistes, 8e. sesión. París, 1890. 

129.— Pefiaflel Dr. A., Cráneo antiguo de Coatlincbán. — "Teotibuaoán. 
Estudio histórico y arqueológico." México, 1900. Láminas 89 y 
90. Normas frontales, verticales, laterales y posteriores. No es- 
tudiado. 

130.— Peón Contreras J., Idiotía microcefálica.— "Grac. Méd. de Méxi- 
co," t. Vn. México, 1872. 

131.— Perier J. A. lí. Essais sur les croisements etbniques. Troisiéme 
Mémoire, pág. 344, t. U, de "Mems. delaSoc. d'Antbrop. de Pa- 
rís. París, 1855. Habla de los mestizos y alianzas mixtas de Méxi- 
co, y sus resultados. 

132.— Princliard J. C. , The natural bistory of man; comprising inquines 
into the modifying influence of physical and moral agencies on 
the different tribes of the human family. 4?- edit. by Edwin Nor- 
ris. London, 1855. 2 vols. 

133.— Putnam F. W., An ancient human cranium from southem Méxi- 
co. — "Proc. Amer. Assoc. for Adv. of Scienc, 1891." 

134. _ An ancient human cranium from Yucatán. — "Proc. 



75 

Amer. Assoc. for Adv. of Scien.," vol. XL, p. 376. (Title) Salem, 

1892. 
135. — A problein in american anthropology. — "Proc. Amer. As- 
soc. Adv. of Scien, forty-eigth meeting." Easton, 1889, pp. 1-17, 

vol. 48. Varias refei'encias al tipo Tolteca. 
136. — Exhibition of an ai'chaeological coUection from Coahuila. 

— "Proceedings of the Boston Society of Natural History," vol. 

XXI, pp. 119. 

Habla de momias encontradas en el Suroeste de Coatuila 

por el Dr. E. Palmer, muy semejantes á las de las cavernas de 

Kentucky, Ten. 

137. — Quatrefages Á. de, Sur un cráne humain découvert en Califomie. 
— "Compte-rendu de la 6'^ Ses. du Congrés International d'An- 
thropologie et d'Archéologie préMstoriques. Bruxelles, 1872. Con 
láminas. 

138. — L'espéce bumaine. París, 1877. Caracteres somatológicos 

de los mexicanos; passim. 

139. — y Haniy E. T.j Craniaethnica. LesCránesdes Raceshu- 

maines. París, 1882. Folio, y un Atlas de 100 láminas litografia- 
das. Cap. XV. Races Amóricaines, pág. 463-480. 

Figuras en el texto: cráneo Olmeca de Tlatelolco, cráneo de 
Mexicano modei-no. 

Atlas: Plancha LXIX, cráneo de Olmeco; cráneo de Yucate- 
00. Plancha LXXII, cráneo de Mexicano moderno; cráneo de 
Guaymas. 

140.— Eatzel R., History of Mankind. London, 1897. 3 vols. translated 
by A. J. Butler. 

141. — Rialle tíirard de, Les peuples de l'Afrique et de l'Amérique. Pa- 
i-ís, pp 184. 12? Vol. 4? Bibliothéque utile. 

142. — Riley Mr., Pre-Historic remains in México. — "Abstract of trans. 
of the Anthr. Societ. of Washington," p. 29 Washington, 1881. 

143. — Riva Palacio V., Razas y Castas. — "México á través de los siglos," 
t. n, pp. 471^81. Barcelona. Con figuras. 

144. — Rodríguez J. M., Guía clínica del arte de los partos, 3? ed. Méxi- 
co, 1885. n. Cuadro metódico de la figura, dimensiones y ejes 
del canal pélvico y particulai'idades que presentan las pelvis de 
las mexicanas. 

145. — Sahagún Fr. B. de. Historia general de las cosas de-Nueva Espa* 

fia. México, 1829-1830. 3 vol. (pansim.) 
146. — Sánchez J., Historia Natural Médica. Relaciones de la An trepólo- 



76 

gía y la Medicina. — "Gac. Méd. de Méx.," t. XXXV, pp. 193- 
206. México, 1898. Con una lámina. 

147. — Nota relativa al hombre prehistórico en México. — ' 'Anua- 
rio de la Academia Mexicana de Ciencias exactas, Físicas y Na- 
turales, correspondiente de la Eeal de Madrid," año III, 1897, 
pp. 199-219. México, 1899, 

148. — Relaciones déla Antropología y la Medicina. II. — "Ga- 
ceta Médica de México," t. XXXVI, pp. 112-122. México, 1899. 

149. — Sánchez Gómez J. de J.j Breve estudio sobre Ja pelvis. Tesis de 
la E. de M. de M. México, 1891. Gon un atlas de 25 láminas. 

150. — Sentenach y Cabanas lí., Ensayo sobre la América precolombina. 
Toledo, 1898. (passim.) 

151. — Sergi Gr.j (?) Crani africani e crani americani. — "Arcb. per l'An- 
trop.," t. XXI. pp. 215-267. Firenze. Con 2 láminas. 

152. — Starr F.j Pygmy race of men. — "The North American Review." 
vol. 162, núm. 4, pp. 414-23. New York, 1896. 

Sostiene la existencia de enanos en Yucatán, Aguascalien- 
tes, Lago de Chápala, Atzcapotzalco, y entre los Chontales de 
Oaxaca. (?) 

153. — Notched Bones from México. — "Proc. of the Davenp. 

Acad. of Nat. Scien." Davenport, 1898. Con una lámina. 

154. — •■ The Indians of Southern México: An Ethnographic ál- 
bum by Frederick Starr, of the University of Chicago. —1 vol. 
oblong 49; 40 pp. of descriptive Text. y 141 piafes. Chicago, 1900. 
Su objeto principal es presentar los caracteres físicos de las 
tribus indígenas, para lo cual ha hecho medidas en varios cien- 
tos de indios tomando las fotografías y aun modelados en yeso 
de muchos casos interesantes. De aquellas hizo una selección de 
250 de las más perfectas é interesantes, que son las que presen- 
ta en su Álbum, y que comprende cuatro clases: retratos, gru- 
pos, escenas de la vida y vistas. Los retratos son de frente y de 
perfil de cada tipo, y miden 5x7 pulgadas inglesas; los grupos 
representan las costumbres y trajes de los nativos,, y en lo gene- 
ral tienen 8x10; las escenas de la vida muesti-an una multitiji^. 
délas ocupaciones habituales, oficios, artefactos, etc., de 5x8; en 
las vistas se reproduce la arquitectura, aldeas, ranchos, etc., ^g, 
8x10. Estas fotografías fueron sacadas en los Estados de Méxi- 
co, Michoacán, Puebla y Oaxaca, y comprenden las trece tribus 
de Tarascos, Othomíes, Aztecas, Tlaxcaltecas, Mixtecas, Triquis, 
Zapotecas, Mixes, Tehuantepecanos, Huaves, Chontales, Cuica- 
tecas y Chinantecas. 

155. — StephenS; The history of the Aztec liliputians. London, 1853. Con 
figuras. 



156.— Strebel H., Alt México. Archaelogische Beitfíege zur kultui-ge- 
schichte seiner Bewohner. Hamburg, 1885. Con 13 litografías y 2 
cromolitografías. 

Dos cráneos de CeiTo Montoso descritos y medidos por M. 
* Krause. (Totonacos.) 

157.— Teu Kate H., Medidas de indios Pápagos; índices cefálicos. — "Ee- 
vue d'Etlinographie," t. II, pp. 96-91. París, 1883. 

158. — Quelques observations ethnographiques recuillies dans 

la presq'Ile Californienne et en Sonora. — "Revue d'Ethnogra- 
phie," t. n, pp. 321-326. París, 1883. 

159. — La collection Strebel, a Hamburgo. — "Eevue d'Etbogra- 

phie," t. m, p. 456. París, 1884. 

Menciona dos cráneos pre-colombinos braquicefálos excesi- 
vos y con mutilaciones en forma de .sierra en los dos incisos me- 
dios, y osamentas humanas de las cavernas de Coahuila. 

160. — Materiaux pour servir a l'antliropologie de la presq'Ile 

Californienne. — "Bull. de la Soc. d'Anthrop. de París," t. VII, 
3? serie, año 1884, pp. 551-569. París, 1884. Con 3 grabados in- 
tercalados en el texto representando un cráneo de "San Pedro" 
en diversas posiciones. 

161. — Materiales para servir á la antropología de la Península 

de California. Traducida por el Dr. Francisco Martínez Calleja. 

— "Anales del Museo Nacional," t. IV, pp. 5 16. México, 1887. 
162. — Somatological observations on indians of the Southwest. 

- -"A Journal of American ethnology and archaeology." Editor, 
J. Walter Fewkes, vol. III, pp, 119-144. Boston and New York, 
1892. 

Trae noticias somatológicas de los indios Yaquis y Pimas de 
Guayma.s y California. 

163.— Villarcal J., Ensayo de topografía cráneo-cerebral y trépano os- 
teo-plástico. México, 1893. Tesis de la E. de M. de M. 

164. — Virchow R. j Sur la craniologie américaine. — "Congr. Int. des Amé- 
ric. Comp-rend. de la tíept. Sea., Berlín, 1888," p. 251. Berlín, 
1890. 

165. — Crania ethnica Americana. Sammlung auserlesen Schá- 

deltypen. Berlín, 1891. Con 26 láminas. 

En el texto varios grabados y uno de ellos representa un crá- 
neo de Méñda. En las láminas una de un cráneo mexicano sin 
dacir su procedencia. 



78 

166.— Waitz T., Antliropologie der Natnrvolker. 3. Th. Die Amerikaner. 

Leipzig, 1862. 

167. — Zárraga F., Descripción de un pelvímetro interno.— "Gaceta Mé- 
dica de México," t. XXXII, pp. 8-9. México, 1896. * 



SESIONES DE LA SOCIEDAD. 



Mayo 7 de 1899. 

Presidencia del Sr. Ing. Grabriel M. Oropesa. 

Necrología. — El Secretario perpetuo comunicó la sentida muerte 
del Sr. D. Mariano Barcena, M. S. A., Director del Observatorio Meteoro- 
lógico Central, acaecida el día 10 del mes de Abril pasado. Tuvo el Sr. 
Barcena por la Sociedad especial simpatía y le prestó constantemente su 
valioso apoyo. 

Trabajos. — Dr. E. Armendáris. Un caso de triquinosis intestinal. 
(Memorias, XII. p. 397). 

Ing. J. Gralindo y Villa. La tracción eléctrica en México. 

Prof. A. L. Herrera. JEl origen del individuo. Teoría del sueño. (Me- 
morias, XIV, p. 31). 

M. Moreno y Anda. La variabilidad interdiurna de la Temperatura 
en Tacuhaya. (Memorias, t. XV, p. 189). 

Ing. G. M. Oropesa. Datos relativos á la resistencia de algunos mate- 
Hales de construcción empleados en México. 

A. Téllez Pizarro. Apuntes acerca de los cimientos de los edificios de la 
ciudad de México. (Memorias, XTV, pp. 73 y 391). 

Postulación. Para socios de número: 

D. Adrián Téllez Pizarro (F. M. Rodríguez, J. Galindo y Villa, G. M. 
Oropesa y B. Águilar). 

Nombramientos. Socios honorarios. 

Dr. D. Agustín Eivera. Lagos. 

Dr. a. B. Gripfiths, F. R. S. E.— Londres. 



79 

Junio 4 de 1899. 

Presidencia del Sr. Lie. Ramón Manterola, 
Vicepresidente honorario perpetuo. 

El Presidente felicitó en nombre de la Sociedad al socio Alfonso L. 
Herrera por haber sido nombrado miembro de las Sociedades de Qiúmica 
biológica de Londres y de Medicina de Gante. 

Tkabajos. — Dr. A. Duges. Xota sobre Ja laringe de una 'Puerca'' 
( Avepbalacrocoraxux mexicanus) (Memorias, XII, p. 455). 

Ing. J. Galindo y Villa. La tracción eléctrica en México. ( Continua- 
ción). 

Prof. A. L. Herrera. Acción clel alcohol sobre los protoplasmas artifig 
dales. Aplicaciones. 

Lie. R. Manterola. La longevidad en relación con el trabajo mental. 
29 estudio. (Memorias, XII, p. 403). 

Ing. F. M. Rodríguez. La Epigrafía entre los antiguos mexicanos. 

Nombramiento. Socio de número: 

D. Adrián Téllez Pizarro, antiguo alumno de la Academia Na- 
cional de Bellas Artes. 



Julio 2 de 1899. 

Presidencia del Sr. Ing. Gabriel M. Oropesa. 

Trabajos. Dr. J. A. Correa. Una monstruosidad vegetal útil. (Memo- 
rias, Xn, p. 4.59). 

Prof. A. L. Hen-era. Sur la reforme de la nomenclature (Memorias 
xn, p. 473). 

Prof. E. E. Schulz. La educación de la mujer y la profesión de la Far- 
macia. (Memorias, XII, p. 461). 

Nombramiento. Socio honorario: 

J. J. Stevenson, Profesor de Geología en la L^niversidad Colombia. 
Nueva York. 

Agosto 6 de 1899. 

Sesión dedicada al Sr. Dr. D. Alfredo Duges, M. S. A. 



Presidencia del Sr. Prof. D. Alfonso Herrera, 
Presidente honorario perpetuo. 

El Secretario perpetuo leyó una carta del Sr. Dr. Dugés manifestan- 
do BU agradecimiento por dedicarle la Sociedad esta sesión. 



El mismo Secretario conmnicó el fallecimiento del socio honorario 
W. Flower, Director del Museo de Historia Natural de Londres. 

El Prof . A. L. Herrera leyó el elogio del Sr. Dugés, con interesantes 
datos biográficos y bibliográficos. 

Trabajos. Dv. F. Altamirano. Importancia de la Histología vegetal. 

El Prof. A. L. Herrera recordó que ya en una conferencia que dio en 
el Instituto Médico se ocupó del mismo asunto y que presentó entonces los 
caracteres histológicos de varias plantas. 

Prof. Persifor Frazer. Alphabetical cross referenoe catalogue of all the 
publications ofJEd. D. Cope. (Memorias, XIV & XV). 

Ing. E. Ordóñez y Dr. E. Bose. Apuntes para la Geología del Valle 
d^ ChiJpancingo. (Memorias, XIV, p. 5). 

Ing. r. M. Eodríguez. La Epigrafía entre los mexicanos. La piedra 
de Tepostlán. 

Dr. M. Uribe Troncoso. Las nuevas teorías de la visión. (Memorias, 
XIV, p. 145). 

Postulación. Para socio de número: 

Dr. Aniceto Ortega y Espinosa (A. Herrera, F. Altamirano, F. Vi- 
llaseñor, A. L. Herrera, M. Uribe Troncoso). 



Septiembre 3 de 1899. 

Presidencia del Sr. Ing. Gabriel M. Oropesa. 

Trabajos. Prof. R. Aguilar. El cálculo de las alturas por la fórmu- 
la de Koppen. 

Dr. A. B. GrrifBlths. Sur une ptomaine ohtenuepar la culture du Fung- 
cryptococca xanthogenica. (Memorias, XIV, p. 17). 

X. Raspail. Apropos d'un projet de reforme a la nomenclature des Etres 
organisés et des corps inorganiques. (Memorias, XH, p. 475). 

Nombramiento. Socio honorario: 

Dr. Zoel G-arcía de Galdeano, Profesor de Matemáticas en la Uni- 
versidad de Zaragoza. 

El Secretario anual, 

Dr. F. F. Villaseñor. 



k¡daJC¡eilíica''AÉiidkak'' 



MÉXICO. 



Revista Científica y Bibliográfica. 



Núm. 7 y 8. 



1900-1901. 



RELATION SOMMAIRE 



d'un 



Le demier voyage sur le versant pacifique du Mexique, que je viens 
d'entreprendre, comme chargé de mission parle Muséum et le Ministére d« 
rinstruction publique, avait pour but principalement de parcourir l'Etat 
de Jalisco et le territoire de Tepic, afin de recueiUir des collections de la 
faune, de la flore et de l'ethnogi'aphie de ce pays. 

Cette contrae, quoique pacifiée et tranquillisée depuis deja nombre 
d'années, n'a commencé á étre l'objet d'études sérieuses que depuis seule- 
ment quelques années. 

Les conditions tout k fait exceptionnelles, résultant des différences 
de climat et d'altitude, et l'abondance des matériaux scientifiques, don- 
nent a cette región un réel intérét. 

L'État de Jalisco et le territoire de Tepic forment une región cona- 
tituée par un vaste platean d'une altitude de 1,500 métres, s'abaissant pro- 
gresflivement vers l'ouest jusqu'á. une altitude de 900 métres; a partir de 
ce point, plus ou moins relevé par des crétes de chaines de mon tagnes, la 
chute est brusque, et la contrée atteint sa limite en formant des plaines 
d'alluvions de faible élóvation, médiocrement accidentées, que delimite 
l'océan Pacifique. 

Le platean central ne jirésente pas l'aspect d'une vaste plaine unifor- 
me: au contraire, assez accidenté, il s'offre sous la forme d'une serie de 
largeH vallées de faible pente, séparées les unes des autres par des chaines 

Revista [1900-1901J— 11. 



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de mon tagnes ou p'ai- des pies isolées se réunissant par leur base largement 
étalée. 

A la saison pluviale, le produit des orages, aprés avoir determiné des 
torrents et des cascades, dans les parties accidentées, vient se déverser 
dans les valléesoü, vu lasurface de faiblepente, les eauxfinissentparper- 
dre leur énergie primitive. Ces~ eaux f orment alors de nombreux ruiseaux 
se réunissant parfois dans les dépressions ponr y f ormer des lagunes plus 
ou moins étendues avant de serendre aux cours d'eau plus importan ts qui 
déterminent les profondes érosions du réseau bydrograpbiqíie de la con- 
trée. Parmi ees nappes lacustres, une suftout par son importance est re- 
marquable, c'est le lac de Chápala, véritable mer intérieure couvrant une 
surface de 1,309 kilométres carrés. 

Ce lac de Chápala n'est pas uniquement le réservoir et le coUecteur 
des eaux de la contrée: il re^oit en outre, par l'intermédiaire du rio Ler- 
ma, tout le tribut d'un vaste bassin, tres éloigné de la contrée qui nous 
intéresse. 

A peu de distance de l'endroit ou le rio Lerma débouche dans le lac, 
un áutre cours d'eati important, designé sous le nom de rio Santiago, vient 
prendre naissance; ce fleuve qui, a bon droit, peu étre consideré comme 
la siiite du rio Lerma est la principale artére de la contrée: presque tous 
les autres cours d'eau viennent y affluer; a peu de distance de sa sortie du 
lac, aprés avoir formé la chute célebre de J.uanacatlan et une serie de ra- 
pides, il continué son cours au fond d'un ravinformant sur le platean une 
imposante barranca aux flanes presque perpendiculaires pouvant attein- 
dre á certains endroits une profondeur de 1,300 métres. 

Le platean ne se termine pas partout par une simple pente allant 
droit aux plaines basses de son versant; il est, dans la majeure partie de 
son contour, bordé par une chaine montagneuse dont l'altitude au-dessus 
du niveau de la mer est a peu de chose prés la méme que celles des crétes 
des chaines ou des pies qui jalonnent le platean; cette chaine de bordure 
tantót aboutit en pentes rapides aux plaines qui bordent le Pacifique, tan- 
tót se constitue en niassif montagneux dont les contreforts sont baignés 
par rOcéan. 

Dans une región aussi mouvementée par l'orographie et par les nom- 
breuses vallées d'érosions des cours d'eau qiii sillonnent et entrecoupent 
le platean, tous les climats se manifestent; c'est d'abord, á la partie mo- 
yenne représentée par le platean, une climat doux et temperé pendant tou- 
te l'année; les montagnes, suivant leur importante, offrent an climat froid 
et variable; les profondes barrancas dont le plan est peu elevé au-dessus 
du niveau de la mer offrent alors une zone climatologique dont la tempé- 
rature et l'humidité se rapprochent de celles de la terre chande ou des plai- 
nes basses cotiéres de l'Océan. 



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Tout le pays est soumis, de juiUet a septembre, aux pluies d'orages 
de la saison pluviale, pluies dont les eaux sont reteuues naturellement 
dans maints endi'oits, ce qui permet de couserver Taliineut des sources et 
des cours d'eau á l'époque de la sécheresse, de sorte que les nombreux si- 
tes oü l'eau s'est conservée se présenteut toute l'année sous l'aspect de sois 
riants et fértiles. 

Aussi, gráce a de telles conditious, est-on a méine de rencontrer sur 
un f aible parcours les climats les plus divers et les sois les plus différents, 
des plaines fértiles et des montagues bolsees succédant a des sois complé- 
tement désertiques oa marécageux, conditious qui font varier a l'infiui la 
faune et la flore regionales. 

La chaíne cótiére qui encadre la partie occideutale du platean expo- 
se dans le ti'ajet de sa pente rapide ou de ses contref orts, toute la serie des 
conditions climatologiques et hypsométriques de la contrée; mais la les 
choses sont un peu différeutes: le sol désertique qui sur leplateau joue un 
role assez prépondérant, a cause des vastes surf ace d'évaporation non com- 
pensée par les brumes de la mer, ne se manifesté plus que par Taire rédui- 
te de certaines crétes des assises des contreforts. 

On trouve alors le terme moyen de la ñore du platean et de ses mon- 
tagnes, des ravins, de leurs pentes et de leur fond; enñn le tout aboutit aux 
plaines bases qui constituent alors une zone distincte. 

Le pays peut se diviser en cinq zones bien caractérisées. 

C'est d'abord, a la base, les plaines basses baignées par l'Océan, zone 
dont l'élévation n'excéde pas 100 métres; ees plaines sont chandes, humi- 
des et marécageuses; dans certains endroits, on y rencontre de nombreux 
estuaires et des lagunes d"eau salee, entourés d'une ceinture de palétu- 
viers, dans lesquels, a la saison pluviale, tous les faibles cours d'eau de la 
región ^^ennent se déverser; dans d'autres endroits, des cours d'eau per- 
manents iniguent le sol et s'opposent a la formation de ees lagunes sa- 
lees; la végétation est ahondante et recouvre tout d'une épaisse et inextri- 
cable forét. 

A la saison pluviable, ees plaines sont presque totalement inondées 
et forment des mai'ais boueux, infranchissables, qui rendent la región si 
insalubre; a la saison séche, toute la végétation disparaít sous une ahon- 
dante conche de poussiere, véritable limón déposé par les courants aériens. 

Les foréts de cette zone sont peuplées d'essences nombreuses, géné- 
ralement de taille peu élevée, entre lesquels on voit surgir de place en pla- 
ce des houquets d'arhres d'une grande hauteur. tels que Ficus, Ceibas, 
Palmiers, etc.; parmi ees derniers, unestemployé par l'industrie indigéne 
pour l'huile que donnent ses graines. Le sol de ees foréts est occupé par 
des plantes herbacées, parmi lesquelles on rencontre abondamment des hro- 
méliacées. 



Si 

La deuxieme zoñe, dónt I'altituáe est comprise entié Iw éí 560 mi- 
tres, s'accuse par des collines aux sommets denudes, mais au3í versants' 
tres boisés; dans eette localité, on rencontre des Euphorbiacées arbores- 
centes, telles que les üras et les Jatroplia; des Fiouá dctort tes- Jíaein-és ád' 
ventives partent du tronc et les grandes branches viennent, coninle de' vé- 
ritables lianes, enlacer et étoufíier les arbres viosins; le sol des pentes dtí 
fond des ravins est généralement recouvert d'une puissante coucbe d'bu- 
mus, ce qui, joint a la température et á Tiiumidité, donne á la végétation 
une prodigieuse exubórance. 

Vient ensuite la troisiéme zone dont l'extension est comprise entre 
500 et 700 métres d'altitude: c'est la región des eaux vives; de nombreu- 
ses sources alimentent les cours d'eau des fonds pierreux des ravins; ré- 
duits á l'état de minees filets a la saison séche, ees cour d'eau deviennent 
d'impétueux torrents á la saison des piules.. La végétation est caractéri- 
sée principalement par les Capemos (Brosimum alicastrum) , arbres eleves, 
au tronc droit et élancé, au feuiUage obscur, dont les jeunes pousses, les 
fruits et ménae les f euilles sont employés avec succés comme fourrage; la 
cime de ees arbres est si fournie et si obscure, qu'elle laisse passer peu de 
lumiére; aussi la végétation herbacée ne se montre guére dans sa réelle vi- 
gueur que dans les clairiéres. 

A cette zone succéde la quatriéme, dont les limites sont entre 700' 
et 1,100 métres; elle est désignée sous le nom de zone des barrancas bumi- 
des; la les eaux de surf ace sont moins fréquentes, mais rbumidité néces- 
saire a la végétation y est abondamment fournie par les brumes de la raer 
qui viennent s'y consender pendant une bonne partie de l'année; a la fin 
de la saison séche, ees brumes n'existant plus, des rosees nocturnes ont sou- 
vent lieu; de sorte que le sol conserve toujours une certaine humidité. 

Enfin, au-dessus de l'altitude des barrancas humides, la cinquiéme 
et derniére zone couronne la región; cette zone, qui se caractérise nette- 
me'nt par sa végétation de Chénes et de Pins, debute a 1.100 métres et 
S'étend au déla d'une altitude de 2,000 métres; c'est la región de tous les 
pies et cliaines montagneuses du platean. 

Dans cette vaste región dont les particularités viennent d'étre résu- 
mées, sites oü la nature se montre si remarquable et si extraordinaire dans 
ses contrastes et oü la flore et la f aune se révélent d'une si attrayante et 
si prodigieuse variété, l'etlinograpliie ne reste pas en arriére; des vestiges 
arcbéologiques se rencontrent fréquemment, et, parmi la population, de 
curieuses coutumes se sont conservées. 

Oes accidents de terrain, ees montagnes, ees ravins qui fractionnent 
1© territoire, formaient, avant la conquéte espagnole, les limites nature* 
lies des uombreux États qui composaient le Chimalliuacan. 



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Ed: femps ordinaire, les états de Chimallitiacau, constitués suivant 
leur iinportance en luonarchie ou en sorte de fief s on tactuanargo, s'admi- 
Histraient indépendanament; mais lorsqu'avec les populations voisines une 
guerre venait a éclater, tous les États, afín de resistir a l'ennemi, s'unis- 
saient povu- élire un clief et fornier une conf édération. 

Les indigénes de race náhuatl, qui formaient en grande partie ees po- 
pulations. sont aujourd'hui en presque totalité siuon disparus, du moins' 
confondus avec ce qui constitue la population mexicaine, et ce n'est que 
dans certains villages. généralement retires, que l'on pent encoré rencon- 
trer les anciennes coutumes et l'usage de la langue náhuatl; ees vestiges. 
qui peuvent encoré nous repórter a une époque reculée, tendent de plus 
en plus a dispara! tre; mais, malgré cette évolution rapide vers l'unification, 
on peut arriver á rétablir les faits tels qit'ils existaient. 

Les missionnaires de l'époque de la conquéte nous ont laissé des écrits 
qui permettent de taire des reconstitutions; aidé de ees documents, on peut 
arriver avec facilité a retrouver les limites des anciens États et l'emplace- 
ment des antiques cites. 

Dans l'habitation et les monuments de ees anciens centres de civili- 
aation, lá brique séchée aii soleil constituait la majeure partie des maté- 
riaux de la construction; aussi, aprés le pillage et la dévastation auxquels 
se livrérent les conquérants espagnols, bon nombre d'édifices purent, gra- 
ce a ce genre de construction, échapper á la destruction complete; leurs 
soubassements, construits de pierres plus ou moins travaillées, se trouvé- 
rent eusevelis sous des décombres que les piules et les agents atmosphé- 
riq.ues ont rapidement transformé en tumulus ou monticnles, aujourd'hui 
recouverts d'une végétation touffue. C'est principalement sous ees mon- 
ticules dont l'aspect extérieur ne diííere pour ainsi diré point des accidents 
naturels du modelé de la región, que des fouilles, malheureusement jus- 
qu'alors trop peu noml)reuses et trop imparfaites, ont été pratiquées et 
ont amené la découverte d'abord d'un soubassement de l'édiñce et ensui- 
te, dans son voisinage, de motifs d'ai-chitecture et de nombreux objets re- 
ligieux, artistiques et d'usage domestique. 

C'est done surtout íi l'archéologie jointe aux documents transmis par 
les missionnaires que l'ethnographie devra s'adresser pour reconstituer les 
mopurs et les usages des indigénes qui formaient, au moment de la conque- 
te, la nombreuse population du Chimalhuacan, la langue était la méme 
dans toute l'etendue du pays, mais la religión, quoqui identique dans ses 
grandes lignes, variait notablement ainsi que les usages suivaut les états; 
la religión du Chimalhuacan, de méme origine que celle des Aztecs, n'avait' 
pas les sacrifices sanglants de ees derniers, ainsi que l'affirment les histo- 
ñens de l'époque de la conquéte. 

Jt cíiiífret att'BWrd-*»' <jrpay»<lTd-fórtiialtairtr>efbi^ leChknalíítfacan, 



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se trouve une vaste región montagneuse placee en partie sur l'Etat de Ja- 
lisco et le territoire de Tepic. 

Cette región escarpée et abrupte qui constitue un important massif 
de soulévement, du en quelque sorte a l'épanouissement de la Sierra Ma- 
dre de Durango, est désignée sous le nom de Sierra de Nayarit, Sierra de 
Alica, Sierra de Tepic, ou encoré, selon les races indigénes qui y habitent, 
Sierra de los Coras, Sierra de los Huicholes. 

Ce massif montagneux forme au nord de Tepic la contre- partie de 
la cbaine cotiére délimitant le bord du platean central; a sa base, sur le ver- 
sant occidental, s'étendent également de vastes plaines bases qui aboutis- 
sent k rOcéan. 

Les altitudes et la végétation de cette sierra sont semblables a celles 
des di verses zones dont il vientd'étre faitmention; mais la contrée se dif- 
férencie par le caractére que lui implique l'exagération des accidents de 
son sol; ce ne sont que sites abruptes et presque inaccessibles, ravins gé- 
néralement étroits et tres profonds morcelant un platean central de 2,000 
a 2,500 métres de altitude, contrée d'un difficile accés oü le transit ne se 
fait qu'avec jieine et oü le voyageur souvent est obligó, pour atteindi'e un 
point peu éloigné, d'escalader des talus plus ou moins abrupts et de con- 
tourner pendant des journées entiéres le haut des ravins par un chemin a 
peine tracé, longeant la plupart du temps des précipices. 

Ces escarpements, qui rendent ce pays presque impenetrable, cons- 
tituent une forteresse naturelle, gráce a laquelle des races, ayant encoré 
leur ancienne religión et leurs usages antiques, ont pu s'abriter contre les 
invasions et conserver jusqu'á nos jours une indépendance á peu prés com- 
plete. 

La, l'ethnographie n'a pas besoin, pour reconstituer les f aits, d'avoir 
recours, comme dans le reste de l'État de Jalisco, a l'arcbéologie. Les deux 
tribus Cora et Huichole ainsi que quelques représentants de la tribu Tepe- 
huane qui forment la population actuelle du Nayarit ont, malgré l'évolu- 
tion qui s'est produite autour d'eux et malgré les événements qui se sont' 
succédé depuis la conquéte espagnole, su conserver en grande partie la re • 
ligion, les traditions et la maniere de vivre de leurs ancétres. Ces derniers 
n'ont pas laissé de monuments, mais, de génération en génération, latra- 
dition des anciens a pu se transmettre par des chants, et l'on peut voir en- 
coré a notre époque, aux jour de f éte, des chanteurs venir au milieu de 
l'assamblée réciter, en s'accompagnant d'instruments de musique, les épo- 
pées religieuses, bistoriques et guerriéres; ces chants, évidemment modi- 
fiés pendant le cours des événements, présentent néanmoins une réelle va- 
leur au point de vue de la mytbologie et de l'histoire. 

li© Nayarit forma, a une époque probablement reculée, un vaste em- 



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pire donts les limites sont aujord'hui inconnues; selon la tradition, cet 
empire commen 5a a se f ractionner a la suite de guerres intestines qui éclaté- 
rent parmi les tribus apres la mort d'un clief qui était arrivé a étendre sa 
domination non seulement sur la sierra, mais aussi sur les peuplades qui 
occupaient les contrées voisines. Une invasión nahiiatl survin ensuite, 
asservissant tout le pays, laissant la región montagneuse que son orogra- 
phie rendait inexpugnable; l'empire fut réduit alors a ce qui représente 
aiijoui'd'bui la sierre du Nayañt, c'est-á-dire au massif montagueux natu- 
rellement delimité au nord par l'Etat de Duraugo, á Test par le rio Bola- 
ños, qui se reunissant au rio .Teres, vient affluer au rio de Santiago, ce der- 
nier fleuve formant la limite sud; enfin, dans les jjlaines basses, le rio San 
Pedro cótoyant la base des versants établit la limite occidentale. 

La sierra du Nayarit fut soumise par les Esi)agnols prés de deux sié- 
cles appres la conquéte; obligés de mettre leur colonisation a l'abri des in- 
cursions des Indies, lesEspagnols se rendirent maitres de la siei'ra au prix 
d'efforts et de sacrifices, puis cette región, qui u'offrait a Tépoque aucun 
aventage, fut confiée á 1 administration des missionaires. 

Les indigenes qui peuplaient la sierra du Nayarit étaient, comme il 
a été dit plus haut, les Indiens coras et les Indiens buicbols. Les Coras 
furent évangélisés par les jésuites et leiir administration dura plus d'un 
demisiécle; aprés quoi, rendus á eux-mémes, ils ne tardérent pas a faire 
partie du contingent des révolutions qui désolérent si longtemps le terri- 
toire de Tepic; leur nombre, a la suite de ees guerres, a considérablement 
diminué: aujourd'hui, ils sont réduits au chiffre d'én virón 3,000; il com- 
mencent á abandonner leursanciennescoutumes, et méme. en grande par- 
tie christianisés, ils ne pratiqíient plus leurs anciennes céréraonies reli- 
gieuses que d'une fa(jon tout a fait occulte. 

Les Huichols, eux, au contraire, d'un naturel plus doux et plus ti- 
mide, se sont toujours tenus a l'écart des révolutions; catécliisés á peu 
prés a la méme époque que les Coras par les franciscains. ils ont abandon- 
né, aprés le départ de ees missionnaires. la nouvelle religión qui leur avait 
été enseignée et se sont empresséesde retourner a leurs anciennes coutu- 
mes et a leurs anciennes céi'émonies religieuses. 

Retires dans leurs sites inaccessibles, les Indiens huichols ont pu de- 
meurer jusqu'á nos jours presque complétement ignores; ils ont par cela 
un réel intérét au point de vue etnogi'aphique et historique; leurs tradi- 
tions, leurs coutumes, leur religión, leurs cérémonies rituelles, etc., nous 
reportent a un lointain passé et nous mettent en présence de faits com- 
plétement inconnus, dont l'origine est bien antéríeure h celle de la religión 
et des coutumes des autres races du Mexique, qui, quoiquedisparues, sont 
actuellement bien connues. 



Jjes principales occupations des Indiens déla sierra du Nayarit soijt, 
l',agri.ciilture, la chasse, les f étes et les cérémonies religieuses et une in- 
dustrie assez réduite; consistant surtout dans la fabri catión de tissus repré 
sentant des motifs ornementaux allégoriques d'une exécution soignée et 
souvent tres artistique. 

Les armes sont: Tare et le macliete qui est venu depuis la conquéte 
remplacer la tache de pierre; les Coras commencent á abandonner l'arc 
pour les armes a f eu, mais le Huichol, fidéle aux coutumes de ses ancétres, 
garde et emploie religieusement l'instrument que les dieux lui ont don- 
né comme étant le complément de la forcé et de la volonté de l'homme. 

L'habitation d'Indien du Nayarit consiste en buttes, généralement 
assez bien édifiées mais de peu d'élévation; les murs son faits en pierres 
cimentées avec de l'argile, le toit est de cbaume; dans quelques localités, 
le bois remplace la pierre dans la construction. 

La majeure partie de l'année, les Indiens vivent dans ce que l'on est 
convenu d'appeler une ranchería, c'est-á-dire une reunión de quelques ba- 
bitations placees habituellement en cercle, de fagon a foi'mer une cour au 
centre; a proximité des babitations se trouvent les cbamps de culture. 
Aux époques desfétes, tous les Indiens abandonnentleursrancberias pour 
se reunir dans les villages. 

La sierra du Nayarit est divisée en deux parties: la sierra des Coras 
et la sierra des Huicbols; la ligne de démarcation des deux territoires est 
la vallée du rio Jesús Mai'ia ou rio Nayar ou rio Cora, fleuve le plus im- 
portant de la sierra qui vient affluer au rio Santiago aprés s'étre réuni au 
rio Cbapalagana ou rio Huicbol; cbacun des deux territoires est divisé en 
districts, lesquels comprennent un certain nombre de villages dont un 
principal donne le nom au district et a la tribu indienne. 

Le territoire cora possede trois districts: 19 Jesús María ou Tcboui- 
seté; 2? la- mesa de Tonati ou Hiaboke; 3? Santa Teresa ou Kuaimargousa. 

Le territoire buicbol comprend quatre districts: 19 Santa Catalina 
ou Tohapouribé; 29 San Sebastian ou Guahoutouha; 39 San Andrés ou Ta- 
teikié; 49 Guadalupe Ocotan. 

Avant la conquéte espagnole et apres le départ des missionnaires, 
ees villages, complétement indépendants, étaient gouvernés par des cbefs 
qui avaient un caractére religieux et étaient élus pour une période de cinq 
années. Aujourd'bui, le gouvernement mexic/iin s'étant intéressé a la cau- 
se des Indiens a modifié les cboses dans le but principalement d'assurer la 
sécurité du pays; les cbefs sont toujourschoisis par les Indiens, maisn'ont 
plus de caractére religieux et sont renouvelés anuellement par voie d'élec- 
tion; leur pouvoir se trouve alors tres limité: ils peuvent cbátier les sim- 
ples délits, mais, pour les délits criminéis, les coupables doiveiit étre ye- 
mis entre les mains de l'autorité mexicaine. 



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De plus, quelques écoles ont été établies dans les principa ux villages; 
l'unification commence apénétrer dans la sien» jusqu'alors si ignorée et 
■si méconnue; le pays gagne de jour en jour vers le progres, mais a ce ré- 
^me les coutumes, les moeurs et la religión des temps anciens qui don- 
uaient á ce pays tant d'attrait et lui avaient valu le nom de Sierra miste- 
■riota ne tarderont pas á disparaitre, et il est aprévoir que, dans un avenir 
pas tres éloigné, la sierra du Nayarit ne se distinguera plus des autres lo- 
calités cu sont aujourd'hui confondues les divers éléments de la popula- 
tion mexicaine. 

Le voyage que je viens de tenniner et qui a duré deux années consé- 
cutives n'a pas eu lieu uniquement dans l'Etat de Jalisco et le territoire 
de Tepic; aprés avoir parcouru ees régions dans diverses directions et 
m'étre arrété dans les endroits qtft me paraissaient les plus dignes d'inté- 
rét, j'ai profité de l'époque de la sécheresse hivernale oü la nature en re- 
pos n'offrait que de maigres ressources au point de vue de la récolte des 
colieetions, pour faire deux expéditions sur les cotes de la Basse-Califor- 
nie, afin de compléter, autant que possible, les colieetions et les étudoa 
que j'avais entreprises dans ce pays lors de mon precedente voyage. 

( Kxtrait du BnlUtin du Xu^éum d'Hiaioirc Maturelle de Paria, Anii(!e 1S93, núm. 3. ) 



ETUDE DE QUELQUES 



UIIIjO 1/1111 II ÍIjO \ju Lfi UñO0rj"UíiLll Ulll'ILj 

PAR ETIENNE EITTER. 

Ces roches ont été rappOrtées par M. Diguet et provionnent de deux 
gisements différents. L'un appartient au groupe volcanique de "Las Tres 
Virgenes"; l'autre se trouve un peu au sud de Loreto. Je les ai étudióes 
aa laboratoire de M. Lacroix, que je tiens á reraercier pour tous les exce- 
llents conseils qu'il m'a donnés. 

Toute une partie de la Basse-Californie a été le théátre do pLéuo- 
ménes éruptifrf importants a l'époque du pliocéne et du pléistooéne. Les 
roches que j'ai étudiées sont des laves qui paraissent dater du debut du 
pléiatocijne. Ce sont des andésites dans lesquellea les deux stadesde con- 
Bolidation 8ont généraleraent bien marqués, jjes andésites de "Las Tres 

Revista [1000-1901J— 12. 



90 

Vírgenes" montrent au premier temps: de rares et grands cristaux d'augi- 
te, vert tres pále, sans polychroisme, du labrador-andésine et de l'andési- 
ne, dix f ois plus nombreux, maclés selon les lois de l'albite et du péricline; 
au second temps, des microlites d'augite et d'andésine; le tout est moulé- 
par un verre amorphe, tres chargé de matiéres ferrugineuses, d'octaédres- 
de magnétite. Les produits secondaires sont formes par un mineral vert 
intermédiaire entre le xylotile etla bastite et par une cblorite rose crypto- 
cristalline appartenant au groupe de la delessite. La roche est criblée de-, 
géodes tapissées de zéolites, de quartz en sph.érolites (de calcédoine et de 
quartzine), qui montrent les groupements étudiés par MM. Micbel Lévy 
et Munier-Chalmas. 

Les andésites de Loreto présentent aussi de l'augite, du labrador et 
de l'andésine au premier temps de consolidation; au second temps, dea- 
microlites d'augite et d'andésine, noyes dans un verre ferrugineux. D'an- 
ciens cristaux de péridot ont été transformes en un mineral brun, formé 
d'une infinité de houppes ñbreuses, et qu'on peut rapprocber de celui que^ 
M. Michel Lévy a signalé dans les basaltes ophitiques du Mont-Dore. 

Les zéolites, tres nombreuses, imprégnent toute la roche. On y re- 
conait de la mésolite, de la scolésite, de l'analcime, de la heulandite et d&- 
la stilbite. 

(Extrait du Bulletin du Mitséum d'Hisloire Naturelle de Paris, Aiintíe 1895, niím. 2). 



LA PEÉDICTION Dü TEMPS. 

(Extrait d'une lettre ailresséc au Secrétaire génériil perpétiiel). 
París, le 16 Février 19Ü1. 

Je ne puis résister au désir de vous affirmer, une f ois de plus qu'il est- 
réeUement possible d'annoncer á l'avance les graves intemperies en appli- 
quant aux series ininterrompues d' observations météorologiques, les for^ 
mules de compensation du genre de celles que j'ai prosees pour Paris et- 
que les Mémoires de la Société Sci en tinque ' 'Antonio Alzat e" ont reprodui- 
tes (Vol. XIV, pag. 295). 

Le présent mois de Février, trés-rigoureux, m'en f ourni une nouve- 
lle preuve: il n'y avait pas á s'y tromper. Me croira-t-on, m'aidera-t-on dáíia- 
mon Pays? Je ne puis le diré, mais la question est de si grande importati- 
ce, que je crois remplir un devoir d'humanité en insistant auprés de toutes- 
les personnes de ma connaissance qui sont comme vous, Monsieur le Se- 
crétaire general, en situation de le rediré et devouées au progrés social. 

LÉON Descroix, M. S. a., 

Ancien Chef du service météorologique h MontBooris. 



91 



OBSEEYACIONES PLUVIOMETRICAS 

EN LA 

Ii,A.OIE3SrXDJ^ IDE .A^COZ^Í^C, 

Municipalidad de Istapaluea, Distrito de Chaleo. Estadu de México. 
I Año 1900. 

MÉXICO.^? Magnolia X? 34. Ha cienda de Acoz ac. 

jjESES >' "11- Cantidad dt ligua N lim. Cantidad de agua 
días. en milímetros. días. en milímetros. 

Enero 1 2.- O 0.- 

Febrero O 0.- 2 2.5 

Marzo 6 25.- 6 12— 

Abril 2 24.5 6 5.- 

Mayo 4 29.5 10 ,36.5 

Junio 5 48.5 8 32.- 

Julio 21 167.- 18 96.5 

Agosto 16 127.5 24 88.5 

Septiembre 3 21.5 20 65.- 

Octubre 2 13.- 10 10.- 

Noviembre 6 33.5 5 22.5 

Diciembre H 104-- 13 94.- 

tíuma. 77 596.- 122 464.5 

Adrián Téi.lez Pizarro, M. S. A. 



SESIONES DE LA SOCIEDAD. 
Octubre 1" de 1899. 

Presidencia del Sr. Ing. Gabriel M. Oropesa. 

Traba.ios.— El Secretario peri)etuo presentó una reseña del estado 
de la Sociedad, haciendo el siguiente resumen: 

Número de tomos en la Biblioteca 11, 610 



92 

Socios residentes ert el país 195 

„ „ „ „ Extranjero 307 

Sociedades correspondientes: 

En el País 54 

„ ,, Extranjero 899 

Dr. A. Dugés. — Una monstruosidad ds la Crassecheverria imbñcata 
(Memorias, XIV, p. 121). 

Prof. V. Fernández. — Metamorfosis ds una oruga. 

Prof. A. L. Herrera. — Nueva fórmula de protoplasma sintético. 

Ing. Gr. M. Oropesa. — Datos recientes acerca de las marcas de nivela- 
ción de la ciudad de México. 

Dr. D. Vergara Lcg)e. — Sanatorium for Tuberculosis in the Válley of 
México. (Memorias, XIV, p. 363). 

El Presidente felicitó al Sr. Dr. Vergara Lope por este trabajo y por 
haber obtenido un diploma en el Congreso de Demografía é Higiene de 
Madrid, por sus Memorias relativas á la Anoxiemia barométrica. 

Nombramientos.— Socio de número: 

Dr. Aniceto Ortega y Espinosa. 

Socio honorario: 

Prof. L. O. Howard, Jefe de la división de Entomología del Depar- 
tamento de Agricultura de los Estados Unidos. Washington. 



Noviembre 5 de 1899. 

Presidencia del Sr. Prof. D. Alfonso Herrera, 
Presidente honorario perpetuo. 

Teaba.jos. — Prof. A. L. Herrera. El laboratorio alveolar del proto- 
plasma. 

Dr. M. Uribe Troncoso. La tensión intraocular en México. 

Dr. F. Villaseñor. LaSaponinay elucido fitolácico en el Ñamóle. (Me- 
morias, XV, p. 13). 

Diciembre 10 de 1899. 

Presidencia del Sr. Ing. Gabriel M. Oropesa. 

Trabajos. — Ing. E. Almazán. Tratamiento metalúrgico de una gale- 
na de Muajuapan (Oaxaca.) 

Prof. A. L. Heirera. Nuevas investigaciones acerca de la mielina. 

Prof. E. B. Schulz. Métodos de ensaye por plata y oro y operaciones 
industriales de su apartado y afinación. _ ,_ ,^^ ^:^„~ > ;■! Jjlj|-!!j j'iJÜHl] :'JÚ;li] J'Jli'iíi 



93 

Dr. F. Villaseñor. Análisis del agua del ojo de S. Lorenzo (Tehuacán). 
(Memorias, XIV, p. 185.) 

Postulación. — Para socio de mimero : 

Dr. Aureliano UiTutia. (Dres. Cosío, Urile Troncoso, Vergara Lope, 
Filiada y Villaseñor), 

Enero 7 de 1900. 

Presidencia de los Sres. Ings. G. M. Oropesa y J. de Mendizábal. 

Trabajos.— Dr. E. Boese. Sohre la independencia de los volcanes de 
gñetas preexistentes. (Memorias, XIV, p. 199.) 

Dr. A. Dugés. Consideraciones biológicas relativas á la clasificación de 
los Zoófitos. 

Prof. A L. Herrera. El origen délos individuos (Continuación). 

Dr. F. Villaseñor. Análisis del agua potable de la ciudad de Queréta- 
ro. (Memorias. XIV. p. 257). 

Elecciones.— A moción del socio Herrera, la Sociedad acordó hacer 
las elecciones por medio de boletas que contendrán los candidatos oficiales, 
pero quedando los socios en completa libertad- de votar. Se procederá al 
escrutinio en la próxima sesión. 

La Sociedad acordó igualmente apoyar por todos los medios que le 
8ea posible, la idea de la creación de un Instituto Agronómico, cuyos re- 
sultados prácticos serán de inmensas ventajas para la Agricultura y la In- 
dustria. 

NOMRRAMIENTO. — Socio de número: 

De. Aureliano Urrutia. 

El Secretario anual, 

Dr. F. P. Villaseñor. 



Febrero 4 de 1900. 

Presidencia del Sr. Ing. J. Galindo y ViUa. 

Elecciones.— El escrutinio de los votos dio el siguiente resultado: 
Presidente, Ing. Ezequiel Ordóñez. 
Vicepresidente, Ing. J. Galindo y Villa, 
Secretario anual, Prof. M. Moreno y Anda. 
Prosecretario, Prof. Enrique E. Scbulz. 

TRABAJOf;.— Ing. J. Galindo y Villa. Descripción de la ciudad de Mé- 
xico (1*? parte). 



94 

M. Moreno y Anda. La insolación en nuestros climas. (Memorias, XIV, 
p. 265). 

Ing. P. C. Sánchez. Compensación de una base poligonal. 

Ing. M. Torres Torija. El Colegio GIBABD de Filad^lfia. 

El Secretario perpetuo liace notar que en las Comptes-reudus de la 
Academia de Ciencias de París, aparece una nota de M. Descours- Desa- 
cres relativa á la conservación de las frutas por medio de la congelación, 
procedimiento que ya ha sido propuesto desde hace mucho tiempo por el 
Prof. D. Alfonso Herrera (padre). 



Marzo 4 de 1900. 

Presidencia del Sr. Ing. E. Ordóñez. 

Necrología. — El Secretario perpetuo comunicó la muerte del Te- 
niente General Alexis de TiUo, M. S. A. , que taiito se distinguió por sus 
trabajos de Física del Globo, Geodesia, etc. 

Trabajos. — Dr. F. Altamirano. Algunas observaciones fisiológicas so- 
bre los efectos de laponzoña del alacrán de Jojutla. (Memorias, XTV, p. 327). 

L. Descroix. Sur la dlscussion mathématique des series d'ohservations 
météorologiques (Memorias, XIV, p. 295). 

Prof. A. L. Herrera. El origen de los individuos (Continuación). 

Ing. E. Ordóñez. Les Volcans du Valle de Santiago (Memorias, XIV, 
p. 299). 



Abril 1° de 1900. 

Presidencia del Sr. Ing. E. Ordóñez. 

Necrología. — Participó el Secretario perpetuo el fallecimiento del 
Sr. G. J. Symons, M. S. A., F. R. S. 

Trabajos. — L. González Obregón. Vida y obras de D. José Fernan- 
do Ramírez. 

Prof. A. L. Herrera. El origen de los individuos (Continuación). 

Prof. Luis G. León. Las ondas hertzianas. 

M. Moreno y Anda. Datos para contribuir al estudio climatológico del 
Valle de México. La presión barométrica (Memorias XIV, p. 353). 

Prof. Ramón Rodríguez. Análisis del agua de Tequisquiapam (Me- 
morias, XIV, p. 339). 
•. Dr. A.. Urrutia. Tratamiento del Mal de San Lázaro. 

Proposición para la celebración de un Congreso Metboroló- 



95 

^OICO Nacional — Los socios Aguilar, L. G. León, Schulz y el subscripto 
'hicieron una proposición para que 'la Sociedad convoque á un Congreso 
Meteorológico Nacional en el presente año. 

La Sociedad aprobó por aclamación esta moción y quedaron nombra- 
dos los mismos socios para que se ocupen de organizar y promover todo lo 
^•elativo á diclio Congreso. 

El Sr. Aguilar leyó los elogios que el Sr. Dr. Balbín, M. S. A., hizo 
<le las tablas de logaritmos del socio Mendizábal, al presentarlas ante el 
^primer Congreso Científico Latino- Americano, celebrado en Buenos Aires 
^en 1898. 

Mayo 13 de 1900. 

Presidencia del Sr. Ing. E. Ordóñez. 

Fallecimiento. — El Secretario perpetuo dio cuenta de la muerte de 
]©s Sres. J. Bertrand, M. S. A., y A. Milne Edwards, M. S. A. 

Trabajos. — Dr. A Dugés. Modo de conocer un cráneo de Cuguar 
HMemorias, XIY, p. 361). 

Prof. A. L. Herrera. El origen de los individuos (Continuación). 

X. Raspail. A propos du mode de transmission de la peste (Memorias, 
XIV, p. 331). 

El Secretario anual, 

M. Moreno y Anda. 



NUESTRO FUTURO. 

f Señores : 

Prohiben nuestros estatutos de terminante manera, traer aquí cues- 
tiones que entrañen asuntos políticos y religiosos; y la causa de ello es tan 
-clara, que debo omitirla por innecesaria. Pero no vedan los principios en 
que se fundan esos Estatutos, presentar á las consideraciones de nuestra 
-fíociedad. determinado linaje de estudios sociológicos de la más alta impor- 
tancia. 

Podéis creer que mucho he vacilado para exponeros el tema de estas 
1ÍDea8, pero una fuerza patriótica que me subyuga y el anhelo por ser útil 
•en mi pequeña esfera, al fin me resolvieron á, ello. Me presta aliento y en- 
tusiasmo inmenso el prestigio que nuestra "Álzate" ha alcanzado. Que 
-Bo nombre escude mi labor tan falta de aliño y de elocuencia. 



96 



La posición geográfica que la República Mexicana guarda respecto á 
los Estados Unidos del Norte y á la rica y disputada Antilla, viene crean- 
do de antaño ciertas ideas sobre el porvenir de nuestro suelo; y que hoy 
van arraigando poderosas con motivo de la desgraciada contienda que pal- 
pamos. 

— I Por qué, dicen unos, no hemos de seguir la corriente civilizadora 
del Norte, donde los principios de libertad y de progreso forman e! pedes- 
tal de aquel coloso ? 

¿ Qué sería de nuestros ferrocarriles, de numerosas industrias, de cier- 
to espíritu de actividad que se va notando entre nosotros, si la República 
Norteamericana estuviera tan lejos de México, como se halla por ejemplo, 
del Perú ó de Bolivia? 

— ¿Por qué — dicen otros — hemos de abandonar las viejas tradicio- 
nes de nuestros antepasados de España; el habla hermosa de Cervantes) ei 
espíritu caballeresco de los conquistadores de férreas armaduras; la hidal- 
guía y el proverbial valor de los iberos, y hasta la misma religión que enar- 
deció á Pelayo en las montañas de Asturias y dio el triunfo de Lepanto á 
D. Juan de Austria? 

Por desgracia, el antagonismo de estas dos fuerzas extremas, da por 
resriltante odios y rencores que se agigantan cada hora que pasa, entre los 
mexicanos de determinadas clases sociales. 

En mi concepto, hay otro grupo cuya labor la considero gravemente' 
.peligrosa y antipatriótica en alto grado, aun cuando creo que es incons- 
ciente : el grupo de los que, encogiéndose de hombros, se resignan con eí 
torpe concepto de que, perdida nuestra nacionalidad, las fronteras de los 
Estados Unidos llegarán en tiempos más ó menos remotos hasta ei canal de 
Nicaragua. 

Abundantes y abrumadoras consideraciones resaltan de todo lo ante- 
rior. ¿ Podremos desprendernos déla influencia norteamericana? ¿Irá real- 
mente nuestra nacionalidad perdiendo terreno y evolucionando al grado 
de que peligremos no sólo en la integridad material del suelo sino en esa 
misma nacionalidad; ó sea en nuestro modo de ser social, ó el conjunto de 
caracteres que constituyen á México como Estado soberano ? | Quién nie- 
ga, por otra parte, ese empuje poderoso de la Nación Americana que en 
una sola centuria ha arrebatado el fuego del cielo para forjar industrias in- 
finitas; activar un comercio poderoso ; tender rieles hasta en el espacio ; 
aumentar su población continental de 8.000,000 á 76.000,000 de habitantes; 
crear ciudades de maravilloso movimiento, y retar al mundo como poten- 



97 

cia de primer orden, que lanza á las naciones latino-americanas la hege- 
monía del dominio disfrazada en forma de Doctrina Monroe, y despierta 
celos en las potencias de Europa ? 

''La independencia de las colonias inglesas queda reconocida, y esto 
es para mí un motivo de dolor y temor — decía el ilustre ministro de Carlos 
ni, al emanciparse en 1776 los Estados Unidos. Francia tiene pocas pose- 
siones en América; pero ha debido considerar que España, su íntima alia- 
da, tiene muchas, y que desde hoy se halla expuesta á las más terribles 
conmociones.'' 

"Esta Kepública Federal nació pigmea, por decirlo así, y ha necesi- 
tado del apoyo y fuerzas de dos Estados tan poderosos como Francia y Es- 
paña para conseguir la independencia. Llegará un día en que, crezca y se 
tornee gigante y aun coloso terrible en aquellas regiones." 

"El primer paso de esta potencia cuando haya logrado engi'andeci- 
miento, será el apoderarse de las Floridas á fin de dominar el Golfo de Mé- 
xico, después de molestarnos así, y nuestras relaciones con la Nueva Es- 
paña, aspirará á la conquista de este vasto Imperio, que no podremos de- 
fendei contra una Potencia formidable, establecida en el mismo continente 
y vecina suya." 



Para nosotros el problema consiste en resolver á su vez, en bien ó en 
mal para la Patria, una serie interesante de cuestiones en las cuales debe- 
mos lijar toda, absolutamente toda nuestra atención. En primer término 
cabría estudiar el medio de aprovecharnos de cuantos elementos de pro- 
greso posee la nación Americana, sin perder por esto el factor esencial, la 
nacionalidad. En segundo lugar consideraríamos los medios para sentir los 
mexicanos todos el propio impulso por la defensa de esa nacionalidad ó sea 
alcanzando la mudad nacional. Finalmente, ahondariamos el punto relativo 
á la creación y conservación de toda clase de energías en todos los ramos 
del saber humano; en todos los actos de nuestra vida y en todas las esferas 
sociales, para garantizar la solidez de los dos puntos anteriores: ó en suma, 
adquirir la vitalidad propia, nacional, compacta y vigorosa. 

Estas tres cuestiones: la nacionalidad: la unidad: la vitalidad, trata- 
ré de desarrollarlas en otros tantos breves capítulos, que me propongo pre- 
sentar H vuestra ilustrada consideración en las próximas sesiones: sirvien- 
do el presente de somero prólogo á ellos. 

Levantar el espíritu público y crear hondas raíces al patriotismo en 
el corazón de cada mexicano, es en mi concepto, la obra que el deber nos 
impone á ciula uno de nosotros. ,Cómo habremos de conseguirlo? La re- 

Kevistu [19ÜÜ-1901 ] 13. 



98 

ceta es muy sencilla: una gran dosis de buena voluntad: sacudir la apatía 
habitual entre nosotros: desperezamos por el servicio de una causa augusr 
ta y noble; despojarnos, lo diré de una vez: de todos los defectos de raza y 
de tradición; con todo lo cual conseguiríamos en breve plazo evolucionar 
de asombroso modo. 

Empero, pai-ece imposible la realización de sueño tan hermoso: en mi 
humilde opinión no lo es tanto como se supone. ¿ A nosotros nos toca, por 
ejemplo, laborear en el terreno intelectual? Pues aquí está nuestra "Ál- 
zate." próspera, llena de vigor y entusiasmo que nos abre sus brazos paca 
que en su seno encontremos dos metas: fraternidad y trabajo: un solo ideal, 
jjro patria. 

Y sigamos de frente, sin envidias, sin rencores: dejemos á los seres 
pequeños en su puesto y que á nuestros pies se destruyan con susmaquina- 
ciones y maldades. Luchemos, trabajemos: sintamos la fuerza de la nacio- 
nalidad: agrupémonos en torno de nuestra sacra bandera: despleguemos 
cuantas energías sean menester, aun cuando hagamos explosión; no im- 
porta ! 

México, 5 de Junio de 1898. 

Jesús Galindo y Villa. 



bibliografía. 

Scieutia. 

París, o. Carré et 6. Naud.~Oia,q\íe fascicule 2 fr. 

Le Bouclier et les nouvelles móthodes de percement deS; 
'souterrains par Rene Philippe, Ingónieur des Ponts et Chaus- 
sées. Proface de M. L. Biette, Itigéuieur des Ponts et Ohaus- 
sées, Adjoint á l'Ingénieur en Chef du Metropolitain. 225 fi- 
gures dans le texte. Paris. Libraire Polytechnique, Ch. Bé- 
ranger. 1900. 347 pages fr. relié. 

El autor de esta importante obra ha dirigido grandes trabajos de par- 
foración y ha adquirido una práctica poco común entre ellos, recogiendo): 
innumerables datos de útil aplicación. En la primera parte de su libro con- 
signa los resultados de la colección de datos que obtuvo en las grandes 
obras de los ferrocarriles de Orleans, del Metropolitano, del Oeste, etc., 



99 

• ocupándose también de los diversos tipos de máquinas empleadas en Fran- 
cia y en el Extranjero. 

En la segunda parte establece importantes reglas para la aplicación 
de los métodos, la construcción de la maquinaria, etc., deducidas de la 
comparación de las diversas máquinas que ha estudiado. 

En suma la obra es una preciosa colección de doctrinas y datos de 
singular utilidad á todos los ingenieros. 

Legons d'Electrotechnique genérale professées á l'École Su- 
périeure d'Électricité par P. Janet, Directeuv du Laboratoire 
central et de l'École supórieure d'Électricité, Chargé de Cours 
á la Faculté des Sciences de Paris. Paris, GautMer-Villars, 
1900. Un beau volumegrand in-8, IX-608 pages, 307 figs. 20 £r. 

Por el sumario de las materias que esta obra ti-ata, se comprenderá 
su grande importancia. 

I. Principios generales de la Mecánica y de la Termodinámica. — II. 
Electro-estática: condensador. — III. Ley de Ohm. — IV. Magnetismo y 
Electromagnetismo. — V. Inducción. — VI. Propiedades de los materiales 
empleados en Electrotécnica. — VIL Dinamos de corrientes continuas. In- 
ducido. — Vin. Dinamos de corrientes continuas. Inductores. — IX. Chis- 
pas en los cepillos y reacción de inducido. — X. Características. — XI. Apa- 
reado de los dinamos de corriente continua. — XII. Motores de corriente 
continua. — XII. Motores de corriente continua. — XIII. Trans2)orte eléc- 
trico de la potencia mecánica. — XIV. Nociones generales sobre las fun- 
ciones armónicas. — XV. Teoría general sobre las corrientes alternativas. 
— XVI. Alternadoi'es. — XVII. Característica de los alternadores. — XVIII. 
Reacción de inducido en los alternadores; flujo propio de una armadura 
recorrida por una corriente altei'nativa. — XIX. Transformadores. — XX. 
Ensayos y teoría gráfica de los transformadores. —XXI. Motores de co- 
rrientes alternativas. — XXII. Motores síncronos de campo constante. — 
XXm. Motores a,sincronos de campo giratorio.— XXIV. Motores asincro- 
nos de campo alternativo. —XXV. Apareado de los alternadores. — XXVT. 
Corrientes trifáseas. — XXVII. Generadore.s y transformadores polimór- 
ficos. 

A Few Astronomical Instruments from the Works o£ Warner 
&Swasey, Cleveland, Ohio, U, S. A. 1901. A portfolio with 3G 
plates. Chasmar Winchell Press. New York and Pittsburg. 

La renombrada Casa constructora de instrumentos para grandes ob- 
servatorio!?, de los Sres. Worcester K. Warner y Ambrosio Swasey, acaba 



100 

de publicao" un elegante tomo con las láminas de los principales instrumen- 
tos que en los últimos años ha construido. Dichas láminas, que son de 
irreprochable ejecución, dan idea perfecta de los trabajos de la casa, mu- 
cho mejor que una descripción. Los objetivos de los tres grandes telesco- 
pios de los Observatorios Yerkes, Lick y Naval, fueron construidos por 
Alvan Clark é hijos, y los de los demás por J. A. Brashear. 

Las láminas representan los siguientes instrumentos y observatorios: 
I. Observatorio privado de los Sres. "Warner y Swasey construido 
por el arquitecto E. M. Hunt. — 11, El y IV. Telescopios de 6, 8 y 12 pul- 
gadas. — V. Micrómetro de posición.^VI. Cronógi'af o patrón. — Vil. Trán- 
sito y Telescopio zenital de 3 pulgadas, combinados. — VIII. Tránsito de 
3 pulgadas de prisma universal, de la Universidad de Pennsylvania. — IX. 
Telescopio zenital de 4 pulgadas de la misma Universidad. — X. Altazimut 
de 5 pulgadas del Observatorio Naval. — XI. Círculo meridiano de acero de 
6 pulgadas, del mismo observatorio. — XII. Micrómetro del instrumento 
anterior. — XIII. Instrumentos diversos del Observatorio Naval, déla Uni- 
versidad de Pennsylvania y otros. — XIV. Máquina de graduar automática 
de 40 pulgadas. —XV. Observatorio Dudley, Albany, N. Y. (Telescopio de 
12 pulgadas") (A. W. Fuller arquitecto). — XVI. Observatorio del Colegio- 
protestante en Beirut, Syria. (Telescopio de 13 pulgadas). — XVTI. Ob- 
servatorio Goodsel], Colegio Carleton, Northfield, Minn. (J. W. Stevens, 
arquitecto). — XVIII. ObservatoiioFlower. Universidad de Pennsylvania 
(E. V. Seeler, arquitecto). — XIX y XX. Observatoiio Naval, Washington ^ 
(E. M. Hunt, arquitecto). — XXI y XXII. Telescopio de 26 pulgadas de- 
dicho observatorio. — XXHI. Movimiento de relojería del telescopio an- 
terior. — XXrV. Observatorio Lick, Monte Hamilton, Cal. (Wright & San- 
ders, arquitectos).' — XXV y XXVI. Telescopio de 36 pulgadas del Ob-'^ 
servatorio Lick.— XXVII. Ocular del anterior telescopio. — XXVIII. El 
Observatorio Lick en Invierno. — Observatorio Yerkes (Universidad de Chi- 
cago), (H. I. Cobb, arquitecto). — XXX. Telescopio de 40 pulgadas de ese- 
Observatorio. — XXXI. Ocular del telescopio antes citado.— XXXII y 
XXXni. Detalles del telescopio mencionado. — XXXIV. Cúpula del mis- 
mo telescopio. — XXXV. Micrómetro del referido telescopio.— XXXVI. El 
telescopio Yerkes en la Exposición de Chicago, 1893. 

Si ere biologique N" 10. L'Assimilation chlorophyllienne et 
la stmcture desplantes par Ed. GriíFon, Ingénieur agronome^^ 
Docteur es Scieuces. — Juillet 1900. 106 pages. 

Materias que contiene: I. La energía asimilatriz y su medida. — 11^ 



101 

Plantas que presentan su estructura normal. — EH. Plantas cuya esti'uc- 
tura ha sido modificada por el medio. — IV. Esti-uctura y asimilación. 

Serie physico-mathématique. N'^. 9. La célérité des ébraa- 
lements de l'éther par L. Decombe, Docteur es Sciences. Jui- 
llet 1900. 96 pages. 

I. Consideraciones generales acerca del éter. — II. Historia del éter; 
Luz, Calor, Electricidad. — III. Las oscilaciones liertzianas. — IV. La fór- 
mulade Newton. — V. La velocidad de la luz. — VI. La velocidad de la elec- 
tricidad. — VII. La velocidad de propagación de la onda electromagnética. 
— Vm. El número v de Maxwell. — IX. La dispersión en el vacío. — X. 
El éter de Maxwell. 

N? 10. Les Eayons Cathodiques par P. Villard, Docteur és 
Sciences. 1900. 118. pages. 

L Apai'atos. — II. Fenómenos eléctricos en los gases enrarecidos. — UI, 
La emisión catódica. — IV. Propiedades de los rayos catódicos. — V. Elec- 
trización de los rayos catódicos. — VI. Electrización de los tubos de des- 
cargas. — VU. Acciones electro - estáticas. — VHI. Acción de un campo 
magnético sobre los rayos catódicos. — IX. Velocidad de los rayos catódi- 
cos. — X. Heterogeneidad de los rayos catódicos. — XI. Acciones quími- 
cas de los rayos catódicos. — XH. Fenómenos diversos. — XTTT Experien- 
cias de Lenard. — XIV. La formación de los rayos catódicos. — XV. Natu- 
raleza de la materia radiante. — XVT. Los cuerpos radio-activos y los rayos 
catódicos naturales. 



Encyclopédie scientifique des Aide-mémoire. 

Paris, Gauthier-Villars. Chaqué volumc 3 fr. 

Analyse des gas par M. E. Pozzi-Escot, Chi miste, Membre 
de la Sociétó Frangaise de Physique, Rédacteur á la llevue ge- 
nérale de Chimie Puré et Appliquée. 1900. 200 pages. 

Este tomito es de gran utilidad, tanto desde el punto de vista cien- 
tífico cuanto industrial. Contiene interesantes indicaciones prácticas re- 
lativas á la manera de recoger los gases para su análisis, los aparatos, las 



102 

medidas y las manipulaciones; los reactivos, los caracteres analíticos y 
procedimientos de cuanteo de los principales gases, determinación de la 
naturaleza de un gas, análisis de las mezclas gaseosas, aparatos empleados 
en los análisis, y por fin la determinación del poder calorífico de los gases. 

Les diastases et leurs applications par M. E. Pozzi-Escot, 
1901. 218 pages. 

El estudio de las diastasaS presenta la doble ventaja de tener un po- 
deroso interés científico y de poseer al mismo tiempo numerosas aplica- 
ciones industriales. El autor escribió esta obrita especialmente para los 
químicos y para los ingenieros á quienes será de grandísima utilidad. Las 
materias que contiene son: Acciones diastásicas, generalidades. Diversas 
familias de diastasas, su secreción, preparación y composición, propieda- 
des generales. Leyes de acciones diastásicas. Individualidad de las días- 
tasas. Zymogenesis. Método de medida de las celdillas diastásicas. Nueva 
interpretación de las acciones diastásicas. — Amilasia, su trabajo químico. 
Maltage. Papel de la amilasis en cervecería y en destilación. Análisis del 
malto. Maltasa y siis aplicacionea. Mucors y Amylomyces. Fabiicación; 
industrial de la maltosa. Zymasa y bucnerasa. Las oxidasas. 



AND ITS TRIBU TARI ES. 

BY KINSLEY DRYDEN DOYLE, M, A., 

Aseoc. M. I.NST. C. £. 

The Fuerte river is a powerful stream, named from its torrential' 
cliaracter, draining a basin of 17,000 square miles, including that part of 
Western México called tbe Sierra Tarahumara, and falling into the Cali- 
fornian Gulf just south of tbe 26tli parallel of north latitude. (See map, 
Pl. n.) Tbe rainfall of this región is a mean betwen the extreme aridi- 
ty of the Colorado desert and the tropical copioxisness of Tepic and Jalis- 
co; there is a long diy season from November to June, broken only by a 
few thundershowers, during which the vegetation is mostly leafless; and- 
the qnly green objects in the low country are numerous varieties of cae- 



103 

tus, agaves, and a few otlier kinds of plants whose bark serves the purpo- 
aes of leaves, except in places where the roots can reach water. The pro- 
kxnged drought dñes up all the rivulets in the low land or "tierra calien- 
te" as it is called locally, but the immeuse rock masses of the platean — 
rjghtly named Sierra Madre, mother of moiintains — store up and give out 
a perennial stream, never falling below 64,000 cubic feet per minute. 

The Fuerte is 275 miles long from source to mouth, and the united 
river for a third of the whole length flows through the low plain the re- 
maining part and all the chief tributañes pass through rugged foot hills 
and in deep cañons worn in the SieiTa itself. 

This country was traversed by the author in 1897 from west to east, 
but it wUl be more convenient for the puipose of description to startuear 
the watershed. 

Proceediug therefore from the town of Chihuahua on the Mexican 
Central Railway, one traverses the central plain, gradually rising from 
east to west towards the wave crest of the gi-eat slope; for the first 70 mi- 
les the road or track goes over a rugged country composed of weathered 
dark volcanic rocks, and studded with abrupt hills which i-ise like islands 
in a stormy sea of lava. Thers is little surface soil, and, except a few sha- 
Uow valleys like that of Sta. Isabel, the región, owi% to drought, is a de- 
sert. After reaching Cosihuiriachic, a town depending on very ancient 
and rich silvfer and lead mines, the llanos are seen stretching upward to- 
ward the watershed of the continent; they are very smooth, broken by 
few aiToyos, and covered with gi-ass formiug a good cattle country where- 
ver water is obtainable. Thirty miles to the N. W. of the town is a group 
of rocky hills whence streams flow in three directions— south-east tothe 
Rio Conchos, which joins the Rio Grande del Norte, and discharges into 
the Gulf of México — north to the Rio de Sta Maña, an inland sytem of 
drainage ending in a salt lagoon near the United States frontier — and west 
through the mountains to the Gulf of California. 

The llanos preserve the original slope and surface of the oíd lava 
flows, and are protected from denudation by their lof ty elevation, the small 
rainfall on thé inland side of ^he mountains, and by a coating of soil with 
permanent gras. (1) Travelling over them, is a pleasing contrast to pro- 
gress over the stony plain, and the antique-looking; leather-slung coa- 
ches drawn by teams of eight or ten, well-matched, closely-clipped, whi- 
te mules go at a fast canter over the smooth surface. Towards the summit 
of the slope rounded hills studded with dwarf oaks appear, and the ground 
ÍH broken; but some attempt at grading the tracks enables wheeled vehi- 

(1) There are alBO íiUnvial depotits In tLis región, contaiuiDg boneremaiiis ofQua- 
ternary age. 



104 

cíes to go as far as Bocoyna on the head waters of the Rio Conchos, wlie- 
re there is a small settlement of Mexicans and Indians. From this placa 
on'wards one must travel mounted or on f oot. The highest part of the ran- 
ge in this neighbourhood is Rumerachic, a rounded mountain about 9700 
feet above the sea. 

Here we enter on the pine-clad mesa, which extends, uniform and 
monotonoTis, in a belt 50 miles wide, along the crest of the Sierra; except 
in a narrow central ridge, the general surface is quite level, and covered 
by a sparse f orest of small pines, with very little other vegetable lif e. Mam- 
mals and insects are alike nnseen, and the only winged creatures are an 
occasional flock of "blue birds" or a stray woodpecker. There being no 
streams during the dry season to make tho murmuring accompaniment one 
always hears in the Alps, and as no breath of wind disturbs the constant 
calm of the air, there is an absolute silence in the f orest which is very im- 
pressive; even the f ootf alls of one's own mules are deadened by the carpet 
of pine-needles. 

These mesas are composed of aimost level sheets of lightcoloured tra- 
chyte, and beds of white friable volcanic ash, with local layers of white 
pumice; incrustations of red and white chalcedony, and crystals of celea- 
tine are also commonly seen. 

The commencement of the arroyos which feed the Fuerte liver is 
usually a basin-like space of bare stone completely denuded of allsoil, 
and without vegetation: the-sides are steep, and the hollows soon plunge 
down to the depths of the great cañons; they remind one of the streams 
on the peat-covered Irish hilis, Kippure for example, where a furrow iu 
the living fibrous covering of heather and other plants, soon widens into 
a gully in the soft peat. Though the scale of the phenomena is very dif- 
ferent, yet the forest on the mesa seems to play the part of the heather 
on the peat, and prevent denudation of the underlying material. In the 
basins and valleys there are of ten rouuded bosses, and sometimes high pi- 
llars left standing in isolated positions, or in groups; they appear to be pro- 
duced.by the protection afforded by hard, resistant patches in the trachy- 
te; but, unlike ordinary earth piilars, do not develop into symmetrical 
conical f orms; being always twisted into strange and odd shapes, and so- 
metimes overhanging considerably; some are more than 100 feet high. Be- 
sides the summer rains, which are not heavy at elevations of seven or 
eight thousand feet, there is a winter snowfall of about two feet, and tha 
greater part of this, probably ñnds its way through the surface soil, and, 
by subterranean passages of the fissured rocks, to the water-level at the 
bottom of the gorges; for in early summer the small streams are quite dry, 
though there is plenty of water far down in the gorges. The most striking 



105 

feature of the mesaon the way f rom Bocoyna is thegreat Barranca of the 
Urique river; one approaches it through level forest to the very edge of 
the chasm, -where it beuds suddenly from E. N. E. to S. S. W. The sides 
are a series of vertical precipices, formed by the edges of the different 
lava flows. connected by steep slopes of detritus covered with vegetation 
suited to the elevation; for the descent to the stream being 4500 feet, ba- 
nanas, oranges, and cacti -will grow at the bottom wherever there is room 
for them. while there is frost nearly every night on the top; and yetasto- 
ne dropped from the edge of the mesa would, in many places, fall and roll 
all the -n-ay to the river. Fnrther up, the cañón contracts to a chasm so na- 
rrow that it could be bridged at the top, but here it is a couple of miles 
wide. 

Here aüd there in this región one comes across cave-d-wellings of Ta- 
rahumari Indians, a priraiti ve race of fine physique; they are of a dark cop- 
per red colonr, with long coarse black hair reaching to the shoulder, and 
confined by a fiUet round the forehead. They are very shy and retiring, 
living by their own tribal customs, and making their own pottery, clo- 
thing, and arms, without intercourse with white men. As they are not a 
warlike race, their continued existence and individuality is due to the ex- 
treme inaccessibility and poverty of the country; but in power of endu- 
ring cold and fatigue, and performing very long marches with no pro- 
visión but a little parched corn, few hill tribes could compete with them. 
After passing the Cerro de Coroibo the track visits some large caves on 
a high part of the mesa where water can always be found; elsewhere the 
sources are so f ar apart that it is desirable to have a guide with local know- 
ledge, to avoid the discomfort of a waterless camp; forage is also so scar- 
ce that corn raust be cairied for the mules. There is a numerous group of 
grotesque rock-pillars near this place. 

The ground here commences to slope down with a more broken hi- 
lly surface toward.s the tierras templarlas, at an elevation of 5000 to 6000 
feet; the tongues of table-land reaching out between river valleys are ca- 
lied cordones, and their level tops enjoy a delightful and invigorating cli- 
mate; températe crops and fruits do well here, and the little towns were gay 
with peach blossoms in March. 

Leaving Temorís, a place on the right side of the Septentrión river, 
we descend to a small ranche at the bottom of the valley, where an arti- 
ficial water-course irrigates some terraces planted with oranges; there is 
hardly any level ground, fort the steep sides of the V-shaped valley near- 
ly every where Bweep directly into the stream. Here, mineral veins, which 
are uncommon in the upper trachyte beds, begin to appear, and there is a 
large mine cióse by at Realito. Now, ascending to the crest of the left 
bank at Pandura, the first view of the foot hilLs is obtained; they lie ex- 

R«TÍiU (1900-lDOlJ— 14. 



108 

tended like a map beneath the giants of the mesa; and were it not f ortheir 
steep and intricate f orms, the windings of the river valleys could be easily 
traced through the trausparent atmospliere. The clearness of the air in 
these regions is remarkable, even for the Pacific coast; the stars at night 
shine with astonishing brilliancy; and a lofty mountain of striking form, 
the Cerro de Alamos, is visible all day at distances over 60 miles, where 
nothing intervenes, except in the rainy season. To the sonth-east of Pan- 
dura is the peak of Metate standing on a spur of the mesa, isolated by the 
erosión of two streams, and snrrounded on three sides by immense verti- 
cal precipices. There is a wide difference between the shapes of mountains 
in this latitude, and the ice-planed f orms of Europe; as long as the rivers 
can deepen their beds they do not widen the valleys at all, -which remain 
either cañons enclosed by cliffs, or Y-shaped cuttings, usually*terminating 
at the bottom in a narrow gorge. On the lower ridges the evergreen flora 
is more varied and abundant; three varieties of oak, three of pine, and one 
of arbutus are common; the arbutus, whit its thick stem, bright orange 
red bark, dark green leaves, and white flowers, is very picturesque; and 
the Encina rohle, an evergreen oak, -with thick leathery leaves, is very dis- 
tinct. Lower down, below 5000 f eet, agaves, mamillaria, andpricklypears 
(Opuntia) are abundant among the grass that covers oíd geological for- 
mations. or under the dwarf f orest that ñourishes on recent volcanic ejec- 
tamenta. Following the rigde towards Guaza, the track overlooks a wide 
basin, grass-covered and dotted with dwarf oaks, into which two streams 
converge at an acute angle, leaving between them a thin slice of table- 
land, standing up perpendiculary 3000 feet above the stream, and revea- 
ling its struoture of horizontal beds; the upper palé acid lava, and the lo- 
wer of dark basic materials. Such wedges are common at the margin of 
the mesa, and are sometimes isolated into towers that eventually crumble 
into conical f orms; when first isolated, they are locally called cahallos (hor- 
ses); the ridges produced by erosión often termínate in a diminishing row 
of peaks that have been formed in this way. This flamboyant style of 
mountain sculpture shows that no severe earthquakes have aífected this 
part of México for a long time, as many of the grotesque rock-pillars and 
lofty partition walls have such slender bases that a violent shock would 
certainly overturn them. 

At Guaza the Chinipas and Septentrión rivers join, and there is alit- 
tle level ground laid down by the rivers during a temporary obstruction 
of the lower gorge, caused by recent volcanic eruptions, to be further no- 
ticed. Betwen Guaza and La Junta, where the main river forms, the va- 
Uey has been eroded to the base of the volcanic series, exposing syenite; 
a calcerous f ossil was also observed in the shingle, though time did not 
allow a search for its parent stratum. 



107 

Turning now east, up the main branch of the Fuerte river, we have 
before us a portion of country about 40 miles long and 20 miles wide oc- 
cupied by the wasted volcanoes of a secondary eruption; all the rocks he- 
re are dark basic lavas, and some of the flows can be seen little altered, 
still f ormiug the surface of the ground, or filling f ormer river valleys. Mi- 
neral veins are abundant iu a belt reaching from San José de Gracia near 
the boundary of Durango, to Rosario mountain, near that of Sonora, es- 
pecially at the junction of the dyke-intersected syenite, with the volca- 
nic rocks. Gold occurs frequently, associated with silver and copper as 
sulphides, and sometimes in veins of iron ore. 

As the river runs in a chasm, the practicable track crosses hest houl- 
der of the Cerro de Volcan apromiueut peakamong the foothills; its top 
Í8 evidently the hard core of a cráter, and its sides the eroded materials of 
the cone; denudation is proceeding apace among these small mountains 
from the action of the heavy autumn rainf all on their loóse layers; nearly 
all the ground stands at the angle of friction, everything is just ready to 
roll; and the tops of the rigdes and bottoms of ravines are quite narrow. 
Near Volcan there are four or five other extinct coues in the same stage 
of decay. Descending to the bed of the river at San Francisco, one finds 
it rocky, and with a rapid faU; numerous waterworn boulders as large as 
10 feet in diameter are piled along tho margin, attesting the forcé of the 
stream when swoUen 50 or 60 feet above its dry season level. Above Rea- 
lito it has cut through a thick homogeneous laj'er of reddish rock, very 
free from fissures, and has left perpendicular cliffs nearly a thousand feet 
high; on emerging from this pass, one stands on a lake terrace over the 
river; observation of the surrounding hills discloses other parallel terra- 
ces at different higher levéis. The wide valleyis covered by regularly bed- 
ded lake deposits through which the river winds iu sinuous curves, cut- 
ting cliffs from 40 to 70 feet high. Against the sky is the vast wall of the 
distant mesa, indented with square notches, like themachicolatedparapet 
of a castle, by the straight-sided ravines. 

The bed of the ancient lake is 1000 feet above sea-level at is lowest 
point, and consists of white and bnght green sandstones and conglomera- 
tes in thin but continuous layers. Duñng the dry season the river bed is 
a convenient road, though in necessitates frecuent fording, as the stream 
meanders from side to side. The sandstones were examined for fossils, but 
none were found. After nine miles of gently-sloping, walled-in course, a 
place Í8 reached where the lake beds hrve been cleared away nearly down 
to the present river level: probably by wanderíngs in the course of the cu- 
rrent: and on this plain is the small towu of Tubares. 

The ancient alke and its fluctuations of level must habe been cau* 



108' 

sed by volcanic eruptions in the previous river valley damming tlie chaii- 
nel up with lava and ash; and when lai-gest, the lake covered 100 square 
miles, to a máximum depth of at least lUOO feet; the thickness of the la- 
custrine strata below the present river level could not be ascertaine wit- 
hout boring. 

Should it ever be desired to regúlate the flow of the Fuerte river, 
either for water-power or for extended irrigation in the low country, it 
coiüd be done eft'iciently at a modérate cost, by constructing a dam at the 
gorge of Kealito, where there is a narrow passage, solid rock for founda- 
tion, and a long gentle slope for the reservoir. 

Above Tubax'es, low clifl's cióse in again on the river; here they are 
of a compact white stone, in appearance iike limestone, but probably de- 
rived froin the waste of the acid lavas; then the valley ópens again as the 
junction with the Urique river is reached, the left branch being the pro- 
duct of the main stream f lom El Zapori and the Batopilas river. 

Long ages elapsed between the eruptions that built up the mesa, and 
those which formed the Üealito group of foot-hiUs; for duriug that inter- 
val; the Urique and other rivers eroded valieys more than uüUÜ feet deep, 
and extended the littoral plain at the expense of the platean. After the 
new volcanoes had covered the plain, the rivers deposited the lacustrine 
beds of Tubares, and cut a deep chaunel through the erupted material. 

All the foothilis are covered with a low forest of thorny trees and 
shrubs, leañess in March, but not without blossoms, the ' 'palo blanco" in 
particular' being covered with corymbs of large, white, sweet-scented flo- 
wers, the f ood of parro ts and deer, and the hauut of humming-birds. A ye- 
llow variety of the same species is common, and two trees produce large 
clusters of rhododendi-on-iike blossoms, pink and yellow respectively; log- 
wood of smaU size is abundant, being used for f uel and for stakes. The 
commonest large cactus is the pitahaya a clustering group of dark green 
cylinders about 10 feet high, f urnishejl with grey wooliy hair near the top, 
and Iike all the genus, with chevaax de frise of siender sharp spines. The- 
re are large echinocacti which are eaten greedily by deer, whenever they 
can penétrate the def ensive armour of spines and hooks. The smaller ma- 
millaria with brilliant starry ñowers were not generally in bloom in March. 
Besides the perennial woody; or fleshy and übrous plants, there is a nu- 
merous and beautif ul flora of herbaceous varieties that spring up on the 
advent of the rains, and many of them are peculiar to this part of the 
country; it has been only partially worked out, and there are probably ma- 
ny kinds yet undescribed. All the shrubby vegetation is much more lu- 
xuriant on the recent volcanic área than on the eroded spurs of the mesa. 
Proceeding now, from the junction of the Urique river, a new series 



109 

of volcanoes is traversed. the highest being the Cerro de San Juan; their 
form is rounded on top, but witli steep slopes, and the lava is a dai'k ba- 
ste material f uU of green spherules, wbich are not much elongated in any 
direction; this lava appears to have been exuded in a pasty condition, for 
it shows no sigas of beddiug or flow. The river has cut a narrow winding 
gorge through it, -with steep but not vertical sides Above San Juan de 
Dios, at San Ignacio, is the junction of the Batopilas river, in a more open 
cotmtry; also showing some signs of alluvial deposits. 

The Batopilas river flows between steep cliffs of basalt and diorite, 
apparently lower members of the great platean series, and not recent erup- 
tions like those of San Juan and Eealito. Near Puebla, granite with nu- 
merous dykes and patches of schorl is exposed; and generally the great 
variety and numerous sections of the rocks in this district would make 
it interesting te a geololist, who had time to study them. On occount of its 
ruggedness it is useless, except for mining, and is accordingly a retreat 
for the wild Tarahumara; whose dark red forms may be seen bathing in 
the river, and at night the light of fires in the caves they inhabit, gleams 
in the lofty recesses of the hills. 

Batopilas is a considerable mining town, its mineral veins have been 
worked since the early years of the Spanish occupation, and they are now 
exploited by a United States company, wich, alone out of many mining 
concerus in these provinces, uses modern methods and machinery. The 
principal veins are of crystallized native silver imbedded in calcite, the 
country rock being a hard diorite. One mine extends 900 feet above, and 
the same depth below the adit; and the author saw a blast fired in a vein 
one foot wide coutainig 75 per cent, of bright metallic silver. Other neigh- 
bouring mines contain silver as sulphide. The mountains round Batopi- 
las have been stripped of their wood for f uel at the mines, and when seen 
from above appear covered with a ramifying network of small ravines, by 
which the whole surf ace is made steep, the slopes from two arroyos always 
terminating in a sharp ridge; this extreme effect of denudation may be 
due to removal of the natural covering. 

Leaving Batopillas we reach the Cerro Colorado, an immense red mass 
of low gi-ade, auriferous rock; it was recently worked on a considerable 
Bcale at a losa, and the machinery is still on the spot; costly transport waa 
the chief obstacle to success. We now cross over the cordón to the Url- 
que valley, and go up to the town; although the rock walls are 5000 feét 
high, and very preeipitous, the valley has a narrow flat floor composed of 
alluvial material» deposited under water (during the existance of the vol- 
canic dam). Nearly every kind of tropical fruit does well here. It is poa- 
sible to go far up the valley near the river, a path having been blasted 



lio 

out by miners, f or th.ere is a large copper deposit near th.e tum of the great 
barranca, in a most inaccessible position. Tbe valley extends a hundred 
miles above the town, and contains someold, rich, sil ver mines. Wenow 
proceed to Cerrocahui a small place on the températe mesa, surrounded 
by arable land; here is an adobe churck built in 1700. There are cbarming 
spots on tbe mesa, well wooded and level, with olear streams whicb, end 
in a sheer descent of many tbousand f eet; f rom one, there is a view bver 
the immense crags of the Ai-royo Hondo. They are kept green by a slight 
deposition of mist or fine rain, in ascending cui'rents of air, f orced up the 
cliffs by wind; a short distance from the edge, such moisture is absent. 

The track passes Tecumichic (elevation 5950 feet) and Sinagita, and 
emerges on the edge of the mesa at El Ojito (the little eye), whence one 
can see severa! thousand square miles of country, including points sixty 
miles distant. On the east, is the Cerro del Pilar, a series of singular f orms 
of eroded trachy te, and the oíd lake basin of Tubares; to the south, are 
the volcanoes of Eealito, Cobre, and Pinitos; and west, are long tongues 
of tableland divided by precipitous valleys. Such a view must be uncom- 
mon in any country. From this point the track descends rapidly to the hot 
springs of Huachara situated among a number of small hills with streams 
winding among them; the remarkable similarity and strange f orm of the- 
se hills can hardly be due to ordinary erosión; they are composed of loóse 
stones, gravel, and sand of a reddish colour, and the entire hollow is filled 
with them. The track passes o ver Sausillo, and from El Sillón beyond it, 
a new view is obtained of innumerable small hills and mountains; it soon 
passes the boundary between the oíd trachyte and the recent volcanic área, 
and reaches La Junta by Tacopaco, a village in a valley containing many 
palm-trees called tacos. 

Descending the main river to Agua Caliente de Baca the bed is f ound 
to be of syenite; it finally emerges into the low country through the Ca- 
jón de Haites, between the Cerro de Santiago and the. Cerro de Chucha- 
ca. Belowthis, the country is generally syenite, but part of it is covered 
by a lava sheet 20 feet thick, which filled an oíd bed of the river, moul- 
ding itself to the waterworn roeks, sealing up beds of gravel, and sometí- 
mes rising into bubbles over pools; the river subsequently cut through 
the layer and 50 feet of syenite, leaving the junction exposed on a cliff. 
As auriferous veins are abundant in these gravéis; a surmise which was 
verified by washing a handf ul of gravel. The top of the lava bears a plan- 
tation of large cultivated ages for making the spirit called mezcal: they 
grow luxuriantly on the descomposing rock. The lava extends to Agua Ca- 
liente, where there are springs at a tempero ture of 120° F., containing sul- 
phuretted hydrogen and carbonates; in the hot water the stones are coated 



111 

by algas of a very deep green colour — a remarkable example of adaptation 
to unusual circumstances. Thoiigh mucli of the lava sheet has been re- 
moved by erosión, a fevr tmncated conical bilis sbow its former level and 
extent. 

Rosario mountain, a trachytepeak5193 feetbigh (by boiling point), 
Í8 worth a visit, as it gives an extensiva view. At its base tbere are gold 
mines, -where the metal is extracted from heematite in primitive native 
milis called arrastras, consisting of shallow, paved, circiilar pits, round 
which heavy stones are dragged by mulé power. On Rosario mountain was 
a curious mass of vegetation, moulded to the shape of a spo^iting water- 
fall; it extended from one rock-ledge to another forty feet higher. in a pa- 
raboloid form, so tbat the water would run over its surface in an even sheet. 
The mass was as dry as hay, but seemed to be a selaginella. There are se- 
veral sorts of fems here, which roll up tight in the dry season, and respond 
to a small shower of rain by immediately expanding the evergreen upper 
sides of their fronds. Deer and jaguars are common about Rosario. 

Below Baca the river takes a sweep to the west. having been diver- 
ted by lavar-flows from volcanoes near Choix, and it retums to its general 
direction near Toro; most of the intervening country has been swept clear 
of lava, exposing syenite. At Toro several hills, like bench-marks in an 
excavation, show the former level of the lava. The ranches here, are fen- 
ced byrows of single-stemmed cacti, growingin contactto a gi-eat height; 
they are only six inches thick, but absolutely unclimbable. A singular 
tree called Bebalama grows in the plain, ithas slender stem, branches, and 
twigs of a bright-green colour, and shower of beautif ul yellow flowers, but 
no leaves in Mavch; the sheltered ravines contain some rubber-beañng 
plants, though they are not plentiful. owing to the long drought. The im- 
mense sahaura (Cerem gignnteus) or pillar cactus of the Gila valley does 
not grow so far south. Between Sinaloita and Ocolome, on the river, there 
are outcrops of mica schist and slate, the general strike of the cleavage 
being a little west of north; below this the coimtry becomes more level. 
At the town of Fuerte the river is 300 yards wide, with a rapid current 
over coarse sand, but only three or four feet deep. There is a colouring 
about the gorgeous sunsets of the plain which is peculiar to the shores of 
the Califomian Gulf — hues of víolet, purple, and rose predomínate— and no 
Buch displays were seen by the author, since the wonderf ul sunsets caused 
by the eruption ef Krakatoa. 

At San Blas there is a bar of rock across the stream; it is apparently 

metamorphic, and contains dark-red and green jaspery bands (specimen 

lo«t). Just abo ve this place a very cold night was experienced, with den- 

. 86 fog — a suprising thing in the hot country, and the only fog seen by the 



112 

autlior in México. The explanation appears to be as foUows: — On the 
moirntain sides atnight the clear air is cMUed by tbe radiation of tbe ground; 
but, being too dry to deposit dew, f alls a great deal in temperature, and 
slides into the bottom of tbe ravines. Haré it is further cbilled by radia- 
tion, and deposits copious dew; but, still eold, it runs rapidly down to the 
river and roUs on towards the sea. At San Blas it is checked by a line of 
low hills, and spreads out as a lake of cold, f oggy air. It was observed that 
everything -within about ten f eet of the bottom of small arroyos was dren- 
ched with dew, while objects higher up were quite dry in the morning. 
As one proceeds towards the coast the plain becomes quite flat; but hills 
of volcanic rock rise abruptlv from it at wide intervals. The brown leafless 
forest of small trees gives way gradually to increasing numbers of cacti, 
especially a large varíete of pitahaya, and twisted siviris, with poisonous 
thorns, which almost mimic a writhing knot of grey-green snakes. Whe- 
re water is applied, the sandy plain is fertile; and the banks of the river, 
like a little Nile, are f ringed by irrigation farms, where excellent cañe f or 
sugar, with oranges, bananas, and maize are raised. 

The margin of the water is alive with the bright plumage and songa 
of birds; but away from it, the plain is covered by groves of cacti, to the 
exclusión of everything else, and their clustering, green, leafless columns 
in endless succession, present a singular appearance. An attempt has been 
made to irrígate on a large scale, but only a small part of the immense cac- 
tus groves has been touched. The woody core of these plants contains tar, 
and yields on distillation a gas of high illuminating power. There is a road 
through the cacti to Topolobampo, a large landlocked bay which, on ac- 
count of its possibilities as a harbour, has been caref uUy surveyed ty the 
Hydrographic Department of the United States Cirovernment; their chart 
shows clearly that this was the oíd estuary of the Fuerte river bef ore vol- 
canic disturbances diverted its course. The high-tide outline of the top of 
the bay has the appearance of a delta with numerous channels, though there 
is now no fresh water there; and the bay, which is very beautif ul and sur- 
rounded by steep volcanic hills, made a ñtting exit for a river having an 
inland course of great interest and variety. The existing mouth ends ig- 
nobly in mud-ñats infested by alligators; for the river has not had time 
to make anything better, but ill will probable improve it in the course of 
a f ew thousand years. In would be interesting, and probably easy, to tra- 
ce the oíd bed of the Fuerte, and the work might result in the discovery 
of more placers to reward the pioneer. 

; There are indications that the confluence of the Urique and Batopi- 
las rivers, with those from Chinipas and Septentrión, was formerly along 
way from the present f ork at La Junta; and that the wild gorge from Rea- 



113 

lito to La Junta was cut by an overflow ot the volcanic dam at a spot dif- 
ferent from the oíd exit of the Urique river. Upon tliis supposition, the 
placers near Baca -were produced by the Chinipas river only. 

The cause of the small volcanic groups outside the edge of the ta- 
ble-land appears to lie in the existence of a great shearing stress acting 
on the Earth's crust at this place. The mesa sloping down from 9000 to 
6000 feet and then plunging abruptly to liverchannels 1000 feet above the 
sea, causes a sudden change of load, due to the weight of 5000 feet thick- 
ness of rock; and, as erosión changes the position of máximum strees, weak 
places are disclosed, through which any hot fluid matter below is squee- 
zed out, while the plateau settles down. This action may have been re- 
peated several times while the plateau was being cut back, thus accoun- 
ting f or the volcanic hills at Topolobampo, and generally along the coast. 

In the clear waters of Topolobampo Bay, pelicans ñsh day and night 
unceasingly, turtles bask, and porpoises race by at railway speed, punc- 
tuating the silence of night with their rhythmical snorts, whilft hundreds 
of thousands of sea-birds feed on the sandy beaches of San Ignacio and 
nest ond islands in the bay, watched over by the paternal care of the Me- 
xican Grovernment. 

If we depart by sea the last view of the coast is a weird outUne of 
fantastic shapes, distorted by a veil of mirage. 



APPENDIX. 

Generally the highest temperatures were observed in narrow, deep 
river vaUeys; the low open plains were cool at night, but had a high tem- 
perature in the day; the coolest night was April 6, at Orochibo, elevation 
7575 feet, on the mesa, when there were 19° of frost and thick ice on still 
water. There was slight cloud at sunset in the plains on February 6, 8, 
10, 13, and 20, with^very brilliant colouring; thunderstorms occurred in the 
foot-hills on March 19 and 27, with heavy rain and small freshets in the 
river. At San Blas, on Fehruary 7, there was a dense fog in the morning, 
with minimum temperature 40'^ F. No other fog, cloud, or rain was ob- 
served during February, March, and April. 

There was a gale from the N. W. in the gulf on January 29 and 30, 
with clear sky, no rain, and a heavy sea; on the coast the wind was fresh 
to strong from the west on February 1, 2, and 3. Inland it was generally 
calm, in the foothills at San Juan de Dios, there was a strong, hot, dry 
wind down the valley on February 26. During March and April a dead 
calm lay over the mountains. 

IUTUta[lQ00-1001J— 16. 



114 

Disturbances of the barometrio pressure beyond the diumal oscilla- 
tions are rare, readings remaining constant for many -weeks at a time. 

The air is extremely dry; steel articles left on the ground every night 
do not rust, and no dew is deposited, notwithstanding the olear sky, ex- 
cept at the bottom of ravines. 



Sumary of Temperatures in different places during 
February, March, and April. 



LOCALITT. 


DATE. 


ELEVATION. 


»— ■ — ■ 

HOUE. 


Temperatura 
Fahrenheit. 




Coast, at Topolo- 


Jan. 31, 


30 feet. 


máximum day. 


62.05. 


d 


bampo, 






mínimum night. 


47. 


c3 

"El 




Feb. 1, 


30 ,, 


máximum day, 
mínimum night, 


79. 5. 
47. 5. 









Feb. 2. 


30 ,, 


máximum day, 
mínimum night. 


64. 
37. 


^ " 


o 


Near river, 


Feb. 5, 


55 ,, 


8 p. m.. 


58.3 air. 




San Blas, 


Feb. 7, 


120 , 


mínimum night, 
8 p. m,. 

8 a. m., 

9 p. m., 


40 in fog. 
55 air. 
47. 5 aü*. 
56. 7 air. 




Fuerte, 


Feb. 10, 
Feb. 12, 
Feb 12, 


186 ,, 
250 ,, 




Near river, 


6 




Feb. 13, 


250 „ 


8 p. m., 
mínimum night. 


53 air. 
37. 


" 


tM 


San Javier, 


Feb. 15, 


320 ,, 


8 p. m., 
mínimum night. 


50. 5 air. 


H 








39 . 


Baca, 


Feb. 17, 
Marcli 25, 
Feb. 23, 


384 ,, 
384 „ 
904 ,, 


mínimum night, 
8 p. m., 
8 a. m.. 


41 . 
52 air. 
61. 2 air, 




,, 

Eiver valley, 


San Juan de Dios, . . 


Feb. 26, 


1135 ,, 


9 p. m., 


84. 5air,hot 












strongTvind 


[ 








all night. 




Oíd lako basin, 


Feb. 24, 


1010 ,, 


8 p. m.. 


69 air. 




Cañón at BatopUas, 


March 1, 


2523 ,, 


10 p, m.. 


76 air. 


e-M 




March 5, 


H 11 


8 a. m.. 


64 air. 


11 




March 6, 


2523 ,, 


8 a. m.. 


62 air. 








máximum day. 


99. 5. 


ñi 


Cañón at Urique, . . . 






mínimum night. 


58. 




March 9, 


1790 ,, 


6p. m.. 


72 air. 










mínimum night. 


62. 5. 




On cordón of mesa. 


March 10, 


6038 ,, 


mínimum night. 


39. 5. 




1. 


March 12, 


5950 ,, 


7 p. m., 


42 air. 




On foot h'ills, . ..!'... 


March 15, 


2540 ,, 


minlmum night. 


54. 




UA^alama, 


March 29, 


3150 ,, 


7 a. m., 


42 air. 




On mesa, 


April 2, 
Aprü 3, 
Apill i, 


4950 ,, 


8 p. m., 

8 p. m., 

8 p. m., 

minlmimi night. 


49 air. 




' High mesa, 


5674 ,, 


45. 5 air. 






7265 ,, 


54 air. 


é 


" 




38. 


n 




Aprü 5, 


7199 „ 


8 p. m., 
mínimum night. 


51 air. 


0? 

< 


(Ojito de Baranca) 




19. 


ss 


íngh mesa, 


April 6, 


7575 „ 


8 p. m., 


38 air. 


fco 








mínimum night. 


13. 


w 


Bocoyna, 


April 7, 
Aprü 8, 


7140 ,, 


8 p. m., 
mínimum night. 


38. 5 air. 








29. 






Api-U 9, 


„ 


mínimum night, 


29. 




Aii 


temperatures by swi 


ttg thermome 


ters (verified 


at Kew), máxima 


in shade, 






minima expo 


sed to open s 


ky: 





30' 


30' 


13 


40 


45 








30 


5 


20 


13 


40 


40 


20 



n5 

Observations for latitude were made with a 6 inch sextant and co- 
vered mercury trough. 

Heights were meaaured by boiling - point instrument with thermo- 
meters verified at Kew, and two aneroids. 



OBSERVATIONS OF LATITUDE MADE BY THE AUTHOR. 

The town of Fuerte, 25° 30' 30" North. 

Agua Caliente de Baca 26 

Rancho of Septentrión, 26 

Santiago near Bahuina, 27 

Town of Cuiteco, 27 

Ojito de Barranca at the bend of 

the Urique river, 27 

Bocoyna on the Rio Conchos, 27 

Note added in the Press. 

The Author's attention has been directed to the Bosquejo geológi- 
co de México, 1897, numbers 4, 5, and 6, whicli contain a general account 
of the geology of México, and some preliminary notes on the provinces 
of Chihuahua, Sonora, and Sinaloa. 

(Eeprinted from the ProceeJings of the Eoyal Dublin Society, August 1899). 



bibliografía. 

Bibliothéque Technologique. Les Phénomenes électriques 
et leurs applications. Étude historique, technique et économi- 
que des transformations del'éuergie électrique parHenry Vi- 
yarez, anclen eleve de l'École Polytechnique, Expert prés les 
Tribunaux.— París, G. Carré et C. Naud. 1901. 8? 574 pages. 
254 figs. 15 fr. relió. 

Non parece que esta obra está llamada á satisfacer á los deseos de mu- 
chas personas, ingenieros, jefes de industrias, etc., que necesitan conocer 
loB principios generales de la Electricidad como los de la Física y la Meca- 



116 

nica. Para ello les es preciso algunos rudimentos, esto es, una serie de no- 
ciones claras, precisas, despojadas de la complicación de demostraciones y 
de la descripción de aparatos, pero que sí sean suficientes, sin embargo, 
para que puedan adelantar en sus estudios si tuvieren necesidad, y en to- 
do caso de poder seguir á grandes rasgos, pero con conocimiento de causa, 
los proyectos ó trabajos que les sean entregados. 

Esta obra satisface á estos ideales: narra la marcha de las ideas que 
han creado la ciencia eléctrica moderna, haciendo á un lado la parte filosó- 
fica; expone someramente las teorías y leyes con la terminología nueva, las 
aplicaciones y sus resultados económicos; en suma, la obra no es de vulga- 
rización, pero tampoco está á la altura de la enseñanza profesional, es pro- 
piamente un libro para iniciarse en los estudios referidos. 

Completemos esta corta noticia dando un sumario de las materias 
tratadas. ^ 

Primera parte. Los precursores. Período empírico. — La Electricidad 
y el Magnetismo en la antigüedad. — La Electricidad y el Magnetismo has- 
ta mediados del Siglo XVIII. — La botella de Leyde. — Franklin. Investi- 
gaciones sobre la Electricidad atmosférica. — Galvani y Volta. 

Segunda parte. Los sabios. Periódico científico.— La corriente pro- 
ducida por la pila eléctrica. — Electro magnetismo. Electro-dinámica. In- 
ducción. — La conservación de la energía. — Las unidades mecánicas y eléc- 
tricas — Las medidas eléctricas 

Tercera parte.- IjOs ingenieros. Periódico industrial. — La produc- 
ción industrial de la Electricidad. — Las máquinas dinamo-eléctricas de co ■ 
rriente directa. — Las máquinas dinamo-eléctricas de corriente alternativa. 
— Los acunxuladores eléctricos. — Canalizaciones eléctricas. — Fuentes na- 
turales de energía. — La cuestión de la hulla. — Trasmisión á distancia de 
la energía mecánica por la Electricidad. — Receptores móviles. — La trac- 
ción eléctrica. — Trasmisión de la energía eléctrica á distancia: grandes dis- 
tancias; pequeños esfuerzos. — La telegrafía; sus orígenes. — La telegrafía 
, eléctrica terrestre. La telegrafía submarina. — Trasmisión de la palabra. 
Teléfono. — Transformación de la energía eléctrica en luz. Lámparas eléc- 
tricas. — Alumbrado eléctrico; sus progresos; su estado actual. — Transfor- 
mación de la energía eléctrica en energía química y en energía calorífica. 
Electro -química y Electro -metalurgia. Calentamiento eléctrico. — Apli- 
caciones diversas de la Electricidad. — índices de nombres propios, biblio- 
gráfico y de palabras y expresiones técnicas. 



117 

Bibliothéque Teehnologique. Chimie des matieres coloran- 
tes organiques par Rf. Nietzki, Professeur á l'Université de 
Bale. Avec profaces de C. Friedel et E. Noelting. Traduite 
sur la III? édition allemande, et mise au courant des der- 
niers progrés d'aprés la IVf édition allemande par Charles 
Vaucher, Camille Favre et Alfred Guyot, Maitre de Conféren- 
ces a la Faculté des Sciences de Nancy.— Paris, G. Carré et 
G. Naud. 1901. 8" 447 pages. 10 £r. relié. 

En los países de lengua alemana, la obra del distinguido profesor 
Nietzki goza de una grande y justa reputación y es el compañero indispen- 
sable de todos los que se dedican al estudio de las materias colorantes y 
sus aplicaciones. Existen excelentes tratados acerca de ese ramo, muy vo- 
luminosos. El libro de M. Nietzki es á la vez muy conciso y completo y se 
halla á la altura á que boy día ha llegado la ciencia. Será de extrema uti- 
lidad, no lo dudamos, no solo á los que especialmente se consagran al es- 
estudio de materias colorantes, sino también á los que se ocupan de sus 
aplicaciones; el tintorero, el colorista, el fabricante de lacas, de papel, de 
' papeles pintados, en ñn, todos aquellos que tengan que teñir materias pri- 
mas como cueros, pieles, plumas, ceras, cuerpos grasos, etc., sacarán nota- 
ble provecho de la obra. Aun los profesores de química orgánica podrán 
sacar gran partido para dar ideas generales de las materias colorantes ex- 
poniendo la teoría del autor que está escrita con notable claridad y la cla- 
sificación de las materias colorantes en familias naturales. Dicha clasifi- 
cación, que es ya profusamente adoptada y que fué inaugurada por M. 
Nieta kí en 1886, es la siguiente y á ella está adaptado el estudio que hace 
en su libro: 

I. Colorantes nitrados. II. Colorantes azaicos, III. Colorantes deri- 
vados de las hidrazonas y pyrazolonas. IV. Oxiquinonas y quinona-oxi- 
mas, V. Colorantes del difenilmetano y del trifenilmetano. VI. Coloran- 
tes derivados de la quinonar-imida. VII. Negi'o de anilina. VIII. Coloran- 
tes derivados de la quinoleina y de la acridina. IX. Colorantes del thiazol. 
X. Oxiquinonas, xantonas, flavonas y cumarinas. XI. Colorantes del gru- 
po del añil. XII. Colorantes azometónicos y estilbénicos. 



Le Systéme Métrique des Poids et Mesures. Son établisse- 
ment et sa propagation graduelle, avec l'histoire des opéra- 
tions qui ont servi á dóterminer le métre et le kilogramme, par 



118 



G. Bigonrdan, Astronotne titulaire á 1' Observatoire de París. 
— París, Gauthi^r- Villar s. 1901. 8? 458 pages, 17 figs. pl. et 
portraits. 10 fr. 



La aparición hoy día de una obríta como ésta relativa al Sistema Mé- 
trico Decimal, creado hace justamente un siglo, y que ya va abriéndose 
vasto campo hasta en las naciones que se mostraban indiferentes y aun re- 
fractarias á su adopción, no puede menos que ser recibida con gran inte- 
rés, pues que viene en momentos enteramente oportunos para recordar la 
fundación del sistema, á hacer ver una vez más su inmensa utilidad y á 
hacer resaltar }a facilidad y conveniencia de su empleo no solo en las cien- 
cias, sino aun en las artes, industrias, comercio y usos domésticos. 

El autor ha escrito su obra consultando excelentes y numerosos do- 
cumentos, que le han permitido tratar los diversos puntos de que se ocupa 
con atractivo, interés y precisión, y á la vez esclarecer ciertos hechos en 
la historia del sistema, que hasta ahora habían quedado envueltos en tinie- 
blas. 

Consta la obra de treinta y seis capítulos, cuyos títulos damos á con- 
tinuación. 

Los precursores de la reforma de las pesas y medidas. Creación del 
nuevo sistemapor la Asamblea constituyente. El metro provisorio. La co- 
misión temporaria de pesas y medidas. Suspensión de la medida de la me- 
ridiana; reanudación de sus trabajos. Nomenclatura de las nuevas medi- 
das. Estudio de las reglas para la medida de las bases. Determinación del 
metro provisorio. Longitud del péndulo de segundos en Paris. Determi- 
nación de la unidad de peso. Medida de un meridiano. Medida de leparte 
Norte de la meridiana por Delambre. Medida de la parte Sur por Méchain. 
Sanción general de las operaciones con el concurso de sabios extranjeros. 
El metro definitivo. Construcción de los prototipos definitivos del metro 
y del kilogi-amo. Presentación de los patrones del Cuerpo legislativo. Su 
depósito en los Archivos. Adopción legal de los patrones definitivos. De- 
pósito de los documentos en el Observatorio. Medalla conmemorativa. Opo- 
sición que ha encontrado el nuevo sistema. Las oficinas de peso públicas. 
Eeglamento sobre la construcción de pesas y medidas. La oficina de los pro- 
totipos; su traslación al Conservatorio. Propagación del sistema métrico 
en el extranjero. La Comisión Liternacional del metro; su reunión en 1870; 
su comité de investigaciones preparatorias. Trabajos de la Sección fran- 
cesa y del Comité permanente. La Oficina internacional de pesas y medi- 
das. Construcción de los patrones definitivos. Sanción de las operaciones 
y distribución de los prototipos por la Conferencia general de 1889. Con- 



119 

tinuación délos trabajos metrológicos de 1889 á 1900. —Apéndice I. Regla- 
mento dado por el Comité de instrucción pública á los comisarios particu- 
lares encargados de las operaciones científicas. — Apéndice 11. Abreviatu- 
ras internacionales empleadas para designar las pesas y medidas métricas. 
Las láminas y retratos que ilustran esta prociosa obrita son: Cadena 
de los triángulos de la meridiana de París, entre Dunkerque y Rodez y en- 
ti-e Rodez y Barcelona. Medalla conmemorativa de la Comisión internacio- 
nal de 1872. Delambre, Fabbroni, Lavoisier, Lefévre-Gineau, Mécbain, 
Van Swinden y Talleyrand. 



Recherches sur les Instruments, les Méthodes et le dessin to- 
pograpMques, par le Colonel A. Laussedat, Membre de l'Ins- 
titut, Directeur honoraire du Conservatoire des Arts et Mó- 
tiers. Tome II. 1" partie: Iconométrie et Métrophotographie. 
—París, Gauthier- Villars. 1901. 8° gr. 198 pages, 51 figs. 15 
planches. 10 £r. 

El tomo I de esta importante obra apareció desde 1898 y le dimos ya 
á conocer en la Bevista (1898-99, p. 43). 

La 1? parte del tomo II está consagrada especialmente á lalconome- 
tría y á la Metrof otograf ía, á la aplicación directa ó indirecta de la perspec- 
tiva al levantamiento de planos. Hace el autor una reseña histórica de esos 
métodos, de las primeras tentativas para aprovechar la fotografía en los re- 
conocimientos topográficos, orográficos y geológicos; describe los aparatos 
ensayados, los diversos métodos empleados y da la teoría, descrijjción y 
uso de los aparatos fotográficos usados en todos estos trabajos. 

Termina el tomo con un Apéndice acerca del papel de las observa- 
ciones militares durante el sitio de París por los ejércitos alemanes, ocu- 
pándose de los trabajos de las comisiones militares, de los astrónomos, físi- 
cos, ingenieros, artistas de precisión y voluntarios de las diversas profe- 
siones. 

Nouvelles Legons sur la Théorie des Fonctions. — Legons 
Bur les series divergentes par ílmile Borel, Maitre de Conf eren- 
ees h. l'École Normal Supérieure. — París, Gauthier-Villars. 1901. 
8? 182 pages, figs. 4 fr. 50 c. 

Contiene la obra: Historia y generalidades. Ijas series divergentes an- 
tes de Abel y Cauchy. Los trabajos de Cauchy. Las series divergentes des- 



120 

de Cauchy. El problema actual. — Las series asintótícas. Caucliy y la se- 
rie de Stirling. La teoría de Poincaré. Aplicaciones á las ecuaciones dife- 
renciales. — Las fracciones continuas y la teoría de Stieltjes. — La teoría de las 
series sumahles. — Las series sumables y la prolongación analítica. — Los des- 
arrollos en series de polinomios. El teorema de Mittag-Leffler. Empleo de 
la integral de Cauchy. Los desarrollos de Mittag-Lefl&er y la teoría gene- 
ral de las series divergentes. Conclusión. 



Scieutia. 

París, (r. Carré et C. Naxid. — Chaqué fascicule 2 fr. 

Serie Biologique núm. 11. — L'évolution du pigment par le 
Dr. G, Bohn, Agrégé des soiences iiaturelles, Préparateur á la 
Sorbonne. — Février 1901. — 96 pages. 

Librito de especial atractivo en el cual ba reunido el autor todos los 
becbos conocidos en pro y en contra acerca de la recientísima bipótesis de 
los granulos pigmentarios. Estos eran considerados antes como simples pre- 
cipitados químicos en el seno del protoplasma ó de la membrana celular ; 
en el día se supone que esos granulos están constituidos por una pequeña 
masa viviente, susceptible de producir en ciertas condiciones, la materia 
colorante del pigmento, es decir, constituyendo un granulo viviente cromó 
geno ó bacteria cromógena. 

Trata las siguientes materias: Generalidades relativas á la vida y evo- 
luciones de la celdilla ó p]astido, — Constitución de los pigmentos conside- 
rados como sustancias químicas producidas por los granulos pigmentarios. 
— Los granulos pigmentarios como productores de los pigmentos. — Estu- 
dio biológico de las bacterias cromógenas, de los cloroleucitos y de los gi-á- 
nulos pigmentarios de los animales. — Aparición de los granulos pigmenta- 
rios en los organismos animales. — Migraciones, infecciones y contagios 
pigmentaiios. — Modificaciones del pigmento en los organismos. — Virages, 
atenuaciones y exaltaciones pigmentarias. — Evolución del pigmento en los 
diversos grupos del reino animai. —Harmonías pigmentarias. — Conclusio- 
nes. 



121 



EL. FÓRCEPS 



SR. DR. ZÁRRAGA. 

"El Observador Médico" en sus núms. 2 y 3 correspondientes á los 
meses de Abril y Mayo del presente año, publica dos artículos del Sr. Dr. 
Zárraga sobre fórceps: en el primero enumera los defectos del de Tarnier 
y termina aconsejando que, por imjjerfecto y peligroso lo deseche todo par- 
tero que atienda á las razones, más que á lo ilustre del nombre que lo pa- 
trocina; en el segundo, da á conocer la modificación que hizo al fórceps de 
Levret pai-a remediar las imperfecciones del de Tarnier. 

Voy á demostrar: 19 que los ataques al Tarnier son exagerados y que 
por ningún motivo merece el abandono á que tan injustamente pretende 
condenarlo; 2V que la modificación hecha al Levret no remedia los incon- 
venientes señalados al Tarnier y además entraña el olvido de los fundamen- 
tos, verdades innegables que sirvieron para la construcción del fórceps de 
Tarnier, 

Comenzaré por decir que no hay médico, ni aun entre los discípulos y 
partidarios de Tarnier, no hay partero que considere este fórceps como ideal. 
El Tarnier constituye incuestionablemente un adelanto que, supieron 
aprovechar Thompson Lusk, en América, A. R. Simpson en Escocia, San- 
ger en Alemania, etc., adoptándolo tal cual lo presentara Tarnier ó hacién- 
dole alguna modificación (Lusk, Simpsom), que en nada cambia los fun- 
damentos, verdades innegables que guiaron al inventor; pero de esto á con- 
siderarlo como ideal, hay gran distancia. 

El fórceps ideal, es decir el perfecto, es irrealizable; pues aun supo- 
niendo cumplidas y perfectas todas las condiciones exigidas á este instru- 
mento y que hubiera sido así reconocido y aceptado por todos los parteros, 
quedaba siempre un fórceps para extraer cabezas más ó menos esféricas, 
más ó menos grandes, deformada.s, reductibles, etc., pasando por pelvis más 
ó menos amplias, irregulares, revestidos de tejidos más ó menos resisten- 
tes, gruesos, elásticos, etc. Un solo fórceps para todas las cabezas y para 
todas las pelvis! 

Asegura el Sr. Dr. Zárraga y no teóricamente sino como fruto de su 
experiencia, que el instrumento de Tarnier, tiende á escaparse, cuando no 
te comprime muclKj la cabeza. Varios años ha que sus adversarios hicieron 
al Dr. Tarnier, la objeción de que su fórceps escapaba fácilmente, la que 
fué refutada, por experiencias que demostraron que escapaba por dos cau- 

Revista [1900-1901] —16, 



122 

sas: 19 porque no se procuraba la coincidencia del gran eje del ovoido ce- 
fálico y del eje de las cucharas; 29 porque al hacer las tracciones, tampoco 
se procuraba guardar la debida distancia ( un centímetro ), entre la barra 
horizontal del tractor y los mangos, resultando de aquí, que no se tiraba ya 
en el eje de las cucharas sino mucho más atrás, originando esta tracción de- 
fectuosa, desdoblamiento de la cabeza, deslizamiento fácil del fórceps y 
desgarro del perineo, por el apartamiento de las riendillas del tractor de 
las ramas de prehensión del aparato (mangos). Es lo que dice el Sr. Zái-ra- 
ga: el Tarnier escapa y desgarra el perineo. 

La clínica también hace justicia al Tarnier. Muchas son las aplica- 
ciones que en casos mu¡/ difíciles he hecho en Maternidad y fuera de ella, 
muchas las que en el mismo Establecimiento he visto hacer al Sr. Dr. Ba- 
rreiro y á muchos médicos en la práctica civil y no obstante no haber apre- 
tado mucho el tornillo de sostenimiento (de maintien ), ni el fórceps ha es- 
capado ni las riendillas han lacerado el perineo. Referiré el último caso se- 
rio habido en la Maternidad. La noche del 18 de Abril último, por estrecha- 
miento pélvico, aplicó el Sr. Dr. Barreiro á la llamada Domitila Martínez, el 
fórceps Tarnier, en el estrecho superior; no habiendo dado resultado esta 
primera aplicación, hizo una 2?, modificando la toma y después todavía una 
3? y una 4? aplicación. Grandes fueron los esfuerzos desplegados, enérgi- 
cas las tracciones, compatibles con la vida del feto, y apesar de ellas ni la 
cabeza fué extraída ni el fórceps escapó. Como tenemos por costumbre el 
Sr. Barreiro y yo, el tornillo no se apretó demasiado. 

Al siguiente día (19) el Sr. Dr. López Hermosa, hizo ante los alum- 
nos de la Clínica y con ese mismo instrumento ( el feto estaba vivo ) una 
nueva, larga y vigorosa aplicación y como en la noche anterior, ni el peri- 
neo fué desgarrado, ni la cabeza extraída ni el fórceps escapó. El parto se 
terminó en la tarde de este mismo día por basiotripcia, á causa de muerte 
del producto. 

' 'Le fórceps de Tarnier derape-t-il autant qu'on á bien voulu le diré ? 
On n'a qu'á faire des expériences et des applications cliniques pour savoir 
qu'il tient aussi solidement que le fórceps de Levret ou tout autre sembla- 
ble, pourvu que les rapports des cuillers avec la tete fcetale aient la cor- 

rection nécéssaire 11 peut encoré déraper si l'accoucheur ne suit pas 

les indications que lui donne l'aiguille pour le sens á donner aux tractions; 
car alors, on imprime aux branches de prehensión un mouvement de bas- 
cule, qui a pour resultat de faire ghsser les cuiUers sur le tete (Budín, 
Demelin). 

Se vé por lo expuesto que no es por la compresión, elemento de fuer- 
za, sino por la buena colocación de las cucharas y la buena dirección de las 
tracciones, elemento mecánico, por lo que el fórceps no escapa y que por 



123 

lo contrallo, si está mal colocado, sin la concordancia de los ejes pélvico, 
fetal é instrumental, la fuerte presión que por intermedio del tornillo, se 
ejerza sobre la cabeza, será causa que facilite el deslizamiento de las cu- 
charas. 

Aplicado el fórceps, articuladas las cucharas, se colocará el tomillo 
de presión y este será ajustado, moderadamente apretado, para no compri- 
mir fuertemente la cabeza y esta moderación en la presión, no creo que sea 
difícil de obtenerse y mucho menos creo que no hay haMlidad capaz de con- 
seguirla y que el partero no tiene más remedio que obrar ciegamente, como 
dice el Sr. Zárraga. 

Basta haber comprimido, en el manequí, una sola vez la cabeza de un 
feto muerto, para asegurarse de que, al dar vueltas al tornillo se siente 
una resistencia cada vez mayor que indica suficientemente lo que se hace. 
Desde el momento que entre las cucharas se interpone la cabeza del feto 
y se le comprime, se percibe una resistencia muy diferente de cuando no 
había interpuesto ningún cuerpo, y además, que esta misma resistencia del 
tomillo, es cada vez (á cada vuelta) mayor y más claramente perceptible, 
proporcional á la presión ejercida: pero si aun se conservase duda del gra- 
do de presión, bastaría desatornillar, para sentir la mayor ó menor facili- 
dad, con que se abren los mangos y esto dará idea aproximada, del mayor 
ó menor grado de reductibilidad de la cabeza. 

La clínica viene también aquí en nuestra ayuda demostrando que es- 
ta moderación en la presión, empleada y aconsejada por todos los parteros, 
es la que ha bastado para extraer vivos y no lesionados, con este fórceps, 
el más popular en Francia y el más esparcido entre nosotros, á la inmensa 
mayoría de los fetos. 

Sí, como dice el Sr. Zárraga, fuese cierto que para que el fórceps no 
escape, es preciso apretar mucho la cabeza y que no hay haMlidad capaz de 
remediar este defecto craso, que la compresión es ciega y el partero no puede 
saber cuando es excesiva y\cuando es insuficiente,'-^^ la mortalidad por el fór- 
ceps, no cabe duda que sería alarmante, la cantidad de fetos lesionados, es- 
pantosa y habría llamado la atención, tanto en Francia, como en México, 
situación tan deplorable. Afortunadamente no es así, y por todas partes 
vemos todos los días, niños sanos y robustos, extraídos con el Tarnier, ins- 
trumento el más esparcido entre nosotros. 



Extraer la cabeza primero, sin comprimirla, es ideal que ni la natura- 
leza misma realiza, puesto que en el parto fisiológico más fácil, por el vérti- 
ce, la cabeza es más ó menos comprimida y constantemente comprimida; 

(1) Si aprieta mucho para que el fórceps no escape, lesiones más 6 menos graves 6 
muerte del producto-, si aprieta poco, escape del instrumento y entonces uo lo extrae. 



124 

de aquí defonnaeiones plásticas de todos conocidas; de aquí que su forma 
sea tan diferente en los niños nacidos por el vértice ó por las nalgas (cabe- 
za prímera ó última.) 

Esta compresión inevitable, se ha procui-ado, con suma justicia, no 
agravarla con nuestros instrumentos, al momento de una intervención y 
de aquí el primer precepto de no intervenir, sino en caso de necesidad im- 
periosa, pues toda aplicación del instrumento, cualquiera que este sea, pue- 
de acarrear al feto serias consecuencias. ¿Porqué? Porque toda tracción 
significa forzosa, ineludiblemente compresión y toda compresión en la ca- 
beza, agregada á la normal, digamos así, del trabajo, es grave. 

Si pues la compresión es iiievitable, en caso de intervención, tendre- 
mos que dar la preferencia al aparato que comprima menos; ¿cuál de los 
dos, Levret ó Tarnier, comprime menos? 

Con el de Levret al hacer las tracciones, se ejerce una presión cada vez 
más fuerte, proporcional exactamente á la tracción y en los casos graves 
en que la cabeza tiene que vencer grandes resivstencias, la compresión lle- 
ga á ser enorme y muy peligrosa para el feto, puesto que Delore en sus ex- 
periencias (Essai de mecanique ohstetricale), demostró "que la presión délas 
cucharas sohre la caheza, era casi igual á la mitad de la fuerza de tracción." 
En estas condiciones, cuando tienen que hacerse tracciones enérgicas y sos- 
tenidas, aunque no excesivas, me parece imposible que pueda efectuarse una 
compresión consciente como dice el Sr. Zárraga, pues en el momento de ti- 
rar, para tirar más, inconscientemente se aprieta más. De aquí el empeño de 
los parteros en impedir que las presiones sobre los mangos, se trasmitiesen 
á la cabeza y el sinnúmero de modificaciones y de fórceps nuevos, como 
los de ramas paralelas, el Leniceps de Mattei, el fórceps de Delpech, ¡el 
Labímetro de Petit, construido este iiltimo para medir y moderar la pre- 
sión hecha sobre los mangos, etc., y no solo vinieron aparatos, sino manio- 
bras que como las de Gaulard, Pajot, etc., tendían, sin conseguirlo, á evi- 
tar el mismo inconveniente. Así, pues, si es cierto que con el Levret el Sr. 
Zárraga puede efectuar una compresión consciente, (no llegará á la mi- 
tad de fuerza de tracción), que puede CALCULAR, parano hacerle exagera- 
da, porque él no tira á tontas y á locas, ha logrado resolver un problema que, 
tirando de los mangos, se creía insoluble. 

Chassagny, dedicándose con empeño á la resolusión de los importan- 
tes problemas del fórceps, estebleció los dos principios siguientes que han 
sido univermlmente aceptados como verdaderos: 

19 "La traction ne doit pas étre opérée sur les manches du fórceps 
á courbure pelvienne" — 29 La forcé de traction doit s'insérer aussi prés 
que possible du centre de figure, " principios que aplicó á sus tracciones 
mecánicas y para lo cual puso en la parte media de las cucharas de su f or- 



125 

ceps. una bai-rita transversal, perforada en su centro, para pasar cordones 
que sirvieran para hacer la tracción. Había logrado con esto, 1? tirar de 
las cucharas; 2? tirar del centro de figura; 3? dejar movilidad á la cabeza. 
Gran adelanto se había obtenido, que Laroyenne aplicó á su fórceps supri- 
miendo la barrita de las cucharas y sustituyéndola con dos agujeritos, que 
daban paso á cintas que servían para hacer la tracción. Bi n pronto Tar- 
nier reconociendo la verdad de los piincipio.s de Chassagny y aceptándolos 
por completo, comprendió sin embargo, que existía el gran defecto de no 
tirar en el eje de la pelvis y desde entonces, apoyándose en los trabajos de 
Hubert, no tuvo otra mira que hacer la tracción en el eje de la pelvis, pe- 
ro colocándola, como lo pedían las experiencias de Chassagny. en las cu- 
charas del fórceps, en el centro de figura y dejando movilidad á la cabeza. 
De aquí ^ñno la idea del tractor independiente y de curva periueal y para 
esta le ayudaron los fórceps tricurvos (tercera curvatura para protejer el 
perineo) que eran conocidos desde el siglo antepasado como los de Pugh, 
1754, Heuckel 1776, Johonson Mulder, 1769, Evans y Joung, 1784. 

Con estos elementos, con estos estudios y experiencias, unidas á su 
práctica, á su tenacidad y observación, así como á su buen juicio, constru- 
yó su primer modelo que lograba: 1? Tracción en las cucharas y cerca del 
centro de figura; 2? Tirar muy aproximadamente en el eje de la pelvis; 3? 
Permitir á la cabeza movilidad bastante para su paso á través del canal pél- 
vico; 49 Hacer de los mangos del fórceps una "aguja" indicadora, que 
guiase al partero durante la tracción. Más tarde le hizo algunas modifica- 
ciones y quedó tal como lo conocemos hoy. 

El Taraier suprimiendo la tracción en los mangos, para colocarla en 
las cucharas; suprimiendo toda compresión que emane del operador directa- 
mente, consigue que la compresión de la cabeza, sea menor y deje de ser 
proporcional á la tracción y realiza, en consecuencia, un progreso, que se- 
ríamos muy injustos en no reconocer. 

"Tamier a fait faire un grand pas a la question en supprimant toute 
traction sur les manches et par suite toute compression venant de 1' ope- 

rateur La pression subie par la tete, ce.sse done, avec cette instru- 

ment, d'étre proportionnelle alaforce de traction et les dangers sont beau- 
coup moindres." ('Budin, Demelin). 

Queda, pues, demostrada, en lo referente á la compre.sión, la superio- 
ridad del Tamier sobre el Levret. 



Para remediar los defectos que el Sr. Dr. Zárraga advierte en el Tar- 
nier y con objeto de desecharlo <le la práctica, presenta un fórceps que no 
es mas que el Levret con dos modificaciones : una, la que hizo Tarsitani, 



126 

ya muy conocida, para evitar el descruzamiento de las ramas y otra que 
consiste en que "los mangos son dobles, pudiendo el exterior doblarse sobre el 
interno y una vez doblado, quedar bien fijo para hacer sobre él las tracciones 
convenientes. 

Verdades innegables, aceptadas por el Sr. Dr. Zárraga, son los funda- 
mentos que sirvieron para la construcción del Tarnier; ¿cuáles son estos 
fundamentos? 

1? Suprimirla tracción de los mangos para colocarla en las cucharas, 
én el punto más cercano posible al centro de figura. 

29 Tirar en dirección del eje de la pelvis. 

3? Dejar bastante movilidad á la cabeza, para que pueda ella sola y 
no guiada por el partero, ejecutar sus movimientos. 

49 Presentar una "aguja" indicadora, que advierta al operador la di- 
i'ección que deba dar á las tracciones. 

¿El Tarnier realiza todo esto ? Vamos á estudiarlo. ¿ Tira del centro 
de figura? Evidentemente no; pero si no llena por completo este desiderá- 
tum, se acerca bastante y hace la tracción en la extremidad de las cucha- 
ras, muy cerca del centro de figura. Realiza, pues, un progreso suprimien- 
do la tracción en los mangos y es en esto, incomparablemente superior al 
Levret, 

¿Tira en dirección del eje de la pelvis? En las posiciones (OS y 0P~) 
directas, tanto del estrecho inferior como de la excavación, evidentemente 
sí; en las oblicuas, tanto anteriores como posteriores, sí se observan cui- 
dadosamente (como deben observarse) las reglas de tracción, se tira tam- 
bién en el eje; pero si se exige rigor matemático, diré que muy aproxima- 
damente al eje: es buena esta tracción. En los transversos (también de la 
excavación), según la aplicación que se haga. Operamos como SmellieyBau- 
delocque y últimamente Pinard, Varnier y Farabeuf lo quieren, poniendo 
una cuchara delante del promontorio y otra detrás del pubis? No se tira 
entonces en dirección del eje de la pelvis y en este caso y para esta aplica- 
ción, el Tarnier no llena su objeto. Pero estas aplicaciones están abando- 
nadas por la mayoría de los parteros, que hacen en su lugar una to7na fron- 
to-mastoidea que puede considerarse como irreprochable, que da excelen- 
tes resultados y que permite con el Tarnier, tirar en el eje ó muy aproxima- 
damente en la dirección de éste. Por otra parte, esta toma fronto-mastoidea, 
permite cumplir con las reglas tan juiciosas que quieren: 19 que las colcha- 
ras del fórceps, dada su actual curvatura pélvica, no sean colocadas, sino 
en las extremidades del diámetro transverso ó de los oblicuos de la pelvis 
y 29 fieles á este principio, no interponer jamás las cucharas, entre la ca- 
beza' fetal y las superficies huesosas que limitan las extremidades de los 
diámetros antero -posteriores. Pero hay todavía otra razón muy digna de 



127 

tenerse en cuenta: en estas tomas antero-posteriores, se pierden las venta- 
jas de la curvatura pélvica del fórceps, pues este, así colocado, se conviex*- 
te en un fórceps recto pero aplicado en condiciones desastrosas. 

Paralas tomas en el estrecho superior, como generalmente es por es- 
trechamiento pélvico, por lo que se opera y en este caso casi siemijre la ca- 
beza está en transversa se hace y se consigue lo mismo que en la excava- 
ción. En el estrecho superior, las tomas á la Pinard, están hoy casi aban- 
donadas y á su descrédito han contribuido no sólo los descalabros de la clí- 
nica, sino las experiencias de Budín y últimamente (dos meses) las de 
Brindeau. Además, aun no se inventa el fórceps para el estrecho superior 
y el Tarnier no está construido para este estrecho, como por ignorancia lo 
han dicho algunos de sus detractores. 

Si, pues, el Tarnier, no es perfecto, ha realizado también un progreso 
en la tracción, haciéndola en el eje déla pelvis en unos casos y muy aproxi- 
madamente en otros; es también, en este sentido, muy superior al Levret. 

j Permite movilidad á la cabeza? Bajo este punto de vista es tan su- 
perior que ni haber puede comparación con el Levret, que no deja ningu- 
na á la cabeza. Defectuoso es el tractor, do cabe duda, pero nunca inmo- 
viliza la cabeza como el Levret; no goza de la misma libertad que en el 
parto espontáneo; pero no queda, como con el Levret, sujeta al capricho 
del partero ó ü su habilidad. 

El Tarnier, presenta en sus mangos, enteramente Ubres, una "aguja" 
indicadora de los movimientos, que durante las tracciones, va efectuando 
la cabeza. Se ven los mangos, sin tocarlos, girar de izquierda á derecha ó 
viceversa, cuando la cabeza apoyó en el piso perineal; se ven, se sienten, 
se palpan, levantarse, una vez girada, al desprendimiento y ellos mismos 
avisan al partero cuando debe tomar todo, mangos y tractor, para hacer 
lenta, suave, tranquila, la extracción de la cabeza, protegiendo al mismo 
tiempo el perineo. ¿El Levret hace lo mismo'/ 

En este caso tampoco el Tarnier es perfecto; pero marca un adelan- 
to: nos dá indicaciones en las primíparas y en las mujeres de tejidos re- 
sistentes, de perineo íntegro ó poco desgarrado; en las multíparas, de pe- 
rineo vencido, lacerado y casi nulo, estas indicaciones no tienen la mis- 
ma preci.sión, que en las primeras; pero afortunadamente no son tan nece- 
sarias en estos casos, que rara vez exigen fórceps. 

Veamos ahora si el fórceps del Sr. Zárraga remedia las deficiencias 
del Tarnier: 1? ¿Tira en el centro de figura? No, porque la tracción se ha- 
ce en el mango exterior, doblado, y esta tracción, lo vimos ya, es defectuo- 
sa y por mala aVjandonada. 2? ¿Tira en el eje de la pelvis? Recuérdese que 
el primer fórceps de Hubert, que fué el partero que matemáticamente de- 
mostró los inconvenientes de no tirar en el eje de la pelvis, no tiraba si- 
no en dirección de una línea paralela á la cara posterior del pubis y que el 
segundo, tenía un espolón curvo y grande: ¿á cuál de los dos se parece 
el del Dr. Zárraga? No he visto sino en el grabado, que no da idea exac- 
ta, el aparato del Sr. Dr, Zárraga no puedo,; pues, hablar con couocimien- 



128 

to de causa. Pero de una manera general diré que, como una vez aplicado 
el instrumento, cabeza, cucharas, mangos, tractor y lo que el señor Pro- 
fesor de Obstetricia, considera como guía para las tracciones, parte interna 
de los mangos, forman al momento de hacer la tracción, un todo insspa- 
rable y único que obedece ciegamente los movimientos del partero; éste 
en sns tracciones, tendrá que seguir rigurosamente el eje del canal, para 
tirar siempre en su dirección y para esto se necesita una habilidad que co- 
mo dice Tarnier ''l'accoucheur le plus experimenté n'etait jamáis síir d'étre 
dans la bonne voic." Con este fórceps, los naovimientos todos de la cabe- 
za, quedan supeditados al arbitrio del partero, pues ella no conserva liber- 
tad para efectuarlos espontáneamente cómo y cuándo convenga. 

¿Presenta aguja ó guía para la tracción? Para que la cabeza pueda 
dar indicaciones de los movimientos que ejecuta en el canal genital, es pre- 
ciso que los mangos del fórceps que la aprisiona, quede perfectamente li- 
bres y no tocarlos durante la tracción; por esto una de las grandes cualida- 
des del Tarnier, es tener un tractor independiente de los mangos, que co- 
mo quedan en libertad, indican, aproximadamente, cuándo y cómo se efec- 
túan los admirables y complicados movimientos que la cabeza ejecuta en 
su trayecto por el canal pélvico. El mango interno que el Sr Zárraga con- 
sidera como guía indicadora para las tracciones no tiene las cualidades de 
que acabo de hablar y como no llena su objeto, creo que no merece el nom- 
bre que se le ha dado. ' 

•'Ces trois qualités (tirar en el eje de la pelvis; dejar movilidad á la 
cabeza; presentar una aguja indicadora) sont connexes et inseparables. 
Tout fórceps qui ne laisse pas a la tete sa mobilité, est un tracteur impar- 
fait; méme si sa courbure périnéale est bonne, méme s'il est muni d'un 
tracteur qui empéche bien les manches d'étre serrés par la main de l'accou- 
cheur, mais qui a le défaut de s'attacher a leur extremité manuelle, au 
lieu d'étre tixé le plus prés possible de la tete foetale." (Budin, Demelin.) 

Si los fundamentos que sirvieron para la construcción del Tarnier, 
son verdades innegables, sorprende que el señor Profesor de Obstetricia las 
haya olvidado para su fórceps, presentando uno que adolece de defectos 
graves. El mismo condena su ¡sropio fórceps al aceptar como verdades in- 
negables, los fundamentos que tuvo el Dr. Tarnier, para reformar el anti- 
guo Levret, el viejo fórceps fi'ancés. 

Por otra parte, el modelo que presenta el Sr. Dr. Zárraga, es un Hu- 
bert, en cuanto á sus caracteres esenciales, y este fórceps ya bien estudia- 
do y juzgado por los ¡carteros modernos, está justamente abandonado. 

En resumen dados nuestros actuales conocimientos, el fórceps del 
Sr. Profesor Zárraga debe desecharse: 

IV Porque teniendo curvatura pélvica la tracción está colocada en 
los mangos. 

29 Porque la tracción no se hace en las cucharas. 

39 Porque la tracción no se hace en el centro de figura. 

49 Porque no permite durante las tracciones, movilidad alguna á la 
cabeza. 

59 Porque no presenta aguja indicadora, que guíe al partero durante 
la extracción del ovoide cefálico. 

Por lo expuesto, queda demostrado: 19 que los ataques al fórceps de 
Tarnier, son exagerados y no merece el abandono á que pretende conde- 
narlo el Sr. Dr. Zárraga; 29, que la modificación propuesta por el mismo 
señor no remedia los defectos que le encontró al Tarnier y entraña, ade- 
más, el olvido de verdades innegablos, hijas del estudio y de la experimen- 
tación y que el mismo Sr. Dr. Zárraga admite como tales. 

México, Maye 25 de 1901.— Dr. J. Duque de Estrada. 




Cieiilllica "iiitaio Mí 



MÉXICO. 



Kevista Científica y Bibliográñca. 



Aúnís. 9-13. 



1900-1901. 



L.1 PREÍISIÍJN DEL TlEf I) í DE LOS TEilPORALES, 

En el Anuario hidrográfico de la Marina de Chile, tomo 22, edición 
de 1900, y en su sección de "Miscelánea" hay un artículo traducido al espa- 
ñol subscripto por el Sr. WillisL. Moore, Jefe actual del Weather Burean 
de Washington, centro principal de la red meteorológica Norteamericana, 
en el que después de algunas consideraciones relativas al avance y progreso 
de la meteorología durante el último cuarto del siglo pasado y á los méritos 
adquiridos en tal desenvolvimiento por algunos ilustres hijos de aquella 
avanzada nación, se ocupa en describir el régimen que se observa en el cen- 
tro mencionado para la formación de las cartas diarias del tiempo, entran- 
do á la vez en ciertos detalles muy instructivos. Dada la importancia del 
referido artículo y de oportunidad ahora que la meteorología nacional en- 
tra en un período evolutivo, hemos creído útil darlo á conocer á esta ilus- 
trada corporación, así como á nuestros colegas del país, en la Revista de la 
Sociedad. 



"Mientra.sla aplicación práctica de la ciencia meteorológica, en lo re- 
ferente á la previsión del tiempo, jamás alcanzará al grado de exactitud á 
que ha llegado la astronomía teórica para predecir la fecha de un eclipse 
ó la vuelta de un cometa, la meteorología ha hecho durante el presente si- 
glo un progi-eso sub.stancial, hasta el punto de llamar la atención del hom- 
bre pensador é inducirlo á hacer un esfuerzo especial para aplicar el cono- 
cimiento aílquirido al comercio y á la industria del mundo. 

Comparando la meteorología con la astronomía, podemos decir que pa- 
só á través délos períodos de los Caldeos y de Tolomeo con la invención del 
barómetro y termómetro á principios del siglo XVII; que alcanzó al gi'ado 
de Copémico con el descubrimiento del movimiento rotatorio y progresi- 

Revista [1900-1901].— 17. 



130 

vo de las tormentas, y que aliora aguarda el genio de un Kepler ó la mági- 
ca intuición de un Newton para desenredar los misterios que aun confun- 
den á los kombres de estudio. 

Pero es dudoso que otro ramo de la ciencia, á no ser la electricidad, 
haya demostrado un progreso más raaravilloso durante el últiino cuarto del 
siglo. Donde el hombre hace pocos años, en atención á sus limitados alcan- 
ces, andaba á ciegas en un caos supremo, estamos ahora en posesión, con 
la ayuda de las observaciones meteorológicas diarias y de los telégrafos que 
unen á nuestras ciudades con un solo golpe eléctrico, de poder trazar los 
resultados armónicos de muchas leyes físicas que antes nos eran desc(mo- 
cidas. 

La meteorología práctica es hasta cierto punto un trabajo de ensayo. 
Puede ser. colocado en ¡aaralelo con la teoría y la práctica de la medicina y 
cirugía. El pronosticador está en cierto grado guiado en sus cálculos por los 
síntomas y puede diagnosticarlas condiciones atmosféricas con casi el vais- 
mo grado de exactitud que el médico la condición corporal del paciente. 
Puede predecir cambios en el tiempo con casi mayor certeza que el médi- 
co hábil puede preveer el cui-so de una enfermedad bien definida. 

Con respecto al génesis de la predicción del tiempo, puede decirse que 
al inmortal Franklin pertenece el honor de adivinar que las tormentas tie- 
nen un movimiento rotatorio y que marchan en una sucesión al Este. 
Sin el auxilio del telégrafo y de las observaciones simultáneas, su descu- 
brimiento filé poco más que una idea especulativa ; sin embargo, fué una 
de aquellas sagaces previsiones de conocimientos futuros que distinguen 
al verdadero arenio científico. Grande como patriota, hábil como hombre 
de Estado y diplomático, no fué menos grande como hombre de estudio en 
el ancho campo de la ciencia; fué una de esas personalidades aisladas que 
se hallan tan adelantadas al conocimiento de su tiempo como á menudo im- 
perfectamente comprendidas. Su idea de atraer el rayo de las nubes é iden- 
tificarlo con las corrientes eléctricas de la tierra fué capaz de demostración 
física, pero sus contemporáneos no apreciaron su teoría de las tormentas, 
escrita de una manera fragmentaria antes de 1750, en la cual permaneció 
hasta Eedfield, Espy, Henry, Loomis, Maury y otros americanos, los cua- 
les cien años más tarde, recordaron esos datos y dejaron completamente 
establecido lo que el gran Franklin había diseñado. Los meteorologistas 
americanos pueden enorgullecerse con justicia de las hazañas de su conciu- 
dadano. 

En 1855 el Profesor José Henry, del Instituto Smithsoniano, recopi- 
ló por telégrafo, observaciones de un buen número de estaciones y cons- 
truyó un gran mapa indicando las condiciones meteorológicas de aquellos 
puntos; pero á causa de la guerra civil se vio obligado á suspender las co- 



131 

municaciones. Hizo ijrevisiones orales y usó sus cartas para demostrar la 
utilidad de un servicio meteorológico del Gobierno y la posibilidad de pre- 
decir diariamente el tiempo por medio de observaciones simultáneas comu- 
nicadas telegráficamente. Si no hubiera otros hechos que acreditaran á 
aquella gran institución, el trabajo del Prof . Henry relacionado con la me- 
teorología práctica sería suficiente para causar admiración á todos los. que 
aman á la ciencia y cuyos conocimientos redundan en beneficio del hom- 
bre. A medida que miramos el pasado y notamos apresuradamente las eta- 
pas que ha recorrido en el camino real de la ciencia, las vidas y acciones 
de aquellos que idearon nuevos pensamientos, ó que por sus desciibrimien- 
tos abrieron útiles y diversas sendas, se alzan como altas torres que avali- 
zan el tortuoso camino seguido por la adelantada civilización. 

El Prof. Buys Ballot, de Utrecht, indujo en 1860 á Holanda á esta- 
blecer un servicio del tiempo, con transmisión telegráfica y pronósticos; 
Inglaterra siguió con un servicio semejante en 1861, y Francia en 1863. 
Estados Unidos fué el cuarto gobierno que estableció un servicio perma- 
nente del tiempo, aunque sus hombres científicos fueron los descubrido- 
res del carácter progresivo de las tormentas y los que demostraron la prac- 
ticabilidad de los anuncios del tiempo. En 1869 el Prof. Cleveland Abbe 
publicó un Boletín del tiempo, que salía á luz en Cincinnati, basado so- 
bre observaciones simultáneas comunicadas por telégrafo de 30 estaciones 
próximamente. 

Desde la introducción del telégrafo electro-magnético en 1844 hasta 
1869 se l>a pedido en repetidas ocasiones que el Gobierno estableciera un ser- 
vicio del tiempo. Finalmente el Dr. Increase A. Lapham, de Milwauke, in- 
vestigador científico y filántropo, despertó de tal manera el interés hacia 
la propiedad y la industria del país, por los hechos que presentó relativos 
á la destrucción de vidas y propiedades por las tempestades en el lago Mi- 
chigan, que el Congreso, inducido por una moción que presentó el General 
Albert E. Paine, se vio obligado á votarlos fondos necesarios para iniciar 
ese servicio. Al General Albert J. Myer, Jefe del servicio de señales del 
ejército de E. U. se le confirió el cargo de inaugurar un ensayo de servicio 
del tiempo, distribuyendo en el país como observadores á los señaleros mi- 
litares que estaban bajo sus órdenes. 

El sistema por el cual la Oficina Meteorológica de los E. U. recopila 
las observaciones y hace pronósticos sobre el estado del tiempo, puede des- 
criijirse brevemente como sigue: En la mañana á las 8 h. de Washington 
—que por la distancia son las 7 h. en Chicago, las6h. en Denver y las 5 h. 
en ban Francisco — los observadores de 150 estaciones próximamente, re- 
partidos en casi todos ios E. U., hacen sus observaciones por medio de 
instrumentos cuidadosamente comprobados y cotejados con otros que siv- 



132 

ven de patrones, anotan todas las condiciones -elementales del aire en el 
fondo del gran océano aéreo en que vivimos, y que, por sus variaciones de 
calor y frío, salidas de sol, nubes y tempestades, afecta no solamente la sa- 
lud y la felicidad del hombre, sino también su prosperidad comercial ó in- 
dustrial. 

A las 8. 25 a. m., se hacen las correcciones numéricas necesarias, las 
observaciones son reducidas á cifras, y cada una de ellas es enviada á la ofi- 
cina telegráfica. — Durante los 30 ó 40 minutos siguientes, estas observacio- 
nes son enviadas á su destino por la vía más directa en cualquiera línea, 
contribuyendo cada estación con sus propias observaciones y recibiendo 
en cambio, por un ingenioso sistema de circuitos telegráficos, las observa- 
ciones que puede necesitar de las otras estaciones. Las observaciones de 
todas las estaciones son recibidas en centros como Wasbington, Chicago, 
Nueva York y otras grandes ciudades, y como casi todas ellas tienen una 
oficina, reciben un número suficiente de datos de otras ciudades para per- 
mitir la formación del mapa diario del tiem23o. 

Antes de examinar las cartas, no está de más dar una ojeada sobre la 
Oficina Central de Washington, mientras llegan las observaciones, para 
tener una idea de cómo son hechas las cartas para el estudio de las previ- 
siones. 

Con dichas observaciones se obtiene una vista general, no solamente 
de las exactas condiciones del aire sobre la región entera en el momento de 
tomar, una hora antes, las observaciones, sino también de los cambios que 
han ocurrido en esas condiciones durante las precedentes 24 horas. 

Tan luego como los datos llegan por el telégrafo, son entregados al 
departamento de previsiones, donde un empleado interpreta y transforma 
los números en figuras y palabras ordenadas é inteligibles. Una sección de 
empleados está ocupada en trazar representaciones gráficas de la distribu- 
ción geográfica de los diversos elementos meteorológicos. Sobre cartas en 
blanco de los E. U. cada empleado copia del trasmisor la parte de datos 
referentes á cada estación y necesaria para la construcción de esa carta 
particular. Un dibujante construye una carta que muestra los cambios de 
temperatura durante las últimas 24 horas. Anchas líneas rojas separan las re- 
giones más frías délas más cálidas, y líneas rojas angostas rodean las super- 
ficies que indican los cambios de temperatura de más de 10 grados. Las lí- 
neas angostas corren generalmente en forma ovalada ó circular indicando 
que las perturbaciones atmosféricas tienen la forma de grandes y progre- 
sivos torbellinos, y que existen puntos centrales dé mayor intensidad desde 
donde la fuerza de la perturbación disminuye en todas direcciones. 

Un segundo empleado construye una carta indicando el cambio que 
ha ocurrido en el barómetro durante las últimas 24 horas. —Lo mismo que en 



133 

la construcción de la carta de temperatura, anchas y fuertes líneas rojas 
separan las regiones del barómetro ascendente de las del barómetro descen- 
dente, y Kneas angostas rodean las superficies donde el cambio del baró- 
metro ha sido superior á 0.^1. 

Aquí, por ejemplo, á través de una gran extensión de teiTÍtorio, todos 
los barómeti'os están subiendo, es decir, que el aire se enfría, se contrae, 
se vuelve más denso y se produce una presión más fuerte sobre la superfi- 
cie del mercurio en la cubeta de los instrumentos, y por eso se sostiene la 
columna de metal líquido á una altura mayor en el tubo. En otra área 
considerable los barómetros se encuentran en descenso, porque la eleva- 
ción de la temperatura produce la rarefacción y aumento de volumen del 
aire, dando lugar á un decremento de presión en los instrumentos. Esta 
carta es en extremo útil para el observador, puesto que indica, en co- 
nexión con la carta general del tiempo, si los centros de tempestades están 
aumentando ó disminuyendo de intensidad, y, lo que es más importante 
todavía, dar en gi-an parte el primer aviso de la formación de tempestades. 

Un tercer empleado construye dos cartas : la primera mostrando la 
humedad del aire y la otra las áreas nebulosas, con la especie, cantidad y 
dirección de las nubes en cada estación. 

Es interesante observar en la carta de nubes de una estación, cómo 
las nubes altas (cirrus) compuestas de diminutas agujillas de nieve, se 
mueven en una dirección, y más abajo los Cúmulo-Stratus, compuestos de 
vapor de agua condensada, marchan en otra dirección, á la vez que el vien- 
to sobre la superficie de la tierra sopla de un tercer punto del horizonte. 
Esos mo\ámientos divergentes de las capas de aire se observan solo inme- 
diatamente antes ó durante las tempestades de lluvia ó de viento. 

Un cuarto empleado construye una carta llamada carta general del 
tiempo. Se indica en ella, para cada estación, la temperatura y la presión 
del aire, la velocidad y la dirección del viento, la lluvia ó nieve caída des- 
de la última información y la intensidad de la nebulosidad Las lecturas 
del barómetro sobre dicha carta son reducidas al nivel del mar, de modo 
que las variaciones de presión, debidas á las altitudes locales no puedan 
confundirse con las debidas á la formación de tempestades. Desijués se tra- 
zan en los puntos que presentan igual presión unas líneas llamadas isóba- 
ras. Con el trazado de dichas líneas por cada diferencia de presión de O.p 1 
las áreas de alta y baja presión quedan envuelteis en sus propios círculos. 
La palabra "alta" está escrita en el centro de la región de mayor presión 
del aire, y la palabra "baja" en el centro de la superficie de menor presión. 
Bajo la iatiuencia de la pravedad, el aire ejerce presión hacia abajo y exte- 
riormente en todas direcciones, dirigiéndose así de una región de alta pre- 
sión á otra de baja presión. La velocidíul con que el viento corre desde la 



134 

alta hasta la baja presión, dependerá en gran parte de la diferencia en las 
presiones del aire. 

Para mejor comprensión: si el barómetro indica 29.p5 en Chicago y 
30. P 5 en Bismark, al Norte de Dakota, la diferencia de una pulgada de pre- 
sión producirá el movimiento del aire desde Bismark hacia Chicago tan rá- 
pidamente que después de disminuir por causa de la resistencia del suelo 
quedará un viento en la superficie terrestre de más ó menos 50 millas ¡jor 
hora, y el lago Michigau experimentará un fuerte viento del N. W. 

Los encargados de las previsiones saben que las áreas de alta y baja 
presión viajan en la superficie terrestre de W á E á razón de más ó menos 
600 millas diarias, ó sean 37 por hora en invierno y 22 en verano; que las 
altas van acompañadas por tiempo seco, claro y más frío, y que están im- 
pehendo hacia abajo, por una acción centrípeta de sus centros, el aire frío 
de altitudes mayores que las de las nubes, y producen su corriente lateral 
sobre la superficie de la tierra en todas direcciones desde el centro. Así, 
las altas presiones llegan á veces á tal grado de intensidad en su naovimien- 
to giratorio que precipitan hacia abajo grandes volúmenes de aire frío que 
llamamos hondas de frío. 

En el movimiento hacia abajo de las ondas de aire frío debemos ad- 
naitir que la pérdida de calor por radiación á través de una atmósfera ne- 
bulosa es mucho mayor que el aumento dinámicamente obtenido por la 
compresión. Agregaremos que el aire posee una temperatura tan fría en 
las alturas desde donde es impelido, que á pesar del calor producido por la 
compresión en su descenso, está todavía muy debajo de la temperatura nor- 
mal del aire cuando llega cerca de la superficie terrestre. 

Los previsores no ignoran que aunque esas extensas superficies de 
alta presión aparecen primero en el extremo N. W., no dependen de la re- 
gión donde primitivamente aparecieron, por el frío que llevan consigo, y 
que las ondas frías no son simplemente inmensos ríos de aire que han sido 
enfriados por su paso sobre las nieves ó hielos de las regiones árticas, co- 
mo se creía antes. Saben además que en las áreas de baja presión las con- 
diciones del aire y sus varios movimientos son exactamente lo contrario 
que en las altas; que el aire es más húmedo y más cálido y que es impeli- 
do interiormente en espiral desde cada dirección en lugar de ser espelido 
hacia afuera como en las altas presiones; que asciende á medida que se 
acerca al centro de la depresión, algunas veces produciendo lluvia ó nie- 
ve al enfriarse por espansión durante su ascenso, ó al encontrarse y mez- 
clarse con capas de aire de temperatura más baja que la suya. 

Sabemos que mientras nuestra atmósfera se extiende hacia arriba has- 
ta una altitud probablemente de 50 millas, es tan elástica y su dilata- 
ción, tan rápida cuando se aleja de la tierra, que la mitad de su masa cj^ue 



135 

da debajo de tres millas del nivel del mar, y que nuestras tempestades y 
ondas frías son simplemente grandes torbellinos en las capas más bajas, de 
cinco millas de espesor á lo más. y que el aire, arriba de seis millas sobre 
del nivel del mar, probablemente se dirige tranquilamente hacia el E. 
en aquellas latitudes donde no repercuten nuestros más grandes tempo- 
rales. 

El pronosticador sabe también que nuestras áreas de altas y bajas pre- 
siones se dirigen alternativamente hacia el Oriente durante períodos que 
duran tres días cada uno; que no son de ninguna manera el resultado de 
la casualidad, sino que emanan de la divina sabiduría que provee alas siem- 
bras y á las cosechas. Por la acción de las bajas presiones, las comentes 
cálidas son atraídas hacia la tierra desde el golfo y el océano y llevadas le- 
jos sobre el continente, donde su humedad es condensada y derramada so- 
bre las llanuras haciéndolas así cultivables y propias para la habitación del 
hombre. Las altas presiones al impulsar hacia abajo el aire puro y frío de 
arriba, disipa el gas ácido carbónico exhalado por la vida animal y los ga- 
ses fétidos emanados de las materias oi'gánicas descompuestas. Las ondas 
frías producidas por esas áreas de altas presiones son uno de los más bené- 
ficos dones de la naturaleza. Su aire puro y denso no solo nos da más oxí- 
geno con cada inspiración de los pulmones, sino que la anormal y alta elec- 
trización que acompaña siempre ese aire da vigor al hombre y á los otros 
animales. El frío viento N. cuando está seco, como lo es generalmente, lle- 
va la energía física y mental en su potente soplo. Se sabe que los cuatro 
séptimos de todas nuestras tempestades vienen de la meseta Norte de las 
montañas Rocallosas y pasan de esa ái-ida región oriental sobre la región de 
los lagos y la Niieva Inglaterra produciendo raras veces unalluvia, que la 
mayor parte de las tres séi^timas sobrantes tiene su origen en la árida re- 
gión de nuestos estados del S W, y que como su dirección es hacia el NE, 
pueden siempre producir lluvias bienhechoras, y que muchas de ellas atra- 
viesan el Atlántico y se hacen sentir sobre el continente europeo; que al- 
gunas y con mucho las más terribles tempestades de viento y lluvia que 
tocan alguna porción de nuestro territorio tienen su origen en las Antillas 
y viajan con dirección al N W hasta alcanzar niie.stro golfo ó la costa Sur 
del Atlántico, desde donde siguen una curva hacia el NE, y corren á lo 
largo de nuestra costa oceánica. 

Durante las sequías en los grandes valles centrales, todas las bajas 
presiones, ó condiciones de tempestad, se forman en el medio ó en el Nor- 
te de la meseta de las montañas Rocallosas. Cuando cesa la sequía, provie- 
nen de bajas presiones que se forman en Arizona, Nuevo México y Texas. 

Después de muchos años empleados en observar diariamente la for- 
mación, progresión y desaparición de tempestades, el pronosticador bien co- 



136 

noce que á veces (por un aumento de fuerza que no indican las observar 
cienes hechas en el fondo del océano aéreo ) las tempestades desarrollan 
repentinamente peligrosas é inesperadas energías ó toman direcciones no 
previstas en sus trabajos, ó que el barómetro en el centro de la tempestad 
sube de un modo imprevisto ó que gradualmente disminuye la energía del 
torbellino ciclónico. 

Esas son algunas de las generalizaciones de las cuales el previsor to- 
ma nota y lo guían en sus deducciones. En resumen, anota cuidadosamen- 
te los desarrollos y movimientos en las condiciones del aire durante las 24 
horas precedentes, y con los conocimientos así obtenidos hace una estima- 
ción empírica de lo que será el tiempo en las diferentes secciones del país 
durante el día siguiente. Estudiando las cartas del tiempo cada día y ano- 
tando los movimientos de altas y bajas presiones, una persona inteligente 
puede hacer una exacta previsión por sí misma, recordando siempre que 
las bajas presiones, cuando se dirigen hacia él desde el W, traen tiempo ca- 
luroso y algunas veces lluvia ó nieve, y que si las altas, al ser observadas 
al mismo tiempo, siguen las huellas de las bajas, el tiempo será fresco y se 
reno." 



Dice el Sr. Moore que al inmortal Franklin pertenece el honor de adi- 
vinar que las tormentas tienen un movimiento rotativo 

Respetando la autoridad de quien hace tal afirmación, creemos, sin 
embargo, que las ideas del ilustre físico norteamericano sobre la manera 
de propagarse las tempestades, estaban muy lejos de las que posteriormen- 
te a él vinieron á dar la clave en asunto tan trascendental. Franklin se ex- 
plicaba la formación y desarrollo de las tempestades por las variaciones lo- 
cales de la temperatura. Es decii', que si en determinado lugar de la tierra, 
debido á la elevación del calor, el aire se rarificaba y formaba corrientes 
ascendentes, en las capas inferiores tenía lugar una aspiración ó llamada de 
aire más ó menos enérgica que tendía á restablecer el equilibrio. De con- 
siguiente el aire afluía hacia aquel vacío, digamos así, de todas direcciones 
hacia un centro común. 

Refiérese que Franklin se proponía observar un eclipse de luna en 
Filadelfia; pero un huracán con viento del NE no le permitió llevar á cabo 
su propósito. Sabe entonces por los diarios que en Boston se había senti- 
do también el mismo huracán con igual dirección del viento, dando tiempo, 
siii embargo, para la observación del eclipse en todos sus detalles. La tem- 
pestad había, pues, comenzado más tarde en Boston que en Filadelfia, y co- 



137 

mo esta última ciudad está justamente al SW. de Boston, la tempestad en 
realidad se había desalojado precisamente en sentido contraiio de donde 
el viento soplaba. Franklin no encontró otra manera de interpretar el fe- 
nómeno que por una rarefacción excepcional del aire sobre el Golfo de Mé- 
xico, originada por la excesiva temperatura que algunas veces reina en di- 
cha región. Desde luego la aspiración del aire debió hacerse sucesivamente 
según las distancias y como Boston está más lejos de tal centro de rarefac- 
ción que Filadelfia, ambas ciudades sobre el mismo radio, naturalmente la 
tempestad desfogó primero en la ultima que en la primera de dichas ciu- 
dades, dando tiempo á los astrónomos de Boston para observar el eclipse. 
Esta explicación en apariencia tan natural fué admitida universalmente y 
aun hoy día. algunos espíritus recalcitrantes recurren á la teoría de la as- 
piración para explicarse las tempestades, las trombas y los tornados. 

No fué sino á fines del siglo XVm y principios del XIX, cuando los 
navegantes más directamente interesados en estas cuestiones, comenzaron 
á estudiar las tempestades, con la fiíine resolución de hacer caso omiso de 
las teorías y de toda idea preconcebida, ateniéndose solo á las direcciones 
del viento consignados en los registros de á bordo. EUos fueron, pues, los 
primeros que tuvieron la idea de construir las cartas sinópticas del tiem- 
po, representando en un instante dado, por medio de flechas, la dirección 
del viento en todo el dominio de la tempestad, reconociendo de esta mane- 
ra que en una tempestad los vientos no soplan más ó menos directamente 
hacia un centro, sino que giran en círculo al derredor de dicho centro. De 
aquí el nombre de ciclón dado por Piddington á las tempestades. 

Queda, pues, sentado que Franklin no sólo no adivinó, pero ni siquie- 
ra vislumbró el movimiento circulatoido de los ciclones como bien se com- 
prenderá. Tal afirmación nuestra no tiende á menguar en lo más mínimo 
el justo renombre de tan distinguido hijo del continente americano, hemos 
tratado únicamente de dar á cada cual lo que es suyo y evitar la propaga- 
ción de un error en la historia científica de la Meteorología. 

México, Abril de 1901. 

M. Moreno y Akda, M. S. A. 



Revista [1000-1901] —18. 



138 



bibliografía. 

G, Eiflfel, 0£&cler de la Legión d'Honneur, Ancient Prési- 
dent de la Société des Ingénieurs civils de France. La ToüR 
DE TROIS CENTS METBES. — París, Société des Imprimeries Le- 
mercier. 44, Rué Vercingétorix. MDCCCO. — Grand in folio. 
Texte, 397 pactes et 290 figs. Atlas 61 planches. 

La Sociedad Álzate ha sido honra- 
da con la donación de esta grandiosa 
obra de la cual su autor hizo sólo 500 
ejemplares que no están á la venta. 
El texto y el atlas están ejecutados 
á todo costo y con un lujo extraordi- 
nario, dignos del notable monuraento 
á que están consagrados y del distin- 
guido ingeniero que lo ideó y llevó á 
cabo. 

La obra será para los constructores 

é ingenieros de inmensa utilidad, pues 

en ella encontrarán descritos todos los 

procedimientos de proyectos y cálcu- 

, ' los á que dio lugar la construcción de 

G-. Eiiiei. la famosa torre y los resultados de los 

numerosos estudios y experimentos técnicos y científicos en que se ha 

aprovechado. 

Ocho partes principales forman esta espléndida publicación, las cua- 
les contienen las materias siguientes: 

I. Orígenes de la torre y principios de ejecución. — Proyectos 
anteriores. Monumento de Washington. Conclusión en favor del metal. 
Consideraciones generales sobre los pilares metálicos. Proyecto de la torre 
actual. Tratado definitivo. Protestas de los artistas. Objeciones en oon- 
,tra de la torre y su utilidad. Elección del lugar definitivo. Descripción 
general de la torre. 

II. Cálculos y descripción del armazón. — Composición de los 
elementos de la torre. Efectos de las cargas verticales. Esfuerzos debidos 
al viento. Coeficientes del trabajo máximo que resultan de las cargas y del 
yiento. Cálculo de los cinchos y de los cuartones del primero y del según- 




139 

do cuerpos. Vigas diagonales superiores. — Ccólculo de las vigas de los pisos 
del tercer cuerpo y de la plataforma intermedia. Vigas de los elevadores. — 
Influencia de la temperatura. Estabilidad. Cimientos y flecha. — Descrip- 
ción del armazón. 

in. Ejecución de los trabajos. Cimientos de los pilares. Parte 
metálica. 

IV. Órganos metálicos. — Disposiciones generales. — Elevadores hi- 
dráulicos .sistema Otis. Estudio dinámico. — Elevadores de émbolos arti- 
culados sistema Roux, Combiüuzier y Lepade. — Elevador vertical sistema 
Edoux. — Alumbrado eléctrico y faro. — Máquinas y calderas.— Costo. 

V. Gastos y trabajos complementarios.— Explotación. 

VI. Aplicaciones científicas y diversas. — Visibilidad. Telefo- 
tografía y Telegrafía óptica. Meteorología : observaciones de 1889 á 1894; 
observaciones especiales de temperaturas y vientos; trabajos de M. Lan- 
gley. — Fenómenos diversos. Electricidad atmosférica. Resistencia del ai- 
re y presión del viento. Oscilaciones de la extremidad. Su situación por 
los métodos geodésicos. — Manómetro de aire libre para altas presiones. — 
Telegrafía sin alambres. — Aeronáutica. — Origen telúrico de las rayas de 

. oxígeno en el espectro solar. — Estudio de la absorción atmosférica de las 
radiaciones visibles por la observación espectral de los haces eléctricos 
por A. Cornu. — Efectos fisiológicos del ascenso á la torre. Modiñcaciones 
en la actividad de los cambios respiratorios del organismo. — Trabajo me- 
cánico en la subida á pie, por el Dr. A. Henocque. 

Vn. La torre durante la Exposición de 1889. 

Vm. Modificaciones para la Exposición de 1900. — Plataformas. 
— Elevadores Fives-LUle. — Elevador Otis del pilar Norte. — Elevador ver- 
ticíJ. — Escaleras. — Máquinas y calderas. — Alumbrado eléctrico. — Conclu- 
sión. — Reproducción de las firmas y autógrafos tomados de los libros de 
los visitantes de la ton-e. 

Apéndice. — Noticia de los trabajos de M. Gr. Eiffel y obras principa- 
les ejecutadas por sus establecimientos de 1867 á 1890 (Viaductos del Siou- 
le, del Tardes, de Garabito, del Oise; Puentes de Bui-deos, del Tajo, de 
(Jobas, de Vianna, de Cubzac, de Saígon, de Tan-An, de Ben-Luc, de Sze- 
gedin, del Duero, de Rach-Lang, de Dong-Nhyen; Estación de Pesth; fa- 
chada principal de la Exposición de 1878 ; Cúpula del gran ecuatorial del 

Observatorio de Niza, etc.). 

ü. A. S. 



140 

Ensayo Bibliográfico Mexicano del Siglo XVII por Vicente 
de P. Andrade, Canónigo de la Insigne Colegiata parroquial 
de Santa María de Guadalupe — 2*? edición. — México, Impren- 
ta del Museo Nacional. 1900. 8? 803 págs. y facsímiles. 

Cuando el ilustre Dr. D. Juan José de Eguiara, empezó á publicar su 
Bibliotlieca Mexicana, el año 1755, tarea en la que le sorprendió la muerte, 
hubo de colocar la primera piedra de los estudios de bibliografía general 
mexicana, sacando del olvido numerosos escritos de autores meritísimos, 
cuyos nombres deben perdurar. 

Corriendo los años, y más afortunado que Eguiara, — porque se dio 
á luz todo su manuscrito, — el Dr. Don Mariano Beristain, formó con ma- 
yores elementos su magnífica "Biblioteca Hispano Americana Septentrio- 
nal, " que comenzó á publicarse en 1816 y terminó en 21; obra puesta en 
orden alfabético de autores y que contiene muy preciados datos. 

Sin embargo, la excelencia de los autores no exime á tales trabajos de 
grandes defectos, como en la Bibliotlieca de Eguiara se advierten, espeoial- 
mento el grave del trastrueque de los títulos de los libros, por haberlos 
vertido el Dr. Eguiara al latín, 

Así, puede decirse que, hasta nuestro García Icazbalceta, no se dio 
comienzo al Catálogo cronológico y razonado de autores, centuria á cen- 
turia. 

En efecto, ya en la "Bibliografía Mexicana del Siglo XVI," se advier- 
te el método, el orden, el dato asentado con escrúpulo, la biografía exacta 
y hasta filosófica de las eminencias literarias cuyos nombres aparecen allí 
al lado de los más humildes y obscuros escritores. 

La '•Bibliografía Mexicana del Siglo XVI, " abre la serie de autores 
mexicanos, desde el año 1539, con la erudita noticia de la introducción de 
la imprenta en México (año 1535) y concluye el año 1600. 

Después del Sr. García Icazbalceta, era preciso continuar de una ma- 
nera digna tan fatigosa labor, y afortunadamente está realizándose tal ilu- 
sión, en nuestros días: con la Bibliografía del Siglo XVII por el Sr. Pbro. 
Andrade; con la del siglo decimoctavo, por el Dr. León y con los trabajos 
de nuestro Instituto Bibliográfico, es seguro que, dentro de poco tiempo, 
tendremos la fortuna de recorrer completa nuestra historia literaria desde 
los primeros años de la Conquista hasta nuestros días. La Bibliografía del 
Sr. Andrade, está concluida; la del Dr. León, se halla en prensa: acerca dé 
la primera, voy á ocuparme someramente. 

Después de una breve introducción, entra de lleno el autor, á la des- 
cripción de obra por obra, desde el año 1601 hasta el 1700. Varias notas bi- 
bliográficas van acompañadas de fotograbados, donde se representan las 



141 

portadas de los libros más raros ó escogidos. El niimero de obras registra- 
das en esta Bibliogi-afía es el de 1228. siendo curioso el detalle que mues- 
tra el "Número de impresiones por año," pues por él se demuestra que, el 
máximo dé escritos impresos en un año (el 1695) es el de 33; hubo año (el 
1603) en el que solo dos obras aparecen impresas. En general, y dado el es- 
píritu de la época, predominan los asuntos religiosos: sermones, poesía sa- 
grada, locuciones, etc.; no escaseando tampoco, las descripciones históri- 
cas y de ciudades; asuntos jurídicos, lingüísticos y otros de diversa índole. 

Entre todas estas noticias, destacan con algún detalle varias biogi'a- 
fías de autores, como las del Dr. D. Alberto de Velasco, Mateo Alemán, 
del Dr. D. Juan Arce, D. Bernardo de Balbuena, del P. Basalenque, de D. 
Luis Becen-a Tanco, del P. Burgoa, del P. Cepeda, de Sor Juana Inés de 
la Cruz, de Baltazar de Echave, del P. Galdo Guzmán, del P. Grijalva, del 
Dr. D. Miguel de Ibarra, del P. D. Francisco de Lossa, de Enrico Martí- 
nez, del Dr. Sariñana, de Fr. Juan de Torquemada, y tantos otros conoci- 
dos, muchos de los cuales son, con sus producciones, fuente de nuestra 
historia. 

Completan la ol»ra del Sr. ^ndrade: 19 una curiosa "Noticia de los 
impresores del siglo XVTI;" 29 el índice Alfabético de autores; 39 un ín- 
dice de los Anónimos; 49 una Noticia Bibliográfica de Puebla. 

Los impresores que más fama tuvieron durante el siglo XVII, fueron 
Melchor Ocharte (1567-1604); Pedro Balli (1571-1612); Diego López Dava- 
lo» (1599-1610); Rodríguez Lupercio (1612-1683), y más tarde su viuda 
(1683-1699) y sus herederos (1669-1736); Bernardo Calderón (1631-1640), 
su viuda (1640-1649) y sus herederos (1649-1718); Juan Rivera (1679-1684), 
y su viuda (1685-1700), y algunos otros. 

El número de los anónimos es muy abundante, y, sin embargo, el au- 
tor de esta Bibliogi-afía indica en una nota, que existe copiosa cantidad de 
otros anónimos en los que no se ha ocupado, porque carecen del año y del 
lugar de la impresión, especialmente en la época en que gobernó la dióce- 
sis de Puebla D. Juan de Palafox; entonces llovieron opúsculos de parte 
de sus partidarios, y de los jesuitas sus enemigos, no habiéndose aclarado 
aun si esos opúsculos salieron de las prensas mexicanas ó de las madrileñas. 

Entre los anónimos, figuran autos de fe, cartillas de lenguas, decre- 
tos, constituciones, asuntos religiosos á granel, oraciones fúnebres, prag- 
máticas, villancicos, etc., etc., incluyéndose en esta lista ciertos números 
de la Gaceta de México. 

Por lo que hace á la Bibliografía de Puebla, aparece la serie de libros 
desde 1640 hasta 1700, en número de 166. 



142 



Por la rápida nota que acabo de esponer tan brevemente, se compren- 
derá que, obras de tanto aliento, de tan ímprobo y dilatado trabajo como 
la que acaba de salir de manos del Sr. Andrade, merecen el aplauso gene- 
ral y las más ardientes felicitaciones, y yo me complazco el tributarle ese 
aplauso, y en rendirle el humilde tributo de mi admiración. Solamente 
quienes emprenden una labor de tamaños vuelos, comprenden las vigilias, 
las molestias, las gi-andes dificultades con que á cada paso se lucha para 
adelantar en el camino que conduce á la cima. 

El Sr. Andrade ha hecho, además, de una obra meritoria, una obra 
de justicia, dando á cada cual lo que es suyo, y limpiando del polvo del ol- 
vido, á tantos varones que pasaron sus días en el estudio y trataron de ser 
útiles á su patña y á sus semejantes. 

Así, en las bibliografías, todos tienen su lugar; es fácil hallar las obras 
que se requieren para las consultas y Son por otra parte, la prueba docu- 
mentada más fehaciente del adelantó ó retrocedo de un país. 

México, 3 Junio 1901, 

Jesús G-alindo y Villa, M. S. A., 

Individuo fundador del 
Instituto Bibliográfico Mexicano. 



Historie des Maladies. La Goutte & le Ehumatisme par Ar- 
mand Delpeuch, Médecin de l'Hópital Cochin, — París, G. Ca- 
rro et a Naud.— 1900. 8? xiii-678 pages, X planches. 20 £r. 
relié. 

Consta la obra de un tomo en 8? de cerca de 700 páginas elegantemen- 
i« editado en magnífico papel y pasta de percalina con grabados realzados 
que tan de moda están y tan agradable aspecto dan á las obras de lujo mo- 
dernas. 

No es un tratado de la gota y del reumatismo sino una exposición ra- 
zonada y filosófica de la historia de estas enf ennedades. Es tma obra de es- 
tilo y objeto enteramente nuevos y'tan interesante para el médico como pa- 
ra el historiógrafo, el filósofo y el sociólogo. Mucha enseñanza útil y pro- 
yechosa puede sacarse de su estudio. 



143 

Poco, de un modo general, se ha escrito sobre la historia de la medi- 
cina; pero hasta ahora nadie antes del Dr. Uelpeuch, se había dedicado á 
estudiar la historia de una enfermedad. Eu este caso enteramente especial 
lo único que existía eran algunos renglones en los tratados de patología ó 
en las monografías especiales, de jalones áridos, muy contados y repeti- 
dos por rutina en todas las obras. 

La del Dr. Delpeuch viene á llenar un vacío y á abrir una nueva vía 
á las investigaciones. Es un monumento de laboiúosidad en que el autor 
ha tenido que ojear y hacer ima hábil selección de infinidad de manuscri- 
tos para enseñarnos lo que para las escuelas médicas de todos los tiempos 
fueron la gota y el reumatismo. Nos enseña cómo estas nociones han pa- 
sado por infinidad de vicisitudes, cómo algunas ideas relativas á ellas bri- 
llan con fulgurante intensidad en un momento dado de la historia, para 
hundirse después en el caos del del oscurantismo por largos períodos sub- 
secuentes, cómo renacen después con nuevo ropage bajo el impulso del 
adelanto científico, cómo vuelven á desaparecer y á volver de nuevo á la 
vida sin que los autores que les dan el nuevo ser sospechen que están re- 
pitiendo simplemente en un lenguaje moderno, lo que un autor olvidado 
dijo miichos siglos atrás. En esa obra se verá al cólchico introducido á la 
medicina bizantina por Jacobo Psychristo y usado por los Árabes, los Sa- 
lemitanos y los Occidentales de la Edad Media, desapai-ecer en la época del 
Renacimiento y reaparecer en 1763 con Storck que con un ati'evimiento 
que se pudo calificar de inaudito, pues en Su época era considerado el cól- 
chico como un veneno activísimo, demostró por medio de experiencias que 
no era mortal en pequeñas dosis y que podía ser útil en la gota; es decir 
que por el camino de la experimentación llegaba á la misma conclusión á 
que hubiera llegado por el estudio de la historia de la enfermedad si la hu- 
biera conocido. 

Como este hecho señala otros muchos el autor en que la ciencia mo- 
derna ha venido á confirmar ideas antiguas desechadas sin razón suficiente, 
sino por falta de estudio prudente y bien dirigido, por fracasos mal inter- 
pretados ó exagerados. Demuestra perentoriamente al finalizar su obra que 
si para cada enfermedad se hiciese un estudio histórico semejante mucho 
adelantarían nuestros conocimientos, pues se apreciaría en lo que vale el 
¿poyo de la experiencia de los siglos sirviendo de sostén á la experiencia 
de nuestros días. 

Es de felicitarse al Dr. Delpeuch por tan gloriosa obra y á los Sres. 
Carré y Naud, decididos protectores de la ciencia, por haberla editado. 

Dr. R. E. C. 



índice de la revista. 

1900-1901. 
Tables des matiérea de la Revue. 



Taginas. 



Actas de las sesiones de la Sociedad {Comptes-rendus des séances.) Oc- 
tubre á Diciembre 1898 ; Enero á Diciembi-e 1899 ; Enero á Mayo 

1900 13, 37, 78 y 91 

Descroix (Léon). La prédiction du temps 90 

Diguet (Léon). Eelation sommaire d' un voyage au versant occi- 
dental du Mexique 81 

Doyle (K D.). The Rio del Fuerte of Western México, and its tri- 

■ bu tañes 102 

Duges (Dr. A.). Note sur VElaps Miclioacanensis 58 

Duque de Estrada (Dr. J.). El Fórceps del Dr. Záriaga 121 

Galindo y Villa (Jesús). Breve elogio del Sr. Profesor D. Gu- 

mesindo Mendoza 10 

Nuestro futuro 95 

Hamy (E. T.). Cráne perforé de Tarahumar de la cueva de Pica- 
chic (Chihuahua) 36 

Lacroix (A.). Sur quelques minéraux des mines du Boleo (Basse- 
Calif ornie) 33 

León (Dr. N.). Detalles sobre la muerte del ilustre Michoacano D. 
Melchor Ocampo 22 

Apuntes para una Bibliografía Antropológica de México. (So- 
matología) 63 

Mendizábal Tamborrel (Joaquín). Erreur trouvée dans les 
Tahle» des Logarithmea á huit decimales du Service Góographique 
de l'Armée 21 



146 



Moore (W. L.)- La previsión del tiempo y de los temporales. Con 

una nota por M. Moreno y Anda 129 

Ritter (E.). Etude de quelques roches éruptives de la Basse-Cali- 

f ornie 89 

Róbelo (Cecilio A. ) . Culiacán, Cullmacán, Colliuacán. Estudio 

crítico-etimológico 49 

Secques et Quinton. Notes sur la Reforme de la Nomenclature 

de M. Henera 21 

Seurat (L, G. ). Moeurs et Métamorphoses d'une Piéride des en- 

virons de México 47 

Tellez Pizarro (A.). Obsex'vaciones pluviométricas en Acozac. 

1900 91 

Torres Torija (Manuel). Las Sociedades Científicas jóvenes 5 

Discurso pronunciado en la Academia Nacional de Bellas Ar- 
tes 25 

Bibliografía. 

Andoyer. Le§ons sur la théorie des formes et la Géométrie Analyti- 

que supérieure .- 16 

Andrade. Ensayo Bibliogi'áfico Mexicano del Siglo XAHI 140 

Bast. Éléments du calcul et de la mesure des courants alternatifs. . . 19 

Bigourdan. Le Systéme Métríque des Poids et Mesures 117 

Bohn. L'évolution du pigment 120 

Borel. Le^ons sur les series divergents 119 

Chemin. De París aux mines d'or de l'Australie occidentale 43 

Decombe. La céléríté des ébranlements de l'étlier 101 

Delpeucli. La goutte et le rhumatisme 142 

Dubois & Couvreur. LeQons de Pbysiologie expérímentale 42 

Eiffel. La Tour de trois cents métres 138 

Grliersi. Formulaire Industriel 45 

Gríffon. L'assimilation chlorophylienne et la structure des plantes . . 100 
Guillaunae & Poincaré. Eapports presentes au Congrés de Physique 142 

1900 60 

HoUard. La Théorie des.Ions et l'Electrolyse 46 

Janet. Legons d'Electrotechnique genérale 99 

Lamoitier. Traite tbéorique et pratique de Tissage 40 

Launay (L. de). Géologie pratique 41 



147 

Páginas. 

Lanssedat. Recherches sur les Instj^ments, les Méthodes et le des- 

sin topographiques 119 

Lévy. Microbes et Distilleiie 41 

Minet. Traite théoi'ique et pratique d'Electro-Chimie 39 

Nietzki. Chimie des matiéres colorantes organiques 117 

Norvége (La) 43 

Philippe. Le Bouclier 98 

Pozzi-Escot. Analyse des gaz 101 

Les diastases et leurs applications 102 

Pujade. La cure pratique de la tuberculose 59 

Sandret. Construction des Asiles d'aliénés 20 

Sassi. Formulaire Photogiaphique 45 

Schott. The Transcontinental Triangulation and the American Are 

of the paraUel 44 

Thallner. L'Acier a outils 45 

Thomson. Les décharges éléctiiques dans les gaz 16 

Vülard. Les rayons cathodiques 101 

Vivarez. Les Pbénoménes électriques et leurs applications 115 

Warner & Swasey (A few Astronomical Instruments from the works 

of) 99 

Weather Burean. Report of the Chief . 189&-1899 44 



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Tomo XV. I.ám.ll. 



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CENIZAS. 



Nof^a: Las /meas puntuadas para/e/as represcnfan una proyecc/ón sobre e/ p/ano, de/ corte, de/ fuñe/ que se consí-ru/ría para 
/a captac/ón de /as aguas. So/o se representa aquí de un modo esquemáí/co para dar una /dea de ese proj^ecto. 



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Mem. SocJIzafe México. 



Tomo KV Lám III. 



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CORTE FJV BL VALLE DE AJC/SCO 

Según /a linea que par fe de/ p/co cíe/ /Igui/a. 
con d/rerc/on <?/ pico de/ Te/iue/iue. 



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BASALTO. 



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